lunes, junio 04, 2007

Ortiz, entre la lectura del paisaje y el relieve

Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar. Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico.

 por José Obswaldo Pérez

ENTRE UNA ONDADURA DE PLIEGOS de pequeños cerritos se ubica la zona de Ortiz, perteneciente al paisaje cordillerano del interior, tramo que se extiende entre la depresión Turbio-Yaracuy, por el oeste y la depresión Unare, por el este, y se eleva entre la parte central de la depresión llanera y el mar caribe.

Constituida por dos zonas montañosas de relieve orográfico distinto: la serranía de la costa al norte y la serranía del interior al sur. Ambas van paralelas entre sí, compuestas por rocas de origen sedimentario, que se transformaron por metamorfismo dinamotérmico, durante el cretáceo y el terciario: pizarra, areniscas y caliza entremezcladas.

Morfológicamente, ambas zonas constituyen una serie de elevaciones de terrenos accidentados (cerros, colinas y galeras) en ciertos casos parcialmente separadas por estrechas gargantas de quebradas. Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar.  Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico. 


Hidrográficamente pertenece a las aguas fluviales de la Cuenca del Río Tiznados y el río Paya, este último afluente del Guárico y de gran importancia en la región nor-occidental. El Paya fluye en dirección Norte-Sur desde la Serranía de los Paredones hasta el sur de San Sebastián de los Reyes. En su curso superior, el río es de escaso caudal, permaneciendo seco durante los meses de mínimas precipitaciones. En este tramo se comporta con un típico recorrido intermitente: abundante caudal en los meses lluviosos y poco o ninguno en los meses de sequía. Es a partir de las cercanías del caserío El Layero, situado al Sureste de Parapara, donde el río adquiere importancia a consecuencia de los afluentes que recibe tales como: el Vílches, el Parapara, el Cargüita, el Chirgüita y otros cursos menores también de carácter intermitente. Unos dos kilómetros, aproximadamente, hacia el Sur, ya dentro de lo que hemos denominado el Valle de Ortiz, el río Paya recibe a la vez las aguas de río San Antonio y de otras quebradas de iguales características.

Desde allí ensancha su caudal y aumenta considerablemente con relación a su curso superior. Sin embargo, aún así, no es constante. El régimen de las aguas es regulado principalmente por las precipitaciones; de tal forma que, en la estación lluviosa, las aguas discurren normalmente, pero en la de sequía no existe circulación superficial. Durante período seco es cuando se forman trechos de aguas estancadas a lo largo de su cauce.

 El Río San Antonio es el segundo curso fluvial de importancia estrictamente local. Se origina prácticamente en los alrededores del cerro Guasimal, a expensas de numerosas quebradas, entre ellas, la Güirigüiri, Taparito, Usepa, El Banco y Guasimal. Estas depresiones proceden de una cuenca hidrográfica bastante amplia – denominado Valle de San Antonio-, pero de escaso potencial de escorrentía. Las mismas fluyen en dirección Norte-Sur; desde el Caserío Puepe, el río sigue rumbo Este-Oeste, hasta desembocar a la margen occidental del río Paya, en las proximidades del Caserío San Antonio.

 Esta principal red hidrográfica representada por los ríos Paya, San Antonio, y el vilchez, cumplen un papel de primer orden en el área. Ya que son tierras aluviales que drenan y ofrecen ventajas de ser aprovechadas para el poblamiento humano. Aunque en periodos de lluvia sus caudales pueden generar destrozos en la agricultura; pero no representan un alto peligro, debido a que han permitido emplazamientos de poblaciones humanas. Estas influencias de los ríos, son una de las tantas razones que involucran la escogencia del área por emigraciones europeas, que años más tarde se llamarán al lugar como “de Ortiz” (Rodríguez Dellán, 1974: 16).

 Esta característica definió el trazado del camino real o los caminos de recuas que lo comunicaba con los Valles de Aragua y Caracas, siempre al pie de la cadena de las serranías. Desde el siglo XVII se conocía como el Valle de Ortiz y San Antonio. Estaba ubicado en los Llanos de Paya, una región dividida en términos por el Oriente con el Partido de la Cruz y comenzaba desde la quebrada la Pitara hasta el río de la Portuguesa.

En términos geográficos el Valle de Ortiz estaba adscrito al Valle de Parapara, sitio más antiguo y primero de los pueblos fundado por colonos españoles y, a su vez, estaban en poder administrativo de San Sebastián de los Reyes.

El espacio físico estaba estructurado por pequeñas comunidades indígenas nómadas, para el momento de la penetración hispánica. De la antigüedad de su ocupación y conformación, dan testimonio la inmensa cantidad de topónimos de origen caribe-cumanagotos, así como restos de petroglifos y algunas piezas arqueológicas encontrados en él. Significativo son los hallazgos localizados en la llamada Sierra de Tiznados y Paya Abajo, espacios cruzados por varios ríos y quebradas. Ambos lugares sirvieron de asiento fundamental a comunidades indígenas nómadas y luego, para el poblamiento europeo (españoles, portugueses y africanos). Allí tenían sus conucos y vegas o sementeras, junto con los esclavos que servían en los hatos y las personas libres que habitaban el lugar. Las tierras localizadas al sur, regadas por el río Paya y más allá el Guarumen y el Tiznados, eran planas y ricas en pajizales para la expansión ganadera y el establecimiento de hatos, como unidades de producción. A través de investigaciones etnológicas y arqueológicas realizadas en la región de la Sierra de Tiznados y Paya (parte de la microregión de Ortiz), se puede reconstruir, aunque muy parcialmente, algunos aspectos del nivel de desarrollo cultural de aquellas comunidades indígenas asentadas en el espacio que nos ocupa. Por ejemplo, el doctor José María Vargas creyó reconocer cráneos hallados en sitios de la Sierra, caracteres de una raza Caribe, dominadora del bajo Orinoco y las pequeñas Antillas. Se cree que sus apreciaciones parecen corroboradas por el concepto de Sivers, en la geología y geografía de esta cordillera. Estudios etnohistóricos recientes elaborados por el doctor Adolfo Rodríguez y el antropólogo Carlos Ríos Roldán, perteneciente al equipo de investigadores del Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos y entre otros estudiosos de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, han podido encontrar vestigios de esas culturas en el sitio de Paya Arriba, en la actual jurisdicción de la Parroquia de Parapara, representados en utensilios de uso domestico como platos, vasos, figuras de barro en general, piedras trabajadas o lítica, entre otros elementos.

 Documentos del siglo XVII dan conocimiento de esta región geográfica e histórica. Entre las fuentes más importantes que se citan están las Actas del Cabildo de Caracas, donde se señala el sitio de San Juan de Paya, vecindario de Ortiz, como “…población y hatos del nuevo pueblo de Paya”, “que está en los llanos de Paya y contorno, término de la ciudad de San Sebastián…“ (1969, Tomo V: 30-31) Así tenemos al fray Pedro Simón (1581-1623), quien escribió Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, publicada en España en 1627, centrando su atención sobre las características de los pueblos indígenas, donde hace referencia a la provincia de los Tiznados y el origen del término: “… que llamaron los españoles de los indios tisnados, a causa de que todos… traían los rostros muy pintados de negro” (Simón, 1963: Tomo I: 183)

 Igualmente, fray Antonio Caulín en su Historia Coreográfica de la Nueva Andalucía, quien se refiere al Valle de los Tiznados: “ Enterrándolo en un espacioso valle, a quien los españoles dieron nombre de Provincia de los Tiznados por unos indios que en el habitaban, pintados siempre de negro con carbón molido y yerba mora sobre unas rajaduras, quienes introducidos aquel vetumen permanecían indelebles su pintura, que ellos tenían a superior gala; y desde entonces se conocerá este nombre Tiznados e un río, que corre por los llanos de la provincia de Venezuela y que cae al Portuguesa, y en todos los hatos de ganado que hay en sus márgenes y vegas circunvecinas.” (1992:159).

 I.2.- La demarcación geográfica 

La configuración del espacio geográfico de los Llanos de Paya comienza a finales del siglo XVI, adquiriendo su consolidación y cristalización en el siglo XVIII. Desde luego que la denominación genérica de Llanos de Paya, se refería a las tierras bajas drenadas por el río Paya del cual le deviene el nombre como hidrotopónimo . Dentro de esa nomenclatura aparece el Valle de Ortiz, los cuales constituirán una especie de jurisdicción político-administrativo y, a su vez, delimitara nuestra región histórica. No obstante, esta denominación -desde comienzos del proceso colonizador- tiene sus imprecisiones, como era obvio; pero, en la medida en que se va definiendo el espacio geográfico, estas se van sementado.

De allí que la interacción de factores históricos y factores geográficos determinarán, a la postre, las características propias de la toponimia de esta microregión. En este proceso nominación de lugares jugará un papel importante el binomio hombre-medio, que, en una realidad concreta, establecerá una interrelación dinámica y dialéctica en la cual el medio influye sobre el hombre, y éste es capaz de ejercer una gran influencia o transformación de las características físicas y culturales del sitio donde se asienta.

 El hecho de que el gobernador Francisco La Hoz Berrío diera instrucciones al Cabildo de Caracas y la comisión del Capitán Gonzalo de los Ríos para el poblamiento de los Llanos de Paya, se comprende la primacía caraqueña y sansebastianera sobre el Valle de Ortiz, pues, en lo político-administrativo estas tierras estaban bajo la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes; aún, cuando las divisiones de carácter político, administrativo y religioso, parecían depurar el contexto de los nombres o topónimos.

 Desde 1696, ya el pueblo tenía importancia civil. El Obispo de Caracas y Venezuela Diego de Baño y Sotomayor había decidido fundar una vicefeligresía, adscrita al pueblo de Parapara , en común acuerdo con el Gobernador de la Provincia Don Francisco de Berroterán. Ambas autoridades convienen en designar al área de Parapara, el sitio de Ortiz, Paya, La Cañada y Güesipo como vicefeligresía eclesiástica y, para la cual, se nombró al Clérigo Don Miguel Antonio de Dueñas, cura doctrinero que debía residir cada cuatro meses, en ambos pueblos; administrando las almas de aquellos lugares. Era un área de ocho leguas, insertas en el espacio de dicha vicefeligresía. Existían 30 hatos grandes y pequeños en su jurisdicción. En el sitio de Ortiz se hallaban los pertenecientes a Luis Loreto, Lorenzo Salinas, Juan de Palacios y Francisco Pérez, Francisco Sánchez y sus herederos, entre otras familias. En las Relaciones de Altolaguirre y Duvale – una de las pocas noticias de cronistas y viajeros a cerca de esta región- se señala una descripción del sitio de Ortiz entre 1767 y 1768. El relato especifica que en el pueblo de Parapara había un cura propio, el padre Juan Francisco Toledo, cuya parroquia “… tenía distancia de tres leguas otra agregación en un sitio que llamaban Orti (sic) con más de setenta casas de vecinos fundados en formación de pueblo los que también mantienen una iglesia de paja en la que el expresado cura les viene a celebrar diferentes fiestas de su devoción...”. (1954:28) .

 Más tarde, el 26 de enero de 1776 el provisor del obispado don Miguel Muñoz y Aguado, en nombre y representación del titular Monseñor Mariano Martí, quien se hallaba en visita pastoral en Maracaibo y demás pueblos del occidente venezolano, decreta el nuevo curato, punto de partida oficial dentro del concierto de pueblos de esta parte del territorio nacional. Expresa el decreto que “...habiendo. visto las diligencias practicadas para la desmembración y separación del pueblo de Ortiz del curato de Parapara, jurisdicción de la ciudad de San Sebastián de los Reyes, pedida por los vecinos, de dicho pueblo...” procedía entonces a: “...erigir y erigió, a mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de su Santísima Madre María Santísima, señora nuestra, la iglesia de dicho pueblo en nueva parroquia bajo la invocación y título de la gloriosísima Santa Rosa de Lima y nuevo curato colativo, del Real Patronato en el terreno demarcado, comprendido en los especificados límites que le señalaba y señaló por feligresía...” .

 Al erigirse como feligresía, ya no se englobaba bajo la denominación genérica de Valle de Ortiz la respectiva jurisdicción religiosa, sino por al contrario, a la parroquia se le denominaba ahora Santa Rosa de Lima de Ortiz, y se le tenía limites precisos, cuyas denominaciones eran de dos leguas y media de este a oeste y 11 de norte a sur. De acuerdo con el documento son: “...desde la cuesta de Carguata, caminando hacia el sur hacia el sitio del Caimán, en que están comprendidos los sitios de la Cañada, Paya, El Caimán, Rincón de San Pablo, Paya Abajo, Carguata, y Cañafístola...” .

 En su proceso socio-histórico, el pueblo de Ortiz se levanta sobre la dinámica económica y social experimentada por el área en el siglo XVIII, gracias a la producción ganadera y los cultivos de tabaco, añil y algodón, entre otros rubros. Asimismo el crecimiento poblacional correspondido con un aumento en la producción económica, abrió la posibilidad de que Ortiz, para estos años, adquiriera la denominación de Village. El ilustre explorador y botánico Alejandro de Humbordt lo llamaba “villorrio” en 1800. De esa época era considerado como “puerta de entrada de los Llanos” o “garganta de los llanos” de la Provincia de Caracas y su posición geográfica le era favorable a múltiples intereses de los colonizadores.

 El pueblo de Ortiz fue tránsito indispensable hacia los llanos y tierra adentro. En 1790 contaba con 1.500 habitantes y un sólido crecimiento mantenido desde la fecha de creación del curato en 1776. Militarmente, contaba con tres compañías de oficiales, dos de blancos y una de pardos con 200 hombres aproximadamente. 

Durante la etapa republicana, Ortiz pasa a ser distrito, perteneciente a la Villa de Calabozo o el llamado Cantón Sur de San Sebastián de los Reyes, tal como lo expresaba la primera Constitución del 31 de enero 1812. Esta nueva Carta Magna sancionada por el Congreso Nacional, dividió el territorio en departamentos, Cantones y Distritos. Aunque la Constitución dispuso el establecimiento de municipalidades en aquellos distritos, Ortiz siguió perteneciendo a la Provincia de Caracas y al Cantón Sur de San Sebastián. Sólo, en realidad, hasta 1846; cuando Guárico consiguió su autonomía. 

El proyectado Cantón significaba una importancia para la vida pública de esta localidad llanera. No sólo a él se agregaría las poblaciones de Parapara, Ortiz, San José y San Francisco de Tiznados sino que adquiriría relevancia geoeconómica, pese a la devastadora Guerra Federal que acabó la producción ganadera y el comercio. Se define como una zona de transición de influencia de dos centros urbanos: San Francisco y San José de Tiznados. Dentro de esta configuración, su carácter y posición geográfica lo perfila como un verdadero centro económico, político y cultural, lo cual no impidió que dominara sobre sus áreas de influencia. Por esa razón, desde 1872 alcanzó el titulo formal de ciudad y al año siguiente se vera privilegiada con la capitalidad del Estado Guárico. Un hecho que, desde 1874 a 1881, la benefició con funciones administrativas y unas pocas obras públicas (Cunill Grau, 1985: 2.054). 

 De este modo, las particularidades geohistóricas del Valle de Ortiz están definidas en la segmentación del territorio venezolano como producto del lento proceso de exploración, conquista y poblamiento europeo que caracterizó la colonización. De espacio solitario y realengo pasó a un espacio geográfico hospitalario y progresista. Algunas veces alterado en la zonas montañosas donde la voracidad de sus tierras motivó, desde el principio, la lucha entre los naturales, conquistadores y fundadores de Santiago de León de Caracas y San Sebastián de los Reyes, por la apropiación de sus tierras; el desarrollo de su economía fundamentada en un principio en asientos de hatos y después en haciendas agropecuarias; y el perfil urbano, comercial y administrativo que adquirió como pueblo español, principalmente durante el siglo XVIII y mediados del siglo XIX, lo aproximan a conceptualizarlo como una región, de la cual el antiguo Partido Paya fungió como un centro nodal o funcional para la conquista de los Llanos.
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miércoles, mayo 30, 2007

El lenguaje del conquistador

Podemos considerar que el topónimo Llanos de Paya es un apelativo común, y descriptivo en cuanto al hecho de referirse a una planada o llanura en que la presencia de “paja” la caracteriza semánticamente como “llanos de paja”, pero no es tan claro, en cambio, que se puede considerar como descriptivo el topónimo Paya referido a un caserío.
                                                                                                             por José Obswaldo Pérez
1. La toponimia hispánica: Los Llanos de Paya
LA CONQUISTA EUROPEA trajo consigo un proceso de plasticidad cultural[1] mediante el lenguaje y el contacto físico del colonizador, cuyo resultado transcultizador produjo un rápido mestizaje (provisto de una aculturización) entre el indio y el negro. Esta transferencia cultural se refleja en la toponimia hispana regional, especialmente en topónimos indoeuropeos o indohispánicos[2]. Un ejemplo local son los nombre de los lugares del municipio Ortiz, donde subyacen topónimos antiguos que aparecen en las Crónicas de India, en mapas y planos de Cartografía Nacional. 

Estos nombres surgen desde el primer contacto de los primeros grupos de colonizadores con tierra adentro, y forman parte del patrimonio histórico local. Topónimos como Paya, Tiznados, Ortiz, entre otros, son un simple ejemplo de estudio. Una exposición etiológico de la toponimia hispánica o europea - siguiendo la metodología de Dick o Salazar Quijada- es necesario hacer algunas consideraciones que nos remontan, necesariamente, al estudio de la historia de la ocupación de la Península Ibérica; ya que muchos de los topónimos traídos por los conquistadores a América y, en especial a Venezuela, son productos de las diferentes invasiones ocurridas en la región Española antes de la conquista de Hispanoamérica. España, antes de integrase como Estado, estuvo ocupada por diferentes grupos humanos. Originalmente por pueblos prehistóricos que legaron al patrimonio español topónimos de origen muy antiguo; los últimos de ese periodo fueron los iberos y los celtas, quienes dejaron en la Península nombres de lugar como evidencia de su estadía en ese territorio. Luego aparecen las ocupaciones de los fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germanos y por último los árabes, que permanecieron en España por ocho siglos (S. VII- S. XV), lo que explica la gran cantidad de topónimos árabes en el territorio español actual. Todas estas ocupaciones dejaron una nomenclatura como evidencia histórica de su paso por esta área geográfica. Estas diversas designaciones de lugar forman parte hoy del patrimonio toponímico español, el cual fue trasladado a Hispanoamérica como habla de un vivido lenguaje histórico. Al abordar la investigación de la toponimia hispánica regional debe estudiarse con sumo cuidado, a fin de buscar sus últimos orígenes, para no caer en contradicciones o en análisis superficiales e incompletos de etimologías. Este es un aspecto importante que habrán de tomar en cuenta los toponimistas e historiadores. Ramón Menéndez Pidal, en su libro Toponimia Prerrománica Hispana publicado en 1952, nos ofrece una serie de consideraciones fundamentales en torno al problema de los topónimos españoles antes de invasión de la Península por parte de los romanos. Igualmente, en el año de 1967, el investigador Manuel Rabanal en su Obra Hablas Hispanitas, se refiere a los topónimos célticos y gallegos, retomando conceptos expuestos por el autor anterior y estudiando otras designaciones no tratada por Menéndez Pidal y conocida por él. Sería importante para el estudio de la toponimia guariqueña conocer estos dos libros clásicos y otras publicaciones semejantes para establecer un estudio comparativo entre los topónimos indicados en tales textos con nombre geográficos venezolanos. Por otra parte, el estudio histórico de la toponimia hispánica debe ser abordado tomando en consideración las observaciones sobre etimologías que podemos encontrar de un topónimo o nombre de lugar, así como incluir un análisis de datos históricos como fecha de fundación, fundadores, hechos importantes ocurridos en el lugar, monumentos y otras concomitancias del acontecer histórico que dieron origen a los topónimos en referencia. 

En este sentido se quiere explicar que la toponimia hispánica histórica de la región, requiere de un tratamiento especial y, si se quiere, de un análisis distinto a resto de la toponimia española que a diario se incorpora a la geografía guariqueña, la cual puede ser tratada normal y rigurosamente mediante una metodología especifica. 2.-Los llanos de Paya: la conformación del espacio geográfico En la microregión del municipio Ortiz existen nombres hispánicos antiguos que aparecen en la cartografía histórica de Venezuela, nombres comunes, que son productos de la necesidad diaria de denominar accidentes de lugar; los cuales se incorporan, cada día más, a la geografía regional en forma dinámica; muchas veces, desplazando los nombres indígenas o topónimos históricos, los cuales deben ser tratados tal como sus dinamismos los impone; para evitar, en lo posible, cambios innecesarios y para garantizar su correcta incorporación al patrimonio toponímico regional o local. Un ejemplo es el topónimo los Llanos de Paya, cuya transparencia parte desde la perspectiva espacio-temporal, “denotando” una cosa (un territorio, un pueblo o un núcleo poblacional), que si bien tal “denotación” no ha sido la misma a lo largo de los siglos; porque, ésta“connota”, al mismo tiempo, otra explicación motivadora ( un lugar caracterizado por la presencia de pajonales y pequeños cerros); una tal “connotación”, que ha quedado fosilizada en el nombre actual del pueblo (o caserío) Paya o Mesa de Paya, sólo puede ser averiguada con seguridad a través del estudio etimológico y histórico-documental; es decir, mediante la investigación del pasado (historia), pero que no puede ser a través de la indagación del presente (es decir, mediante el estudio geográfico). Podemos considerar que el topónimo Llanos de Paya es un apelativo común, y descriptivo en cuanto al hecho de referirse a una planada o llanura en que la presencia de “paja” la caracteriza semánticamente como “llanos de paja”, pero no es tan claro, en cambio, que se puede considerar como descriptivo el topónimo Paya referido a un caserío. Históricamente, los Llanos de Paya es un topónimo antiguo. Tiene su inició documental en los llamados Hatos de Paya, que surgen en las encomiendas y en las Actas del Cabildo de Caracas. El Cronista de India Jacinto de Carvajal (1648) mencionó el lugar entre “… el Guárico, río que tiene el nacimiento suyo en los llanos de Paya y la Sierra de San Sebastián…”[3]. Los llanos de Paya aparecen en el contexto geográfico como una “necesidad de intensificar el control colonizador y, posteriormente, dará paso a centros hegemónicos y sub-hegemónicos de acuerdo a los intereses políticos administrativos dominantes “(Rodríguez, 1994:30). De allí nace el Partido Paya, como una unidad geográfica que, posteriormente, originará al Valle de Ortiz o Partido Ortiz y otras jurisdicciones locales a través de la conformación de sus espacios. Pero comencemos a estudiar el término genérico llanos, que, etiológicamente, proviene del latín “planas” o “planaria”, el cual significa “lisa, apacible, planicie”. De allí, también, deviene el vocablo llanero(a)[4]

Se trata de una voz que los castellanos conservaron de la antigua lengua de los visigodos conquistadores de España, en el siglo V de la era Cristiana; y representa un carácter geográfico general, caracterizado por porciones de tierras, de poca elevación sobre el nivel del mar. El término es obra de la nobleza de los conquistadores de Castilla, de Navarro y de Aragón, quienes transplantaron junto con su empresa de conquista el fenómeno cultural de una comarca sometida en el proceso de consolidación del reino español como lo era Andalucía, a los llanos de la Provincia de Venezuela. El cuadro de conquista y colonización de los llanos puede ser dividido en tres etapas fundamentales: la primera, correspondiente a la protagonizada por Cristóbal Colón en Agosto de 1458; la segunda, corresponde a los viajes de comprobación; pero circunscrita únicamente a las costas durante 1499 hasta 1502 y la tercera, se refiere a los viajes costeros menores, siendo más importante el área llanera realizada por Vicente Yáñez Pinzón en 1499, quien fue el primero en penetrar el Río Orinoco hasta Cabruta y de allí hasta los raudales de Atures, en el Amazonas. Pero fue una conquista tardía. Aún no había lugares demográficos –pueblos o villas-, que sirvieran como puntos de referencias. Arístides Rojas (1941) explica que los “llanos”, en termino general, son sabanas dilatadas regadas por ríos caudalosos con montañas o grupos de árboles, con mesas de pocas elevaciones sobre el nivel del suelo, refugio de los rebaños y del hombre, cuando en los días de invierno las llanuras se convierten en delatados mares; y el llanero de las deheses deja el lazo por el remo y la canoa. Una vegetación tropical la caracteriza y la índole de sus moradores, raza fornida, ágil, valerosa, libre como la dilatada llanura, donde el llanero, sobre el rápido caballo se señoreaba de los elementos indomables. Estos factores naturales influyeron en el proceso demográfico de la sociedad colonial (Brito Figueroa, 1975: 136). De allí que los llanos fueron sometidos a distintos procesos y etapas del descubrimiento, conquista, colonización, independencia y desarrollo. Los tres primero aspectos fueron tardíos, así como también su desarrollo económico no estuvo en concordancia con el avance cultural del resto del territorio. Víctor Rago A, profesor e investigador de la Escuela de Antropología, FACES, Universidad Central de Venezuela, señala que el término "llanos"- desde la perspectiva americanista-, es empleado con plena conciencia de que se trata de un vocablo, por así decirlo, especializado (Cfr. Humboldt, 1956: 167), que designa un ámbito geográfico y cultural con características ciertamente particulares, pero cuyo inventario no contiene aquéllas que, desde una perspectiva parcial e interesada, han acabado por labrar la imagen del Llano y del llanero que con posterioridad se ha impuesto[5]. Explica Rago que cuando los europeos entran en contacto con el mundo americano, el Llano en cuanto realidad geográfica ya existía. Dice el investigador: “Y no sólo existía como medio biofísico, sino que se hallaba habitado por numerosos pueblos aborígenes. No obstante, por mucho que éstos hubieran contraído con el medio que los albergaba relaciones de índole específica –y no es concebible que pudiera ocurrir de otra manera- el Llano, en el sentido de lo llanero, y cualquiera que sea la interpretación que se haga de aquellas relaciones, no había aparecido aún, si se nos permite decirlo así. No podría afirmarse, pues, que los indígenas que poblaban el medio llanero para el momento de la presencia europea fueran llaneros. Dueños del territorio, claro está que lo eran –al menos en un sentido particular de filiación territorial-; pero llaneros no, puesto que el propio territorio no había recibido la denominación con la que posteriormente sería conocido, y esa denominación no consistía simplemente en una operación de rotulación práctica -suerte de bautismo instrumental, para comodidad de los invasores- sino en una operación de provisión de significado”. (1999:28-29) 3.-Una frontera étnica y cultural Adelina Rodríguez (1987: 81) infiere que los llanos son tierras de pastos, cuyas particularidades climáticas y su vastedad de paisaje la hacen “zona de refugio, especie de frontera (subrayado nuestro)”. Una frontera, que, desde punto vista toponímico, alude a una realidad a la ubicación extrema o periférica, y que supone una idea de “tierra abierta”. Todas las colectividades humanas, desde los tiempos más remotos, han desarrollado prácticas o sistemas para delimitar de algún modo el territorio: sea para hacer explícita una relación de propiedad o pertenencia, sea para señalar los límites de un determinado derecho o jurisdicción. Podría afirmarse que, en la práctica, marcar límites (en el sentido de establecer algún tipo de frontera sobre el terreno) ha sido una de las maneras mediante las cuales el hombre ha ejercido lo que se ha dado en llamar sentido de la territorialidad[6]. Esta relación fundamental del hombre con el medio generó un conjunto de elementos etnoculturales y patrones de vida como la oralidad, la alimentación y los bailes, entre otras elementos que constituyeron una síntesis de ese proceso de mestizaje o choque cultural: un collage del pueblo mestizo culturalmente creada en ese paisaje geográfico que llamamos el Llano. Así como sabemos que lo andaluz es solamente de Andalucía, amalgama de muchas culturas de remotos países y tiempos, sin ser de ellos, con huellas de todos, nuestro llanero es de nuestros llanos una forja especial y genuina[7]. Un proceso que daría, igualmente, origen al caudillismo, como fenómeno cultural del meeting pot, a partir de modos, costumbres y actitudes heredadas de caciques indígenas. La necesidad de suplantar el Rey, cuya autoridad no fue más respetada, impulsó ese tipo de liderazgo. El primer caudillo reconocido fue Antonio Sedeño, de quien dieron fe los indígenas que, desde Paria hasta el Orinoco, le venían huyendo. Murió en los llanos guariqueños de Tiznados, envenenado por su propia sirvienta. En otros aspectos, diversos autores coinciden en afirmar que la región llanera reunió condiciones necesarias para que en ella se formara esta tipología étnica: la de los llaneros. Por otro lado, el doctor Adolfo Rodríguez – autoridad regional en el estudio etnohistórico de los llanos guariqueños- sostiene que los llaneros constituyen una de las etnias de filiación mestiza, que surgen del encuentro de los pueblos autóctonos de América con los grupos humanos procedentes de Europa y África. “Un mestizaje que se localiza en la región de los Llanos de las actuales repúblicas de Venezuela y Colombia y que no se expresa en una dinámica estrictamente social y cultural, sino que tiene importantes implicaciones de orden ambiental derivadas de la presencia —en la misma región— de los grandes rumiantes (bovinos y equinos) venidos también de Europa, más o menos en la misma época: el siglo XVI”. (Rodríguez, Adolfo. En: M. E. Romero, 1991). El citado autor señala que este fenómeno cultural que se denomina llanero, es una denominación que no quiere decir simplemente que habita en el llano. Es algo más profundo y complejo. Es el ser humano surgido de un intenso mestizaje, plenamente adaptado al llano; por lo que hace referencia al conocimiento que tiene el mismo y al sometimiento de su clima (según los cambios y las periodicidades que ocurren durante todo el año). A esto se debe añadir la tendencia a cohabitar una vida aislada en medio de grandes extensiones de tierras, en el hato o en el conuco. Todas estas características, más el factor de supeditarse de hecho toda la economía a una sola actividad monoproductiva (ganadería), creó un tipo de manifestación única: la cultura llanera. De allí que toda transformación societaria hacia los llanos estará a cargo de los misioneros jesuitas y franciscanos, quienes impulsaron toda manifestación cultural aborigen y mestiza, pese a que imponían el patronato espiritual y económico del cristianismo, fuente de poder y razón de ser de los hijos de Ignacio del Loyola. Allí se establecieron formidables ganaderías y hatos famosos. Así llegó la vaquería y el caballo para la unión perfecta que condicionaría, a su vez, la vida cotidiana de estas categorías étnicas, las cuales aportaron técnicas al manejo directo de las vacadas mediante ese “esquema tetraedral” en que se ejecuta la producción en el hato llanero: sabana, res, caballo y hombre (Rodríguez, 1981). El citado autor sostiene la tesis del cimarronaje[8] como uno de los principales factores que permitirán la conquista de los llanos y, por otra parte, explica que el espacio será “… la base fundamental de los procesos de interacción, intercambio y relación que dan lugar a la actual sociedad guariqueña” (1994: 32). Según el referido autor, el medio y el espacio será el mediador decisivo. “Todo hace presumir que el vasto paño de tierra constituido por lo que en el siglo XVII se denominó el Partido Paya, es el escenario donde surge la cultura neoamericana de los llaneros colombo-venezolanos. No sin razón durante la primera mitad de ese siglo representó el eje de la economía de la provincia de Venezuela cuando los cueros se convierten en el principal producto de exportación. Mientras que en la segunda mitad de dicho siglo, fue el abastecedor más importante de la carne que consumían los habitantes de la capital de esa provincia sin que dejase de proveer, asimismo cueros para la importación y contrabando” (Rodríguez, 1994: 46-47). Rodríguez (1994) señala que en ese extenso espacio geográfico se localiza algunos de los más antiguos casos de llanerización de etnias indígenas; y agrega que, en contexto de lo que había sido el Partido de Paya, tuvo lugar buena parte de la historia del heroísmo étnico llanero venezolano. Asimismo indica que, al menos a 10 kilómetros de Mesa de Paya, al sur de Ortiz, Alejandro de Humboldt encontró en 1800, unos hombres que caracterizó como “llaneros”. De este modo, Paya como hidrotopónimo y sistema hidrográfico (un río de 82 Km. de curso que nace en la serranía de Los Paredones o Loma del Tigre, al sur de San Sebastián de los Reyes, que recoge aguas del Vilchez, el Parapara, el Carguita, el Chirgüita y otros menores) es un término genérico que nada tiene que ver con el río. Su nombre pareciera derivar del vasco y según el lugar, éste topónimo admite diversas interpretaciones: tierra de escanda (“paya”), cabaña de techumbre vegetal cubiertas con “paya” o piedra por derivación deformada del “pal-“. Sin embargo, otros autores refieren que el nombre es de origen africano a partir de la modificación del fonema palatal lh que se observa en la pronunciación popular de ciertas regiones de Brasil, caso como: muyé, para mujer; fiyo, para hijo; paya, para paja, entre otras. Es interesante destacar que, en un sector de Barquisimeto de la Provincia de Venezuela, existió un poblado en 1749 con este nombre “… barrio que llaman Paya de casa pajizas en donde vive mucha gente de color”[9] Otras explicaciones sobre el término son los que algunos investigadores lingüistas explican sobre la letra [j] tal como la conocemos hoy se pronuncia en castellano y que en el siglo XII no existe como fonema velar [ja, jo, ju]. Se resolvía en [y] y en [ll] con sonido palatal [yate]. Procedía del grupo latino /ly/ ante vocal, escrito [le,li], palea para palia; palla por paya. En leones antiguo muliere correspondía mujer; conciliu por conceyo; colione por coyon; colia por coya. Por otra parte el grupo /gy/ daba la misma derivación: Pelagiu por Palayo; foguea por haya. Estos resultados, en muchas ocasiones, pasaban desapercibidos para los copistas al escribirlos al papel, debido a alternancia de las letras i, y, gi. Estas evoluciones son normales en el paso del latín vulgar a la lengua romance. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) no trae una definición de paya (ni de palla) aunque si contiene definiciones de: ·Palllador: coplero y cantor popular y errante ·Payador: Cantador popular errante. ·Payada: Canto del Payador. Certamen poético y musical de dos payadores. ·Pallar: Americanismo. Escoger la parte más rica del mineral. Improvisar coplas, en duelo con otro cantor. En Perú, Judía blanca gruesa. Planta que la da (Phaseolus pallar). Lóbulo de la oreja. ·Pallaco: Mineral bueno que se recoge entre los escombros de una mina abandonada. ·Pallaco: En Chile, se trata de un mineral aprovechable que se recoge en una mina abandonada. ·pallada: En América del Sur, es el canto del pallador o payador. ·pallador: América del Sur, Cantor popular errante. ·pallas: En Perú, cierta danza indígena. El DRAE, también, agrega que pallador proviene del quechua pállay, recolectar: “porque el pallador escoge las palabras”. Sin embargo, en su Diccionario Etimológico, Corominas explica que “pallar” es una americanismo que significa “improvisar coplas en controversia[10], concordando con la etimología y explicación del DRAE. También, Corominas hace derivar pajar de paja, y asegura que “pallar” es una palabra documentada en Aragón en el año 1101. Etimológicamente, pajar procede del latín palearium, que significa lugar donde se pone la paja. Palearium viene de palea, paja. Otras palabras latinas similares son pallaris, relativo al vestido, ya que palla significa vestido talar de mujer, capa corta que usaban los antiguos galos. Insiste, sin embargo, que la grafía Payar utilizada en varios países latinoamericanos es historiadamente incorrecta y que no se corresponde con la pronunciación de las zonas que distinguen ll de la y. Finalmente, algunos lingüistas e historiadores consideran que la palabra “paya” es de origen quechua y significa “hacer de a dos”, pero que tiene otras acepciones, como en Perú que significa amante o concubina. Por ejemplo, algunos autores (Agagliate, 1992; Botello, 1994; Idler, 1997) sostienen que Paya es voz caribe (cumanagota o chaima), la cual designa a una bebida que fabricaban los indígenas con casabe fermentado, batata y papelón. En definitiva, creemos que Paya proviene de latín paleam y paleares (tierra adecuadas a la paya, a los cereales) “lugar de paya, tierra de cereales” y su relación está vinculada al auge de ganadería en los llanos, como representativo de una realidad fisiográfica. NOTAS [1] El concepto fue desarrollado por el Uruguayo Ángel Rama. Rama denominó "la plasticidad cultural", para referirse al proceso integrador de la transculturación. [2] Nos referimos con este concepto al proceso de aculturización y recombinación que sufren las palabras tanto indígenas como europeas en su empleo para la comunicación y denominación de los lugares. Léase el artículo de ESTEVA FABRECAT, CLAUDIO (1989)” La Hispanización del Mestizaje Cultural en América”. España: Universidad de Barcelona. [3] CARVAJAL, (FRAY) JACINTO (1956): Relación del descubrimiento del río Apure hasta su ingreso en el Orinoco. Madrid: Edime. Esta obra fue escrita en 1648 y editada en León (España) en julio de 1882. [4] SUAREZ, JULIO CONCEPCIÓN (2001) Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana. Oviedo: Editorial KFK [5] RAGO A, VÍCTOR (1999, Enero). Llano y llanero: contribución al estudio del forjamiento de una imagen. Boletín Antropológico del Centro de Investigaciones Etnológicas. Vol.45, p.27-47. Mérida: Universidad de los Andes. [6] TORT, JOAN (Abril 01, 2003): Toponimia y marginalidad geográfica. Los nombres de lugar como reflejo de una interpretación del espacio. En: Scripta Nova Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Vol. VII, núm. 138 [7] BAQUERO NARIÑO, ALBERTO (1990): Joropo: Identidad llanera. Bogotá: Empresa editorial Universidad Nacional de Colombia. [8] El término proviene de la palabra cimarrón, el cual se aplicó al ganado doméstico que escapaba a las montañas en la Isla Española. Luego los colonizadores llamaron cimarrón a los indios que habían huido de las encomiendas; y ya en 1530, se había comenzado a llamar así a los negros fugados. A los esclavos rurales que huían de las plantaciones o haciendas hacia el monte se les decía cimarrones, pero al esclavo doméstico que escapaba de uno u otro poblado, le llamaban “huido”. De este modo que le término fue utilizado por los españoles para nombrar a los esclavizados/as quienes huían de minas, casas y haciendas para construir espacios de autonomía y libertad al margen del cautiverio esclavista. Estos rebeldes respondieron con la guerra a la violencia física y simbólica que desplegó el Estado colonial y más tarde republicano (De Friedemann, 1993: 36). [9] Veáse DE SANTIESTEBAN, MIGUEL : “Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra (…) desde Lima hasta Caracas, en el año 1740”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. Tomo XLVIII, no. 191, Julio-Septiembre de 1965. p. 450. También citado por RAMOS GUÉDEZ, JOSÉ MARCIAL (2001): Contribución a la Historia de la Culturas negras en Venezuela colonial. Caracas, Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas. p. 41. [10] COROMINAS, JOAN (1954) Diccionario crítico-etimológico de la lengua castellana. Berna, T. .I.,p 54.32 HEMEROBIBLIOGRAFÍA AGAGLIATE M, RENATO (1992): El Río que tenía alas. Caracas: Dirección de Cultura. Universidad Central de Venezuela. ALVARADO, LISANDRO (1953): Glosario de voces indígenas de Venezuela. Obras Completas. Caracas: Ministerio de Educación. BAQUERO NARIÑO, ALBERTO (1990): Joropo: Identidad llanera. Bogotá: Empresa editorial Universidad Nacional de Colombia. BOTELLO, OLDMAN (1999): Parapara y vuelaplumas. Orígenes y Evolución Histórica. Trabajo no publicado. _______________________(1990): Toponimia Indígena de Aragua. Maracay: Publicaciones del Concejo Municipal Girardot. Oficina del Cronista de la Ciudad. CARVAJAL, (FRAY) JACINTO (1956): Relación del descubrimiento del río Apure hasta su ingreso en el Orinoco. Madrid: Edime. CASTILLO LARA, LUCAS G (1984): San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. CHIOSSONE, TULIO (1980): Formación Jurídica de Venezuela en la Colonia y la República. Caracas: Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Universidad Central de Venezuela. COROMINAS, JOAN (1954) Diccionario crítico-etimológico de la lengua castellana. Berna, T. .I.,p 54.32 CUNILL GRAU, PEDRO (1987): Geografía del poblamiento de venezolano en el siglo XIX. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República. DE ARMAS CHITTY, J.A (1979): Historia del Guárico. Tomo I, II. Caracas: San Juan de los Morros: Publicaciones de la Universidad Rómulo Gallegos. DE SANTIESTEBAN, MIGUEL: "Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra (…) desde Lima hasta Caracas, en el año 1740". En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. Tomo XLVIII, no. 191, Julio-Septiembre de 1965. p. 450. ESTEVA FABRECAT, CLAUDIO (1989)" La Hispanización del Mestizaje Cultural en América". España: Universidad de Barcelona. MATUTE, EVANDRO (1971): Ortiz. S/l MENÉNDEZ PIDAL, RAMÓN (1952): Toponimia prerrománica hispánica. Madrid: Gredos. PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (2000): Orígenes Históricos del pueblo de Ortiz. Ortiz: Ediciones de la Cámara de Comercio de Ortiz. RAGO A, VÍCTOR (1999, Enero). Llano y llanero: contribución al estudio del forjamiento de una imagen. Boletín Antropológico del Centro de Investigaciones Etnológicas. Vol.45, p.27-47. Mérida: Universidad de los Andes. RAMOS GUÉDEZ, JOSÉ MARCIAL (2001): Contribución a la Historia de la Culturas negras en Venezuela colonial. Caracas, Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas. p. 41. RODRÍGUEZ DELLÁN, E (1974): Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeo. RODRÍGUEZ MIRABAL, ADELINA (1987) La formación del Latifundio Ganadero en los llanos de Apure: 1750-1800. Caracas: Biblioteca de la Academia de la Historia. RODRÍGUEZ, ADOLFO (1994): El estado Guárico. Orígenes, Mundo y Gente. San Juan de los Morros: Ediciones de la Comisión regional Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Mundo. ROJAS, ARÍSTIDES (1941). Estudios indígenas: contribución a la historia antigua de Venezuela. Caracas: Cecilio Acosta. SUAREZ, JULIO CONCEPCIÓN (2001) Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana. Oviedo: Editorial KFK TORT, JOAN (Abril 01, 2003): Toponimia y marginalidad geográfica. Los nombres de lugar como reflejo de una interpretación del espacio. En: Scripta Nova Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Vol. VII, núm. 138.
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El nombre de Francisco de Miranda

La noticia es reciente, tan reciente que podemos decir que es actual, es presente. Esta situación claramente justifica el decir de los estudiosos de la filosofía de la historia, que nos indican que no hay periodos en la historia, que toda historia es contemporánea, que la historia es de hoy en cuanto hoy la estamos estudiando.

Eduardo López Sandoval*
( eduardolopezsandoval@cantv.net)




INTROITO: MIRANDA ES HOY.



En la edición del periódico Ultimas Noticias correspondiente al día 09 de marzo del presente año, en la página 16, aparece una información titulada: “12 solicitudes de revocatorio proceden. CNE: COMISIÓN DE PARTICIPACION POLITICA Y FINANCIAMIENTO ESTUDIA 91 CASOS”. En ésta se recoge la declaración de: “La presidenta del ente comicial, Tibisay Lucena”. Pero no nos interesa hoy la noticia, aunque resalte en demasía lo actual del tema de política que trata. En el cuerpo de la información se nos dice: “La rectora ofreció esta información luego de dictar una conferencia a los cadetes de la Escuela Naval de Venezuela, Almirante Sebastián Francisco de Miranda, ubicada en la localidad de Mamo, Vargas.”. Y es esto lo que nos interesa, el nombre Sebastián Francisco de Miranda, que es el nombre del prócer de la independencia de Hispanoamérica, quien se hizo conocer con el nombre de Francisco de Miranda.

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jueves, mayo 10, 2007

¿Omisiones o qué?

Por Arturo Alvarez D´Armas



En los últimos días algunas personalidades, investigadores y políticos nos han dejado con algunas dudas relacionadas con sus afirmaciones o respuestas. Allí preguntamos fue el periodista, es un gazapo o finalmente un duende de los talleres del periódico el culpable de lo editado.



El día 28 de abril de 2007, la investigadora Lulú Jiménez Saldivia escribe un interesante artículo sobre Venezuela y las naciones caribeñas (El Nuevo País. Caracas, página 11). Todo va muy bien hasta decir que el señor Patrick Manning, es Primer Ministro de San Vicente y las Granadinas. El señor Manning es el Primer Ministro de la República de Trinidad y Tobago.
El sábado 28 de abril, Globovisión emite un interesante programa denominado Biografía, dedicado a Antonio Leocadio Guzmán. El entrevistado es el destacado profesor Carlos Alarico Gómez y parte de su respuesta fue decir que Guzmán fue el introductor del Positivismo en Venezuela. Sabemos que Antonio Leocadio fue enviado a España entre 1812 o 1813 regresando a Venezuela en 1823 y lleno de mucho liberalismo. El positivismo fue creado años más tarde por Augusto Comte (1798-1857). Comte fue secretario y colaborador de Saint-Simon entre 1818 y 1824. Su principal obra es “Curso de filosofía positiva”, escrito entre 1830 y 1842. Las ideas positivistas llegaron a Venezuela con un grupo de científicos de origen alemán traídos por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, siendo uno de ellos Adolfo Ernst, naturalista, bibliógrafo y filólogo. Su máximo esplendor es bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez. Entre sus representantes tenemos a: José Gil Fortoul, César Zumeta, Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Manuel Arcaya entre otros.

En una entrevista a Pompeyo Márquez, realizada por Hernán Lugo-Galicia leemos: “En 1940, cuando Pompeyo Márquez tenía 18 años de edad fue preso por criticar el allanamiento a la UCV y el asesinato de Eutimio Rivas, un estudiante universitario”. No se si fue Pompeyo o Lugo-Galicia, pero Eutimio Rivas fue abaleado la mañana del 10 de febrero de 1937, en la Universidad Central de Venezuela por las fuerzas policiales de la Gobernación del Distrito Federal, mientras hacían una protesta contra el gobierno del General Eleazar López Contreras.

El 19 de abril de 2007 la mayor parte de la prensa nacional (Caracas y la provincia) publicaron sendos avisos informando que ese era el día de la “declaración de la Independencia”. Craso error. Todos sabemos que el 19 de abril de 1810, fue un movimiento para restaurar y defender los derechos de Su Majestad Don Fernando VII. La independencia como sabemos todos vino más tarde.

Finalmente llegamos a la biografía de Gustavo Machado donde se encuentran una serie de omisiones como las siguientes:

En las páginas 13 y 14, Manuel Felipe Sierra toma una entrevista aparecida en la revista Bohemia, realizada por el periodista Edgardo de Castro y no sale en la bibliografía. Igualmente dejan de aparecer en las citas bibliográficas Plinio Apuleyo Mendoza (página 22), la historiadora Felícitas López portillo (página 89), Dámaso Rojas (seudónimo de Eleazar Díaz Rangel), quien entrevista a Machado para la revista Elite (páginas 105 y 106).
En la página 83 aparece Abel Romero Villate con el grado de coronel y en la página 85 el mismo Romero Villate es general. En la página 95 se habla de los partidos que suscriben el Pacto de Punto Fijo (AD, COPEY y URD) y no pone el año de la firma de ese acuerdo. En la página 98 nombra al general José María Castro León y es Jesús María Castro León.

La pregunta que hacemos los legos en estas cosas de la historia es: Dónde están los historiadores.

Fuentes consultadas:
Alcaldía del Municipio Chaguaramas. Declaración de la Independencia de Venezuela. En: La Antena. San Juan de los Morros: 19 de abril de 2007. p. 7.
Alcaldía del Municipio Sebastián Francisco de Miranda. Declaración de la independencia de Venezuela. En: La Antena. San Juan de los Morros: 19 de abril de 2007. p. 7.
Altez, Rogelio. Antonio Leocadio Guzmán. Conversación con el lector, Miguel Ignacio Purroy y Miguel Henrique Otero. Nota de la contraportada Simón Alberto Consalvi. Caracas: El Nacional / Bancaribe, 2007. 132 p. (Biblioteca Biográfica Venezolana, 52).
Jiménez Valdivia, Lulú. “La analista invitada”. En: El Nuevo País. Caracas: 28 de abril de 2007. p. 11.
Gobierno Bolivariano de Venezuela, Ministerio del Poder Popular para la Educación, Ministerio del Poder popular para Relaciones Interiores y Justicia. “19 Declaración de la Independencia”. En: El Universal. Caracas: 19 de abril de 2007. 1-3.
Lugo-Galicia, Hernán. “Política. Pompeyo Márquez cuestiona. El centralismo conduce a la corrupción”. En: El Nacional. Caracas: 28 de abril de 2007. p. 6.
Sierra, Manuel Felipe. Gustavo Machado. Conversación con el lector, Miguel Ignacio Purroy y Miguel Henrique Otero. Nota de la contraportada, Simón Alberto Consalvi. Caracas: El Nacional / Bancaribe, 2006. 122 p. (Biblioteca Biográfica de Venezuela, 45).
Sosa A., Arturo. Ensayos sobre el pensamiento político positivista venezolano. Prólogo Niñita Harwich Vallenilla. Caracas: Ediciones Centauro, 1985. 269 p.
Rosental, M. M. y Iudin, P. F. Diccionario filosófico. Bogotá: Ediciones Nacionales, 1999. 498 p.




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martes, mayo 08, 2007

Microbiografía/ Manuel Aquino Delgado

Don Manuel y yo fuimos dos grandes amigos. Mi amistad se remonta cuando fui designado Cronista Municipal de Ortiz, cuya juramentación me tocó recibir en la XIX Convención de Cronistas Oficiales de Venezuela, celebrada en la Asunción, Nueva Esparta, Margarita, en el año 1990. Mi presentación estuvo a cargo de mi amigo y colega Oldman Botello, entonces cronista de la Ciudad de la Villa de Rey de San Luis de Cura.


por José Obswaldo Pérez

LA ÚLTIMA VEZ QUE CONVERSÉ con don Manuel Aquino fue para concertar un proyecto que él había sugerido durante una conversación, de esas que solíamos hacer un domingo de cada mes, cuando lo visitaba aquí en su casa y que yo, tentativamente, había titulado como Pedro Aquino: el Conde arruinado. Un personaje histórico por el cual me había fascinado y que don Manuel consideraba como su antepasado. Era un conde arruinado, endeudado con proveedores de las casas comerciales y por la entrada en vigencia de la Ley de Quita y Espera del general José Antonio Páez.

Pedro Aquino era ganadero, propietario de hatos en Tiznados, Guaitoco, Chirgua y La Soledad. Todos ubicados en la jurisdicción de Ortiz. Durante la Guerra Federal, Pedro Aquino hastiado de deudas se alzó en esos predios de Ortiz, para capitanear las banderas de la revolución. Se vino a El Sombrero, donde hizo desmanes y asaltos como el que le realizó al ganadero Juan Rodríguez Tosta. Luego pasó a Barbacoa, situándose en el sitio Cinforino, donde conformó una guardia de malhechores que, a veces, atacaba a la población de Barbacoa. Pero, las fuerzas militares de esa localidad lo rechazaron mil veces; y, en una oportunidad, le mataron a siete de sus hombres. En El Sombrero entraba cuando quería, causando alarma y temor en la población.

Pedro Aquino era de El Calvario, hijo de Félix Aquino y Petronila Mosqueda. Sus hijos fueron: Félix de la Cruz, Juan Gregorio, Agueda e Isabel Aquino y Ponte Mosquera. Murió en la Misión de Los Ángeles de Calabozo, durante unas elecciones parlamentarias. La noticia recorrió el país, hecho que celebró el periodista Juan Vicente González en el Diario de la Tarde.

Don Manuel y yo fuimos dos grandes amigos. Mi amistad se remonta cuando fui designado Cronista Municipal de Ortiz, cuya juramentación me tocó recibir en la XIX Convención de Cronistas Oficiales de Venezuela, celebrada en la Asunción, Nueva Esparta, Margarita, en el año 1990. Mi presentación estuvo a cargo de mi amigo y colega Oldman Botello, entonces cronista de la Ciudad de la Villa de Rey de San Luis de Cura y, al mismo tiempo de la hoy, Ciudad de Maracay, quien solicitó a la entonces junta directiva de la Asociación de Cronistas de Venezuela (ACV) el beneplácito para que acertarse mi incorporación en representación de un pueblo histórico como nuestra querida localidad de Santa Rosa de Lima de Ortiz. De allí trascienden muchos recuerdos y vivencias de nuestro querido don Manuel Aquino. Y, desde luego, allí nació la amistad de un hombre que dominaba, con su memoria fructífera, la historia de muchos pueblos del Guárico. Datos históricos de documentos que había leído en diferentes repositorios eran de su fácil recordación. Era como una biblioteca viviente consultada por historiadores y cronistas venezolanos.

Esa amistad estaba complementada con su afecto por nuestro querido pueblo orticeño. Y, la razón, es que los antepasados de Don Manuel eran del pueblo de Ortiz. Domínguez era un apellido de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, que luego pasó a establecerse en Santa Rosa de Lima de Ortiz, con doña Catalina Domínguez, hija de Doña Ventura Antonia de la Santísima de la Trinidad Domínguez y Márquez[1]. Doña Catalina se casó, pues, en Ortiz con Juan Páez y de la unión matrimonial nacieron: Demetrea, Juana Inés y Froilán Páez Domínguez. Demetrea Páez Domínguez, bisabuela de Don Manuel Aquino, se casó con Manuel Delgado, su bisabuelo, ambos oriundos de Ortiz, quienes más tarde se residenciaron en Barbacoa. Los Páez Delgados serán una de las primeras legiones de colonos orticeños que se asentarán en Barbacoa. De este matrimonio nacerá Rosa Manuela Delgado Páez, quien contrae nupcias con Toribio Aquino Páez[2], y serán los padres de Don Manuel Aquino Delgado.

En el II Encuentro de Cronistas e Historiadores celebrado en Ortiz, el 23 de Agosto de 1997, Don Manuel nos dejó un interesante documento titulado La Odisea de un hijo de Albión después de la Batalla de La Puerta, en el cual recoge el testimonio del militar británico Richar Vawell -autor del libro de memorias Campañas y Cruceros-, que “después de la segunda batalla de La Puerta, disperso deambuló íngrimo y solo, franqueando montañas abruptas y hondonadas hasta topar con el soldado patriota Vicente Artahona, nativo de Ortiz, quien vivaqueaba por aquellos lugares, pero conocedor de la zona, lograron llegar a Ortiz y de incógnitas fueron recibidos por el Venerable cura párroco, el anciano Don Cayetano Guacardo, que aunque de origen español, simpatizaba con la causa repúblicana”[3].

Dice Don Manuel que, posteriormente, Vicente Artahona “será uno de aquellos lanceros indomables del Escuadrón de Dragones comandado denodadamente por el Coronel Julián Mellado, hasta que muere heroicamente en Carabobo, el 24 de Junio de 1821”[4].

Don Manuel fue hombre respetable. Recuerdo que en las Convenciones de Cronistas, a la que pude asistir, él hacía sentir su presencia y su palabra de desistimiento a los asuntos inherentes a la organización o a las cuestiones propias del evento cuando estos se desviaban de los estatutos o de los procedimientos acordados por el gremio. Eso lo hacía ser un hombre polémico y cuestionador, hasta el extremo de calurosos debates, como expresión activa de quien conformaba la representación del Tribunal Disciplinario Nacional de la ACV.

Don Manuel fue un hombre de iniciativas. Una de ella fue la creación de la Asociación de Cronistas Oficiales Seccional estado Guárico, fundada el 26 de noviembre de 1992, aquí en este pueblo y esta casa. Se conformó una junta presidida por Don Manuel, como Cronista Oficial de El Sombrero. Yo fui designado como Secretario de Organización y Relaciones Pública, como cronista de Ortiz; secretario tesorero, José Antonio Silva, como cronista de Calabozo. Suplentes: Enrique Olivo, cronista de San Juan de los Morros y Josué Jiménez Guillén, cronista de Cabruta. Fue un intento efímero de una organización que buscaba la unificación de todos los cronistas oficiales de nuestra región.

Un año después, el 17 de diciembre de 1994, don Manuel presenta un Informe a la I Asamblea Regional de Cronistas del Estado Guárico, donde reconocía la poca participación de los cronistas guariqueños en la naciente organización gremial. “Por un dejo de no disimulada apatía no hemos dado a nuestra institución, el valor, el sustantivo lugar que ocupamos en el espectro cultural guariqueño como para que se nos respete y se nos otorgue el orden de prelación que nos corresponde como por ejemplo, en otros estados del país[5]

No podemos seguir dispersos- señala en el documento-, muy cierto es, que cada uno de nosotros, como individuo, en el municipio que representamos, estamos dándoles prestigio a la asociación. Pero la Asociación vive de la abstracción y nosotros (los cronistas) aureolados de prestigio como individuos, cuando les decía, que enaltecemos a la asociación vale invocar el viejo refrán de que ‘por la maleta se conoce el pasajero’. Es decir, que si los cronistas somos prestigiosos, la asociación por su razón debe ser grada en superlativo[6]

He aquí, condensado, en el Manuel Aquino, algunas facetas de la cual compartí, y la que hay que buscar en los dispersos artículos de prensa, ensayos, discursos, y entre otros documentos dispersos, la personalidad de un ciudadano bueno y hombre de cultura, que nos legó con su vertical actuación pública y su forma de concebir la historia local una forma transparente de hacer Historia, de cara a un pueblo y a su mejor destino. Mucho habrá de escribirse sobre este admirado cronista guariqueño, quien fue un celoso custodio del patrimonio cultural del municipio Mellado.
NOTAS

[1] Según Jesús Loreto Loreto en Linajes Calaboceños (1990)
[2] CELIS LUGO, FELIX (2006). A Don Manuel Aquino. En el primer mes de su muerte. San Juan de los Morros: Diario La Antena
[3] AQUINO DELGADO, MANUEL (1997,23 Agosto). La Odisea de un hijo de Albión después de la Batalla de La Puerta. Ortiz: II Encuentro de Historiadores y Cronistas
[4] Ídem
[5] AQUINO DELGADO, MANUEL (1994, 17 Diciembre). Informe a la I Asamblea Regional de Cronistas del Estado Guárico. El Sombrero.
[6] îdem
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