Jugadores de Caimanera en el campo de La Araña. Allí figuran, entre otros, Manuel González, Balbino Inojosa y Chucho Ramos. |
En Venezuela, la palabra caimanera se asocia principalmente con un juego de beisbol improvisado, muchas veces sin árbitros, en el que los jugadores se eligen de manera espontánea para disputar un encuentro que, por lo general, se realiza en calles, patios escolares, terrenos baldíos o campos deportivos.
Por Javier González
El vocablo «caimanera» forma parte del léxico coloquial venezolano y su origen no guarda relación alguna con el poblado pesquero homónimo ubicado en las cercanías de Guantánamo, Cuba, ni con el término usado en Chile para referirse a una persona lenta o torpe.
En Venezuela, la palabra caimanera se asocia principalmente con un juego de beisbol improvisado, muchas veces sin árbitros, en el que los jugadores se eligen de manera espontánea para disputar un encuentro que, por lo general, se realiza en calles, patios escolares, terrenos baldíos o campos deportivos. Estas partidas rara vez cuentan con el número reglamentario de peloteros (nueve por equipo) y suelen desarrollarse bajo reglas adaptadas a las condiciones del terreno.
Con el paso del tiempo, el término se extendió a otras disciplinas deportivas e incluso a ámbitos ajenos al deporte. En la actualidad, para muchos venezolanos, caimanera también es sinónimo de improvisación o desorden.
Origen de las caimaneras
Durante las dos primeras décadas del siglo XX, los cronistas deportivos de la prensa caraqueña utilizaban el término «caimán» para describir juegos de beisbol caracterizados por numerosas carreras y errores, así como para referirse a peloteros de bajo rendimiento. En general, la palabra se empleaba para señalar la mala calidad de algo, con un significado cercano al que hoy se le da al término coloquial «chimbo».
En la década de 1920, el beisbol despertaba una gran pasión entre los jóvenes caraqueños. Se jugaban partidos en sectores como Catia, Sarria, San José, El Paraíso, El Valle, Prado de María y el Cementerio, al tiempo que surgían numerosos equipos, muchos de ellos de existencia breve.
El campo La Araña, frente al Pedagógico de Caracas, en El Paraíso, fue uno de los principales terrenos donde se jugaban caimaneras en los años sesenta |
En ese contexto destacó Domingo Betancourt, uno de los jóvenes más entusiastas del beisbol en Catia. Aunque no sobresalía por sus habilidades como jugador —razón por la cual sus compañeros lo apodaron «Caimán», en alusión a su deficiente desempeño—, su amor por el deporte lo llevó a fundar un equipo que, según el periodista Simón Benito Rodríguez (Mr. Fly), debutó el 1.º de enero de 1925 bajo el nombre de «La Caimanera». Entre sus organizadores figuraban también Jesús “Pollo Jabado” Peña y Manuel “Chivo” Capote, quien años más tarde se convertiría en mánager de la primera selección venezolana participante en un Mundial de Beisbol Amateur (1940), además de ser campeón con el Cervecería Caracas en 1942 y dirigir al Magallanes.
El club La Caimanera promovió durante muchos años encuentros de beisbol en los terrenos de El Yunque, en Catia. Por iniciativa de Betancourt, se hizo tradición celebrar allí un juego cada 1.º de enero para dar la bienvenida al año nuevo. Estos encuentros eran amenizados con música y culminaban con un sancocho preparado por el propio Betancourt, quien destacaba notablemente como cocinero.
Con el tiempo, estas partidas ganaron gran popularidad gracias a la participación de destacados peloteros, entre ellos Marianito Bordón “Ángel de los Bosques”; Manuel “Pollo” Malpica; Balbino Inojosa; y los cubanos Lázaro Quesada, Pelayo Chacón y Manuel “Cocaína” García, quienes contribuyeron significativamente al desarrollo del beisbol venezolano. La prensa de la época anunciaba estos encuentros como el “Juego de Caimán” en el campo de El Yunque, en Los Flores de Catia.
El 1.º de enero de 1938, con motivo del décimo aniversario de la primera caimanera, Betancourt invitó a los reconocidos peloteros Alejandro “Patón” Carrasquel y Vidal López. Ese día, El Yunque registró una asistencia sin precedentes.
Para la década de 1940, el término caimanera ya era de uso común en el beisbol venezolano. En esos años, el equipo La Caimanera desempeñó un papel relevante en la preparación de la selección nacional que participaría en la IV Serie Mundial de Beisbol Amateur, celebrada en La Habana en 1941. Reforzado con figuras como Vidal López, Alejandro Carrasquel y Luis Aparicio padre, el equipo sirvió de sparring en los entrenamientos de la selección que posteriormente se coronó campeona.
Desde entonces, han sido innumerables las caimaneras disputadas en Caracas y en otras regiones del país. La más antigua que permanece activa en la capital —y posiblemente en Venezuela— es la Caimanera de los Profesores, que se juega todos los miércoles desde 1960 en el estadio Universitario. En Valencia, por su parte, se celebra desde 1980, cada mes de diciembre, la popular Caimanera de Ruyío.
Más recientemente, Ramón Corro organizó durante varios años en Caracas una caimanera decembrina que reunía a exjugadores profesionales, periodistas deportivos y personalidades del ámbito político, mediático e industrial.
Entre los grandes exponentes de estas partidas se recuerdan nombres como Vidal López, “Chucho” Ramos, “Patón” Carrasquel, César Tovar, Vitico Davalillo, Teodoro Obregón y muchos otros apasionados del beisbol.
En Caracas, además de Catia y el estadio Universitario, fueron célebres las caimaneras de San Agustín, La Rinconada, La Araña, el “Chato” Candela, MOP Zona 10, San Pablo en San Martín, La Guairita y La Planta.
Hoy en día, la palabra caimanera posee una connotación que trasciende lo deportivo. Aunque sigue identificándose principalmente con una Partida de pelota.
Javier González es historiador venezolano, actualmente residenciado en España
