sábado, julio 20, 2013

La izquierda mundial y los disturbios en Egipto

Por Immanuel Wallerstein
El mismo título de este comentario entraña una pregunta. ¿Quién o qué es la izquierda? Hay poco acuerdo al respecto. Utilizaré el término de tal modo que incluya a cualquier grupo que reivindique ser parte de la izquierda o al menos de la centroizquierda. Es, por supuesto, un grupo amplio. Y, en consecuencia, hay muy poco acuerdo en el grupo en cuanto a quiénes apoyar, moral o políticamente, en la enorme ola de disturbios que ha sacudido a Egipto y que condujo al derrocamiento de Mohamed Mursi como presidente de Egipto por parte de las fuerzas armadas egipcias.

Conforme leo las declaraciones y explicaciones de los varios grupos de la izquierda que está fuera de Egipto creo que es una cuestión de prioridades: ¿quién o qué constituye el mayor peligro en el mediano plazo? Pienso que discierno tres posiciones básicas.

Hay quienes piensan que los islamitas de cualquier variedad representan la amenaza fundamental. Por supuesto, hay muchas, diferentes, clases de islamitas. Las tres principales variedades entre los musulmanes sunitas son la Hermandad Musulmana, los wahabitas/salafistas y quienes se agrupan bajo el membrete de Al Qaeda. Estos tres repudian a los otros dos, y eso explica muchas de las alianzas que emergen en cualquier país que cuente con una sustancial población musulmana.

Para aquellos que en la izquierda tienen como prioridad mantener lejos del poder político a los islamitas, los llamados islamitas moderados, son simplemente islamitas más astutos que persiguen los mismos objetivos de largo plazo: contar con estados gobernados por la sharia. Por tanto, estas personas están listas para hacer alianzas con cualquiera que combata a los islamitas.

Hay un segundo grupo que ve los ejércitos como el enemigo primoridal. Consideran que los ejércitos son fuerzas muy conservadoras y represivas, que mantienen puntos de vista políticos y económicos reaccionarios, y que con frecuencia tienen intereses económicos directos que los hacen mantener políticas económicas neoliberales. Reconocen que algunas veces los ejércitos parecen respaldar a las fuerzas populares y algunas veces emprenden políticas opuestas a las de Estados Unidos o a las de los poderes de Europa occidental.

Pero su punto de vista en torno a estas opiniones moderadas de las fuerzas armadas es paralelo al punto de vista de los anti-islamitas. Perciben la moderación o el populismo por los ejércitos como simple cobertura para sus objetivos reaccionarios de largo plazo.

Y luego están quienes perciben que la principal amenaza es Estados Unidos (y en correlación los poderes ex coloniales de Europa occidental). Consideran que los ejércitos y los islamitas simplemente juegan el juego que les asignó Estados Unidos. Por tanto, desde su punto de vista, debe ser apoyado cualquier grupo que activamente se oponga a cualquier cosa que piense qué quiere Estados Unidos. De hecho, de nuevo hay una versión dura. Algunas personas piensan que aun los jóvenes radicales que encabezan levantamientos están manipulados por Estados Unidos. Para este grupo, Estados Unidos es, todavía, todopoderoso.

Por supuesto habrá algunos, inclusive muchos, que argumentarán que todas éstas son falsas opciones. Uno puede, y debería, simultáneamente estar contra los islamitas, los ejércitos y Estados Unidos. Pero en la práctica hay con frecuencia momentos en que se deben elegir las prioridades. Así que la cuestión sigue siendo total.

Este debate acerca del enemigo prioritario es, en gran medida, lo que explica la debilidad relativa de las fuerzas de izquierda en estas luchas. Están divididas en su análisis. Por tanto, están divididas en sus objetivos de corto plazo e inclusive en sus objetivos de mediano plazo. Y, peor aún, muchos individuos y grupos de izquierda parecen estar concientes de esto, lo que los conduce a un pesimismo reptante y a una retirada reptante de la política militante.

La alternativa a tal auto-deshabilitación de la izquierda es involucrarnos en un debate de camaradas, más abierto, al interior de la izquierda. Y esto sólo puede ocurrir si la izquierda se da cuenta de que la derecha mundial representa un panorama tan enorme de fuerzas y análisis como la izquierda mundial. De nuevo digo que este debate de camaradas debe ocurrir dentro del marco de la transición de un sistema capitalista a algo más que aún debe determinarse. Si la izquierda pierde la batalla más grande deberá, primero que nada, culparse a sí misma.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein
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martes, junio 18, 2013

¿Tiene sentido social el oficio del historiador?

Pedro Salmerón Sanginés
Dr. Pedro Salmerón, historiador mexicano


Desde hace décadas, la escuela de pensamiento dominante en los colegios de historia es el historicismo o relativismo histórico. Para muchos de quienes –muy jóvenes– nos matriculamos en la licenciatura en historia, el historicismo encerraba razones poderosamente atractivas frente al marxismo de manual, el empirismo mal llamado positivista, o los lugares comunes del tipo el que no conoce su historia está condenado a repetirla.

El historicismo que leíamos en nuestros años de aprendizaje nos decía, en palabras de Benedetto Croce que toda historia es historia contemporánea y que el pasado no existe: la historia está viva en el espíritu y no en los restos muertos del pasado. De ahí partía R. G. Collingwood para afirmar que toda historia es historia del pensamiento, que el conocimiento histórico es la reactualización, en el espíritu del historiador, del pensamiento cuya historia estudia y que el conocimiento histórico es la reactualización de un pensamiento pasado, encapsulado en un contexto de pensamientos presentes que, al contradecirlo, lo confinan a un plano diferente al suyo. Es el historiador quien construye (o reconstruye) dentro de sí mismo el pasado y, por tanto, todo pensamiento histórico es interpretación histórica del presente. Por supuesto, si la historia es interpretación, no hay verdad, sino verdades a las que llega el historiador desde sus problemas presentes, su perspectiva presente y, por fin, si lo que nos lleva al estudio de la historia son los problemas el presente, la historia es también compromiso, decisión, toma de partido (Ramón Iglesia).

Haciendo a un lado el idealismo (la reducción de la historia al espíritu y a la historia del pensamiento), hay cuatro premisas con las que es difícil no coincidir:

El pasado no existe, la historia vive en el presente; es el historiador el que (re)construye en su interior el pensamiento del pasado; la verdad es relativa, depende de la subjetividad del historiador; la historia exige compromiso en el presente.

Sin embargo, después de Croce y Collingwood, después de la Segunda Guerra Mundial y de manera aún más acentuada tras el final de la guerra fría, los sucesores del relativismo se ocuparon en negar toda validez científica al conocimiento histórico hasta el punto de permitir a los falsificadores (y a cada vez más estudiantes y egresados de las escuelas de historia) asegurar que toda interpretación es válida, confundiendo aposta y con grosería, interpretación con invención. En la práctica, eso les permite abandonar la investigación, la crítica de fuentes y su confrontación e incluso, la más elemental honestidad intelectual, pues si toda verdad es válida, ninguna lo es. Como hemos señalado en otras ocasiones, el relativismo histórico nunca llegó a tanto… aunque al parecer, sí sus sucesores. También es verdad que el propio pensamiento de aquellos autores llevaba a abstracciones muy poco históricas, como la mente absoluta (esta idea ha sido correctamente explicada por Rodrigo Díaz, El historicismo idealista: Hegel y Collingwood, pp. 128-133).

Ahora bien, en mis mal articuladas reflexiones sobre este posmodernismo que hace de la historia mero discurso actuaba como buena parte de quienes sostienen sus postulados: desligaba los frutos del pensamiento de su base material, creyendo, como ellos afirman, que las cosas del reino de las ideas ocurren o pueden ocurrir con independencia de lo real. Esa idea me impedía entender las razones del vuelo posmoderno. En efecto, ¿cómo es que los estudiosos de lo histórico, lo político, lo social, hemos dejado de ser eso, estudiosos, para convertirnos en los creadores de la verdad?

Empiezo a salir de esa confusión gracias a una reflexión de Felipe Curcó, ¿Es relevante la verdad para la teoría política?, donde afirma que el liberalismo político relega el pluralismo a la esfera de lo privado para asegurar el consenso en la esfera de lo público. Por tanto, todas las cuestiones controvertidas (y toda discusión en torno a la verdad) son eliminadas de la agenda política. En consecuencia, la política se transforma en un terreno en el que la mayoría de los individuos aceptan someterse a acuerdos que consideran o que se les imponen como neutrales.

De ese modo, encontramos que la supresión de la verdad en teoría política –y en la ciencia histórica– responde a intereses políticos y económicos determinados. Si me siguen, los mostraremos en la próxima entrega. Entonces, no es de extrañar, que la ciencia histórica en México sea cada vez más pequeña, endogámica y encerrada en sí misma (Luis Fernando Granados sobre Alfredo Ávila)

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domingo, mayo 19, 2013

20 de Mayo: Dia Nacional del Cronista

Enrique Bernardo Núñez (1895-1964)


Felipe Hernández G.
UNESR-Cronista de Valle de la Pascua
felipehernandez457@yahoo.com

El día 20 de mayo fue institucionalizado por la Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela (ANCOV) como el Día Nacional del Cronista, porque en esa fecha nació en Valencia-estado Carabobo, el escritor, periodista, diplomático y cronista por excelencia, Enrique Bernardo Núñez (1895-1964), autor entre otras obras, de La Ciudad de los techos rojos, Cubagua, El hombre de la levita gris; y Primer Cronista Oficial de Caracas, designado el 15 de enero de 1945. Hecho que le convierte en el primer cronista nombrado oficialmente por una municipalidad en nuestro país.


Aún cuando la Asociación de Cronistas de Venezuela fue fundada en la ciudad de Valencia en el mes de marzo de 1968, no es sino 18 años después (en 1986), cuando se declaró un día específico para honrar la labor y el oficio de quienes con humildad, paciencia y sabiduría investigan el devenir y el acontecer histórico, familiar, toponímico e institucional de los pueblos y ciudades, para perpetuarlos en el tiempo, generando identidad y escribiendo la historia de la localidad donde le toca actuar.



Son los responsables de escribir la pequeña historia, historia menuda o de campanario, que nos aquerencia con todo lo que identifica a los pequeños espacios donde nacimos, vivimos, trabajamos y están nuestros afectos y recuerdos. Recuerdos que subyacen en el inconsciente de la memoria personal y colectiva, muchos de ellos llegados de oídas y trasmitidos de generación en generación, para que el tiempo y el olvido no los borren, para que no desaparezca el legado de lo que hemos sido o dejamos de ser. De dónde venimos, quienes somos y hacia dónde vamos… No se puede querer lo que no se conoce.


El día del cronista fue acordado en la Convención Nacional realizada en la ciudad de Punto Fijo-estado Falcón, a proposición del cronista de las ciudades de La Victoria y El Consejo - estado Aragua, el Dr. German Fleitas Núñez, quien argumentó que debía ser el día del nacimiento de Enrique Bernardo Núñez, insigne primer Cronista de Caracas y prototipo o modelo del cronista venezolano; y así fue aprobado en virtud de la significación histórica de este personaje en el arte de la crónica, el periodismo y de la historia en nuestro país.

Hoy a cuarenta y cinco años de la fundación de la Asociación Nacional de Cronistas y a veintisiete de declararse el Día Nacional del Cronista venezolano, la asociación gremial ha venido ganando espacio en la sociedad venezolana a través de una lucha constante por el reconocimiento y mejoramiento del trabajo del cronista, tanto en lo relativo a la preparación intelectual y capacitación académica que exige el oficio, como en la defensa de los derechos por ocupar un lugar acorde con su función socialmente educativa y formativa de la legislación venezolana, y específicamente en la Ley del Poder Público Municipal, porque es el municipio el ámbito donde se desenvuelve el cronista.

Es por ello que la actual Ley Orgánica del Poder Público Municipal reconoce en su título IV, Capítulo VI, Sección III, el papel del cronista como ente auxiliar de la municipalidad, equiparándose en jerarquía a las funciones del Síndico Procurador Municipal y del Secretario Municipal. Además, en el artículo 125 de la misma ley establece claramente que el cronista “tendrá como misión recopilar, documentar, conservar y defender las tradiciones, costumbres y hábitos sociales de su comunidad”, y el articulo 126 remite a cada ordenanza fijar las atribuciones del cronista que genéricamente se pueden resumir en el registro de los aconteceres cotidianos de los municipios, parroquias y pueblos; defensa del patrimonio histórico, natural y cultural; trabajar por la defensa, conservación y preservación del ambiente y de los recursos naturales y realizar actividades relacionadas con la historia, la investigación y el fortalecimiento de la identidad local, regional y nacional. Ante estos preceptos, resultan necesarias iniciativas por parte del Estado, del gobierno nacional, regional y local para preservar esa memoria que es vital para la identidad colectiva a través de la publicación de los trabajos e investigaciones que perpetúen en el tiempo la pequeña y gran historia de cada comunidad.

Historia
Históricamente, la labor del cronista se remonta al siglo XV en España. “En 1571, el rey Felipe II, en consideración de la gran necesidad de información que su gestión de gobierno requería, crea el cargo de cronista mayor de Indias, entendiendo que sin el trabajo de este funcionario, sería muy difícil gobernar con acierto los inmensos territorios de las llamadas Indias Occidentales; más aún, los reyes de España consideraron tan importante este aspecto de su gestión gubernamental que no solo dispusieron de un cronista mayor, sino que en la medida de necesidades puntuales, designaban funcionarios de menor nivel... según la opinión de los cronistas, la monarquía tomaba las decisiones pertinentes”.

En Venezuela, la actividad de los cronistas es de larga data, comienza con los protagonistas españoles y las memorias producidas por numerosos viajeros europeos.

ANTECEDENTES DE LOS CRONISTAS
La Real Academia de la Lengua española nos dice que el cronista es el “autor de una crónica o el que tiene por oficio escribirla” y define crónica así: “la historia en que se observa el orden de los tiempos”, pues bien, este oficio de la crónica es muy antaño que ocuparía mucho espacio aquí explicar, mencionaremos algunos cronistas y crónicas. La Biblia tiene en el génesis del pueblo de Israel su crónica, Homero fue un cronista, Eusebio de Cesárea hizo los apuntes de los acontecimientos del mundo helénico, otras crónicas y cronistas se encontraban en los monasterios, en las cuevas de las pinturas rupestres, en los primeros escritos en lengua castellana ordenadas por el rey Alfonso X, el sabio. Y en América en los petroglifos de nuestros indígenas, en las escrituras mayas, aztecas e incas que se salvaron de la destrucción de los conquistadores españoles.

Pero, propiamente cronistas fueron los denominados “cronistas de indias” quienes eran nombrados por los reyes españoles para registrar hechos, paisajes y todo lo que tenía que ver con el inventario de las tierras desconocidas de las que habían tomado posesión. Entre estos cronistas de indias están Fray Antonio Medrano, Fray Pedro de Aguado, Gonzalo Fernández de Oviedo, Fray Bartolomé de las Casas, Pedro Martín de Anglería, Francisco López de Gómara, Juan de Castellano, Pedro Simón, José Gumilla, José Luis de Cisnero y otros.

Hablando un poco más cercano en el tiempo, se dice que un soldado-poeta de apellido Ulloa había solicitado ante el Gobernador Diego de Osorio – el 23 de noviembre de 1593 – que iba a “escribir una crónica de la conquista de la provincia de caracas, y propone que se le dé alguna cosa por su trabajo”. De este soldado Ulloa no se supo más y tampoco se registró su trabajo, Ulloa se perdió en las tinieblas de los tiempos. Posteriormente el espíritu de Ulloa se convierte en “el espíritu de una ciudad que comienza a contar sus días” este espíritu se concreta 352 años después cuando el ayuntamiento de Caracas designa como cronista oficial al ilustre valenciano Don Enrique Bernardo Núñez cuya obra es de trascendencia en Venezuela, se le quiere y se le admira como el cronista mayor de Venezuela.

¿Quiénes somos los Cronistas del Estado Guárico? La Asociación Nacional de Cronistas (ANCOV) rige en toda Venezuela y afilia alrededor de 250 cronistas oficiales; en cada estado funciona una asociación regional que tiene la misma estructura organizativa que la nacional. En el caso del estado Guárico, está integrado por quince municipios, de los cuales solo dos carecen de cronistas oficiales, son ellos: El Socorro y Santa María de Ipire. Probablemente sus autoridades municipales desconocen o no han sabido valorar la importancia que este funcionario puede aportar en la constitución y formación del perfil cultural y patrimonial de sus localidades, espacios donde el cronista es pieza clave para la consolidación de la identidad histórico-cultural local, en el contexto regional, nacional y mundial.

San Juan de los Morros ha tenido dos cronistas: Dr. Enrique Olivo (primer cronista) y el actual Dr. Argenis Ranuarez Angarita. Calabozo: ha tenido cinco cronistas oficiales: Don José Rafael Viso Rodríguez, periodista Ana Luisa Llovera, Dr. Alfonzo Espinoza, señor Rafael Acosta y el actual, Dr. José Antonio Silva Agudelo. Ortiz: periodista José Obswaldo Pérez Ascanio y Prof. Fernando Rodríguez Mirabal (actual).Camaguán: Ítalo Jiménez Laya. San Jerónimo de Guayabal: Prof. José Socorro Solórzano Pérez. El Sombrero: don Manuel Aquino Díaz y el actual, Prof. Félix Celis Lugo. Chaguaramas: Rafael Castillo, y el actual, don Pedro Castillo García. Las Mercedes del Llano: Dr. Edgardo Malaspina. Altagracia de Orituco:don Adolfo Machado, y el actual, Dr. Carlos López Garcés. San José de Guaribe: Prof. Soraya González de Armas. Tucupido: Sr. Garibaldi Soto. Zaraza: Sr. Moisés Rodríguez, y Valle de la Pascua: Pbro. Rafael Chacín Soto, Dr. Luis Fernando Melo Jiménez, y desde febrero de 2011, el Dr. Felipe Hernández González.
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viernes, abril 05, 2013

Las reminiscencias de doña Laura

Las reminiscencias de doña Laura no pasan de ese tiempo del gomecismo en Ortiz. En su memoria desfilaban fugaces momentos del paso de la capital a San Juan de los Morros y los días cuando los orticeños agasajaban al general Juan Alberto Ramírez, para que el poder regional se quedase aquí.


Por José Obswaldo  Pérez


DOÑA LAURA SOJO DE SEIJAS se nos hizo diminuta dentro de su silla de rueda, solo sus ojos resaltaban toda su humanidad de mujer. Muchos días atrás, antes de dejar su existencia, fue confidente de varias historias pasadas de Ortiz. Muchas de ellas eran relatos que brotaban con sus 89 años de vida, porque fue para esa fecha, cuando la encontramos una tarde en su casa hablando sobre los secretos de este pueblo.

Doña Laura Sojo de Seijas
/Reproducción JOP

―Yo lloré cuando mire una mujer presa- me confesó. Todavía era una niña. Aquel entonces  el país gobernaba el general Juan Vicente Gómez. Era tiempos de miedo y en Ortiz algunos jóvenes y de mayor edad se prestaban para la conformación de un movimiento de oposición contra el régimen.


Doña Laura Sojo de Seijas había nacido el 4 de julio de 1904, a las 4 de la mañana. Una suerte cabalística en la que llegó a pensar. Una vez su mama le dijo:
―Mira Laura, tú como naciste con los cuatro, debería jugarte ese número. Y yo nunca me lo jugué -, comentó riéndose.
Las reminiscencias de doña Laura no pasan de ese tiempo del gomecismo. En su memoria desfilaban fugaces momentos del paso de la capital a San Juan de los Morros . Aquellos días cuando los orticeños agasajaban al general Juan Alberto Ramírez― presidente del Estado-, para que el poder regional se quedase aquí Ortiz.
―Siempre el general Ramírez tuvo la esperanza de que la capital del Guárico fuera nuevamente en Ortiz-, dijo con un dejo de nostalgia-. Pero, “los calaboceños peleaban con uno”, para referirse a la disputa de esa categoría política que vivió Ortiz y que, al final, dejó sus resabios entre los que se opusieron a esa jerarquía administrativa.
Aquel día hubo protocolo y fiesta para el traslado de la capital. En la casa de la familia Galindo, doña Laura y otras personas se encargaron de hacer las hallacas para los comensales de tal festividad.

-Aquí se hizo una gran fiesta, refirió.
Doña Laura Sojo de Seijas se casó el 27 de julio de 1927, a los 23 años, con don Antonio Seijas Hurtado. Los testigos de la boda fueron Canuto R. Aguirre y su esposa Mariana de Aguirre. La bendición del matrimonio estuvo a cargo del padre Francisco Javier Peña. Su esposo llegó a ser juez municipal por unos días, aunque renunció por no estar muy a gusto. Pero fue funcionario de la Junta Municipal, en varias ocasiones.
―Tuvimos casados 11 años y siete meses, tranquilos y nunca peleamos-, dijo orgullosa. Don Antonio Seijas falleció a los 45 años de edad, en el mes diciembre de 1938. Fue hijo legítimo de don Luis Seijas y Rosa Hurtado.
Entre su historia de vida, Doña Laura fue dueña de la Pensión La Llanera, ubicada en la Calle Comercio, hoy avenida Bolívar. Casa que había pertenecido anteriormente a don Rosendo Martínez, un viejo masón de distiguidas cualidades intelectuales.

“En esa vieja Casa Alta nos visitaba mucha gente. Yo tenía tres mujeres que trabajaban conmigo, siempre trabajando”, decía.
Uno de esos asiduos visitantes al negocio fue el general Roberto Vargas Díaz, su paisano, a quien conocía bien. Un legendario personaje que fue guerrillero y político en Ortiz. Durante del gomecismo fue presidente del Guárico y entre 1935-37 fue Secretario de la Presidencia de la República y senador por estado Apure.
―El general Vargas era trigueño-, lo describió.Y más adelante profundizó en los destalles:
―Era un hombre vulgar y tuvo dos hijos. Por dos meses le estuve haciéndole la comida. Su plato predilecto eran los frijoles.
En la resolana del atardecer, doña Laura se sentaba en el portón de su casa para distraerse mirando la calle o saludar amigos de a pie conocidos. De ella quedaron amainados recuerdos y retazos de memoria.


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viernes, marzo 22, 2013

Danzas y bailes en el Guárico colonial

La celebración del Corpus Christi, la cual integraba la tarasca y los diablos danzantes, dejó de ser modelo de moralidad, convirtiéndose en una expresión popular distinta a la estrictamente religiosa.


Felipe Hernández G.

UNESR/Cronista de Valle de la Pascua

felipehernandez457@yahoo.com

 

A partir de la llegada de los europeos a tierra firme, y de la mano de obra esclavizada procedente de África, se establecieron nuevas formas de danza que se convertirían en las expresiones artísticas en la Provincia de Venezuela.

           

A partir del año 1595 se comenzaron a conmemorar festejos religiosos en las calles de Caracas y de otras ciudades y pueblos. Estas fiestas se realizaban en los días de Santiago Apóstol (patrono de la ciudad), el Santísimo Sacramento, San Sebastián y el Corpus Christi, entre otros. En todo caso, la que tuvo especial relevancia fue la del Corpus Christi, pues tenía una gran tradición en España desde principios de la Edad Media.

 

El Corpus Christi se remonta al 8 de septiembre de 1264, cuando a través de la bula “Transiturus” el Papa Urbano IV efectuó la aprobación universal, y mediante una alegoría artística, intenta demostrar al pueblo la superación del mal y los pecados a través de la Cruz de Cristo. En esa época la diversión se llevaba a cabo mediante manifestaciones teatrales, musicales y dancísticas que se oficiaban con una tarasca que representaba una figura de dragón gigante acompañado de diablos danzantes, cabezudos y enanos.

 

El 8 de mayo de 1595, es consignado en las actas del Cabildo de Caracas como el día en que se incluyen por primera vez bailes al Corpus Christi: “Mandase al maiordomo de esta ciudad tenga cuenta que se haga algún regocijo de alguna danza y comedia para el este año el día de corpus christi y gaste lo que fuere necesario”. Para este cometido, el Ayuntamiento designó a Melchor Machado, quien sería el primer maestro de danza en la Venezuela colonial. Para el año 1619, las danzas eran organizadas según las diferencias raciales de la población y con un claro carácter callejero. Así se verá en la participación de negros, esclavos, indígenas y mulatos.

            

La danza es prohibida pero no abolida: En 1697 se produjo la primera censura emitida por el obispo Diego de Baños y Sotomayor. En este caso, se intentó impedir los bailes de mulatas, negras e indias, porque los días de ensayo y los vestuarios que utilizaban eran grandes ofensas a Dios. Y esto se extendía a todas las mujeres que participaban en las danzas del día de Corpus Christi en toda la provincia de Caracas.

           

Así mismo, desde el Arzobispado de Caracas se promulgó un edicto prohibiendo “los bailes vulgarmente llamados fandango, zambique y danza de moros”. Así, el 20 de mayo de 1761, el obispo Diego Antonio Diez Madroñero (1757-1769), que se distinguió por su rigurosidad en la aplicación de cánones morales y religiosos, elementos importantes en la sociedad colonial de la época, expuso la resolución que suprimía las danzas. Esto último fue suscrito por los cabildantes, quienes se quejaban de los desórdenes, faltas a la moral y robos, entre otros agravios. Sin embargo, es probable que la costumbre de estos bailes que se llevaban a cabo por casi un siglo en Caracas haya permanecido en otras regiones de la Provincia, hasta bien entrado el siglo XVIII, y la desaprobación eclesiástica pudo haber influenciado en su desarrollo hacia otras expresiones dancísticas y musicales.

           

La celebración del Corpus Christi, la cual integraba la tarasca y los diablos danzantes, dejó de ser modelo de moralidad, convirtiéndose en una expresión popular distinta a la estrictamente religiosa. Por ello, su presencia fue desapareciendo de las festividades eclesiásticas de las calles de Caracas, para transformarse en una diversión carnavalesca. Esta manifestación hispánica esencialmente religiosa, se amalgamó con las costumbres y tradiciones que trajeron en sus mentes los esclavos africanos, lo que determinó un proceso de sincretismo donde se mezclan la fe cristiana con elementos rituales, musicales y dancísticos africanos.

 

Aunque no se conocen documentos que señalen que estas festividades se manifestaron en otros pueblos del interior a la usanza caraqueña, en distintas regiones del país estas manifestaciones dancísticas se han mantenido. En el Guárico, su representación ha perdurado hasta el presente, especialmente en la población de San Rafael de Orituco, y es parte fundamental del acervo folclórico y cultural de los valles orituquenses. 

 

La primera noticia de los diablos de San Rafael, la aporta el obispo Mariano Martí (1969), en su visita pastoral del 23 de Marzo de 1783, cuando anota en su libro de Documentos… […] “…se celebra el corpus…”. Otra referencia histórica sobre la presencia de los Diablos en San Rafael de Orituco, la ofrece don Adolfo Machado (2009) en su obra, donde informa que “el día del Corpus de 1820, el Comandante realista Bartolomé Martínez, en unión de algunos oficiales tropezó con más de una comparsa de diablitos. Parece ser que las tropas patriotas aprovecharon esta circunstancia para disfrazarse de diablos y de esa manera tomar la población por asalto”.

 

Existen referencias que en el Guárico esta festividad también se celebraba en los pueblos de El Sombrero, Tucupido y San Juan Bautista de Espino, desconociéndose cuando se dejó de celebrar y porqué.

 

En consonancia con el devenir histórico, el 6 de diciembre de 2012, la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobó en Paris-Francia, el ingreso de esta manifestación venezolana, compartida por 11 cofradías en el país, las cuales rinden culto al Santísimo Sacramento, nueve jueves después del Jueves Santo, como forma de recrear el triunfo ancestral del bien sobre el mal. Son ellas, las hermandades de Diablos Danzantes que celebran el Corpus Christi en: San Francisco de Yare, estado Miranda. Turiamo, Cata, Ocumare de la Costa, Cuyagua y Chuao, en el estado Aragua. San Millán y Patanemo, en el estado Carabobo. Naiguatá, en el estado Vargas. San Rafael de Orituco, en el estado Guárico; y en Tinaquillo, estado Cojedes. Los Diablos danzantes son la primera manifestación venezolana considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

           

Otro si: El Joropo Escobillado: El gobernador Luis Francisco de Castellanos se preocupó mucho en 1749 cuando llegó a su “superior conocimiento (…) que en algunas villas y lugares de esta Capitanía General de Venezuela” se acostumbraba “un baile que denominan Xoropo escobillado, que por sus extremosos movimientos, desplantes, taconeos y otras suciedades que lo informan”, había sido mal visto“por algunas personas de sesos (…)”.

 

REFERENCIAS

ALCALÁ, Ricardo. (2011): Una cita con la historia. Cuando Guárico conoció el terrorValle de la Pascua: El Reportero. Edición 48. Año 4. Diciembre 2011. p. 05.

ÁLVAREZ D’ARMAS, Arturo. (2012): Los Diablos en el Estado Guárico. Publicado en: Amigos Protectores de las Letras – Uruguay. http://letras uruguay.espaciolatino.com/aaa/alvarez_d_armas_arturo/los_diablos_en_el_estado_guarico.htm

ARETZ, Isabel. (1947): “La fiesta de los diablos”. En: Revista Venezolana de Folklore. Caracas: Tomo I, N° 2, julio-diciembre de 1947. pp. 91-110.

CALZABARA, Alberto. (1987): Historia de la música en Venezuela. Período hispánico con referencias al teatro y la danza. Caracas: Editorial Ex - libris.

CALZADILLA, Pedro Enrique y Elías Pino Iturrieta. (2002): La mirada del otro. Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX. Caracas: Fundación Bigott.

DE BENEDITTIS, Vince. (2002): Presencia de la música en los relatos de viajeros del siglo XIX. Volumen II. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

DUARTE, Carlos. (2001): La vida cotidiana en Venezuela durante el Período Prehispánico. Tomo 1. Caracas: Fundación Cisneros.

HERNÁNDEZ, Osman y Willmar Rodríguez. (2011): “La navidad vista por viajeros”. Publicado en:Memorias de VenezuelaNº 23. Caracas: Ministerio de la Cultura / Centro Nacional de Historia. Diciembre 2011. pp. 48-50.

MACHADO, Adolfo A. (2009): Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Introducción de Don J.A. De Armas Chitty. Altagracia de Orituco: Publicaciones de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas. Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e hijo.

MARTÍ, Mariano. (1969): Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas 1771-1784II Libro Personal. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 9.

SACHS, Carlos. (1987): De los llanos. Caracas: Conicit.

SANCHS, Curt. (1943): Historia Universal de la danza. Buenos Aires: Ediciones Centurión.

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