domingo, abril 12, 2015

La muerte del Gral Joaquín Crespo en la Mata Carmelera

Con la muerte de Crespo en 1898 se cierra un apasionante capítulo de la Historia de Venezuela, caracterizado por lo violento de la vida política nacional, termina la hegemonía del Liberalismo Amarillo y desaparecen del escenario todos los partidos venezolanos del siglo XIX, los cuales van a resurgir con fuerza, 38 años después de la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935. De los partidos del siglo XIX, solo el Partido Nacionalista (Par-Nac) en el Guárico intentó renacer, pero no pudo.

Foto del Presidente Joaquín Crespo
 (Autor desconocido)
Nacido en San Francisco de Cara, estado Aragua,  el 22 de agosto de 1841,  el Gral. Joaquín Sinforiano de Jesús Crespo Torres, murió en el sitio de La Mata Carmelera, estado Cojedes, el 16 de abril de 1898. Fue un militar y político venezolano, Presidente de la República en dos oportunidades: 1884-1886, y 1892-1898. Miembro destacadísimo y resaltante del Liberalismo Amarillo, fue el más fiel aliado y seguidor del Ilustre Americano, Gral. Antonio Guzmán Blanco, quien impulsó el vertiginoso ascenso de su extraordinaria carrera política, llegando a consagrarse como su sucesor político y siendo la segunda persona que ocupó la presidencia de la República por más tiempo, durante dicho período, sólo superado por el propio Guzmán Blanco.


Joaquín Crespo, se convirtió en el más poderoso caudillo de Venezuela tras el retiro político y posterior muerte de Guzmán Blanco, el 28 de julio de 1899, pasando a ejercer la presidencia durante un período de seis años, durante los cuales buscó emular el brillo del gobierno Guzmancista, pero se vio confrontado con una realidad diferente, problemas económicos, descomposición social y la decadencia del Liberalismo Amarillo, que se vio finalmente consumada durante el período presidencial de su sucesor, Gral. Ignacio Andrade, el cual él impulsó, y se estima colocó a través de un fraude electoral. Crespo, fallecería defendiendo a Ignacio Andrade en la Revolución de Queipa,comandada por José Manuel Hernández, quien fuese el candidato de oposición por el Partido Liberal Nacionalista contra Andrade y presunto vencedor real de las elecciones.


Muy vinculado a la provincia del Guárico, especialmente a los pueblos de Parapara y Ortiz, Joaquín Crespo inició su carrera militar siendo muy joven, en 1858, al alistarse en las filas del ejército federal, bajo las órdenes del coronel Jesús de Jesús González (El Agachado), Donato Rodríguez y luego Zoilo Medrano, pasando después a servir directamente a los generales Ezequiel Zamora, Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco durante las fases finales de la Guerra Federal, siendo con el último de estos, con el que pasó a tener una muy estrecha amistad, convirtiéndose en la mano derecha y hombre más leal del gran caudillo.

El 18 de septiembre de 1864, Crespo se casó en Parapara con Jacinta Parejo. Bajo el gobierno de la Federación del mariscal Juan Crisóstomo Falcón, fue diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Guárico (1864), y diputado principal al Congreso Nacional también por el Guárico (1865-1868). Al término de su gestión como diputado toma las armas en contra de la Revolución Azul (1868-1870) destacándose como uno de los principales seguidores del presidente Antonio Guzmán Blanco, quien el 4 de diciembre de 1871 lo asciende al grado de general en jefe de los Ejércitos de Venezuela. En septiembre de 1876 Crespo forma parte del equipo ministerial del presidente, Gral. Francisco Linares Alcántara; luego de que Linares Alcántara falleciera, se unió al movimiento de la Revolución Reivindicadora encabezado por el Gral. Gregorio Cedeño, que repuso a Guzmán Blanco en el poder en 1879, para el período presidencial del Quinquenio (1879-1884). En el Quinquenio guzmancista, Crespo fue Jefe Civil y Militar de Maracay (1880) y presidente del Estado Guzmán Blanco (1882).

El 20 de febrero de 1892, desde su hato El Totumo, en jurisdicción de San Francisco de Tiznados, el Gral. Crespo lanza un manifiesto de protesta, ante las pretensiones del presidente Raimundo Andueza Palacio de modificar la Constitución y perpetuarse en el poder. El 11 de marzo de 1892 se inicia la insurrección armada de la Revolución Legalistapara derrocar a Andueza Palacio. La revolución rápidamente se propagó por todo el país, y en octubre de 1892, encabezada por Crespo (héroe del deber cumplido) entra triunfante a Caracas y toma el poder.

Con la anuencia y ayuda de Crespo, el 1° de febrero de 1897 fue elegido Presidente de la República el Gral. Ignacio Andrade en “elecciones libres” contra la figura del Gral. José Manuel Hernández "El Mocho", quien no reconoció el triunfo de Andrade y se alzó en armas con el movimiento denominado el “Grito de Queipa”: El Mocho Hernández abandonó Caracas y se internó en los llanos de Cojedes. Crespo, como protector del gobierno, salió a someterlo y el 16 de abril de 1898 cayó muerto por un certero disparo efectuado desde el campo de los insurrectos, cegándole la vida al hercúleo personaje quien iba montado sobre un caballo alazán peruano de gran alzada, con capa blanca, botas de charol, sombrero de Panamá, en el sitio conocido como La Mata Carmelera. El cadáver de Crespo fue sacado soterradamente hacia Caracas; y enterrado en el mausoleo familiar en el Cementerio General del Sur, en Caracas, donde reposan sus restos desde el 24 de abril de 1898.

Con la muerte de Crespo en 1898 se cierra un apasionante capítulo de la Historia de Venezuela, caracterizado por lo violento de la vida política nacional, termina la hegemonía del Liberalismo Amarillo y desaparecen del escenario todos los partidos venezolanos del siglo XIX, los cuales van a resurgir con fuerza, 38 años después de la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935. De los partidos del siglo XIX, solo el Partido Nacionalista (Par-Nac) en el Guárico intentó renacer, pero no pudo.

Al igual que muchos políticos y militares de la época, Crespo era masón, Grado 33. Muy popular entre sus soldados, quienes lo llamaban "Taita" o padre, al igual que en su época llamaron a José Antonio Páez y a José Tomás Boves. Algunos años después de su muerte, su tumba en el Cementerio General del Sur fue profanada, sustrayéndole algunas condecoraciones de su uniforme y su espada. El Gral. Crespo era abstemio, a tal punto que nunca consumió bebidas alcohólicas.


UNESR / Cronista Oficial del Municipio Infante
felipehernandez457@yahoo.com

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viernes, enero 09, 2015

¿Murió Fidel?

“…sacaremos el ataúd sin la autorización y pondremos el muerto en la calle”.

La Hojarasca, Gabriel García Márquez


por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Fidel Castro Ruz
“Era una hojarasca alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales”. El día que leí esas palabras de Gabriel García Márquez en su novela La Hojarasca me transporté de nuevo a mi niñez, marcada para siempre por el comienzo de “la revolución”.

La hojarasca “todo lo contaminaba”, llegó con “secreción de olor a flor de piel y de recóndita muerte”. Medio siglo después mis vivencias de esos días del comienzo de aquel enero de 1959 son grises, en blanco y negro, sin una gota de color o alegría y con el imaginado olor de la sangre que corría con la furia de la venganza desmedida con que Fidel Castro y sus esbirros llegaron al poder.

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viernes, diciembre 26, 2014

Noche Buena de ayer

A los colegas y amigos de la
Casa de Estudio de la Historia de Venezuela
Lorenzo A. Mendoza Quintero

Por MIRLA ALCIBÍADES
Converso con varias personas y, por los comentarios que les escucho, quedo convencida de que todos ven las hallacas como el plato natural de celebración decembrina. Se sorprenden cuando señalo que no es así. Ciertamente, este delicioso manjar fue, hasta el siglo XIX, un plato que se disfrutaba a lo largo del año.
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viernes, noviembre 14, 2014

Ortiz y la Unerg

Ortiz y  la Unerg


Por José Obswaldo Pérez

La población de Ortiz acaba de cumplir 140 años de haber sido capital de Guárico. Una fecha importante para la historia cultural y política de esta localidad guariqueña. La fecha, el 12 de noviembre de 1874, es recordada desde 1974 cuando la comunidad celebró sus 100 años de tan significativo hito. Momento histórico que fue aprovechado para promover el Comité Pro-Universidad, creado bajo los auspicios de la Cámara de Comercio del municipio Roscio. Acontecimiento que convocó la participación del pueblo en general y los orticeños, como proactivos, aportaron su respaldo para esta causa cristalizada hoy, hace ya cuarenta años.

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Las periodistas venezolanas (1872-1910)


MIRLA ALCIBÍADES

Cuando comencé a estudiar la literatura producida por las venezolanas en el siglo XIX, mi percepción inicial sufrió severo cuestionamiento. Sucedió de esa manera porque, en la medida que avanzaba en mis investigaciones, me iba dando cuenta de lo determinante de ese aporte. Muy pronto reparé en que, en el campo de la poesía, de la dramaturgia, de la novelística, de la ensayística, en el trabajo como traductoras, esas mujeres habían hecho un aporte sustancial durante el período.

Un primer problema se me hizo evidente: consistía en que esa vasta producción no está recogida en libros. Es cierto que algunas novelas y textos poéticos escritos por ellas fueron editados en volumen, pero otros materiales todavía reposan en la prensa de la época o en libros antológicos de ese siglo. Me convencí de que la vastedad del ejercicio de escritura que habían ejercitado las venezolanas se convertía en un reto para quienes se interesan en el tema.

Sin embargo, en este momento opto por detenerme en un tema sumamente decisivo en aquellos años: el del periodismo femenino o prensa de mujeres, es decir, los títulos hemerográficos que fueron apareciendo por decisión y voluntad de mujer. En el curso de esa investigación se hizo evidente otro problema derivado de las fuentes. En muchos casos esas revistas no lograron ingresar a ningún repositorio bibliohemerográfico, razón por la cual se perdieron en el tráfago de los siglos. Por ejemplo, en lo que a la pesquisa actual concierne, supe la existencia de La Alborada en 1881, porque la mencionan tanto el Diario de Avisos como La Opinión Nacional (ambos de Caracas) en información de gacetilla. He tratado de encontrar alguna muestra de este material pero hasta la fecha me ha sido imposible. Así como el caso descrito, igual experiencia me sucedió con La Audacia (Macuto, 1881). La información sobre este impreso llegó a mí de manera accidental, mientras revisaba la colección de El Monitor en busca de noticias que me pudieran interesar. Otros casos de similar naturaleza se hizo evidente en otros momentos que excuso citar el día de hoy.

Una vez que hube determinado el fenómeno a examinar, otro problema derivó de esa decisión. ¿Cómo conceptuar este fenómeno? En un primer momento pensé presentar estas notas bajo el enunciado “Prensa femenina venezolana del siglo XIX” o, tal vez, “Revistas de mujeres en el siglo XIX”. Pero de inmediato reparé en el hecho de que esa denominación sembraba confusión, porque no diferenciaba entre los materiales dirigidos a mujeres, vale decir, los impresos periódicos fundados por hombres y que se destinaban a receptoras, de las entregas periódicas fundadas por ellas. De tal manera, tenía que encontrar una manera de definir ese fenómeno de una forma que esquivara la anfibología mencionada.

Fue así como opté por la caracterización que se ha leído en el encabezado de estas líneas: “Las periodistas venezolanas (1872-1910)”. Tampoco ese enunciado me satisface mayormente por cuanto no voy a tratar de esas profesionales de la prensa. No puedo hacerlo porque son muy pocos los datos biográficos que he podido reunir sobre cada una de esas pioneras del periodismo femenino venezolano. No es fácil elaborar la biografía de la mayoría de esas periodistas por ausencia de información al respecto –sea porque se escudan en un seudónimo o porque no se ha indagado en registros parroquiales para precisar datos básicos referidos a sus lugares y fechas de nacimiento y muerte.

Pero, insisto en el hecho, esa denominación me parece más apropiada que aquella en la que había pensado en un comienzo. Cuando los estudios sobre el campo se profundicen y cuando al hablar de “prensa femenina en el siglo XIX” se entienda que se hace referencia a las iniciativas adelantadas por ellas, la expresión habrá superado la etapa de las ambigüedades.

Otra acotación importante me compulsa a señalar que un primer acercamiento al fenómeno debe concluir en 1910. Pienso que ese año constituye la culminación de una serie de rupturas que se venían produciendo al interior del discurso patriarcal desde que, en 1872, apareció la primera revista fundada por una periodista venezolana, Ensayo Literario. Fue la concreción ese año de un lento proceso que las llevó a actuar primero como colaboradoras de revistas y periódicos y, posteriormente, como responsables directas de los impresos que auspiciaron.

Pienso que 1910 es una fecha que adquiere plena justificación por cuanto los festejos del centenario se inician en Venezuela en 1910 y, sobre todo, porque ese año está señalado en nuestro país por el ingreso de la primera mujer que realizó estudios formales en la Universidad Central de Venezuela. Se trató de Virginia Pereira Álvarez.

La investigación que vengo adelantando me ha llevado a registrar 30 títulos de revistas en toda la geografía nacional. Me inclino a pensar que no agoto el registro porque –insisto en este hecho– he conocido la existencia de varios de esos títulos porque se les menciona en periódicos tanto de la capital como del interior de la república. Agotar el tema implicaría la revisión de colecciones que exceden el millar de títulos y, como se verá, es una tarea poco menos que imposible, a no ser que se cuente con un equipo de trabajo que, les diré, no es mi caso. ¿Cuáles son esos periódicos y quiénes son sus directoras y/o fundadoras? Lo señalo de seguidas:

1) Ensayo Literario (Caracas, 1872), directora Isabel Alderson; 2) El Hospital (Mérida, 1878), órgano de la “Sociedad de Beneficencia de Señoras”; 3) La Alborada (Caracas, 1881), redactoras: Consuelo, Pepita, Amira, Corina, Alida, Eda, Josefina, Reneta y Malvina; 4) La Audacia (Macuto, 1881), redactoras: Dilia y Débora; 5) Revista Escolar (Mérida, 1882), Aziloé Aruca Halck y Carolina Aruca Halck; 6) La Alondra (Coro, 1885), redactora: Zoraida; 7) Brisas del Orinoco (Ciudad Bolívar, 1888), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 8) Ña Fernanda (Táriba, 1889), (varias redactoras que no se identifican); 9) El Chistoso (Coro, 1890), redactora: Polita de Lima (era manuscrito); 10) Armonía Literaria (Coro, 1891), responsables principales varias señoritas de la sociedad Armonía; 11) Flores y Letras (Coro, 1891), eran responsables varias señoritas de la sociedad Alegría; 12) El Ávila (Caracas, 1891), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 13) El Problema (Caracas, 1891), directora: Rosalina González; 14) La Luz Cristiana (Caracas, 1891), directora: A. P. de Norwood; 15) La Lira (Caracas, 1895), directora: Concepción Acevedo de Taylhardat; 16) La Azucena (La Grita, 1896), redactoras: Beatriz Camargo y Sara M. Guerrero; 17) El Cristus (Barquisimeto, 1896), responsables: Ildegardis de García y Concepción Alvarado; 18) Alondras (Maracaibo, 1897), redactora: Ana Yepes Serrano; 19) El Recreo de las Damas (Caracas, 1897), directora y redactora: Concepción Godoy de Martínez, subdirectora: María Martínez de Arredondo; 20) Violetas (San Cristóbal, 1897), redacción: comisión de señoritas alumnas de la clase de literatura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús: 21) El Estímulo (Duaca, 1898), directora: Lucinda de Colmenares; 22) Violetas (Coro, 1907) redactora: Ana G. Fortique; 23) Arte (Maracaibo, 1907), redactora: María Moreno de López; El Distrito Bolívar (Barinitas, estado Barinas, 1907), directora: Elena Conde; 24) El Esfuerzo (La Grita, 1908), administradora: Isaura; 25) La Cítara (Coro, 1908), directora: Josefa Victoriana Riera de Torrealba Arráiz; 26) El Pensil (Betijoque, 1909), redactora: Emma Dubuc Arias; 27) El Verbo Democrático (Coro, 1909), redactora y directora: Josefa Victoriana Riera; 28) Idilios (Chejendé, Trujillo, 1909), directora: Amalia Peña, administradora: María Cristina Segnini; 29) Minerva (Caracas,1909), directora y redactora: Olimpia Eloísa González; 30) La Violeta Azul (Colón, Táchira, 1910), directora: Hercilia Vivas Colmenares.

¿Son todos los títulos? No puedo asegurarlo. Por el momento, me limito a constatar que esos impresos existieron, que los leyeron y que todavía esperan por especialistas que se dediquen a estudiarlos.

Fuente: El Nacional 14 DE NOVIEMBRE 2014

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