domingo, marzo 05, 2017

“Aquí amamos a Chávez”

Por CARLOS MALAMUD

El 5 de marzo de 2013 moría Hugo Chávez en medio del desconsuelo de sus seguidores. Su despedida, convertida en un funeral de estado, fue seguida por cientos de miles de venezolanos y numerosos mandatarios extranjeros. Cuatro años después las cosas han cambiado y es el gobierno bolivariano quien debe recordar a sus compatriotas la obligación de amarlo, probablemente por temer que ese sentimiento no aflore de forma espontánea.

Así se pone en marcha la maquinaria propagandística para rescatar su figura y, de paso, salvar al régimen de la debacle y la pérdida de prestigio en que se haya inmerso. En pocas semanas hemos pasado del “aquí no se habla mal de Chávez” para minimizar el impacto de la serie “El comandante”, al “aquí amamos a Chávez”. Ninguno de los dos casos es una sugerencia o invitación sino, más bien, una imposición que invade la esfera privada y los sentimientos.

Ante la falta de respaldo popular y argumentos convincentes, el chavismo ha entrado en un terreno resbaladizo e imprevisible. Al invocar a los “escuálidos” (opositores), Diosdado Cabello demuestra una vez más que la campaña de amar a Chávez no es una invitación cordial: “No nos van a sacar al comandante del corazón, escuálidos, ni hoy ni mañana ni nunca, dentro de 100 años seguiremos hablando de Chávez”.

Las encuestas confirman la orfandad del gobierno. Sólo el 17% de los venezolanos dice amar a Chávez y más del 50% ni lo ama ni lo odia. Y si bien Chávez mantiene un 50% de popularidad, cuatro años atrás tenía 71%. Maduro apenas es bien valorado por el 18% de los encuestados, en un declive constante de su imagen.

Uno de los retos del chavo-madurismo fue convertir el recuerdo de Hugo Chávez en mito religioso. Daniel Lozano cita en La Nación a Michele Ascencio, una antropóloga haitiana-venezolana ya fallecida: “El uso de las creencias religiosas del chavismo es una forma de hacer política. El reto es convertir al ciudadano en devoto”.

Es una nueva vuelta de tuerca a la religiosidad latinoamericana, no ajena a la fuerte expansión de las iglesias evangélicas. Esto explica la presencia del “amor” y del verbo “amar” en el discurso político regional. En su campaña electoral de 2002, el PT brasileño ganó por primera vez unas elecciones presidenciales con el lema “Lulinha, paz e amor”. Y en 2009, tras 10 años en el poder y en pleno fragor para lograr la reelección indefinida, el PSUV publicó un decálogo de razones por las que se debía votar que Sí en el referéndum. La primera: “Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga”.

Al margen de su mala gestión de gobierno, un gran obstáculo del chavo-madurismo para impulsar el enaltecimiento de su líder es que, a diferencia de Fidel Castro, carece de rasgos heroicos que puedan ser convenientemente exaltados. Su amor por los pobres, su servicio a la patria o sus logros en la gestión, hoy son insuficientes. Su hoja de servicios militar no incluye nada parecido a Sierra Maestra, ni ninguna entrada triunfal en La Habana. Sólo el mítico “por ahora” tras el fallido golpe de febrero de 1992. El intento de convertir el “por ahora” de entonces en el actual “Chávez para siempre” e instituir el 4 de febrero como “día de la dignidad nacional” no alcanza.

Chávez será recordado por sus buenas obras y no por mitificaciones. Sin embargo, el desgobierno de sus sucesores, comenzando por la cúpula gubernamental y la del partido político que la sustenta, está haciendo todo lo posible para enterrar el legado chavista. Siguiendo a Derrida se podría afirmar que la nueva campaña de “amar a Chávez” prosigue la deconstrucción de la “revolución” bolivariana.

Pese a todo se insiste en los tópicos tradicionales, comenzando por el del “espíritu inmortal”. Por eso se pretende redimensionar al “Gigante de América”, haciéndolo aún más grande. O se intenta que el maná que reparte el “Mesías de los Pobres” llegue a un mayor número de destinatarios y aumente el número de sus fieles y seguidores, aunque los recursos (materiales y de ideas) a disposición del proyecto bolivariano sean cada vez más escasos.

En definitiva, se busca que el “Chávez infinito” llegue más allá, que realmente no tenga límites nacionales, regionales o internacionales, pese a su creciente desprestigio. Por eso Maduro insiste: “Además de las actividades previstas en homenaje a nuestro Comandante Chávez, para conmemorar un año más de su partida física, hemos decidido lanzar la campaña ‘Aquí amamos a Chávez’ que tendrá su canción en varios idiomas, porque nuestro Comandante Chávez es un líder mundial que trascendió nuestras fronteras”.

En 2014, a 15 años de la llegada de Chávez al poder, Maduro afirmaba tajante: “La actividad de la vanguardia revolucionaria no está en la calma está en la actividad. Amar a Chávez y a la Patria es convertir el amor en acción” o “Todo el que se sienta patriota, que ame a esta Patria, el que ame a Chávez, el que se sienta bolivariano y bolivariana”. El hecho es trascender el amor platónico y pasar de las palabras a los hechos: “No basta con decir lo amo tanto que no puedo vivir. ¿Qué nos enseñó Chávez? La lucha todos los días, la acción, el compromiso, el trabajo permanente”.

La “Marcha peronista” es rotunda en lo referente a la valía del líder y al recuerdo que se debe cultivar: “Por ese gran argentino/que se supo conquistar/a la gran masa del pueblo/combatiendo al capital./Perón/Perón, que grande sos./Mi general, cuanto vales”. La duda que angustia a Maduro, Cabello y sus principales seguidores es si la gran masa del pueblo venezolano seguirá subyugada por la figura de Hugo Chávez o buscará nuevos referentes. De momento, y como no las tienen todas consigo, apelan al temor y así se pasa del “aquí no se habla mal de Chávez” al “aquí amamos a Chávez“. Así sea.

CARLOS MALAMUD

Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha sido investigador visitante en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford y en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y ha estado en posesión de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Entre 1986 y 2002 ha dirigido el programa de América Latina del Instituto Universitario Ortega y Gasset, del que ha sido su subdirector. Actualmente compatibiliza su trabajo de historiador con el de analista político y de relaciones internacionales de América Latina. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana. Colabora frecuentemente en prensa escrita, radio y TV y es responsable de la
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A los morochos: ¿Qué es el populismo?


No se llama populismo por casualidad, sino porque es popular. Logra engañar a la gente ofreciendo repartirle gratis cosas, usualmente producidas o propiedad de otros, a quienes los populistas definen como ladrones y especuladores, mientras la economía los llama correctamente productores y generadores de riqueza y a quienes le pueden expropiar todo


Por Luis Vicente Léon

Luego de terminar una entrevista telefónica con un periodista extranjero, me di cuenta que mis hijos me miraban con algo que parecía curiosidad. ¿Qué pasa?, pregunte extrañado. “Papá, ¿qué es eso del populismo, que cada vez que lo nombras terminas intenso?”. La pregunta me tomó por sorpresa y mi respuesta en ese momento fue bastante pobre, así que decidí profundizar el tema para ellos y para ustedes aquí.
El populismo es una oferta política engañosa, aparentemente atractiva para las personas más desposeídas, quienes usualmente son quienes lo apoyan con mas pasión y, paradójicamente, quienes terminan más afectados por sus resultados, invariablemente devastadores.
No se llama populismo por casualidad, sino porque es popular. Logra engañar a la gente ofreciendo repartirle gratis cosas, usualmente producidas o propiedad de otros, a quienes los populistas definen como ladrones y especuladores, mientras la economía los llama correctamente productores y generadores de riqueza y a quienes le pueden expropiar todo, menos su conocimiento exclusivo de cómo esas cosas se hacen y se distribuyen eficientemente. Los discursos populistas son encendidos, llenos de culpables, enemigos imaginarios y marcianos invasores.
Ofrece cambio y castigo, dos palabras seductivas y motivadoras. El discurso es siempre el mismo: Castigo a la oligarquía, redistribución de la renta (operación Robin Hood), intervencionismo económico, controles, expropiaciones e intervenciones de empresas y se acompaña con la criminalización de la disidencia, el nacionalismo y el chauvinismo, entre muchas otras yerbas aromáticas.
Pero el populismo suele tener un tiempo finito para conectar a la población. Su primer problema es la incapacidad para resolver los problemas que promete atender. Él llega cuando la situación es mala y eso le hace más fácil penetrar el deseo de cambio de la población, pero el resultado también siempre es el mismo: ineficiencia, corrupción, desinversión, destrucción de valor, contracción económica y empobrecimiento exponencial, lo que lleva a sus ejecutores a ofrecer más control para “tapar” los huecos que deja el control anterior, a la vez que acentúa la persecución y la represión contra sus adversarios para fortalecer la tesis de los culpables externos. El resultado es igual que en el del primer control, pero peor, y la respuesta de los populistas es controlar aún más para “tapar” los huecos del nuevo control, con el que se pretendía “tapar” los huecos del control previo y así sucesivamente.
Cuando alcanza su nivel máximo de ineficiencia, que siempre alcanza, la población, que antes los aplaudía, ahora quiere cambio. Independientemente de su nivel de formación termina entendiendo el problema y el responsable como si hubiera pasado por una maestría de economía. Rechaza ahora los controles, el intervencionismo, las expropiaciones y quiere votar  para reformular lo que ahora entiende inadecuado e inviable. Pero los populistas, que antes se basaron en el respaldo de esa población para justificar su poder, ahora impiden que ese pueblo se exprese. Lo amenaza y restringe, coartando incluso su libertad de expresión, bajo la tesis de que si alguien teme decir lo que piensa, terminará por evitar pensar lo que no puede decir.
Como una película de Hollywood, luego de pasar más trabajo que una gata ladrona, el final de esa historia suele ser alentador: el fin del populismo y el rescate de la democracia y el mercado. El problema es que ese final feliz no siempre llega con la misma celeridad, ni comodidad. Depende de lo que la sociedad haga para lograrlo. Pero no se trata de un tema de fuerza sino de inteligencia. Un bien mucho más preciado, valioso… y escaso.
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viernes, marzo 03, 2017

Carlos Belisario: “ A costa de la demagogia reivindican memoria de la Negra Matea”

El dirigente político solicitó al presidente Nicolás Maduro reivindicaciones por parte de su gobierno con el municipio Ortiz, quien se encuentra sumergido en el olvido por todas las instituciones y entes gubernamentales

Carlos Belisario, médico de la población de
 San José de Tiznados (Ortiz)
El medico Carlos Belisario lamentó que se pretenda reivindicar la memoria de la negra Matea a costa de la demagogia y de una gran desidia con el pueblo que la vio nacer, en alusión a los actos programados para el traslado de sus restos simbólicos al Panteón Nacional.

Belisario, quien estuvo en los actos que comenzaron en San José de Tiznados, el pasado miércoles 1 de marzo, se refirió al evento resaltando: “Nuestros pueblos han escrito su nombre en la historia de Venezuela; pero es una verdadera lástima que, en 18 años de revolución bolivariana, nos encontremos hoy sumergidos en la desidia y en el abandono total. Ni el gobierno nacional, regional y mucho menos el municipal le han dado el valor y la importancia histórica que tienen nuestros pueblos al tenerlos con la vialidad intransitable, falta de alumbrado público, fallas en el aseo urbano, en los servicios públicos, instituciones educativas, culturales, deportivas y recreativas totalmente deterioradas, ausencia en construcción de viviendas”.

Además, el dirigente aprovecho la oportunidad para enviarle un mensaje al Presidente Nicolás Maduro “Sr. Presidente celebramos que los restos simbólicos de Nuestra Matea Bolívar sean exaltados en el Panteón Nacional; pero, aprovecho la ocasión para exigirle reivindicaciones por parte de su gobierno a nuestro municipio Ortiz quien se encuentra sumergido en el olvido por todas las instituciones y entes gubernamentales”, finalizó.

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miércoles, marzo 01, 2017

Ese policía de Ortiz….

Como primera autoridad del pueblo, llegó muy temprano una mañana a su despacho en la prefectura local; colocó su revolver sobre la mesa y llamó a su policía de turno, el gerdamen Raimundo, un guardia analfabeto; pero, muy diligente, jocoso y dicharachero


Avenida Bolívar de Ortiz, año 1965

José Obswaldo Pérez

A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX, el general Luis Benito Crespo Torres, hermano del General Joaquín Crespo —caudillo llanero quien fue dos veces presidente de Venezuela—, fue jefe civil de Ortiz. Como primera autoridad del pueblo, llegó muy temprano una mañana a su despacho en la prefectura local; colocó su revolver sobre la mesa y llamó a su policía de turno, el gerdamen Raimundo, un guardia analfabeto; pero, muy diligente, jocoso y dicharachero:
— Es orden de Calabozo — le dijo el general Luis Crespo Torres, cumpliendo así las instrucciones superiores emanadas del gobierno del Benemérito y del presidente del Estado Guárico.
Crespo Torres —como lo llamaban, con su segundo apellido— fue General de Brigada de los Ejércitos de Venezuela, ascendido a esa jerarquía en mayo de 1885; participó en numerosas jornadas de guerra y con importante actuación, especialmente en la Revolución Legalista que acaudilló su hermano Joaquín en 1892 y en la Revolución llamada Libertadora, entre 1901 y 1903, siendo comandante del 9° Cuerpo del Ejército Revolucionario contra el gobierno del Gral. Cipriano Castro. Nació en Parapara en 1857 y murió en Caracas en 1933. Casó en primeras nupcias por la Iglesia, en Parapara, con María Andrea (o María del Carmen) Belisario, nacida el 23 de febrero de 1859, hija de Vicente Belisario y Victoria Ramírez, en agosto de 1871. Fueron padrinos de la boda Camilo Torres  y Concepción Freitas (AP. Parapara. Mat. 1881;p. 57). Mientras, en segundas nupcias, el general Crespo Torres, en acto cumplido en Calabozo el 11 de noviembre de 1887, desposó a la distinguida señorita Carlota Mier y Terán Romero, hija de don Francisco Mier y Terán Matos y doña Emperatriz Romero (AAC. Parr. Las Mercedes. Mat. 1887: 29v). Físicamente, el general era renco de una pierna; se la había malograda con una herida de bala en una de esas batallas por la defensa de la legalidad institucional. Sin embargo, el hombre mantenía su fama de persona recia y arrojada.
— Si, señol enseguida mesmo cumplo sus oldenez, mi generar—respondió avivadamente Raimundo.
—Ved, toma nota de todos los carros que pasen por aquí— dijo Crespo Torres, la máxima autoridad local y le entregó un lápiz y un papel de línea casi amarillento.
Raimundo salió a la antigua calle Comercio, la principal avenida de transito de Ortiz, hoy convertida en avenida Bolívar. Allí se plantó, en la espera de algún vehículo de motor.
Al poco rato apareció un automóvil en la calle principal y Raimundo, como buen servidor público, detuvo el auto. El viejo policía se acercó a los viajantes y educadamente comenzó a hacerles preguntas tales como su jefe la había encomendado. Sacó el lápiz, un viejo papel amarillento y le dijo al conductor:
—Escríbame aquí mesmo, su nombre y pa’ oden van.
El conductor tomó el lápiz y el papel y luego escribió este verso: “Ese policía de Ortiz, / merece que le tire un peo/ en la punta de la nariz”,  
El policía inocente de la burla  llevó el papel al general Crespo, el cual leyó y luego miró a Raimundo de reojo, echándose una carcajada.
Con el tiempo, un periodista larense quien se desempeñaba en el MSAS en Caracas, me confesó, hacia la década de los 80 del siglo XX, sobre el autor del aquel versito, el cual se hizo popular en casi toda Venezuela.
—Fue Concepción Concho Carrasco- me dijo el versado hablistán-, quien fue tesorero de la gobernación de Apure — durante el mandato del General José “Pepe” Domínguez, en la década de los años 30—, el autor de aquel versito insidioso que, aún, algunos lugareños recuerdan.

José Obswaldo Pérez es periodista e historiador. Actualmente editor de la Revista Electrónica Fuego Cotidiano


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miércoles, febrero 01, 2017

Soplones y declarantes contra Zamora



Por Oldman Botello

El general Ezequiel Zamora luego de detenido en la Sierra del Sur de Villa de Cura, en Guambra, comenzando el camino hacia Tacasuruma o Belén, fue sometido en Villa de Cura a juicio criminal entre abril de 1847 y en julio del mismo año cuando fue sentenciado en primera instancia a la pena de muerte. Quien ordenó seguir el juicio fue el Dr. José Santiago Rodríguez, abogado caraqueño, político conservador, exministro y amigo del general Páez; tenía el cargo de Auditor General de Guerra y comisionó para incoar el juicio contra Zamora, preso en la cárcel de Villa de Cura, al Dr. N. González Méndez, Juez de 1° Instancia del Circuito y como secretario al subteniente José Pardo Gil y luego asumió este puesto Alfonso Brizuela. Los médicos que reconocieron los cadáveres en la batalla de Los Bagres fueron los doctores Juan Manuel Manzo y José Rafael Briceño; el fiscal lo fue el licenciado Juan Martínez, hombre despreciable y traidor quien después de ser amigo entrañable y con quien viajó Zamora a los Tiznados y otros lugares para predicar el liberalismo, se volvió conservador y acusó de todo lo malo a Zamora en tribunales. El Jefe Político de Villa de Cura o jefe civil era el comerciante y terrateniente Aureliano Otañez; luego pasó a ser juez de la causa el Dr. Manuel Alfonso, de la godarria de La Victoria y quien más adelante, fiel a su credo godo, falló contra los indios de Turmero en un litigio por sus legítimas tierras. Estos fueron los funcionarios a la orden del Gobierno para juzgar al general Ezequiel Zamora.

Los soplones y declarantes en contra fueron casi todos villacuranos, de las clases pudientes, comerciantes usureros y hacendados. Todos conocían a Zamora, pero cuando cayó preso se ensañaron con él; vieron sus intereses en peligro y accionaron con todo su poder de común acuerdo con el régimen conservador de Caracas liderizado por el general José Tadeo Monagas (después se convirtió en liberal por conveniencia).

Del sumario instruido contra el líder Zamora extraemos quiénes fueron esos declarantes; no los inventa quien esto escribe sino que están en el expediente de 1847 publicado por Manuel Landaeta Rosales, Antonio Leocadio Guzmán y Laureano Villanueva en tres obras diferentes. El primer declarante fue Wenceslao González, con grado de sargento, de 61 años, agricultor, habitante de Los Bagres quien echó el cuento ante el juez, secretario y fiscal, de lo que vio en su lugar de residencia. Luego vino José Jaén, quien había guardado rápidamente su ropa y enterrado su dinero al saber que venía la invasión de Ezequiel, a quien mucho conocía y manifestó en su declaración ser “amante como el que más del orden, las instituciones y las leyes”.

Un grupo de esas figuras villacuranas enemistadas con Zamora por querer entregar la tierra al campesinado, denunciaron al caudillo porque contrario a la Constitución, había solicitado el voto para sí en las elecciones de 1846. Esos firmantes fueron: Joaquín Jaén, pariente del anterior; Juan Martínez, el fiscal traidor; Benito Martí Manzo, abuelo del poeta calaboceño Francisco Lazo Martí; Luis María Ceballos, Jacinto Santaella, José Jaén, Braulio Otañez, Nicolás Ovalles, villacurano muerto en 1861, fue concejal y tío-abuelo del Dr. Víctor Manuel Ovalles Carlomán; José Joaquín González Ascanio, caraqueño radicado en Villa de Cura y bisabuelo de los González Gorrondona; Fortunato Torralva; José Jacinto Fuentes, de notables familias terratenientes esclavistas del valle del Tucutunemo; Delfín Fernández y Jesús Peraza. Fueron delatores de Zamora acusándolo de todo lo que quisieron para engordar el expediente: Francisco Gil Ceballos, Trinidad Celis, barquisimetano radicado en La Villa, casado con Rosalía de Ávila y Bolívar, pariente del Libertador, nacida en Parapara, es decir, en la sierra al sur de San Juan de los Morros, San Antonio de La Platilla; Fausto Celis Ávila, su hijo; José Antonio Istillarte, de Cagua, criado en Villa de Cura; José Ramón Hernández Motamayor, genearca de la familia Hernández Pérez; Joaquín Paúl, hermano de Coto Paúl, quien se radicó en La Villa y vivió en San Francisco de Tiznados y Ortiz, donde murió; Socorro Telles, de Magdaleno, herrero, murió de cólera en 1855; Eustaquio Barreto, arrendatario de la hacienda Tocorón y casado con Belén Quero; Dr. Jaime Bosch, médico y músico (Caracas 18114-Vilal de Cura 1890); Pedro Bofill, de padre español realista, yerno de don Benito Martí Manzo; Cayetano Ayala, emparentado con los Ayala Bofill y ascendiente de los Capriles-Ayala; Braulio y Aureliano Otañez, siempre en el lado de los godos, latifundistas y comerciantes agiotistas.

 Fueron descendientes suyos dos Aureliano Otañez: un canciller de Cipriano Casto y un canciller de Pérez Jiménez. La cabra siempre tira al monte.

 oldmanbotello@hotmail.com

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