sábado, abril 21, 2012

La avenida Rómulo Gallegos de Valle de la Pascua

Por FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es

En materia de vialidad, durante el primer gobierno del Dr. Rafael Caldera Rodríguez (1969-1974) se construyeron más de siete mil kilómetros de carreteras y se pavimentaron más de 5.300 kilómetros en todo el país.

En lo que al estado Guárico refiere, a principios de enero de 1970, fue culminada la ampliación y remodelación de la avenida Rómulo Gallegos de Valle de la Pascua, la cual hasta entonces se había llamado avenida Táchira.

A la inauguración asistió el presidente de la República, Rafael Caldera, acompañado del gobernador del estado Guárico, Dr. José Ignacio González Aragort, el presidente del Concejo Municipal del Distrito Infante, Sr. Manuel Oropeza Fraile y los concejales del Partido Social Cristiano Copei, profesor Miguel Vilera del Corral y Abelardo Álvarez.

En el periódico Palestra Popular, en la edición de la primera quincena del mes de febrero de 1970, el periodista J.J. Montenegro, reseñó el acto de inauguración, de la manera siguiente:

“La Avenida llamada ahora “Rómulo Gallegos” fue inaugurada por el Presidente de la República, Dr. Rafael Caldera. Como se pudo ver, un mes antes de la inauguración, los trabajos fueron redoblados, es decir, los obreros y personal técnico trabajaron día y noche para tener listo el trabajo de construcción de la vía...”.

Antes de 1970, la avenida Rómulo Gallegos, se llamaba avenida Táchira, nombre dado en los años cincuenta, en un acto de adulancia al dictador Marcos Pérez Jiménez. Anterior a los años cincuenta se le llamó Calle Abajo y calle de Los Coleadores.

Otra obra vial de importancia en el Guárico, durante ese período, fue la culminación de la construcción de la Carretera Nacional Troncal 11, que desde la población de Paso Real de Macaira, se prolonga hasta la carretera de la Costa. “Esta obra fundamental pasó a ser la de mayor trascendencia e impacto para el progreso de San José de Guaribe y demás poblaciones del Nororiente del estado Guárico”, por la facilidad para comunicarse con el Oriente del país y con la capital de la República.

En septiembre de 1971, durante la gestión del gobernador, Dr. David Itriago Sifontes, se construyó en terrenos del sector Las Adjuntas de San Juan de los Morros, el Campo de Aterrizaje de esa ciudad.

REFERENCIAS
ALCALÁ G. Ricardo. (2007): San Juan de Ayer. San Juan de los Morros: Publicaciones de la Alcaldía del Municipio Juan Germán Roscio. Editorial Miranda. Segunda edición. p. 54.
HERNÁNDEZ G. Felipe. (2011). Historia Económica y Social del Guárico. En preparación.
PALESTRA POPULAR. (1970): El Presidente de la República visitó Valle de la Pascua. Valle de la Pascua, 1ª. Quincena de febrero de 1970. p. 10.
ROJAS-ROJAS, Miguel. (1995): Apuntes sobre la Historia de San José de Guaribe. Caracas: Instituto Universitario Armando Reverón, Geografía Viva, Fundación Reveroniana, FUNDACULGUA y Ateneo de Guaribe. p. 111.


Felipe Hernández es  doctor en Historia, Cronista Municipal de la Ciudad de Valle de la  Pascua
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domingo, abril 15, 2012

El maestro de la revolución azul


Por José Obswaldo Pérez

La  vida geomental de la educación en Guárico, en particular sus municipios y  parroquias, tiene entre sus constructores hombres y mujeres de  transcendencia histórica. Un caso en  particular es el  de Ezequiel Gondelles Ayala, un  militar, político y educador  guariqueño; nacido en San José de Tiznados, en  el  siglo XIX.  Hijo de Don Ezequiel Gondelles Zamora y Doña Juana Ayala, quienes habían casado el 10 de febrero de 1842. Tuvo como hermanas a Doña Belén, nacida el 12 de enero de 1849 y Doña Isabel Gondelles Ayala, el 20 de enero de 1855. Ambas nativas también de aquel pueblito llanero que casaron con el mismo  hombre don Narciso Porras y Benítez, en  distintas fechas, y quien  era oriundo de El Consejo, estado Aragua.

Conocido en la historia como el bachiller Gondelles Ayala, pese a que  en la  documentación oficial de la  administración publica su nombre aparece antepuesto con el título de General, una tradición dieciochesca para designar rangos a personas civiles. Pero,  sin  duda,  fue una figura destacada del acontecer cultural e intelectual guariqueño, debido a su  participación en los acontecimientos de 1868,  como  producto de la  Revolución Azul de los hermanos Monagas y  el  efímero pacto  político entre conservadores y liberales.

Gondelles se acobijará a  buena sombra como  buen  liberal a  formar parte de la elite política de Calabozo. Su capacidad cognoscitiva y pedagógica, así como su  notable competencia como educador, lo  llevará a ocupar el cargo de Rector del Colegio Nacional de esa ciudad, donde se había desempeñado como docente. Al parecer este  hombre de la  historia regional, cursó estudios en  la antigua Universidad de Caracas, hoy UCV, ya que en sus archivos aparece  registrado como  bachiller en filosofía.

También, como hombre público, participo en la política al lado del general aragüeño Ramón Guerra y el general Pio Morgado,  dos  figuras locales del  Partido Liberal Amarillo. Fue secretario accidental de la Asamblea Legislativa del  estado  Guárico en  1869, director de aduana de Puerto Cabello  y ministro de Finanzas del Gobierno de Joaquín Crespo Torres, en 1893. Las rúbricas de  Gondelles aparecen en documentos oficiales de empréstitos con los Gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra, créditos públicos solicitados por Venezuela para financiamiento de  armamento militar.

En su  vida docente,  Gondelles funda en 1883,  en San Casimiro, el primer colegio particular de esa localidad, considerado de  gran  relieve para la época, gracias a las diligencias y esfuerzos de don Lorenzo Zamora. En  él se dictaban clases de griego, latín, francés, literatura u otras materias básicas para una formación humanística del alumnado.

Gondelles Ayala casó con Doña Nicolasa Renovales Mujica, hija  de Tomás Renovales y  Feliciana Mujica, vecinos de Calabozo. Doña Nicalasa era nieta del Teniente Coronel de Caballería del Rey Don Tomás de Renovales de Goicolea, nacido en la provincia de Vizcaya, en España y  había llegado a Venezuela, con una avanzada del ejército de Pablo Morillo, para sofocar el movimiento independentista en las colonias hispanoamericanas. El  fue responsable del  atentado del Libertador  Simón Bolívar, en  la Mata del Rincón de Los Toros, en San  José de Tiznados.

El general Ezequiel Gondelles Ayala tuvo, entre su descendencia, a Don Ezequiel Gondelles Renovales, quien casó con doña Josefa Ignacia del Carmen Carreño España y quienes para esa época de principios del siglo XX vivían en Cúa, Estado Miranda. De este matrimonio tiene entre sus hijos a Doña Isabel Gondelles Carreño, quien nació en Caracas en 1912 y murió en el 2001 a la avanzada edad de 89 años. Doña Isabel contaba de su parentesco con Teresa Carreño y por lo tanto con Cayetano Carreño, hermano Simón Rodríguez, maestro del Libertador. Doña Isabel era bisnieta de Emilia, hermana de Teresa Carreño, quien estaba casada con un primo hermano llamado Manuel Lorenzo Carreño Martí, por lo que el apellido Carreño se conservó ya que el hijo de esta pareja José María Carreño y Carreño vendría a ser el abuelo materno de Doña Isabel,  según  genealogía  elaborada por  el  ingeniero calaboceño Rómulo Rodríguez .


