miércoles, noviembre 08, 2023

El protagonismo de un apellido

En la imagen: potada del libro a cargo de Carlos Arturo Loreto Ugarte

Al acercarnos al texto nos parece coherente el título del libro, ya que recoge la dimensión temporal de uno de los apellidos más importantes de los llanos  guariqueños, portador de toda una herencia familiar, de comportamiento emprendedor, no sólo constatable en la economía, sino también en sus relaciones, actitudes y formas de vida a través del tiempo.


Por José Obswaldo Pérez

Desde la publicación Del sol y la luna (2001) —una colección de poemas inspiradores—, Carlos Miguel Loreto Ugarte, un ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Ezequiel Zamora, natural de la Ciudad de Calabozo, nos sorprende ahora con la aparición de Los Loreto en el Guárico. Ayer, hoy y siempre (Autor, 2023). Quizás siguiendo la herencia de su tío Jesús Loreto Loreto, autor de Linajes Calaboceños (1990), nos secunda con un fecundo y relevado trabajo, el cual representa un esfuerzo intelectual en una obra a la que resultará de mucho provecho para la historia familiar y genealógica del Guárico.  Una muestra para evidenciar la pujanza de la genealogía regional, disciplina con la cual Carlos Miguel coquetea muy bien.

Al acercarnos al texto nos parece coherente el título del libro, ya que recoge la dimensión temporal de uno de los apellidos más importantes de los llanos  guariqueños, portador de toda una herencia familiar, de comportamiento emprendedor, no sólo constatable en la economía, sino también en sus relaciones, actitudes y formas de vida a través del tiempo. Sin embargo, este libro publicado por Loreto Ugarte,  donde el autor expresa su interés por la “historia de sus antepasados por estar estos entre los primeros fundadores de varios pueblos guariqueños” es aún una obra inacabada—nos cuenta el propio escritor—, pese a sus 545 páginas llena de datos genealógicos de diferentes líneas, grupos y ramas familiares, amén de un acompañamiento de fotografías que apoyan la investigación sobre los parientes loroteros. Además, la publicación cuenta con un índice analítico que permite la búsqueda de nombres  de personas más cómodamente, ya que es una práctica metodológica tan útil en los trabajos genealógicos.

La obra se estructura en diez capítulos que parten sobre la ascendencia de Luis Loreto de Silva y Pérez, genearca fundador del Loreto de Guárico. Sólo el primero le dedica a este personaje, quien nace hacia 1682, en La Victoria, Valles de Aragua; hijo de Juan José Loreto de Silva y Quijano  y de Juana María Pérez; luego avecindado desde muy joven en el Valle de Ortiz, casándose en la Iglesia Parroquial de Santa Catalina de Sena de Parapara,  en 1705, con Juana Velásquez, con quien procrea seis varones y tres hembras: Silvestre, José Gabino, Dionisio, Antonia, Ignacio, Juana Paula, Juan, Alberto y Andrea Victoria. Al respecto, Loreto Ugarte apunta que don Luis “fue uno de los primeros vecinos del sitio Santa Rosa, se convirtió en un acaudalado ganadero, se le considera como benefactor del pueblo de Ortiz y de su Iglesia Santa Rosa de Lima”(p.22). Los siguientes capítulos siguen el eje cronológico del tronco familiar de don Luis Loreto, donde se va desprendiendo el linaje y las afiliaciones de esta estirpe llanera.
Loreto Ugarte nos advierte, en la introducción de su trabajo investigativo, que su obra Los Loreto en el Guárico se circunscribe solamente a los descendientes de don Luis Loreto de Silva y Pérez y que esta se fundamenta metodológicamente en una revisión de distintas fuentes primarias y bibliográficas, especialmente, las concernientes a los registros parroquiales y diocesanos de la iglesia católica de las diferentes parroquias del Estado Guárico. Igualmente, el manejo de los expedientes de dispensa matrimonial por consanguinidad y afinidad de la Arquidiócesis de Caracas (p.16).
Por otra parte, el libro cuenta con el prólogo del historiador y genealogista Luis Eduardo Viso González, respetado estudioso de la genealogía calaboceña, quien reconoce el aporte de Loreto Ugarte, en el empeño de indagar la presencia de los Loreto en el suelo guariqueño. A esta opinión agregamos que, en esta tierra, el apellido Loreto inicia y reproduce los elementos que les caracterizaron en el período colonial, con las particularidades de una región como la llanera, en donde los recursos eran abundantes y las posibilidades de desarrollo económico eran inmensas, en comparación con otras del territorio de la Capitanía General de Venezuela. Por lo tanto, los Loreto, desde la Colonia hasta nuestros días, han constituido una familia de relevante participación en el devenir histórico venezolano, pues ha sido significativa su actuación económica, social, política y cultural en Guárico, Barinas, Apure y Bolívar, en donde aparecen vinculados con hechos de la conquista, la colonización, la independencia y la fundación de la República.
En resolución, la obra de Loreto Ugarte está repleta de datos y de fechas sobre un tema que consideramos crucial para la historia contemporánea local, regional y nacional. Además, tiene la virtud de ofrecer una perspectiva metodológica desde la genealogía como herramienta para contribuir a la mejor comprensión de los fenómenos sociales guariqueños dentro del marco histórico coetáneo de la Historia de Venezuela.  Por eso mismo, cabe esperar y desear la lectura de este nuevo texto, a fin de poner todo su contenido y argumentos a disposición de un público más amplio e interesado por el reciente pasado histórico de Guárico y Venezuela.


Compártalo:

jueves, noviembre 02, 2023

El chavismo y la historia como dibujo libre

Al estar sujeta a las directrices del Estado, la enseñanza de la historia de Venezuela también ha entrado en la esfera de la revolución. Los manuales escolares tradicionales fueron sustituidos por la llamada Colección Bicentenario, donde el tratamiento desequilibrado del pasado resalta como el principal problema pedagógico que han señalado profesores y estudiantes. Desde primaria hasta bachillerato son comunes las referencias anacrónicas de Chávez junto a Bolívar.


Infografía.


Muchos son los cambios que el chavismo impuso en la historia oficial, sin embargo, frente a la falta de explicaciones plausibles, lo inoportuno de esas modificaciones no solo parecieran obedecer a una pretensión por cambiar el pasado, también a un sentido de improvisación ante ciudadanos a los que consideran incapaces de comprender
—¿Y tú qué haces? Digo, a qué te dedicas, pues.
—Soy profesor de historia de Venezuela.
—¡Ah, historia! Tan manipulada por esta gente que nos desgobierna —dice mientras frunce el
ceño—. ¿Viste lo que hicieron en la Fajardo?
—Que le cambiaron el nombre, ¿no?
—Sí, ahora se llama Gran Cacique Guaicaipuro, vaya estupidez, como que si con eso arreglarán todos los huecos y averías que tiene la autopista.
La conversación la sostienen dos personas que se acaban de conocer, mientras esperan subirse a la camioneta en la parada de Palo Verde, un martes a las 7:00 am. No es un aula de clases ni una sala de conferencias. Es una parada de autobús la que sirve de escenario para un dialogo sobre el pasado. Muestra de que a una sociedad consciente y crítica de su pasado no le pueden manipular su historia.
Ese, en la práctica, ha sido el objetivo del Centro Nacional de Historia, institución creada por el expresidente Hugo Chávez en el año 2007, con el propósito de ser “rectora de la política del Estado venezolano en todo lo concerniente al conocimiento, investigación, resguardo y difusión de la historia nacional y la memoria colectiva del pueblo venezolano”, según apunta la presentación de su web.
El historiador Elías Pino Iturrieta dice al respecto: “Hugo Chávez creó el Centro Nacional de Historia con el propósito de convertirlo en tutor y rector de la memoria nacional. Eso es gravísimo, por el hecho de que se quiere imponer por disposición legal una lectura unilateral, exclusiva y excluyente del pasado”. La crítica y el debate son fundamentales para la comprensión de la historia, sin buenos ni malos.
Al asumir la presidencia, en febrero de 1999, Hugo Chávez cumplió su primera promesa: hacer el llamado para conformar una Asamblea Nacional Constituyente que refundara el Estado y diera paso a la quinta república. Sin embargo, la división entre primera, segunda, tercera y cuarta república es una herramienta pedagógica que la historiografía utilizó para el estudio del pasado. Nada tiene que ver con la realidad, pues desde el 5 de julio de 1811 solo ha existido una única república.
A diferencia de sus predecesoras, la Constitución de 1999 contempló el cambio de nombre del país. Venezuela pasó de ser una república a secas a tener el apelativo “bolivariana”. El primer síntoma de que las cosas no andarían bien en los años venideros. El cambio de nombre, en la opinión de varios historiadores, se debió a la intención política de romper con el pasado inmediato y someter lo designios del país al culto a un hombre, a la imagen tergiversada e interesada de Simón Bolívar.
En marzo de 2006 se sumó una octava estrella a la bandera, en representación de la Provincia de Guayana, bajo la supuesta justi􀃭cación de que así lo había dispuesto El Libertador en 1817.
El escudo también sufrió cambios notorios: la incorporación de un kayak, un arco, una 􀃮echa y un machete como símbolos indígenas y campesinos; la anexión de 4 espigas por los nuevos estados y el cambio de postura del caballo, que pasó de mirar a la derecha para ir de frente hacia la izquierda.
Un año después, en 2007, a propósito de la reconversión monetaria que fue declarada por Chávez por medio de su Ley Habilitante –y la cual le suprimió tres ceros al bolívar– se procedió al rediseño de billetes y monedas, develando el nuevo panteón de héroes y heroínas: Francisco de Miranda en el de 2 bolívares, Pedro Camejo, «Negro Primero», en el de 5, Guaicaipuro en el de 10, Luisa Cáceres de Arismendi en el de 20, Simón Rodríguez en el de 50 y Simón Bolívar en el de 100.

