domingo, agosto 24, 2014

Juan Hurtado Manrique y la Iglesia de Ortiz

Algunos aspectos históricos sobre su recuperación se inician en el mes de enero de 1886, cuando se conforma una Junta de Fomento, bajo la presidencia del presbítero doctor Juan B. Franceschini, quien dedicará sus esfuerzos para rescatar aquel espacio religioso

Juan Hurtado Manrique,
Proyectista de la Iglesia de Ortiz
(Foto Reproducción JOP)


Por José Obswaldo Pérez


Sobre la reconstrucción del templo de Santa Rosa de Lima del pueblo de Ortiz hay una riqueza histórica aún poco estudiada y sistematizada. Algunos aspectos históricos sobre su recuperación se inician en el mes de enero de 1886, cuando se conforma una Junta de Fomento, bajo la presidencia del presbítero doctor Juan B. Franceschini, quien dedicará sus esfuerzos para rescatar aquel espacio religioso, el cual se hallaba en “desmejoradas” condiciones por la “presión del tiempo”.

Entre los primeros objetivos de dicha Junta estaba la de encargarse de recolectar fondos entre los vecinos para tan loable obra. Así fue como se inició aquel comité que, para la fecha, ya había reunido unos 500 pesos, los cuales habrían de ayudar, en gran parte, en la reparación del templo.

A la par de esta iniciativa de los orticeños, el general Joaquín Crespo Torres – siendo presidente de la República – se comprometió durante una visita al pueblo de Ortiz, el 13 de mayo de 1886 que “emprendería toda su ascendente en la administración actual de país, para que el Tesoro Nacional erogase inmediatamente la cantidad de mil pesos, como contingente (...) a la reedificación del templo de esta ciudad”.

Para esta labor, el gobierno de Crespo encomendó la ejecución de la obra al notable arquitecto caraqueño Juan Hurtado Manrique, quien inicio los trabajos en julio de 1886 y para finales de ese año estaba terminado el frente y casi todas las paredes laterales de las naves derecha e izquierda.

El 8 de diciembre de 1896, el presbítero Franceschini señala – en una carta dirigida al ministerio de Obras Públicas (MOP) -, los adelantos de la reedificación, mencionando que faltaba el techado del templo; pero, los trabajos se habían interrumpidos, desde 1895.

“En esta obra se ha invertido (aproximadamente, hasta el último del mes próximo pasado) veinticinco mil pesos o sean cien mil bolívares”, apunta el emprendedor sacerdote, en su correspondencia.

Y continúa el párroco destacando que “para poner este edificio a punto de techarlo, falta pues, concluir el presbiterio y cuatro columna con cinco arcos por cada lado de la nave del centro”, acota.

A estos trabajos se incorporó el arquitecto Alejandro Chataing, asistente de Hurtado Manrique. En 1895, ambos proyectaron las modificaciones de la iglesia de Ortiz, la cual sólo se construye parcialmente. De modo que quedó inconclusa hasta finales de siglo XX. Sin embargo, se terminó el ancho frente, con dos cuerpos cilíndricos en sus extremos, destinados para la sacristía y el baptisterio y terminados con cúpulas. Los muros laterales que quedaron sin frisos evidencian las técnicas constructivas coloniales de mampostería y tapias con rafas, utilizadas por el arquitecto, mientras que las columnas fueron levantadas con ladrillos cuidadosamente conformados para reproducir la forma redonda.

La iglesia fue diseñada en una escala ambiciosa. Pero la crisis económica y política afectó la continuación de estos trabajos. También, tristemente, Ortiz fue afectado por la catástrofe del paludismo descrita en la novela de Miguel Otero Silva. La localidad para 1888 había perdido sus funciones administrativas estadales, con ellas le habían decretado la muerte.
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El Partido Nacionalista en Guárico (1936-1941)

FELIPE HERNÁNDEZ G.


Roberto Vargas, una de las figuras políticas
del Partido Nacionalista del Guárico

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Los primeros 35 años de la dinastía andina se iniciaron con la invasión de los sesenta que devino en la llamada Revolución Liberal restauradora, comandada por el general Cipriano Castro, quien derrocó al general Ignacio Andrade el 19 de octubre de 1898, meses después del asesinato del general Joaquín Crespo en la Mata Carmelera, el 16 de abril de 1898, este suceso dejó a Venezuela sin partidos políticos por más de 35 años. Muerto Gómez, el país vive un estallido político a partir de 1936.

El primer partido en organizarse fue Unión Nacional Republicana (UNR), fundado el 31 de enero. Entre sus fundadores estaban Martín Pérez Guevara, Casto Fulgencio López, Leopoldo García Maldonado, Enrique Tejera Paris. UNR fue el primero, y duró muy poco. De sus principales figuras, unos se fueron para el gabinete del presidente López Contreras, mientras otros buscaron tiendas políticas de mayor definición y vuelo.

El doctor Roberto Vargas y Oscar Larrazábal habían sido de los fundadores del Partido de José Manuel “El Mocho” Hernández, surgido de una escisión conservadora del Partido Liberal Nacionalista en tiempos del general Joaquín Crespo Torres. Entre 1936 y 1937 varios personajes se dedicarían a estructurar los que se llamaría el PARNAC, que era el resucitar del Partido Nacionalista al cual en el Guárico, perteneció el Dr. Roberto Vargas.

En su libro El Tuerto Vargas, doctor y general (1990), don Oldman Botello cita la obra: Venezuela Moderna (p. 37), donde se señala: “…El presidente Eleazar López Contreras estimuló la creación de organizaciones partidistas en el seno del gobierno y trató de que los amigos de su gobierno y la gente atemorizada por la presencia de las nuevas corrientes ideológicas y políticas se organizara para la batalla. En este camino permitió que el Ministro de Obras Públicas, ingeniero Tomás Pacanins protegiera la creación o mejor, la resurrección del Partido Nacionalista bajo las siglas de Parnac, queriendo estimular en los escasos sobrevivientes y en los nietos de los jefes del mochismo, o nacionalismo, el entusiasmo que fue candela guerrillera y fe electoral a comienzos del siglo XX”.
El Dr. Roberto Vargas fue de los abanderados en la constitución del PARNAC, en el cual militaban jóvenes representantes de las clases pudientes guariqueñas y algunos cuantos mayores. Pero esta organización tuvo vida efímera.
El Dr. Vargas, simultáneamente con su participación como senador, en 1936 es electo para encabezar el gremio de los ganaderos con el nombre de Asociación Nacional de Ganaderos de Venezuela, que es el embrión de lo que en 1938 el Dr. Julio de Armas Mirabal, junto con los hermanos Eladio y Arturo Díaz Vargas, de Valle de la Pascua; el Dr. Antonio Aranguren y Miguel Pulido, de Camaguán, constituyeron plenamente con carácter nacional. Fue un gremio también de poca duración aquel que encabezó Vargas, pero le correspondería presidir en 1946-47 la Asociación Nacional ya citada, teniendo como Secretario al fundador y primer Presidente, Dr. Julio de Armas.
El 16 de julio de 1936, junto con otras agrupaciones entre ellas los banqueros, caficultores, cañicultores, cacaoteros y empresarios, dirigen una exposición al Presidente López Contreras apoyando el “Programa de Febrero” por satisfacer las necesidades nacionales; consideran necesaria la promulgación de una ley que garantizase el orden público y condenaba la doctrina comunista, como era de esperarse en un grupo oligárquico como el que dirigía la exposición al Presidente López Contreras. (El Universal, Caracas, 20 de junio de 1936, p. 1. Citado por OB).

Estos tiempos fueron convulsionados para el país, especialmente en Caracas, donde el gobierno trataba de frenar los ímpetus de las generaciones emergentes en la política. Contaba el gobierno con el apoyo de la alta burguesía. Desde las tribunas de la oposición se denunciaban los desmanes en los métodos lopecistas de conducir el país.

El viernes 25 de septiembre de 1936 se constituye la directiva nacional del PARNAC, integrada por los principales Pedro José Rojas, Jorge Herrera Uslar, Oscar Larrazábal (que fue secretario del Mocho Hernández), Antonio Parra Pérez, Pedro María Delgado, Jorge Arévalo González y Carlos Navas Spínola; suplentes: Feliciano Pacanins, Antonio Lima, Roberto Vargas, Germán Balda Cantisani, Bernardo Borges Ustáriz, Elías Pérez Sosa y J.M. Pérez Machado; el tesorero fue J.A. Rangel Báez.

“Puros viejos godos. De la oligarquía caraqueña y provincial”, dice don Oldman Botello. El Partido Nacionalista o Parnac, junto con otros partidos fue estimulado por López Contreras como contrapeso a los partidos de izquierda, e inclusive le permitió a su ministro Tomás Pacanins que reviviera el Partido Nacionalista. Pudiéndose afirmar, que en el período 1936-1941, se plantea en la sociedad venezolana una crisis política en la que se dirime o pone en juego la cuestión del poder. En el curso de esa crisis y de la lucha que de ella se deriva, el Parnac se identifica con la clase social dominante, la cual intenta imponer desde el estado una concepción y una práctica autoritaria, oligárquica y restringida de la democracia.

En su declaración de principios el PARNAC se definía como “…una asociación cívica nacional de orden político, cuya finalidad es la de establecer en Venezuela la verdadera república democrática, organizando de acuerdo con las bases de su programa político, social y económico, los distintos ramos en que se divide la administración republicana”. Se fijó como objetivo realizar en Venezuela una renovación política y social; bajo el lema “La Patria por razón o por fuerza” y como bandera el color azul del pabellón nacional.

Pero su concepción política y su identificación con la elite gobernante, le depararon al Partido Nacionalista una vida efímera; no pudo resistir el peso y la dinámica de la historia, era una Venezuela distinta.

Para ese mismo tiempo ocurre también la disolución de otros partidos políticos como ORVE (Movimiento de Organización Venezolana), PRP Partido Revolucionario Progresista), FEV (Federación de Estudiantes de Venezuela), OP (Organización Popular) “…expulsados del país sus máximos dirigentes y confinados otros (…) tanto el Partido Nacionalista (PARNAC) como el Partido Agrario Nacional (PAN), perdieron su favor (el de López Contreras) y se extinguieron sin pena ni gloria…” (Venezuela Moderna. p. 37). El presidente López Contreras en su Mensaje ante el Congreso justificó las medidas por necesarias.

En el Guárico, del PARNAC en Ortiz fueron militantes: el Dr. Roberto Vargas, Horacio Trujillo, Nicanor Rodríguez… En Valle de la Pascua, las familias Zamora Pérez, Hernández Núñez, Hernández Zamora y los hermanos Eladio y Arturo Díaz Vargas. En Camaguán: Dr. Julio de Armas Mirabal, Dr. Antonio Aranguren y Miguel Pulido.

De sus últimas actividades, en junio de 1938 en Valle de la Pascua circuló una convocatoria del Partido Nacionalista, que supongo también circuló en los principales pueblos del Guárico, decía así:
PARTIDO NACIONALISTA
Por la razón y por la fuerza
CONVOCATORIA
El Directorio del Partido Nacionalista del Distrito Infante, en sesión extraordinaria del día 29 del próximo pasado, ha acordado convocar a sus miembros a un asamblea general, con el fin de constituir el nuevo Directorio político del año 1938 a 1939, y tratar asuntos de suma importancia para la colectividad. Se invita a todas las personas simpatizantes del Par-Nac., a la asistencia de este acto, que tendrá lugar el día 5 del corriente mes a las 2 p.m., en el salón de la Sociedad Socorro Mutuo.
Valle de la Pascua: 3 de junio de 1938.
El Directorio.
Pero ya la organización estaba herida de muerte y como tal desapareció… haciendo una efímera reaparición en 1941 para apoyar al presiente Medina Angarita.


REFERENCIAS
BATTAGLINI, Oscar. (2001): La democracia en Venezuela: Una historia de potencialidades no realizadas. Caracas: Ediciones FACES/UCV.
BOTELLO, Oldman. (1990): El Tuerto Vargas, doctor y general. Caracas: Fondo Editorial Ipasme. pp. 290-292.
CONSALVI, Simón Alberto. (2011): La historia y sus historias. El Post-Gomecismo 1936: Los Partidos Políticos (IV). Caracas: El Nacional, 14 Febrero de 2011.
El Universal, Caracas, 20 de junio de 1936, p. 1, citado por OB).
Fundación Universidad Metropolitana. (1988): Apreciación del proceso histórico venezolano. Caracas: Fondo Editorial Interfundaciones
HERNÁNDEZ G. Felipe. (2006): Historia de Valle de la Pascua. En los Llanos del Guárico. Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e hijo. p. 225.
MAGALLANES, Manuel Vicente. (1983): Los Partidos Políticos en la evolución histórica venezolana. Caracas: Ediciones Centauro/83. 5a edición. pp. 301-302.
Mensajes Presidenciales, tomo IV, p. 312.

Cronista Oficial del Municipio Leonardo Infante

felipehernandez457@yahoo.com
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viernes, agosto 08, 2014

Enseñanza, elites y sujetos

José Obswaldo Pérez

Durante  el  periodo de  la  conquista y la colonización en Hispanoamérica, la  organización de  la educación resultó un  proceso lento y  tardío, a lo  largo del  hoy territorio venezolano y, en  el particular, en la región  geomental  del  estado Guárico.  Diferencias explicables históricamente en razón a nuestra estructuración  social, económica y  política. Aunque, todavía,  siguen siendo desiertas las búsquedas de registros discursivos que den cuenta de la presencia del maestro o de la escuela primaria en nuestros espacios locales durante el  tiempo histórico colonial. Apenas unas  pocas descripciones referidas en forma parcelada detallan visiones teogónicas y cosmogónicas expresadas por aquellos hombres, primeros habitantes y observadores de estos paisajes  culturales  (Bigott, 1995) y,  especialmente,  por la visión de los llamados Cronistas de India.


De lo que sí se sabe es que los procesos de la educación en el territorio de ultramar se llevaron a cabo a través de la Ley de Evangelización y Colonización de nuestras provincias, promovidos por la corona española y las comunidades religiosas, principalmente, la Compañía de Jesús, que ejerció su influencia en gran parte de  la Provincia de Caracas (Gómez, 2007). Su misión, como perspectiva de orientación política, era evangelizar el alma de las poblaciones indígenas para conquistar sus  territorios, tarea muy beneficiosa, por los intereses lucrativos del  poder de España. Por lo tanto, la escuela de esta época es “más de orden político y moral que de enseñanza de conocimientos o lugar de educación, lo que en términos de la época se expresaba bajo la siguiente máxima: la escuela es el principal ramo de la policía [1].  Más  adelante, el  doctor Alberto Martínez Boom aclara:

“esas máximas morales, esas prácticas de policía, esas formas de vida en civilidad y la enseñanza en oficios son los primeros objetos del saber de la escuela y por tanto, estamos hablando de un saber político más que de un saber pedagógico, propiamente tal, que es el que posibilita la individualización de un saber acerca de la enseñanza” [2].

Como se desprende del párrafo anterior, las pretensiones educativas del Estado Metropolitano español era la construcción de un sujeto para la dominación.  “Los blancos peninsulares y criollos, eran la clase dueña de los medios de producción, con poder para controlar el aparato productivo y el Estado”,  indica la doctora Maigualida  del Valle Pinto Iriarte (2012: 15).

Por otra  parte, la enseñanza de la  religión  respondía  al  paradigma del escolasticismo de Santo Tomás y a la visión Jesuítica de una educación para el desarrollo armónico de todas las facultades humanas, naturales y sobrenaturales (Rey F., 1979 y Maldonado, 1983). Quizás esta ultima de mayor alcance  en  Hispanoamérica,  concebida para preparar a las elites destinadas a ocupar puestos de dirección con arreglo a las necesidades de la colonia; pero,  sobre todo,  para desarrollar el  proceso de transculturación y servir de instrumento de construcción de un nuevo orden social y  político  en aquellos espacios coloniales , como réplica  de  la cultura metropolitana [3].

Mientras  las clases subalternas como los indígenas o los  esclavizados africanos no eran necesarias  educarlas[4]   ya que para trabajar en las minas o en  las  actividades agrícolas, o en otro tipo de  trabajos, sólo se requería la fuerza física u otro tipo de saber orientado, básicamente, a la socialización; aunque estás clases subalternas y excluidas  serán la constructoras de un saber popular mestizo y una  nueva estructura de sociedad[5]  en  el Nuevo Mundo. Muchos de estos sujetos,  especialmente, los esclavizados negros, desafiaran los estereotipos raciales de la época  y,  sin saberlos, subvirtiran las estructuras de la sociedad colonial a través de su trabajo doméstico.

Desde esta  visión egocéntrica del  espíritu de la  conquista, las primeras escuelas primarias en Venezuela estarán vinculadas al proceso de ocupación del territorio y la estructuración de los primeros núcleos urbanos de implantación colonial (Grisanti, 1950). Y con ellas se impondrán como instrumentos de dominación espiritual y cultural que dará origen a la formación y consolidación del  Estado-nación. Una arquitectura legal – de base filosófico-teológica- apoyará a los aparatos de ideologización y dominio colonizador. Un ejemplo de estos preceptos legales será el Real Patronato de Indias que no  sólo normará las regulaciones internas  de las provincias de ultramar  sino la unidad entre las relaciones Estado Español y la institución religiosa. Dicha normativa situaba a la Iglesia católica y sus órganos bajo el control de la Corona  española; pero, en  contra partida, el reino de España se comprometía a cristianizar las tierras conquistadas y favorecer la prosperidad espiritual y material del catolicismo, a la cual se le confiaba la educación, los hospitales y las instituciones caritativas, entre  otros espacios de poderes .

De modo que la Iglesia era, en la práctica, uno  de los principales agentes del poder civil o, dicho de otra manera, su brazo derecho. Bajo su tutelaje –como regla general- se obligaba a los encomenderos a organizar y financiar escuelas de encomienda para los indígenas, las cuales dependían de su administración; allí debían enseñarles español, religión y algunas habilidades manuales. Pero, en la praxis no existía control de esta normativa por parte del Estado y, frecuentemente, no se cumplía.  Como hemos sostenido atrás, la escuela de este período poco se encuentra como espacio público generadora de saberes. Sólo el evangelizador, como los capellanes, tenían la responsabilidad llevar aprendizajes a los niños de los lugares apartados de la provincia,  pero no era “una  práctica pedagógica institucionalizada [6].

La alianza entre el Estado Español, como factor de dominación colonial, y la Iglesia, como elemento ideológico, durará hasta el año de 1767, cuando España decide  expulsar a los jesuitas del  país. Las razones historiográficas se marcan en las diferencias de los nuevos actores de la sociedad republicana que comenzaba emerger en la Nueva España y en  las visiones políticas que tuvieron nuestros forjadores de la nacionalidad[7]. Pero, pese a estos juicios, la  congregación de los Jesuitas fueron  quienes intentaron implementar la educación popular, es decir, la formación policlasista  y de carácter legalista[8] en  la sociedad colonial de finales del siglo XVIII, tal  como  lo expresa Gonzalbo  Aizpuru (1998):

La educación jesuítica, con sus virtudes y sus defectos, había llevado su influencia hasta los últimos rincones y había penetrado en la conciencia de la mayor parte de la población novohispana” [9]

Bonilla Molina (2009) sostiene que el aparecimiento tardío y  laborioso  de la educación en Venezuela, se puede atribuir a tres aspectos fundamentales: a) la carencia de explotaciones mineras, b) la ausencia de grandes concentraciones humanas en el territorio nacional y c) la profunda concepción elitesca  de autoridades delegadas por la Corona española para gobernar en el nuevo territorio.

Sin embargo, Bonilla Molina señala que es, a finales del siglo XVII y a comienzos del siglo XVIII, cuando la sociedad colonial asiste al surgimiento con cierta formalidad y extensión de la educación colonial.  Pero se tratará de una educación “en la que sólo estudiaba en la escuela la descendencia de los mantuanos [10].  El órgano rector de las políticas educativas era el  Cabildo de Caracas, que se encargaba de normar  la  educación y, por su intermedio  establecía  las  cátedras de gramática y habilitaba para el ejercicio de la docencia; pero, aparte de algunos maestros particulares, en la colonia no había mayor escolarización. La escuela primaria era, en verdad, de escaso número y cobertura de estudiantes. A estos accedían sólo los hijos de los blancos, la elite de una sociedad  de privilegiados[11]  y castas  con aspiraciones de poder.  Era una escuela estamental  de grupos cerrados a los que sólo  se accedía  fundamentalmente por nacimiento o  por títulos de nobleza   y  linaje.   De  modo que  las  primeras escuelas  eran discriminantes y excluyentes, con bajo nivel de capacitación y escasa de  recursos.

Sobre el Cabildo de Caracas  y  la Real y Pontificia Universidad de Caracas  recaerá, en ambas, el papel de órganos administrativos y políticos que, al mismo tiempo, funcionarán como elemento integrador “del disperso conglomerado humano de las provincias venezolanas sujetas al imperio español”[12].  A parte de las decisiones  del cabildo, en Guárico, las políticas educativas recayeron fundamentalmente en las órdenes religiosas y en las autoridades del clero secular que, junto el poder Real, dieron carácter institucional a la educación primaria en la región.  En ese periodo de larga duración, Calabozo será más tarde el pueblo iniciador de los estudios de enseñanza primaria en la entidad. Y con ella los de secundaria y, posteriormente,  la universitaria.


Notas bibliográficas


[1] Martínez Boom, Alberto (2010, Segundo semestre).Educación y Bicentenario: la inquietud del presente. Bogotá: Revista Colombiana de Educación, N. º 59,p.38
[2] Ídem. Ob. cit, p 39
[3]CARUSO, MARCELO (2010). La emancipación semántica “Primeras Letras” en Hispanoamérica (ca 1770-1840). Madrid: Rev.Bordón, v. 62, n. 2 ; p. 39-51
[4]Pinto Iriarte, MAIGUALIDA DEL V (2012).Líneas estratégicas para el currículo en el subsistema de Educación básica venezolano. La Habana: Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño.Tesis en opción al Grado Científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas, p.
[5]BRACHO, Jorge (2008). Mestizaje ciudadanía y cultura popular: La conciliación contradictoria. Tiempo y Espacio [online]. 2008, vol.18, n.50, pp. 295-320.
[6] MARTINEZ BOOM, ALBERTO (2005). La escuela pública: del socorro de los pobres  a la policía de los niños, p.135
[7] VILLALBA PÉREZ, ENRIQUE (2003).Consecuencias educativas de la expulsión de los jesuitas de América. Madrid: Biblioteca del instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad. También ver  SILVA A. Alberto. (2001). Breve Historia de América Latina. Caracas: Universidad Metropolitana. Pág. 58.   
[8]BLANCO G, OSCAR E (2000). Una mirada a la evaluación educativa a través de diversas épocas del acontecer venezolano.  Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales. Nº 5, p.159
[9] Gonzalbo Aizpuru, Pilar (1998). La educación popular de los jesuitas, México: Universidad Iberoamericana, pp. 230-231.
[10] Rubiano Albornoz,  (2009, Abril - Mayo - Junio).Breve historia de la escuela en Venezuela. EDUCERE. Vol. 1316 - 4910  Año 13, Nº 45; pp. 271 - 279.
[11] BRITO FIGUEROA, FEDERICO  (1978). Historia económica y social de Venezuela. Tomo II. Caracas: Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela.
[12] LEAL, Idelfonso (1981).La  educación y la “Real y Pontifica Universidad de Caracas” de 1721. En: Historia de la  Universidad Central de Venezuela. Ediciones  de la  Biblioteca. Caracas: UCV.
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lunes, julio 28, 2014

Primero de julio de 1914: comienzo de la Venezuela petrolera

Los cambios producidos por los procesos desencadenados como consecuencia de ello han sido tan profundos que es posible hablar de dos Venezuela: una antes del advenimiento de la actividad petrolera, y otra desde entonces.



Por Ubaldo Ruiz*



El día primero de julio de 1914, en Mene Grande, estado Zulia, comenzó a brotar petróleo del pozo Zumaque N° 1, hecho que dio inicio a la etapa que ha sido conocida como la Venezuela Petrolera; a partir de entonces, y hasta el presente, el país pasó de ser agro exportador, a estar regido por un modelo rentista petrolero.

Los cambios producidos por los procesos desencadenados como consecuencia de ello han sido tan profundos que es posible hablar de dos Venezuela: una antes del advenimiento de la actividad petrolera, y otra desde entonces. Gracias al petróleo el Estado se enriqueció y creció descomunalmente; el territorio nacional se integró con las vías de comunicación; surgieron nuevas ciudades y crecieron otras; la agricultura y demás actividades económicas comenzaron a depender de la renta petrolera; se forjó la idea de que somos un país rico, y que la función del Estado es la de repartir esa riqueza, lo que derivó en el Estado paternalista, aprovechado política y electoralmente por varios gobiernos populistas.

Todo comenzó en 1913, en Londres, cuando la empresa anglo holandesa Royal Dutch Shell compró 27 millones de hectáreas que poseía la compañía estadounidense General Asphalt en concesiones en Venezuela; entonces se constituyeron las compañías Burlingston Investment, y Caribbean Petroleum Company, a través de las cuales la Shell entraría a explotar el petróleo venezolano. Para ello, se envía a principios de ese año a Caracas al representante de las empresas extranjeras, el estadounidense W. T. S. Doyle, quien organiza, en connivencia con el gobierno del general Gómez, todas las actividades de exploración y explotación.

Para la realización de esas actividades, se renta la casa N° 26, situada entre las esquinas de Salas y Caja de Agua, adonde llega una delegación de 23 técnicos, entre ingenieros y geólogos, encabezados por Ralph Arnold, George Mc Cready y John Elliot, todos egresados de Stanford University, Harvard University y el Instituto Tecnológico de Massachussetts; después de realizar intensos operativos de reconocimiento de la costa venezolana, desde Paria hasta la Guajira, recomiendan comenzar las actividades de perforación en la costa oriental del lago de Maracaibo; hacia allí envían, a principios de 1914, a los dos geólogos más jóvenes de la expedición, Floyd Merrit y Garnet Joslin, quienes hacen parte del camino de Caracas a Maracaibo a pie, y después de explorar los lugares recomendados, deciden hacer la perforación en el lugar llamado Mene Grande.

A fin de dar comienzo a los trabajos de perforación, Floyd Merrit contrata en Maracaibo a dos cuadrillas de trabajadores que serán los primeros obreros petroleros de Venezuela; algunos vienen de Trujillo, otros de Coro, de Carora y de la propia capital del Zulia: sus nombres quedaron registrados para la posteridad: Juan Páez, Segundo Petit, Sebastián Rengifo, Luis Márquez y Carlos Leiva, formaron una cuadrilla, mientras que la otra la integraron, Hernán Cardozo, Alcibíades Colina, Manuel Sandrea y José Ballesteros; además, se contrató a un perforador con experiencia en Texas, George Brake.

Comienza el taladro su actividad, y cuando pasa de mil pies de profundidad se atasca de tal forma que el perforador texano no puede ponerlo a funcionar de nuevo; entonces el maracucho Manuel Sandrea, que había aprendido mecánica reparando las navajas y los puñales de los guapos de El Saladillo, logra desatascar el taladro, con lo cual continúa la operación, hasta que el día primero de julio de 1914, tras un estruendo proveniente de las entrañas de la tierra, comienza a brotar el petróleo a borbotones: había comenzado así la época petrolera. Probablemente, aquellos trabajadores no tuvieron conciencia de que eran testigos privilegiados del nacimiento de la Venezuela del petróleo


*PROFESOR EN EL PROGRAMA DE HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD RÓMULO GALLEGOS. CALABOZO, ESTADO GUÁRICO.
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domingo, julio 20, 2014

Hitos de la Educación Primaria en Ortiz

Niños escolares de Ortiz, durante una festividad patria a principios del siglo XX
(Foto reprodución Archivo de la Lcda Hortensia Rodríguez)

La creación de la institucionalidad educativa en  Guárico  y en el municipio Ortiz, entre 1830-1881, presenta cuatro hitos referenciales fundamentales que son:  la creación del Colegio Nacional de Calabozo en 1839, la creación de la  Provincia de Guárico en 1846, el establecimiento de las escuelas federales y el debate ideológico-educativo de principios y  finales del siglo XIX. Estos cuatro aspectos a consideración constituyen, de  manera  personal, los dispositivos discursivos de  la educación primaria en la  recién creada Provincia de Guárico y, por  ende, en  el nuevo Cantón de Ortiz, durante la etapa que hemos denominado período republicano.

Desde los antecedentes genealógicos, entre 1832 y 1888, podemos detectar que las escuelas públicas eran decretadas en razón de lo político – administrativo, es decir, éstas se establecían en primer lugar en la capital de la provincia,  luego en las cabeceras del Cantón y, posteriormente, en las capitales de las parroquias,  como se puede apreciar en  el siguiente cuadro:


Escuelas primarias públicas. Año 1832. Cantón Ortiz
PARROQUIA
NO DE ESTUDIANTES
SUELDO MENSUAL
DEL PRECEPTOR (PESOS)
Ortiz
25
15
Sn Fco de Tiznados
20
25
Sn J. de Tiznados
20
25
TOTAL
65
65
Elaboración: Propia                             Fuente: Gaceta de Caracas

Al  revisar el cuadro anterior se observa que entre las tres parroquias había en total 65 escolares y que el costo  promedio por cada uno era de un peso mensual por estudiante. Los demás pueblos y caseríos contarán tardíamente con este servicio. 

En cambio, las escuelas privadas o  particulares no se regían por este principio, ya que dependían del interés de la  población o de alguien que deseara prestar esta colaboración. En un estudio aproximativo de las fuentes eclesiásticas nos  encontramos con una relación de 1813, con la noticia de dos mujeres blancas de nombre Amosina y Francisca Cosén, quienes se dedicaban a enseñar niños del pueblo. Mujeres particulares para una educación particular y casi son anónimas a no ser por el registro de sus nombres. Nada se sabe de ellas. Solo tenían un número por regular de estudiantes, entre 6 o 12 niños, que asistía a sus horas a la escuela.

Otras fuentes son las del Archivo General de la Nación y la Gaceta de Venezuela. La consulta de estos documentos nos ha  permitido reconocer el  origen de la  escuela  primaria en Ortiz,  cuya génesis fue en  un  principio  privada. Tales fuentes nos permiten reflexionar, sistematizar y disciplinar nuestro campo de estudio. En 1833 se había fundado un colegio particular para varones, el cual se mantuvo por largo tiempo hasta casi finales del siglo XIX.  Más tarde, en 1838, varios vecinos de la  parroquia  San  Francisco de Tiznados, Cantón Villa de Cura, pedían la dotación correspondiente de un preceptor de primeras letras de dicha parroquia.

Para 1842, el periódico El  Liberal informaba que la  población de Ortiz contaba entre 10 y 20 niños en  escuelas particulares, mientras que  el índice  poblacional era de 3.417 habitantes. Dice la  publicación que la escuela de Parapara  estaba vacante en 1843 y que el sueldo del maestro oscilaba entre 25 pesos  y 40 por  atender a los niños “pobres”.

Más adelante, según ordenanza del 25 de noviembre de 1848, el gobierno local crea las escuelas municipales de primeras letras de Ortiz y San Francisco de Tiznados, de acuerdo con “el estado de las retas municipales de la provincia”. En estas escuelas era obligatorio impartirles a los alumnos: lectura correcta y silabario, religión y principios de cortesía y urbanidad, escritura en forma de letra clara y hermosa, aritmética razonada y gramática.

Los preceptores - que así se llamaban a los maestros-, gozaban de las designaciones salariales que ofrecían las rentas de la provincia; por ejemplo, los de Ortiz tenían un sueldo de 300 pesos cada uno.

Según resolución del Concejo Municipal de Ortiz, el 8 de diciembre de 1848 se crean una escuela en San José de Tiznados con una dotación de 240 pesos anuales, disposición que se haría efecto a partir del 1 de julio de 1849, cuando se iniciaría el año económico. En 1854, el Concejo Municipal, cuyo secretario era el músico José María Martínez, informa de la vacante -por la renuncia de su preceptor -, de la escuela de Parapara, cuya población escolar era 40 niños pobres y 20 de estipendio con sueldo de 25 pesos.



El 28 de septiembre de 1863, el secretario del Concejo Municipal del departamento, Francisco Delgado ponía en conocimiento del público: que las escuelas de primeras letras de esta cabecera departamental y de los distritos, Parapara, San José y San Francisco de Tiznados se hallaban vacantes por lo cual se abría un concurso de oposición por término de 40 días contados, luego de la publicación del dicto, para que los interesados debían presentar sus respectivas solicitudes, de conformidad con lo establecido en la ordenanza del 16 de diciembre de 1857. Según el dicto, el maestro que llenará las credenciales, y que resultará ganador, tendría un sueldo de 30 pesos por la enseñanza de 25 niños pobres, pudiendo admitir 15 por estipendio de la cabecera departamental; mientras que el que concursara para las escuelas foráneas o distritales gozaría de un sueldo de 25 pesos y tendría que enseñar un total de 20 alumnos pobres, pudiendo recibir 10 pesos por estipendio.

En San Francisco de Tiznados, la Escuela Federal para Hembras, bajo el número 38, contaba con 30 inscritas y  20 asistentes y la Escuela Municipal para hembras con 23 inscrita y 15 asistentes. Mientras, la escuela San José de Tiznados con  la denominación de Escuela Federal número 45 para varones con una población de 29 inscritos y 20 asistentes;  mientras la Escuela Federal número 46 para hembras contaba con 25 y 20 asistentes.

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