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Un hombre de la prensa

Fuego cotidiano continua con una serie de artículos que forma parte del ensayo titulado Historia en un periódico, que narra la vida y obra del periodista guariqueño Ismael Pereira Álvarez, finales del siglo XIX.

Por José Obswaldo Pérez

Ismael Pereira Álvarez/foto JOP
CORRÍAN CASI TRES AÑOS de la revolución que llevó al poder, por segunda vez, al general Joaquín Crespo Torres. Eran días en que la crisis económica y financiera del país hacía crujir las bases del gobierno. La vida económica venezolana estaba muy difícil, casi de bancarrota. Crespo, quien no ocultaba esta realidad, hacía esfuerzos para aliviar la situación a través del desarrollo de nuevas obras públicas hasta donde lo permitían los limitados recursos de la época, al tiempo que cambiaba ministros de Hacienda.

En aquellos días de crisis se produce un cambio en la redacción de El Pregonero, uno de los diarios más importante de Caracas que encabezó una especie de transito a la modernidad como empresa periodística. Un periodista liberal, el general Ismael Pereira Álvarez, asume la jefatura de aquella publicación el 2 de julio de 1894.



Era un individuo con principios, que recibía un buen trato de parte de los liberales ubicados en el poder. Era un intelectual que gozaba de prestigio y experiencia periodística como editor y fundador de periódicos en la provincia. Un hombre culto, dueño de una especial inteligencia; muy mesurado a la hora de hablar, discutir y debatir sobre política.

Odoardo León Ponte, propietario y director de El Pregonero, lo elige con acierto en el cargo, considerándolo como el más indicado para la jefatura del periódico. Esta designación se explica, sobre todo, por la amistad y filiación política que entre ambos existían. Pero que siendo militantes del partido liberal amarillo, cuya adhesión partidista los llevó - por separados- a terreno de la confrontación ideológica y a los debates polémicos.

Pereira Álvarez era el prototipo del nuevo redactor-jefe; redactor nato, que traía un fresco concepto de la noticia al periodismo. Era conocido en la capital y en el interior del país como un hombre culto .y ponderado, proveniente de un respetable ambiente social.

Dos años antes, la opinión pública lo aplaudía por un artículo publicado en la prensa de la capital en defensa del entonces presidente Raimundo Andueza Palacio, bajo el seudónimo de " un liberal". Decía en aquel artículo, mordaz y atacante reproducido por La Revolución de Barcelona: "Son los godos que asoman la lívida frente haciendo muecas al partido liberal".

Durante los últimos años del gobierno de Andueza Palacio, Pereira Álvarez se había convertido en su vocero periodístico y en el defensor del continuismo gubernamental. Para eso disponía de su periódico La Revolución, el primer diario que vio luz en Barcelona, y que él fundó junto con el general liberal Gonzalo Bello Rodríguez, quien fungió como su administrador. Aquel, periódico había salido a la luz pública en febrero de 1891; circulaba todos los días y se vendía a medio real; la suscripción mensual costaba dos bolívares. Estaba ubicado en la Calle Bolívar, en la esquina de la Ermita del Carmen, y el mismo se titulaba como el " Diario de la Tarde", órgano de intereses generales (política, literatura, ciencias, artes, industria y variedad), dando honor a su nombre por las causas liberales en el país.

“Creamos esta hoja para sostener y proteger los santos principios de la Revolución Liberal Rehabilitadora", escribió Ismael Pereira Álvarez, en aquel periódico político y con amenidad literaria.

Pero ahora debía asumir una conducta desapasionada de la política. Así se lo exigía León Ponte, quien le aconsejaba no escribir tomando posición o bando sobre asuntos políticos que hirieran a ciertos personajes de la vida pública. Debía ser imparcial y objetivo, como regla establecida en El Pregonero. Pocos días después, se lo vuelve a recordar en una carta dirigida a él:

“Y como no falta quien crea - señala - que algunas palabras de usted dan margen a deducciones de índole política, suplicóle para lo sucesivo el omitir todo aquello que ni remotamente pueda dar lugar a interpretaciones y comentarios que se relacionen con intereses banderizos".

Odoardo León Ponte provenía de Cabudare, estado Lara, perteneciente a una holgada familia. Tenía 28 años para cuando ejercía la dirección de EI Pregonero y formaba parte de una de las nuevas generaciones universitaria que reaccionó contra la dictadura de Guzmán Blanco en 1884. Así lo hizo también cuando condenó las pretensiones continuistas del presidente Andueza. Era vocero representativo de un nuevo tiempo político y cultural, que lo destacó como redactor de El Partido Liberal, mostrándose como un periodista y un escritor "concienzudo y patriota"

Caracas mantenía sus aires gumancistas. Sus ínfulas de ciudad cosmopolita. Era tranquila, acogedora; con sus calles empedradas, sus casas y casonas de uno y dos pisos; con sus edificios públicos modernos que dejó el gobierno de Guzmán Blanco. La ciudad pretendía ser un pequeño París y el francés es la lengua predilecta de la gente distinguida y mundana; el habla de quienes hacían gala de erudición y de recuerdos de sus viajes " por las Europas". Era la ciudad de las fiestas, de los grandes bailes de salón, en los clubes El Concordia y El Venezolano. Sus habitantes se divertían con los juegos de pelota, las carreras de caballo en el hipódromo de El Paraíso. Asimismo asistían a espectáculos como conciertos y retretas en la Plaza Bolívar, y a las presentaciones artísticas en los teatros Municipal y Caracas.

Un periódico al pregón

La ciudad de techos rojos, con aparente tranquilidad y con aires afrancesados, era una urbe que contaba con varios periódicos importantes como El Constitucional, El Diario de Avisos, El Tiempo, La Religión y este último, El Pregonero, que en cuyas hojas de papel se registraba impreso un país sumergido en el atraso económico, en el personalismo político, en el sarcasmo y en la contienda verbal diaria.

Los pasos del tiempo y los aires de una ciudad venían- tal vez, sin darse cuenta, para bien o para mal-, a registrar una serie de transformaciones técnicas de las comunicaciones. Innovaciones que representaban - desde 1856, cuando entró en actividad la primera línea del telégrafo eléctrico venezolano, entre Caracas y La Guaira, hasta la llegada del teléfono en los primeros años de la década de 1880 un avance para el desarrollo periodístico. De esta manera, Venezuela había entrado a una nueva época de la información, con la cual se sumaba al auge de las agencias internacionales y locales de noticias, a través de la inauguración del cable francés. Y así entrábamos por la puerta del " imperio de la noticia".

Sin embargo, la prensa venezolana no tenía conciencia del significado de las nuevas técnicas de la comunicación, así lo demostraba el poco uso que le daban al cable francés. Sólo se limitaba a reproducir escasas informaciones telegráficas que llegaban, y las que encontraban de interés en los diarios extranjeros, " sin detenerse a procesarla ni a comentarla".

"Seguían siendo los hechos nacionales los dominantes, pero tratándose en la mayoría de los casos de periódicos bastantes politizados, adherentes de candidaturas o de partidos, del gobierno o de oposición, no estaban equilibradamente reflejados en sus páginas. Los acontecimientos políticos más importantes eran tratados en cada periódico según su propias posiciones"

El Pregonero había aparecido el 2 de octubre de 1893, con un formato tabloide y al año siguiente cambió su estilo al standard, de cuatro páginas y ocho columnas. Circulaba todos los días, menos (os domingos. Estaba ubicado con sus oficinas y su taller de Camejo a Colón No. 11 y se titulaba como " Diario de la Mañana. Universal Noticioso". Era el periódico con más prestigio de Caracas; se distribuía al resto del país a través de agencias y agentes que colocaba la empresa.

El periódico comenzó a venderse por las calles a pregón, y el público lo arrebataba ávidamente, obteniendo un éxito inmediato. En poco, más de seis meses, alcanzaba una circulación de 12 mil ejemplares. La inmediata razón de su triunfo era simple. El diario ofrecía a su público un periódico de divertimiento, pero, además, supo dar las noticias que deseaban ver: noticias locales, sencillas. Así como internacionales, crónicas, sueltos y comentarios. También, era el primer periódico que utilizaba la entrevista y que tenía corresponsales en el extranjero.

Aún cuando las pasiones figuraban en el orden del día, a la sombra de la querella y la desconfianza de los gatos viejos de la política y del periodismo opositor, El Pregonero llevó adelante con éxito un manejo editorial equilibrado, cuidado, escrito o impreso con el más alto nivel de claridad, exento de insultos y apasionamientos.

La periodista María Antonieta Delgado Ramírez en su libro El Diario El Pregonero, indica que aquel periódico era, en pocas palabras, una de las grandes metas que se impuso Odoardo León Ponte: el producto de una gran industria, vendido a centavo, de grandes tirajes, con textos más reducidos, grandes titulares y muchos avisos y de contenido eminentemente informativo, noticioso e independiente.

" Una meta que alcanzó con las limitaciones a que lo obligaron las circunstancias políticas, económicas y sociales del país".

Ramón J. Velásquez, historiador y periodista, señala que tanto El Pregonero como El Tiempo, de los hermanos Pumar, " acusaron la influencia internacional de informar, y eso dio para un gran cambio y con ella, los venezolanos comienzan a tener más importancia; de allí que empieza la posibilidad de un periodismo informativo, y la de que el periodismo se transforme en tribuna popular".

Ismael Pereira Álvarez tomaba posesión del cargo con buen pie. Estaba optimista. La jefatura de redacción recompensaba sus buenos servicios por la causa. Lo primero que hace es organizar la recolección de las noticias y publicarlas .en el espíritu concebido de lo noticioso y ameno para el lector. Asimismo, creo su pequeño grupo reporteril de la ciudad que salía a registrar - con papel y lápiz-las pulsaciones más o menos regulares de la calle y así escribían sobre los sucesos espontáneos de aquella Caracas que quería parecerse a las ciudades cosmopolitas, del Congreso y de las acciones de gobierno.

Pero, para él aislar su personalidad de la política le era difícil - a pesar de tener su peso de intelectual-, en la dura e embarazada labor de redactor del diario de Camejo a Colón. Aunque fue ahí donde desarrolló su verdadera contribución al adelanto del periodismo -tarea a veces oscurecidas por algunas posiciones- que hicieron de él una figura destacada en esos días.

Uno de los hechos más trascendentes del periodismo de finales de siglo, posteriormente destacado, constituye el esfuerzo que realizó Pereira Álvarez para crear la Asociación de la Prensa Venezolana (APV), gremio cual agrupa a varios periódicos capitalinos, y de la provincia. Parece sorprendente, pero cierto: la prensa se había unido en medio de una Venezuela iletrada y guerrillera, para salvaguardar la dignidad de los periodistas.

Pero, posteriormente, la situación política y económica, como suele ocurrir en estas circunstancias de la vida nacional, afectó subsiguientemente y profundamente la idea del gremio periodístico. El escritor y periodista liberal Delfín Aurelio Aguilera lo dirá más tarde, en un libro crítico llamado Venezuela 1900, refiriéndose que aquella asociación no progresó, gracias a las "tijeras" y a la "libertad del silencio" de los propios representantes de la prensa.

“¿Por qué?", se preguntara más tarde el general Pereira Álvarez; pero tampoco encontrara otra contestación a esa pregunta que ésta: " Esa es una respuesta que no podemos dar nosotros, que fuimos de los pocos que apoyamos el pensamiento...", es decir, la idea.

Aquí se demuestra, una vez más, el esfuerzo que hizo el diario de Camejo a Colón, junto su director y redactor de abrigar una de las ideas gremialistas más significativas de la prensa nacional de aquella época. Lástima que las circunstancias políticas e históricas del país no lo permitieron.

1 comentario:

  1. Sonia Belén Lafée León-Ponte2:53 p.m., diciembre 27, 2010

    Odoardo León Ponte fue mi bisabuelo. Llevó el primer linotipo a Panamá donde también fundó un periódico

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