miércoles, junio 13, 2007

Diecisiete de febrero /DIA DEL LLANERO



Eduardo López Sandoval


INTROITO

Voy a realizar la lectura de una misiva que me envía el Concejo Municipal de Calabozo, y que bien podría ser el párrafo final de esta PROPOSICIÓN.

La carta tiene fecha, 16 de marzo de 2007, y dice:

“Ciudadano: Abogado Eduardo López Sandoval. Presente.- Tengo el agrado de dirigirme a usted, en la oportunidad de hacer de su conocimiento que en Sesión Ordinaria de la Cámara Municipal de fecha 5 de Marzo del presente año, se acordó remitirle copia del Decreto donde se designa el 17 de Febrero como el Día del Llanero.”.

Decíamos que esta debería ser la parte final de esta trabajo porque es lo último que ha sucedido, -por ahora. Esta es la parte final de una primera etapa del un largo proceso burocrático, proceso al cual mediante la presente Ponencia los invito a participar, pues, permítaseme esta metáfora: “En el ave que es esta sociedad, el ala inquieta que conforman los Cronistas e Historiadores, vuela más, -es más eficiente y eficaz-, que la parsimoniosa pata calzada con bota de la burocracia gubernamental”.

Hablemos del procedimiento burocrático: La carta que recién leímos es la respuesta al planteamiento que hicimos por ante el Concejo Municipal del Municipio Autónomo Francisco de Miranda, donde solicitamos se declarara el Día del Llanero.

Veamos cuál fue el planteamiento realizado en Calabozo, el 01 de marzo de 2006:

“CIUDADANOS: CÁMARA MUNICIPAL DEL MUNICIPIO AUTÓNOMO FRANCISCO DE MIRANDA. CALABOZO. SU DESPACHO.-Saludos cordiales.

“Solicito derecho de palabra para tratar asunto relacionado con la labor que Ustedes realizan.

“Propongo:

“1) Que esta Cámara Municipal asuma la proposición del Historiador Adolfo Rodríguez, “…que el 17 de febrero sea consagrado en cualquier almanaque de Colombia o Venezuela como día de los llaneros.”.
“2) Que esta Cámara decida, inmediatamente, en honor a este Día de los Llaneros que se propone, establecer para esta fecha un Encuentro de Historiadores que tenga como tema a los Llanos Colombo-venezolanos.”

En otra carta del proceso burocrático, fechada en Calabozo el 09 de julio de 2006, que atendía a la comunicación, de fecha 05 de mayo de 2006, dirigida a mi persona por la Cámara Municipal, informa que: “se trató su solicitud y la Cámara acordó solicitarle presentar un proyecto de dicha solicitud relativo a la conmemoración del día de los llaneros”. En ese entonces respondimos, (textualmente):

“Repetimos: Seguimos y apoyamos la propuesta del Historiador Adolfo Rodríguez, que indica que el día del llanero debe celebrarse el 17 de febrero, por ser la fecha en la cual el Libertador Simón Bolívar, lanzara la Proclama a los Llaneros desde la población de El Sombrero.

“LAS RAZONES HISTÓRICAS:

“Las circunstancias habían colocado a Bolívar cerca de los llaneros en tiempos recientes a aquel 17 de febrero.

“Veamos algunas circunstancias, (recuérdese que Bolívar decía, el hombre es el hombre y sus circunstancias):

-Meses antes el Libertador es rescatado por los llaneros de Zaraza, luego del revés de la Casa Fuerte en Barcelona.

“-El 06 de ese mes había ocurrido la captura de Las Flecheras, en Boca de Coplé, por parte de los llaneros.

“-El 07 de febrero es realizada la toma de Guayabal por el Comandante Hermenegildo Mujica, (el mismo a quien gracias a sus acciones patriotas, junto a sus hermanos, lo recordamos con el nombre de Paso e’ Mujica).

“-12 de febrero, Batalla de Calabozo, donde Bolívar puso en derrota a Morillo.

“-15 de febrero, ataque a la retaguardia de Morillo, de parte de los llaneros, en La Uriosa.

“-16 de febrero, Batalla de El Sombrero.

“-17 de febrero, proclama de Bolívar a los llaneros en El Sombrero.

“Estos encuentros con los llaneros, fueron razones para que el genio del Libertador lanzara, el 17 de febrero de 1818, la Proclama a los Llaneros, y son suficientes razones para que esta Cámara Municipal se convierta en la primera entidad territorial de Colombia y Venezuela que reconozca y celebre un día para los llaneros, y que la primera celebración sea el 17 de febrero de 2007.

“Realizo de seguidas, el primer esbozo de los que puede ser el “cronograma de actividades para la celebración de dicho proyecto.”(Cita textual de la carta que se responde).

“-Que esta Cámara convoque, inmediatamente, Sesión Especial, donde se invite al Historiador Adolfo Rodríguez, y a los Cronistas e Historiadores de las Entidades Federales llaneras de Colombia y Venezuela, con el fin de acordar el establecimiento del “Día de los Llaneros”.

“-Que se programen para el mes previo al día de los llaneros, actividades deportivas y culturales en las poblaciones que en la historia están involucradas. Se proponen: 1) Realizar Encuentro de Historiadores y Cronistas de los llanos colombos-venezolanos, que involucre,-por lo menos-, investigadores de ambos países. 2) Que se realice cabalgata que toque los poblados de San Fernando, Guayabal, Camaguán, Calabozo, El Sombrero, etc.. Y que el paso de esta cabalgata por Calabozo coincida con el 12 de febrero, día de la Batalla de Calabozo.

“-Que esta Cámara nombre Comisión que se encargue de los mencionados eventos, -de programarlos y de ejecutarlos-. Que ésta esté integrada por Concejales de esta Cámara, por Historiadores de la región, por miembros del Grupo de Historia Regional y Local de la Ciudad de Calabozo, por sendos miembros de las instituciones universitarias que hacen vida en nuestro Municipio, por representantes estudiantiles de los diferentes niveles de escolaridad, y por interesados de diferentes entidades llaneras. Para presidir esta Comisión propongo al Doctor Adolfo Rodríguez, y a mi persona como integrante. Atentamente Eduardo López Sandoval.”.

Ya habíamos realizado similar planteamiento por ante las autoridades municipales de las ciudades de El Sombrero y Guayabal. Guayabal nos respondió positivamente; de acuerdo a lo último que nos han informado, sólo falta la publicación del Acuerdo de Cámara. Esperaba que el Municipio Mellado aprobara la solicitud realizada por nosotros, pero nos informan, para nuestra satisfacción, que el Día del Llanero aquí en El Sombrero existe. Había nacido el 17 de febrero de 1988, de acuerdo a los que nos indica artículo de prensa calzado por el extinto Cronista de esta ciudad, el Ciudadano Manuel Aquino. Cito de seguidas, buena parte del artículo en cuestión, y que tiene el título NUEVAMENTE SOBRE EL DIA DEL LLANERO, y que fue publicado en el diario El Nacionalista con fecha 04 de marzo de 1996. Cito: “…nos referimos al DÍA DEL LLANERO, derivado de la famosa proclama dirigida por nuestro Padre Libertador, a los llaneros comprendidos en todo. Es decir, que no se dirige a los llaneros venezolanos solamente, sino a todos los llaneros habitantes del inmenso piélago desde el centro de la Nueva Granada hasta Maturín y Bocas del Orinoco…”.

Luego el artículo del Cronista Manuel Aquino hace alusión al hecho del Acuerdo de Cámara que establece el Día del Llanero por primera vez en Venezuela en este Municipio Mellado. El Cronista habla del nacimiento de Día del Llanero y de la trascendencia que debe tener con las siguientes palabras: “Con la emisión de este acuerdo se alimenta la idea de que con la consagración del Día del Llanero en toda la jurisdicción del Municipio Mellado, el 17 de febrero, los demás Municipios de la región se hagan solidarios con el nuestro y hagan lo propio en sus respectivas jurisdicciones. Y no solamente de manera individual, sino también ocurrir a la inmediata instancia del ciudadano Gobernador a fin de que lo haga de carácter regional, hecho lo cual remita dicho decreto a sus homólogos de todos los Estados Llaneros…”.

Nosotros le agregaríamos a este procedimiento, que una vez acordado el Día del Llanero por algún Estado Llanero, solicitemos que éste, a su vez, se dirija a la instancia correspondiente de la Asamblea Nacional y/o el Ministerio de Relaciones Exteriores para que estos entes de presencia nacional tramiten lo propio por ante las autoridades del vecino y hermano país, es decir para que el Día del Llanero sea una fecha que la celebremos en todos los lugares donde están los llaneros, en los Llanos Colombo-venezolanos.

(Vale este paréntesis: Nos informan que el Día del Llanero aprobado en El Sombrero no se celebra, más que eso no se conoce que tal Acuerdo se realizó un 17 de febrero de 1988. Ante esta situación el Cronista Manuel Aquino manifestó en el artículo en comento: “Creo, que la Secretaria de nuestro Ayuntamiento en aquel entonces, no cumplió su cometido y el acuerdo ya sancionado se engavetó y por lo tanto, sin ninguna resonancia.”).

Propongo, entonces que:

1)…ante los órganos administrativos que se celebre el 17 de febrero como el Día del Llanero en todos los Llanos Venezolanos, y que esta proposición sea elevada a las autoridades de Colombia.

2) Que todos y cada uno de nosotros –los lectores- haga lo necesario para que en cada uno de vuestros municipios se haga lo propio, se declare el Día Municipal del Llanero.

3) Que los lectores que manifiesten este compromiso de individualmente solicitar, -en el pleno uso de sus derechos constitucionales-, por ante sus respectivas autoridades municipales, que se declare el Día del Llanero, se constituyan inmediatamente en Equipo de Trabajo, y que este Equipo sea coordinado por el Cronista de El Sombrero. Que este Equipo de Trabajo acuerde inmediatamente reuniones periódicas para evaluar los alcances del vuelo.
Posdata, para quienes estén interesados en participar en esta pelea contra molinos de viento, nuestro correo electrónico es:

eduardolopezsandoval@yahoo.es
eduardolopezsandova@cantv.net
lopez_eduardo@cantv.net

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Historia en un periódico

AQUELLA MAÑANA ENTRÓ por la puerta del periódico El Pregonero, un hombre singular de mediana estatura, trajeado en chaleco y palto, con un reloj de leontina. Caracas respiraba sus aires gumancistas; se ínfulaba, en esos días tormentosos, como una ciudad cosmopolita. Era tranquila, acogedora; con calles empedradas, casas y casonas de uno y dos pisos; edificios modernos, de una arquitectura romántica, construidos en la administración de Guzmán Blanco. Caracas pretendía ser un petit París y el francés era la lengua predilecta de la gente distinguida y mundana; el habla de quienes hacían gala de erudición y recuerdos de viajes "por la Europas".

Corrían casi tres años de la revolución que llevó al poder por segunda vez al general Joaquín Crespo Torres. Eran días en que la crisis económica y financiera del país hacia crujir las bases del gobierno. La vida económica venezolana estaba muy difícil, casi de bancarrota. Crespo, quien no ocultaba esta realidad, hacía esfuerzos para aliviar la situación a través de un plan de desarrollo de nuevas obras públicas hasta donde lo permitían los limitados recursos de la época, al tiempo que cambiaba ministros de Hacienda como cambiarse de camisa.

La ciudad de los techos rojos, de las fiestas y de los grandes bailes de salón en los clubes El Concordia y El Venezolano, reencuentro de los habitantes, que entre risas de cócteles, con aparente tranquilidad y aires afrancesados, parecía en verdad una urbe cosmopolita. Tenía varios periódicos importantes como El Constitucional, El Diario de Avisos, El Tiempo, La Religión y este último, El Pregonero, que en cuyas hojas de papel se registraba impreso un país sumergido en el atraso económico, en el personalismo político, en el sarcasmo y en la contienda verbal diaria.

Caracas venía - tal vez sin darse cuenta y si para bien o para mal- transformándose técnicamente a través de una serie de innovaciones comunicacionales desde 1856, cuando entró en actividad la primera línea del telégrafo eléctrico venezolano, entre Caracas y La Guaira, y la llegada del teléfono en los primeros años de la década de 1880, como lo apunta Manuel Pérez Ávila en su libro Para la Historia de la Comunicación Social. Este proceso de cambio, poco a poco, sería el paso del puente hacia los tiempos modernos, que incluiría un tímido desarrollo de la prensa periodística.

De este modo, Venezuela entraba en una época de la información con el mundo. Un acontecimiento inaugurado por las agencias internacionales y locales de noticias, a través de la aparición del cable francés. De allí, el país estaba a las puertas del "imperio de la noticia", aunque la prensa venezolana no tenía conciencia del significado de las nuevas técnicas de la comunicación, como se demostrará posteriormente.

Un caso curioso tiene esta historia. Nadie pensaría que, en un país sumergido en guerras y conflictos armados, hubiera habido un empresario con valentía de atreverse a cruzar el puente de la modernidad. Un puente angosto y difícil. Por eso, nada ingenuo tuvo que - en esos días de crisis político-económica- se haya producido un cambio en la redacción de El Pregonero, uno de los periódicos más importantes e influyentes de la Caracas del siglo XIX, quien tendría como su redactor estrella al periodista liberal Ismael Pereira Álvarez.

Pereira Álvarez asumió la jefatura de la publicación el 2 de julio de 1894; se trataba de un individuo de principios morales honestos, que recibía un buen trato por parte del gobierno liberal el cual se hallaba en el poder. Era un intelectual de prestigio y experiencia periodística, gozaba de reconocimientos como editor y fundador de periódicos en el interior de la provincia. Además, era culto; dueño de una especial inteligencia y muy mesurado en la lid política.

Su entrada al periódico correspondió al director y dueño de El Pregonero, Odoardo León Ponte, quien lo eligió para el cargo, dado que el más indicado para la orientación del periódico era él. Pero esta designación se explicaba, sobre todo, por la amistad y la afinidad política que había entre ambos. Los dos eran militantes del partido liberal amarillo, pero con pensamientos distintos; la adhesión partidista los había llevado por separados al terreno de la confrontación ideológica, en medio de debates polémicos.

Pereira Álvarez era el prototipo del nuevo redactor-jefe; redactor nato que impondría un fresco concepto al periodismo incipiente del siglo XIX. Era conocido en la capital y en el interior del país como un hombre culto y ponderado, proveniente de un respetable ambiente social. Hace dos años atrás, la opinión pública lo aplaudía por un artículo publicado en la prensa de la capital en defensa del entonces presidente Raimundo Andueza Palacio, bajo el seudónimo de “un liberal”. Decía en aquel artículo, mordaz y atacante, que “Son los godos que asoman la lívida frente haciendo muecas al partido liberal”.

Desde la redacción, Ismael Pereira Álvarez corregía, analizaba y observaba los comunicados pagados por los opositores del régimen que llegaban al periódico para su publicación. Se trataban de artículos injuriosos y mordaces. Además de atacar al Jefe de Estado, se dirigían sobre todo al ministro de Hacienda, artífice de la gestión administrativa de Crespo.
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viernes, junio 08, 2007

Tiznados: El acento de un pueblo guerrero

Desde punto de vista histórico, Tiznados fue un antiguo sitio y hato que perteneció a Don Agustín Cevallos, en el siglo XVII. Para 1722, en este lugar existía una capilla pública que funcionaba como la “matriz y la principal”, junto a siete capillas aledañas. La unidad geográfica inmediatamente precedente al lugar fue el hato, cuyo nombre y perímetro sirvió para configurar y denominar el Valle de Tiznados. ..................................................................... José Obswaldo Pérez *
TIZNADOS es topónimo hispánico, cuya voz identifica a un hidrotopónimo y un área geográfica, especialmente a las actuales parroquias San Francisco, San José y San Lorenzo de Tiznados. Según las Crónicas de Indias, el nombre fue puesto por los españoles a un grupo de indígenas de origen caribe que habitaban esa región en el siglo XVI. Estos indígenas llamados “tiznados” tenían los rostros pintados de ciertas rajaduras creados por ellos. Se sacaban alguna sangre sobre la cual ponían tizne o carbón molido y sumo de hierba mora, con lo cual quedaba su pintura señalada para siempre en sus cuerpos.

Esto demuestra que los indígenas se provocaban heridas en el rostro sobre cuya incisión se pintaban tatuajes permanentes. Según explica el Diccionario de la Real Academia Española, tiznado proviene de tiznar: “manchar con tizne, hollín u otra materia semejante”. Estos indígenas estaban habituados a costumbres guerreras (Ortega, 1992:51).

A través de investigaciones etnológicas y arqueológicas realizadas en la región de la Sierra de Tiznados se puede reconstruir, aunque muy parcialmente, algunos aspectos del nivel de desarrollo cultural de aquellas comunidades indígenas asentadas en el espacio que nos ocupa. Por ejemplo, el doctor José María Vargas creyó reconocer cráneos hallados en sitios de la Sierra, caracteres de una raza Caribe, dominadora del bajo Orinoco y las pequeñas Antillas. Se cree que sus apreciaciones parecen corroboradas por el concepto de Sivers, en la geología y geografía de esta cordillera.

Estudios etnohistóricos recientes elaborados por el doctor Adolfo Rodríguez y el antropólogo Carlos Ríos Roldán, entre otros investigadores de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, han podido encontrar vestigios de esas culturas en el sitio de Paya Arriba, en la actual jurisdicción de la Parroquia de Parapara, representados en utensilios de uso domestico como platos, vasos, figuras de barro en general, piedras trabajadas o lítica, entre otros elementos.

 Desde punto de vista histórico, Tiznados fue un antiguo sitio y hato que perteneció a Don Agustín Cevallos, en el siglo XVII. Para 1722, en este lugar existía una capilla pública que funcionaba como la “matriz y la principal”, junto a siete capillas aledañas. La unidad geográfica inmediatamente precedente al lugar fue el hato, cuyo nombre y perímetro sirvió para configurar y denominar el Valle de Tiznados. Hidrográficamente es un importante afluente que cae al río Portuguesa, e inunda a todos los hatos de ganado que hay en sus márgenes y vegas circunvecinas.

Dice Aguado (1535-1589) que fue un nombre puesto por los españoles: “...a causa de que la gente de aquella provincia todos traían los rostros pintados de ciertas rajaduras que en ellos se hacían, haciéndose y sacándose alguna sangre, sobre la cual ponían tizne o carbón molido y zumo de yerba mora, y quedaban las pinturas señaladas siempre. De esta manera de galanía usan algunas naciones de moros de la costa de Berberia”. (Aguado, 1987, T.l:23).

 La raíz indohispánica de Tiznados va acompañada con el nombre de San Francisco, el Señor San José y San Lorenzo, como producto de un manifiesto sentimiento religioso de los colonizadores, los cuales los llevó a designar a numerosos centros poblados prehispánicos y, más tarde, a los surgidos durante la Colonia, con nombres del santoral romano. De este modo se hizo muy usual que el nombre religioso estuviese seguido por uno indígena. El primero respondía a los requerimientos de los fieles o de los sacerdotes y obispos, mientras el segundo a lo geográfico o a lo tradicional. El nombre religioso era el impuesto y nombre indígena era el autóctono (Vila, 1979)

 Sin embargo, el sentido común del pueblo acoge la brevedad de los nombres, lo cual fue acortando con manifiesta tendencia a hacer que subsistiera el término de origen indígena. Esto ocurría sin adoctrinamiento alguno; así, la expresión cultural de lo autóctono -como son los nombres de pueblos, parajes y accidentes geográficos de raíz indígena-, predominó sobre el vocablo aportado por la cultura introducida. Unos ejemplos son los nombres como San Francisco, San José y Santa Rosa de Lima, los cuales son hagliotopónimos productos del sentimiento religioso durante la colonia, referentes a figuras venerables por las comunidades que respondían al intenso culto mariano o franciscano. Aunque, en 1988 se intentó cambiar o bautizar el nombre de San Francisco de Tiznados por Ciudad Roscio, propuesta formulada sin éxito por la Corporación de Desarrollo de la Región de los Llanos, CORPOLLANOS.

 En definitiva, un proceso de traslación toponímica dio origen al nombre de San Francisco de Asís de Tiznados. Nombre que surgió como hagliotopónimo en 1746, cuando ya había en este lugar cura e iglesia parroquial dedicada a San Francisco de Asís. Es la referencia más antigua del nombre de la población, lo que se confirma en una matrícula de 1758, cuando ya tenía 1.763 habitantes y era cura propio, el párroco Santiago Armada. Pero, muchos años antes, Tiznados se conocía con los términos a secas de “sitio Tiznados”, “Valle Tiznados” y “Partido Tiznados” (1720), cuya extensión geográfica abarcaba hasta lo que en el presente conforman los tres municipios de la Cuenca de Tiznados; mientras, el Señor San José de Tiznados aparece en 1780 y San Lorenzo de Tiznados en 1992. El primero por disposición eclesiástica y el segundo por decisión legislativa, promovida por el Concejo Municipal de Ortiz.

  NOTAS BIBLIOGRAFICAS
 BOTELLO, OLDMAN (1998): Los Tiznados. Caracas: Congreso de la República. Ediciones de la Cámara de Diputados
CARVAJAL, (FRAY) JACINTO (1956): Relación del descubrimiento del río Apure hasta su ingreso en el Orinoco. Madrid: Edime.
CASTILLO LARA, LUCAS G (1984): San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
CORPOLLANOS (Octubre, 1988): Estudio Integral de la Cuenca del Río Tiznados. Calabozo: Rodríguez Hurtado, J & Asociados C.A Gaceta Oficial del Estado Guárico. Ley de División Político-Territorial del Estado Guárico. San Juan de los Morros, 30 de Mayo de 1992.
ORTEGA, MIGUEL ÁNGEL (1992): La Esclavitud en el contexto agropecuario colonial. Siglo XVIII. Caracas: Editorial APICUM, colección Otro Discurso Nº 2
PÉREZ, JOSÉ OBSWALDO (2005,06 Diciembre) La Iglesia de San Francisco de Tiznados (I). San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista, p A-4
RODRÍGUEZ, ADOLFO (1994): El estado Guárico. Orígenes, Mundo y Gente. San Juan de los Morros: Ediciones de la Comisión regional Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos SIMÓN, PEDRO (1882): Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en la Indias Occidentales (1924). Bogota.
VILA, MARCO A (1978): Antecedentes Coloniales de Centros Poblados de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades, UCV.
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*José Obswaldo Pérez es periodista, profesor universitario e historiador venezolano.
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miércoles, junio 06, 2007

Historia y periodismo

Un aporte a la autoconciencia y autoestima de un poblado es la reconstitución de la historia local. Esto permite que “ los grupos vivan significativos procesos de refuerzo de autoestima social, recuperando sentidos colectivos de humanización”. Además, la recuperación de la historia local produce un valor agregado significativo para la planificación del desarrollo, más pertinente con la propia realidad. Es decir, orienta las políticas públicas del gobierno local, regional o nacional, respecto del desarrollo cultural y social de la población.


JOSE OBSWALDO PÉREZ

La historia (local) es una historia con la gente misma, permite que el protagonismo no se circunscribe sólo a una élite, sino que abarque también a la gente anónima, consigue que la historia pase por dentro hacia afuera de de la comunidad. Ayuda a los menos privilegiados y sobre todo a los más viejos a recuperar su dignidad”.
Paul Thompson. Historiador
“¿Qué otro oficio permite vivir la historia en el instante mismo del devenir y también ser un testimonio directo? El periodismo es un privilegio extraordinario y terrible...“
Oriana Fallaci. Entrevista con la Historia.


Sobre este tema de periodismo e Historia, me gustaría decir que es algo mucho más cercano a nosotros de lo que nos pueda parecer. No sólo, porque la prensa sea un material documental muy utilizado por los historiadores para nuestra investigación sobre el pasado, sino por que la prensa al pretender dar noticia de lo que ocurre en la sociedad y en el mundo, recurre con frecuencia al pasado, para explicar cosas que suceden en la actualidad. Por lo tanto el Periodismo y la historia están más cerca de lo que muchos piensan. Si estamos de acuerdo en que para dar, o mejor para explicar las noticias que cada vez con más rapidez se suceden y aparecen en la prensa es necesario dar explicación de cosas del pasado, algo que creo fundamental es la participación de historiadores en la elaboración de las noticias, y en la explicación de ellas. El periodismo necesita historiadores, pero no sólo para escribir artículos de opinión, sino que trabajen en él de forma activa, periodistas-historiadores, que ayuden a esclarecer las noticias que la prensa transmite a la sociedad. Suele trazarse una neta línea divisoria entre el periodismo y la Historia. Pero el periodismo, por su cercanía a los hechos, es una forma de hacer Historia y la Historia, al interpretar los acontecimientos, es también una forma de hacer periodismo.

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lunes, junio 04, 2007

Ortiz, entre la lectura del paisaje y el relieve

Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar. Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico.

 por José Obswaldo Pérez

ENTRE UNA ONDADURA DE PLIEGOS de pequeños cerritos se ubica la zona de Ortiz, perteneciente al paisaje cordillerano del interior, tramo que se extiende entre la depresión Turbio-Yaracuy, por el oeste y la depresión Unare, por el este, y se eleva entre la parte central de la depresión llanera y el mar caribe.

Constituida por dos zonas montañosas de relieve orográfico distinto: la serranía de la costa al norte y la serranía del interior al sur. Ambas van paralelas entre sí, compuestas por rocas de origen sedimentario, que se transformaron por metamorfismo dinamotérmico, durante el cretáceo y el terciario: pizarra, areniscas y caliza entremezcladas.

Morfológicamente, ambas zonas constituyen una serie de elevaciones de terrenos accidentados (cerros, colinas y galeras) en ciertos casos parcialmente separadas por estrechas gargantas de quebradas. Ortiz se encuentra ubicado, en un valle circuido por pequeños cerros, a las orillas de Río Paya y a una altura de 168 metros sobre el nivel del mar.  Temperatura media de 26,5 º C, con una precipitación anual media de 1.100 m.m. Tiene una superficie de 5.081Km2, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico. 


Hidrográficamente pertenece a las aguas fluviales de la Cuenca del Río Tiznados y el río Paya, este último afluente del Guárico y de gran importancia en la región nor-occidental. El Paya fluye en dirección Norte-Sur desde la Serranía de los Paredones hasta el sur de San Sebastián de los Reyes. En su curso superior, el río es de escaso caudal, permaneciendo seco durante los meses de mínimas precipitaciones. En este tramo se comporta con un típico recorrido intermitente: abundante caudal en los meses lluviosos y poco o ninguno en los meses de sequía. Es a partir de las cercanías del caserío El Layero, situado al Sureste de Parapara, donde el río adquiere importancia a consecuencia de los afluentes que recibe tales como: el Vílches, el Parapara, el Cargüita, el Chirgüita y otros cursos menores también de carácter intermitente. Unos dos kilómetros, aproximadamente, hacia el Sur, ya dentro de lo que hemos denominado el Valle de Ortiz, el río Paya recibe a la vez las aguas de río San Antonio y de otras quebradas de iguales características.

Desde allí ensancha su caudal y aumenta considerablemente con relación a su curso superior. Sin embargo, aún así, no es constante. El régimen de las aguas es regulado principalmente por las precipitaciones; de tal forma que, en la estación lluviosa, las aguas discurren normalmente, pero en la de sequía no existe circulación superficial. Durante período seco es cuando se forman trechos de aguas estancadas a lo largo de su cauce.

 El Río San Antonio es el segundo curso fluvial de importancia estrictamente local. Se origina prácticamente en los alrededores del cerro Guasimal, a expensas de numerosas quebradas, entre ellas, la Güirigüiri, Taparito, Usepa, El Banco y Guasimal. Estas depresiones proceden de una cuenca hidrográfica bastante amplia – denominado Valle de San Antonio-, pero de escaso potencial de escorrentía. Las mismas fluyen en dirección Norte-Sur; desde el Caserío Puepe, el río sigue rumbo Este-Oeste, hasta desembocar a la margen occidental del río Paya, en las proximidades del Caserío San Antonio.

 Esta principal red hidrográfica representada por los ríos Paya, San Antonio, y el vilchez, cumplen un papel de primer orden en el área. Ya que son tierras aluviales que drenan y ofrecen ventajas de ser aprovechadas para el poblamiento humano. Aunque en periodos de lluvia sus caudales pueden generar destrozos en la agricultura; pero no representan un alto peligro, debido a que han permitido emplazamientos de poblaciones humanas. Estas influencias de los ríos, son una de las tantas razones que involucran la escogencia del área por emigraciones europeas, que años más tarde se llamarán al lugar como “de Ortiz” (Rodríguez Dellán, 1974: 16).

 Esta característica definió el trazado del camino real o los caminos de recuas que lo comunicaba con los Valles de Aragua y Caracas, siempre al pie de la cadena de las serranías. Desde el siglo XVII se conocía como el Valle de Ortiz y San Antonio. Estaba ubicado en los Llanos de Paya, una región dividida en términos por el Oriente con el Partido de la Cruz y comenzaba desde la quebrada la Pitara hasta el río de la Portuguesa.

En términos geográficos el Valle de Ortiz estaba adscrito al Valle de Parapara, sitio más antiguo y primero de los pueblos fundado por colonos españoles y, a su vez, estaban en poder administrativo de San Sebastián de los Reyes.

El espacio físico estaba estructurado por pequeñas comunidades indígenas nómadas, para el momento de la penetración hispánica. De la antigüedad de su ocupación y conformación, dan testimonio la inmensa cantidad de topónimos de origen caribe-cumanagotos, así como restos de petroglifos y algunas piezas arqueológicas encontrados en él. Significativo son los hallazgos localizados en la llamada Sierra de Tiznados y Paya Abajo, espacios cruzados por varios ríos y quebradas. Ambos lugares sirvieron de asiento fundamental a comunidades indígenas nómadas y luego, para el poblamiento europeo (españoles, portugueses y africanos). Allí tenían sus conucos y vegas o sementeras, junto con los esclavos que servían en los hatos y las personas libres que habitaban el lugar. Las tierras localizadas al sur, regadas por el río Paya y más allá el Guarumen y el Tiznados, eran planas y ricas en pajizales para la expansión ganadera y el establecimiento de hatos, como unidades de producción. A través de investigaciones etnológicas y arqueológicas realizadas en la región de la Sierra de Tiznados y Paya (parte de la microregión de Ortiz), se puede reconstruir, aunque muy parcialmente, algunos aspectos del nivel de desarrollo cultural de aquellas comunidades indígenas asentadas en el espacio que nos ocupa. Por ejemplo, el doctor José María Vargas creyó reconocer cráneos hallados en sitios de la Sierra, caracteres de una raza Caribe, dominadora del bajo Orinoco y las pequeñas Antillas. Se cree que sus apreciaciones parecen corroboradas por el concepto de Sivers, en la geología y geografía de esta cordillera. Estudios etnohistóricos recientes elaborados por el doctor Adolfo Rodríguez y el antropólogo Carlos Ríos Roldán, perteneciente al equipo de investigadores del Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos y entre otros estudiosos de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, han podido encontrar vestigios de esas culturas en el sitio de Paya Arriba, en la actual jurisdicción de la Parroquia de Parapara, representados en utensilios de uso domestico como platos, vasos, figuras de barro en general, piedras trabajadas o lítica, entre otros elementos.

 Documentos del siglo XVII dan conocimiento de esta región geográfica e histórica. Entre las fuentes más importantes que se citan están las Actas del Cabildo de Caracas, donde se señala el sitio de San Juan de Paya, vecindario de Ortiz, como “…población y hatos del nuevo pueblo de Paya”, “que está en los llanos de Paya y contorno, término de la ciudad de San Sebastián…“ (1969, Tomo V: 30-31) Así tenemos al fray Pedro Simón (1581-1623), quien escribió Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, publicada en España en 1627, centrando su atención sobre las características de los pueblos indígenas, donde hace referencia a la provincia de los Tiznados y el origen del término: “… que llamaron los españoles de los indios tisnados, a causa de que todos… traían los rostros muy pintados de negro” (Simón, 1963: Tomo I: 183)

 Igualmente, fray Antonio Caulín en su Historia Coreográfica de la Nueva Andalucía, quien se refiere al Valle de los Tiznados: “ Enterrándolo en un espacioso valle, a quien los españoles dieron nombre de Provincia de los Tiznados por unos indios que en el habitaban, pintados siempre de negro con carbón molido y yerba mora sobre unas rajaduras, quienes introducidos aquel vetumen permanecían indelebles su pintura, que ellos tenían a superior gala; y desde entonces se conocerá este nombre Tiznados e un río, que corre por los llanos de la provincia de Venezuela y que cae al Portuguesa, y en todos los hatos de ganado que hay en sus márgenes y vegas circunvecinas.” (1992:159).

 I.2.- La demarcación geográfica 

La configuración del espacio geográfico de los Llanos de Paya comienza a finales del siglo XVI, adquiriendo su consolidación y cristalización en el siglo XVIII. Desde luego que la denominación genérica de Llanos de Paya, se refería a las tierras bajas drenadas por el río Paya del cual le deviene el nombre como hidrotopónimo . Dentro de esa nomenclatura aparece el Valle de Ortiz, los cuales constituirán una especie de jurisdicción político-administrativo y, a su vez, delimitara nuestra región histórica. No obstante, esta denominación -desde comienzos del proceso colonizador- tiene sus imprecisiones, como era obvio; pero, en la medida en que se va definiendo el espacio geográfico, estas se van sementado.

De allí que la interacción de factores históricos y factores geográficos determinarán, a la postre, las características propias de la toponimia de esta microregión. En este proceso nominación de lugares jugará un papel importante el binomio hombre-medio, que, en una realidad concreta, establecerá una interrelación dinámica y dialéctica en la cual el medio influye sobre el hombre, y éste es capaz de ejercer una gran influencia o transformación de las características físicas y culturales del sitio donde se asienta.

 El hecho de que el gobernador Francisco La Hoz Berrío diera instrucciones al Cabildo de Caracas y la comisión del Capitán Gonzalo de los Ríos para el poblamiento de los Llanos de Paya, se comprende la primacía caraqueña y sansebastianera sobre el Valle de Ortiz, pues, en lo político-administrativo estas tierras estaban bajo la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes; aún, cuando las divisiones de carácter político, administrativo y religioso, parecían depurar el contexto de los nombres o topónimos.

 Desde 1696, ya el pueblo tenía importancia civil. El Obispo de Caracas y Venezuela Diego de Baño y Sotomayor había decidido fundar una vicefeligresía, adscrita al pueblo de Parapara , en común acuerdo con el Gobernador de la Provincia Don Francisco de Berroterán. Ambas autoridades convienen en designar al área de Parapara, el sitio de Ortiz, Paya, La Cañada y Güesipo como vicefeligresía eclesiástica y, para la cual, se nombró al Clérigo Don Miguel Antonio de Dueñas, cura doctrinero que debía residir cada cuatro meses, en ambos pueblos; administrando las almas de aquellos lugares. Era un área de ocho leguas, insertas en el espacio de dicha vicefeligresía. Existían 30 hatos grandes y pequeños en su jurisdicción. En el sitio de Ortiz se hallaban los pertenecientes a Luis Loreto, Lorenzo Salinas, Juan de Palacios y Francisco Pérez, Francisco Sánchez y sus herederos, entre otras familias. En las Relaciones de Altolaguirre y Duvale – una de las pocas noticias de cronistas y viajeros a cerca de esta región- se señala una descripción del sitio de Ortiz entre 1767 y 1768. El relato especifica que en el pueblo de Parapara había un cura propio, el padre Juan Francisco Toledo, cuya parroquia “… tenía distancia de tres leguas otra agregación en un sitio que llamaban Orti (sic) con más de setenta casas de vecinos fundados en formación de pueblo los que también mantienen una iglesia de paja en la que el expresado cura les viene a celebrar diferentes fiestas de su devoción...”. (1954:28) .

 Más tarde, el 26 de enero de 1776 el provisor del obispado don Miguel Muñoz y Aguado, en nombre y representación del titular Monseñor Mariano Martí, quien se hallaba en visita pastoral en Maracaibo y demás pueblos del occidente venezolano, decreta el nuevo curato, punto de partida oficial dentro del concierto de pueblos de esta parte del territorio nacional. Expresa el decreto que “...habiendo. visto las diligencias practicadas para la desmembración y separación del pueblo de Ortiz del curato de Parapara, jurisdicción de la ciudad de San Sebastián de los Reyes, pedida por los vecinos, de dicho pueblo...” procedía entonces a: “...erigir y erigió, a mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de su Santísima Madre María Santísima, señora nuestra, la iglesia de dicho pueblo en nueva parroquia bajo la invocación y título de la gloriosísima Santa Rosa de Lima y nuevo curato colativo, del Real Patronato en el terreno demarcado, comprendido en los especificados límites que le señalaba y señaló por feligresía...” .

 Al erigirse como feligresía, ya no se englobaba bajo la denominación genérica de Valle de Ortiz la respectiva jurisdicción religiosa, sino por al contrario, a la parroquia se le denominaba ahora Santa Rosa de Lima de Ortiz, y se le tenía limites precisos, cuyas denominaciones eran de dos leguas y media de este a oeste y 11 de norte a sur. De acuerdo con el documento son: “...desde la cuesta de Carguata, caminando hacia el sur hacia el sitio del Caimán, en que están comprendidos los sitios de la Cañada, Paya, El Caimán, Rincón de San Pablo, Paya Abajo, Carguata, y Cañafístola...” .

 En su proceso socio-histórico, el pueblo de Ortiz se levanta sobre la dinámica económica y social experimentada por el área en el siglo XVIII, gracias a la producción ganadera y los cultivos de tabaco, añil y algodón, entre otros rubros. Asimismo el crecimiento poblacional correspondido con un aumento en la producción económica, abrió la posibilidad de que Ortiz, para estos años, adquiriera la denominación de Village. El ilustre explorador y botánico Alejandro de Humbordt lo llamaba “villorrio” en 1800. De esa época era considerado como “puerta de entrada de los Llanos” o “garganta de los llanos” de la Provincia de Caracas y su posición geográfica le era favorable a múltiples intereses de los colonizadores.

 El pueblo de Ortiz fue tránsito indispensable hacia los llanos y tierra adentro. En 1790 contaba con 1.500 habitantes y un sólido crecimiento mantenido desde la fecha de creación del curato en 1776. Militarmente, contaba con tres compañías de oficiales, dos de blancos y una de pardos con 200 hombres aproximadamente. 

Durante la etapa republicana, Ortiz pasa a ser distrito, perteneciente a la Villa de Calabozo o el llamado Cantón Sur de San Sebastián de los Reyes, tal como lo expresaba la primera Constitución del 31 de enero 1812. Esta nueva Carta Magna sancionada por el Congreso Nacional, dividió el territorio en departamentos, Cantones y Distritos. Aunque la Constitución dispuso el establecimiento de municipalidades en aquellos distritos, Ortiz siguió perteneciendo a la Provincia de Caracas y al Cantón Sur de San Sebastián. Sólo, en realidad, hasta 1846; cuando Guárico consiguió su autonomía. 

El proyectado Cantón significaba una importancia para la vida pública de esta localidad llanera. No sólo a él se agregaría las poblaciones de Parapara, Ortiz, San José y San Francisco de Tiznados sino que adquiriría relevancia geoeconómica, pese a la devastadora Guerra Federal que acabó la producción ganadera y el comercio. Se define como una zona de transición de influencia de dos centros urbanos: San Francisco y San José de Tiznados. Dentro de esta configuración, su carácter y posición geográfica lo perfila como un verdadero centro económico, político y cultural, lo cual no impidió que dominara sobre sus áreas de influencia. Por esa razón, desde 1872 alcanzó el titulo formal de ciudad y al año siguiente se vera privilegiada con la capitalidad del Estado Guárico. Un hecho que, desde 1874 a 1881, la benefició con funciones administrativas y unas pocas obras públicas (Cunill Grau, 1985: 2.054). 

 De este modo, las particularidades geohistóricas del Valle de Ortiz están definidas en la segmentación del territorio venezolano como producto del lento proceso de exploración, conquista y poblamiento europeo que caracterizó la colonización. De espacio solitario y realengo pasó a un espacio geográfico hospitalario y progresista. Algunas veces alterado en la zonas montañosas donde la voracidad de sus tierras motivó, desde el principio, la lucha entre los naturales, conquistadores y fundadores de Santiago de León de Caracas y San Sebastián de los Reyes, por la apropiación de sus tierras; el desarrollo de su economía fundamentada en un principio en asientos de hatos y después en haciendas agropecuarias; y el perfil urbano, comercial y administrativo que adquirió como pueblo español, principalmente durante el siglo XVIII y mediados del siglo XIX, lo aproximan a conceptualizarlo como una región, de la cual el antiguo Partido Paya fungió como un centro nodal o funcional para la conquista de los Llanos.
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