Danzas y bailes en el Guárico colonial
Tradiciones y Fe Regional
El Corpus Christi en la Provincia de Venezuela: de la moralidad a la expresión popular
A partir de la llegada de los europeos a tierra firme, y de la mano de obra esclavizada procedente de África, se establecieron nuevas formas de danza que se convertirían en las expresiones artísticas en la Provincia de Venezuela.
A partir del año 1595 se comenzaron a conmemorar festejos religiosos en las calles de Caracas y de otras ciudades y pueblos. Estas fiestas se realizaban en los días de Santiago Apóstol (patrono de la ciudad), el Santísimo Sacramentó, San Sebastián y el Corpus Christi, entre otros. En todo caso, la que tuvo especial relevancia fue la del Corpus Christi, pues tenía una gran tradición en España desde principios de la Edad Media.
El Corpus Christi se remonta al 8 de septiembre de 1264, cuando a través de la bula “Transiturus” el Papa Urbano IV efectuó la aprobación universal, y mediante una alegoría artística, intenta demostrar al pueblo la superación del mal y los pecados a través de la Cruz de Cristo. En esa época la diversión se llevaba a cabo mediante manifestaciones teatrales, musicales y dancísticas que se oficiaban con una tarasca que representaba una figura de dragón gigante acompañado de diablos danzantes, cabezudos y enanos.
El 8 de mayo de 1595, es consignado en las actas del Cabildo de Caracas como el día en que se incluyen por primera vez bailes al Corpus Christi: “Mandase al maiordomo de esta ciudad tenga cuenta que se haga algún regocijo de alguna danza y comedia para el este año el día de corpus christi y gaste lo que fuere necesario”. Para este cometido, el Ayuntamiento designó a Melchor Machado, quien sería el primer maestro de danza en la Venezuela colonial. Para el año 1619, las danzas eran organizadas según las diferencias raciales de la población y con un claro carácter callejero. Así se verá en la participación de negros, esclavos, indígenas y mulatos.
La danza prohibida pero no abolida
En 1697 se produjo la primera censura emitida por el obispo Diego de Baños y Sotomayor. En este caso, se intentó impedir los bailes de mulatas, negras e indias, porque los días de ensayo y los vestuarios que utilizaban eran grandes ofensas a Dios. Y esto se extendía a todas las mujeres que participaban en las danzas del día de Corpus Christi en toda la provincia de Caracas.
Asimismo, desde el Arzobispado de Caracas se promulgó un edicto prohibiendo “los bailes vulgarmente llamados fandango, zambique y danza de moros”. Así, el 20 de mayo de 1761, el obispo Diego Antonio Diez Madroñero (1757-1769), que se distinguió por su rigurosidad en la aplicación de cánones morales y religiosos, elementos importantes en la sociedad colonial de la época, expuso la resolución que suprimía las danzas. Esto último fue suscrito por los cabildantes, quienes se quejaban de los desórdenes, faltas a la moral y robos, entre otros agravios. Sin embargo, es probable que la costumbre de estos bailes que se llevaban a cabo por casi un siglo en Caracas haya permanecido en otras regiones de la Provincia, hasta bien entrado el siglo XVIII, y la desaprobación eclesiástica pudo haber influenciado en su desarrollo hacia otras expresiones dancísticas y musicales.
La celebración del Corpus Christi, la cual integraba la tarasca y los diablos danzantes, dejó de ser modelo de moralidad, convirtiéndose en una expresión popular distinta a la estrictamente religiosa. Por ello, su presencia fue desapareciendo de las festividades eclesiásticas de las calles de Caracas, para transformarse en una diversión carnavalesca. Esta manifestación hispánica esencialmente religiosa, se amalgamó con las costumbres y tradiciones que trajeron en sus mentes los esclavos africanos, lo que determinó un proceso de sincretismo donde se mezclan la fe cristiana con elementos rituales, musicales y dancísticos africanos.
Arraigo en los valles del Guárico
Aunque no se conocen documentos que señalen que estas festividades se manifestaron en otros pueblos del interior a la usanza caraqueña, en distintas regiones del país estas manifestaciones dancísticas se han mantenido. En el Guárico, su representación ha perdurado hasta el presente, especialmente en la población de San Rafael de Orituco, y es parte fundamental del acervo folclórico y cultural de los valles orituquenses.
La primera noticia de los diablos de San Rafael, la aporta el obispo Mariano Martí, en su visita pastoral del 23 de Marzo de 1783, cuando anota en su libro de documentos: “...se celebra el corpus...”1. Otra referencia histórica sobre la presencia de los Diablos en San Rafael de Orituco, la ofrece don Adolfo Machado en su obra, donde informa que “el día del Corpus de 1820, el Comandante realista Bartolomé Martínez, en unión de algunos oficiales tropezó con más de una comparsa de diablitos. Parece ser que las tropas patriotas aprovecharon esta circunstancia para disfrazarse de diablos y de esa manera tomar la población por asalto”2.
Existen referencias que en el Guárico esta festividad también se celebraba en los pueblos de El Sombrero, Tucupido y San Juan Bautista de Espino, desconociéndose cuándo se dejó de celebrar y por qué.
En consonancia con el devenir histórico, el 6 de diciembre de 2012, la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobó en París-Francia, el ingreso de esta manifestación venezolana, compartida por 11 cofradías en el país, las cuales rinden culto al Santísimo Sacramento, nueve jueves después del Jueves Santo, como forma de recrear el triunfo ancestral del bien sobre el mal. Son ellas, las hermandades de Diablos Danzantes que celebran el Corpus Christi en: San Francisco de Yare (Miranda); Turiamo, Cata, Ocumare de la Costa, Cuyagua y Chuao (Aragua); San Millán y Patanemo (Carabobo); Naiguatá (Vargas); San Rafael de Orituco (Guárico); y en Tinaquillo (Cojedes). Los Diablos danzantes son la primera manifestación venezolana considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Otro sí: El Joropo Escobillado
El gobernador Luis Francisco de Castellanos se preocupó mucho en 1749 cuando llegó a su “superior conocimiento (...) que en algunas villas y lugares de esta Capitanía General de Venezuela” se acostumbraba “un baile que denominan Xoropo escobillado, que por sus extremosos movimientos, desplantes, taconeos y otras suciedades que lo informan”, había sido mal visto “por algunas personas de sesos (...)”.