viernes, diciembre 26, 2014

Noche Buena de ayer

A los colegas y amigos de la
Casa de Estudio de la Historia de Venezuela
Lorenzo A. Mendoza Quintero

Por MIRLA ALCIBÍADES
Converso con varias personas y, por los comentarios que les escucho, quedo convencida de que todos ven las hallacas como el plato natural de celebración decembrina. Se sorprenden cuando señalo que no es así. Ciertamente, este delicioso manjar fue, hasta el siglo XIX, un plato que se disfrutaba a lo largo del año.
Compártalo:

viernes, noviembre 14, 2014

Ortiz y la Unerg

Ortiz y  la Unerg


Por José Obswaldo Pérez

La población de Ortiz acaba de cumplir 140 años de haber sido capital de Guárico. Una fecha importante para la historia cultural y política de esta localidad guariqueña. La fecha, el 12 de noviembre de 1874, es recordada desde 1974 cuando la comunidad celebró sus 100 años de tan significativo hito. Momento histórico que fue aprovechado para promover el Comité Pro-Universidad, creado bajo los auspicios de la Cámara de Comercio del municipio Roscio. Acontecimiento que convocó la participación del pueblo en general y los orticeños, como proactivos, aportaron su respaldo para esta causa cristalizada hoy, hace ya cuarenta años.

Compártalo:

Las periodistas venezolanas (1872-1910)


MIRLA ALCIBÍADES

Cuando comencé a estudiar la literatura producida por las venezolanas en el siglo XIX, mi percepción inicial sufrió severo cuestionamiento. Sucedió de esa manera porque, en la medida que avanzaba en mis investigaciones, me iba dando cuenta de lo determinante de ese aporte. Muy pronto reparé en que, en el campo de la poesía, de la dramaturgia, de la novelística, de la ensayística, en el trabajo como traductoras, esas mujeres habían hecho un aporte sustancial durante el período.

Un primer problema se me hizo evidente: consistía en que esa vasta producción no está recogida en libros. Es cierto que algunas novelas y textos poéticos escritos por ellas fueron editados en volumen, pero otros materiales todavía reposan en la prensa de la época o en libros antológicos de ese siglo. Me convencí de que la vastedad del ejercicio de escritura que habían ejercitado las venezolanas se convertía en un reto para quienes se interesan en el tema.

Sin embargo, en este momento opto por detenerme en un tema sumamente decisivo en aquellos años: el del periodismo femenino o prensa de mujeres, es decir, los títulos hemerográficos que fueron apareciendo por decisión y voluntad de mujer. En el curso de esa investigación se hizo evidente otro problema derivado de las fuentes. En muchos casos esas revistas no lograron ingresar a ningún repositorio bibliohemerográfico, razón por la cual se perdieron en el tráfago de los siglos. Por ejemplo, en lo que a la pesquisa actual concierne, supe la existencia de La Alborada en 1881, porque la mencionan tanto el Diario de Avisos como La Opinión Nacional (ambos de Caracas) en información de gacetilla. He tratado de encontrar alguna muestra de este material pero hasta la fecha me ha sido imposible. Así como el caso descrito, igual experiencia me sucedió con La Audacia (Macuto, 1881). La información sobre este impreso llegó a mí de manera accidental, mientras revisaba la colección de El Monitor en busca de noticias que me pudieran interesar. Otros casos de similar naturaleza se hizo evidente en otros momentos que excuso citar el día de hoy.

Una vez que hube determinado el fenómeno a examinar, otro problema derivó de esa decisión. ¿Cómo conceptuar este fenómeno? En un primer momento pensé presentar estas notas bajo el enunciado “Prensa femenina venezolana del siglo XIX” o, tal vez, “Revistas de mujeres en el siglo XIX”. Pero de inmediato reparé en el hecho de que esa denominación sembraba confusión, porque no diferenciaba entre los materiales dirigidos a mujeres, vale decir, los impresos periódicos fundados por hombres y que se destinaban a receptoras, de las entregas periódicas fundadas por ellas. De tal manera, tenía que encontrar una manera de definir ese fenómeno de una forma que esquivara la anfibología mencionada.

Fue así como opté por la caracterización que se ha leído en el encabezado de estas líneas: “Las periodistas venezolanas (1872-1910)”. Tampoco ese enunciado me satisface mayormente por cuanto no voy a tratar de esas profesionales de la prensa. No puedo hacerlo porque son muy pocos los datos biográficos que he podido reunir sobre cada una de esas pioneras del periodismo femenino venezolano. No es fácil elaborar la biografía de la mayoría de esas periodistas por ausencia de información al respecto –sea porque se escudan en un seudónimo o porque no se ha indagado en registros parroquiales para precisar datos básicos referidos a sus lugares y fechas de nacimiento y muerte.

Pero, insisto en el hecho, esa denominación me parece más apropiada que aquella en la que había pensado en un comienzo. Cuando los estudios sobre el campo se profundicen y cuando al hablar de “prensa femenina en el siglo XIX” se entienda que se hace referencia a las iniciativas adelantadas por ellas, la expresión habrá superado la etapa de las ambigüedades.

Otra acotación importante me compulsa a señalar que un primer acercamiento al fenómeno debe concluir en 1910. Pienso que ese año constituye la culminación de una serie de rupturas que se venían produciendo al interior del discurso patriarcal desde que, en 1872, apareció la primera revista fundada por una periodista venezolana, Ensayo Literario. Fue la concreción ese año de un lento proceso que las llevó a actuar primero como colaboradoras de revistas y periódicos y, posteriormente, como responsables directas de los impresos que auspiciaron.

Pienso que 1910 es una fecha que adquiere plena justificación por cuanto los festejos del centenario se inician en Venezuela en 1910 y, sobre todo, porque ese año está señalado en nuestro país por el ingreso de la primera mujer que realizó estudios formales en la Universidad Central de Venezuela. Se trató de Virginia Pereira Álvarez.

La investigación que vengo adelantando me ha llevado a registrar 30 títulos de revistas en toda la geografía nacional. Me inclino a pensar que no agoto el registro porque –insisto en este hecho– he conocido la existencia de varios de esos títulos porque se les menciona en periódicos tanto de la capital como del interior de la república. Agotar el tema implicaría la revisión de colecciones que exceden el millar de títulos y, como se verá, es una tarea poco menos que imposible, a no ser que se cuente con un equipo de trabajo que, les diré, no es mi caso. ¿Cuáles son esos periódicos y quiénes son sus directoras y/o fundadoras? Lo señalo de seguidas:

1) Ensayo Literario (Caracas, 1872), directora Isabel Alderson; 2) El Hospital (Mérida, 1878), órgano de la “Sociedad de Beneficencia de Señoras”; 3) La Alborada (Caracas, 1881), redactoras: Consuelo, Pepita, Amira, Corina, Alida, Eda, Josefina, Reneta y Malvina; 4) La Audacia (Macuto, 1881), redactoras: Dilia y Débora; 5) Revista Escolar (Mérida, 1882), Aziloé Aruca Halck y Carolina Aruca Halck; 6) La Alondra (Coro, 1885), redactora: Zoraida; 7) Brisas del Orinoco (Ciudad Bolívar, 1888), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 8) Ña Fernanda (Táriba, 1889), (varias redactoras que no se identifican); 9) El Chistoso (Coro, 1890), redactora: Polita de Lima (era manuscrito); 10) Armonía Literaria (Coro, 1891), responsables principales varias señoritas de la sociedad Armonía; 11) Flores y Letras (Coro, 1891), eran responsables varias señoritas de la sociedad Alegría; 12) El Ávila (Caracas, 1891), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 13) El Problema (Caracas, 1891), directora: Rosalina González; 14) La Luz Cristiana (Caracas, 1891), directora: A. P. de Norwood; 15) La Lira (Caracas, 1895), directora: Concepción Acevedo de Taylhardat; 16) La Azucena (La Grita, 1896), redactoras: Beatriz Camargo y Sara M. Guerrero; 17) El Cristus (Barquisimeto, 1896), responsables: Ildegardis de García y Concepción Alvarado; 18) Alondras (Maracaibo, 1897), redactora: Ana Yepes Serrano; 19) El Recreo de las Damas (Caracas, 1897), directora y redactora: Concepción Godoy de Martínez, subdirectora: María Martínez de Arredondo; 20) Violetas (San Cristóbal, 1897), redacción: comisión de señoritas alumnas de la clase de literatura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús: 21) El Estímulo (Duaca, 1898), directora: Lucinda de Colmenares; 22) Violetas (Coro, 1907) redactora: Ana G. Fortique; 23) Arte (Maracaibo, 1907), redactora: María Moreno de López; El Distrito Bolívar (Barinitas, estado Barinas, 1907), directora: Elena Conde; 24) El Esfuerzo (La Grita, 1908), administradora: Isaura; 25) La Cítara (Coro, 1908), directora: Josefa Victoriana Riera de Torrealba Arráiz; 26) El Pensil (Betijoque, 1909), redactora: Emma Dubuc Arias; 27) El Verbo Democrático (Coro, 1909), redactora y directora: Josefa Victoriana Riera; 28) Idilios (Chejendé, Trujillo, 1909), directora: Amalia Peña, administradora: María Cristina Segnini; 29) Minerva (Caracas,1909), directora y redactora: Olimpia Eloísa González; 30) La Violeta Azul (Colón, Táchira, 1910), directora: Hercilia Vivas Colmenares.

