domingo, agosto 07, 2011

El Salmo del Astrónomo

Somos objeto de la amorosa solicitud de ese Dios que nos protege y bendice. Alrededor del mundo son muchos los que dan testimonio de una intervención milagrosa de la Deidad en sus vidas. Habrá sus excepciones pero la excepción no anula la regla. Misterios ante los que debemos guardar silencio.

Por Daniel R Scott

Sigo leyendo el comentario bíblico de William McDonald, y creo que seguiré con él por un largo tiempo. Esta obra de más de mil páginas es erudita, sencilla, devocional y muy práctica, si es que acaso es posible combinar esos cuatro elementos en una obra teológica de naturaleza protestante. Con esta herramienta, y con mi nueva traducción de la Biblia "vida Abundante" estudio largamente, con meditación y reverencia (Dios lo sabe) el Salmo 8, conocido por algunos como el "Salmo del astrónomo" ¿La razón? Más que evidente. Sus versión más representativos, hermosos y llamativos se leen de la siguiente manera: "Cuando miro el cielo de noche y veo la obra de tus dedos-la luna, y las estrellas que pusiste en su lugar-me pregunto: ¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos, los seres humanos para que de ellos te ocupes?" Es el asombro del hombre cuando contrasta la enormidad del universo con su propia pequeñez. Lamentablemente la mayoría de los hombres se quedan con tan solo "¿Que son los simples mortales?" y se vuelven hacia el ateísmo. Millares de estrellas y distancias inmensurables no les permiten pensar en un Dios personal.

Dice MacDonald en su comentario del salmo: "Cuando consideramos los innumerables millones de estrellas, las enormes distancias en el universo, y el poder que mantiene a los planetas en órbita con precisión matemática, la mente siente algo como una sobrecarga de circuitos y nuestro asombro no tiene límites." Y nuestro amigo tiene razón. Para muestra un botón: Se dice que para llegar a la estrella más cercana a la tierra (Próxima Centauro) en un viaje de diez años, ¡habría que viajar a la velocidad de la luz! ¡Un viaje de ida y vuelta a la velocidad de la luz llevaría veinte años! Sin mencionar las complicaciones que traería la Teoría de la Relatividad formulada por Albert Einstein: al llegar estos viajeros a la tierra luego de su viaje de veinte años se encontrarían que en el planeta han transcurrido doscientos años. Un viaje a la velocidad de la luz. Es decir, a 299.816 kilómetros por segundo. La enormidad de las estrellas y las distancias del espacio dejan al hombre más culto pasmado. Con sobrada razón el salmista exclamó lleno de asombro: "¿Qué son los simples mortales?"

Sin embargo la exclamación del dulce salmista de Israel nos quedó incompleta. Su lectura completa es: "¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos, los seres humanos para que te ocupes de ellos?" El punto principal de la oración es que tenemos un Dios personal que piensa y se ocupa de nosotros. Sí, es cierto: somos un punto imperceptible dentro del vasto universo. "¡Sin embargo, Dios tiene interés en cada individuo! ¡Se preocupa personalmente e íntimamente por cada ser humano!" (MacDonald) ¿Y por qué? El salmo da la respuesta: "Los hiciste poco menor que Dios." Es decir, como tradicionalmente decimos, fuimos creados "a imagen y semejanza de Dios." Ajá, hay galaxias y estrellas diseminadas por los espacios infinitos, pero por mucho que esto nos sorprenda, allí no está la imagen de Dios. Es la obra de Dios pero no su imagen. Lo realmente único, sorprendente, digno de admiración, es que en nosotros repose la semejanza del Dios creador del universo. "El hombre comparte con Dios algunas facultades que no son compartidas en ninguna otra parte de la creación" continua diciendo el comentarista bíblico. No debemos sentirnos como huérfanos del universo. La "soledad cósmica" de la que habla el filósofo queda descartada. Somos objeto de la amorosa solicitud de ese Dios que nos protege y bendice. Alrededor del mundo son muchos los que dan testimonio de una intervención milagrosa de la Deidad en sus vidas. Habrá sus excepciones pero la excepción no anula la regla. Misterios ante los que debemos guardar silencio.

Querido lector: termino abruptamente este artículo preguntando: ¿Vives a la altura de esas facultades que compartes con Dios? ¿Has hecho algún esfuerzo para tener comunión con el Dios del cosmos?

1 Agosto 2011
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Inquietud Materna

Apenas tendría unos cuatro o cinco años y de lo único que me ocupaba antes de entrar oficialmente a la educación formal era corretear por el patio de la casa o subirme a las matas de mangos, guayaba y ciruelas, imaginándolas refugios o castillos. Y soñaba viendo ese trozo de naturaleza cercado de alambres.