Otros de sus hijos fueron  Luis Gerónimo y Ricardo Gondelles Renovales, este último  caso con  doña Lola Amengual,  con descendencia. El general Ezequiel Gondelles Ayala falleció el 17 de agosto de 1895, según una nota que apareció en El Cojo Ilustrado  de esa fecha.

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domingo, marzo 04, 2012

La "traición" de Páez

El capítulo de la fundación de Venezuela es más rico que lo que la manipulación sugiere


ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
La idea de que Páez traicionó los ideales de la Independencia se ha extendido desde tiempo atrás, pese a que carece de fundamento. Las chácharas "historiográficas" del presidente Chávez se han regodeado en la reiteración de una lectura del pasado que sólo se puede sostener en una observación superficial de lo que sucedió cuando termina la guerra contra los españoles. Hace poco su hermano Adán ha vuelto sobre el punto, debido a la preocupación de que se pueda repetir con el augusto comandante lo que supuestamente sucedió con el Libertador cuando Venezuela se separó de Colombia. Aparte de lo que tiene de ridículo una analogía que sólo se comprende cuando el personalismo se convierte en eje de la política, reitera una tesis manida que no ha faltado en el discurso de muchos líderes, aun de los que pasan por enterados de los sucesos estelares de la historia.

En un mitin realizado en Cabimas (30 de marzo de 1946), Rómulo Betancourt dijo lo siguiente: "Se frustró nuestra primera república, la de 1830, porque a la hora de gobernar fueron desplazados muchos de los libertadores y tomaron los puestos de comando los antiguos realistas que andaban voluntariamente exiliados por las Antillas en los días en que era necesario ajumarse el pecho frente a Boves, frente a Yánez, frente a las huestes de Fernando VII. En los tribunales se enquistaron, en 1830, hombres que echaron a pique las medidas tomadas por el propio Bolívar de confiscar las tierras de los latifundistas criollos y españoles afectos a la causa del absolutismo borbónico; esos hombres que no sentían la revolución de independencia, torpedearon a conciencia la obra de la primera república". Y por allí se lanza quien entonces habla como presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, si no cual padre, como continuador de un análisis del pasado que ha remachado el presidente Chávez y ahora engorda el hermano Adán, a quien quitan el sueño las señales de disensión susceptibles de producir conmociones en la cúpula cuando la salud del cesáreo pariente se deteriora. En todos y en cada uno de los casos se observa desconocimiento de lo que sucedió con la Independencia en sus postrimerías, o la necesidad de arrimar la brasa de un proceso histórico a la sardina de un suceso del futuro al cual se atribuye la calidad de "revolucionario".

La fundación de Colombia por el Libertador no provoca entusiasmo en Venezuela. Al contrario, genera molestias que se convierten en repulsa. Una decisión de tanta trascendencia no se consulta con la comunidad, con sus voceros principales, civiles y militares, para que encuentre abono una distancia cada vez mayor frente a los designios del fundador que no se ocupó de considerar los planos de la nueva mansión con las personas que la habitarían. De allí los embrollos de La Cosiata, cuya noria gira alrededor del único individuo capaz de apoyar la reacción de la colectividad cuando todavía brilla la estrella bolivariana, un hombre de armas de origen popular quien ya comienza a destacar por sus luces y a quien adornan los recientes laureles de Carabobo. Caracas, la cuna de la Independencia según se insiste en la época, pierde la capitalidad para que los altos poderes del Estado se establezcan en Bogotá. La República de 1811 se convierte en un Departamento de una nación gigantesca e inesperada, mientras sus hijos se sienten en minusvalía frente a los burócratas de la remota sabana. ¿Para eso hicimos la guerra?, ¿para eso derramamos la sangre en Boyacá?, se preguntan los caraqueños de la época y miles de guerreros y políticos disgustados ante el hecho de que se han menospreciado los fueros de la "Antigua Venezuela". Las manifestaciones de antipatía frente a los neogranadinos comienzan a crecer, no sólo en las tertulias callejeras y en los pliegos de la prensa, sino también en los salones del Congreso Nacional y en las disputas cada vez más avinagradas de los cabildos locales.

Un par de sucesos de entidad incrementan la reacción: la crisis de la economía no es atendida por los legisladores bogotanos, cuyas regulaciones se ocupan tangencialmente de las particularidades regionales sin considerar las calamidades dejadas por la guerra en cada Departamento; el malestar aumenta cuando se recibe en Caracas la noticia de que Bolívar pretende cambiar la Constitución de Cúcuta por la Constitución de Bolivia. La desatención de los legisladores acelera el disgusto de los propietarios, y el temor a que se pueda establecer una monarquía sin corona hace que los políticos liberales envenenen sus dardos frente a lo que se siente, con fundadas razones, como el establecimiento de un proyecto conservador de gobierno que choca con los principios de la modernidad. El descontento encuentra desembocadura en Páez, cuyas credenciales lo convierten en figura imprescindible y quien se transforma en vocero del retorno de la nacionalidad frente a una dominación cada vez más indeseable. El capítulo de la fundación de Venezuela es más rico, más enaltecedor de lo que la ignorancia y la manipulación sugieren, pero de lo expuesto se desprende una afirmación de republicanismo y una apertura hacia principios de estirpe liberal, los más avanzados de entonces, que no se pueden escatimar para que el hermano Adán compare a don Hugo con don Simón y a Páez con los "apátridas". Debemos suponer que a tan colosales atrevimientos no quiso llegar don Rómulo, cuando mitineó a la ligera sobre los desatinos de 1830.

eliaspinoitu@hotmail.com
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domingo, febrero 26, 2012

Despertar a la Realidad

Por Daniel R Scott

"Ahora sabemos que somos mortales"( Paul Valéry )

Escasamente un siglo atrás el hombre se divinizó a sí mismo en grado sumo. ¿Por qué? Porque en virtud de sus grandes e indiscutibles logros, le pareció haber subyugado y sometido a su dominio los poderes de la naturaleza y de la materia, proclamándose amo y señor de todo. Por su puesto siempre y desde un principio hubo dolorosas evidencias de que tal pretensión era del todo errada, que era un disparate creerlo. Por ejemplo: Un Titanic al que "Dios no podía hundir", terminó en definitiva hundiéndose en su primera travesía, y no precisamente por Dios, sino por obra y gracia de algo tan inanimado, helado y a la deriva como un gran tempano de hielo. Esto debió haber bastado para echar por tierra las pretensiones humanas de divinización. Pero este acontecimiento, ocurrido en los umbrales del siglo XX casi nuevo y sin abusar, parece que no le dio ninguna lección al género humano. El hombre siguió en su empeño de creerse superior ante la creación. Se siguió considerando la corona de la creación. Un Dios. Si nos tocara definir con breves palabras la arrogante actitud del hombre de los siglos XIX y XX ( en el orden político, social, filosófico, científico y tecnológico, entre varias más que deseo omitir ) se utilizarían las de aquel texto bíblico que dice: "Vosotros sois dioses." Parecían existir, para bien o para mal, motivos mil para tal conducta. El superhombre proclamada por Nietzche, el risible pero peligroso "Reich de mil años" de Hitler, el culto a la personalidad de un Stalin o un Mao, el primer hombre orbitando la tierra dentro de su sofisticado aparato espacial y el histórico y televisado alunizaje de 1969 parecieron, entre otras metas alcanzadas por el hombre, confirmar la tesis de que, ciertamente, el hombre era un Dios. Pero llegado el siglo XXI tal creencia se desvaneció como una neblina ante el sol del mediodía.

Hoy todo ha cambiado. Celebramos con alegría y esperanza el advenimiento del siglo XXI para descubrir muy pronto que no existían globalmente hablando motivos para tal alegría o esperanza. O al menos eso parece. Han sucedido cosas y hechos entre el hormiguero humano que nos han demostrado cuan equivocados estábamos. No somos más resistentes que una telaraña. Abrimos nuestro entendimiento ante nuestra propia finitud. Somos vulnerables como animalitos sin concha ante el soplo de una creación atormentada. Sucesos y fenómenos noticiosos tales como el atentado a las Torres Gemelas, el fundamentalismo islámico, los nacionalismos exacerbados, guerras locales, pequeños genocidios, epidemias sin nombres, terremotos y sunamis nos han abierto los ojos, dejándonos atónitos y obligándonos a reformular los conceptos que nos forjamos respecto a nosotros mismo y al papel que realmente jugamos en este mundo. A lo sumo somos dioses de la mortalidad.

Todo se complica además por lo avanzados de nuestros medios de comunicación. Alguien dijo muy acertadamente que el mundo era una "aldea global." Al respecto Billy Grahan escribió: "Se puede llegar físicamente a cualquier parte en un vuelo de pocas horas, y en pocos segundos por las ondas inalámbricas." Hoy, en esta gloriosa Era de la informática y el internet y otros medios hijos del ingenio humano, esa aldea global se ha reducido a una simple casa llamada "planeta tierra" donde todos parecemos habitar muy juntos y apretados. ¡Es tanto lo que se ha acortado el tiempo y el espacio! En escasos segundos lo que sucede en cualquier parte del planeta se difunde a la velocidad del rayo en las pantallas de nuestro televisores y computadoras. Vencimos las barreras del tiempo y del espacio. Somos algo omnipresentes. Con razón pues el hombre se cree un Dios. Esto es bueno solo en cierta medida porque no solo se difunden las hechos y acontecimientos sino también las tensiones y preocupaciones que ellos encierran. Sigue diciendo Billy Graham: "Esta accesibilidad aumenta la difusión de las tensiones y disensiones." Preocupación, tensión, paranoia. ¿Quién no experimenta un temor paralizante al contemplar las imágenes de un terremoto en un país tan avanzado y de cultura tan milenaria como el Japón o de un océano que se lleva todo lo que encuentra a su paso tierra adentro? ¿Quién no se conmueve ante la guerra fratricida que tiñe de rojo a Libia? Más aun, y que es el tema que vengo desarrollando: ante esas noticias nos invade el temor y tomamos conciencia de nuestra pequeñez, de nuestra insignificancia, de nuestra propia fragilidad y mortalidad. No somos dioses. De nada vale haber construido tan grande civilización, todo es un gran edificio de naipes que cae al menor soplo. Pienso que ese es el sentimiento predominante entre los hombres hoy. No soy pesimista: solo observo.

Sí, "El siglo XXI ha comenzado con la agotadora comprensión de que no hay lugar seguro sobre la tierra."(John Piper ). Esto no es del todo malo. Es buena esa agotadora comprensión si nos ayuda a dar un paso adelante, obligándonos a hacer un minucioso examen de conciencia que nos lleve a saber cuál es nuestro rango real en este mundo. Quizá solo así estaremos capacitados para seguir la máxima del apóstol Pablo: "Digo a todos ustedes que ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Cada uno piense de sí con moderación." Debemos pensar con cordura cual es el papel real que debemos representar y cuál es el límite de nuestras posibilidades y talentos.

Solo así podremos retomar nuestra verdadera grandeza.
21 Marzo 2011
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jueves, febrero 16, 2012

Juan Germán Roscio y su familia

Por: Oldman Botello

 El prócer Juan Germán Roscio fue católico por convicción y apasionado de la emancipación de Venezuela. Sus arengas, artículos de prensa, sus documentos, su libro y las intervenciones en asambleas y congresos así lo demuestran. Una inteligencia suprema puesta al servicio de la patria.


A propósito del 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811 ha cobrado ímpetu en los medios de comunicación el notable abogado Juan Germán Roscio, nacido en San Francisco de Tiznados y con niñez y juventud disfrutada en el hato familiar de La Guamita, al norte de ese pueblo guariqueño.

Se conoce que fue su padre don Juan Cristóbal Roscio Porre, del pueblo de Mazzoni, en la inmediatez de la ciudad de Milán, cabeza del entonces Ducado de Milán e hijo de Paolo Gerónimo Roscio y Eurosia Porre, de prestantes familias locales. La madre del prócer, doña Paula María Nieves Martínez, que nació en La Victoria (Aragua), hacia la tercera década del siglo XVIII e hija natural reconocida de Juan Pablo Nieves y Francisca Prudencia Martínez, cuyo color se puso en duda para el ingreso de Juan Germán al Real Colegio de Abogados de Caracas, lo que le costó numerosas diligencias para limpiar su apellido materno. Del matrimonio Roscio-Nieves, celebrado en Tiznados hacia 1761 o 1762 nacieron Juan Germán, el mayor, en 1763, José Miguel, que murió niño en 1769; Juan Crisóstomo, el padre José Félix Roscio, doctor en teología, que nació hacia 1772, Félix Matías que se radicó en Barinas y la menor, la única hembra, doña Paula María Roscio Nieves, la única que permaneció en territorio guariqueño, en su amado San Francisco, donde casó, formó familia y dejó descendencia. Fue su esposo José María Meléndez Pereira, de Villa de Cura, cuya familia entronca hacia arriba con antepasados del Libertador Simón Bolívar, por el lado de Antonio de Bolívar y Rojas, María de Bolívar y Rebolledo y Leonor Arráez de Bolívar. También tiene entre sus ascendientes a los Araña de San Mateo, Villa de Cura y Calabozo y por ende entronca también con los Zamora Pereira-Araña, el padre y tíos del general Ezequiel Zamora, hijo de Alejandro Zamora Pereira, villacurano y Paula Correa Rodríguez, de Maracay. Desde la década del ochenta del siglo XVIII Juan Germán Roscio no volvió más a su tierra guariqueña, lejanísima en esos días.

Juan Germán Roscio casó dos veces. Primeramente en Caracas con dama cuyo nombre se desconoce y que murió joven, a mediados de la década del noventa del siglo XVIII. Luego en Angostura o Ciudad Bolívar, contrajo nuevas nupcias en 1819, a los 56 años de edad, con doña Dolores Cueva Afanador en quien hubo a la niña Carmen Roscio Cueva, que adulta, tomó estado con don Isidro Afanador Contasti, su pariente, quien la hizo madre de varios hijos, de los cuales sobrevivía a comienzos del siglo XX don Luís Afanador Roscio. En el seno de su descendencia se sabe que el mismo día que moría Roscio en la Villa del Rosario de Cúcuta, nacía en Angostura su hija Carmen. Residió en Angostura su hermano don Juan Crisóstomo Roscio, prócer de la Independencia en Guayana. Este había tomado estado con doña Mariana Contasti Arcadio, también de distinguidas familias locales e hija del catalán capitán Agustín Contasti Stella y doña Hermenegilda Arcadio Suárez. Don Juan Crisóstomo y doña Mariana fueron padres de Trinidad Roscio Contasti, dama que tomó estado con Nicanor Afanador y Salas, viudo de Dolores Contasti Arcadio, tía materna de su nueva esposa. De esta unión nacieron Ramón, Felipe, José, Marcos y Manuela Afanador Roscio. Esta última contrajo matrimonio en San Fernando de Apure en 1870 con el caraqueño Santiago Izaguirre Perdomo y no tenemos conocimiento de la sucesión, si la hubo.

El apellido Roscio como tal desapareció. Los que tuvieron descendencia en su mayoría fueron hembras y el apellido quedó subsumido en el de los cónyuges. En Ciudad Bolívar descendientes. Desconocemos si tuvo esposa e hijos don Félix Matías, que se residenció en Barinas, donde ocupó cargos públicos.

El prócer Juan Germán Roscio fue católico por convicción y apasionado de la emancipación de Venezuela. Sus arengas, artículos de prensa, sus documentos, su libro y las intervenciones en asambleas y congresos así lo demuestran. Una inteligencia suprema puesta al servicio de la patria.

manbotello@hotmail.com
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