jueves, diciembre 29, 2011

Vargas Llosa: América Latina debe alejarse de “dictaduras mesiánicas”

El  escritor peruano Mario Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa sentenció hoy que América Latina será más libre en la medida en que sea más culta, aunque advirtió que países como Cuba, Venezuela y Ecuador se están quedando atrás en la región debido a Gobiernos de “dictaduras mesiánicas” y “populismos catastróficos”.

El Premio Nobel de Literatura 2010 consideró que es “innegable” el progreso exhibido por Latinoamérica en las últimas décadas, como lo demuestra el crecimiento económico registrado en naciones como Brasil, Colombia, Chile, República Dominicana y Perú, a pesar de la “catástrofe” registrada en la economía mundial.

“Atrás han quedado, afortunadamente, los tiempos en que Latinoamérica apostaba por su futuro sobre la base del desorden, autoritarismo y la anarquía que representan la bomba y el fusil”, expuso en Santo Domingo el novelista momentos después de ser investido “Doctor Honoris Causa” por la Universidad APEC.

Consideró, por el contrario, que el camino hacia la libertad es el del trabajo, la democracia y la educación.

“Los jóvenes latinoamericanos, a muchos de los que afecta la inequidad y la desigualdad, no deben sentirse deprimidos porque ahora los pueblos tienen la oportunidad de elegir si son pobres o prósperos; si hacen lo que tienen que hacer y ese camino es el de la globalización”, afirmó.

Vargas Llosa dijo que en las oportunidades en que ha sido profesor en universidades de naciones desarrolladas ha comprobado el “abismo” que separa a esos centros de sus iguales en América Latina.

“Es por esto que digo que las universidades son de una importancia neurálgica para la transformación de un país (…) se ha avanzado enormemente en Latinoamérica, pero aún existen diferencias intolerables”, opinó el autor de “Pantaleón y las visitadoras”, para quien la libertad es el mejor aliado que tiene la Justicia.

El creador literario dijo confiar en que los jóvenes latinoamericanos sabrán cumplir con el rol que le corresponde a la hora de asumir los destinos de la región y a ellos dedicó unas reflexiones del filósofo austríaco-inglés Karl Popper, cuando fue inquirido por periodistas sobre las complejidades del mundo moderno.

“Popper decía que nunca como ahora el mundo había estado mejor, pues ahora se conoce mejor sobre cómo mejorar los alimentos, las medicinas, sobre cómo combatir con más eficacia las enfermedades, y se tienen a mano las experiencias de miles de años que servirán para no repetir errores pasados y hacer de este un mundo mejor”.

Vargas Llosa, por otra parte, pasó revista a sus más de 30 años de relación con la República Dominicana, pueblo que enalteció porque “nunca” perdió su entereza a pesar de sufrir una “sanguinaria” dictadura como fue la de Rafael Trujillo.

El escritor, que también ostenta las nacionalidades española y dominicana, disfrutó a carcajadas cuando quien leía su semblanza recordó que el propio autor reveló en una oportunidad que su esposa, Patricia Llosa, que maneja prácticamente todo lo relacionado a su carrera, le dijo: “Mario, tu solo sabes escribir”.

EFE
Compártalo:

sábado, diciembre 24, 2011

El lado oscuro de una epopeya

No odio a aquellos a quienes combato / Ni amo a quienes resguardo", reza un célebre verso del laureado poeta irlandés W.B.Yeats -"Those that I fight I do not hate / Those that I guard I do not love - que bien podría ser el lema regimental de tantos irlandeses que vinieron a morir a las actuales Venezuela y Colombia y de quienes tan poco sabemos los contemporáneos.
EL MUNDO

IBSEN MARTÍNEZ |EL MUNDO
El relato canónico acerca de la llamada "Legión Británica" quiere que los extranjeros que vinieron de Europa a ponerse a la órdenes de Bolívar en Angostura a partir de 1817, lo hayan hecho movidos por intensos sentimientos de simpatía por la causa independentista.

Así, es frecuente leer que tal o cual oficial inglés, irlandés, alemán o francés, quiso venir a morir en nuestros cangilones imbuido del mismo espíritu romántico que llevó a Lord Byron a morir en la batalla de Missolonghi, luchando por independizar al pueblo griego del yugo otomano.

La verdad, sin embargo, parece haber sido muy otra, como sugieren los más recientes estudios. Uno de ellos, sumamente notable, lo ha escrito Matthew Brown, un historiador militar de quien no sabría yo asegurar si es inglés o irlandés, pero sí que enseña historia hispanoamericana en la Universidad de Bristol y que el suyo es un libro sencillamente estremecedor. Un libro que echa por tierra toda mistificación lírica acerca de los legionarios extranjeros en las guerras de Colombia. Se titula: Aventuras en las Colonias Españolas: Simón Bolívar, los mercenarios extranjeros y el nacimiento de nuevas naciones" ( Adventuring through Spanish Colonies: Simón Bolívar, Foreing Mercenaries and the Birth of New Nations, Liverpool University Press, 2006).

Brown ha logrado elaborar una base de datos que puede consultarse "en línea" y que permite hacerse una idea muy distinta de los motivos de, y el papel jugado por, los combatientes extranjeros en nuestra guerra de independencia.

Se calcula, sobre bases sólidas, que entre 1810 y 1825, más de 7.000 -no unos cuantos centenares- mercenarios ingleses e irlandeses zarparon de Inglaterra a combatir en los ejércitos de la Gran Colombia. Estas cifras no pueden explicarse sino por una deliberada y vasta operación de reclutamiento de soldados de fortuna ordenada desde la más alta posición de mando. Y por la necesidad de oponer a las curtidas y disciplinadas tropas profesionales de don Pablo Morillo -quien ganó su rango de general combatiendo a las tropas invasoras napoléonicas- recursos humanos mejor preparados que las antiguas hordas de Boves trocadas, luego de la llegada del cuerpo expedicionario español en 1815, en fuerzas irregulares a las órdenes de Páez.

En sus páginas nos enteramos de algunos sorprendentes hechos capitales: a la mayoría de los reclutados provenían de la famélica Irlanda, b un número crecídisimo de ellos no había tenido ninguna experiencia bélica anterior. Esto contraría la afirmación de que se trataba, en su mayoría, de oficiales y tropas desmovilizados y a media paga, luego del fin de las guerras napoleónicas en 1815, c se atrajo a los combatientes con ofrecimientos más económicos que políticos, tales como doscientos dólares, no bien desembarcasen en Angostura, promoción a rangos superiores de los ostentados en el ejército inglés y proporcionales al número de hombres atraídos por dichos oficiales, incluso tierras cultivables. Como cabe suponer, tales ofrecimientos fueron incumplidos las más de las veces.

Muy pocos títulos se ocupan de esta cuestión, notablemente el de Clèment Thibaud (Repúblicas en Armas, Planeta, 2003). Por eso, es muy de celebrar la aparición en Venezuela de un libro necesario y fascinante: El lado oscuro de una epopeya: Los legionarios británicos en Venezuela (Editorial Alfa), del brillante historiador Edgardo Mondolfi Gudat.

Mondolfi es rara ave como historiador: escribe alarmantemente bien, a diferencia de muchos de sus colegas, como puede constatarse al leer sus biografías de Boves y del Gran Reclutador en Londres, Luis López Méndez.

Y, al tratar el tema de los legionarios, mercenarios, aventureros o voluntarios combatientes de la libertad, según sea el caso de cada uno de ellos, Mondolfi no está en terreno desconocido para él. El estudio de las relaciones entre la naciente Venezuela y el Imperio Británico informan buena parte de su obra pero, esta vez, ha logrado un resultado magnífico que se beneficia de un delicado equilibrio entre la probidad académica con que Mondolfi se acerca a sus datos y el amigable talante didáctico que tiene su prosa.

Los motines, los duelos, el choque cultural que para un hijo de Donegal o Yorkshire ha debido ser la travesía Orinoco y Apure arriba hasta llegar a Achaguas están tratados en su libro con exhaustiva nitidez.

Leyendo a Mondolfi, recordé que, justamente en la región de Achaguas, prevalece un rasgo genético estabilizado: el color claro, grisáceo, de los ojos. A esa característica los lugareños la llaman "el paso del inglés".

El extraordinario libro de Mondolfi rinde tributo a aquellos extranjeros que, embaucados o no, merecen la atención de los lectores venezolanos interesados en poner en claro cómo se forjaron los primeros días de nuestra nacionalidad.
Compártalo:

jueves, diciembre 22, 2011

Por qué hablo poco de política

Por Daniel R Scott

Días atrás alguien me preguntó extrañado: "¿Por qué no escribes sobre la política y su acontecer nacional? ¿Por qué no ponderas a este o aquel candidato?". Sucede que los temas y contenidos aparecidos en el "Nacionalista", a excepción de dos o tres que me han sido ineludibles, hablan de cualquier cosa menos del activismo político o candidatos a la presidencia. Siendo hijo del fundador de un partido otrora relevante en el país (papá fue co-fundador del partido Socialcristiano en 1946) y pariente de personas que se han destacados en la política nacional y regional, la pregunta es válida. No se equivoquen. Podría escribir sobre lo que me preguntan. Tengo mi opinión, por ejemplo, sobre asuntos tales como las de un confuso Elías Jaua pregonando que la propiedad privada es antinatural y un "invento de occidente", o del contradictorio "Capitalismo Popular" de Corina Machado, o de las publicitadas y bulliciosas propagandas de las elecciones primarias de la Oposición, o de si el socialismo es o no es cristiano, o de si Cristo fue o no el primer comunista o, para no alargar la lista (cosa que detesto), del concepto que tengo de la validez o no de la norma jurídica dentro del contexto político, económico y social nacional, pero deliberadamente, al menos por los momentos, me abstengo de hacerlo. Pero repito: no se equivoquen. Creo de vital importancia que el ciudadano esté muy bien informado de todas estas cosas enumeradas arriba, de todo aquello de lo cual depende el destino de la patria, mucho más cuando tenemos en puertas un proceso electoral delicado que configurará el panorama político, social y económico del país. Sí, hay que estar atento a ello, participar de ello, y cuidarnos de no cometer errores. Revestirnos de formación cívica y sentido común para decidir bien y mejor. Desde ya, mis parabienes a ambos bandos.

Pero también creo que ese mismo ciudadano está desde hace tiempo saturando de lo político o, mejor dicho, de la diatriba política Está harto.. El quehacer político, entendido sencillamente y sin adornos como la forma racional de la sociedad para alcanzar las metas e intereses que beneficien a los diversos sectores de la vida nacional, no es malo y es muy loable. No hay otro camino. Pero el ataque, el insulto y la ofensa es cosa extenuante. Es una guerra civil sin armas ni bajas.
Los medios de comunicación nos bombardean a diario y a quemarropa con la noticia de la diatriba política: enciendo la TV. y me acalora el verbo incendiario del diputado tal, y si abro el prensa nacional veo alcaldes y gobernadores descalificándose mutuamente. Esto cansa. Como dijo Spurgeon: "La mente se cansa si se fija en una sola cosa". O como me dijo un humilde taxista: "Repugna".

Por eso yo escojo hablar de otras materias olvidadas o relegadas a un segundo o último plano. No puede ser que la ignorancia sea tal, que un buen amigo mío vea una foto de Gandhi colgada en la pared de mi estudio y la confunda con una foto de mi papá, u otro amigo crea que Martín Luther King recibió en 1964 un Óscar y no el premio Nobel de la Paz. No lo sabemos todo, es cierto, pero tampoco podemos ignorarlo todo.. Estoy cansado de la fina oratoria de las vidas que carecen de virtud. La fatal ausencia de los valores más elementales me preocupan más que un Hugo Chávez o un Leopoldo López porque dicha ausencia entraña un peligro para el país y por eso cuando escribo hago un llamado a retomar esos valores. Hablo de hombres imperfectos pero buenos que lucharon por dignificar a toda costa al prójimo. Hablo de Dios, del amor al hombre, de la fe que humaniza. De un Antonio Pérez Esclarín que dice: "No permitamos que nos dominen el desaliento y la desesperanza. Desoigamos los gritos que nos invitan a la intolerancia, el odio y la violencia". Hablo de seres de carne y hueso que sacrificaron sus vidas en el altar del amor a sus semejantes. Porque es un craso error creer que todos nuestros problemas son esencialmente políticos. No lo son.

No se me entienda mal. No soy un utópico indocto. Creo en la Nación, en el Territorio, en el Estado y los Poderes que lo conforman. Doy gracias al Creador por no pertenecer a algún grupo étnico carente de territorio. También doy gracias por nuestra independencia y los próceres que la hicieron posible. Creo en esos principios de la Ilustración (¿Otro invento de occidente que hay que abolir?) que dieron origen a nuestras repúblicas e instituciones republicanas. Prefiero la División de Poderes de Locke al sistema de castas de la India. Pero cuando estamos presenciando la desintegración de occidente, debemos hacer un alto y retomar aquellos elementos o factores éticos y espirituales que le dieron su verdadera grandeza y desarrollo a la humanidad.
7 Noviembre 2011
Compártalo:

Llegamos a este Valle

Por Daniel R Scott
Tras caminar larga y trabajosamente por esta inhóspita pero fértil superficie poblada de árboles, arbustos y alta maleza, al fin decido descansar sobre la cima de este cerro solitario donde solo me habla el viento en el silencio de esta tarde de junio. Mis acompañantes quedaron abajo, agotados. No quisieron ascender. No los culpo. La travesía ha sido larga. Desde este mirador, tengo una visión total de lo que parece ser un valle alternado de lomas, el mismo que arduamente anduve y exploré antes de sentarme sobre esta especie de atalaya natural. Se puede ver todo a mis pies: una superficie o explanada irregular de verdor donde yo y otros hemos dejado nuestras humanas huellas. Creo que ya antes algunos más vinieron y siguieron de largo. La flora y la fauna de estas inexploradas regiones nos tienen atónitos e intrigados. Hasta la teología enseñada por nuestros padres y sacerdotes se ve socavada con todo lo visto. Pienso en mi madre, tan lejos de donde estoy...tan lejos... A esta hora de seguro humedece su rosario con lágrimas.

Desde acá el paisaje se nota despoblado pero al mismo tiempo hermoso y sobrecogedor. El valle parece una enorme y aterciopelada piedra turquesa. Arboles de tamaños varios, arbustos en abundancia, alta maleza y, muy a lo lejos, entronizado sobre lomas, como vigilando la dilatada extensión deshabitada, esa impresionante, elevada y enigmática formación rocosa que parece las ruinas que sirvieron de refugio a feroces cíclopes extintos. O un gran animal yacente petrificado. Tiene un nombre que los naturales le asignaron pero que no he podido memorizar. Algunos de mis hombres, los más supersticiosos, le tienen ojeriza a esta imponente masa pétrea: se les antoja, mientras se santiguan, a un tétrico y oscuro lugar donde se dan cita seres maléficos que no se pueden exorcizar con las milenarias artes europeas. Los pobres diablos alzan la vista al cielo y cada quien se encomienda a su santo o a la lejana Madre Iglesia.

Apenas unos días atrás llegamos a estos rumbos. Cruzamos ríos que braman como acuosos animales mitológicos o riachuelos de mansas aguas cristalinas; nos abrimos paso entre áspera floresta, caminamos pequeños valles y, ahora, observo el tupido y exuberante verdor de estos parajes que parecen salidos de los primeros capítulos del génesis. Al menor movimiento o ruido de nuestras armas se elevaban despavoridas bandadas de aves sin nombre que para nosotros son totalmente desconocidas. Sus extraños graznidos, semejantes a quejidos, perforan y quiebran el silencio de estos cielos primitivos. Soplaba un viento que parecía provenir de unas lejanas montañas arboladas que me hacen recordar a los de Europa. Habrá que explorarlas. Ya nos organizaremos para ello. Mi cuerpo cansado, ahora lo noto, deja ver picaduras de insectos y hormigas. Espero no ser atacado de fiebres y temblores. Pero a mi la tierra me parece buena. Tierra de ríos y manantiales como para radicarnos en ella. Vengo de lejos, muy lejos y esta tierra parece buena para la labranza y el pastoreo. No todos opinan lo mismo pero a mi me lo parece.

Vengo del otro lado del mar, poseído por el espíritu de conquista. Aquí hay de todo: peninsulares, canarios o nacidos en estas tierras. De muy lejos vengo, de una tierra de soldados, de curas, de abogados y de religión. Y aquí estamos. ¿Que nos motiva? Traemos la cruz y la espada para conquistarlo todo. Enclavaremos nuestras costumbres en estas soledades. Injertaremos en paisaje agreste el poderío del Imperio Español. Someter con la espada y persuadir con la cruz. Nadie pensó ni quiso fundar nada en esta región. Otros, lo dije, llegaron y pasaron de largo. Pero se tiene noticia que hay oro en estas formaciones rocosas y se establecerá una aldea. La noticia causo revuelo. A esta gente mía, a los de mi raza, la mueve la codicia y el oro, pero yo lo único que he visto en mis incursiones es aguas sulfurosas...

Pero, ¿quien sabe? de aquí a unas centurias, desde este mismo mirador, otro podrá observar rectas calles empedradas y casas coloniales que prosperen con la bendición de la virgen y todos los santos. Ciudad como las nuestras allende al mar, cuadricula de calles paralelas donde viviremos y lucharemos.

"En el caso específico del pueblo de San Juan de los Morros se tiene conocimiento de la existencia de una documentación gráfica fechada en el año de 1714 en la cual se señala e identifica la ubicación geográfica de las minas y el sitio con el nombre de San Juan, especialmente se demarca el hito natural que representan los morros conocidos por los aborígenes como Paurario" (Miguel Funes, en: Concreción Histórica y Urbana de San Juan De Los Morros)
20 Julio 2011
Compártalo:

jueves, noviembre 03, 2011

El Quejido

Imagen de  Flor de Acantilado

Por Daniel R Scott


"Percibimos allá en el fondo el quejido y las protestas por lo que tenemos 
y por lo que ocurre en el día a día".
(André Lima)

Suena en el bar de los suburbios de la populosa capital del país una vieja canción de amor y de despechos. Frente a la barra desconchada, simétricamente ordenados, hay ocho taburetes de madera gastada por mil culos de mil borrachos anónimos que han desfilado cada uno en su momento y día por estos recintos de opaca luz. Unos viven aún, otros ya han muerto. Muchos sin un hijo o una esposa que le cerraran los ojos, como aquel señor ya mayor de abdomen inflamado por la cirrosis hepática que leía revistas y periódicos: pasó vaya usted a saber cuántos días en la morgue antes de que su hijo al fin se presentara para identificarlo. No se sabe que es peor: si ser hijo o padre.

Uno de los taburetes está ocupado por un hombre de mediana edad de gafas maltrechas y gastadas. Escribe algunos garabatos de amor sobre un papel arrugado que tomó del suelo. Su amor, una mujer de cerro arriba, lo leerá y quizá ni lo entenderá. Cerca de su mano derecha, como musa, dos cervezas vacías y una tercera a medio terminar. Pronto ira por la cuarta. Dos chiripas diminutas y cobrizas aparecen de la nada y exploran cautelosas el codo derecho del poeta que escribe su ridícula esquela de amor. Justo atrás de él, en una de las dos mesas de formica, el dueño del bar se sienta en pétreo y fastidiado silencio, esperando que alguien diga el ya gastado "Me das otra" o se arme alguna reyerta. Se ha sentado junto al sempiterno bebedor tocado de sombrero rojo que noche tras noches se bebe y fuma la misma cantidad de cervezas y cigarros.

Un gato negro camina sobre la barra, ahuyenta a las chiripas, salta al piso de granito y se detiene hierático ante la reja oxidada que protege al negocio del hampa incontrolada que azota la zona, observando con proverbial impavidez gatuna a los transeúntes y al tráfico automotor copioso a esas primeras horas de la noche. La entrada del negocio está flanqueada por dos arbustos marchitos que la contaminación ambiental no ha dejado crecer.

Suena otra canción. Esta vez el cantante informa que "Villa está sepultado en los suelos de Chiguaguas". Pero a nadie le interesa. Más tarde entran a la taberna unos dos o tres parroquianos con sus rostros de nacimiento cansados no de las sanas labores del día a día sino de los duros e inmisericordes avatares de los años amontonados. Este es un lugar de evasión donde se intenta suprimir la desilusión, el dolor y los desengaños. Cada botella vacía encierra una historia, un suceso, un pesar.
El poeta deja de escribir y fija su mirada en una pared empotrada con viejas botellas de licor cubiertas con el rocío del polvo sin limpiar. El hombre de sombrero rojo sale del local dando tumbos y traspié, total y definitivamente ebrio. Todos se han preguntado cómo hará este buen hombre para que sus pasos tambaleantes lo hagan llegar a su casa sin que lo asalten por el camino.

Cesó la música. Se produce un breve y hondo silencio. Entonces, y solo en ese instante, una garganta suelta un inconfundible y pesaroso quejido etílico que encierra en su brevedad todo el cansancio y todo el hastío de todos los hombres que han existido sobre la faz de la tierra. Se trata del quejido de un hombre apesadumbrado y su sueño roto. Un hombre que en su juventud, aun no invadida de arrugas y canas, soñaba despierto con un futuro que no se cumplió y que jamás le ofreció un "plan B".

Dejé de escribir, hice pedazos la nota de amor y abandoné el lugar

Abril de 2009
Compártalo: