lunes, abril 30, 2018

Tres topónimos de origen africano en el estado apure

Uno de los tantos aportes que dejaron las etnias africanas se encuentra en la toponimia apureña. En este artículo se hace un pequeño estudio de tres nombres de origen africano en esa entidad llanera.

Por Arturo Álvarez D´ Armas
La esclavitud en Venezuela se inicia a partir del siglo XVI cuando traen a la isla de Cubagua los primeros negros. Su desarrollo y consolidación se establece a finales del siglo XVIII, con el cultivo del cacao en la región norte costera. Este fruto de exportación fue la base de la riqueza de los criollos, llamados “los grandes cacaos”.

El africano resultó insustituible como mano de obra, por su alto rendimiento en el trabajo de las plantaciones de caña de azúcar, tabaco, algodón, así como su desempeño en las minas. Una porción muy pequeña gozó el privilegio de trabajar en el servicio doméstico. Otros eran encargados de hatos. Uno de ellos fue Manuelote esclavo y capataz de La Calzada de don Manuel Pulido en la Provincia de Barinas (1807). Un alto número eran cimarrones, vivían de robar ganado, el trueque, el contrabando y cultivar pequeñas parcelas (conucos o vegas) a orilla de los ríos llaneros.

Uno de los tantos aportes que dejaron las etnias africanas se encuentra en la toponimia apureña. En este artículo se hace un pequeño estudio de tres nombres de origen africano en esa entidad llanera.
CARABALÍ: Gracias a la presencia de mano de obra esclava en la economía ganadera de los llanos, y a pesar de su reducido porcentaje hoy día podemos encontrar algunos africanismos en la región apureña. Este es el caso del topónimo Carabalí.

Como voz geográfica lo ubicamos en los estados Apure, Carabobo, Lara y antiguamente en Aragua. Se conoce como carabalí a un toque musical interpretado durante el ritual de los Diablos Danzantes de Chuao, básicamente instrumentado por el “cajero”. Igualmente al samán Pithecolobium saman (Jacq.) Benth, se le llama carabalí, ¿sería por su parecido con el mítico baobab africano? En Colombia y Venezuela existe el apellido Carabalí o Caravalí.
En la llanura apureña tenemos los nombres geográficos de Hato Carabalí, ubicado en la Parroquia El Yagual, Municipio Achaguas y el caserío Carabalí perteneciente a la Parroquia Elorza del Municipio Rómulo Gallegos del estado Apure.

Bajo el nombre genérico de Carabalí fueron traídos contra su voluntad, a Brasil, Colombia, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela, los esclavos embarcados en las factorías localizadas en la costa occidental de África, en la zona comprendida entre el río Níger y la desembocadura del río del Rey aproximadamente, hoy territorio de la República Federal de Nigeria. Realmente los carabalí no eran una etnia, ellos provenían de tipos tribales diferentes como: Ibo, Oru, Isú, Breche, Brass, Ibibio, Efik, Kwa y Biafara entre otras. En Cuba dada la importancia demográfica de los carabalí en Matanzas y La Habana fueron los iniciadores de la Sociedad Secreta Abakuá. Ellos se hicieron mayoritarios en los muelles como jornaleros y capataces. Allí convergieron distintos grupos carabalíes. En 1836 fundan los carabalí apapá una tradición con más de un siglo de vigencia. Sus templos para el culto se encuentra en La Habana, Regla, Marianao, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Cárdenas y la ciudad de Matanzas. En el idioma Ibibio, Kalabari es persona de Calabar.
CASIMBAS, LAS: Centro poblado ubicado en la Parroquia Cunaviche del Municipio Pedro Camejo. Salazar Quijada (1983) dice:”Con este nombre se conoce a una troja o casucha para guardar cereales”. También puede ser un pozo, vasija o barril para almacenar agua de llovizna o de manantial. Acosta Saignes en su trabajo sobre Gentilicios africanos nos informa que en las Minas de Cocorote se encontraba un negro con el gentilicio Casimba. El señor José Manuel Puerta habitante de Cunaviche indica que Las casimbas se encuentra ubicado entre el caserío El Oso, el caño río Clarote y el hato El Milagro. Actualmente la mayor parte de sus habitantes son de la etnia yaruro.
Casimba es una voz que proviene del Kimbundu uno de los principales idiomas de la República de Angola. Se escribe Kixima. En el sur de Angola esta un topónimo denominado Casimba. Ortiz (1985): cree que es un una palabra que viene del árabe. El profesor angolano Carlos Figueiredo (2014): “É uma palavra específica para designar estes poços nativos, pois as outras também existem, para designar realidades diferentes: poço, tanque, cisterna... Estas palavras são para designar os poços, tanques e cisternas contruídos pelos europeus. Cacimba é só para os poços nativos, que são muito diferentes dos poços europeus”. Libolo es una región del interior de la República Popular de Angola, cerca del río Kwanza en su frontera norte. Se encuentra en la Provincia de Kwanza-Sul. Figueiredo (2016) dice: En la parte norte se encuentra habitado por pueblos Ambundo, hablantes de la lengua Kimbundu. En el sur es habitado por la etnia Ovimbundu, quienes hablan Umbundu. En Libolo se habla una variedad de Kimbundu con características muy propias que se llama Kimbundu Libolo o Kimbundu Bolo. Los investigadores Fuentes Guerra y Schwegler opinan que viene del kikongo (Ká: “lugar, sitio” y nzímba: “hueco, cavidad”).

ÑAME: Con el nombre de ñame encontramos dos topónimos en el estado Apure, uno es el “Fundo los ñames”, centro poblado situado en la parroquia Bruzual, del Municipio José Cornelio Muñoz y el sitio “los ñames” perteneciente a la parroquia San Miguel de Cunaviche, Municipio Pedro Camejo.
El ñame pertenece a la familia de las Dioscoreáceas y género Dioscorea. Son plantas herbáceas, de tallos trepadores, volubles, que necesitan donde apoyarse. Hojas acorazonadas. Se cultivan por sus rizomas harinosos, de muchas proteínas y minerales. En Venezuela y en gran parte de América tenemos tres tipos de ñames: ñame común (Dioscorea alata L.) originario de la India y Malaya; el ñame congo (Dioscorea bulbifera L.) originario de África y el ñame de guinea (Dioscorea cayennensis Lam.) también africano.

Aproximadamente, entre los años 6000 y 5000 a.C., en la cuenca del río Níger eran cultivados el ñame, junto al arroz africano (Oriza glaberrima), mijo, sorgo y la palma de aceite, los cuales se difundieron hacia el norte y el noreste, en dirección al valle del Nilo.

La dispersión histórica del ñame se debe a los viajes de los portugueses en el comercio de esclavos. En los buques donde transportaban a los africanos les daban de comer “dos veces al día”: ñames cocidos, arroz africano, medio litro de agua o patilla (llamada melón de agua) y de vez en cuando un poco de “carne”. La voz inhame ya existía en el vocabulario portugués del siglo XV, y Colón, quien había estado en Guinea, llama mames o names a una variedad de batatas americanas. Gonzalo Fernández de Oviedo dice en 1535 los nombres mames, names o nnames, pero ya aplicados al verdadero ñame, diciendo que es “fruta extranjera que vino /a Indias/ con esta mala casta de los negros”.

El profesor Megenney (1983) en una importante investigación dice que el término ñame aparece en una serie de lenguas africanas que son las siguientes: Wolof (nyambi), Mende (yambi), Dyolof (ñambi), Grebo (nyambi) y Fulani (ñama).
En Venezuela toda sopa lleva ñame y en los pueblos todavía se elaboran torticas de ñame y los famosos buñuelos de ñame.

Fuentes consultadas:
Acosta Saignes, Miguel. Gentilicios africanos en Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Antropología e Historia y de Filología “Andrés Bello”, s.a. 24 p.
Acosta Saignes, Miguel. "La cerámica de la luna". En: Archivos Venezolanos de Folklore. Caracas: Tomo II, N° 3, 1953-1954. pp. 7-22.
ÁLVAREZ D´ARMAS, Arturo. Apuntes sobre el estudio de la toponimia africana en Venezuela. San Juan de los Morros: Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos, Oficina de Comunicación y Extensión Cultural, 1981. 18 p. (Serie Acervo II).
ÁLVAREZ D´ARMAS, Arturo. Deportistas venezolanos con apellidos africanos. Inédito.
Álvarez Nazario, Manuel. El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico. Contribución al estudio del negro en América. San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974. 489 p.
ESCALANTE, Aquiles. “Afrocolombianismos”. En: Magazing Dominical. Bogota: 2 de enero de 1977. Pp. 5-6. (El Espectador).
FIGUEIREDO, Carlos. “Comunicación personal”. Macao, China: 15 de septiembre de 2014.
FIGUEIREDO, Carlos. “Comunicación personal”. Macao, China: 19 de septiembre de 2016.
Fuentes Guerra, Jesús y Schawegler, Armin. Lengua y ritos del Palo Monte Mayombe. Dioses cubanos y sus fuentes africanas. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2005. 258 p.
GARCIA, Gloria. “Esclavos africanos en La Habana del siglo XVI”. En: Resumen Semanal Granma. La Habana: 25 de julio de 1982. p. 2.
Historia de Angola. Luanda: Ministerio de Educacao, 1976. 118 p.
LARES BOLIVAR, Elisur Emilio. Geografía descriptiva apureña. San Fernando de Apure: Octubre del 2004. 57 p.
Larrazábal Blanco, Carlos. Los negros y la esclavitud en Santo Domingo. Santo Domingo: Julio D. Postigo e hijos Editores, 1975. 200 p. (Colección Pensamiento Dominicano, 35).
Lopes Cardoso, Carlos. Do uso da “Cegonga” no Distrito de Mocamedes. Luanda: Instituto de Investigacao Científica de Angola, 1963. 17 p.
Megenney, William W. Sub-Saharan Influences in the Lexicon of Puerto Rico. Separata de Orbis. Louvain: Tome XXX, N° 1-2, 1981 /1983/. pp. 214-260.
Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, Dirección de Cartas, Sección de Nombres Geográficos. Gacetilla de nombres geográficos. Caracas: Publicaciones de la Dirección de Cartografía Nacional, 1978. 339 p. (Edición provisional, 5).
Ortiz, Fernando. Nuevo catauro de cubanismos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985. 526 p.
Puerta, José Manuel. Información oral. Puerto Miranda, urbanización San Fernando 2000, estado Guárico: 29 de marzo de 2008.
Salazar Quijada, Adolfo. La toponimia venezolana en las fuentes cartográficas del Archivo General de Indias. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1983. 723 p. (Estudios, Monografías y Ensayos, 40).
SCHNNEE, Ludwig. Plantas comunes de Venezuela. Tercera edición. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1984. 822 p.
Vélez Boza, Fermín y Valery de Vélez, Graciela. Plantas alimenticias de Venezuela. Autóctonas e introducidas. Caracas: Fundación Bigott / Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, 1990. 277 p.

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jueves, abril 26, 2018

El adiós del hispanoamericanista que escribió la mejor biografía de Simón Bolívar



Se fue John Lynch. Murió a los 91 años, en Londres. Dejó una obra monumental. Entre otras, la mejor biografía sobre Simón Bolívar. Allí señala: “Estudiar a Bolívar es estudiar a un personaje extraño y muy particular, cuyo pensamiento y voluntad fueron factores no menos clave en el cambio histórico que las fuerzas sociales de la época.”

Por Rafael Arráiz Lucca

@rafaelarraiz




A sus 91 años murió el 4 de abril en Londres el gran hispanoamericanista John Lynch (1927-2018). Es un hecho que la historia de Hispanoamérica ha hipnotizado a muchos británicos a lo largo ya de varias generaciones. De la lista forman parte los historiadores Raymond Carr (1919-2015), John Elliott (1930), Martin Blinkhorm (1941), Peter Linehan (1943), Angus McKay (1939-2016) y el caso híbrido de Felipe Fernández Armesto (1950), a quien puede considerarse un historiador británico, hijo de español e inglesa, e hispanoamericanista de primera línea.


Graduado en la universidad de Edimburgo y doctorado en la de Londres, Lynch además dirigió el Instituto de Estudios Latinoamericanos de esta casa de estudios, durante varios años. Su obra es monumental e imprescindible. Sus investigaciones están muy bien documentadas, pero no agobian a los lectores con un arsenal de citas al pie de página, que hacen de la lectura un coitus interruptus. Sus libros están escritos para ser leídos, nada tiene que demostrarle Lynch a sus pares historiadores en jerga intransitable. No olvida Lynch que las grandes historias son también narraciones que buscan seducir al lector.

Su estudio España bajos los Austrias. Imperio y absolutismo, 1516-1598 (1970) es formidable para comprender el siglo XVI español y americano, ya que será durante esta centuria cuando ocurra la conquista y colonización del Nuevo Mundo, y el papel de Carlos V será de la mayor importancia. A este personaje central lo estudia Lynch en su obra Carlos V y su tiempo (2000), un trabajo que se complementa a la perfección con el anterior. El siglo XVII lo ausculta nuestro autor en un libro que en inglés se tituló Bourbon Spain 1700-1808 y que en español se cometió el error de simplificarlo en El siglo XVIII(1991). Este estudio arroja luces sobe la dinastía borbónica y sus célebres reformas, algunas liberales y otras abiertamente interventoras y autoritarias. La continuación de este estudio es Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826 (1989), una edición ampliada de una anterior (1976). En este libro el capítulo dedicado a nuestro país se titula “Venezuela, la revolución violenta”. En este trabajo se lee en relación con el discurso de Angostura por parte de Bolívar:

“Su Discurso de Angostura está impregnado de una especie de absolutismo ilustrado, ilustrado por cuanto incita especialmente a la abolición de la esclavitud y a la distribución de las tierras entre las tropas, absolutista en su pensamiento constitucional.”

Será en 2006 cuando Lynch, a sus 79 años, publique su extraordinaria biografía del Libertador.

He escrito antes sobre ella, reitero lo dicho: es la mejor que he leído. Se titula, escuetamente, Simón Bolívar, y hallaremos en ella la lucidez de Lynch, sus gracias e ironías, así como su endiablada precisión. Afirma en el segundo párrafo del estudio, que ya anuncia la joya que vendrá: “Bolívar fue un hombre excepcionalmente complejo, libertador que desdeñaba el liberalismo, un soldado que menospreciaba el militarismo, un republicano que admiraba la monarquía.” Luego, acude a la tesis ecuánime de valorar tanto la impronta personal como la social, y señala: “Estudiar a Bolívar es estudiar a un personaje extraño y muy particular, cuyo pensamiento y voluntad fueron factores no menos clave en el cambio histórico que las fuerzas sociales de la época.”

Tres años después, nos sorprendió con su biografía San Martín. Soldado argentino, héroe americano (2009). Sobre la comparación entre Bolívar y San Martín, Lynch afirma: “Las comparaciones son odiosas pero inevitables. Escribir una vida de Bolívar no es difícil. De hecho, si se le da la oportunidad, él la escribirá por usted. El historiador tiene que defenderse de Bolívar y proteger su propia versión de la independencia contra el torrente de palabras con el que el libertador busca explicarse y convencer. San Martín es diferente. No poseía el estilo y la desenvoltura del general venezolano, su sentido de la decencia le hacía reticente a hablar de su vida privada y mantuvo una reserva natural acerca de su papel en las guerras independentistas. San Martín constituye un desafío para el historiador, que tiene que descubrir el hombre detrás del silencio.” Como vemos, un hombre discreto, inevitablemente comparado con otro, de signo expansivo y contrario. Buena parte de la biografía de San Martín está escrita en diálogo y en clave con la anterior de Bolívar. Uno explica al otro. Deben leerse las dos. Una fiesta.

Y cuando creíamos que el viejo Lynch no daba para más, publicó una obra única y formidable Dios en el Nuevo Mundo. Una historia religiosa de América Latina (2012). Quienes amamos y estudiamos la historia hispanoamericana no tenemos sino gratitud hacia Lynch y su trabajo. Al examinar su vida uno tiene la impresión de estar frente a un hombre que cumplió sus objetivos e, incluso, fue más allá de sus propósitos iniciales. Una larga y fértil vida y el aplauso prolongado de sus lectores. Gracias.
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sábado, abril 21, 2018

En el Rincón de los Toros rondaban también los manes de Bolívar




Danzó en la casa suritera, de la calle real, antes que la fatalidad se empecinara en la fragilidad de unos compañeros: “Se apeó de la hamaca y salió ¡Cosas de Dios¡ El fraile estaba en la hamaca”

Por Adolfo Rodríguez


En el verano de 1982, de visita a San José de Tiznados, por fastos que se dicen del lugar, se presenta esta curiosa humanidad chapada a la medida de los acontecimientos que investigo. Una estampa de inmaculado infolio, ennoblecido por una blancura que refuerza esa baquía hacia tesoros sepultados por allí. La mirada exacta bajo el resplandor llanero, acorde a una calma de quien se siente cómodo entre heredades. La palabra infalible desmoheciendo sucesos arrumbados por la inclemente pátina del olvido. El apellido como hierro quemador emparentado con la esposa de Simón Bolívar. Como silueta el pergamino de su prestancia recortado en el cielo de abril. El semblante nonagenario. Juan Rodríguez del Toro se proclama nativo del lugar, nieto de Ramón del Toro, sin nada que ver con el oscuro rincón que signa para siempre el recorrido atrabiliario de quien había sido Don Quijote y Sancho Panza a la vez. Y deja sus marcas entre el rescoldo de juajua y barro. Danzó en la casa suritera, de la calle real, antes que la fatalidad se empecinara en la fragilidad de unos compañeros: “Se apeó de la hamaca y salió ¡Cosas de Dios¡ El fraile estaba en la hamaca” Y una cohorte de sombras lo rondan: La Negra Matea era del Totumo, Corozal es el asentamiento de Laguna de Piedra (Corozal y Chaparral y más abajo el Limòn ). Un guasimal entonces: La Mata de Guásima. “Negros compraos que los trajeron los españoles. Los indios desocuparon, cazaban y colmeneaban, las flechas las tiraban hacia arriba, usaban taparas de agua, machete y flechas, vestían guayucos. Bailaban con una guafa grande como un bambú, lo rajaban, le metían dos palos atravesados, le ponían cuerdas de la misma guafa (o tripa de cochino) y en una vejiga la soplaban y metían granos de maíz y la golpeaban con las cuerdas: vamos a bailar una zamba. Caja grande forrada con cuero que le daban con dos palitos”.

Que El Rincón de los Toros fue “una torazón”. Y los toros salían “por bandás…Eso eran selvas, Esas máquinas han arruinao las tierras. Hasta el río. La deforestación tiene este pueblo arruinao”.

Pero son otros los linajudos que se aposentan en tales predios. No los Rodríguez del Toro, a pesar de sus marquesados y distinciones. Cuando los hateros confirman sus auciones, al despuntar el siglo XVIII, quienes resuenan son los Palacios y Blanco, antepasados de Bolívar. Restallan sus látigos para asegurar sus reses: el maestre de Campo Mateo Blanco Infante amenazando arrasar enramadas que los indios alzan en las misiones capuchinas de 1723. Mientras el ayuntamiento caraqueño se opone al pueblo de españoles de 1724, siendo alcalde Gobernador Don Francisco Carlos de Herrera, bisabuelo de Bolívar; regidor José Gabriel Blanco Infante, primo de Doña Concepción y regidor también el Capitán Feliciano Sojo Palacios, padre de Feliciano Sojo el que en 1758 desposa con María Francisca Blanco, cuyos padres son el maestre amenazador e Isabel Clara hija del mencionado Francisco Carlos.

El historiador Castillo Lara (1975) informa además, que el regidor Manuel Francisco Gedler y Rivilla era tío del otro regidor Don Feliciano de Palacio Sojo y Gedler y éste cuñado del Procurador General Don Fernando Antonio de Lovera Otañez y Bolívar, parientes de Doña Concepción Palacios y Blanco.

Las tierras que rodeaban al sitio donde actualmente está Calabozo, explica Adelina Rodríguez (l989), en 1724 se distribuyen "en un mismo grupo familiar, pues todos se cruzaban y entrecruzaban en complicadas vinculaciones genealógicas. Al Sur y al Este el Marqués del Valle de Santiago, Don Francisco Berroterán... Al Oeste el Marqués de Mijares y don Lorenzo de Ponte, al Norte Don Lorenzo Cedeño de Albornoz y más cerca Rui Fernández de Fuenmayor y su madre Isabel María, hermana de Melchorana”. Una intrincada red de privilegios y propiedades:

Del matrimonio del primer Marqués de Mijares con Doña Teresa Tovar y Pacheco, hija del primer entronque del Capitán Manuel Felipe Tovar y Mendieta, casado en segundas nupcias con una hermana del Marqués, nacen diez hijos, de los cuales contraen matrimonio: Juana con su primo hermano de doble vinculación, Capitán Juan de Tovar; don Francisco con Melchora, hermana del citado capitán; don Juan con doña Magdalena de Ponte y Martínez de Villegas; María Teresa con su pariente Antonio Pacheco y Tovar, primer Conde de San Javier; Josefa Teresa con el Maestre de Campo don Lorenzo Antonio de Ponte y Martínez de Villegas.

Los hijos del Capitán Manuel Felipe de Tovar y Mendieta con Doña María Mijares de Solórzano, casan: Isabel María con Domingo Baltasar Fernández de Fuenmayor, padre de Rui Fernández; Luisa Catalina, en primeras nupcias con Don Juan de Arrechedera y en segundas con el Marqués del Valle de Santiago, Berroterán.

Asimismo Don Lorenzo Cedeño de Albornoz cc una hermana del Maestre de Campo Lorenzo Antonio de Ponte y Martínez de Villegas (Castillo Lara, 1975).

En 17O4 el Segundo Marqués de Mijares casa con doña María de Ascanio, hija del Capitán don Juan Antonio Ascanio y Guerra y de doña Melchorana, la dueña de Paya Abajo. Padres de Melchora Ana y Fernando. Este casado con Isabel de Oviedo, hija de José Oviedo y de doña Francisca Manuela Tovar; y Melchora Ana con Don Andrés Miguel Rodríguez de la Madriz y Liendo, hijo éste de don Francisco y de Juana Liendo. Fernando Ascanio y Hurtado fue el Cuarto Conde de la Granja, hijo de Juan Ignacio de Ascanio y Oviedo y de María Josefa Hurtado de Monasterios (Iturriza Guillén, l974; Diccionario de Historia de Venezuela, l989). Las matrículas de 1752 registran en el sitio de San Juan de Paya (Paya Abajo), las casas y hato de don Miguel Ascanio y la casa de Carlos Ascanio (Arch. Arz. de Caracas, Matrículas de la Parroquia de Parapara).

El 30 de junio de 1713, el Maestre de Campo Don Ruy Fernández de Fuenmayor, en su nombre y el de su madre Doña Isabel María de Tovar, solicita en composición un sitio para casa y corrales en el sitio El Limón, riberas del río Tiznados; donde ella tiene fundado hato de ganado mayor. En tanto que su hermana Merchorana de Tovar y Blanco esposa del Segundo Conde de San Xavier Juan Jacinto Pacheco y Mijares, era dueña en el sitio de Paya.

María de la Luz Pacheco, hija de los mencionados, es quien en 1774 toma bajo su protección al niño Juan Germán Roscio, nacido en 1763 en San Francisco de Tiznados.

En 1757 don Juan Vicente Bolívar y Ponte compra a Ruy Fernández el hato El Limón, y a don Joseph de Ponte, el hato adyacente denominado El Totumo, donde hasta 1728 había capillas, según de Mariano Martí.

Comprenden “diez leguas cuadradas excelentes para la cría de caballos”, con El Rincón de los Toros incluído, en el cual don Esteban Palacios, hermano de doña Concepción, tuvo “una novillada”, que al decir del mayordomo Camero, en 1792, podía ser vendida “con mucho crédito”.

Un censo ganadero de 1791 localiza en El Totumo la mayor cantidad de reses en la región, elevando a tres mil “las reses en toda suerte de ganado” que allí hay.

Cifra Juan Germán Roscio cinco años, y probablemente reside aún en San Francisco, cuando en 1768 Don Juan Vicente Bolívar se queja de los “rochelas” de indios y negros que viven en El Totumo. Y tendrá cinco años de residencia en Caracas, cuando el teniente de justicia de Calabozo echa cajas para combatir “los cimarrones existentes en las montañas de Tiznados” donde quizá tuvo parte activa el Capitán Juan Vicente, por cuanto el año previo al nacimiento de su hijo Simón, aquél ya Coronel de Milicia, lo instruye el gobernador para que remita “ocho soldados con su cabo y sargento” en previsión de los presuntos “negros”.

En San José, parroquia desde 1780, nace Matea, futura aya de Bolívar.

Duerme allí Monseñor Mariano Martí el 26 de abril de ese año, procedente de Guardatinajas, a nueve leguas de distancia, y observa que son “buenas sus vegas y bueno el camino, de sabanas”. Lo atiende quizá Félix, el hábil mayordomo de color moreno, que en la testamentaria de Don Juan Vicente o de doña Concepción, queda en poder de Juanita (Juana Bolívar). Era esclavo con cierta formación como se desprenda de informes que dirige a don Feliciano Palacios, quien con doña Concepción, y luego solo, después de la muerte de ésta en julio de 1792, fue curador de los bienes de los Bolívar.

Apunta Martí (1969) que hay capilla en el sitio del Limón, hato de Juan Vicente Bolívar, y otra en el sitio del Totumo, hato de Joseph de Ponte y ahora del mismo Juan Vicente y otra en Chirgua, hato de don Pedro Tobar y ahora de N. Ribas (en este parroquial territorio de Tiznados (t. II, 175).

Ignoro si Félix visita Caracas, pero de Tiznados llegan mensajeros como el alcabalero de San José, que en mayo de 1795 cobra a don Feliciano la alcabala de 87 mulas que dice son las que ajustó” con Esteban Palacios, a razón de 25 pesos. Así que se le paga 93,5 reales, que con 141 que ya éste le ha dado, suma el total de dicho peaje.

Desde el Totumo y el Limón llega la pesa, que en agosto de ese año representan cien reses, entre las cuales 5 del hierro de Esteban, otras cien en septiembre. Y se sabe de 50 mulas recogidas para el diezmo, herradas junto con 875 reses y 364 becerros. Y que se pagó a los peones con “dos piezas de listado y una de Brim¨. Todo lo cual debió alcanzar al niño Simón, en esos días de la muerte de Concepción y matrimonio de María Antonia con Pablo Clemente Francia, y de Juana con Dionisio Palacios, a quienes se entrega las propiedades, y don Feliciano preserva los intereses de Esteban adjudicando El Limón “a alguno de los niños que entonces podrá quedar al cuidado del mayordomo” que él “pusiera allí” (como escribe a su hijo el 3 de septiembre de ese mismo año).

El 12 de octubre de 1792 visitan Caracas unos arrieros “con una carga de queso” que Félix no informa “a quién pertenece”, y posteriormente la pesa con reses de Esteban Palacios. Este marchó a España e hizo carrera cortesana como diputado por Valencia a las cortes de Cádiz en 1812. Y Bolívar recordará obsequios que le daba ¿Animales, artesanías, la esclava Matea, algún ejemplar de la “mucha bestiada” existente en el hato? Don Esteban era dueño allí de caballos andones recogidos del diezmo y yeguas, que no quiso vender cuando la partición de 1794 ¿Lo llevó al lugar que Bolívar asegura que “conocía ya” como informa a Delacroix?

En enero van al Llano, Pablo, Dionisio, esposos de las hermanas de Bolívar, a realizar el inventario de ambos hatos, con Toribio Malavé, “persona de toda la inteligencia para el caso” y de la “mayor confianza” de don Feliciano. Pero en mayo no han concluido las diligencias en razón a “lo improporcionado del tiempo para juntar los rodeos, y lo dilatado que ha sido este año el verano”. Aunque el abuelo le preocupan las reses de su hijo Esteban, entonces en España. Para lo cual buscó un mayordomo que se encargase de El Limón: un mozo de apellido Camero, “hombre de razón”, probablemente familia de Don Domingo Camero, encargado del hato colindante, propiedad de don Fernando Ascanio.

¿Cómo pasó por la mente del niño Simón todo aquello? ¿Preguntó a sus deudos sobre las remotas pertenencias? ¿Le informaban acerca de cuánto le correspondía? ¿Conversó con los arrieros? ¿Supo que en 1768 su padre Juan Vicente se quejaba de las “rochelas” de indios y negros instaladas en El Totumo? Que en 1779, cuatro años antes de nacer, el Teniente de Justicia de Calabozo echó cajas para combatir “las cimarroneras existentes en las montañas de Tiznados”, con respecto a las cuales debió don Juan Vicente tener parte activa.

La nodriza de Bolívar – Hipólita – y su presunta aya –Matea-, de cuya existencia –de la última-, hablan Rafael Pineda, Rufino Blanco Bombona y José Antonio de Armas Chitty, debieron informarle sobre esos mundos de rebelión, magia y vaquerías, Entre los bienes dejados a Juan Vicente Bolívar y Palacios, según cartilla de 1792, aparece una esclava Matea, sana cuya edad – 28 años- equivalente a la edad que Matea confiesa en una entrevista de 1883.

En su testamento de 1796 el abuelo don Feliciano manifiesta su deseo de que se le dejen a sus nietos Juan Vicente y Simón “las dos criadas y dos criados que han tenido y tienen destinado para su servicio y prolijo cuidado que necesitan por su tierna edad”. Tenía Simón 13 años. Una es Hipólita probablemente. ¿Cuál la otra? ¿De dónde los cuatro? Alguno por lo menos debía de ser del Llano.

El padrón del curato de San Francisco de Asís de Tiznados en 1780 (comprendía también a San José creado ese año), arrojaba 1.132 negros, 344 mulatos, 345 esclavos negros y mulatos, 136 indios y solamente 283 blancos.

¿Cuántos de estos hombres acompañaron a Bolívar en sus andanzas?

¿Acaso el capitán José Bolívar, para quien Vicente Lecuna era “Llanero de fuerza hercúlea y descendiente de libertos de la familia” de Bolívar, lugarteniente tan fiel y leal, que fue de los muertos la noche del 28 de septiembre de 1828 cuando el atentado septembrino en Bogotá.

Bolívar era popular en San José de Tiznado y refiere Julián Llamozas que en 1813 sus vecinos promovieron una reunión para plegarse a su victoriosa Campaña Admirable, y varios de ellos fueron comisionados para que se presentasen ante el jefe realista de Calabozo haciéndose pasar como soldados “de caballería de la vanguardia libertadora con cucarda y banderolas tricolor” y un pliego en donde a nombre de Bolívar solicitaron la rendición. Y fue lograda.

Hubo en la zona guerrilleros de color moreno a favor de la independencia: como “el negro Mina” mencionado por José Domingo Díaz y derrotado el 5 de mayo de 1818 por la División de Morales precisamente en el sitio de El Limón o Corozal, y Vicentico Hurtado, jefe de bandas que ese 1818 se integra al ejército de Bolívar.

Queda la intriga de si toda esta familiaridad con la región fue lo que motivó al Libertador para trasladar su cuartel general del hato San Pablo hacia el Rincón de los Toros, a 15 kilómetros de San José, en los terrenos que habían sido de su padre. El 28 de marzo del año 18 visita San José en viaje de Guardatinajas a San pablo. Y vuelve el 30 de marzo. Del primero de abril hasta el 11 permanece en Calabozo, de donde viaja a El Rastro. Y el 13 retorna a Tiznados y el día 15 manda a Cedeño se entreviste con Páez en el hato San Felix, quien viene del Pao de Cojedes. Quizá el día en que Cedeño le regala el caballo rucio mosqueado, que se pierde la madrugada del 17 de abril, en que se produce el atentado y halló Victorio, hermano de un peón del Totumo.

El 16 fue su ubicación, con edecanes y Briceño Méndez, en aquella mata que “conocía ya” (como revela a Perú de Lacroix). Y entre dos árboles tiende la hamaca blanca. Come de los tasajos que le ha traído y despide a Ibarra que va a un baile. Durmió dos horas y le notifican que a cosa de dos leguas, merodean unos realistas. Una hora después retornó Ibarra y le ordena trasladar el campamento a otro sitio. Santander se prepara para ello e inquiriendo por Bolívar, se cruza con Mariano Renovales, quien también le preguntó por Bolívar. Y relata éste que conversando con Santander oyó disparos, supuestamente contra la hamaca blanca y, huyendo, anduvo a pie hasta que su mayordomo José le dio una “mala mula” y O´Leary que Julián Infante le entregó el bicho mosqueado, hermoso y gordo, de buen herraje, emplatado y de buena montura, con un rasguño de espuela en el bridón y chispas de sangre, con las iniciales de Rafael López debajo de los estribos. El terrible jefe que había comandado el atentado y perecido en el lugar, barinés de Pedraza, inmediato de Morales, conocido como la primera lanza de las huestes españolas.

Juan José Churión (1916) más bien que a Bolívar esa noche desvelaban presentimientos, reforzados por los alertas de los centinelas y el canto de unos llaneros:

No me atropellen la llegua / los blanquitos españoles: / que ca vez que l ´a tropellan / yo les mato algún padrote.

No vengan agazapaos, / sálganme al claro del monte! / que aunque me cojan dormío / les doy duro en el cogote.

Prometió darles cuatro tiros si no dejaban de cantar. Y a las cuatro de la mañana uando fue al escobero o escobillal donde estaba atada la mula, ocurrió el suceso. Para José Domingo Díaz dispararon y atravesaron a bayenotazos cada hamaca. Una sola estaba ocupada. Bolívar habría salido ante una necesidad corporal.

Añadiendo Churion que con jonjana, Páez le preguntó si no sintió miedo y El Libertador:

-como no general: la oscuridad, el no conocer el terreno ni el número de los enemigos, sin bestia….Confieso que se me enfrió el guarapo.

La caballería de Zaraza habría huído. Y, entre los patriotas, perecieron: el capellán Fray Esteban Prado, el coronel Mateo Salcedo, el comandante Fernando Galindo que había sido defensor de Piar; el comandante Silvestre Palacios, el sargento mayor Mariano Plaza, ayudante de campo de Bolívar; el italiano Manfredo Berzolari, que había sido secretario de Bolívar, José Francisco Portero, Florencio Tovar, etc. 150 prisioneros capturados por el comandante Antonio Pla, asesor de López, que fueron fusilados en Valencia por Morillo.

Fue herido un caballo amarillo de Bolívar.

Se atribuyó también a Rondón, al capitán Santos Valderrama del Alto Llano, al comandante Juan Antonio Romero Bello de Lezama y a Cipriano Celis, haber entregado a Bolívar el caballo de López. Casi todos hombres del General Zaraza.

NOTA: por razones de espacio, se prescinde tanto de las notas al pie de la página, explicativas de aspectos comentados así de como reseñas biográficos de personajes que se mencionan. Asimismo me fue imposible localizar la interesante aclaratoria del coronel Emilio Arévalo Braasch acerca de los patriotas que perecieron en el atentado. Prometo rectificar cualquier dato en beneficio de la indispensable veracidad.

FUENTES CONSULTADAS

BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA (BANH) 52, t XIII, oct dic 1930, p. 505
BANH 144, oct-dic 1953.
BANH 149, enero marzo 1955.
CARRASQUEL, Fernando. Historia colonial de algunos pueblos del Guárico. Caracas: Imprenta Nacional, 1943.
CASTILLO LARA, Lucas Guillermo. Villa de Todos los Santos de Calabozo. Caracas, 1975.
DICCIONARIO DE HISTORIA DE VENEZUELA. Caracas: Fundación Polar, 1997 (1988).
ESCRITOS DEL LIBERTADOR. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela: 1969-1989.
ITURRIZA GUILLEN, Carlos. Algunas familias de Caracas. -Caracas : Talleres Tipográficos Salesianos, 1967.
---------Matrimonios y velaciones de españoles y criollos blancos celebrados en la catedral de Caracas, desde 1615 hasta 1831. Caracas: Publicaciones del Instituto Venezolano de Genealogía, 1974.
MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1969.
O´LEARY, Daniel Florencio. Memorias del General... Caracas: Publicaciones del Ministerio de la Defensa, 1981.
ORTEGA, Miguel Ángel. La esclavitud en el contexto agropecuario colonial. Siglo XVIII. Caracas: Talleres de J&C Productores, s. r.l., 1992.
RODRÍGUEZ, Adolfo. "Las Tierras del Guárico en la Infancia de Bolívar, en Boletín de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1983.
RODRIGUEZ MIRABAL, Adelina. La formación del latifundio ganadero en los llanos de Apure: 1750-1800. Caracas: BANH, 1987.

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Bicentenario del atentado al libertador en el Rincón de los Toro en San José de Tiznados



Un episodio más de los tantos episodios bélicos ocurridos en el suelo de los Llanos del Guárico entre 1811 y 1821 durante el desarrollo de la Guerra Nacional de Independencia, puesto que su geografía fue escenario de importantes acciones bélicas, a las que su aguerrida población se incorporó indistintamente a los bandos en conflicto.


Por FELIPE HERNÁNDEZ G.
Entre la noche del 16 y el 17 de abril de 1818… hace 200 años, intentaron asesinar al Libertador Simón Bolívar, en un sitio conocido con el nombre del Rincón de los Toro, cerca de San José de Tiznados, población que localizada en la parroquia Ortiz en el estado Guárico.

Un episodio más de los tantos episodios bélicos ocurridos en el suelo de los Llanos del Guárico entre 1811 y 1821 durante el desarrollo de la Guerra Nacional de Independencia, puesto que su geografía fue escenario de importantes acciones bélicas, a las que su aguerrida población se incorporó indistintamente a los bandos en conflicto. Puesto que este territorio de la geografía venezolana permaneció durante la guerra, unas veces en poder de los realistas y otras bajo el control de los patriotas.

En 1818, para el mes de febrero el general Bolívar había derrotado a las fuerzas de Pablo Morillo en su campaña de Calabozo. Después de esta victoria, Bolívar ayudado por el general José Antonio Páez persiguieron las tropas del jefe expedicionario, entablándose fieros combates entre los dos ejércitos, capitaneados por ambos jefes supremos. El general José Antonio Páez, en su Autobiografía (1987) T.I: 163), informa que “En Ortiz se enfrentaron el coronel realista Rafael López y Simón Bolívar, acción en la cual murió el valiente patriota Genaro Vásquez, y son rechazados los republicanos, que se dirigieron a San José de Tiznados”.

Se refiere a la batalla de La Cuesta o La Indecisa, el 26 de marzo de 1818, donde el general Simón Bolívar se enfrentó a los realistas Rafael López y Miguel de la Torre.

Luego de esta acción, atendiendo órdenes del general Morillo, el coronel Rafael López se traslada al pueblo de San Juan Bautista de El Pao, pero sintiéndose acechado por Páez, se dirige a la zona de Tiznados con la idea de batir a Bolívar que acampaba en el sitio del Rincón de los Toro. El general Páez en su Autobiografía (Ob. Cit. T.I: 164), se refiere a la sorpresa del Rincón de los Toro en los términos siguientes: “…en la noche del 16 un sargento de los nuestros se pasó al enemigo y reveló el santo y la seña de la división, la fuerza de que constaban y el lugar donde se hallaba el Jefe Supremo. Concibió entonces López la idea de sorprender al Libertador y confió la operación al capitán don Mariano Renovales, haciéndole acompañar por ocho hombres escogidos por su valor…”. El santo y la seña era “papelón con queso”…

Los testimonios del general Páez señalan al coronel Francisco de Paula Santander, como el hombre que guió hasta el sitio donde se encontraba Bolívar a los realistas, quienes se hacían pasar como patriotas, y de inmediato descargaron sus armas contra las hamacas, en una de las cuales dormía el Libertador, que afortunadamente no se encontraba allí en ese momento. Los documentos realistas presentan los sucesos del Rincón de los Toro tal como se exponen a continuación, según documentos del Archivo de la Academia Nacional de la Historia. Sección: Ejército Expedicionario de Costa Firme, vitrina I, N° 55, p. 222; donde se expone:

“El día 14 de abril se puso el Coronel López en marcha desde Las Cañadas para El Pao con dirección a San José de Tiznados [...] al ponerse el sol se cogieron dos espías que mandaba Monagas a Blanca, ordenándole se retirase porque López había entrado a San José donde probablemente le tomaría la retaguardia…”. Antes de llegar a las sabanas del Rincón de los Toro hubo un corto combate en donde pereció el comandante patriota José Francisco Blanca. “…La infantería de López siguió por otra sabana del Rincón de los Toro, siendo su total unos 600 hombres donde acampaba una división enemiga compuesta de 960 hombres. El bulto de 15 bestias que pastaban en la entrada de la sabana llamó la atención de algunos que iban a la cabeza de la columna ya formada en masa, lo que en consecuencia hizo alto, enseguida se practicó el reconocimiento del sitio y se encontraron dos hombres blancos dormidos a los cuales se les despertó con precaución y fueron conducidos a la columna, se supo el número de insurgentes y que se hallaban a muy poca distancia, acostado en hamaca el rebelde Simón Bolívar y algunos otros de su comitiva… la infantería y caballería dormían en la sabana, ajenos todos de semejantes sucesos… el coronel López se introdujo en el campo enemigo con un sargento mayor, don Tomás Renovales [...] en esta circunstancia se aproximaba este jefe a una hamaca colgada de los arbustos y se ve en la precisión de hacer fuego a ella porque procuran de reconocerle los enemigos aturdidos, cuando Simón Bolívar huye despavorido medio desnudo… y su capellán (Pbro. Esteban Prados) es víctima de este lance…”.

La sorpresa realista causó confusión en los patriotas que trataron de reunir sus fuerzas en medio de la oscuridad de la noche para hacer frente a las avanzadas del coronel López y su Regimiento de Cazadores de Navarra. En la acción murieron algunos bizarros jefes, entre ellos, Vicente Palacio y cayeron prisioneros otros que después fueron fusilados por orden de Morillo.

En el combate del Rincón de los Toros, en las filas de las tropas del Rey hubo siete muertes, incluida la del osado coronel Rafael López, uno de los mejores jefes de caballería que llegaron a tener los realistas, natural de Pedraza, provincia de Barinas, perteneciente a una de las familias más conocidas de esa provincia; y 21 heridos.

Por su parte, en el campo patriota hubo 300 muertos, incluyendo a Vicente Palacio; 140 prisioneros, más 50 mujeres de mal vivir; 30.500 cartuchos embalados; 12.000 piedras de chispa, 400 lanzas, 400 fusiles nuevos; 20 machetes, 20 cajones de palos y azadones y varias bestias de carga y caballos.

UNESR / Cronista Oficial del Municipio Infante

fhernandezg457@yahoo.com
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viernes, abril 20, 2018

Profesores y estudiantes de la Unerg realizan Foro Bolívar en San José de Tiznados




En el marco del Bicentenario de la visita del ejercito Libertador por tierras guáriqueñas, los docentes y alumnos del programa de Historia realizaron un Foro “ Bolivar en San José de Tiznados” en la Unidad Educativa Creación San José de Tiznados.

La actividad que con la participación de alumnos y docentes las instituciones escolares de la localidad, se realizó el pasado 12 de abril del presente año.



El acto fue instalado por la directora del plantel magister Carmen Teresa Ramírez , el cronista de la población de Ortiz y el Decano del Área de Humanidades Letras y Artes Licenciado José Aquino; seguidamente se realizó una actividad teatral por alumnos adscritos a la Unidad Escolar.



Luego se realizaron la intervenciones primeramente del historiador invitado Oldman Botello quien se refirió a la fundación de la población visitada ;más tarde siguió el bachiller Álvaro Fuentes que trató sobre el propósito de la Campaña del Centro en 1818, seguidamente el Msc Ubaldo Ruiz expuso sobre la importancia estratégica de la región guariqueña para los fines tanto del ejercito patriota como de los realistas y cerró la doctora Erlinda León Abreu que concluyó la actividad en la que le dio importancia a la historia local como factor fundamental para la comprensión del hechos pasados a través del presente y también el papel del programa de Historia en la investigación y divulgación de todos estos hallazgos en beneficio de los pobladores del Estado y de la Nación

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