viernes, enero 05, 2018

La procesión del Santo Cristo de la Salud de Zaraza


La procesión es acompañada por una multitud que profesa una gran fe y le dan consolidación a una tradición que se extiende hasta otras regiones del Guárico, del país y del exterior. El punto de concentración de los feligreses es la iglesia San Gabriel Arcángel, la fiesta religiosa se inicia a las cinco de la mañana con el repique de las campanas de la iglesia San Gabriel Arcángel, lugar donde reposa la imagen del Cristo de la Salud.


por Felipe Hernández*

La procesión del Santo Cristo de la Salud de Zaraza se realiza el día primero de enero de cada año, representa la más antigua y sentida tradición de esta población del Oriente del Guárico. La actividad se realiza desde el año 1857 (hace 161 año), en gratitud por el milagro de sanación obrado, cuando una epidemia de cólera y otros morbos ocurrida entre los años 1855 y 1856 asoló el poblado; desde entonces, cada año una multitudinaria concentración de personas de todos los estratos y condiciones sociales en procesión, con sentido fervor católico sale a recorrer las distintas calles y sectores de la ciudad en agradecimiento al Santo Cristo de la Salud.

La procesión es acompañada por una multitud que profesa una gran fe y le dan consolidación a una tradición que se extiende hasta otras regiones del Guárico, del país y del exterior. El punto de concentración de los feligreses es la iglesia San Gabriel Arcángel, la fiesta religiosa se inicia a las cinco de la mañana con el repique de las campanas de la iglesia San Gabriel Arcángel, lugar donde reposa la imagen del Cristo de la Salud. A partir de esa hora se comienza a reunir un grupo de personas que realizan un rosario y elevan una oración al Creador, para después, justamente a las seis y media de la mañana salir en caminata.

Durante el recorrido el Cristo es venerado por las personas, quienes le rezan y elevan plegarias y cánticos a Nuestro Señor Jesucristo. Por los lugares y sitios que pasa la procesión, las familias y personas devotas colocan a las puertas de sus hogares, mesas con agua, aguamiel, helados y mandarina, para que las personas que hacen el recorrido se hidraten. Los folcloristas le dedican canciones.

En cuanto a la historia de las imágenes de los Cristos de la Salud que desde 1857 han sido sacadas en procesión por los feligreses, los devotos refieren que son más de tres. De la primera imagen (1857-1866) no se tienen noticias; la segunda imagen la trajo a Zaraza el Pbro. Dr. Pedro José Miserol Pulgar, (Zulia 1839-Valle de la Pascua 1907), quien llegó al estado Guárico en 1866 como párroco de Zaraza y vicario del Unare. Esta imagen posteriormente fue trasladada a la antigua capilla El Carmen, donde permaneció hasta el año 1955, cuando el obispo de la Diócesis de Calabozo, monseñor Antonio Ignacio Camargo, autorizó su traslado a la sede de la Escuela “Cecilia de Castro”, para luego ser trasladada al sector San Felipe de Zaraza, lugar donde don Francisco Hilario Itriago le construyó una capilla, y la restauró don Rafael Zambrano. Otra imagen de Jesucristo que por años fue sacado en procesión, la donó la devota familia González Ortiz, y en los últimos años se ha venerado y sacado en procesión la representación esculpida por el escultor zaraceño Salvador Delgado.

El primero de enero de 2015, ante el virus de chikungunya que azotaba a Zaraza y a Venezuela toda, en su recorrido la imagen fue detenida frente al hospital Francisco Troconis, algunas clínicas y el nuevo hospital de la ciudad. En la calle Concordia se encontraron las imágenes del Cristo de la salud y de San Antonio, que perteneció a monseñor Arturo Celestino Álvarez, en el emotivo acto, el profesor Tobías Ramírez pronunció un sentido discurso de fe. Que se tenga noticias, esta procesión de profunda devoción católica, es la única en el mundo, que se realiza cada primero de enero a las seis de la mañana.

Tal como se viene haciendo desde hace 161 años, el amanecer de este 1° de enero de 2018 no fue la excepción, la imagen del Santo Cristo de la Salud de Zaraza fue sacada por sus fieles devotos, en una peregrinación multitudinaria por las calles de la ciudad, en un acto de fe y devoción, rogando que aleje las enfermedades, los vicios y los males que aquejan a los habitantes del municipio, del estado Guárico y del país en general.

*Cronista del Municipio Infante / UNESR. /  fhernandezg457@gmail.com
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sábado, diciembre 23, 2017

Las Políticas de Salud Pública en Ortiz, durante el período del gomecismo 1908-1927

Una revisión de las Actas del Concejo Municipal del Distrito Roscio, como fuente primaria, nos acerca a una etapa de la historia municipal de Ortiz, durante el período del gomecismo, fenómeno que se estudia en uno de sus aspectos sociales como la salubridad pública y su incipiente institucionalización en Venezuela.






 Por Jose Obswaldo Perez

Introducción


La historia de la salud pública en Ortiz, durante el gomecismo, estuvo orientada a políticas de saneamiento ambiental y a la construcción de unas pocas obras de ingeniería sanitaria. Al estudiar las fuentes documentales primarias- como las Actas del Concejo Municipal del Distrito Roscio de 1908 – 1913-, se infieren un conjunto de datos que constituyen una memoria para el estudio de la historia regional y local, abierta a un enriquecimiento de temáticas como la historia social de la medicina y de las ciencias médicas.

De tal modo que el propósito de este trabajo es presentar una aproximación sobre un aspecto fundamental del conocimiento del pasado de la sanidad en la región: especialmente en la relación entre el desarrollo de la salud pública y el poder político, poniendo énfasis en el rol de los concejos municipales como instancias de administración pública.

La investigación se justifica porque aborda la incipiente institucionalización de la salubridad en Venezuela, mediante un proceso social civilizatorio y de urbanización de la sociedad,  primer cambio histórico y pacifico que generó una transformación cultural del siglo XX[1]. En este contexto, el Concejo Municipal del Distrito Roscio se alineo a las pautas en materia de políticas públicas del régimen gomecista, como también lo hizo en el pasado, con el castrismo. Su cuerpo edilicio, por principios del siglo XX, estaba impregnado en lo político e ideológico en el marco de la corriente positivista bajo el símbolo del progreso. Ya, desde el siglo XIX, esta teoría había influido en el diseño de las políticas sanitarias como herencia a las aplicadas por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, dando origen a los lineamientos pragmáticos en materia de salud pública. Esta filosofía del gobierno de Juan Vicente Gómez pone de manifiesto el interés de comprender la influencia del medio físico hostil en el entorno local. En el caso de Ortiz, como bien señala Rodríguez Dellán (1974), los factores fisio-bióticos desencadenaron negativamente en el proceso de decadencia local.

Dentro de esta concepción política, Ortiz fue considerado como espacio hostil afectado no sólo por las condiciones ambientales sino también por las económicas, políticas y sociales. En este contexto, Ortiz era una población empobrecida y gubernamentalmente abandonada. Por lo tanto, la transformación social del medio físico fue una de las metas de la corporación distrital, cuyos logros en este campo fueron parciales por no decir nulos. El escaso presupuesto destinado por el Ejecutivo Regional y los pocos recursos por recaudación de rentas municipales no eran suficientes para atender las necesidades humanas de la población.

El Concejo Municipal del Distrito Roscio, a través de sus concejales- en especial la Comisión de Policía e Higiene-, debatía sobre la problemática de salud y el medio ambiente local, aglutinados en un discurso oficial para ofrecer la imagen de una localidad sana y libre de cíclicas epidemias: construcción de un nuevo cementerio y un matadero municipal, la apertura de un hospital y el incremento del alumbrado público, son ejemplo de obras de esta acción gubernamental. El simbolismo del progreso y la modernidad, como discurso, son asumidos por la elite local como bandera política; pero, esta postura no se refleja colectivamente, en lo material, por lo escaso en la construcción de obras públicas.

El Concejo Municipal y la salud publica

A finales de la década del siglo XIX, principalmente a partir del año 1891, el estado Guzmán Blanco pasó a denominarse estado Miranda, divido en distritos y cabeceras. Entre los distritos, figuraba el Distrito Roscio, con Ortiz como cabecera y los municipios de Santa Rosa de Lima, Las Mercedes (parroquias urbanas), Parapara, San José y San Francisco de Tiznados. En 1901, el estado Guárico recobró su autonomía y se estructuró en distritos. Roscio permaneció con su misma estructura hasta 1936, cuando la población de Ortiz fue despojada de su investidura municipal  distrital a raíz del traslado de la capital a San Juan de los Morros, convirtiéndose esta ciudad en sede de los poderes públicos.

Cuando Juan Vicente Gómez asume el poder, la microregión de Ortiz se encuentra en condiciones precarias, en una fase de estancamiento[2], en lo económico, social y político. Fundamentalmente en el tema de la salud y los servicios sanitarios son casi inexistentes. Esto se entiende por la existencia de políticas dependientes de la administración gubernamental. Cuando se habla de salud pública se incluye la idea del Gobierno. Precisamente, este elemento juega un papel importante en el Concejo Municipal del Distrito Roscio, por su tarea relativa a la atención de la salud a través de la comisión de policía e higiene. Consecuentemente, un hecho de enclave histórico constituirá el Congreso de Municipales[3], convocado para reunirse en 1911, en conmemoración del centenario de la Independencia, el cual servirá de encuentro para discusión de una visión objetiva del país. En las Memorias y Actas del Congreso se trazan las líneas de las reformas sanitarias, que trata de impulsar el ministro Samuel Darío Maldonado[4].

Durante ese tiempo, la Municipalidad de Roscio, como órgano de representación del municipio, tendrá un papel importante dentro de sus competencias que ocupaban en todas las materias de la vida local. Entre ellas la de salud, cuyo aspecto resalta en algunos hechos históricos sintetizados cronológicamente. En octubre de 1909, el Jefe Civil del Distrito, Ismael Capote, prohibió los enterramientos en los cementerios del sureste del municipio capital Ortiz. En abril de 1910, el gobierno Regional solicitó al Concejo Municipal, “recomendar este cuerpo de mutuo acuerdo a dicho Magistrado la construcción de una obra pública de mayor necesidad para este distrito”. Al respecto, la municipalidad aprobó, en sesión extraordinaria, por unanimidad “pedir al ciudadano Presidente se designe decretar la construcción de un cementerio a propósito para esta ciudad que carece en absoluto de dicho edificio”.

En otra sesión extraordinaria, en el mes de 3 de mayo de 1910, el presidente de la Corporación Municipal, Carlos H. Trujillo, sometía a consideración de la cámara una manifestación de apoyo a la medida de clausura de los cementerios, decisión tomada por el Jefe Civil como “medida higiénica y de salubridad pública, medida que ha recibido el aplauso general de todos, a pesar de no haber otro cementerio habilitado para el servicio público”. La manifestación de la Municipalidad sobre este tema, también, exhortaba a la autoridad civil del distrito a “...doblar con mayor fuerza tal prohibición, no permitiendo la inhumación ni exhumación de ningún cadáver en dichos cementerios”.

Con la medida de seguridad y control de los camposantos, el Concejo Municipal del Distrito Roscio inicia, ese  año de 1910,  una campaña de saneamiento ambiental en el municipio capital de Ortiz y el año siguiente, la Corporación Municipal, mediante una resolución obligaba a la población a desmontar y limpiar sus solares, asimismo reparar sus “empalizadas” con alambres, palo a pique o varas[5]. La acción estaba dirigida a cumplir con las competencias que se le asigna a los concejos municipales de “velar por el mejoramiento de las poblaciones y conservación de su estado sanitario”[6]. Con los aportes de un 50% de la recaudación de las multas por saneamiento ambiental se pretendía mantener el funcionamiento del Hospital San Antonio, el cual había sido establecido en el año de 1911.Pero, años antes, a finales del siglo XIX, ya se hablaba de un hospital en Ortiz, de acuerdo con documentos primarios de la jefatura civil del Distrito Roscio. No solamente eso, durante su tiempo de capitalidad regional y esplendor económico, también, había contado con dos casas de beneficencia pública y cuatro farmacias.

También, en sesión ordinaria del 01 agosto de 1910, el concejal José Lorenzo Márquez, denunciaba la presencia de un “barrial infeccioso” que perjudicaba la salud pública en la Calle del Llano, en la parte comprendida desde la casa antigua la Alayonera a la Matutera, esta última que habitaba el ciudadano Ramón Vilera. “Es de la opinión que se proceda hacer tapar con ripio por cuenta de las rentas y que la suma que se invierta en el trabajo se cargue al ramo de fomento”, propone el edil en la Cámara Municipal.

En esta política de salubridad pública y embellecimiento del municipio, el concejal Germán Matute propuso en el Concejo Municipal un proyecto de acuerdo dando cabida a los dueños de casas o encargados de ellas a refaccionarlas y pintarlas “convenientemente”, con fin de que la municipalidad procediera a la denominación de calles y numeración de casas “bajo la pena, al contraventor, que el mismo acuerdo establezca”. En esta línea de acción hubo la necesidad de establecer una nueva relación con respecto a la transformación de los espacios habitados. Los alumbrados públicos pasan a ser indispensables, en primer término, al incorporar a la población a la vida nocturna; pero, sobre todo, brindarles seguridad y protección a sus habitantes. Ya, en ese año de 1910, el Concejo Municipal aprobaba un aumento del alumbrado público con dos faroles más; uno, en la Esquina de la Plaza San Rafael y el otro en la Calle del Ganado, frente la Casa de Comercio de Cándido Castillo y el Botiquín de Pedro Tovar, para lo cual el ayuntamiento destinó la cantidad de 10 bolívares. En este sentido, el Concejal Sixto Manuel Páez propuso el diez de octubre de ese año, al cuerpo edilicio, incrementar el alumbrado público con siete faroles más y 30 bolívares para gastos; proponiendo su colocación en las esquinas siguientes o en las casas de don Francisco Paradisi, José Alberti, Gaspar Marchena, La Logia, doña María F de Ramos, Raquel Meléndez y otro, en el Matadero Público. “Con la condición de que el interesado lo proveerá del correspondiente aceite”. Sin embargo, el Recaudador de Rentas Municipales manifestó posteriormente que no tenía faroles disponibles y servibles, al contrario, se necesitaban 200 bolívares para comprar nuevos faroles para habilitar los deteriorados que existían. No obstante, el 21 septiembre 1925, el Ejecutivo Regional decretó la reinstalación del alumbrado público, el cual crece en absoluto en aquella población.[7] El alumbrado público es progreso y sus gastos cuentan con la buena acogida por parte de la población.

En 1911, se crea la Junta de Sanidad del Distrito Roscio por recomendación del Inspector de Sanidad del Estado. Esta junta estaría integrada por el Jefe Civil del Distrito, Presbítero José María Moreno Matute y los concejales, licenciados en Farmacia Cesar Díaz y Mariano Polanco. A esta junta la corporación municipal le asignó 20 bolívares mensuales para su funcionamiento y se instaló a mediado del mes de noviembre de ese año. Igualmente, en el mes de abril de 1912, el Jefe Civil de San José de Tiznados, general José Eugenio Herrera, participa al Concejo Municipal de la instalación de la Liga Antipalúdica de aquel municipio.

En 1913, el periódico oficialista El Nuevo Diario informaba que el Concejo Municipal de Distrito Roscio había aumentado el alumbrado público y que la corporación se ocupaba seriamente de equilibrar las rentas municipales. Mientras, en 1916, el inspector de Instrucción Pública, Antonio J. Sotillo, anunciaba la divulgación de una Cartilla Antipalúdica escrita por el doctor Vicente Peña, la cual fue elogiada por varios facultativos e impresa y distribuida en las diferentes escuelas del estado Guárico, durante la administración del General David Gimón. Este librito informativo fue propuesto por Sotillo y su publicación ordenada por el Ministerio de Instrucción Pública, para “ampliar las nociones de Higiene con especiales explicaciones del paludismo, que tengan por fin la preservación del individuo y la defensa social[8].

Los signos del progreso y la modernidad se hacen presentes hacia un período de transición contemporánea. En 1914, el automóvil aparecía por primera vez en la población, con su carácter social y transformador. Según Rodríguez Dellán (1974; p.51), a partir de 1917, la población de Ortiz comienza a mejorar progresivamente con el ensanchamiento, engranzonado y asfaltado  de la  Calle del Ganado. Pero, con un cuadro brusco de saltos y contrastes. Ese año, la población de Ortiz contaba con 4 mil habitantes; y, también, estaba afectada por las fiebres palúdicas y el beriberí. El año siguiente apareció la epidemia llamada “gripe española” acabando con los pocos habitantes de la urbe y el campo. Fue la estocada final. Como Miguel Otero Silva narra en Casas Muertas: “Sobre aquel pueblo llanero, ya devastado por el paludismo y la hematuria, ya terrón seco y ponedero de plagas, cayó la peste como zamuro sobre animal en agonía” (p. 36). También, un relato de Arturo Rodríguez, un informante clave del devenir histórico de Ortiz, confirmaba que la peste española afectó en toda Venezuela, “pero, en Ortiz fue terrible; encontró el terreno abonado. Un pueblo palúdico con hambre y mísero; en el último estado de abandono”[9]

Un avance silencioso

A raíz de las proposiciones del Congreso de las Municipalidades en materia de salud, el gobierno de Juan Vicente Gómez adopta las líneas generales dichas propuestas asumiendo las recomendaciones para la creación de un modelo sanitario promovido internamente con el apoyo de instituciones del exterior. Este modelo fue impulsado por la Fundación Rockefeller (Rockerfeller Foundation, en inglés), que se concretó en el control de algunas enfermedades epidémicas[10]. A partir de 1920, sin hipérbole, comienza un proceso de avance silencioso en materia sanitaria. Ortiz -la capital del Distrito Roscio- que aparece como un pueblo de aldea abandonada, con apenas, entre 300 y 500 habitantes sólo en la urbe, es tímidamente objeto de la atención de las políticas de salud del régimen gomecista. A consecuencia de los tantos factores implícitos en este periodo gubernamental, el petróleo parecía rendir sus frutos en el presupuesto nacional, ya que en materia de salud se comenzaba una reforma total con la creación y modernización de las instituciones sanitarias[11].

En 1923, el general Juan Vicente Gómez decretó el tratamiento del paludismo, anquilostomiasis y la epizootia o desgarradera en Venezuela, enfermedades a la que estaba expuesta la población orticeña y sus parroquias. Este decreto dividió a las regiones infectadas en secciones: Ortiz y sus parroquias que pertenecían al Distrito Roscio, correspondían a la sección central. A esta sección estaba a cargo el doctor Pastor Oropeza, quien fue comisionado por la Dirección de Sanidad Nacional, el 15 de febrero de 1924. Su misión estaba orientada a llevar a cabo una serie de medidas sanitarias de sanidad general[12].

Una comisión organizada por el doctor Juan Iturbe, especialista en enfermedades tropicales y autor del excelente trabajo La biología de los Llanos, visitó a Ortiz, en mayo de 1927, con el fin de realizar un diagnóstico en la zona. El estudio - conocida como Misión Iturbe- consistió en extraer “muestras de sangre, fotografías de enfermos y cuantos datos e informaciones estimamos útiles para la defensa de sus habitantes contra el mortífero paludismo, la anquilostomiasis y la ulcera tropical” [13] También, en abril de ese año, los doctores Isaac Benarroch y Rolla Hill, miembros de la Fundación Rockefeller[14], visitaron esta población donde realizaron investigaciones sobre el avance la fiebre palúdica. El estudio fue publicado en su libro Anquilostomiasis y paludismo en Venezuela, editado por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, en 1940.

Apuntaciones finales

Sin duda, las políticas de salud pública durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, en el contexto geohistórico de la microrregión de Ortiz, son un aporte de datos nuevos y significativos para la ampliación historiográfica regional y local, como información en el campo de la historia de la medicina. El estudio de las Actas del Concejo Municipal del Distrito Roscio de 1908 – 1913, nos permitió cotejar las pesquisas con otras fuentes documentales y orales, arrojando este primer acercamiento sobre una temática que se revela mucho más compleja e interesante de lo que aparentemente puede parecer.

A partir de 1920, el proceso modernizador se destaca en las transformaciones que suceden en materia de salud. A penas con la innovación puesta con la iluminación de lámparas de acetileno y en la construcción de algunas pequeñas obras de ornato público, sirvieron como enclaves que acompañarían a una incipiente transformación sanitaria en el país, gracias a la primeras bondades del petróleo que los venezolanos comenzaban a percibir.

 

Bibliografía

Documentales manuscritas
CONCEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO ROSCIO. Libro de Actas.


PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (1996, diciembre 16). La salud publica en Ortiz en tiempos de Gómez. San Juan de los Morros: Diario La Antena, p.4.
AQUINO D, MANUEL (1996). Huella y presencia de la medicina y médicos en El Sombrero. Zaraza: IV Encuentro de Cronistas e Historiadores.

Documentales impresas
BAPTISTA, ASDRUBAL (1986). Más allá del optimismo: Transformaciones fundamentales del país. En: NAIN, M y PIÑANGO, R (1986). El caso Venezuela: Una Ilusión de Armonía. Caracas: Ediciones IESA, pp.23-34
BOTELLO, OLDMAN (1994). Para la historia de Ortiz. Publicaciones de la Alcaldía de Ortiz.
CARBALLO PERICHI, CIRO (1981).Obras públicas, fiestas y mensajes (un puntual del Régimen Gomecista).Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
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CUETO, MARCOS (2005). Instituciones sanitarias y poder en América Latina. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 25;pp. 49-57
ITURBE, JUAN (1927, mayo).La Misión Iturbe a los Llanos del Guárico. En: Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas.
POLANCO ALCANTARA, TOMÁS (1990).Juan Vicente Gómez. Aproximación a una biografía. Caracas:
RODRIGUEZ  DELLAN,  E  (1974): Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeográfico.
RUIZ, CALDERÓN HUMBERTO (1997). Tras el fuego de Prometeo. Becas en el exterior y modernización en Venezuela (1900 – 1996). Mérida: Editorial Universidad de los Andes, Venezuela, p, 251, 252.

SILVA ÁLVAREZ, ALBERTO (1988). Maldonado, Samuel Darío. En: Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar,, p.794
SILVA OTERO, MIGUEL (2001). Casas Muertas. Caracas: Editorial El Nacional.
SOSA, ARTURO Y OTROS (1987).Gómez, Gomecismo y Antigomecismo.Caracas: Fondo Editorial de Humanidades y Educación, UCV.
SOTILLO, ANTONIO J (1916). Informe de la Inspectoría Técnica de Instrucción Primaria, Secundaria y Normalista de la Séptima Circunscripción Escolar. En: Memoria del Ministro de Instrucción Pública. Vol 1, T.1. Caracas: Imprenta Nacional; p.303.
VILA, MARCO AURELIO (1965).Aspectos Geográficos del Estado Guárico. Caracas: CVF


[1]BAPTISTA, ASDRUBAL (1986). Más allá del optimismo: Transformaciones fundamentales del país. En: NAIN, M y PIÑANGO, R (1986). El caso Venezuela: Una Ilusión de Armonía. Caracas: Ediciones IESA, pp.23-34
[2]Se trata del período histórico que va desde 1889 hasta 1917, con el advenimiento de la explotación petrolera.
[3]El representante por la Municipalidad de Roscio, para este Congreso, fue el ciudadano Luis Corrales por recomendación del general J. A. Hernández.
[4] Samuel Darío Maldonado obtuvo el Doctorado en Ciencias Médicas en la Universidad de Valencia (1893) y poco después fue a Estados Unidos donde realizó estudios de otorrinolaringología y en oftalmología (1894-1898) (Silva Álvarez, 1988, DHV, p.794)
[5]CONCEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO ROSCIO. Sección Ordinaria del 02 de octubre de 1911. En: Libro de Actas.
[6]Ídem.
[7]El Universal, viernes 25 de septiembre de 1925.
[8]SOTILLO, ANTONIO J (1916). Informe de la Inspectoría Técnica de Instrucción Primaria, Secundaria y Normalista de la Séptima Circunscripción Escolar. En: Memoria del Ministro de Instrucción Pública. Vol 1, T.1. Caracas: Imprenta Nacional; p.303
[9]PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (1996, diciembre 16). La salud publica en Ortiz en tiempos de Gómez. San Juan de los Morros: Diario La Antena, p.4
[10]CUETO, MARCOS (2005). Instituciones sanitarias y poder en América Latina. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 25;pp. 49-57
[11]CORDOVA, VICTOR (1997). El Gomecismo y el modo de vida del venezolano. En: SOSA, ARTURO Y OTROS (1987). Gómez, Gomecismo y Antigomecismo. Caracas: Fondo Editorial de Humanidades y Educación, UCV.
[12]AQUINO D, MANUEL (1996). Huella y presencia de la medicina y médicos en El Sombrero. Zaraza: IV Encuentro de Cronistas e Historiadores.
[13]ITURBE, JUAN (1927, mayo).La Misión Iturbe a los Llanos del Guárico. En: Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas.
[14]Desde 1927, los Estados Unidos comienzan a mostrar un interés especial en Venezuela, por ser ésta importante fuente de petróleo y de caucho. También la FR manifiesta su interés en ese mismo año en iniciar los trabajos contra la Uncinariasis. Conjuntamente con la Dirección de Sanidad Nacional de Venezuela, la Fundación emprendió, en 1927, la campaña, pero está estaba más interesada en la lucha antimalárica en Venezuela que en la Uncinariasis, pues la malaria era un problema de salud más importante en las zonas petroleras. Ver RUIZ, CALDERÓN HUMBERTO (1997). Tras el fuego de Prometeo. Becas en el exterior y modernización en Venezuela (1900 – 1996). Mérida: Editorial Universidad de los Andes, Venezuela, p, 251, 252.
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miércoles, noviembre 29, 2017

Pedro Infante: recordando su visita a Valle de la Pascua en el centenario de su nacimiento… (18/11/1917 – 2017).

A finales de los años cuarenta y durante la década de los cincuenta del siglo XX, en el Teatro Manapire de Valle de la Pascua y en otros espacios de la ciudad, se presentaron muchos artistas nacionales e internacionales, entre otros: los mexicanos Pedro Infante, Javier Solís, y Los Panchos; la vedette puertorriqueña La Tongolele, y los venezolanos, Ángel Custodio Loyola, Alfredo Sadel, Lila Morillo y Los Torrealberos, Rafael Montaño, siempre acompañados de artistas de la localidad.

FELIPE HERNÁNDEZ G.
UNESR/Cronista del municipio Leonardo Infante
felipehernandez457@yahoo.com
El 18 de noviembre de 2017 se cumplieron cien años del nacimiento de gran mito de la música y el cine mexicano y latinoamericano, Pedro Infante, cantante y actor nacido en Guamúchil, Mazatlán (Sinaloa) el 17 de noviembre de 1917, murió el 15 de abril de 1957 a la edad de 39 años, en un misterioso accidente de avión piloteado por él.
La conmemoración de su nacimiento no solo se celebra en México, sino también en Venezuela donde tuvo y aún tiene tantos fans, puesto que la música mejicana durante muchos años, estuvo sembrada en el corazón de los venezolanos. Las canciones de Pedro Infante sonaban en las miles de rockolas diseminadas en los bares y botiquines de los pueblos y carreteras, así como, en las pocas radios que existían en el país en los años cincuenta, al igual que las canciones de Jorge Negrete, Agustín Lara, Miguel Aceves Mejías, Javier Solís, Antonio “Tony” Aguilar, Lola Beltrán, Lucha Villa, y otros tantos.
A finales de los años cuarenta y durante la década de los cincuenta del siglo XX, en el Teatro Manapire de Valle de la Pascua y en otros espacios de la ciudad, se presentaron muchos artistas nacionales e internacionales, entre otros: los mexicanos Pedro Infante, Javier Solís, y Los Panchos; la vedette puertorriqueña La Tongolele, y los venezolanos, Ángel Custodio Loyola, Alfredo Sadel, Lila Morillo y Los Torrealberos, Rafael Montaño, siempre acompañados de artistas de la localidad.
Pedro Infante durante su desempeño como actor y cantante, varias veces estuvo en Venezuela. Caracas, Maracay, San Juan de los Morros, Villa de Cura, Valle de la Pascua, Las Mercedes del Llano y Tucupido estuvieron entre las ciudades donde se presentó, y además de cantar, dio serenatas, interactuó con los lugareños y se divirtió.
En cuanto al tiempo histórico, corrían los meses finales del año 1948, en el país los fuertes rumores del golpe de Estado que se gestaba contra el gobierno del presidente Rómulo Gallegos era un tema de conversación cotidiano en las esferas del mundo político nacional, golpe de Estado que se materializó el 24 de noviembre de 1948, cuando Gallegos es traicionado por su ministro de Guerra, Carlos Delgado Chalbaud. En el Guárico, la visita de Pedro Infante y de tantos otros artistas nacionales e internacionales coincide con la llegada de las compañías petroleras a la entidad, tiempo cuando se iniciaron una serie de cambios en los modos de vida y en el paisaje de los pueblos del oriente del Guárico, primero en El Sombrero y luego en Las Mercedes del Llano, Valle de la Pascua, Tucupido y Roblecito.
De la estancia del artista en Valle de la Pascua, se recuerda que ello ocurrió el 7 de noviembre de 1948, fecha en que fue inaugurado el Teatro Manapire. Vino contratado por el administrador del cine, Armando Ubieda, para que actuara como figura estelar, dada su condición de artista de moda, famoso y con una gran afición en toda Venezuela. En sus presentaciones la receptividad del público era espectacular, sobre todo por la sencillez y humildad que irradiaba a través de sus cálidas interpretaciones. En la memoria colectiva pervive el nombre de Eleazar Higuera, hombre popular, llamado cariñosamente “Loro”, quien acompañó y sirvió de guía al actor y cantante y al trío Janixio en sus actuaciones y aventuras por la ciudad, por Las Mercedes del Llano y Tucupido.
Infante se hospedó con los integrantes del trío durante una semana en la pensión “Coromoto” de doña Carmen Pumar. Aquello era un jolgorio, gran cantidad de aficionados y público en general se concentraba al frente de la posada para verlo y saludarlo. Desde allí, en la camioneta del dueño del cine Royal, José Rafael Álvarez, Eleazar Higuera lo llevó a Tucupido y a Las Mercedes del Llano. Pedro Infante cobraba por cada presentación, Bs. 5.000,00, una verdadera fortuna para ese entonces, que permite inferir la prosperidad que vivían estos pueblos.
Cada noche, al terminar la presentación en el cine, Higuera lo llevaba junto con los integrantes del trío Janixio a recorrer los bares del pueblo. Una noche lo invitaron a dar una serenata, solicitud que aceptó muy gustoso, yéndose con su trío a cantarle a una bella joven vallepascuense de nombre María Álvarez, quien vivía por la calle Retumbo. Tal era el espíritu bohemio y aventurero del artista, que llegó a amanecer en una esquina del centro de La Pascua, cantando y bebiendo con los amigos. En sus paseos por la ciudad se percató del tipo calzado que usaban los vallepascuenses, las típicas alpargatas, indagando donde podía comprar unas, le informaron que en la esquina de El Camarín, en la pulpería de don Silvestre Olivo. Dado su espíritu despreocupado, se quitó los zapatos y se fue caminando en medias hasta la citada bodega. Un par de alpargatas costaba Bs. 3.50. Muchos llegaron a mirarlo caminando por las calles centrales del pueblo, vestido con una franela y calzado con sus alpargatas.
Rememora María Lorena Guevara Armas (2016): “…Pedro Infante estuvo en Valle de la Pascua. Mi mamá y mis tíos contaban cuando vieron al famoso cantante mexicano caminar por la plaza Bolívar y la calle Atarraya. Mi mamá jamás olvidó que lo vio, en la esquina de la Iglesia, ponerse unas alpargatas que le habían regalado…”; y Efrén H. Hernández López (2015) dice: “Mi tío, Arturo López Infante… relata que cuando vino Pedro Infante a Valle de la Pascua, se sentó en las escaleras del cine Manapire y le regaló un cigarrillo a una persona de apellido Pellicer que era contemporáneo con mi tío…”.
En Las Mercedes del Llano, Pedro Infante pidió prestada una bicicleta y se fue a dar una vueltecita por los lados de la plaza Bolívar, acompañado de una multitud de personas que le seguía, dándole vivas y pidiéndole autógrafos.
En Tucupido lo esperaban sus aficionados con ansiedad. Una noche Eleazar Higuera lo llevó junto con el trío Janixio. Ante una multitud que colmaba el cine América, regentado el señor Cherubini, el famoso cantante fue presentado. Un excelente espectáculo, el público aplaudía a rabiar cada vez que finalizaba de interpretar sus famosas canciones rancheras y boleros-rancheros tan de moda en ese momento, entre otras: Amorcito corazón, Cielito lindo, Flor sin retoño, Historia de un amor, La Calandria, Tu solo tú, Angelitos negros, Las mañanitas, Entre copa y copa, Cien años, Carta a Eufemia, Paloma querida, Tu enamorado, Mi cariñito, la genta emocionada aclamaba ¡Otra! ¡Otra! ¡Otra! Y el charro mexicano, emocionado seguía cantando: Aunque me cueste la vida, El mil amores, La cama de piedra, Camino de Guanajuato, y muchas otras… Terminada la presentación, el cantante se fue con la gente del pueblo a dar serenatas. En un establecimiento a donde llegó con su séquito de aficionados, le regalaron un litro de aguardiente claro “El Carmen”, un limón y un poco de sal, tomó un poco de estos ingredientes en el dorso de su mano y echándose un trago exclamó: ¡Esto es mejor que tequila!
En el centenario del ídolo, los vallepascuenses, mercedenses y tucupidenses que disfrutaron sus presentaciones en noviembre de 1948, le recuerdan no solo por poseer una imponente presencia física, sino también por lo que transmitía a través de su voz. Con su carisma y sencillez podía darle el tono adecuado a una canción con sentimientos de "fiesta, enojo, o tristeza", condición que ha trascendido aún después de muerto y que se resume en: “Saber interpretar. No es cantar una canción que se diga de memoria y no digas nada".

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¿Existió el Prócer Pedro Hernández?

Por Adolfo Rodríguez
Carlos A. López Garcés, destacado historiador y cronista del municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico, en su trabajo “Una Acción de Guerra en El Calvario en 1820”, se pregunta de un posible combate en ese pueblo guariqueño el mencionado año, como de la existencia del General Pedro Hernández, del cual nada informa el Diccionario de Historia de Venezuela ni otras fuentes publicadas.
Así que me permito referir datos al respecto y una conjetura a ser confirmada:
En las memorias de Miguel D. Méndez sobre el general Juan José Rondón, citadas por Rodríguez Amaral (1973), se relaciona un incidente entre Hernández y Juan José Rondón a punto de batirse en duelo. Encuentro en San Diego, probablemente San Diego de Cabrutica, en que Rondón, realista entonces, inquiere:
“¡Alto¡ ¿Quien vive?” Y responde Hernández: “Patria”. A lo cual “Se embisten, pero ambos son ágiles. Chocándose varias veces, sin lograrse herir. Barajándose los lanzazos. Y Rondón que dice:
-anda vete, que puede ser que algún día nos volvamos a tropezar.
Y contesta Hernández:
-anda vete, demonio, siento que no he podido agujerarte el cuero.
“Luego fueron muy buenos amigos”
Una nota biográfica, suscrita por “Somos en Chaguaramas”, el 19 de abril de 1847, publicada en El Liberal de Caracas, 649 del 1.5.1847 y titulada “El General de Brigada Pedro Hernández”, informa de su muerte en Cabruta el 21 de febrero de ese año, y que habría nacido el 10 de octubre de 1792, sin indicar el sitio. Pudiendo ser fuese esa población guariqueña. Agregando que comienza “su carrera como soldado de caballería en 1811. Luego como sargento a las órdenes del coronel Francisco González Moreno. En 1812 bajo el mando del coronel M. Villapol, encontrándose con el General Piar en 1813 con el rango de alférez y al año siguiente con el general José Francisco Bermúdez
Que “con orgullo” se le recuerda “como uno de los bravos de entonces en la defensa personal que hizo en la jornada del 12 de setiembre, "cuando habiendo dado con otros ginetes una cruda carga a los enemigos, muerto su caballo, quedóse en medio de más de 30 de ellos, arrollándolos y conteniéndolos con su espada hasta que fue socorrido por a sus compañeros. Testigo, aún vivo, el comandante Lorenzo Belisario, que fue de sus salvadores y presenció que Hernández había hecho exhalar el último suspiro a 7 de sus adversarios, con cuyos cadáveres se había formado una trinchera que no se atrevían a salvar los que aún le rodeaban"
Que en 1815, siendo “jefe de guerrillas, salva en San Diego de Cabrutica a los patriotas José y Manuel Rodríguez que se hallaban en capilla, derrota al comandante Lamuño y al famoso Rondón, aún realista, quien huyó. Acción salvadora que repite en el Chaparro, con Antonio José Sotillo, rescatando de la muerte a Prudencio Camacho, de Calabozo, y a Manuel Pereira de Cura.
Asimismo que participa activamente, el 31 de mayo de 1816, en el asalto “al pueblo de Piedra, proporcionando las embarcaciones necesarias para pasar el Orinoco. Derrota en Moytaco el 8 de junio al Coronel D. Juan Sánchez y el 9, en Orocopiche al coronel don Juan Puche, capturando a dichos jefes.
“Es ascendido a coronel el 11 de abril de 1817 al derrotar, En San Félix, con la caballería, los batallones de Barbastro y Cachirí, que mandaba el Tconel. D. Nicolás María Ceruti.
“Cedeño, en San Fernando de Cachicamo, comenzando 1820 sabe que en Ocumare del Tuy están presos unos vecinos que, aunque poco notables, merecían aquel tratamiento por patriotas, y dispuso que Ramón Hernández(sic), no obstante guerrillas españolas en Chaguaramas, Orituco y Taguay, con 125 hombres, arribe a Ocumare en la madrugada del 25-4, sin que fuese notado su movimiento en todo el tránsito, asalta la plaza guarnecida por 500 veteranos, liberó los encarcelados y regresó el mismo día, dejándolos pasmados.
“Contrae nupcias en 1818 matrimonio con Luciana Tablante. Se residencia en las cabeceras de Caycara concluida la guerra. Le otorgan despachos de general en 1829. Salió de Espino en octubre de 1846 con un escuadrón de 300 hombres listo a participar en las revueltas de ese año”. Intenta convencerlo en Espino un “corifeo guzmancista”. Pero a poco fallece.
¿Estuvo en una acción en El Calvario, donde lo acompañaba Hipólito Rondón? No es descartable que fuese así, en la oportunidad en que acude desde Cachicamo hacia Ocumare del Tuy, dado que toda la región intermedia se encontraba ocupada por los realistas, especialmente El Calvario, una especie de contrafuerte ante el poderío patriota auspiciado hacia Oriente por Pedro Zaraza, Cedeño y los Monagas..
Detalles que no aclaran del todo las interrogantes planteadas por el estimado amigo de Orituco, pero abundan en la necesidad de drenar cuanto se pueda en una historia plagada de lagunas. .


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viernes, noviembre 24, 2017

El golpe contra Gallegos

Nadie salió a la calle en ninguna parte a defender el gobierno de don Rómulo Gallegos, traicionado por Delgado Chalbaud, su ministro de Guerra, a quien acogió en su casa de España en tiempo del exilio gomecista, tratándolo como un hijo.

Oldman Botello
El 24 de julio de 1948 vinieron a Maracay el presidente Rómulo Gallegos y el ministro de Guerra Tcnel. Carlos Delgado Chalbaud; se reunieron en el cuartel de haras y remonta de San Jacinto y en un aparte, el comandante del Agrupamiento N° 4 y Guarnición de Maracay, Tcnel Jesús Manuel Gámez Arellano, andino natural de La Azulita, estado Mérida (nació en 1911), puso en autos al ministro de lo que se tramaba; Gámez era más antiguo que su superior. En octubre era conocido de todo el mundo que se preparaba un golpe. El telegrafista de Miraflores y el de Maracay se pusieron de acuerdo con una clave cuando estallara la insurrección, llamaría a la Gobernación, que ocupaba don Ramón Pardo, oriundo del estado Falcón y criado en Puerto Cabello, dirigente fundador de Acción Democrática en 1941. Reventó la situación e hizo crisis cuando el Alto Mando militar emplazó al presidente Gallegos y solicitó la expulsión del país de Rómulo Betancourt, expresidente de la junta Revolucionaria que derrocó al general Medina Angarita. Ocho días antes del 24 de noviembre se vinieron sigilosamente a Maracay el presidente del Congreso, don Valmore Rodríguez, zuliano, sindicalista y periodista; el presidente de la Cámara de Diputados Luis Lander (a) Bepo; acompañado de los ministros Manuel Pérez Guerrero, de Hacienda; Ricardo Montilla, de Agricultura y Cría; Raúl Leoni, del Trabajo; Edmundo Fernández, de Sanidad; los dirigentes Carlos Andrés Pérez y Roberto Villalobos Ferrer, gobernador de Aragua tras el golpe contra Medina Angarita. Se hospedaron en la residencia del gobernador en la actual sede del Comando de la IV División Blindada, quinta “Franchet D’Esperay”. La idea era asumir desde Maracay el Gobierno si detenían a Gallegos; poco después pensaron mejor y Valmore fue llevado a un sitio secreto menos vulnerable que la casa del gobernador, trasladado por el secretario general de AD en Aragua, José Trinidad Ramones Romero, tachirense.
La clave transmitida a mediodía desde Miraflores a Maracay era la señal. Caracas estaba movida, preso el presidente Gallegos y numerosos militares y civiles. Los dirigentes en Maracay se trasladaron a la sede de la Gobernación, frente a la plaza Girardot, menos Luis Lander que se fue a radio Maracay y desde allí anunció el derrocamiento de Gallegos y pidió al pueblo salir a la calle a defender el Gobierno. Nadie salió. Había indisposición popular contra el gobierno de AD caracterizado por el sectarismo. A nadie le importaba Gallegos y su mandato. Gámez Arellano vino y manifestó que todo estaba perdido, los cuarteles de Maracay en su mayoría no le obedecían, todos estaban alzados. Los líderes permanecieron en la gobernación hasta cuando llegó el mayor Manuel Ojeda Guía y los reunió para detenerlos, sin atropellos. Fue uno de los que defendió el gobierno de Isaías Medina. Eran las 9 de la noche y todos pasaron en calidad de detenidos a la Escuela de Aviación Militar que comandaba el coronel Abel Romero Villate, tachirense criado en El Limón y compadre de Pérez Jiménez. Gámez Arellano, sabedor de la posición del legendario aviador, había recibido instrucciones telegráficas de Gallegos de cañonear la base, lo cual no pudo realizarse por la precipitación de los acontecimientos que cumplieron su objetivo en pocas horas. En La Victoria, un grupo capitaneado por el teniente Hugo Montesinos Castillo intentó hacerse fuerte y en una emboscada resultó herido por activistas de AD el mayor Enrique González Pachano, comandante del cuartel Montilla.
En Aragua fue designado gobernador por la Junta Militar que presidió el ministro de Guerra de Gallegos, pasado para el enemigo, el Dr. Arnaldo Pacanins (tío de la modista Carolina Herrera, cuyo apellido de soltera era Pacanins Niño). En Maracay, por resolución de la Guarnición se constituyó una Junta de Administración Municipal integrada por los concejales Godofredo González, Dr. Ulpiano Madrid, Pedro M. Martínez, Roberto Pérez y Francisco Russo. En declaraciones para el diario El Gráfico, Godofredo González dijo que las arcas municipales estaban en quiebra. “La investigación que se ha practicado nos ha revelado que la Municipalidad debe cerca de medio millón de bolívares; aun cuando no se pruebe desfalco alguno, es necesario convenir en que la administración municipal fue un verdadero desbarajuste”. Integraban el concejo depuesto: Ramón Narváez, quien lo presidía; Dr. Aquiles Fernández Ortiz; Fanny Bravo, primera mujer concejal; Carlos Colmenares y Alfonso Núñez. A poco fue designado un nuevo gobernador, el mayor Alejandro Fernández Ortiz, militar retirado que fue gomecista y hermano del médico citado anteriormente y quien realizó una importante labor administrativa en Aragua. A él se debe la urbanización Lotería de Aragua en Alayón, la creación del cuerpo de bomberos de Maracay y otras obras sociales.
Así transcurrió en Maracay el 24 de noviembre de 1948. Nadie salió a la calle en ninguna parte a defender el gobierno de don Rómulo Gallegos, traicionado por Delgado Chalbaud, su ministro de Guerra, a quien acogió en su casa de España en tiempo del exilio gomecista, tratándolo como un hijo. La mayor parte de estos datos inéditos nos fueron proporcionados en 1988 por el comandante Gámez Arellano y don Ramón Pardo, en su residencia de la avenida Las Delicias y figuran en nuestro libro Historia de Aragua, publicado por la Academia Nacional de la Historia en una primera edición en 1995 y otra simultánea por el gobernador de Aragua, Carlos Tablante Hidalgo.
oldmanbotello@hotmail.com
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