¿Son todos los títulos? No puedo asegurarlo. Por el momento, me limito a constatar que esos impresos existieron, que los leyeron y que todavía esperan por especialistas que se dediquen a estudiarlos.

Fuente: El Nacional 14 DE NOVIEMBRE 2014

Compártalo:

sábado, noviembre 08, 2014

Periodismo y cultura en Valle de la Pascua


FELIPE HERNÁNDEZ G.
Escribiendo una crónica sobre personajes y personalidades del Guárico, concluimos que esta entidad ha sido pródiga y liberal en hombres con vocación y aptitudes sobresalientes para el quehacer cultural y periodístico. En el caso de Valle de la Pascua, en su devenir es fácil encontrar honorables ciudadanos que consagraron ingenio, talento y esfuerzo intelectual al cultivo de las letras y a la exaltación de los más elevados principios y valores del espíritu. Solamente en el siglo XX, especial mención de honor merecen los nombres del Dr. Miguel Lorenzo Ron Pedrique, Gerónimo y Pedro Manuel Escobar Ramírez, el Dr. Alberto Aranguren Hidalgo, Luis Adolfo Melo Infante, Juan Rafael Martínez, el poeta José Rafael Hernández, el Br. Oscar Cobeña, el maestro Vicente Sánchez Chacín, Luisa Julieta Hernández, Parminio González Arzola, don Lorenzo Rubín Zamora, José María Álvarez Jaramillo, don Julio C. Pérez, Rafael Pellicer Viana, Juan Suárez Ávila, Prof. Guillermo Loreto Mata, entre muchos más.

Algunos de ellos pertenecieron a la Sociedad Unión y Progreso (1908), así como al Centro Bolívar (1923), organizaciones desde donde sus miembros desplegaron en el tiempo, una labor social y cultural de significativos alcances. Lamentablemente estas organizaciones, cada una en su momento, vieron truncadas sus actividades por desacertadas decisiones contrarias al quehacer cultural de los representantes del régimen gomecista en la zona.

En cuanto al periodismo local, son muchos los medios informativos que proliferaron, entre ellos perviven los nombres de “Eco Regional”, vocero de plausible labor orientadora, fundado y dirigido por el educador José María Álvarez Jaramillo; “Letras de Molde”, “La Pluma”, “La Pampa”, “El Candil” “Eco Libre” y “El Coloso”, hechuras del farmaceuta y poeta Alberto Aranguren Hidalgo. “El Turista”, “Don Quijote”, “Juan Sabroso” y “Scientia Et Labor”, periódicos fundados y editados por el poeta y farmaceuta Eladio Díaz Vargas y por el Dr. Miguel Lorenzo Ron Pedrique. “La Idea” y “Santos Luzardo”, creaciones del progresista empresario Luis Adolfo Melo; e “Ícaro”, fruto del tesonero maestro Rafael Pellicer Viana.
En la década de los sesenta, salieron a la luz pública en Valle de la Pascua, los importantes quincenarios “El Guariqueño”, editado y dirigido por el experimentado periodista, don Misael Flores, el cual reapareció en una segunda etapa. “La Hoja”, redactada por Dibén Gómez Laya; “Palestra Popular”, dirigido por don Pedro Díaz y Juan de J. Montenegro, que contaba con la colaboración del recordado periodista chaguaramero, Arturo Celestino Nadales; y “Región”, vocero dirigido por don Lorenzo Rubín Zamora, con el apoyo del profesor José Sánchez Torrealba --jefe de redacción-, César Díaz Zamora, Witremundo Pérez Salomón, y doña Mercedes Méndez Rubín de Zamora –autora de las notas sociales---. El quincenario Región cumplió una misión periodística, social y cultural importante y fecunda, y contó con la colaboración de destacados escritores de su época, entre ellos: monseñor Rafael Chacín Soto, Rafael López Castro, el Pbro. Francisco Hurtado, el poeta Ernesto Luis Rodríguez, el historiador José Antonio De Armas Chitty, Adolfo Salvi, y el Prof. Pedro Díaz Seijas.

También de la década de los sesenta, es el quincenario “Expresión” editado y dirigido por don Misael Flores. En él dieron apoyo como redactores, el periodista Pedro Antonio Gómez y el Prof. José Sánchez Torrealba.

En 1998 circuló el periódico “El Vallepascuense”, dirigido y editado por Enrique Bolívar, y como colaboradores: Prof. José Sánchez Torrealba, Dr. Luis Fernando Melo, Dr. José Antonio Ron Troconis, Dr. Carlos Eduardo Clavo, Liliana Prado de Bolívar, entre otros.

En 1992, el tesonero periodista Misael Flores vuelve con “El Reportero”, que reaparece en 2008 como periódico mensual de historia regional y local, editado por el periodista Misael Flores y Misael Esteban Flores, con el apoyo de Amalia Hitcher, Elpidio Barrades, Felipe Hernández, Jesús “Chucho” López, Jesús “Chucho Villarroel, Manuel Soto Arbeláez, Ligia López, Franklin Santaella Isaac, Lito Silveira, entre otros.

Es importante señalar, que en los interines, cuando en Valle de la Pascua no ha existido un órgano de prensa local, destacados columnistas y articulistas publicaron sus producciones en los periódicos regionales editados en San Juan de los Morros: “El Nacionalista”, “La Prensa del Llano” y “La Antena”.

En la actualidad, Valle de la Pascua cuenta con el diario JORNADA, el cual salió a la luz el 15 de diciembre de 2000, editado por José María Arias, vicepresidente: José Descarrega Nin, y como director Manuel Arias. Desde su fundación, los directores principales de Jornada, han sido: Rosa Ninoska Jansen, Rodolfo Oropeza, Andrés M. Rodríguez, Frank Reyes Solís, Kerys Granados, y en la actualidad, la diligente licenciada Betania Armenante. El staff de comunicadores lo han integrado, Freddy Arveláez (deportes), Joseíto Guerra, Frank Reyes, Franklin Rodríguez, Kerys Granados, Luis Salas, Ángel David Gómez (Taquitos de hoy), Carlos Sotillo, el equipo de Prensa de la Alcaldía de Infante, y otros; además de los colaboradores: Felipe Hernández G., Manuel Soto Arbeláez, Luis Pérez Guevara, Manuel Camero, etc.

El próximo 15 de diciembre Jornada cumple sus primeros catorce años de circulación continua, circunstancia digna de elogio, que induce a pensar muy positivamente del quehacer periodístico en Valle de la Pascua, puesto que desde el diario Jornada se irradian destellos de luz sobre todo el Guárico, y ello, amén de informar la cotidianidad y promover la cultura, significa avance para todos.

*Cronista del Municipio Leonardo Infante 
felipehernandez457@yahoo.com
Compártalo:

sábado, octubre 11, 2014

Confrontación entre los frailes Rotella y Ubrique en Cabruta, año 1740

En 1722, una real cédula de 8 de junio, aprobó la propuesta de los capuchinos andaluces de fundar varios pueblos y villas a orillas del Orinoco, uno de los cuales estaría en Cabruta, pero fue el jesuita Bernardo Rotella quien estuvo en el sitio entre 1733 y 1734; de esta fecha databan las partidas de bautismo más antiguas que en 1765 vería el obispo Mariano Martí.



Por Felipe Hernández G


En diciembre de 1720, el gobernador de la provincia de Venezuela, Marcos de Castro, organizó una fracasada expedición en busca de El Dorado, en la que viajaban unos misioneros capuchinos; de ellos, los frailes Bartolomé de San Miguel y Salvador de Cádiz, al llegar a Cabruta acordaron, con grupos indígenas guaiqueríes y mapoyas, salir de allí para poblarse en la mesa de Calabozo. En 1722, una real cédula de 8 de junio, aprobó la propuesta de los capuchinos andaluces de fundar varios pueblos y villas a orillas del Orinoco, uno de los cuales estaría en Cabruta, pero fue el jesuita Bernardo Rotella quien estuvo en el sitio entre 1733 y 1734; de esta fecha databan las partidas de bautismo más antiguas que en 1765 vería el obispo Mariano Martí.
En 1738 objetaron la intromisión jesuita en su jurisdicción y para 1740 la fundación de San Ignacio y Nuestra Señora del Socorro de Cabruta por Rotella, los hace acudir a la corte. El proyecto jesuita era crear una misión mixta de indios y españoles, iniciando un foco de atracción poblacional hacia el Orinoco; Cabruta sería el centro de comunicaciones de esa parte del país, entre Guayana y Caracas y entre el Atlántico y el alto Orinoco. Sus primeros habitantes fueron indios guamos huidos de las misiones capuchinas, cabres del Orinoco y algunos españoles, mulatos y mestizos. Era un lugar estratégico, sitio de obligada parada fluvial y terrestre. La situación se hizo más complicada cuando el gobernador de Nueva Andalucía (Cumaná) autorizó a Miguel Ángel de Córdoba, quien acompañaba a Rotella, a fundar una villa de españoles con el nombre de Nuestra Señora de la Concepción y los capuchinos consiguieron que ese proyecto fuera anulado mediante real cédula del 5 de febrero de 1741 y el 14 del mismo mes, el Consejo de Indias dictaminó que la ribera N del Orinoco estaba dentro de la jurisdicción de los capuchinos, declarando al mismo tiempo como infractores a los jesuitas. Sin embargo, esta congregación no abandonó Cabruta, sino que la convirtió en centro de acción misional, indispensable para controlar las incursiones caribes hacia el alto Orinoco y permitiéndoles a los misioneros la penetración de Guayana.
El día 6 de marzo del año 1740, el misionero jesuita Bernardo Rotella se consiguió con una inesperada compañía, luego de terminar de oficiar la misa dominical en el pueblo de misión de Cabruta, asentamiento que había fundado a comienzos de ese año en las riberas del río Orinoco. El religioso relató lo siguiente: “al acabar de decir misa, me vi en gran consternación, fue el caso que al salir la gente […] reparó que este pueblo se hallaba cercado de un crecido número de hombres, todos armados, unos de fusil, otros de flecha” (A.G.I., 56-6-20).
El grupo que invadía así Cabruta venía comandado por un religioso capuchino procedente de Calabozo, fray Vicente de Ubrique. Seguidamente, los misioneros acordaron una reunión. Rotella refirió así su encuentro con el capuchino: “Saludéle con cuantas demostraciones de cariño supo sugerirme la sinceridad de mi afecto, […] respondióme que venía en seguimiento de indios cimarrones y que su ánimo era cogerlos donde quiera que los hallase”. Ante esta pretensión, el jesuita contestó defendiendo su fundación, porque con antelación al hecho se había logrado un “compromiso” entre el obispo de Caracas, José Félix Valverde; el gobernador de Venezuela, Martín de Lardizábal, y los superiores de ambas órdenes religiosas, José Gumilla por los jesuitas y fray Salvador de Cádiz por los capuchinos andaluces. Según este acuerdo, se respetaría el trabajo misional de cada orden y no se solicitarían indios fugados. “A esta réplica no hubo más respuesta que diciendo no sabía de tal compromiso, pero, sin embargo, me entregó mis indios [guamos]”.
Cabruta dependía del obispado de Puerto Rico, a pesar de estar situada en terrenos de la provincia de Caracas. En 1758 José Solano propuso, sin éxito, que dada la importancia estratégica de Cabruta, se creara una gobernación especial para esa región con capital en esa ciudad. El 29 de diciembre de 1765 fue visitada por primera vez por el obispo Mariano Martí. En una relación anónima de San Sebastián, antes de 1767, se dice que tenía 120 familias de indios aproximadamente y 20 o 25 hombres de armas para defenderse de los caribes. En 1767 tuvo lugar la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles y Cabruta fue entregada interinamente por el obispo de Caracas a los capuchinos, quedando al frente de ella fray Damián de Jerez, hasta su muerte en 1772 cuando lo sucedió fray Alfonso de Marchena; en 1774 fue entregado al ordinal. Entre estos años fue sede de la misión capuchina. Para la posteridad, en jurisdicción de la actual parroquia Cabruta existe el sitio llamado Capuchinos.

felipehernandez457@yahoo.com

Compártalo: