miércoles, abril 20, 2022

Foucault y el pensamiento poscolonial

El poscolonialismo se nutre de diferentes tradiciones intelectuales, pero hay un pensador que influye más que cualquier otro: Michel Foucault. Los conceptos desarrollados por este francés son herramientas esenciales del pensamiento poscolonial, su vocabulario analítico se convirtió en la base de las obras de Said y sus colegas.
Por Ernesto Andrés Fuenmayor

Desde hace cuatro años administro la página de Instagram “Hechos Latinoamericanos“. Los temas abarcados van desde las civilizaciones prehispánicas hasta la historia republicana. En publicaciones acerca de la colonia o alguna cultura indígena se ven comentarios que celebran la llegada de los colonos como un quiebre con la barbarie, como el comienzo de la “civilización“. Entre muchos usuarios hay una clara identificación con lo europeo y una demonización de los aborígenes.

Para explorar este tipo de fenómenos discursivos y hegemoniales surgió durante los años setenta un campo de estudio que hoy se conoce como «poscolonialismo“. Si se tuviese que apuntar a una obra fundadora sería el libro “Orientalismo“ de Edward Said, un ensayo en el que el autor explora la creación europea del “Oriente“. Este “Oriente“ es descrito por Said como una práctica discursiva en la que los europeos se definen a si mismos como racionales, lógicos y normales, mientras que los orientales son la contraparte barbárica y primitiva.

Por lo general, el objetivo de los pensadores poscoloniales como Said es analizar la influencia del colonialismo en las dinámicas sociales actuales. Para ello suele tomarse la perspectiva de los territorios colonizados y no de las metrópolis europeas, rompiendo así con la tradición analítica de la teoría social.

El poscolonialismo se nutre de diferentes tradiciones intelectuales, pero hay un pensador que influye más que cualquier otro: Michel Foucault. Los conceptos desarrollados por este francés son herramientas esenciales del pensamiento poscolonial, su vocabulario analítico se convirtió en la base de las obras de Said y sus colegas.

La obra de Foucault es extensa y abarca campos tan diferentes como la historia de la ciencia, la psicología y la teoría social. Sin embargo, en sus libros destaca un interés dominante: el sujeto y la composición de su subjetividad. A Foucault le interesan fenómenos complejísimos como el poder y el conocimiento por su influencia en la creación de subjetividades, por ser ellos quienes definen los modos de percepción del individuo. En el poscolonialismo se toma esta perspectiva para analizar la creación de subjetividades coloniales, así como las estructuras de poder de las que surgieron.

Con frecuencia, la teoría poscolonial hace uso de los conceptos centrales de Foucault: “discurso“, “episteme“, “poder/conocimiento“, “saberes“ y “gubernamentabilidad“, entre otros. Todos ellos buscan analizar al sujeto como un ente socialmente construido, como el producto de una contingencia histórica que surge de dinámicas de poder y prácticas discursivas. Este repertorio analítico intenta entender a partir de qué fuerza los sujetos y su pensamiento se constituyen de una manera particular.

Para Foucault, el conocimiento no es más que aquello que en un momento histórico particular se acepta como verdadero. Esto sucede a partir de prácticas discursivas que se instalan en las mentes de los sujetos, organizando el pensamiento de una manera particular. Estos discursos, que no son más que formas históricamente contingentes de pensar acerca de un tema específico, constituyen al episteme. El episteme es, por lo tanto, el conjunto de las prácticas discursivas de una época, es decir, el vocabulario y la estructura intelectual de dicha época. Se podría describir al episteme como una pecera en la que el sujeto puede moverse libremente, pero con la limitación natural de la pecera.

Dada la naturaleza de este repertorio conceptual se entiende que las pensadoras poscoloniales lo utilicen para analizar la dinámica entre la colonia y la metrópolis, ente el colono y el colonizado. Con él describen como un grupo cultural -por ejemplo, los colonos españoles- impuso violentamente nuevos discursos y formas de percepción entre la población indígena. Desde una narrativa eurocéntrica que buscaba “modernizar“ a los bárbaros se justificó la destrucción de las subjetividades locales y su reemplazo con subjetividades europeas.

La producción del conocimiento indígena – ya haya sido el animismo caribe o la astrología azteca- fue reemplazada por la teología cristiana y las ciencias empíricas. La práctica discursiva se europeizó y la tradición aborigen se fue erosionando poco a poco.

De esa dinámica entre el Yo universal y el Otro barbárico surgió un episteme colonial que sigue ejerciendo su influencia hasta el día de hoy. La civilización europea sigue siendo interpretada entre latinoamericanos como “la civilización“, lo demás como barbarie. El cristianismo no es visto como pensamiento mágico institucionalizado, sino como un orden moral y espiritual superior, universal. El pensamiento racial sigue estructurando las relaciones sociales jerárquicamente, tal como hace 500 años.

Va siendo tiempo de que, quizás de la mano de Foucault, descolonizemos nuestro vocabulario y emprendamos el complejísimo proyecto de crear nuevas subjetividades.

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sábado, abril 16, 2022

¿Qué es la Historia?

Los gobiernos socialistas interfieren en la labor de los historiadores con sus leyes y proyectos sobre Memoria
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IMAGE | laventanaciudadana.cl .

Gabriel Tortella El Mundo

La Historia es saber, o, mejor dicho, todo el saber es Historia. Se trata de una verdad evidente: no podemos conocer más que lo que ha ocurrido; por lo tanto, nuestros conocimientos son Historia; no pueden ser otra cosa. Es cierto que cuando hablamos de Historia nos estamos refiriendo comúnmente a la historia de las sociedades humanas. Pero, en realidad, todos los campos científicos tienen historia y están basados en la Historia. Las teorías de la física están sustentadas en los experimentos y observaciones que los físicos llevan siglos haciendo. Todo campo científico, en realidad, tiene dos historias: una es la acumulación de hechos que la disciplina explica o quiere explicar; otra es la evolución de las teorías, interpretaciones e intereses de los científicos, la evolución de pensamiento de esa ciencia, sea ésta la física, la química, la medicina, la economía, la política, la sociología, el arte, la literatura, etcétera.

¿Qué es la Historia?Ciñámonos a lo que más frecuentemente se entiende por Historia, es decir, el pasado de las sociedades o colectividades humanas. En realidad, incluso la Prehistoria es Historia: los pintores de Altamira o de Alpera ya estaban escribiendo Historia, y lo mismo los autores del Gilgamesh o de la Biblia. Pero la Historia científica nace en la Grecia clásica, siglo V antes de Cristo, con Heródoto y Tucídides. El primero, además, le da a esta ciencia el nombre con el título de su gran obra, Historias, que presenta «los resultados de su investigación para que el tiempo no borre el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas [...] no caigan en olvido». Ambos pioneros prestaron atención sistemática a sus fuentes y a la veracidad de lo que narraban, aunque la obra de Heródoto contiene un cajón de sastre de historias míticas (muy divertidas) a las que él mismo concede escaso crédito. Pero su narración de la lucha de los griegos contra la invasión persa, cuyo recuerdo estaba muy reciente cuando él escribía, es magnífica, y contiene el primer contrafactual: ¿qué hubiera sucedido si la armada persa hubiera vencido en Salamina?

Otra virtud de Heródoto es su sentido del humor, del que Tucídides, autor de La guerra del Peloponeso, carecía, quizá por escribir en el destierro. Desde entonces hasta hoy la Historia ha conocido épocas oscuras y épocas gloriosas, pero una constante ha sido que los poderosos hayan tratado de ponerla a su servicio para promover sus intereses. Se ha dicho que la Historia siempre está sesgada, porque son los vencedores los que la escriben. Esto puede ser cierto en ocasiones, pero no siempre. Hoy vemos, con nuestra Guerra Civil, que la versión de los vencidos domina claramente sobre la de los vencedores; y Tucídides, que narró la guerra donde su Atenas natal salió derrotada, nunca disimuló los errores y los crímenes de sus compatriotas.

La Historia es, por definición, escrita y son lagos de tinta y montañas de papel los que recogen la obra de los historiadores en los 25 siglos largos desde Heródoto hasta hoy; y la ciencia ha evolucionado considerablemente. Pero aún son muchos los historiadores que se resisten a utilizar los métodos de las ciencias sociales. La Historia económica, por ejemplo, no ha tenido general aceptación hasta hace relativamente poco tiempo y aún es mirada con reparo por muchos colegas en España y en otros países. Ramón Carande, uno de nuestros precursores, era, como Heródoto, ameno y divertido, y contaba que cuando llegó a Simancas para investigar sobre la Hacienda de Carlos V encontró que los legajos que le interesaban estaban clasificados como Papeles sin interés. Su colega francés y coetáneo, Marc Bloch, recomendaba al historiador saber interpretar un balance bancario, para muchos «más hermético que un jeroglífico». En general, la aplicación de las ciencias sociales y sus métodos, casi siempre cuantitativos, a la Historia, ha suscitado frecuentemente rechazo, aunque con argumentos poco convincentes o rigurosos: se ha hablado del peligro de deshumanizar la Historia, de hacerla aburrida e incomprensible, argumentos más bien endebles desde el punto de vista científico. Han sido algunos historiadores cuantitativos los que más certeramente han señalado el posible abuso de esta técnica y las falacias que puede traer consigo.

E. H. Carr (no Raymond) publicó hace ya tiempo un librito con el mismo título que este artículo donde ponía de relieve que el historiador debe ser objetivo pero no puede serlo completamente, porque ya la elección del tema de investigación, las fuentes y el método que utiliza suponen otros tantos sesgos. La honestidad no le exige, por tanto, una objetividad total, que es imposible, sino simplemente que deje claras sus hipótesis de partida, la evidencia y los métodos que sustentan sus conclusiones, brindando así al lector elementos para formar su propia opinión

La memoria colectiva, como la individual, es algo más subjetivo y maleable que la Historia. Es una mezcla de recuerdos, lecturas y testimonios compartidos que conducen a interpretaciones menos rigurosas que las de la Historia, pero que pueden tener mucho mayor poder que ésta por haber calado más hondo y más ancho. Por supuesto, la Historia puede y debe tener parte esencial en la formación de la memoria colectiva; por eso es tan importante que sea veraz y por eso muchos políticos intentan (y a menudo logran) imponer su propia versión, que acostumbra a ser falaz; si no lo fuera, no sería necesario imponerla.

Estas reflexiones vienen provocadas por las interferencias que los últimos gobiernos socialistas están llevando a cabo en la labor de los historiadores con sus leyes y proyectos sobre Memoria (sea ésta histórica o democrática) y con las profundas reformas de los programas educativos, sobre todo de segundo ciclo, que incluso han suscitado una leve protesta por parte de la Academia de la Historia. Estos gobiernos parecen ignorar que lo más democrático que puede hacerse con la memoria colectiva es dejarla en paz para que sea ella misma, como conjunto de personas adultas que es, quien se informe y enriquezca con las aportaciones que los historiadores ofrecen investigando y debatiendo libremente.Las mencionadas leyes y proyectos tratan de imponer de modo inadmisible una versión predeterminada de la historia de la Guerra Civil española, una versión maniquea que ningún Gobierno debiera manifestar y menos tratar de imponer a sus ciudadanos. La Guerra Civil ha sido uno de los temas más investigados, en España y en el extranjero, durante los más de 80 años desde que estalló y no necesita ningún estímulo estatal, y menos con los propósitos partidistas que traslucen la ley de 2007 y el anteproyecto de 2021.

El Gobierno, inmiscuyéndose en estos temas y convertido en un Ministerio de la Verdad orwelliano, promulga engendros como la memoria democrática de las mujeres, el Plan cuatrienal de la Memoria Democrática, el Consejo Territorial de la tan sobada MD, el derecho de las víctimas a la verdad, los procesos memoriales, el Centro Documental de la MD -que se superpone al Archivo de la Guerra Civil de Salamanca (cuyos fondos, por cierto, el Gobierno de Zapatero había dispersado en 2006 a petición de la Generalitat)-, el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la MD, y los lugares o parajes de MD, dando así un espectáculo de sectarismo ridículo que ni los órganos de propaganda del franquismo llegaron en su día a igualar.