Muchos héroes, un solo culto


La premisa del Centro Nacional de Historia es una historiografía insurgente, que antepone como protagonistas a lo que ellos consideran que han sido los sectores vulnerados y olvidados a lo largo de los más de 500 años de historia venezolana. Indios, afroamericanos y mujeres se convirtieron en los cánones para la construcción y diseño de nuevos héroes y heroínas en la reinterpretación de un pasado que justi􀃭ca las acciones que ejecuta la triada
Pero las críticas hacia la vieja historiografía patria solo se enfocan en ciertos aspectos nada
más. La 􀃭gura de Simón Bolívar continúa siendo, como lo ha sido desde mediados del siglo
XIX, el epicentro del discurso que emana desde el Estado. La historia de Venezuela camina detrás de su caballo y en tiempos de la revolución bolivariana más que nunca. La nueva historia o􀃭cial repite el discurso canónico de la vieja Academia Nacional de la Historia, adaptado a la realidad del siglo XXI.
No todo es inclusión dentro del o􀃭cialismo, también hay exclusión y omisiones interesadas, no sólo de pensamientos y pasajes del Libertador, sino de 􀃭guras que, a juicio de reconocidos historiadores, fueron cruciales durante el proceso de construcción de la república. Uno de los olvidos más evidentes es el de José Antonio Páez, responsable de la restauración de la República de Venezuela en 1830 y líder militar irrestricto durante la guerra de independencia contra la Corona hispana.

La historia como dibujo libre


Al estar sujeta a las directrices del Estado, la enseñanza de la historia de Venezuela también ha entrado en la esfera de la revolución. Los manuales escolares tradicionales fueron sustituidos por la llamada Colección Bicentenario, donde el tratamiento desequilibrado del pasado resalta como el principal problema pedagógico que han señalado profesores y estudiantes. Desde primaria hasta bachillerato son comunes las referencias anacrónicas de Chávez junto a Bolívar.
La ciudadanía tampoco se ha salvado de la imposición de una historia maniquea: cambios de fecha, como el del Día de la Bandera, que pasó del 12 de marzo al 3 de agosto, de nombres como el del Día de la Raza a Día de la Resistencia Indígena, llenan el calendario o􀃭cialista. A eso se le añade la sustitución de estatuas y monumentos conmemorativos, como el del León de Caracas por la 􀃭gura de una indígena, Apacuana, con rasgos físicos exagerados y evidentemente manipulados.
El cambio de nombre del estado Vargas por La Guaira y de la autopista Francisco Fajardo por Gran Cacique Guaicaipuro son las acciones más recientes del gobierno venezolano en su afán de cambiar la historia. Frente a la falta de explicaciones plausibles, lo inoportuno de esos cambios parecieran obedecer más a un sentido de improvisación que a una pretensión totalitaria, tal es el caso de la novena estrella, como símbolo de la Provincia de Maracaibo, Lejos de reivindicar a los indígenas y a los sectores de los que alardean en sus discursos, a veces estas modi􀃭caciones, claramente políticas, responden al repudio que tanto Chávez, como su sucesor, Nicolás Maduro, han manifestado en contra de los 40 años de democracia, vividos en el país en la segunda mitad del siglo XX. Se trata del relato cargado de desprestigio al pasado inmediato y que apela a la memoria y no a la historia, coloreando a esta como si se tratara de un dibujo libre.

Jesús Piñero es periodista, docente e historiador. Actualemente se destaca como artículista en varios medios de comunicación impresos y digitales.

Compártalo:

martes, octubre 31, 2023

Herencia cerrera

En la foto mi papá Ramón Pérez, cuando cumplía sus 93 años

¡Qué triste fue la muerte de mi abuela!, exclamó todavía sin creer. Y, en pocas horas, armó una red de interconexiones de antepasados que terminaron en la historia de una parte de nuestra familia.


Por José Obswaldo Pérez

Las voces de los recuerdos avivaban en la memoria que surcaba en su mente evocaciones familiares. Entre un soplo de brisa veranera de Pascua de Resurrección, mi padre se ocupó de encender su sano juicio  y echo a volar su mente  como mariposas revoleteando al amanecer. ¡Qué triste fue la muerte de mi abuela!, exclamó todavía sin creer. Y, en pocas horas, armó una red de interconexiones de antepasados que terminaron en la historia de una parte de nuestra familia.