Por Daniel R Scott

En alguna oportunidad creo haber dicho enfáticamente y con orgullo en tinta y papel que mi madre, al igual que mi cuñada, siempre estuvo atenta a mis inquietudes intelectuales, en una etapa temprana de mi vida cuando no estaba dotado de una edad que me permitiera tener algún tipo de inquietud intelectual. Pero eso a mamá no le importaba. Quizá, en su sabiduría y bondad, buscaba más bien crear o propiciar las condiciones en las que se despertasen dichas inquietudes. Y si bien se ve, lo logro. Trabajaba como secretaria en el MOP (luego MTC y posteriormente MINFRA ) y en las tardes, antes de llegar a casa, se detenía en el "Baratillito" para comprarme unos pequeños y breves fascículos de una colección infantil titulada: "Mini Enciclopedia Escolar." Apenas llegaba a casa, lo primero que hacía era entregármelos. Estos folletos no pasaban de veinte páginas. Traían un grabado en la página izquierda y su explicación escrita en la página derecha. ¡Pero yo no sabía leer! Apenas tendría unos cuatro o cinco años y de lo único que me ocupaba antes de entrar oficialmente a la educación formal era corretear por el patio de la casa o subirme a las matas de mangos, guayaba y ciruelas, imaginándolas refugios o castillos. Y soñaba viendo ese trozo de naturaleza cercado de alambres. ¿Sería errado decir que esas fueron mis primeras lecturas? ¿Leer los árboles, el trinar de los pájaros, las gotas de lluvia, los gallos de lidia de papá? Quien no aprende a leer el lenguaje oculto de la naturaleza jamás tendrá alma para leer un buen libro. El caso es que no me conformaba con ver los dibujos, sufría intentando descifrar el significado de aquellos complicados signos atrapados en crípticos bloques de párrafos. Con el tiempo y a pesar de mi pereza aprendí a leer y a escribir y se abrieron a mi mente las maravillas de aquellas primeras páginas. ¡Oh la aventura de leer! ¿Cómo se expandía la mente y mi mundo!

Luego mis lecturas se tornaron un poco más serias, demasiado para mi edad. Leí los cuentos de Oscar Wilde, Las aventuras de Simón Bolívar de Vinicio Romero Martínez, que despertó mi amor por el Libertador Simón Bolívar, y un libro que me horrorizó de veras titulado "El Expediente Negro" de José Vicente Rangel y que me hizo tenerle miedo a una extraña palabra que se escribía y sonaba a "Digepol." Las fotos de un torturado Alberto Lovera me sobrecogieron hasta el horror. Entendí entonces con alegría, asombro y estupor que existía un mundo amplio y complicado más allá de mi hogar y del patio de mi casa. El paraíso de mi niñez se fue haciendo barrio, ciudad, estado, país, continente, mundo, universo infinito de los libros de astronomía y de alguna manera que no alcanzo a explicar extravié en algún lugar secreto la naturaleza edénica que disfruté en el patio arbolado de mi casa.

Unos años más tarde mamá me hizo incursionar en literatura aún más seria y sustanciosa, acorde a mi edad y evolución intelectual, y fue así como mi modesta biblioteca en ciernes se fue ampliando con títulos tales como "María Antonieta de Francia," "La Prehistoria," "Historia Natural," "Excavaciones Arqueológicas" y clásicos juveniles como "La Isla del Tesoro," "La Cabaña del Tío Tom," "Moby Dick," "La Hija del Capitán" y, finalmente, con los flamantes tomos vinotinto de la "Enciclopedia Salvat del Estudiante", la primera que tuve y aún conservo como reliquia y tesoro.

Mamá estuvo muy, pero muy pendiente también de lo que "no" podía leer y a continuación pasó a explicar por qué en la siguiente anécdota que hoy me hace reír: En las tardes de 1976, al salir del "Grupo Escolar República del Brasil" no me iba como era de suponer con mis compañeros a jugar trompo, metras o baseball. Mis pasos me llevaban en expectante línea recta y sin vacilación unas cuatro cuadras más allá, a la "Libreria Escolar" ubicada en la "Calle Salías" donde está ubicada actualmente la "Comercial Artigas." El dueño, bondadoso conocedor de mis aptitudes lectoras, me dejaba entrar y deambular a mis anchas entre ese paraíso de libros folletos y revistas de portadas llamativas. ¡Revisaba el más mínimo rincón sin que nadie me molestara o llamara la atención. Una joven empleada de la librería siempre creyó que yo acudía allí porque estaba enamorado de ella, pero nada más lejos de la verdad. Lo mío era ver uno a uno la existencia bibliográfica de las estanterías. Ese era mi amor. ¡Jamás había sido tan feliz como en esos días! Me decidía por cualquier libro mientras esperaba a mamá. Por meses ese fue un ritual entre madre e hijo. Una tarde escogí inocentemente un libro titulado "La Revolución Rusa." Por qué me fijé en él no lo sé. Quizá me llamó la atención la imponente escultura "El Obrero y la Koljosiana" de la escultora soviética Vera Mujica que adornaba la portada. No sabía que la escultura para el Occidente capitalista y cristiano era un símbolo ignominioso. Al fin mamá llegó, tocó la bocina y yo salí del local, abordando el Opel para irnos rumbo a casa. A mitad de camino me preguntó como siempre: "¿Qué libro compraste hijo?" a lo que yo respondí enarbolándolo con orgullo: "La Revolución Rusa mamá." Ella lo vio. Abrió los labios como para decir algo pero los volvió a cerrar. Guardo silencio. Titubeó. No comentó nada como otras veces. Por un momento siguió atenta al volante y al camino. Finalmente respondió/balbuceó, aparentando toda la naturalidad del mundo: "Hijo ese libro no es bueno para ti, no lo entenderás... No debiste comprarlo... Mira, ¿qué te parece si regresamos a la librería y lo cambias por otro?" Y yo acepte sin acertar la razón de su preocupación. Poco después lo supe: en plena Guerra Fría y con el cercano antecedente de un tío y una prima comprometidos hasta la médula en la guerrilla urbana de los años sesenta, mamá temía que su hijo de alguna manera simpatizara y siguiera los mismos pasos y doctrina de mis parientes. Sin contar que mi padre, proamericano irreductible y anticomunista visceral solía vociferar: "Comunista bueno es el que está enterrado dos metros bajo tierra" o "En la primavera de Praga los cañones de los tanques soviéticos no dispararon flores y rosas precisamente." Así pues en la altura de "El Nacionalista" el carro dio marcha atrás y cambié el libro por un título que para colmo nunca leí y olvidé por completo.

Querida década de los setenta: ¡Como quisiera visitar en el viejo Opel con mamá al volante tus libros, cuentos y dibujos infantiles!

7 Abril 2011


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martes, julio 26, 2011

Retrato de Mesías con familia

Chávez ha convertido Venezuela en el set de su reality show particular, ha trasformado a los ciudadanos en espectadores entusiastas o indignados –puros receptores emocionales o estéticos- de sus políticas, y ahora en espectadores más o menos apesadumbrados de sus dolencias.

Por Leonardo Rodríguez
Es sabiduría argentina: la muerte hace hermosos y patéticos a los hombres, no siempre mejores. Tampoco, por cierto, la enfermedad, aunque tenga la ventaja de ser moralmente más compleja que la Parca. La confesión de Hugo Chávez de estar enfermo de cáncer lo ha hecho más humano, no mejor gobernante. La situación además propone, bajo una luz tenebrista, un retrato político de Venezuela.

Comenzando por él mismo, claro. Los 15 minutos televisados en que el presidente reconoció su enfermedad, después de un largo mes sin pormenores oficiales en Cuba y confirmando las investigaciones del periodista Nelson Bocaranda, es el más vulnerable de sus copiosos autorretratos, y uno de los menos improvisados. Un autorretrato en el que siguió, como era de esperar, haciendo propaganda (es curioso: más a Fidel Castro que a su propio revolución) y atacando al enemigo internacional, por lo visto mejor enterado que sus ministros de su estado de salud. Denigrando de sí mismo antes que de su fe, dijo que su descuido médico había sido indigno de un revolucionario y que la enfermedad era otra batalla que Dios había puesto en su camino. Continuando el clima de secreto que envuelve sus últimas peripecias, no dijo cuándo regresaría al país (unos días después, sin previo aviso, volvió a Caracas).

Al cabo de 12 años de manipulación, intolerancia, violencia y odio, escuchar al caudillo reconocer semejante impasse fue un momento sorprendente, iba a decir aleccionador. Lo escribió el filósofo Fernando Rodríguez en Tal Cual: que el hombre que ha acumulado para sí más poder y ha ofrecido más escarnio verbal a sus adversarios en la historia venezolana, comparta con el resto de los humanos su condición mortal podría ser una urgente lección metafísica. Hasta tal punto los venezolanos hemos interiorizado la omnipotencia del “comandante-presidente», como gustan de llamarlo sus más cercanos aduladores, que el recordatorio no viene sin sorpresa. En su alocución, sin embargo, Chávez no habló de sus funciones presidenciales sino sobre su actual batalla, en el que invocaba la ayuda del pueblo todo. Más allá de la veracidad o emotividad del suceso, Chávez se autorretrató ya no sólo como héroe sino como posible mártir.

Esta vez el enemigo no es sólo exterior sino literalmente interior. El mismo lenguaje bélico que el presidente emplea contra sus enemigos lo usa ahora contra la enfermedad. Que para Chávez la oposición ha sido siempre una peste a escarnecer, un mal a extirpar, es más que sabido. No ha acabado con ella, por cierto, pero tampoco (aunque a costa de incesantes fraudes, abuso de poder, corrupción económica, delirante demagogia) ha sido vencido más que en algunos plebiscitos, tan significativos para el pacto democrático como irrespetados por la corte bolivariana. El Chávez más frecuente es un triunfador despreciativo de sus oponentes, con su cara en varias dimensiones y en forma de afiche publicitario pululando por todo el país.

La enfermedad del presidente es el nuevo tema de ese retablo entre apocalíptico y redentor que es el chavismo. No importa que sea cosa muy seria, igual se presta a propaganda de parte del gobierno. Ha dejado de ser un asunto personal, privado, y se ha convertido en nacional. Los ministros dieron el ejemplo: la actitud del gabinete ministerial da entender que, de verdad, nadie sino el Supremo podía gobernar Venezuela. Es un plano discreto pero contundente del retrato: sin Chávez, Venezuela quedaría huérfana.

En otro plano, discreta por requerimiento protocolar, la oposición desea pronta recuperación médica al caudillo y, en algún caso, pide pruebas de su enfermedad, convertida ya en escatológica baraja propagandística. No sin razón, dado el rebuscado misterio y la sombra tutelar del dictador cubano. El hecho de que no sea descabellado pensarlo, da cuenta del grado de deterioro no sólo cívico de Venezuela.

Ese deterioro, ahora intelectual, se percibe también en la oposición, a la que le ha costado menos convocar a miles de marchas que articularse en partidos con proyectos concretos, propuestas a discutir y temas a tratar. En parte efecto de la furia antipolítica que enardeció a Venezuela en los noventa y del que Chávez es el chamán aventajado, los líderes y partidos políticos parecen tener un único signo ideológico, un trago alrededor del que hemos pasado estos últimos años: la derrota del presidente. Se trata de un coctel compuesto por la devastación democrática que ha traído el chavismo, por el mercadeo electoral venezolano, tan populista, y también por la escasez intelectual de la mayoría de nuestros dirigentes políticos, especialmente brutal en el caso chavista pero a menudo dramática en el lado opositor. Fausto Masó dijo hace poco que el chavismo no era un proyecto político sino un sentimiento (ha podido añadir: y un resentimiento). La oposición venezolana, por su parte, parece una indignada marcha en ese desierto ciudadano que por tantos momentos es el país, una indignación a dieta no sin duda de realidades, sí de ideas pragmáticas, cercanas a la ciudadanía sin demagogia. Ni histeria.

Chávez ha convertido Venezuela en el set de su reality show particular, ha trasformado a los ciudadanos en espectadores entusiastas o indignados –puros receptores emocionales o estéticos- de sus políticas, y ahora en espectadores más o menos apesadumbrados de sus dolencias. El Estado venezolano (vuelto padre caritativo o implacable) tiene la cara de Hugo Chávez, nuestro particularísimo Ogro Filantrópico. Su ausencia, incluso temporal, significaría una forma, traumática para unos, liberadora para otros, de orfandad. Como si la política, más que un asunto de Estado y ciudadanía, fuese un retrato de padre con familia. Rasgo totalitario donde los haya. No solo porque en política familia es eufemismo de absolutismo o mafia, sino por la pútrida irrealidad que impregna, en la Venezuela bolivariana, hasta los asuntos de vida o muerte.

Fuente: Ideas de Babel
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Celebrarán 200 años del paso de José Cortés de Madariaga por Calabozo

José Cortés de Madariaga
Por José Obswaldo Pérez
Conjuntamente con la Academia Historia de Valencia y el Consulado de Chile en esa ciudad, el Grupo de Historia y la Alcaldía del Municipio Miranda rendirán un homenaje al Presbítero chileno José Cortés de Madariaga, en el marco del Bicentenario de la Independencia, y especialmente en su paso por la ciudad guariqueña de Calabozo.

La información la suministró el doctor Eduardo Sandoval, historiador y miembro del Grupo de Historia de Calabozo, quien señaló que el próximo 15 de agosto conmemoran el paso del osado tribuno, prócer y venerable sacerdote José Cortés de Madariaga por estas tierras llanas.

Sandoval explicó que en el viaje de regreso de Colombia en 1811, el prelado Cortés de Madariaga lo hizo una travesía por los ríos Negro, Meta y Orinoco, y dejó a la posteridad lo que él llamó “Diario y Observaciones del Pbro. José Cortés de Madariaga en su regreso de Santa Fe a Caracas, por la vía de los rios Negro, Meta y Orinoco”.

“Es un trabajo lleno de narraciones y comentarios del autor, acompañado de un plano”, dijo el historiador y editor de Llanero Digital. Net, quien recientemente creó un blog para resaltar- a través de colaboraciones espontáneas- la figura de este insigne personaje de la Historia Hispanoaméricana.
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