La Historia es una ciencia apasionante, en continua evolución, y con una multiplicidad de temas, métodos y escuelas, a menudo enfrentadas en polémicas en ocasiones acaloradas, lo cual en el fondo es saludable y estimulante; pero se convierte en algo peligroso y aberrante cuando Estados y gobiernos deciden utilizarla para sus propios fines unilaterales y propagandísticos. Esto ha sido muy propio de regímenes totalitarios, como los comunistas, nazis y fascistas, y hoy de los protofascistas, como la dictadura blanca catalana. Por eso resulta alarmante, aunque a la vez risible y pintoresco, que el Gobierno español, en principio democrático, recurra a manejos pretendidamente académicos, que, pese a sus proclamas y golpes de pecho, son en esencia dictatoriales.

Lo que la Historia no es, ni puede ser en absoluto, es una fábula para niños grandes escrita por amanuenses domesticados al dictado de políticos prepotentes y soberbios. «Libertad para la verdad, pero no para el error», proclamaban los ministros de Información de los gobiernos de Franco. ¿Y quién discriminaba entre una y otro? Ellos. ¿Están proclamando y haciendo lo mismo, desde el lado opuesto del espectro político, los ministros de Sánchez? Todo indica que sí.

Gabriel Tortella, economista e historiador, es miembro del Colegio Libre de Eméritos. Su último libro, con Gloria Quiroga, es La semilla de la discordia. El nacionalismo en el siglo XXI (Marcial Pons).
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lunes, abril 11, 2022

Entre las aguas de la Historia Insurgente

Un documento recogió desarrollar programas integrales en el campo de la historia, dirigidos al sistema educativo, que promuevan la participación activa de las nuevas generaciones en el rescate de la memoria colectiva y la conciencia histórica de las luchas insurgentes.
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IMAGE | Rosario Soto Suarez, Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Simón Bolívar

Revista Fuego Cotidiano

Desde el 6 al 8 abril se celebró en el Estado La Guaira, en varios espacios de esta entidad porteña del litoral venezolano el Decimosexto Congreso Nacional y el tercer Congreso Internacional de Historia, donde plantearon la necesidad de establecer la Historia Insurgente en el sistema educativo nacional.

Un documento recogió desarrollar programas integrales en el campo de la historia, dirigidos al sistema educativo, que promuevan la participación activa de las nuevas generaciones en el rescate de la memoria colectiva y la conciencia histórica de las luchas insurgentes.

Rosario Soto Suarez, Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Simón Bolívar explicó que el Congreso Nacional de Historia es uno de los eventos más importantes del país y cuya iniciativa data de más de 30 años. “Comenzaron como simposios y fueron auspiciados en los primeros tiempos por la Revista Tierra Firme y ahora por la Revista Memoria y Patrimonio”, indicó.

Asimismo, Soto Suarez resaltó la amplitud del evento, dado que este brinda a todos los estudiantes, profesores, docentes e investigadores de diferentes áreas de la Historia, las Humanidades y las Ciencias Sociales; “pero, también, de otros sectores que tienen un gran interés por el tema de la historia, la memoria y el patrimonio “.

Indicó que el Congreso se realizó en el marco de la conmemoración del aniversario de dos hitos importantes en la historia contemporánea de la nación suramericana, los 30 años de la rebelión del 4 de febrero de 1992 y los 20 años del golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Historia

IMAGE | José Manuel Aquino, Gerente Editorial de la Revista Fuego Cotidiano junto con el escritor Luis Britto García

Luis Britto García: la historia nos prepara para el futuro

Por su parte, el escritor Luis Brito García resaltó que el evento sirvio como un espacio para “pasar revista” sobre grandes temas de historia nacional, latinoamericana y mundial desde una perspectiva revolucionaria y humanística.

Este sentido, el autor de Rajatabla considero urgente discutir en este congreso el papel de Venezuela en la geopolítica petrolera. «La historia nos prepara para lo que sucederá en el futuro; nos hemos dejado arrebatar nuestras riquezas y vamos a permitir regalarles el futuro del mundo a cambio de nada», refirió el historiador Luis Britto García, durante su ponencia «Pico Petrolero», donde destacó que Venezuela y los pueblos del mundo deben preguntarse cómo debe ser la nueva relación comercial y social, en torno al comercio petrolero.

Recalcó que la historia nos prepara para el presente y para el porvenir, pues el país se prepara para un nuevo pico petrolero y se deben evaluar las consecuencias ecológicas, económicas, sociales, políticas y estratégicas.

Más de mil 400 historiadores de diferentes partes del país e invitados especiales de diferentes partes del mundo se dieron cita en este evento. Un total de más de 560 ponencias se leyeron y se discutieron.

Guarico fue uno de los estados que presentó una gran cantidad de ponencias en el Congreso,muchas desarrolladas por estudiantes de laMaestría de Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos, UNERG.

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sábado, marzo 19, 2022

Particularidades en la conformación del núcleo poblacional en la Mesa de El Sombrero en 1725

Sus fundadores fueron mayormente pobladores provenientes de San Sebastián de los Reyes , que sometieron y esclavizaron a los aborígenes principalmente guamos y guaiqueries para luego desplegar actividades agrarias a gran escala, tanto en las haciendas para sembrar, cacao, caña de azúcar y tabaco;al igual que en los en los hatos con la cría de distintos ganados ( vacunos, caballar y mular).
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IMAGE Minube | Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Inmaculada de La Concepción de El Sombrero.

José Manuel Aquino G

La ocupación de los espacios para el establecimientos humanos, siempre tienen una intención, que debe ser estudiado desde la relación hombre-medio y sociedad-naturaleza a través del tiempo .Por tal motivo, el poblamiento en Venezuela durante el periodo colonial fue gradual y con distintas intensiones, por parte de los conquistadores hispanos, con el f in apropiarse inicialmente de los metales preciosos pertenecientes a las comunidades aborígenes de este continente, especialmente del oro y demás piedras de alto valor en el mercado. Un gran número de expedicionarios llegaron a esta parte del territorio americano con estos fines, originado por la fiebre del oro y plata de gran demanda en Europa, en tiempos de la fase mercantilista del modo de producción capitalista, impulsada por una acumulación originaria de capital. Nación que más tuviese ese preciado metal, no solamente era rico, sino también una gran potencia hegemónica por contar con cuantiosas riquezas.

Desde finales del siglo XV y mediados del siglo XVI, las provincias que se iban conformando por expedicionarios y colonos se apropiaron de de estas riquezas, al igual que las perlas. Por tanto, serán las zonas costeras e igualmente las islas que concentraron los núcleos poblacionales para ocuparse a estas actividades extractivas y pesqueras, hasta que el interés por la búsqueda de oro dejara de ser prioritario por no conseguir el potencial yacimientos esperados , al igual que la captura de las margaritas se fuesen agotando, por tanto, estos pueblos fueron perdiendo su importancia económica y estratégica a consecuencia de este factor antes descrito ; posteriormente se establecieron paulatinamente asentamientos urbanos en valles y terrazas, en territorios pertenecientes a esta jurisdicción político territorial a un ritmo, de acuerdo al interés del colonizador y sus descendientes por fomentar la siembra de rubros agrícolas como el café ,el cacao, el algodón y el tabaco, entre otros productos muy apetecidos, por su gran demanda mundial, al igual que la cría de ganado vacuno, mular y caballar con fines comerciales en momentos de la expansión del modelo capitalista, en tiempos de la primera revolución industrial Europa y la instalación de los ingenios azucareros en las islas del Caribe (Aquino,2022).

De esta manera se inicia el poblamiento de Coro, Maracaibo, Cumaná, La Asunción, Coche, Cubagua, Borburata entre otras poblaciones de importancia en la primera mitad del siglo XVI, para la búsqueda de oro y demás metales preciosos, pero cuando estas riquezas extractivas se acabaron, comienza la fundación de pueblos en toda la región costa montaña y centro de esta jurisdicción político territorial durante la segunda parte de esa centuria, para dedicarse a las actividades agrícolas. Será el régimen de encomiendas, el soporte para que a los colonos españoles, recibieran en carácter de tributarios a los aborígenes, con el fin de evangelizarlos, pero el verdadero interés de parte de estos ocupantes era obligarlos a realizar trabajos agotadores al servicio de los encomenderos, en las grandes extensiones de tierras que habían sido otorgadas por la corona españolas, a través de mercedes reales y composiciones de tierras,para cumplir las actividades de los cultivos del café, añil, tabaco, cacao y caña de azúcar en las haciendas y la ganadería en los hatos; creando de esta manera una nueva aristocracia territorial en esta jurisdicción político administrativa. Posteriormente fue incorporada la mano de obra esclava africana a realizar estas actividades ante la imposibilidad de estos nativos a cumplir con estos menesteres.

De esta manera, se fueron conformando los núcleos poblacionales ubicados en los diferentes valles de la región central de la provincia de Venezuela: Valencia, San Mateo, La Victoria, San Sebastián de los Reyes, con vocación agropecuaria, permitiendo incorporar gran cantidad de trabajadores a cumplir estas funciones del campo, motivado que al desregularse el sistema de encomiendas, los indios dejaron de ser los únicos que realizaban estas labores del agro. El proceso de colonización y vocación por la siembra en gran escala se acompañó por un proceso de integración cultural y cruce de la sangre blanca, india y negra. En consecuencia, durante ese tiempo histórico se aceleró el crecimiento de la población mestiza (Pardos, mulatos y zambos), los cuales se dedicaron mayormente a estas actividades agronómicas y participar en la conformación de los núcleos poblacionales en las distintas regiones del territorio venezolano para intensificar los cultivos de caña de azúcar, cacao, añil,tabaco, algodón muy demandados en el mercado europeo.

Durante el siglo XVII, se siguen fundando centros urbanos en la jurisdicción de la otrora Provincia de Caracas, principalmente en los valles del Orituco a partir de 1694, territorios pertenecientes a la entidad guariqueña, entre las cuales podemos citar los poblados de Altagracia de Orituco en , San Rafael de Orituco, Lezama y Macaira .Sus fundadores fueron mayormente pobladores provenientes de San Sebastián de los Reyes , que sometieron y esclavizaron a los aborígenes principalmente guamos y guaiqueries para luego desplegar actividades agrarias a gran escala, tanto en las haciendas para sembrar, cacao, caña de azúcar y tabaco ;al igual que en los en los hatos con la cría de distintos ganados ( vacunos, caballar y mular) . De la misma manera, se conformaron núcleos poblados, principalmente en la gran posesión del hato Paya, en las cercanías del rio que lleva este mismo nombre de dicho latifundio, del cual nacerá el pueblo de Ortiz, en el mismo año 1694, y por esa época se fundará Parapara, durante esa última década de esa centuria; mientras que a partir de la segunda década del siglo XVIII, en la región de los llanos altos de la Provincia de Caracas, específicamente hacia el sur, a las orillas del rio Guárico, se irán agrupando familias a dedicarse a las actividades agropecuarias y posteriormente conformaran los asentamientos poblacionales.

Bajo esta modalidad fundacional en esta región, específicamente a las orillas del rio Guárico, se van a dar los primeros pasos para el núcleo poblacional de Barbacoas en la segunda década del siglo XVIII, cuando el sacerdote Gerónimo Rebolledo en el año en el año 1717 ( Martì, 1998) , asentó varias familias aborígenes en su hato, marcando el inicio de esta comarca, que luego albergó a distintas castas que formaron la estructura social durante el periodo colonial para dedicarse a las actividades agropecuarias. Posteriormente se oficializa como pueblo constituido el 20 de mayo de 1738, por las autoridades del Cabildo de San Sebastián de los Reyes. En la otra margen de este largo riacho, se formó una localidad en la mesa de El Sombrero, que se caracteriza por tener un terreno elevado en una cima plana, apropiado para el establecimiento de una urbe , en un momento histórico en que las haciendas que estaban en sus inmediaciones realizaban una intensa actividad agropecuaria, cuyo producción estaba destinada al intercambio comercial con otras localidades (De Armas,1980, p.50 ), motivo por el cual albergaba un gran número de personas en su mayoría integrantes de las castas inferiores de la estructura social del periodo colonial ,para realizar las labores del campo, en una zona la alta fertilidad de sus suelos, permitieron tener cosechas abundantes, especialmente en la siembra de tabaco, lechosa, melón, frijoles, maíz ,yuca, caña de azúcar, plátanos entre otros rubros ( Martì,1998) ; al igual que la cría de los distintos ganados en hatos circundantes de esta parte de los llanos altos de la Provincia de Caracas.

Toda esta actividad motivó a unos dueños de estos predios agropecuarios, donar lotes de terrenos para la conformación de un nuevo poblado, con la finalidad de albergar al gran número de personas que llegaban a estos predios a realizar las distintas actividades del campo. Miguel Reina, fue uno de los donantes, el 10 de marzo de 1725, con 62 solares, fecha que se inicia el poblamiento formal en la mesa del Sombrero ( Rodríguez, 1990 ); del mismo modo hace lo propio, el pardo Andrés Gomare, cediendo, 200 solares para que sea la sede de la futura Parroquia Eclesiástica, con la proposición expresa de sus otorgantes de esas tierras, que tuviese como patrona a Nuestra Señora Inmaculada de La Concepción (Martì, 1998). A partir de ese momento todos estos labriegos integrantes de las distintas castas que conformaron el estamento social durante el periodo colonial, iniciaron la construcción de sus residencias con el beneplácito de los potentados que tenían la mano de obra garantizada para la realizaciónde las actividades agropecuarias, en constante aumento como consecuencia, no solamente de la fertilidad de las tierras, sino también la calidad del tabaco, rubro muy sembrado en esta región en esos momentos, de gran demanda el mercado mundial durante esa época, lo que obligó posteriormente a la corona española,realizar restricciones a través de una empresa monopolizadora en 1753 en territorio venezolano, limitando su plantación y producción de esta hierba como fue la instalación del Estanco del Tabaco por el Valle del Orituco ( Calzadilla, 1999 ), para esta manera evitar el contrabando. A pesar de estos impedimentos los dueños de las haciendas y pequeños agricultores esta comarca, seguían cultivando y clasificando la picadura para el consumo local y regional de muy buena calidad a través del tiempo.

El obispo Mariano Martì en su visita pastoral a esta población en 1783, detallaba la vida de este esta comarca durante ese tiempo histórico. Estimaba este prelado una población para la época en 2100 personas, en la que habitaban un número considerable de pardos con mejor condición económica, ubicados al este de la iglesia de la comarca ; mientras que el resto se sus habitantes la conformaban, mulatos, zambos y negros libres de inferior condición social , se localizaban estos habitantes del lado oeste del templo, que antes de asentarse en ese espacio, merodeaban los alrededores de la mesa de El Sombrero, a diferencia del núcleo poblacional de la vecina Barbacoas , que estuvo habitada desde sus inicios por aborígenes (Martì,1998 ) ,para luego albergar todos los miembros del estamento social del periodo colonial, una vez conformada la comarca a dedicarse a las actividades agropecuarias. Entre tanto, muchos blancos residentes en la mesa de El Sombrero desde sus inicios, mayormente provenientes de las islas Canarias y su descendencia, dueños de las unidades de producción, moraban en sus haciendas o hatos aledaños al núcleo poblacional, hasta que se consolidara el núcleo poblacional años más tarde.

Entre los más importantes predios agropecuarios reseñados por la historiografía durante esos años de la conformación del núcleo poblacional, se encuentran Barrancas, cuyo dueño fue Francisco Irazábal, en esa unidad de producción vivió el Prócer de la independencia Julián Mellado Lineros, antes de alistarse en el ejercito Libertador ( Aquino, 2021 ) ; el Hato Corocito del terrateniente , pardo libre Andrés Gomare; Carrizalito , Hilario Rodríguez propietario pertenecieron a la nobleza territorial durante el periodo colonial, llamados también “ Los Amos del Valle”, descendientes del Márquez del Toro, familiares directos de la esposa del Libertador María Teresa Rodríguez del Toro; e igualmente emparentados con Francisco Letra, latifundista de la Hacienda El Hato, lugar donde acampó el Padre de la Patria Simón Bolívar y su tropa después de la Batalla del El Samán el 16 de febrero de 1818 ( Aquino Delgado ,1998).

El obispo Mariano Martí, en su informe referente a la visita pastoral a la población de El Sombrero en 1783, destaca la advocación vehemente de los habitantes a la imagen de Nuestra Señora Inmaculada Concepción, desde la conformación como Parroquia Eclesiástica, fue su patrona, contando para ello con un templo de pequeñas dimensiones, hecha de bahareque y tejas de una sola nave, incorporando un baptisterio. Dependió en ese tiempo de la Vicaría de San Sebastián de los Reyes que le concedió a partir de la década de los 40 del siglo XVIII, la oficialidad de Parroquia Eclesiástica, e igualmente contaba con un comisionado designado por el Cabildo Municipal de la misma villa sebastianera .Al igual describe este religioso en su visita pastoral a través de su informe, la estadía permanente de personas en esta comarca, no solamente para el trabajo en las actividades agropecuarias, sino también para realizar los intercambios comerciales, en la compra y venta de diversos productos.

Tomando en cuenta el desarrollo histórico en sus primeros 75 años de existencia, desde la conformación del núcleo poblacional, podemos decir con propiedad que el poblamiento en la mesa de El Sombrero, fue producto de una necesidad de los propietarios en tener la fuerza de trabajo que andaba dispersa por esta región, para que de asentasen y laborasen en las actividades agropecuarias. Motivo por el cual, Reina y Gomare impulsaron el poblamiento de esta comarca con la donación de lotes de tierra. Caso contrario la Villa de Todos los Santos de Calabozo y las Misiones de nuestra Señora de los Ángeles y La Santísima Trinidad, que se fundaron bajo una política de poblamiento integral del gobierno colonial, de acuerdo a lo establecido en las disposiciones del Consejo de Indias y llevadas a cabo por los misioneros Capuchinos entre los años 1723 y 1724 ,para ubicar a las distintas comunidades aborígenes que vivían entre esta región y las márgenes del rio Orinoco, territorios más apartados pertenecientes a la Provincia de Caracas, dedicados a la caza, pesca, y recolección de frutos, a vivir una vida sedentaria ,basada en las costumbres del colonizador y fundar también un pueblo de españoles con el fin de darle apoyo a las misiones antes citadas ( Carrocera,1972 ) .

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Aquino, José M. (2022).Ideas y mentalidades en los dos siglos de existencia de la Villa de Todos los Santos de Calabozo. https://fuegocotidiano.blogspot.com/2022/02/ideas-y-mentalidades-en-los-dos.html. Aquino.

-------------------.( 2022), Fray Salvador de Cádiz y su empeño de fundar pueblos en la Mesa de Calabozo. https://fuegocotidiano.blogspot.com/2022/03/fray-salvador-de-cadiz-y-su-empeno-en.html.

____________( 2021) , Julián Mellado Paladín de la independencia Venezolana https://fuegocotidiano.blogspot.com/2022/03/fray-salvador-de-cadiz-y-su-empeno-en.html.

Aquino D, Manuel (1989), Sitios Históricos de El Sombrero, Encuentro de Cronistas e Historiadores, Calabozo, Estado Guárico

Calzadilla, Pedro (1999), El Valle de Orituco. Editorial Tierra Firme, Serie de Estudios Regionales 3. Caracas.

Carrocera, Buenaventura, (1972), Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas. Tomos I y II, Fuente para la Historia Colonial. Academia Nacional de la Historia, Caracas

Castillo Lara, (1996), Villa de Todos los Santos de Calabozo. El derecho de existir bajo el sol. Ediciones Fundación Carlos del Pozo, Calabozo, Estado Guárico.

De Armas Chitty. (1982). Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República

_____________.(1978),Historia del Guárico(1807-1874).San Juan de los Morros. Impreso en los Talleres de Gráfico los Morros. Tomos I - II.

Martì, Mariano (1998) Documentos Relativos a su Visita Pastoral de la Diócesis de Caracas ( 1771-1784).Tomos I –II (3 3eic),Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.

Rodríguez, Adolfo (1994). El Estado Guárico: Orígenes Mundo y Gente., Comisión Regional del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, San Juan de los Morros.

* Docente e Historiador venezolano
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viernes, marzo 04, 2022

Fray Salvador de Cádiz y su empeño en fundar pueblos en la Mesa de Calabozo

Fray Salvador de Cádiz, no fue un religioso más que vino de la península ibérica solamente ha desarrollar su labor netamente misionera, en cuanto a cristianizar a los aborígenes, para deslastrarlos de sus creencias ancestrales ; sino también reducirlos en espacios donde podrían asentar poblados e imponerles nuevas formas de convivencia sedentaria a través de nuevos modos y relaciones de producción
queseras

IMAGE Minube | Calabozo, una calle histórica de la ciudad.

José Manuel Aquino G

La fundación de pueblos durante el periodo colonial, en especial las localidades de los llanos de la otrora Provincia de Caracas, se conformaron de varias formas para el establecimiento de centros urbanos, en función la ocupación de las actividades económicas puestas en práctica en concordancias con las políticas de la corona española, principalmente en el siglo XVIII, bajo la dinastía de los borbones de ocupar espacios desolados con el propósito de preservarlos ante el asedio de piratas, contrabandistas y la apetencia de ingleses ,holandeses y franceses en invadir territorios tomados por los ibéricos después de 1492 . Durante diferentes periodos se buscó integrar principalmente las comunidades aborígenes con actividades productivos en condición de minusvalía. En la región centro norte costera de esta entidad provincial se fueron formando mayormente núcleos poblacionales por parte de los colonos peninsulares, tomando en cuenta el sistema de encomiendas en las cuales los aborígenes fueron sometidos en condición de servidumbre por parte del encomendero, para realizar las actividades productivas en las grandes extensiones de tierras otorgadas a estos ocupantes, a cambio de darles vivienda, vestido y alimentación e incorporarlos a los patrones de la cultura imperial en calidad de siervos.

Con esta caracterización las localidades ubicadas en la parte noroeste de los llanos altos de esa jurisdicción provincial, fueron fundándose a raíz de la conformación de los hatos y haciendas que contaban con grupos de aborígenes en condición de encomendados, a los que se les fueron agregando a mano de obra para las labores a agrícolas a los zambos, mulatos, pardos, negros esclavos y libertos, que luego formarían las parroquias eclesiásticas para convertirse en pueblos bajo la egida de las autoridades civiles y militares de esta jurisdicción caraqueña. Después de la Fundación de San Sebastián de los Reyes en 1585, de inicia el poblamiento de San Rafael de Orituco en 1670, seis años más tardes Altagracia de Orituco en 1676, luego Lezama por 1688 y posteriormente Macaira a finales del siglo XVIII. Posteriormente por ese mismo periodo, de los grades hatos se fueron estableciendo los pequeños centros poblados en los llanos centrales, bajo el amparo de las parroquias eclesiásticas; al tiempo nacerá Ortiz conformada por los blancos: peninsulares, de orilla y criollos, además de los aborígenes y los demás de estratos sociales que conformaban la estructura social durante el periodo colonial, dedicadas a las actividades agropecuarias en la denominada región o Partido de Paya, al igual que Parapara que también se fundó por ese mismo lapso de tiempo. Mientras que en los extensos llanos bajos de esta entidad provincial estaban despobladas, con una actividad floreciente de la cría de bovinos, equinos, mulares y asnos, y una gran cantidad de indígenas que transitaban por estos espacios, para aprovecharse de la pesca, caza y recolección de frutos en cierta época del año.

Por tanto, en estos llanos bajos de Calabozo, van entrar en las políticas de poblamiento en la Provincia de Caracas, impulsadas por la corona Española a mediados del siglo XVII, al igual que las jurisdicciones de Cumaná y Guayana. Serán los misioneros capuchinos en su mayoría provenientes de Andalucía, quienes realizarán una intensa labor no solamente en el adoctrinamiento religioso a los aborígenes, sino también, de cambiarles las formas de vida errante, con el establecimiento de misiones y villas, donde aprenderían una nuevas formas de convivencia, mediante la sustitución de la cultura ancestral por una impuesta por estos colonos europeos. Fray Salvador de Cádiz, religioso que durante su estancia en estas jurisdicción, va cumplir con estos acuerdos entre las autoridades monárquicas y eclesiásticas, a través de su manera particular de ver la realidad para encausarlos a través de los cambios, mediante su desempeño gerencial en la fundación de pueblos de misiones y villas en la jurisdicción asignada a estos misioneros desde 1658, por parte de las autoridades coloniales.

Fray Salvador de Cádiz, no fue un religioso más que vino de la península ibérica solamente ha desarrollar su labor netamente misionera, en cuanto a cristianizar a los aborígenes, para deslastrarlos de sus creencias ancestrales ; sino también reducirlos en espacios donde podrían asentar poblados e imponerles nuevas formas de convivencia sedentaria a través de nuevos modos y relaciones de producción, por tal motivo, aparece realizando estas actividades en esta extensa jurisdicción provincial como fundador de misiones y villas , desde su llegada en 1718, junto al Ándalus Fray Miguel Olivares (Carrocera,1972).Ocupando los cargos de Prefecto y Procurador, permitiendo de esta manera, organizar los distintos poblados de nativos errantes con la denominación de pueblos misión y villas para los españoles con el único propósito de darle apoyo a las comunidades aborígenes que con anterioridad habían instaurado un poblado en 1694 y habían fracasado. Por tal motivo, este religioso junto a los demás miembros de su congregación piadosa, emprenden un nuevo proyecto poblacional, caso particular en la región de los llanos bajos, en las riveras del rio Guárico, con el establecimiento de las Misiones de La Santísima Trinidad y los Ángeles, al igual que la urbe de Calabozo entre los años 1723 y 1724.

El contexto histórico donde se desenvuelve el proceso de fundación de los citados centros urbanos, no solamente estaba el interés de poblar esa región anegadiza en casi mitad del año, sino también planificar y desplegar actividades productivas que le generaran dividendos a las debilidades arcas de la corona española, mediante impuestos tanto en la península como en las posesiones coloniales de ultramar y de esta manera subsanar las deudas ocasionadas por los gastos de guerra contra Inglaterra a la llegada de la nueva dinastía reinante en España, a comienzos del siglo XVIII; en consecuencia, la monarquía adoptó prácticas de corte liberal, con el propósito de mejorar la recaudación de la Real Hacienda, al igual que combatir el contrabando que impedían tener un mayor control de la evasión fiscal por parte del gobierno provincial a instancias de los intereses del imperio peninsular.

Esto motivo a las autoridades provinciales y a los misioneros capuchinos, impulsar sus políticas de poblamiento en la mesa de Calabozo, proyectando un asentamiento urbano en las adyacencias del rio Guárico, con el fin de reducir a los aborígenes que deambulaban por todo extenso territorio realizando sus actividades de pesca y recolección de frutos silvestres durante ciertas épocas del año, en espacios donde se habían instalados hatos a comienzos del siglo XVI, en su mayoría pertenecientes a las grandes familias que formaron en ese tiempo, la nobleza territorial a instancias de la corona española como premio por sus servicios prestados, a los primeros conquistadores y colonos, mediante mercedes reales y composiciones de tierra. El lugar seleccionado por los padres misioneros, contaba con las condiciones geofísicas para realizar todo tipo de actividades agropecuarias con el fin de estabilizar a un numeroso contingente de indios pertenecientes a las distintas comunidades originarias de este continente americano.

Es necesario resaltar los intentos, de Fray Salvador de Cádiz, al igual que el otro compañero religioso Bartolomé de San Miguel, en establecer los núcleos poblacionales en la mesa de Calaboceña, ante el fracaso de fundar en esos predios el poblado de Jesús Nazareno de Calabozo,durante el año 1694, por parte de esta congregación mística durante la Segunda Etapa, comprendida entre 1678 y 1702 ,en la cual encontraron grandes dificultades para el establecimiento de villas por estos llanos bajos de la provincia caraqueña ( Carrocera,1972).Entre los obstáculos presentados se encuentran enfrentamiento entre las distintas comunidades aborígenes, incomodidad para realizar una vida sedentaria entre otras razones que obligaron a estos nativos a desertar y seguir realizando las mismas actividades tradicionales, dedicarse a la pesca y recolección de frutos silvestres. Ante esta situación en común acuerdo con las autoridades civiles, planifican una nueva estrategia con el fin de poblar estas estepas. Llegan a la conclusión de que el establecimiento de pueblos de indios debe estar acompañado de villas para los españoles y las demás castas con el fin de que estas urbes apoyen a la consolidación de los pueblos de misión.

Es a partir de 1720, cuando se comienzan a dar los preparativos para fundar pueblos de misión en los llanos bajos de esta Provincia de Caracas, previa autorización de las autoridades civiles y militares con el fin de reunir el mayor número de colaboradores para convencer y trasladar comunidades aborígenes: caribes, güires apones, atapaimas, amaibas, entre otros grupos (De Armas, 1982). Contando también un nuevo contingente de sacerdotes misioneros provenientes de la península ibérica para realizar las actividades propuestas. Es en abril de 1723, cuando se instalan dos pueblos de misiones: del lado este de la meseta calaboceña, con el nombre de los Nuestra Señora de los Ángeles y al oeste de la planicie la poblada de la Santísima Trinidad y en el Primero de febrero de 1724, la villa de españoles Todos los Santos de Calabozo.

Bajo la tutela de este religioso, que desplegó una intensa labor con el fin de organizar estos centros urbanos de gran importancia para región durante ese tiempo histórico, cercadas estas localidades por una red hidrográfica (Guárico, Orituco, Tiznados, Apure), navegable durante la mayor parte del año, tuvo el apoyo de las autoridades de gobierno de la Provincia de Caracas, que siempre le dieron la razón en cualquier pedimento, caso particular con la propuesta de designación de los Tenientes Justicia de Mayor por parte de las autoridades religiosas, con el propósito de conocer la reputación del candidato y no entorpecer la labor fundacional, pedimento fue aceptado; pero este sacerdote y los demás presbíteros encargados siempre mantuvieron dispuestos a consolidar estas comunidades, al igual que les autorizaran la residencia de artesanos para que adiestraran a las comunidades aborígenes en los pueblos de misiones a las distintas actividades, petición que fue parcialmente concedida ,autorizando a hombres casados con familia y no solteros, en vista de que estaban prohibidos la convivencia de los blancos y las demás castas en los poblados de misiones, por tal motivo, fue entusiasta defensor de los pobladores ante las apetencias de los dueños de los hatos circunvecinos en querer desconocer la instalación de estos centros urbanos en la mesa de Calabozo, tras un largo litigio que al final las autoridades de justicia le dieron la razón, por cuanto las políticas de estado y leyes establecidas estaban en consonancia con la creación de pueblos y misiones en lugares deshabitados (Castillo,1996).

Esa no fue la única controversia que tuvo por estos llanos bajos de esta provincia caraqueña, en la que Fray Salvador de Cádiz estuvo actuando en defensa de los intereses, tanto de la orden misionera al que representaba, como de los aborígenes sometidos a su dominio, para darle educación , enseñarles a una nueva convivencia a través de unas nuevas formas de producción tal como estaban estipulados los acuerdos del poder eclesiástico y la monarquía española , mantuvo unas largas disputas con los misioneros de orden Jesuita y las autoridades del gobierno de las provincias de Guayana y Cumaná a partir de 1736 con las pretensiones de estos de ocupar espacios pertenecientes de la provincia de Caracas, para la reducción de los indios que transitaban el rio Orinoco , competencias que habían sido otorgadas con anterioridad a los misioneros Capuchinos desde 1758, por parte de las autoridades monárquicas, para que adoctrinaran a los aborígenes y fundaran pueblos en esa espaciosa jurisdicción (Aquino,202).

Este misionero, durante su larga estadía por 34 años en esta otrora provincia de Caracas, adoctrinando los nativos fundando pueblos, tanto en los llanos, como en lugres de la región montañosa pertenecientes al sistema de la Costa, cumplió con los fines y propósitos estipulados en los acuerdos de la Iglesia Católica en cristianizar a los indios a los que catalogaban de infieles, y al gobierno español, ávido de obtener beneficios económicos, con la producción agropecuaria y el comercio de parte de sus colonos, se vieron reflejados en un aumento de los distintos rubros y bienestar para los hacendados en detrimento de los demás sectores sociales, sumidos en la explotación y aprovechamiento de fuerza de trabajo.

De igual manera, este religioso con su empeño de instaurar una relación hombre- medio, sociedad –naturaleza ,para intervenir el espacio de la mesa de Calabozo, encerrada en una red fluvial, estratégica para intensificar la navegación, con el fin de establecer núcleos urbanos con vocación agropecuaria, vio cristalizar su empeño conjuntamente con los demás sacerdotes de su compañía, lograr construir un polo de crecimiento económico aprovechando las capacidades de emprendimiento de sus primeros colonos, casi al mismo nivel que San Carlos de Austria ( Brizuela, 2013), en un periodo de tiempo relativamente más corto que esta villa fundada en 1678, ubicada en las cercanías del rio Cojedes. Incorporando mano la de obra de esos indios cristianizados, a los que convirtieron en la mano de obra barata para la acumulación de capital de los dueños de hatos y haciendas y rendirle beneficios al gobierno español para consolidar no solamente la integración y control territorial, sino también generar ingresos a la Real Hacienda, a través de impuestos a sus súbditos. En consecuencia, se instala una factoría de la Compañía Guipuzcoana en la Villa de Todos los Santos de Calabozo, unos lustros después de su fundación, para controlar la gran actividad comercial. Finalmente 1752 termina su labor misionera, de fundar pueblos por toda la provincia de Caracas, de las cuales la historiografía de cuenta, en sus largos años de recorrer en esta jurisdicción cumpliendo esta misión. Terminando también en ese mismo lapso, a las autoridades de la Diócesis Caracas, la administración eclesiástica en la Mesa de Calabozo, para luego viajar a la península Ibérica a la edad de 69 años, a continuar con su actividad sacerdotal. Cumpliendo de esta manera los compromisos adquiridos al llegar a estas tierras americanas de mantener la hegemonía imperial .

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Aquino, José M. (2022).Ideas y mentalidades en los dos siglos de existencia de la Villa de Todos los Santos de Calabozo. https://fuegocotidiano.blogspot.com/2022/02/ideas-y-mentalidades-en-los-dos.html.

Brizuela, Jean Carlos (2013) La villa de San Carlos de Austria en las relaciones históricos- geográficas e informes misioneros (siglos VII y XVIII) Aspectos para su estudio http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-94962013000100007.

Carrocera, Buenaventura, (1972). Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas. Tomos I y II, Fuente para la Historia Colonial. Academia Nacional de la Historia, Caracas

Castillo Lara, (1996), Villa de Todos los Santos de Calabozo. El derecho de existir bajo el sol. Ediciones Fundación Carlos del Pozo, Calabozo, Estado Guárico.

De Armas Chitty. (1982). Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República

_____________.(1978),Historia del Guárico(1807-1874).San Juan de los Morros. Impreso en los Talleres de Gráfico los Morros. Tomo II

Rodríguez, Adolfo (1994). El Estado Guárico: Orígenes Mundo y Gente., Comisión Regional del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, San Juan de los Morros.

* Docente e Historiador venezolano
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