Mi padre Ramón Cenobio de la Santísima Trinidad [Linares] Pérez acabó su vejez discapacitado, gracias a una hipertensión no controlada que lo encegueceó. Pero su trágica condición la superaba por su neurastenia o hipocondría de no cree que le había caído la primavera en un estado de minusvalía que le quitó la mitad de la vida, como gustaba decir. Había nacido el 29 de octubre de 1928, en una Venezuela rural y empobrecida, gobernada por el dictador Juan Vicente Gómez (1908-1935). El hombre de la pezuña, como lo denominó don Rómulo Betancourt— el líder político que papá admiraba mucho—, el fundador del Partido Acción Democrática y que, después, la organización partidista fue catalogado como el Partido del Pueblo. Tiempo en que dos procesos históricos dominaban el período y extiende sus efectos hasta nuestros días: Los sucesos de la Semana del Estudiante y su secuela más perdurable, el surgimiento de un nuevo tipo de oposición en las voces de una generación de jóvenes que debutan en la lucha política. También, con el nacimiento de papá, se produce otro acontecimiento importante en la vida económica del país: el comienzo de la explotación comercial del petróleo, que sella la transformación de Venezuela en una nación minera, creándose una nueva visión de Estado y un modelo rentista que orientará la vida venezolana.
El lugar de su nacimiento fue el caserío Las Patillas, un viejo asentamiento histórico ubicado hacia la parte noroccidental de la población de Ortiz. Allí, en aquel vecindario, donde había echado las raíces fundacionales nuestro pueblo, creció como todo niño campesino aprendiendo y trabajando en las labores domésticas que marcaban la vida lugareña. Desde los 18 años se hizo arriero de ganado, fue su primer trabajo luego de vender dulces y conservas en el pueblo. Con el tiempo se superó, fue ayudante de topografía  y se convirtió en Operador de Maquinarias Pesadas, oficio con que se le reconoció toda su vida y con el cual ayudo honradamente a levantar a su familia.
Fue hijo de María Esperanza Pérez Salvatierra y de Martín Linares Báez, este último el abuelo que nunca conocimos porque murió antes que mis hermanos y yo naciéramos. De este ascendiente nuestro sólo hemos oído su mal carácter y su vida casi déspota. Sin embargo, siento una pena por él aunque sus genes han sobrevivido en dos de sus nietos. Creo que en Aida o en Wilfredo se replica ese mal temperamento de nuestro verdadero abuelo paterno que nunca lo vimos ni siquiera en un retrato o imagen fotográfica. Siempre para nosotros fue Juan Tovar, el segundo marido de nuestra abuela María Esperanza. Él era parapareño, natural de un sitio llamado Las Tunas. Jamás se casaron; pero, vivieron juntos por más de 50 años. Una pareja envidiable que comulgo en el respeto como seres humanos. De esta unión nació mi tío Reyes, cuyo nombre completo es Epifanio de los Reyes [Tovar] Pérez, quien vino al mundo el seis de enero de 1948 y fue bautizado el 19 de enero de ese año. Fueron sus padrinos de bautismo los esposos Narcisa Pérez y Ramón Rodríguez y la tía Victoria, Eligia Victoria [Tovar] Pérez, ya fallecida, quien nació el 23 de diciembre de 1945. Fue bautizada el 10 de febrero de 1946, siendo sus padrinos sacramentales los hermanos Perfecto y Socorro Díaz, o esta última nuestra vecina de casi toda una vida en Bucaral. Hijos de Felix Díaz, propietario del Fundo Corocito, cerca de Puepe. La tía Victoria casó con Pablo Curbelo, fundadores de la familia Curbelo Pérez.
De aquel abuelo retrechero sólo sabemos lo que nos ha contado nuestro padre y familiares cercanos. Como ya dije, se llamó Martín Linares Báez; quizás oriundo de la Villa o, también, de La Platilla o de Parapara; pero, seguro, era cerrero, de esa zona alta y de montaña dedicada a la agricultura donde pasó parte de su juventud. De aquella orografía mestiza, de colores cálidos donde el  paisaje moldea el carácter de sus hombres. Simona Báez, su madre, sí era parapareña (o de los Báez de San Juan de los Morros), perteneciente a familias agricultoras de la región. Fue hacia 1927,  cuando la abuela Esperanza –con 19 años— conoció al abuelo Martín en el Caserío Puepe. En ese entonces, aquella comunidad era un gran vecindario de Ortiz, donde los vecinos se dedicaban a las labores conuqueras. Pero, también, celebraban el tiempo de la abundancia, la fiesta de la cosecha, los tiempos de Cuaresma y la navidad.
De aquel rejunte, como decía en el Llano, nació mi padre Ramón Pérez (como ya dije su nombre de pila fue Ramón Cenobio de la Santísima Trinidad [Linares] Pérez), siendo su padrino don Nicanor Rodríguez—el famoso monaguillo Nicanor de Casas Muertas—; después vinieron en este orden un varón (fallecido en el parto), Berta Mercedes (nacida en Ortiz,  el 4 de abril de 1931 y bautizada el 16 de julio de 1941; fueron sus padrinos de bautismo Perfecto Díaz y Socorro Díaz). Más tarde, en el año 1933, la pareja de estableció en la Ciudad de Calabozo— en un intento por buscar nuevos aires y nueva vida—, en un sitio denominado La Horca- donde actualmente se haya ubicada la Represa-, donde tuvieron vega y casa de bajareque. Allí nace Martina,  el 3 de marzo de 1934, siendo bautizada en la Iglesia Parroquial de Todos los Santos de Calabozo,  el 15 de enero de 1935;  Lina (fallecida niña) y Pompeya (también fallecida niña). Nuevamente se regresan a Ortiz y aquí nacen Candelaria, casada con el oriental José Marcano —mi padrino de bautismo— y fundadora de la familia Pérez Marcano;  y Pablo Vidal, nacido el 4 de julio de 1938 y bautizado el 8 de abril de 1939. Fueron sus padrinos Martín Salvatierra y María López. De estos mencionados para cuando escribo sólo queda el tío Pablo Pérez, ya muy envejecido y enfermo.
Me han contado, según decía la abuela Esperanza, que el tío Pablo es el más parecido físicamente al abuelo Martín Linares Báez, por su carácter y por lo mal intencionado. No juzgaremos estas opiniones contra aquel anciano desconocido por quien mi padre sentía cierta nostalgia y tristeza a la vez, ya que no volvió a verlo más en su hogar. Decía mi papa que su padre decidió un día marcharse  de la casa después de una discusión con nuestra ascendiente. Dicen que eran contantes estas peleas familiares que mi abuela no lo soportó más. A mi abuelo Martín, entre su terquedad, tampoco no se dejaba curar una bronquitis crónica; esa que, finalmente, lo llevó a la tumba. Murió en San Juan de los Morros, en 1942. Solo y abandonado.
“Yo tenía 14 años cuando nos enteramos de la muerte de mi papa”, me contó mi padre,  entristecido una tarde veranera, meciéndose en su hamaca.

Compártalo:

miércoles, octubre 18, 2023

El oficial calaboceño Pedro Pérez participó en el quinto  asedio a Puerto Cabello, el 10 noviembre de 1823

El general Pedro Pérez había nacido en la Villa de Todos los Santos de Calabozo probablemente a finales del siglo XVIII (Rodríguez,2001) , fue testigo de todos los desmanes que realizaron los partidarios de la corona española por parte del oficial Eusebio Antoñanzas en esta región a los partidarios de la causa republicana, a partir de mayo de de 1812 y posteriormente José Tomás Boves que después de ser puesto en libertad ,empuñó las armas y seguir con las mismas atrocidades a su paso, por las distintas localidades donde combatía a los patriotas


Por José Manuel Aquino

 Una gran parte de la población de Calabozo, vieron con simpatía  el proceso de independencia, a partir de 1810  y después de los acontecimientos del 19 de abril de ese lapso de tiempo, se sumaron a todas las disposiciones e iniciativas  acordadas  por la recién creada Junta Suprema de Caracas. De igual manera admitieron con beneplácito la firma el acta de emancipación del gobierno de español  el  5 de julio de 1811, tanto las autoridades de su ayuntamiento como los  demás miembros de las instituciones del gobierno local. Así como también numerosas familias de esta comarca se acogieron a los ideales republicanos de libertad ,igualdad, prosperidad,seguridad entre los cuales se pueden indicar algunos de los siguientes apellidos :Hurtado,Delgado ,Parpacèn,Camacho de los cuales los historiadores han estudiado sus aportes a este periodo histórico; mientras otras personalidades que obtuvieron un momento de gloria en ese lapso de tiempo ,sufrieron  un olvido historiográfico. Uno de esos  casos es la del general Pedro Pérez.

Este prócer de la independencia venezolana, nacido  en la Villa de Todos los Santos de Calabozo probablemente a finales del siglo XVIII (Rodríguez,2001) , fue testigo de todos los desmanes que realizaron los partidarios de la corona española por parte del oficial Eusebio Antoñanzas   en esta región a los partidarios de la causa republicana, a partir de mayo de de 1812 y posteriormente José Tomás Boves que después  de ser puesto en libertad ,empuñó las armas   y seguir con  las mismas atrocidades   a su paso, por las distintas localidades donde combatía a los patriotas, como el enfrentamiento en el Paso de San Marcos en el rio Guárico, donde asesinarían al oficial Pedro Aldao y seguidamente en los combates del  sitio de la Puerta en 1813. Dando como  resultado la pérdida de la Segunda República, obligando a este oficial independentista Pedro Pérez, junto a otros guariqueños  a pasar al otro lado del rio Apure, para continuar lucha por la independencia.

La alternativa para estos  soldados partidarios de la causa republicana, principalmente los procedentes de Ortiz, Calabozo y San José de Tiznados a  continuar la lucha por la causa  republicana por los  llanos apureños, al conocerse las titánicas acciones emprendidas por José Antonio Páez con su ejército conformado de llaneros procedentes de la provincia de Barinas y las localidades  del Casanare neogranadino  desde 1815. Pedro Pérez  se incorporó a este contingente castrense al igual que muchos  guariqueños en ese lapso de tiempo como  Diego Parpacén, Hermenegildo y Antolín Mujica, Roso Vilera, Juan Ángel Bravo, Luciano Hurtado entre otros soldados. Su primera incursión de insurgente de importancia de este guariqueño fue la Campaña del Centro, que tenía como objetivo el Libertador  Simón Bolívar, llegar triunfante a la ciudad de Caracas en 1818.

Será  el día 6 de febrero de 1818, con la famosa  acción de la toma de las flecheras en las que  participó este oficial guariqueño Pedro Pérez, con otros 49 jinetes desnudos con las  sillas flojas y las gruperas sueltas, atravesar el rio Apure bajo las órdenes de  los coroneles Francisco Aramendi y Cruz Paredes para apoderarse  de las 14 embarcaciones que estaban en el apostadero de  la otra orilla (Páez, ), con la finalidad transportar la totalidad de los 4000 soldados y  pertrechos de guerra , sin alertar a los defensores de la corona española y  tratar de sorprender al general Pablo Morillo que estaba en Calabozo, bajo la mirada y asombro del Libertador Simón Bolívar y los miembros de la oficialidad que lo acompañaba.

     La actuación parcial de este prócer republicano fue reseñada por Tomás Antonio ´Domínguez, a finales del siglo XIX, en diferentes medios impresos para esa época ,de los cuales el historiador y miembro  de la Academia Nacional de la Historia, Telesco Mac Peharson, incorporó un ensayo de este autor, en su  Diccionario ,Histórico ,Geográfico ,Estadístico del Estado Miranda en 1891, permitiendo conocer   su  desempeño como militar al servicio de la república del cual la historiografía para ese tiempo no la había tomado en cuenta. En este artículo señala, que a pesar de  estar a las disposición de José Antonio Páez, este soldado conformó como miembro de la milicia que emprendió el viaje desde la aldea del Setenta, ubicada en las inmediaciones de la jurisdicción del Municipio  Muñoz, en el Estado Apure  a finales del mes  mayo de 1819, para  la campaña de la Nueva Granada comandada por el Libertador Simón Bolívar. Por tanto siguió, la  tormentosa ruta, de  cruzar el río Arauca, luego entrar a territorio neogranadino, con el fin de  pasar el llano inundado, hacia los Andes para llegar al corregimiento del a municipio de Paipa actual Departamento Boyacá (Mac Peharson, 1891.p 406)

      Participando  en los dos enfrentamientos de importancia en territorio neogranadino para culminar con éxito la Campaña de la Nueva Granada: la  batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, yendo detrás de los 14 lanceros a caballo que comandaba el coronel Juan José Rondón que iniciaron la remontada para vencer a sus oponentes en la refriega, y posteriormente  salir victorioso en el encuentro bélico del 7 de agosto de ese mismo lapso de tiempo en Boyacá (Mac Peharson,1891,p 406),  en el cruce del rio Teatinos por las inmediaciones de Tunja. Luego de salir triunfantes en ambas  contiendas  el Libertador Simón Bolívar  sigue su ruta triunfal a la ciudad de Santa Fe de Bogotá, y comisiona al coronel José Mirabal y al oficial Pedro Pérez guariqueño a la ciudad de Calabozo, con el fin de  requerir información de los acontecimientos  en esta región por donde estaba el general Pablo Morillo y el brigadier Miguel de la Torre y dar también la buena nueva de los laureles obtenidos en tierras colombianas. De esta manera, este destacado patriota participó en esa gran epopeya por estas tierras neogranadinas, junto a sus paisanos Hermenegildo  Mujica, Florencio y José Jiménez  Madrid, Julián Mellado de los cuales la historiadores han escrito sus hazañas, al igual que el nativo de Santa Rita de Manapire, Juan José Rondón sin que a este patriota se le haya mencionado su actuación por esa región.

     Este destacado soldado también participó en la cruzada más importante del proceso de independencia venezolano ,la Batalla de Carabobo el 24 de Junio de 1821, como  miembro de esa comitiva que estaba formada  para el combate  en la primera división del ejército patriota, a la disposición del general  José Antonio Páez, con quien también  siguió luchando a su lado hasta sacar definidamente con   la toma de Puerto Cabello en noviembre de 1823, formando  parte del contingente militar  de 1500 soldados, que estuvo   los primeros días del mes de noviembre de ese año en El Palito y de esta manera ser testigo ,ver partir a los soldados  de la corona española  en territorio venezolano .Luego  tuvo la misión de luchar contra la facción guerrillera  realista de los Güires en 1824,por el Alto Llano de la Provincia de Caracas al lado de prominentes jefes patriotas  como lo fueron los coroneles Judas Tadeo Piñango en Calabozo  y José María Zamora en Chaguaramas, (Andrade y Valderrama, 2010, p 5 ).

    Después de la disolución de la Gran Colombia  en1830, este destacado oficial patriota   seguiò activo en el ejército venezolano hasta 1840.Siempre  a la disposición de José Antonio Páez, para combatir  las diversas insurrecciones que se presentaron durante varios periodos presidenciales: la de 1831,cuando el general José Gregorio Monagas desconoce en Aragua de Barcelona, la Constitución Nacional  vigente para ese tiempo; igualmente estuvo en primera línea para aplacar a los sediciosos al mando de Santiago Mariño, Diego Ibarra Pedro Carujo, Pedro Briceño  Méndez  entre otros en la llamada Revolución de las Reformas ,que derrocaron al doctor José María Vargas en 1835  y luego peleó contra las revueltas de los hermanos Juan Pablo Y José Francisco  Farfán en 1837.

Para el ensayista y abogado Tomás Antonio Domínguez citado por Mac Pherson  (1973), el  general Pedro Pérez  fue un consumado defensor del modelo de gobierno  de corte centralista al comenzar la guerra civil en 1859,por tanto se opuso a los postulados  de los sistemas  federalistas y modelos económicos  de orientaciones liberales (Rodríguez,2001), al considerarlos no acorde para  la unidad de la nación. Después de pasar la turbulencia política  con la llegada de Antonio Guzmán Blanco en 1870 de la  década anterior, vivió los últimos años de su vida narrando sus momentos de gloria en Calabozo, gozando de vitalidad de un guerrero a pesar de llegar a los 80 años, para luego fallecer sin un reconocimiento significativo, por ser un soldado a carta cabal al servicio de la patria. Solamente tuvo la intención   de reconocerle  sus méritos, el doctor Ignacio Oropeza Blanco, al solicitarle que al morir, cortarle un brazo para embalsamarlo, con la finalidad   llevarlo a un Museo Nacional que se estaba conformando en la capital de la República en esos tiempos y así, se le recordase su trayectoria como gran soldado de la patria; pero a pesar de contar su aprobación, esta acción no se pudo materializar, motivado que  al momento de su deceso el galeno no se encontraba en la ciudad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bencomo Barrios, Héctor (2004).Héroes de Carabobo .Ediciones de la Presidencia de la República .Caracas.
Dávila Vicente,(1926). Diccionario Biográfico de ilustres Próceres de la independencia Suramericana. Tomo II

 Da Silva, Miguel (2018), Próceres de Carabobo.www Carabobo en sus Personajes. Periodo de La independencia.  Calaméo .com .Books
De  Armas Chitty. (1982). Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República
-_____________.(1978),Historia del Guárico(1807-1874).San Juan de los Morros. Impreso en los Talleres de Gráfico los Morros. Tomos I y II.
Estévez  G, Edgard ( 2007), Batallas de Venezuela 1810 1824.Editoial.C SA. Caracas .
Figueroa  Ernesto y Valderrama Dayana  (2010).Los Güires 1821—1827. ¡Bandoleros o Guerrilleros.nm.http:cnh,gob,ve/Catálogo_Digital/Nuestro_sur1LOA GUIRES_1821-1827.

Franceschi, Napoleón  y Domínguez Freddy ( 2020), Antología Documental para el estudio de la Historia de  Venezuela 1776-2000.Universidad Metropolitana .Caracas-Venezuela.
Mac Peherson,Telasco,,(1973).Diccionario,Histórico,Geográfico,Estadístico y Biográfico del Estado Miranda. Los Teques .Facsimiliar de la Gobernación del Estado Miranda
Páez, José Antonio (1867) Autobiografía del General Páez. Reedición de Petróleos de Venezuela  en colaboración con la Academia Nacional de la Historia  Caracas:, Venezuela, tomos I .y II.
Pita Roger (2021).Puerto Cabello : La rendición del último bastión  monárquico en Venezuela durante la independenciahttps://revistasipgh.org/index.php/rehiam/article/view/597/706.
Rodríguez, Adolfo.(1994),El Estado Guárico, Orígenes ,Mundo y Gente. San Juan de los Morros. Comisión Regional Conmemorativa del Encuentro entre dos Mundos del Estado Guárico.
_______________(2001),General Pedro Pérez, Diario El Nacionalista, San Juan de los Morros.
Sabatino José (2021).La toma de Puerto Cabello, entre historia y leyenda. https://correodelara.com/la-toma-de-puerto-cabello-entre-la-historia-y-la-leyenda/
Vergara y Velasco, Francisco Javier (1960).1818 Guerra de Independencia. Bogotá: Editorial Nelly.
Estévez  G, Edgard (2007), Batallas de Venezuela 1810 1824.Editoial.C SA. Caracas

Compártalo:

sábado, septiembre 09, 2023

Participación del oficial guariqueño José Antonio Benítez, en la toma de Puerto Cabello

Hay una larga lista de militares de esta parte del llano venezolano que  poco se han investigado su trayectoria castrense, que es necesario  reconocerles sus méritos como  forjadores de libertad. Uno de esos héroes olvidados guariqueño por la historiografía tradicional  es el oficial  José  Antonio Benítez (De Armas, 1978), que se une al contingente de soldados encabezado, por el Comandante Juan Félix Ovalles


Por José Manuel Aquino

Estamos este año conmemorando el Bicentenario de la Toma  de Puerto Cabello, acción realizada entre septiembre y noviembre de 1823, cuando las  tropas republicanas sometieron al último bastión realista en territorio venezolano. Momento oportuno para tomar en cuenta muchos soldados  de la patria, que dieron su aporte al proceso de independencia, de  los cuales poco se conocen sus actuaciones a favor de la instauración de la república , especialmente  la participación de  llaneros, que tuvieron un rol protagónico después de la pérdida de la Segunda República en 1814,hasta el final de la contienda independentista, de esta manera, estamos dando los pasos para incorporar a muchos hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas al servicio de esta causa, a través de  una nueva historiografía incluyente, visibilizando sus luchas a favor de la instauración de la patria libre y soberana; reconociendo sus valiosos  aportes de este colectivo social , por tanto, estaremos reivindicando a cada uno de esos  héroes de la nación, que participaron  en esta importante  acometida y colocarlos al lado de los consagrados  luchadores del proceso emancipador.

En el fragor de la guerra de independencia venezolana se fueron incorporando paulatinamente gran cantidad  de soldados a esta gesta emancipadora, especialmente en la extensa región guariqueña ,que en ese tiempo formaba parte de la Provincia de Caracas, por nombrar entre tantos  próceres de las cuales conocemos su trayectoria militar como la de Pedro Zaraza, Diego Parpacèn ,Juan José Rondón, Lorenzo Belisario, Hermenegildo Mujica, Julián Mellado, de las cuales se conocen sus hazañas ; pero también hay una larga lista de militares de esta parte del llano venezolano que  poco se han investigado su trayectoria castrense, que es necesario  reconocerles sus méritos como  forjadores de libertad. Uno de esos héroes olvidados guariqueño por la historiografía tradicional  es el oficial  José  Antonio Benítez (De Armas, 1978), que se une al contingente de soldados encabezado, por el Comandante Juan Félix Ovalles  Juan Ángel Bravo, que estuvieron bajo el mando del General José Antonio Páez, en La Toma de Puerto Cabello, en 1823, como afirma Carlos Marx en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte,” los hombres hacen su propia historia”. (Marx, 2003)

 En su hoja de servicio como militar activo del ejército patriota, da cuenta de su actuación castrense de este oriundo de  San Juan de los Morros (Dávila, 1924).Se incorpora al ejercito republicano en1821, momento importante en que, el ejercito patriota se preparaba para enfrentar a las fuerzas realistas comandada  por el  brigadier realista Miguel  de la Torre. Este  guariqueño se alista con las fuerzas republicanas con el grado de sargento, bajo el mando del general Juan Francisco Bermúdez en la Provincia de Barcelona, en la Campaña de Caracas, con la misión ordenada por el Libertador Simón Bolívar, en el mes de mayo, de entretener a las fuerzas enemigas para evitar  que estas se  concentrasen en las sabanas de Carabobo. Por consiguiente, José Antonio Benítez, estuvo en esa operación disuasiva conformada por 1200 soldados, que partió el primer día de ese lapso de tiempo, cruzando el rio Unare, para luego trasladarse a Caucagua  y luego vencer a los mandos realista el 12 de ese período en el Rodeo; para luego llegar a  Caracas, cumpliendo con la orden encomendada de llegar  antes el día 15 de ese mes.

     Luego siguió con sus demás compañeros  realizando actividad de despiste hacia la Guaira, para volver a la ciudad de Caracas y dirigirse a la población de El Consejo. Posteriormente estuvo en el enfrentamiento ocurrido el 24 de mayo en las Lajas, donde los patriotas al mando de Juna Francisco Bermúdez, caen derrotados por las fuerzas realistas comandadas por  Tomás Morales, por falta de municiones, teniendo que retirarse hacia  Petare; para después ver acción en el sangriento combate en El Calvario ,en el cual los republicanos huyen hacia Guarenas y Santa Lucía, cumpliendo de esta manera la distracción de las fuerzas enemigas, mientras que mayormente el ejercito independentista, estaba concentrada en la sabana de Carabobo, para posteriormente  vencer de forma contundente a las fuerzas de los partidarios de la corona española en territorio venezolano, el 24 de junio de 1821.
Luego estuvo en San Juan de los Morros, realizando  adiestramiento a los nuevos soldados del ejército  (Dávila, 1924). En  el año 1823, participó en el  quinto asedio a Puerto Cabello, último e importante  enfrentamiento militar librado en el proceso de independencia, en tierras venezolanas, que en ese momento formaba parte de la Gran Colombia. En esta  acción interviene como miembro de la tropa al mando del general Francisco Bermúdez que vino a colaborar con el general José Antonio Páez, jefe de la operación, que reunió más de 1200 soldados de los Batallones: Granaderos, Anzoátegui y Boyacá, con un grupo de caballería comandado por  el general Fernando Figueredo, que estuvo arrestado en el  castillo de San Felipe, unos meses en el año de 1812 y por tener conocimiento  de esta fortificación, fue el responsable de la arriesgada operación castrense.

 En 1828, Jose Antonio Benítez, recibe el meritorio ascenso al grado de Capitán  de Milicias, desde 1830, cuanto estaba  bajo el  mando del general Santiago Mariño, por  territorio tachirense, para  luego solicitar la jubilación en 1852, su  como oficial activo del ejército nacional, después de haber servido a la patria por 31 años. De esta manera, estamos destacando la hoja de servicio  de este soldado que luchó por la instauración de la república, en momento propicio de esta  celebración Bicentenaria de la Toma de Puerto Cabello, para  resaltar a todos estos insurgentes que la historiografía tradicional, no los  tomó en cuenta.

.

REFERENCIAS BIBLIOGRÀFICAS
.

  1. Archivo General de la Nación .Ilustres Próceres de la Independencia. Letra B Tomo XII
  2. Bencomo Barrios, Héctor (2004).Héroes de Carabobo .Ediciones de la Presidencia de la República .Caracas.
  3. Dávila Vicente, (1926). Diccionario Biográfico de ilustres Próceres de la independencia Suramericana. Tomo I
  4. Da Silva, Miguel (2018), Próceres de Carabobo.www Carabobo en sus Personajes. Periodo de La independencia.  Calaméo .com .Books
  5. DE  Armas Chitty. (1982). Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República
  6. -_____________. (1978), Historia del Guárico (1807-1874).San Juan de los Morros. Impreso en los Talleres de Gráfico los Morros. Tomo II
  7. Estévez G, Edgard (2007), Batallas de Venezuela 1810 1824.Editoial.C SA. Caracas.
  8. Franceschi, Napoleón  y Domínguez Freddy (2020), Antología Documental para el estudio de la Historia de  Venezuela 1776-2000.Universidad Metropolitana .Caracas-Venezuela.
  9. Marx Carlos (2003). 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Fundación  Federico Enguels Editorial Federico Enguels .Primera edición
  10. Ministerio del Poder  Popular para la Cultura (2018). Correo del Orinoco 1818-1821. Fundación del Centro Nacional de Historia: Caracas
  11. Páez, José Antonio (1867) Autobiografía del General Páez. Reedición de Petróleos de Venezuela  en colaboración con la Academia Nacional de la Historia  Caracas: Venezuela, tomo I.
  12. Vergara y Velasco, Francisco Javier (1960).1818 Guerra de Independencia. Bogotá: Editorial Nelly.

 

Compártalo: