Magallanes de los años 40 (Lavaud). | Esta imagen corresponde al Magallanes de la década de 1940, con el uniforme clásico y el equipo posando en formación. Es una de las pocas fotos ampliamente difundidas del período en que Lavaud dirige la franquicia.
Se recomienda despojarse de todo fanatismo para mayor comprensión
Por Javier González
La historia del beisbol venezolano está llena de mitos, continuidades asumidas y verdades que, con el paso del tiempo, han sido simplificadas por la pasión del fanático. Uno de los casos más emblemáticos es el del Magallanes, nombre que evoca gloria, tradición y rivalidades, pero cuya identidad histórica no es tan lineal como muchos creen. En esencia, el Magallanes actual no es el mismo Magallanes original, aunque comparta su nombre y parte de su simbología.
En 1941, un comerciante caraqueño llamado Carlos Lavaud, ferviente aficionado al beisbol, decidió fundar un equipo que participara en el campeonato de primera división de Caracas. Lavaud, junto con su padre, era propietario de un negocio de venta de artefactos eléctricos ubicado entre las esquinas de San Jacinto y Traposo, en pleno corazón de la capital. Como era costumbre en la época, el equipo estaría patrocinado por la empresa familiar, siguiendo el modelo de otros clubes deportivos surgidos a partir de iniciativas privadas.
Lavaud no era un improvisado en el ámbito beisbolero. Había sido directivo del equipo Vargas a mediados de los años 30 y, desde joven, se había declarado seguidor apasionado del Magallanes, aquel conjunto que alcanzó enorme popularidad entre 1927 y 1933, antes de desaparecer del escenario beisbolístico caraqueño. Ese Magallanes, que marcó a toda una generación de aficionados, ya no existía, pero su recuerdo seguía vivo en la memoria colectiva de la ciudad.
Apelando precisamente a esa nostalgia y al arraigo emocional que el nombre aún despertaba, Lavaud decidió bautizar a su nuevo equipo como Magallanes. No se trataba de una continuidad institucional ni jurídica, sino de una evocación consciente de una marca deportiva que había calado profundamente en la afición. El nombre era, ante todo, una estrategia para conectar con el público y dotar de identidad inmediata a un proyecto que apenas nacía.
Para reforzar esa apuesta, Lavaud contrató a Vidal López, uno de los grandes ídolos del beisbol venezolano de la época, cuya sola presencia garantizaba atención y respeto. Como mánager, trajo desde Cuba a Joseíto Rodríguez, reconocido como uno de los estrategas más brillantes del beisbol caribeño. Rodríguez no solo aportó conocimientos tácticos y disciplina profesional, sino que además fue una figura clave en la carrera de Alejandro "Patón" Carrasquel, a quien ayudó a abrirse camino hacia las Grandes Ligas, un logro extraordinario para el beisbol venezolano de aquellos años.
Conviene recordar, además, que antes del Magallanes de Lavaud existieron otros dos equipos con ese nombre. El primero tuvo una vida efímera entre 1917 y 1918, mientras que el segundo fue el ya mencionado club de 1927 a 1933, auténtico fenómeno popular de su tiempo. Ninguno de ellos tuvo continuidad directa con el equipo fundado en 1941, más allá del nombre y del recuerdo sentimental.
Por ello, afirmar que el Magallanes es una sola y misma institución desde sus orígenes es una simplificación histórica. El Magallanes de 1941 fue una creación nueva, inspirada en el pasado, pero distinta en su estructura, sus protagonistas y su contexto. Entender esta diferencia no resta méritos deportivos ni tradición; al contrario, permite apreciar con mayor claridad cómo se ha construido la identidad beisbolera en Venezuela, entre la memoria, la pasión y la reinterpretación constante del pasado.
Despojarse del fanatismo no significa renunciar al amor por un equipo, sino comprender su historia con mayor rigor. Y en esa historia, queda claro que Magallanes no es, estrictamente, Magallanes.
Pero la historia del Magallanes de Carlos Lavaud ha sido, con el paso del tiempo, erróneamente vinculada al Magallanes actual, generando una continuidad histórica que, estrictamente hablando, no existe. Si bien comparten un nombre que despierta emociones y recuerdos, se trata de entidades distintas, separadas por decisiones administrativas, jurídicas y deportivas que rompieron de manera definitiva esa línea histórica.
El equipo fundado por Lavaud tuvo una actuación destacada en la pelota caraqueña y profesional, logrando consolidarse rápidamente como una de las divisas más competitivas del país. Su momento cumbre llegó en el campeonato 1943-1944, cuando conquistó el título, y desarrolló además una férrea y memorable rivalidad con el equipo Cervecería Caracas, una confrontación que ayudó a cimentar la popularidad del beisbol en la capital.
En 1945, el beisbol venezolano dio un paso trascendental con la separación formal entre la pelota amateur y la profesional, lo que dio origen a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP). Los clubes fundadores de esa nueva era fueron Magallanes, Cervecería Caracas, Vargas y Venezuela, y entre ellos figuró, naturalmente, el Magallanes propiedad de Carlos Lavaud.
Durante su etapa en la LVBP, el Magallanes de Lavaud alcanzó importantes logros deportivos: obtuvo tres campeonatos (1949-1950, 1950-1951 y 1954-1955) y cuatro subcampeonatos (1948-1949, 1951-1952, 1952-1953 y 1953-1954), consolidándose como una de las franquicias más exitosas de la primera década del beisbol profesional venezolano.
Sin embargo, tras la obtención del título en la temporada 1954-1955, Lavaud tomó una decisión que cambiaría el curso de la historia. Agotado por los problemas financieros y los sinsabores propios del negocio, expresó con franqueza su intención de retirarse: "Estoy cansado de los sinsabores de este negocio y de perder dinero, así que no sigo más en esto". A raíz de esta postura, surgió una propuesta desde la propia Liga para rentar la franquicia, con el fin de garantizar su participación en la siguiente campaña.
Fue así como el empresario vasco Damián Goubecka, vinculado principalmente al espectáculo deportivo y al fútbol, alquiló el equipo a Lavaud por 15 mil bolívares mensuales. De esta manera, el club magallanero participó en la temporada 1955-1956 bajo una directiva integrada por Goubecka, Sebastián Artiles y otros nombres ligados al ambiente beisbolero.
Concluido el torneo 1955-56, Goubecka devolvió el equipo a Lavaud, quien ratificó su decisión de no continuar en el beisbol profesional. Ante la reiterada ausencia de Lavaud a las convocatorias de la LVBP, la directiva del organismo, en cumplimiento del artículo 28 de su normativa interna, procedió a revocar la franquicia, aunque Lavaud se reservó legalmente los derechos del nombre Magallanes.
El 8 de agosto de 1956 se concretó la medida, y con ello el equipo de Lavaud dejó de existir como entidad activa dentro de la Liga, perdiendo así cualquier posibilidad de continuidad histórica. Pocos días después, el 31 de agosto, Magallanes fue desafiliado de la Asociación Nacional de Baseball, recibiendo la devolución del depósito de 1.400 dólares exigido para su afiliación.
Ese mismo mes, la LVBP procedió a subastar una nueva franquicia para ocupar el cupo vacante. Los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, de origen latino y publicistas, Johnny Cruz y Joe Novas, adquirieron dicha franquicia y fundaron el Oriente Base Ball Club, equipo que en 1962 pasó a llamarse Orientales, tras ser adquirido por Rafael "Fucho" Tovar y otros socios.
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Entre 1956 y 1964 hubo varios intentos por revivir el nombre Magallanes dentro del beisbol profesional venezolano. Uno de los más significativos ocurrió en 1958, cuando el doctor Manuel Antonio Malpica, catcher emblemático del Magallanes de 1927-1933 y mánager del equipo venezolano campeón mundial amateur de 1941, intentó constituir una Compañía Anónima para reunir los recursos necesarios con miras a fundar un nuevo club. Para ello contaba con la garantía de que Lavaud le cedería los derechos del nombre Magallanes. El proyecto, sin embargo, no prosperó.
Más adelante, en 1962, el propio Malpica le propuso a José Antonio Casanova, quien se preparaba para fundar un nuevo club en sustitución de Pampero, que utilizara el nombre Magallanes. Casanova rechazó la idea y optó por denominar a su equipo La Guaira Base Ball Club.
Finalmente, en enero de 1964, el empresario radiofónico Antonio José Isturíz, entonces propietario mayoritario de Orientales, convenció a Lavaud de cederle los derechos del nombre Magallanes, con el propósito de rebautizar a su franquicia. Fue así como, en la temporada 1964-1965, Orientales saltó al terreno de juego bajo el nombre de Magallanes, denominación que ha perdurado hasta nuestros días.
Como puede apreciarse, el nombre Magallanes pudo haber sido utilizado por cualquiera de los clubes que para entonces integraban la LVBP. De haber existido la voluntad y el acuerdo correspondiente, incluso el Caracas de "El Negro" Prieto y Pablo Morales habría podido llamarse Magallanes, del mismo modo que pudo hacerlo Industriales de Valencia. Bastaba con la cesión de los derechos del nombre por parte de Lavaud.
Lo cierto es que los orígenes del Magallanes actual se remontan a 1956, cuando la franquicia nació bajo el remoquete de Oriente. A pesar de ello, el imaginario popular ha asumido al Magallanes como un mismo equipo a lo largo del tiempo, sin distinguir entre rupturas legales y administrativas. El nombre Magallanes se convirtió en un símbolo del beisbol venezolano, más allá de la precisión histórica.
Esta realidad explica por qué sostengo que el Magallanes actual posee 11 gallardetes, y no 14, como suelen afirmar algunos medios de comunicación y la propia directiva de la divisa carabobeño. La diferencia no es menor: responde a una lectura rigurosa de la historia y a la comprensión de que nombre, tradición y franquicia no siempre son sinónimos.
Finalmente, vale resaltar que, en 1969, Istúriz vendió la franquicia -equipo incluido- a un grupo de empresarios carabobeños, quienes trasladaron la divisa magallanera a la ciudad de Valencia.
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