domingo, septiembre 29, 2013

El escribano y el maestro


Por José Obwaldo Pérez
ERA 1788 y don Adrian  Camacho,  Mayordomo de la Iglesia de las Mercedes de Calabozo -quien  había  sido Capitán de las Milicias y Alcalde de Primera elección de la  ciudad-,  le  salía al  paso a  los abusos de  poder de don Demetrio Montiel,  el escribano y  la  voz cantante del  pueblo. Montiel no  era un  hombre muy letrado, pero con habilidades y liderazgo en la comunidad. Tenía poder político y según el historiador Ubaldo Ruiz fue escribiente desde 1776 a 1801, cuando renunció al cargo para sucedérselo a su  hijo  José Antonio Montiel.

Montiel era  natural de Caracas,  hijo de Don Francisco Montiel y  Doña María de la  Concepción Terán. Fue Mayordomo de la fábrica y Cofradía de N. S. del Carmen. Según Ángel Bernardo Viso su “mal genio era proverbial”.

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domingo, septiembre 08, 2013

Desarrollo geohistórico: El Sombrero desde la segunda mitad del siglo XIX



Por José Aquino
Para la reconstrucción de este proceso histórico es necesario tomar en cuenta la relación hombre medio-sociedad-naturaleza a partir de la ocupación del espacio. En tal sentido esas tierras que fueron ocupadas a mediados del siglo XVI por las colonias españolas con fines meramente agropecuarias a través de la conformación de los  diferentes hatos, entre los cuales se pueden señalar. El Corozo, las Matas, Carrizal, San Marcos, el Chaparral y San Martín entre otras unidades de producción que se fueron fundando. (De Armas 1982), dando pie a la consolidación del poblado para marzo de 1725 (ibídem) la actividad económica giraba en la siembra de tabaco y otros rubros agrícolas en las vegas del río Guárico. La cría de ganado es la actividad que siguió consolidándose en todo el siglo XVIII y  mediados del siglo XIX, a pesar de los desequilibrios que ocasionó la guerra de independencia  y la aparición de las endemias que causó graves perjuicios a los rebaños vacunos y caballos como la fue la Epizololia o derrengadera, enfermedad trasmitida por el parásito trypsnosoma Evansi mejor conocida como “mal de las caderas” responsable de grandes pérdidas económicas  en los llanos venezolanos en esos tiempos.
En los primeros cinco años de la década de los 50 del siglo XIX la actividad económica va en recuperación de  los estragos dejados por el proceso  independentista  como por parte de inundaciones y que ocasionaron pérdidas a los agricultores de algodón  y tabaco en 1824  por el desbordamiento del Río Guárico, así como también por la endemia que limitó los rebaños citados anteriormente,  en 1835 (Apuntes Estadísticos Estado Guárico, 1885). Pero es a partir de 1855 cuando comienzan una serie de calamidades que impiden el crecimiento y fortalecimiento de  la entidad en los órdenes político, económico social y cultural por más de 20 años.
En ese mismo año la población va ser diezmada por la aparición del cólera Morbus que apareció en la India en 1817 y se propagó por Europa y Estados  Unidos y a partir de 1839 se diseminó en África y América del Sur (Wikipedia, 2013), causando más de 1200 víctimas en la población, considerada alta para la población de la entidad.
En este mismo orden, para el año 1859, comienza la  Guerra Federal y en este espacio Guariqueño no escapa el enfrentamiento militar fratricida entre liberales y conservadores que se oponían a modificar el orden establecido desde la colonia, a los que los contrarios proclamaban los ideales de libertad e igualdad.
Esta Guerra civil no comprometió todo el territorio venezolano, las regiones enteras como Guayana,  los Andes y Zulia se mantuvieron completamente al margen del conflicto,  lo que  permitió  el desarrollo económico de estas zonas, ya que no fueron devastadas ni deñadas como en las zonas donde se produjeron enfrentamientos caso particular en los llanos y los estados centrales, Lara, Falcón y Carabobo. En el mismo comienzo de la guerra el pueblo del Sombrero fue incendiado y destruido gran parte del poblado y de sus zonas circunvecinas como consecuencia del enfrenamiento entre los bandos en pugna, muriendo en 1862, en jurisdicción de Barbacoas, entidad perteneciente a la entidad de esos tiempos, el distinguido jefe liberal General Rafael Guillermo Urdaneta Vargas, hijo del prócer de la independencia Rafael Urdaneta candidato a la presidencia, lo que generó atraso y empobrecimiento de lo  cual no se pudo  recuperar por un largo tiempo.
Del mismo modo, la naturaleza también cobró  factura a la maltrecha vida  de los pobladores, para el año 1861 el río ocasiona una inundación de grandes  dimensiones, arrastrando todo lo que encuentra a su paso y reduciendo a los pobladores  a una mayor miseria (Dirección Estadística, 1875), igualmente este fenómeno se repetía en 1873, llevándose la terrible creciente  personas, casas y animales (Ibidem). En la década de los 70 de este proceso  estudiado con la llegada de  Guzmán Blanco al poder se inicia el periodo de la Historia de Venezuela  llamado “Liberalismo Amarillo”. El Departamento Arismendi del Estado Guárico creado en 1866, que incluía los Distritos El Sombrero, Barbacoas, el Rosario,  el Calvario y Sosa. La entidad asume  una aparente estabilidad política, ya que en este lapso la mayoría de los  caudillos locales y regionales de corte liberal surgidos victoriosos de la guerra federal asumen el control del país.
En tal sentido, el orden en la actividad económica, social y cultural inicia un periodo de recuperación, del cual podemos analizar los datos aportados de los Apuntes Estadísticos del Estado Guárico (1885). El Departamento contaba con 32.412 habitantes, el Sombrero de los cuales tenía 11.765 personas, representando un 36% de la población total; mientras que el Distrito Barbacoas 11.481 habitantes, determinando un 35%, tanto que el Calvario y  Roscio 8 y 7% de los moradores de la entidad.
En cuanto a la tasa de natalidad es de 5,25 % más alta respecto a otros departamentos del Estado, la tasa de defunciones más baja que los departamentos Crespo, Cedeño, Bermúdez e Infante. Lo que demuestra el crecimiento  porcentual de la población libre de guerras,  endemias y catástrofes como ocurrieron en la década de los 50 y del 60 del siglo XIX. En este mismo orden es  necesario señalar que desde los años sesenta no se presentaron enfermedades infectocontagiosas de consideración reportando solo patologías propias del trópico y la Región llenara. Así como también anemias, a consecuencia de las aguas  contaminadas y mala alimentación, bronquitis, disenterías y fiebres, bajo todos sus tipos, entre ellas el paludismo y la  fiebre tifoidea.
En cuanto a plano cultural el  informe citado , reporta que en  el Sombrero la primera escuela de varones  que fue fundada en el año 1832  contaba para ese momento con 54 alumnos y un centro educativo para niñas funcionando desde 1865 con 25 alumnas,  lo que determina que para la época las féminas en edad escolar no era significativo darle la instrucción requerida en el poblado y en sus zonas circunvecinas, así como gran  parte de los niños en edad escolar se quedaban realizando actividades del hogar y faenas diarias de la vida del llano por parte de los padres,  resaltando que desde la promulgación del Decreto de Instrucción Pública en 1870, se crean otras escuelas para varones nocturna, así como también en Barbacoas de asistencia limitada.
A partir de la ocupación del espacio por el hombre a través del tiempo, las localidades  van realizando transformaciones de  acuerdo a las actividades  económicas  que se realizan en tal sentido, en la entidad estudiada fueron acondicionando tierras para la actividad agrícola , contando con un terreno que se va inclinando gradualmente de norte a sur, siendo a la vez quebrado y cortado de trecho en  trecho por  cañadas que mayormente sus aguas  caen al río Guárico, donde se realizaban distintas siembras de verano. Para el año 1873 destacaba la producción de algodón, frijoles, caraotas, yuca, arroz, entre otros rubros, suficientes para el consumo interno y el excedente para  enviarlo a otras entidades de la nación. Del mismo modo, la actividad ganadera destacó como la principal actividad económica en franca recuperación en esta década, después de estar esta actividad bien diezmada a consecuencia  de la Guerra Civil.
Destacándose en el apunte a más de treinta y tres mil reses diseminadas en pequeñas queseras que no pasaban de las doscientas, destacando  que la producción excedentaria de más  de tres mil reses  para el consumo eran llevadas a ser beneficiadas a Caracas y  otras ciudades del centro del país. Del mismo modo en el Departamento se realizaban otras actividades de gran importancia con el aprovechamiento del cogollo de la palma llanera para la realización  de alrededor de 8000 sombreros y la fabricación de aproximadamente  según el informe de más quinientos  chinchorros  de moriche  que también eran  vendidos  en otras localidades, al igual que la confección de alpargatas  y las riendas de de algodón generando un aparente bienestar  para  propietarios de las unidades  de producción  y artesanos. Del mismo modo la actividad comercial  también generaba  grandes beneficios para sus dueños  a través de las ventas de ganado vacuno y
Porcino a los grandes mataderos  y potreros de ceba   y compra de productos  que no se producían en la localidad,  estableciendo relaciones comerciales  con casas de renombre del comercio en el siglo XIX  y XX   Casa Blohm, Bulton,Boggio y Bocardo entre otras, estas suministraban telas ,medicinas demás artículos básicos de gran demanda y  mucho de ellos importados de estas casa de gran Tradición. Todo este panorama económico no  generó  beneficios  para los demás sectores sociales como campesinos y jornaleros que mantuvieron el mismo nivel de subsistencia  desde  la independencia y la Guerra Federal ya que siguieron siendo explotados por los terratenientes  de turno.  



BIBLIOGRAFIA

Bolívar Dionico (1978). De  Cero a Ocho Cifras. Caracas.

De Armas Chitty (1982). Historia del Estado Guárico. Ediciones de la Presidencia de la República.

Venezuela, Dirección de Estadísticas, 1875. Apunte estadístico del Estado Guárico. Banco Central de Venezuela.

http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3lera







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sábado, julio 20, 2013

Las voces del Tuerto Vargas







Por José Obswaldo Pérez
FUE AQUELLA NOCHE DE 1984, cuando el doctor Evandro Matute, Juez Superior del Estado Guárico, describió al general y doctor Roberto Vargas Díaz como una extraña figura mitológica. Su aseveración ocurrió durante un foro realizado en el Aniversario del Liceo Beatriz de Rodríguez, en el municipio Ortiz. Al escuchar la voz del doctor Matute fue como transportarnos a las sombras de una época ya ida.

- De figura estrafalaria- narró el doctor Matute-. Vestía como sólo podía vestirse el caballero del siglo XIX. Su corbata de ancho lazo, su camisa de cuello grueso, su chaleco, sobre su chaleco su paltó y una leontina, cuya punta tenía un reloj.

Nada mejor que esta descripción para retratar a un personaje de contradicciones humanas. En su estupendo libro El Tuerto Vargas. Doctor y General (1990), el historiador Oldman Botello narra la vida y notabilidad de este conterráneo de la historia contemporánea de Venezuela. Se trata de un ensayo, ganador del III Concurso Literario del IPASME y publicado por el fondo editorial de esa institución. En él se recoge la memoria del paisano guariqueño. La remembranza dista, a veces, entre el texto del escritor y los recuerdos de calle sobre la mística figura del guerrillero, político y militar llanero. Aún, entre algunos orticeños, se guardan reminiscencias de él y sus ideas nacionalistas.

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La izquierda mundial y los disturbios en Egipto

Por Immanuel Wallerstein
El mismo título de este comentario entraña una pregunta. ¿Quién o qué es la izquierda? Hay poco acuerdo al respecto. Utilizaré el término de tal modo que incluya a cualquier grupo que reivindique ser parte de la izquierda o al menos de la centroizquierda. Es, por supuesto, un grupo amplio. Y, en consecuencia, hay muy poco acuerdo en el grupo en cuanto a quiénes apoyar, moral o políticamente, en la enorme ola de disturbios que ha sacudido a Egipto y que condujo al derrocamiento de Mohamed Mursi como presidente de Egipto por parte de las fuerzas armadas egipcias.

Conforme leo las declaraciones y explicaciones de los varios grupos de la izquierda que está fuera de Egipto creo que es una cuestión de prioridades: ¿quién o qué constituye el mayor peligro en el mediano plazo? Pienso que discierno tres posiciones básicas.

Hay quienes piensan que los islamitas de cualquier variedad representan la amenaza fundamental. Por supuesto, hay muchas, diferentes, clases de islamitas. Las tres principales variedades entre los musulmanes sunitas son la Hermandad Musulmana, los wahabitas/salafistas y quienes se agrupan bajo el membrete de Al Qaeda. Estos tres repudian a los otros dos, y eso explica muchas de las alianzas que emergen en cualquier país que cuente con una sustancial población musulmana.

Para aquellos que en la izquierda tienen como prioridad mantener lejos del poder político a los islamitas, los llamados islamitas moderados, son simplemente islamitas más astutos que persiguen los mismos objetivos de largo plazo: contar con estados gobernados por la sharia. Por tanto, estas personas están listas para hacer alianzas con cualquiera que combata a los islamitas.

Hay un segundo grupo que ve los ejércitos como el enemigo primoridal. Consideran que los ejércitos son fuerzas muy conservadoras y represivas, que mantienen puntos de vista políticos y económicos reaccionarios, y que con frecuencia tienen intereses económicos directos que los hacen mantener políticas económicas neoliberales. Reconocen que algunas veces los ejércitos parecen respaldar a las fuerzas populares y algunas veces emprenden políticas opuestas a las de Estados Unidos o a las de los poderes de Europa occidental.

Pero su punto de vista en torno a estas opiniones moderadas de las fuerzas armadas es paralelo al punto de vista de los anti-islamitas. Perciben la moderación o el populismo por los ejércitos como simple cobertura para sus objetivos reaccionarios de largo plazo.

Y luego están quienes perciben que la principal amenaza es Estados Unidos (y en correlación los poderes ex coloniales de Europa occidental). Consideran que los ejércitos y los islamitas simplemente juegan el juego que les asignó Estados Unidos. Por tanto, desde su punto de vista, debe ser apoyado cualquier grupo que activamente se oponga a cualquier cosa que piense qué quiere Estados Unidos. De hecho, de nuevo hay una versión dura. Algunas personas piensan que aun los jóvenes radicales que encabezan levantamientos están manipulados por Estados Unidos. Para este grupo, Estados Unidos es, todavía, todopoderoso.

Por supuesto habrá algunos, inclusive muchos, que argumentarán que todas éstas son falsas opciones. Uno puede, y debería, simultáneamente estar contra los islamitas, los ejércitos y Estados Unidos. Pero en la práctica hay con frecuencia momentos en que se deben elegir las prioridades. Así que la cuestión sigue siendo total.

Este debate acerca del enemigo prioritario es, en gran medida, lo que explica la debilidad relativa de las fuerzas de izquierda en estas luchas. Están divididas en su análisis. Por tanto, están divididas en sus objetivos de corto plazo e inclusive en sus objetivos de mediano plazo. Y, peor aún, muchos individuos y grupos de izquierda parecen estar concientes de esto, lo que los conduce a un pesimismo reptante y a una retirada reptante de la política militante.

La alternativa a tal auto-deshabilitación de la izquierda es involucrarnos en un debate de camaradas, más abierto, al interior de la izquierda. Y esto sólo puede ocurrir si la izquierda se da cuenta de que la derecha mundial representa un panorama tan enorme de fuerzas y análisis como la izquierda mundial. De nuevo digo que este debate de camaradas debe ocurrir dentro del marco de la transición de un sistema capitalista a algo más que aún debe determinarse. Si la izquierda pierde la batalla más grande deberá, primero que nada, culparse a sí misma.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein
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martes, junio 18, 2013

¿Tiene sentido social el oficio del historiador?

Pedro Salmerón Sanginés
Dr. Pedro Salmerón, historiador mexicano


Desde hace décadas, la escuela de pensamiento dominante en los colegios de historia es el historicismo o relativismo histórico. Para muchos de quienes –muy jóvenes– nos matriculamos en la licenciatura en historia, el historicismo encerraba razones poderosamente atractivas frente al marxismo de manual, el empirismo mal llamado positivista, o los lugares comunes del tipo el que no conoce su historia está condenado a repetirla.

El historicismo que leíamos en nuestros años de aprendizaje nos decía, en palabras de Benedetto Croce que toda historia es historia contemporánea y que el pasado no existe: la historia está viva en el espíritu y no en los restos muertos del pasado. De ahí partía R. G. Collingwood para afirmar que toda historia es historia del pensamiento, que el conocimiento histórico es la reactualización, en el espíritu del historiador, del pensamiento cuya historia estudia y que el conocimiento histórico es la reactualización de un pensamiento pasado, encapsulado en un contexto de pensamientos presentes que, al contradecirlo, lo confinan a un plano diferente al suyo. Es el historiador quien construye (o reconstruye) dentro de sí mismo el pasado y, por tanto, todo pensamiento histórico es interpretación histórica del presente. Por supuesto, si la historia es interpretación, no hay verdad, sino verdades a las que llega el historiador desde sus problemas presentes, su perspectiva presente y, por fin, si lo que nos lleva al estudio de la historia son los problemas el presente, la historia es también compromiso, decisión, toma de partido (Ramón Iglesia).

Haciendo a un lado el idealismo (la reducción de la historia al espíritu y a la historia del pensamiento), hay cuatro premisas con las que es difícil no coincidir:

El pasado no existe, la historia vive en el presente; es el historiador el que (re)construye en su interior el pensamiento del pasado; la verdad es relativa, depende de la subjetividad del historiador; la historia exige compromiso en el presente.

Sin embargo, después de Croce y Collingwood, después de la Segunda Guerra Mundial y de manera aún más acentuada tras el final de la guerra fría, los sucesores del relativismo se ocuparon en negar toda validez científica al conocimiento histórico hasta el punto de permitir a los falsificadores (y a cada vez más estudiantes y egresados de las escuelas de historia) asegurar que toda interpretación es válida, confundiendo aposta y con grosería, interpretación con invención. En la práctica, eso les permite abandonar la investigación, la crítica de fuentes y su confrontación e incluso, la más elemental honestidad intelectual, pues si toda verdad es válida, ninguna lo es. Como hemos señalado en otras ocasiones, el relativismo histórico nunca llegó a tanto… aunque al parecer, sí sus sucesores. También es verdad que el propio pensamiento de aquellos autores llevaba a abstracciones muy poco históricas, como la mente absoluta (esta idea ha sido correctamente explicada por Rodrigo Díaz, El historicismo idealista: Hegel y Collingwood, pp. 128-133).

Ahora bien, en mis mal articuladas reflexiones sobre este posmodernismo que hace de la historia mero discurso actuaba como buena parte de quienes sostienen sus postulados: desligaba los frutos del pensamiento de su base material, creyendo, como ellos afirman, que las cosas del reino de las ideas ocurren o pueden ocurrir con independencia de lo real. Esa idea me impedía entender las razones del vuelo posmoderno. En efecto, ¿cómo es que los estudiosos de lo histórico, lo político, lo social, hemos dejado de ser eso, estudiosos, para convertirnos en los creadores de la verdad?

Empiezo a salir de esa confusión gracias a una reflexión de Felipe Curcó, ¿Es relevante la verdad para la teoría política?, donde afirma que el liberalismo político relega el pluralismo a la esfera de lo privado para asegurar el consenso en la esfera de lo público. Por tanto, todas las cuestiones controvertidas (y toda discusión en torno a la verdad) son eliminadas de la agenda política. En consecuencia, la política se transforma en un terreno en el que la mayoría de los individuos aceptan someterse a acuerdos que consideran o que se les imponen como neutrales.

De ese modo, encontramos que la supresión de la verdad en teoría política –y en la ciencia histórica– responde a intereses políticos y económicos determinados. Si me siguen, los mostraremos en la próxima entrega. Entonces, no es de extrañar, que la ciencia histórica en México sea cada vez más pequeña, endogámica y encerrada en sí misma (Luis Fernando Granados sobre Alfredo Ávila)

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