domingo, mayo 11, 2014

Semblanza de Irma Marina Mendoza

(Palabras pronunciadas por el profesor e historiador Jeroh Juan Montilla en el acto de inauguración del Encuentros de Maestrantes de la Maestría de Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos (UNERG), el día miércoles 30 de abril del presente año, en  la sede de Posgrado de San Juan de los Morros)


Irma Mendozo:Pilar de la Investigación 
histórica guariqueña


Por Jeroh Juan Montilla
La profesora Irma Marina Mendoza fue una historiadora de amplia trayectoria investigativa que trató a profundidad y con mucha minuciosidad el tema de la negritud y la africanidad en la historia del país. Son muy destacados sus aportes a temas como la esclavitud en las regiones llaneras guariqueñas, donde se le considera iniciadora en esta temática investigativa y a los complejos asuntos de la propiedad de tierras desde los tiempos coloniales hasta nuestros días. Fue una caraqueña que durante sus últimos años se instaló, se sembró en estas tierras del Guárico, digamos que ella fue una inmensa ganancia para el hacer intelectual de la región. La investigación histórica en el estado ganó impulso con la presencia y entrega de Irma Mendoza. Podemos asegurar que ella marca con su actividad docente e investigativa una nueva etapa en los estudios históricos de nivel universitario en el estado. Hace un antes y después.

La historiadora Irma Mendoza siempre resaltó por su particular vocación docente, una profesión donde siempre supo combinar una ternura un tanto maternal con intención didáctica junto al rigor de la exigencia académica a la hora de tratar, de evaluar y valorar el dato investigativo. Su hacer cotidiano era la historia, una entrega a tiempo completo, recuerdo que entre bromas siempre nos decía: “amen la historia, pero no tanto como yo, que a veces me dejo llevar por lo envolvente de un tema que hasta me olvido de mi misma y de mis necesidades personales”.

Nosotros, sus eternos admiradores y discípulos desde un primer instante sentimos que debíamos corresponder a esa dedicación, que Irma merecía de San Juan de los Morros un reconocimiento y por eso organizamos y llevamos a cabo el viernes 11 de Julio del año 2008, en el Teatro de Bolsillo de la Casa Artesanal, frente al Viejo Mercado Libre de San Juan de los Morros el Primer Coloquio de Historia de Venezuela, como un merecido homenaje a la Doctora e Historiadora Irma Mendoza. Este homenaje fue organizado particularmente por las editoriales alternativas “Viento del Sur Editores”, bajo la dirección de Arturo Álvarez D’ Armas, Tibisay Vargas Rojas, y Jeroh Juan Montilla, y la “Asociación Civil Editorial Guárico”, presidida por Edgardo Malaspina, contando con el auspicio de la Alcaldía de las Mercedes del Llano y la Fundación Cultural de la Alcaldía del Municipio Juan Germán Roscio bajo la dirección de la Profesora Mary Perdomo.

Ya entrando a mencionar específicamente el hacer vital y profesional de Irma Mendoza, decimos que nació en la ciudad de Caracas. Fue maestra normalista, graduada en la Escuela Normal “Gran Colombia” en 1962. Profesora de Educación Media, Mención Geografía e Historia, egresada del Instituto Pedagógico de Caracas en 1966. Cursó estudios de Historia en la Universidad Central de Venezuela. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Santa María, bajo la dirección del Dr. Federico Brito Figueroa, donde obtuvo los títulos de Especialista en Historia Económica y Social de Venezuela en 1989, Magíster en Historia en 1993 y Doctora en Historia en el 2003. 

Se destacó como docente activa con 40 años de servicios en distintos niveles del sistema educativo venezolano, fue Profesora y asistente a la Coordinación del Postgrado en Historia de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (San Juan de los Morros- Guárico). 

Presidenta de la Junta Calificadora Nacional del Ministerio de Educación, 1995-1998 y Secretaria de Educación del estado Guárico, 1999-2000. 

Realizó numerosas publicaciones en periódicos y revistas tanto venezolanas como del exterior, especializadas en el campo de la historia, ponente en muchos eventos regionales, nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones se destaca el ensayo "Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico colonial. Siglo XVIII", publicado en: Resonancias de la Africanidad. Texto donde comparte a cuatro manos con Marcial Ramos Guédez, Marisa Vannini de Gerulewicz y Jesús García, y publicado por el Fondo Editorial del IPASME, en el año 2005. De sus muchas ponencias destacan títulos como La Escuela Normal de Ortiz; El hato Alcornocal en el tiempo histórico colonial; Una Epidemia en Camaguán en el año 1846; El Cabildo de Pardos en Nirgua, siglos XVII y XVIII; Federico Brito Figueroa y la formación de historiadores profesionales en Venezuela; Conflictividad social en Tucupido, 1760-1840; Pueblos de doctrina, propiedad territorial y mayorazgo en los valles de Caracas: Nuestra Señora de la Encarnación de El Valle de la Pascua, 1620–1800 (que también fue el tema de su tesis doctoral).

Tuvo reconocimientos y condecoraciones, como la Medalla 27 de Junio en Primera y Segunda Clase. Además participó en varios proyectos de investigación entre cuyos temas destacan: propiedad territorial, esclavitud, llanos, etc. Fue miembro fundador del “Centro de Investigaciones Históricas del Llano Venezolano” (San Fernando de Apure- Apure), y siempre se mantuvo como una activa colaboradora del “Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos” (CELLUNERG, San Juan de los Morros- Guárico).

Su último año de vida fue un gesto de constante de sacrificio por el oficio de historiadora y la pasión por los haceres del aula universitaria galleguiana. Hasta los últimos momentos, por encima de nuestros amorosos y preocupados regaños y advertencias por su ya deteriorada salud, ella impartió clases, asesoró y revisó investigaciones de muchos de sus estudiantes de Calabozo, Valle de la Pascua, Altagracia de Orituco y otras partes del país. Nunca se entregó, sabía de su poco tiempo, más de una vez me lo hizo saber, fue cabal y valiente hasta el final. Recuerdo la última tarde que estuvo en San Juan, el día anterior había trabajado con sus “muchachos y muchachas”. Al llegar a Caracas se agrava y semanas después abandona este plano el miércoles 11 de noviembre de 2009. Posteriormente cumpliendo con deseo de ella misma sus cenizas fueron dispersadas sobre el cauce del río “El Castrero”. El amigo e historiador José Obswaldo Pérez llegó a escribir como testigo de este gesto las siguientes palabras “Las aguas del río El Castrero, en San Juan de los Morros, Guárico, recibieron cálidamente y acompañadas de pétalos de rosas las cenizas de la profesora Irma Mendoza, en un gesto humano y sensible de sus familiares de dejar acá in memorian los polvos de quien en vida dedicó toda su querencia al Guárico; con ello se simbolizaba el último adiós y se cumplía un deseo que algún día ella había pronunciado.”

Al año siguiente, exactamente el miércoles 03 de marzo de 2010, en un acto de justicia, Arturo Álvarez D’Armas, Tibisay Vargas Rojas, Felipe Hernández, José Obswaldo Pérez, Argenis Ranuarez, Edgardo Malaspina, Pablo Pérez, Carmen Sierra, Ubaldo Ruiz, Eduardo Sandoval entre muchas personas asistentes, inauguramos de la “Cátedra Libre de Historia Doctora Irma Mendoza”. Como muchas cosas e iniciativas en estas tierras llaneras esta hermosa cátedra se ha quedado en la espera de ser reactivada, siento que con este Primer Encuentro de Maestrantes de Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos  a la Memoria de la Doctora Irma Mendoza,  ese gesto retoña en la savia historiadora de estos nuevos investigadores, el trabajo y el ejemplo de Irma Marina Mendoza vuelve a las aulas con ustedes. Grac

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sábado, marzo 15, 2014

Recordando a Gladys Hernández Zamora

FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez457@yahoo.com
UNESR/Cronista Municipal


Hace catorce años falleció en esta ciudad la señora Gladys Hernández Zamora, fue el sábado 18 de marzo del año 2000, el pueblo de Valle de la Pascua fue sorprendido de manera dolorosa por la inesperada muerte de Gladys Hernández, un mito viviente unido indisolublemente a esta tierra llanera que la vio nacer y a la que se entregó con pasión durante buena parte del siglo XX. Fue Gladys Hernández una mujer emblemática del gentilicio vallepascuense, descendiente de honorables familias de esta ciudad y del estado Guárico. Sus apellidos están unidos indisolublemente al devenir histórico de este terruño llanero, así tenemos, que los Hernández y los Zamora se cuentan entre los primeros pobladores de La Pascua, vinculados indefectiblemente a los caudillos liberales del siglo XIX, entre ellos el ilustre héroe de nuestra Independencia y de la Guerra Federal, el general vallepascuense José María Zamora, al primer presidente del Concejo Municipal infantino, José Ignacio Hernández, y al general Santos Hernández, abuelo paterno de Gladys.
           

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domingo, enero 26, 2014

Ortiz: Un pueblo de origen vasco



Introducción



Por José Obswaldo Pérez

Avenida Bolívar de Ortiz. Año  1965. Foto reproducción JOP
La acción de nombrar siempre ha estado presente en la humanidad. Desde tiempos remotos, el hombre tiene la actitud natural de colocarle nombre a las cosas que le rodean. Desde el siglo II, antes de Cristo, Aristoteles y Platón habían reflexionado al respecto. Dice, por ejemplo, Platón que "las palabras poseen significados por su naturaleza, es decir, reflejan por su origen y por su estructura la realidad que la nombra" De allí que esta manifestación innata que, desde épocas remotas, fue desarrollada a través del lenguaje y las relaciones con el medio ambiente y que, al final, se concretó en una nuevo concepto denominado toponimia. ¿Pero qué es la toponimia? La inmensa literatura al respecto señala, en el sentido amplio, que se trata de un inventario de topónimos ( es decir, nombres propios de lugares) de una zona determinada, así como el estudio y el análisis de su origen y su significado. En un sentido más estricto, es una variante de la lingüística que estudia las propiedades formales, funcionales o léxico - semánticas de los topónimos. Consiste, finalmente, en "...descifrar los enigmas que se esconden en las interrogantes de quién, cuando, dónde, cómo y por qué se dieron este o aquel nombre a un pueblo, río, montaña, etc" (Camps Iglesia, sf:79).

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martes, enero 07, 2014

Una nueva racionalidad en la Enseñanza de la Historia: La transdisciplinariedad

Por  José Aquino
El conocimiento histórico requiere de una nueva
 racionalidad cognitiva.
Una nueva racionalidad rompe con la lógica Aristotélica, las divisiones metodológicas expuestas por descartes, al igual que el determinismo Newtoniano que fomenta el individualismo simplista que permite un beneficio colectivo para dar paso a una nueva lógica del conocimiento  inspirado en las investigaciones de la física cuántica y la química Prigoginiana, la que en el campo específico de la Historia interroga el pasado para responderse respecto al presente y el futuro entre los aspectos más resaltantes  permiten dar respuestas a los problemas de la sociedad global partiendo del principio que las relaciones sociales  son complejas tanto en lo interno como lo externo en la sociedad.

Esta mueva racionalidad opta por el principio de complementariedad y la conjunción de los conocimientos entre disciplinas, lo que hoy llamamos transdisciplinariedad, la cual no busca el dominio de varias disciplina sino la apertura de todas aquellas ciencias a la que los  atraviesa y las sobrepasa, (Unesco, 242)., por tal motivo, la especialización de una rama científica quedó en el pasado, motivado a la complejidad de relaciones sociales dentro de un mundo globalizado con innumerables problemas que resolver dentro desde una visión planetaria, en la que deben integrarse los diversos criterios, imaginativos e inventiva para darles la solución adecuada (Vilar, 2002), a través de la  cooperación integral de la ciencias.
     
El nuevo paradigma postmoderno va dejando de lado la división y fraccionamiento de las ciencias desarrolladas por los cartesianos porque no se puede concebir la realidad de una manera sencilla, ya que es sumamente compleja por tal motivo los métodos transdisciplinarios tiende abordar los problemas de la relación hombre-medio y sociedad – naturaleza, dentro de un ambiente de relaciones hipercomplejas donde se intercambian constantemente el  desorden y con el orden produciendo multiplicidad de cambios y problemas que deben resolverse con métodos que establezcan la confluencia creciente entre las disciplinas (sin prescindir de sus especificidades),  su interpretación al aprender – comprender, explicar, gestionar cada hecho complejo, tal como realmente es.

Por lo antes expuesto, los conocimientos complejos deben agrupar a los distintos saberes desde la transdisciplinariedad  porque permiten la mayor participación y representación no solo de los científicos sino también los integrantes del mundo cultural, estableciendo conexiones o articulaciones que van de lo local a lo global o viceversa (Morín, 1999), mediante variedad de relaciones, interrelaciónales y no lineales, sincrónicas, diacrónicas, la evolución de cuyo conjunto es imprescindible incluso cuando su auto-organización se orienta por acciones tecnológicas.
     
La nueva racionalidad a través del pensamiento  complejo exige la formación de un ciudadano multifuncional, visto que la modernidad creo un ser especialista para  una o dos actividades limitando así el conocimiento fragmentado, porque vio la vida de una manera sencilla y atomizada de resolver los problemas mediante la particularidad profesional (Jacob, 1987). Por consiguiente, el nuevo paradigma basado en el hipercomplejidad como lo señala Vilar, necesita  la formación de un ser generalista, que sea capaz de hacer muchas actividades, es decir, formar un ciudadano polivalente en diversas actividades a que toca interactuar  dentro del aspecto global, que exige del conocimiento compartido a partir de la reunificación de los saberes transdisciplinarios compartidos globalmente. Porque el hombre está en capacidad para realizar las actividades de manera conjunta confluyendo transdisciplinariamente: bio-neuro-senso-antropológicoculturalmente. (Vilar, 2001).
     
La nueva racionalidad a través del pensamiento complejo se fundamenta en los siguientes principios más allá de los creados por la física cuántica la química piagetiana y los descubrimientos de la biología que a su vez inspiraron a los científicos de la transdisciplinariedad que señalamos con anterioridad. En esta dirección tenemos:
     
El principio de dinámica  histórica global, señalado por Vilar (1996), que consiste en que la sociedad actual está en contante cambios y transformaciones sociales, exige el estudio de la duración de los  múltiples ritmos temporales no solamente trabajados, por los especialistas en Historia sino también por los biólogos, los químicos, sociólogos entre otros, quienes piensan que es necesario referirse en este caso de la misma categoría o factor que hasta la modernidad era de la exclusividad del historiador, ahora le pertenece a los demás saberes de allí la confluencia entre las disciplinas en estudiar el tiempo Histórico  y no el cronológico, por que determina los procesos y el grado de ocurrencia de los hechos en un momento dado de acuerdo a la posición. Por tal motivo se estudian los diferentes tiempos de manera múltiple (Braduel, 1998). El individual, el tiempo social y el geográfico porque,  ninguno debe ser estudiado de manera separada  por todas las ciencias.
     Junto al  principio de la dinámica global interconectado con los diferentes tiempos tienen que estar vinculados con los conceptos de irreversibilidad y reversalidad en los diferentes saberes en cualquier momento de su ocurrencia puede fenecer o revertirse, esto debe estudiarse y usarse de manera conjunta por todas las ciencias. El desorden, el caos y también los otros fenómenos a la vida, la vitalidad humana, social, entre otros aspectos. Además, debe estudiarse conjuntamente todas las disciplinas, además de la dinámica  histórica global y los diversos tiempos, los principios de estabilidad y momentos.
     
El otro principio que es necesario señalar es el de globalidad, que consiste en que se debe considerar el conjunto de las interconexiones estructurales de las cosas. No solo las  ciencias sino  todos los esfuerzos de tipo intelectual, son tentativas  que tratan de descubrir los vínculos de las jerarquías relacionando la historia con la psicología  humana con el funcionamiento del cerebro y así sucesivamente con otros saberes. Por tal motivo, es necesaria la aproximación de las ciencias. Entre otras razones es porque la mente humana, es el resultado de un sistema de interrelación muy complejo, en el que se incluye la interacción social, la construcción social e individual de los valores.


BIBLIOGRAFIA

Aquino, José (2007). Aproximación a una Teoría Educativa sobre la Enseñanza de la Historia Regional desde la perspectiva transdisciplinaria sustentada  en el enfoque Geohistorico. UNERG. Calabozo.

Canelo Mario (1999). Construir y Enseñar. Buenos Aires. Editorial aique.

De Zubiria, Sergio. (2010). Modernidad y Postmodernidad. Universidad Nacional de Colombia.

Lyotar, Ean Francisco (2009). Condiciones Postmodernas. Ediciones Catedra. Madrid.

Morin Edgar (2010). Los siete Saberes Necesarios para la Educación. Ministerio de Educación Nacional de Colombia.

Nicolescu B, 2007. Transdisciplinariedad. Boletín internacional de la Unesco Francia.





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jueves, diciembre 26, 2013

Hacia una epistemología de la geomentalidad



Por José Obswaldo Pérez





1.- El espacio como lenguaje y discurso
La relación de la geografía y la historia es inevitable. Desde luego,  la mentalidad como herramienta de análisis e investigación histórica, también. Esta triada de conceptos trata de un conocimiento que comprende la relación entre el ser humano y el espacio físico.  Y el espacio,  como categoría de la geografía, se  puede ver hoy desde una visión interdisciplinaria, bajo distintas concepciones. Me limitaré en situarme a  la  que corresponde al espacio-tiempo, y a partir  de  esta perspectiva intentaré de abordar su conceptualidad, entre su naturaleza material y su construcción mental[1].

Digamos  que, desde la perspectiva del discurso historiográfico, el espacio, como  estructura, es un producto histórico y, al mismo  tiempo, un producto social,  “mutable, transformable e indisolublemente ligado a objetos y asociaciones”, como sostiene Abella Millán (S/F: 174).  Pero, el  espacio,  en  relación con la sociedad,  no es  solamente un  producto-productor (Santos,  1990) sino que, también, en él influyen las representaciones simbólicas de los  seres humanos, es decir la  superestructuras cognitivas. Como sostuvieron Henri Levfre y David Harvey, desarrolladores del concepto de espacio como  producto social,

Además, compartimos con Jean Dominique Leccia, desde ese llamado paradigma de la psico-historiografía,  que el espacio es un lenguaje, un código espacial, que nos revela nuestra modos de pensar, actuar y pensar. De modo que el lenguaje es un código simbólico por antonomasia. Construye y da a conocer las percepciones de una determinada cultura. Dicho de otro modo, el lenguaje está constituido por signos que son interpretados por los hablantes. En realidad "toda cultura es construcción de sentido por medio de símbolos y signos; los hechos dados son la expresión a través de la cual podemos acceder a las estructuras de significación que lo hombres producen sin saberlo"(Ulloa, 2006).

Interpretar el lenguaje de un lugar o su espacio es contribuir a descifrar los procesos identitarios de una población y las representaciones sociales que construyen sus individuos. De modo que los espacios son portadores de signos  y símbolos que son interpretados por quienes los observan. De allí que  Marc Augé conceptualiza el lugar como espacios relacionados e históricos trabajados y simbolizados por el hombre, de los que se extrae la identidad individual y colectiva.

2.- El hombre construye sus espacios


De manera que la construcción (psicosocial) de los lugares no es producto teórico de una ciencia particular, como la psicología social o ambiental. Desde otras disciplinas y paradigmas conceptuales se  desarrolla esta temática que pretende dar relación entre los grupos humanos y sus espacios. Por ejemplo,  en nuestros estudios toponímicos, un referente fundamental  ha sido la  obra del geógrafo chino-americano Yi-Fu Tuan Topophilia: a study of enviromental perception, attitudes, and values (1974) y Space and Place: the Perspective of Experience (1977).

Tuam examinó, de modo sistemático, el  devenir del  espacio a lugar,  considerando ambos como componentes básicos del  medio, a partir de la experiencia  propia y ajena de los  habitantes.  Para ello, el autor parte de una  perspectiva experiencial, es decir, desde los diferentes modos de comprender y elaborar una realidad.  Modos que van, desde los sentidos más pasivos: olfato, gusto y tacto, hasta los más activos como la  visión y la capacidad de simbolizar. De este modo, Tuan demuestra cómo se reconstruye el aprendizaje del espacio y su  transformación en  lugar, apoyándose muy directamente en la teoría de Piaget. Recordemos que este psicólogo social estudio el  desarrollo del conocimiento espacial en niños, especialmente reflexionados en su obra titulada La geometría espontánea en los niños (1947)

Estos aportes demuestran claramente cómo la capacidad espacial en  el hombre es anterior al conocimiento simbólico o cartográfico del  mismo.

De este modo podemos decir que los espacios son realidades cognoscitivas del sujeto. Laborda  (1997) lo define como soporte-extensión de la memoria, es decir, como un “canon de realidad, que otorga sentido a lo que se percibe, pues integra la ideología, es decir, lo que sigue la lógica propia de las ideas de la  comunidad: su conciencia, sus creencias y mitos, sus valores y objetivos[2]

También, desde la sociolingüística, el espacio y el  lugar son objeto de estudio. De modo que los espacios mentales (Mental Spaces) son construcciones sociolingüísticas, cuyos referentes son los lugares físicos o geográficos que incluyen significados de diverso orden. Compartiendo con Caravedo (2012), estos significados son construcciones colectivas y no individuales, que se transmiten de generación en generación y que condicionan el modo de vida y la percepción que tienen los pobladores de su hábitat.

Aunque si bien los lugares que habitamos son un locus material, también son objetos de carácter subjetivo. Son significados o símbolos que unos y otros lugareños le asignan. Entonces, el espacio como como realidad material y sentido sociolingüístico " no tienen el mismo valor ni las misma características para todos los seres humanos". (Caravedo, 2012: 7).

Como sostiene Caravedo, el espacio geográfico o material es la "base para la construcción mental de sus pobladores (y de los que no lo son), que se comunica de generación en generación y que queda fijada con variaciones como parte del sistema cognitivo de los protagonista". 

Es decir,  como explica Vidal Moronta (2005), las personas  o  los grupos humanos, a través de la  acción sobre el entono, transforman el espacio y dejan sus huellas como marcas simbólicas. Es decir, el proceso de apropiación del espacio, como proceso dinámico de interacción de la persona con el medio dentro de un contexto sociocultural e histórico, se desarrolla a través de dos vías complementarias (Vidal Moronta et. al., 2005): La acción – transformación y la identificación simbólica.

El  primero, corresponde al comportamiento de los grupos humanos sobre el entorno, que remite a la transformación y personalización de los escenarios de vida, conformando una red de espacios significativos para la persona que le confieren familiaridad con el espacio, para poder orientarse. “Las personas, los grupos y las comunidades transforman el espacio, dejando su impronta e incorporándolo en los procesos cognitivos y afectivos de manera activa y actualizada y dotan al espacio de significado individual y social a través de los procesos de interacción”.

Mientras, el  segundo  punto atañe al proceso de identificación con un espacio previamente transformado por la propia acción, constituyéndose en un referente para la identidad tanto individual como social, deviniéndose en lugar (Pol, 1996). Este componente comprende procesos simbólicos, cognitivos, afectivos e interactivos.

Milton Santos  define claramente el espacio como “una instancia de la sociedad, al mismo nivel que la instancia económica y la cultural-ideológica”. Es decir, es algo unitario y dinámico que reúne materialidad y acción humana. El espacio sería – según  este autor- el conjunto indisociable de sistemas de objetos naturales o fabricados y sistemas de acciones, deliberadas o  no. En cada época, se añaden nuevos objetos y nuevas acciones a las anteriores, y modifican el todo tanto formal como sustancialmente.

También, para Santos (2002: 23), el espacio social se distingue de las formas  vacías por el propio hecho de su complicidad con la estructura social. Esto es,  porque, con el desarrollo de las fuerzas productivas y la extensión de la división  del trabajo, el espacio es manipulado para profundizar las diferencias de clases.  Este mismo cambio acarrea un movimiento aparentemente dialéctico: el espacio  que une y separa a los hombres. Este nuevo discurso privilegia la dimensión social del espacio, donde las relaciones espaciales se definen como manifestaciones de las relaciones sociales de clase en el espacio geográfico producido y reproducido por el modo de producción.

Al  mismo tiempo esta posición excluye el concepto de espacio como contenedor de objetos y lo traslada hacia un sistema abstracto de elementos, movimientos y formas espaciales, y adopta un concepto del mismo como la construcción social de los agentes y las sociedades entre sí y las relaciones de estos agentes con la naturaleza tanto natural como antrópica.


También, Galván (1996) destaca la importancia del  espacio en  la  construcción del conocimiento histórico.

Le Goff explica que en el espacio existe un campo de fuerzas. Algunas son positivas, otras negativas. La derecha es positiva, buena, en cambio la izquierda es negativa, mala. Otro espacio es arriba y abajo. Lo que está arriba es positivo, es bueno, ya lo que está cerca del cielo, en cambio lo que está abajo es negativo, es malo, ya que está cerca al infierno. Este sistema también se encuentra en el cuerpo del hombre, La risa proviene del vientre, de la parte baja del cuerpo, por lo tanto es mala.....ª Habría que preguntarse en qué momento, por ejemplo, en una escuela se permite que un niño ría o no. Hay que recordar que, de hecho, se prohíbe reír en clase y solo se permite durante el recreo (p. 2).

En este sentido,  el espacio es una categoría que se comprende en  dos aspectos conceptuales: a) como regionalización/ sectorización o territorización y b) como  una dimensión ontológica relacionadas con  los sujetos y  su  manera de concebir la realidad. En el  primer aspecto, el  espacio delimita lo local, lo regional, lo nacional, lo general, lo urbano y lo rural. Aquí el espacio se refiere al  lugar donde se desarrolla el  discurso, sea este desde la  capital o  la  provincia: “se trataba de cambiar el lugar desde el cual se construía el discurso, de variar la trama geo-político-cultural en la cual se constituía el investigador” (CUCUZZA ,1994:6).

En el  segundo aspecto, el espacio es entendido como  una construcción social. El espacio nunca será neutral, sino un símbolo y  una marca de las condiciones y de las relaciones de sus habitantes.

El espacio físico es, para el ser humano, espacio apropiado - territorio - y espacio dispuesto y habitado - lugar - . En este sentido, el espacio es una construcción social y  el  espacio escolar una de las modalidades de su conversión en el territorio y lugar. De ahí que el espacio no sea jamás neutro sino signo, símbolo y huella de la condición y relaciones de quienes lo habitan. El espacio dice y comunica; por lo tanto, educa. Muestra, a quien sabe leer, el empleo que el ser humano hace del mismo. Un empleo que varía en cada cultura; que es un producto cultural específico que atañe no sólo al yo social, a  las relaciones interpersonales -  distancias, territorio personal, comunicación, contactos, conflictos,-, sino también a  la  liturgia y  ritos sociales, a la simbología de las disposiciones de los cuerpos, ubicación y posturas - y de los objetos, a su jerarquía y relaciones (VIÑAO, 1994: 8).

De manera que al  referirnos a las estructuras económicas y sociales,  en el tránsito de la sociedad colonial a la sociedad moderna venezolana, en  el tiempo histórico de  los  siglos XVIII y XIX, no  se  puede dejar de lado los cambios en  los patrones de mentalidad colectiva. 

En  nuestro contexto, la categoría del  espacio mental se  entiende como el “lugar” donde se aprende y se enseña[3].  En  este sentido,  aquellos lugares se conjugan las relaciones ente  los sujetos, por  ejemplo, aquellos sitios en donde los individuos se agrupan o simplemente se cruzan. En esos lugares pues, los mandatos, los saberes esenciales para el desenvolvimiento social, se hacen presentes (CERCÓS, 1998: 10). Y de allí surge el término geomentalidad y el  adjetivo geomental como una  forma de explicar las representaciones mentales de una sociedad. Sus inferencias lexicales nos  llevan a un nuevo  abordaje (o  modos de hacer historia) del espacio geográfico o de las formaciones espaciales, donde “se pone en  juego  no sólo el mundo de las estructuras sino también el mundo de las superestructuras[4]. Ambos léxicos nos conducen a nuevas categorías cognoscitivas que buscan abordar aspectos subalternos de realidades locales que permiten ahondar en la dinámica de dichos espacios geográficos y humanos, en sus cambios e intercambios socioeconómicos y políticos, en sus tradiciones y heterogeneidad cultural tanto en su presente como en su pasado histórico.

Corresponde empezar por aclarar, por analogía, el término geomental/geomentalidad. Ambos vocablos surgen en el recorrido de nuestro discurso. Entendemos, un tanto para hacer genealogía,  la geomentalidad como  un  concepto introducido, por primera  vez, por el geógrafo de origen coreano, Hong-key Yoon, quien estableció su significación  empírica  en su libro, Maori mind, Maori land: Essays on the cultural geography of the Maori people from an outsider's perspective (1996) y en dos artículos, Sobre la geomentalidad (On  Geomentality) e Identidad Maori y Geomentalidad Maori (Maori Identidity and Maori Geomentality).

Yoon (1986: 45) define la geomentalidad como "una estructura establecida y duradera (del estado) de la mente en relación con el medio ambiente"[5]. Según el investigador, la geomentalidad se “traduce necesariamente en un patrón de comportamiento geográfico que se refleja en una representación del paisaje cultural”. En términos simples, "la geomentalidad es una actitud de cómo las  personas se interrelacionan con el medio ambiente geográfico" y sus principales efectos son su apropiación simbólica.

Se trata dicho termino, dice el referido autor de “una forma establecida (de mentalidad) o forma que se da por sentado del cognoscente al entorno que condiciona las relaciones de la humanidad en la naturaleza: a saber, la mentalidad con respecto al entorno geográfico que está en manos de un grupo de personas o de un individuo. La geomentalidad se expresa en el comportamiento humano a través de la forma cómo la información geográfica se organiza y se clasifica, por ejemplo, en la elaboración de mapas, nombres de lugares, y la conceptualización de los paisajes”(Yoon :1986)

Asimismo, el profesor Yoon argumenta que "la determinación de la geomentalidad es la clave definitiva para explicar los patrones de fondo del comportamiento de los paisajes culturales."  Fijase que  el autor  maneja dos categorías discursivas: patrón de comportamiento geográfico y paisaje cultural. El primero se infiere, dentro de nuestra postura investigativa, como los mapas de representación de la naturaleza y de los elementos creados por el hombre mediante precepciones generadas por la realidad: poblaciones, vías de comunicación, cultivos, entre otros. El término se ubica dentro de  otras ciencias geográficas como la  geografía cultural y humana contemporánea y, por  ende,  la  segunda categoría se refiere al  resultado de la  transformación ordenada y  meditada del  hombre sobre el  medio ambiente[6].

Por  otra parte, el profesor Yoon considera el estudio de la geomentalidad "como un intento de identificar los tipos de mentes e imágenes que son responsables de los patrones de paisaje cultural".  De modo que el  concepto de geomentalidad  propuesto aquí es  una categoría útil para la construcción de un discurso contemporáneo en relación con los espacios geográficos y su interrelación con el Hombre. Es decir, la relación entre el objeto y sujeto como un modo de producción de conocimiento  (Hegel; Foulcault, 1999:13). En pocas palabras se trata de un  nuevo abordaje de la  realidad, en  el que se incluyen- en este campo de investigación- las percepciones geomentales que tienen las personas sobre los espacios: las sensaciones, los recuerdos, la conciencia regional y local, el condicionamiento cultural y el carácter distintivo del lugar en sí (ver Gráfico 1).


Gráfico 1. La  percepción de la realidad del espacio geomental.
Elaborado por el Autor

También, otros autores han usado el término desde varios puntos de vista del  conocimiento. Deborah Bird Rose – una ecologista australiana- lo  menciona varias veces en un complejo artículo[7] sobre la relación entre el espacio físico, y la sacralidad y la ética o moralidad que lo envuelve en el campo de la religión indígena. Otro autor, George Tinker – un teólogo indígena norteamericano- igualmente ha usado este concepto en la interrelación entre el ecologismo y la cosmología, con el argumento de que” necesitamos historias comunes que pueden generar teologías "funcionales", o, mejor aún,  mitologías funcionales, que sustentan la vida de la comunidad (die vida de las comunidades) en formas nuevas y vibrantes. La crisis contemporánea exige imaginar nuevas historias que pueden generar la vida y no la conquista - ya sean culturales, militares, económicas o intelectuales” (Tinker, 1997: 173).

En Venezuela, el  doctor J. Pascual Mora García usa el término geomental, que introduce -por primera vez en el  país- en su tesis doctoral (2001): Historia Social de las Mentalidades y de la Educación en Vicaría Foránea de La Grita, durante el Tiempo Histórico de la Diócesis de Mérida de Maracaibo. (1776-1899). Mora García formuló su concepto a partir de la evolución histórica de los términos mentalidad colectiva, memoria colectiva o utillaje mental y sobre la base de  esta  reflexión blocheriana de que " la forma de pensar es para el historiador de la estructura social, un punto de partida” " (Bloch, 1994:98).

Mora García explica  que el espacio geomental es  una categoría epistémica que nos provee la Escuela de los Annales (1920), de cuya revisión  genealógica se extrae la  historia del concepto y su sentido polisémico en varios significados: utillaje mental, memoria, prácticas cotidianas, imaginarios y representaciones colectivas. Entre las características de este enfoque está su  dimensión  multidisciplinaria,  la cual se apoya de la psicología social y  se concreta al  estudio del espacio, tiempo y mentalidad. Otro aspecto importante es que la geomentalidad se focaliza más en el sujeto y su entorno, mientras el enfoque geohistórico se ha dedicado  más al espacio.

Agrega el autor citado que lo geomental es vinculación que va más allá de la cercanía geográfica y física; fundamentalmente porque se construye sobre la base de las mentalidades, imaginarios y representaciones colectivas; sobre los símbolos, emblemas e íconos que identifican a un colectivo histórico.


CARACTERÍSTICAS DEL ENFOQUE GEOMENTAL
1. Objeto Central: Las Estructuras Mentales.
2. Enfoque Disciplinar Central: La Interdisciplinariedad.
3. Reconocimiento de los individuos comunes de la Historia.
4. Una Historia de la Cotidianidad.
5. Tiempo Etnológico. Tiempo de larga duración. Tiempo Estructural.
6. Una Historia de los temas más deprimidos de la Historia.
7. Una Historia que hurga en Psicología Colectiva.
8. Concentra el análisis en la superestructura.

Fuente: MORA-GARCÍA, P. (2004). La dama, el cura y el maestro en el siglo XIX. Mérida, Venezuela: ULA/ Consejo de Publicaciones.

El espacio geomental designa un sector de la búsqueda histórica que apunta a reconstruir la concepción del mundo y la sensibilidad colectiva propia de una cultura, adecuadas a un momento histórico dado. El concepto es amplio para su compresión;  no solamente designa a las estructuras cognitivas sino también los hábitos psicológicos y morales, las esencias profundas, la visión del mundo, así como el dominio afectivo de los  habitantes. Este giro lingüístico[8] del  término plantea un nuevo enfoque historiográfico que permite descubrir y precisar, en un periodo histórico determinado,  las relaciones económicas, políticas, religiosas e ideológicas internas y externas de una comunidad, lo cual constituye el análisis y la síntesis de la organización y estructura del espacio social,  producto de la apropiación del hombre.

Desde el enfoque geomental, el  espacio es concebido como creación de los seres humanos, quienes se organizan en sociedad y están regidos a condiciones históricas concretas.



[1] ABELLA MILLAN, PACIFICO (S/F). Elementos para una delimitación del concepto de mentalidad espacial en Geografía. Revista Entorno Geográfico. No. 4. Colombia: Universidad del Valle.
[2] LABORDA, XAVIER (1997) “Hermenéutica de los lugares. Nueve principios y un epilogo”. Homenaje al profesor A. Roldán. España: Universidad de Murcia, pp. 753-765.
[3] VIÑAO FRAGO, Antonio (1996). Espacio y Tiempo. Educación e Historia, Cuadernos del IMCED N°11, México, p.83
[4]Mora García, J. PASCUAL (2005).- "Nación, Representaciones colectivas y Cultura tachirense." En: Mendoza, C.  (Coordinadora) (2005) Imaginarios, Educación y Nación, hacia la reinvención de nuestra América.
[5] Yoon, H.K. (1986). Maori mind, Maori land: Essays on the cultural geogra,phy of the Maori people from an outsider's perspective. Berne, Switz.: P. Lang.
[6] RODRÍGUEZ, JOSÉ ANGEL (2000). El hombre en  el  espacio. En: Visiones del  Oficio. Historiadores del  siglo XIX. Caracas:
[7] BIRD ROSE, DEBORAH (2002).Sacred site, ancestral clearing, and enviroment ethics, En: Readings in Indigenous Religions, pp- 319-42.
[8] En nuestro concepto, la definición de giro epistemológico se basa en  el  trabajo de investigación realizado en textos y la realidad que analiza es accesible únicamente por medio del lenguaje. De  modo que el historiador aprehende solamente la representación discursiva de esa realidad textual.

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