jueves, febrero 15, 2007

VENEZUELA EN TIEMPOS CHAVISTA

Los últimos ocho años, Venezuela vive un proceso histórico inédito. Desde el ascenso de Hugo Chávez al poder en 1998 mucho se ha escrito sobre lo que se ha dado en llamar la Era Chavista. Y es que la idea política dominante, manifiesta en el intento chavista de “refundar la República”, apuntaba desde el principio en el sentido del advenimiento de unos “nuevos tiempos”, si no de un “nuevo régimen” en Venezuela. Desde entonces, los esfuerzos y preocupaciones intelectuales se orientaron decididamente hacia una amplia reflexión sobre lo que de modo convencional pasó a formar parte de una más o menos larga etapa de transición social y política, caracterizada por la presencia de tensiones y conflictos en la vida social, así como encuentros y desencuentros entre los principales actores políticos. En tal sentido, la experiencia venezolana de los últimos ocho años, dentro del contexto de la democratización latinoamericana, bien podría identificarse como un excepcionalismo, con sus avances específicos y marcados retrocesos, tema u objeto de discusiones acaloradas y encendidos debates sobre proceso que ha dado mucho que hablar. De este modo, la Universidad de Estocolmo, a través de su Instituto de Estudios Latinoamericanos, ha lazado una interesante revista electrónica, que en su primer numero está dedicado a Venezuela, bajo el titulo Venezuelan Politics and Society in Times of Chavismo (Política y sociedad venezolana en tiempos de Chavismo). Aunque en versión en inglés, este trabajo científico e histórico es bastante provechoso para estudiantes e investigadores de distintas disciplinas de las ciencias sociales y en fin, fuente de interés de cuantos estudiosos dentro y fuera de Venezuela.

Cabe destacar que la revista de estudios latinoamericanos de Estocolmo disemina opiniones académicas sobre temas contemporáneos de importancia para los pueblos latinoamericanos. Se diferencia de la mayoría de publicaciones convencionales por su alcance interdisciplinario, los cual permite a investigadores, escritores y lectores un acceso más inmediato a un foro latinoamericanista para la reflexión intelectual y crítica. En este número hay un staff de redactores de alto calibre que contribuyen con ensayos originales y bastante coherentes.
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miércoles, febrero 14, 2007

ENTIERROS DE MUERTOS VIVOS

POR JOSÉ OBSWALDO PEREZ
ARTURO RODRIGUEZ decía que, cuando niño, se colocaba en las barandas de la Casa Atravesada, para contar los muertos de la peste. Desde allí veía pasar a tempranas horas de la mañana a los difuntos, envueltos en chinchorros. Uno tras otro iban desfilando hacia el cementerio hasta casi tarde de la noche, hora en que los espíritus y las almas en pena salían a retozar con el ganado en el silencio de la soledad. - Yo me ponía a contar a los muertos, desde por la mañana hasta las nueve o diez de la noche, cuando todavía seguía la procesión de moribundos y, entonces, mi mamá me llamaba adentro. Las enfermedades fueron aniquilando la población y, poco a poco, convirtiéndola en una aldea de fantasmas, cuyos rostros exhibían aflicción y tristezas. El aguijón del aedes había cobrado sus víctimas sin respetar edades, sin que valieran las medicinas, los rezos ni los más variados menjunjes para espantar aquella diabólica peste. El pueblo estaba casi deshabitado. Todos habían emigrado. Y eran tantos los moribundos que los muertos los enterraban vivos. Llegaban a la sepultura sin la conformidad de la Ley de Dios. No había tiempo para el toque de las campanas ni menos para preparar el difunto. Eran días del éxodo, decía Doña Evarista, la abuela de Nicanor, moviéndose en la mecedora. Y con ese hablar característico iba dibujando un cuadro desalentador que colmaba la historia del pueblo en un relato necrológico de drama y muerte, miseria y ruina. - La peste vino y dio en toda Venezuela. Pero, aquí fue más terrible porque encontró el terreno abonado. Un pueblo palúdico, con hambre, y en el último estado de abandono como estaba en esa época - señalaba Arturo Rodríguez, bajo la sombra de una mata de mango en el solar de su casa. - Acabo con lo que quedaba - señaló. La mayoría de los pobres eran llevados al cementerio en chinchorro o en la Urna de la Caridad. Un ataúd negro, fabricado para uso público del Concejo Municipal que prestaba sus servicios gratuitamente a las desamparadas víctimas del paludismo, la hematuria, el vomito negro y últimamente a los de la peste española. - A mí me dio dos veces y gracias a Dios que la pase – cuenta Arturo -. En esa época vivíamos en la Casa Crespera que estaba en la Calle del Ganado o Calle del Llano y que ahora llaman la avenida Doctor Roberto Vargas. Una casa que era propiedad del general Joaquín Crespo Torres y por allí, al frente, pasaban los muertos hacia el cementerio. Esa noche de 1910, una dama anciana contaba - entre solloza -, en el salón del velatorio que la niña Columba Paúl, hija del general Juan Antonio Paúl, había fallecido de calentura o de fiebre alta, manteniéndola postrada por siete días en cama, con el desconcertante consuelo de la muerte. - Aquí no entierran otro muerto más - dijo el Jefe Civil -, el cementerio está clausurado. Su cuerpo estaba frío e inerte. El olor a mortina se hacía sentir en el salón apesadumbrado, pero finamente decorado con flores frescas de los jardines de la casa. Pero, el cadáver de Columba no podía descansar religiosamente, junto a las almas del antiguo camposanto, el de los antepasados familiares, que en el pueblo llamaban el Cementerio de Los Españoles. No la enterraron sino a los tres días después, porque el Jefe Civil del municipio, Ismael Capote, no autorizaba aquel entierro ni porque los familiares de la difunta se aferraron a que aquella alma de Dios debía ser sepultada en el cementerio viejo de Ortiz. - El cementerio está clausurada por mandato del general Gimón y no voy a desobedecer sus órdenes y permitir allí otro entierro- sentenció tajantemente Capote, el gerdamen del pueblo. No hubo más reparos.La pobre Columba fue enterrada en el recién inaugurado Cementerio Nuevo o en el « Pate’ vacal», como lo llamaba la gente. De nada valieron los reclamos de la familia. Ni las protestas ni las diligencias, todas quedaron en vano. Todo quedó con el remedio de sepultarla allí. - La pobre se distraía jugando con las mariposas de colores en el jardín- decía la dama anciana entre solloza, rezos y murmullos de lapida. Al otro día, al amanecer, todo continúo igual. Colmenares, el sepulturero de las almas de la peste y el conocedor de todas las penurias del pueblo, mantenía su rutina diaria. Era un hombre corpulento, negro. Y según, quienes lo conocieron, había venido al pueblo del oriente con una buena estrella, porque no se enfermaba ni le había caído ni « coquito». Era un hombre saludable para aquel trabajo, poco recomendado y deseado en una ciudad de Apocalipsis. Una noche se le oyó hablar metido en un chinchorro que los muertos salían en la media noche con el torpe paso de las reses, retumbando en el silencio. El enterrador de muertos – y casi muertos- estaba preso por matar a su esposa. La había matado en el camposanto. Se llamaba Ángela Escobar y la trajeron en un chinchorro quejándose de la muerte. Sin embargo en esos días, como no había nadie quien lo sustituyera del oficio, el jefe civil coronel Ignacio Carreño España resolvió anular la pena y soltarlo. - Es mejor morir, Ángela, que mal está sufriendo. No te voy a llevar a casa; sé que eres mi esposa, pero tendré que hacerlo, no valdrán tus quejidos; todos los muertos de este pueblo se quejan cuando están cerca del hoyo. Pero, es mejor moría Ángela, que mal estar sufriendo – dijo el negro Colmenares, antes de sentenciarle la muerta a su mujer. · ¿Qué cuarto es éste? – preguntó Ángela, en su delirio. Colmenares le hecho la tierra encima y Ángela ese día no volvió a ver la luz. Se marcho esa tarde, dentro de su agonía, olorosa a guarapo de papelón.
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viernes, febrero 09, 2007

El SORGO

Por ARTURO ALVAREZ D´ARMAS(*)

El sorgo también conocido como millo o mijo es un cereal utilizado desde la más remota antigüedad en África para el consumo humano, forraje para el ganado y materia prima de bebidas alcohólicas y fibra. Los sorgos son plantas de porte mediano o alto, panículas abiertas, ramas largas y granos alargados cubiertos en buena parte por glumas oscuras o claras con endosperma córneo, grueso en los lados y delgado en el ápice.

El continente de ébano es el principal centro de distribución de los sorgos cultivados. El investigador Raúl Robles Sánchez (1975) dice que el origen geográfico se determina por investigaciones hechas en todos los lugares factibles, en los cuales se podrían desarrollar, y se determina en qué lugar se encuentra la mayor diversidad de especies, el lugar que posea el mayor número es al que se le considera el sitio de origen de esa planta..

Hoy día se acepta (León: 1987), que el sorgo fue domesticado en más de un lugar, en la faja que se extiende de Senegal a Somalia, entre el Sahara y la selva del Congo. El supone que las razas cultivadas se derivan de la verticilliflorum, del grupo silvestre arundinaceum. El área de origen del cultivar bicolor pudo estar al este del lago Chad y del centro de África. El guinea, en cambio proviene de sitios más húmedos entre Senegal y Chad. El cultivar caudatum es del centro de África, de las sabanas entre Chad y Kenya, el kafir se origina en el sur de África y el durra nace en Etiopía.

De la mano del hombre se extendió al Medio Oriente y Asia. A través del Mar Rojo pasó a la India, luego fue llevado a China por la Ruta de la Seda en el siglo XII, dando lugar a las características distintivas del grupo kaoling cultivado en China oriental y central.

El sorghum vulgare, Pers., es una de las primeras plantas domesticadas por el hombre. En las pirámides de algunos faraones egipcios, pertenecientes a las dinastías más antiguas, se han encontrado granos de este cereal; en las paredes de la tumba de Ameni-Em-Het (Dinastía XII) existen grabados en los que, según diversos autores, pueden apreciarse plantas de sorgo.

De acuerdo con la mitología de los dogon (Toussaint-Samat: 1991) de Mali, se cuenta que el mijo africano fue robado al cielo estrellado por el Gran Ancestro Herrero. Pero los mossi del Alto Volta (hoy Burkina Faso) atribuyen su descubrimiento a una mujer exasperada por el hambre que capturó al pájaro malpoli para cocinarlo. Siguió con vida gracias a los excrementos de mijo que dejaba caer en la jaula.
El sorgo arriba al “Nuevo Mundo” con la infame trata africana de esclavos, entre los siglos XVI y XIX. Al igual que el pasto guinea, el gordura o capim melao, el pará, el ñame, el quinchoncho, la patilla y el melón fueron compañeros de ruta de los negros en la travesía atlántica, primero a las islas del Caribe y después a Tierra Firme. Al bajar a los ilotas de las embarcaciones, simultáneamente arrojaban los restos del cereal a la costa. Posiblemente el sorgo se nacionalizó en tierra venezolana a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pero su cultivo no cobró importancia hasta bien entrado el siglo XX con la variedad del sorgo granífero. Casi el 100% del mismo es utilizado por la agroindustria para la elaboración de alimento para animales.

Fuentes consultadas:
Alvarez D´Armas, Arturo. Gramíneas forrajeras africanas en Venezuela. San Juan de los Morros: Ediciones Cumbe y Tambor, 1999. Mimeo.
León, Jorge. Botánica de los cultivos tropicales. San José, Costa Rica: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, 1987. 445 p.
Toussaint-Samat, Maguelonne. Historia natural y moral de los alimentos. 2. La carne, los productos lácteos y los cereales. Madrid: Alianza Editorial, 1991. 186 p.
Robles Sánchez, Raúl. Producción de granos y forrajes. México: Editorial Limusa, 1975. 592 p.
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*Para cualquier comentario a este artículo escribir a este dirección: arturoalvarez176@gmail.com
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lunes, febrero 05, 2007

Retratos de época: José Ramón Núñez

Haciendo un análisis interno de sus cartas, discursos u otros documentos escritos, uno llega a tener la impresión que cada pieza que movía, lo hacía con mucha precisión, estrategia y acierto. Por eso, su paisano Joaquín Crespo Torres, Presidente de la República, lo nombró su alter ego, para mal de los siempre jala bolas de la política.


Por José Obswaldo Pérez

LA POLÍTICA SIEMPRE tiene su sazón; y no siempre su arma es la paciencia. A veces, tiene un poco de viveza, un poquito de estupidez, algo de deslealtad, egoísmo, frenesí, lujuria, envidia y, muchas veces, de basura. De esa que echan por la boca o en el papel los adversarios. No hay diferencias con los políticos del siglo XIX, los XX y los de ahora. Siempre es el mismo retrato. Aunque alguno tratara de sobresalirse de los demás, mostrándose recto o probo. ¿Y dónde encontrar alguien con características así? Es difícil hallarlo por sus cualidades. A no ser este personaje del siglo diecinueve llamado José Ramón Núñez que, por eventos de la historia, fue colocado allí para elogios de algunos y desencantos de otros, en una figura acomodaticia de la Revolución Crespera.


Era tan religioso y familiar. Así como diplomático y caballeroso, ambas cosas combinaba con gran estilo. Tenía mucho de mesurado, cualidad con la cual imprimía un sello personal en el manejo de la política, aunque no se sabe porque don Mariano Picón Salas diría en Los Días de Cipriano Castro que era orondo y desdeñoso de ella. Pues, más bien a nuestro parecer, mucho supo aprovecharla. Tenía olfato y jugaba muy bien el ajedrez político. “Fue un todo para él”, dijo el cronista Manuel Aquino.


Haciendo un análisis interno de sus cartas, discursos u otros documentos escritos, uno llega a tener la impresión que cada pieza que movía, lo hacía con mucha precisión, estrategia y acierto. Por eso, su paisano Joaquín Crespo Torres, Presidente de la República, lo nombró su alter ego, para mal de los siempre jala bolas de la política. Esos que rodean a cualquier gobernante de turno. Se sabía, desde el mismo momento en que el general Crespo Torres decidió crear la Secretaría General de la Presidencia. Cargo que ya tenía nombre. Pensó en él; en su fraternal amigo, en el hombre de las mil batallas. De ese coterráneo curtido, con hoja de servicio público de armas y estratagemas. Ese individuo era José Ramón Núñez Silva. Un hombre proveniente de un pequeño pueblo del llano. Ortiz, que para aquella época brillaba entre las poblaciones guariqueñas por su status comercial y cultural. Era su hombre de entera confianza, colaborador y compañero de armaduras. Un día, José Ramón Núñez Silva se apareció en la Casa Amarilla, antiguo Palacio de Gobierno, con el triunfo de la Revolución. Vestía un traje militar de ceremonia, todavía despidiendo a pólvora. Estaba cubierto de polvo de camino, decía una crónica del periódico festivo e ilustrado llamado El Diablo, una publicación de Caracas. El diario lo representaba en caricatura con aquella vestidura castrense, empuñando su inseparable espada de las mil batallas. Pero no parecía así en aquel viejo retrato grisáceo ( el que ilustra este blog), expuesto a la luz del sol en una vitrina que lo exhibía en el liceo local de Ortiz, bajos los curiosos ojos de coterráneos traídos al pasado. Se trataba de una fotografía familiar, tomada por un famoso fotógrafo del pueblo en un lugar de su residencia en 1874: su paisano el joven Olegario Ramos. Unas de estas fotos habían sido recuperadas de un aguacero que había acabado con algunas de ellas. Pero, más tarde, se extraviaron en manos ajenas, como para que la posteridad nunca supiera de su existencia. Era la mejor imagen que se conocía, como esa otra: la de su hermano don Rafael, junto a su mujer y sus hijas. Hay mucha desmemoria en el pueblo de Ortiz. Hay muy pocos quienes les gusta la historia, a no ser para conocer nimiedades cotidianas. Es que, al parece ser, después de los años 40, nadie quiso recordar el pasado. Ni los políticos ni los educadores locales la enseñan, prefieren los cuentos cortos, con algo de sabor picante. ¿Quién ha oído del general y doctor José Ramón Núñez? Una testigo de su tiempo María Teresa Escorihuela – su sobrina natural -, fue quien antes de morirse heredó por cuenta suya toda la memoria gráfica de Ortiz. La historia descriptiva de un pueblo que se negó a morir. Toda su cultura y sus costumbres capturadas en una lente. Todos, retratos de una época. Allí, en esas fotografías, aparecían los Núñez junto a sus familiares. Las “afanadas lanzas” como los llama José Ramón Velásquez en la Caída del Liberalismo Amarillo. Se trataba de un baúl de fotos que, luego, entregó en manos de ese ilustre heredero de familias que huyeron años después de la hecatombe: epidemia que casi acabo con el pueblo de la denominada Flor de los LLanos. Su nombre fue don Nicanor Rodríguez, la crónica más viviente que tuvo Ortiz en el siglo XX. Y así fue como con otras pertenencias personales. Una vajilla con su firma autografiada se perdió para no dar señas de su memoria. Igualmente, algunos utensilios que estuvieron en manos de la señora Rita Emilia Ovalles Núñez. ¿Cuántas cosas hay que decir de José Ramón Núñez? Militar, político, educador y periodista. Es un hombre de interés historiográfico, una pieza clave para entender esa finalidad o conexión espiritual entre el general Joaquín Crespo, entre su vida y su obra. De esa gran biografía que está aún por escribirse del caudillo del Deber Cumplido. De esa que habría deseado leer Nicanor Rodríguez y que, una vez en vida, reclamó con signos de interrogación: por qué no existe todavía una biografía del general Crespo. Era las palabras de un gran lector y un gran memorialista.
Bibliografìa
AGUILERA, DELFÍN: Memorias de un prócer de la federación boba. Caracas: Ediciones Centauro. BOTELLO, OLDMAN (1991): El Héroe del Deber. Semblanza biográfica del General Joaquín Crespo. DÍAZ GUERRA, ALIRIO (1933). Diez años en Venezuela (1885-1895). Caracas: Editorial Elite DÍAZ SÁNCHEZ, RAMÓN (1969) Guzmán, elipsis de una ambición de poder. Caracas: Edime. FURES (1982): Los liberales amarillos en la caricatura venezolana. Caracas: Imp. Cromotip LAMEDA Y LANDAETA: Historia del General Crespo. Vol. I y Vol. II. Imprenta Bolívar, Caracas, 1897. LECUNA, VICENTE (1991): La Revolución de Queipa (Campaña Electoral de 1896). 2ed. Caracas: Imp. Cromotip. LORETO LORETO, BLAS (1989): Historia del Periodismo en el Estado Guárico. Caracas: Academia Nacional de la Historia. RONDÓN MÁRQUEZ, R.A (1973): Crespo y la Revolución. Caracas.: Ediciones de la Contraloría. TOSTA VIGILIO (1989): Historia de Barinas 1864-1892. Tomo III. Caracas: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Hemerografía BOTELLO, OLDMAN (2003, 14 Mayo): Los Núñez de Ortiz. San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista, p 4 PÉREZ A, JOSÉ O (1993, 30 Diciembre): José Ramón Núñez: El Coracero de la Revolución. San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista Entrevistas Nicanor Rodríguez (+) Arturo Rodríguez (+) Manuel Aquino (+) Fernando Rodríguez Carmelo Escorihuela
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miércoles, enero 31, 2007

Redescubrir a Brito Figueroa

La historiografía marxista venezolana – donde ubicamos al doctor Brito Figueroa- ha dejado una huella profunda en la práctica del conocimiento de la historia en el país. Los aportes de esta corriente de pensamiento surgen unidos a un quehacer político importante, que jugó un papel central en el fortalecimiento de los procesos democratizadores, de justicia social, de respeto a la pluralidad de ideas e igualdad en la sociedad venezolana.

Federico Brito Figueroa (La Victoria, 2 de noviembre de 1921
- Caracas, 28 de abril de 2000
)
Por José Obswaldo Pérez


APROXIMARSE A LA OBRA de Federico Brito Figueroa es redescubrir el pensamiento intelectual del historiador. Y no hay nada más en el trabajo histórico de Brito Figueroa que ese sentimiento de fe y lucha que representa la sociedad venezolana, en su pasado y en su presente. Pasión que personifica en la indagación documentada de sus estructuras y sus procesos sociales.

Federico Brito Figueroa (La Victoria, 2 de noviembre de 1921 - Caracas, 28 de abril de 2000) fue un reconocido historiador y antropólogo marxista venezolano. fue uno de los fundadores de la historia social en Venezuela, teniendo su formación en las corrientes de historiadores de México, la cual reivindica las luchas políticas, la demografía, el problema tierra-esclavos y las estructuras económicas, los cuales fueron aportes significativos a la historiografía venezolana, apoyándose en el tema de las estructuras sociales en términos de grupo. Esto influenciado en una concepción de corte marxista de la estratificación social, en base de un paradigma de incisión económico susceptibles de permitir la identificación de la existencia de clases sociales.

La historiografía marxista venezolana – donde ubicamos al doctor Brito Figueroa- ha dejado una huella profunda en la práctica del conocimiento de la historia en el país. Los aportes de esta corriente de pensamiento surgen unidos a un quehacer político importante, que jugó un papel central en el fortalecimiento de los procesos democratizadores, de justicia social, de respeto a la pluralidad de ideas e igualdad en la sociedad venezolana. Este nuevo paradigma de interpretación social se inició, propiamente, en los umbrales de la década de 1940, si bien ya había muestras tempranas a comienzo de 1927. No obstante, este movimiento surge bajo el doble impulso de la búsqueda de una nueva explicación de la sociedad venezolana sometida al interminable régimen de Juan Vicente Gómez, cuyo férreo carácter ordenador encontraba a la vez explicación y justificación en la historiografía positivista, y la difusión del materialismo histórico bajo el impulso de la revolución socialista de 1917 en Rusia. Dentro se sus exponentes se encuentran una pleyé de historiadores, etnólogos, antropólogos y otros profesionales ciencias sociales dedicados al estudio de la historia como Miguel Acosta Saignes, Carlos Irazábal, Rodolfo Quintero y Salvador de la Plaza, entre otros.

En su planteamiento inicial esta historiografía, tan militante y programática como las anteriores en su tiempo y modo, buscó legitimar una nueva proposición de organización sociopolítica mediante lo que se llamó "venezolanizar el marxismo", es decir comprobar, en el caso de Venezuela, el funcionamiento del instrumental teórico por él proporcionado. Tal fue el objetivo de la obra de Carlos Irazábal, Hacia la democracia, primer intento orgánico de esta historiografía de contraponer su visión de Venezuela a la de las otras historiografías y, particularmente, a la positivista, integradas en la historia oficial.

Desde la cátedra o desde la aula universitaria el maestro Brito Figueroa divulgó la historia como una disciplina científica donde su pensamiento empieza a consolidar una tendencia - entre los nuevos historiadores herederos de su sabiduría- que reivindica un enfoque apoyado en la Historia Económico-Social y Cultural que aborda nuevas temáticas con un amplio uso de fuentes documentales y con la preocupación por hacer elaboraciones historiográficas que posean mayor rigor. Aunque en sus interpretaciones persiste un enfoque crítico, “alineado” con el marxismo, también retoma los enfoques cercanos a la Nueva Historia y sus aportes para la historización de los fenómenos culturales.


La obra y su influencia
La herencia fundadora del doctor Federico Brito Figueroa demuestran un camino de gran interés historiográfico para conocimiento de nuestro país. Partiendo del campo de la historia económica, social y cultural.

Su libro La Estructura Económica de Venezuela Colonial constituye una reflexión de la estructura de nuestra sociedad venezolana, fundamento teórico basado en el análisis de reconstrucción y compresión de las relaciones de producción, sus contradicciones y su contraposición con los espacios sociales de poder durante ese período. La aplicación de esta problemática y de este enfoque ha contribuido a modificar nuestra compresión de las realidades administrativas y económicas del país.

En el contexto general de la historiografía venezolana, Brito Figueroa contribuye al desarrollo de un análisis histórico de la estructuración social venezolana. Apoyado en la corriente histórica de Marc Bloch y Lucien Febvre, aplica sus reflexiones en el estudio de los esclavos en Venezuela como sujeto histórico, dando otro enfoque de esta temática, más allá de un reduccionismo folclórico. El Problema Tierra y Esclavos en la Historia de Venezuela aporta nuevos elementos etnohistóricos para demostrar la importancia de la participación de los africanos y sus descendientes en los movimientos preindependentistas, en la lucha contra sus explotadores y con los amos de la tierra.

Asimismo El Problema Tierra y Esclavos en la Historia de Venezuela expone una interpretación de las características generales y específicas de la participación de los africanos y sus descendientes en la formación de la estructura económico-social y en el proceso cultural de la Venezuela colonial. Para ello Brito Figueroa se vale del concepto de la historia como ciencia de totalidad y del método regresivo postulado por Marc Bloch como un importante instrumento de análisis.

Por cierto un condiscípulo del doctor Brito Figueroa, José Marcial Ramos Guedez ha estudiado el proceso histórico de la presencia del africano y sus descendientes en la Venezuela colonial como parte de sus tesis de doctorado en Historia, donde profundiza a través de los conceptos de cultura y totalidad histórica este problema.

Otro aporte en la obra de Brito Figueroa es el reconocimiento de que en la historia nacen clases sociales en permanente contradicción unas con otras. En Tiempo de Ezequiel Zamora, el autor busca proyectar a través de la figura mitológica del caudillo sus ideas revolucionaria y su acción política con la misión histórica de ser vanguardia en la construcción de una sociedad sin clases. Hacer historia del movimiento social, definir su tarea histórica y su proyección en proceso político venezolano.

Asimismo se planteó la historia no solamente como una disciplina científica sino como una acción militante, comprometida con “ los grupos sociales explotados y oprimidos que constituyen las vastas mayorías de la nación Venezuela”. De allí que desde la trincheras del periodismo de opinión en su columna El Aula en la Calle, en el Diario Ultimas Noticias, dictó cátedra sobre la compresión histórica del país. 30 Ensayos de Compresión Histórica e Historia Disidente y Militante recogen ese registro cotidiano del investigador, su pensamiento sobre las estructuras sociales y la interpretación orgánica del proceso de la vida venezolana.


Conclusiones
Algunos de los rasgos más resaltantes de la producción histórica de Federico Brito Figueroa, son los siguientes:

1) Los numerosos trabajos publicados en revistas o libros estudian el proceso de la sociedad venezolana, desde la colonia y en muchos casos tratan temas de la más reciente contemporaneidad,

2) Su obra está enfocada desde una pluralidad de perspectivas, influenciada en las leyes de cambio social y en las herramientas de la antropología preocupado por subrayar la dimensión colectiva del hombre social.

3) Su obra se propone a presentar una visión global del proceso histórico, en la cual lo socioeconómico y lo cultural tienen su lugar al lado de lo político-militar; a esas historias generales hay que agregar otras que, con la misma intención globalizadora, cubren únicamente un período determinado de la historia;

4) Brito Figueroa pone énfasis en los análisis de historia económica y social como parte dinámica de la historiografía nacional; estos estudios se van alejando de los esquemas ideológicos rígidos y de las generalizaciones, para concentrarse sobre la especificidad social y económica venezolana;

5) El doctor Brito Figueroa utiliza el análisis de las «ideas puras» al estudio de las ideas en función de la circunstancia personal y el medio sociocultural de quienes las sostienen o las adversan; con lo cual se ha acercado a la historia social con el caso de su libro Tiempo de Ezequiel Zamora y

6) Finalmente, uno de hechos más resaltantes en la obra de Federico Brito Figueroa es su legado a nivel de la formación del número de historiadores profesionales egresados de las escuelas universitarias, que siguiendo el pensamiento del maestro, ha conducido a una saludable diversificación en el estudio de los grandes períodos históricos tradicionales, especialmente en el aumento del obras dedicadas a otras etapas de la historia, como a la Colonia y el siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA


BRITO FIGUEROA, FEDERICO (1997): Historia disidente y militante. Colombia: Plaza & Janes Editores.
__________________________ (1997): 30 Ensayos de Compresión Históricas. Caracas: Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela.
_________________________ (1996): El problema Tierra y Esclavos en la Historia de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela.
_________________________(1983): La Estructura Económica de Venezuela Colonial. Caracas: Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela.
_________________________(1981): Tiempo de Ezequiel Zamora. 5ª ed. Caracas: Universidad Central de Venezuela.
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