viernes, enero 13, 2012

15 de Enero: Día del maestro




FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez56@yahoo.es
UNESR/Cronista Municipal


El 13 de enero de 1945, el Presidente de la República, general Isaías Medina Angarita decretó la celebración del Día del Maestro, el 15 de Enero de cada año, como un homenaje permanente a los educadores venezolanos.

Sus antecedentes se remontan al 15 de enero de 1932, cuando en la sede del antiguo “Colegio Vargas”, ubicado entonces en la esquina de Cují de Caracas, se fundó la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, que cuatro años más tarde se convirtió en la Federación Venezolana de Maestros. El primer Presidente de la Sociedad… fue el notable educador y dirigente gremial Miguel Suniaga. Luis Beltrán Prieto Figueroa fue el Secretario de esta primera directiva, y más tarde lo eligieron tercer Presidente de la Sociedad como sucesor de Roberto Martínez Centeno.

En 1952, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, la celebración se cambió al 29 de noviembre, fecha del natalicio de don Andrés Bello, por su condición de maestro del Libertador. Sin embargo, caída la dictadura el 23 de enero de 1958, se volvió a instituir la fecha fijada por Medina, la del 15 de enero, hasta la actualidad.

La idea inicial de celebrar el Día del Maestro surgió en el seno de la Primera Convención del Magisterio, celebrada en Caracas entre el 25 de agosto y el 5 de septiembre de 1936. Esta Asamblea soberana creó la Federación Venezolana de Maestros, cuyo primer Presidente fue Luis Beltrán Prieto Figueroa.

En el estado Guárico, la Federación Venezolana de Maestros fue fundada en 1936 por el vallepascuense, Prof. Héctor Zamora, quien fue su primer presidente, acompañado de un grupo de maestros, entre quienes estaban Miriam Mirabal, Leoncio Corro, Evelia de Gabis y María Yépez. A nivel regional, también han sido presidentes de la FVM, los profesores Antonieta de Peralta, Gloria de Tovar, Alberto Arévalo, Edith Ruiz de Sáa y Freddy Rodríguez Zamora. En Valle de la Pascua, entre otros, han dirigido el gremio, los docentes Rafael Vidal Guía, Elpidio Barrades, Miguel Martínez Vicent, Lisandro Suárez y Clorinda Martínez.

La sede de la Federación Venezolana de Maestros-Seccional Guárico, ubicada en la avenida Bolívar de San Juan de los Morros, fue donada por don Ricardo Montilla, en su primera gestión como gobernador del Guárico. El acto de donación se efectuó el día 7 de enero de 1947.

En 1937, para la construcción de la sede nacional de la FVM en Caracas, su primera directiva solicitó apoyo económico a los entes públicos nacionales, regionales y municipales. De la solicitud enviada a los concejos municipales del estado Guárico, en el archivo del Concejo Municipal del Municipio Infante, reposa una nota que da cuenta del aporte de esta Corporación, dice así:

En sesión ordinaria del Concejo Municipal del Distrito Infante, del día 15 de octubre de 1937, bajo la presidencia de José Ángel Ledezma y de los concejales: Antonio Arias Moreno, Jesús María Rodríguez, Juan Moreno Arzola, Miguel García Méndez y Antonio César Belisario… Se puso en consideración una nota de la Federación Venezolana de Maestros solicitando una ayuda para la construcción de la Casa del Maestro… se aprobó una ayuda de veinticinco bolívares; igualmente el sindico procurador municipal, ciudadano Miguel García Méndez, expone que “considerando lo significativo del proyecto de dicha Federación, está dispuesto a contribuir con la mitad de su sueldo durante tres quincenas y pide a la Secretaría, lo haga del conocimiento de la referida entidad”.

Feliz día del Maestro 2012.
Compártalo:

lunes, enero 09, 2012

Si mi tío los viese…

No puedo mirar de frente el hecho sin más y, como si se tratase de la constatación de una terrible sospecha, siento que descubro repentinamente un execrable acto de que fui objeto en el pasado, como si me enterase de súbito que fui un niño abandonado y adoptado

Ernesto Che Guevara
Por Martín Guevara
Si mi tío, el guerrillero heroico, se levantase de su tumba y me viese, se volvería a meter en ella. Eso afirmaban algunos en Cuba, durante la época en que viví allí.

Las maestras, los profesores, las directoras de institutos, la policía, los representantes del Partido, del Consejo de Estado, los CDR, las milicias y algún que otro pariente parecían verse en el derecho de comunicármelo. Casi se tomaban este asunto como una tarea.

El motivo era, al parecer, que me percibían como un ser inadaptado a ese modelo de sociedad.

A la luz de hoy, esos recuerdos no me resultan especialmente gratos, pero admito que, dentro de la molestia permanente en que me creía sumido, me causaba cierta satisfacción, una suerte de gozo solapado, el esfuerzo por incomodar. La búsqueda de la más imbécil rebeldía juvenil me mantuvo al borde del idiota clínicamente diagnosticado y terminó estirándose hasta más allá de lo recomendable.

Estuve tanto tiempo enredado en mi propia riña con mis enemigos imaginarios que, ni siquiera hoy, estoy seguro de haber alcanzado la edad adulta. Me resulta extraño, cuando no tengo más remedio que entender que cuento con los años que tengo, y cuando estoy obligado a compararme con mis contemporáneos. No puedo mirar de frente el hecho sin más y, como si se tratase de la constatación de una terrible sospecha, siento que descubro repentinamente un execrable acto de que fui objeto en el pasado, como si me enterase de súbito que fui un niño abandonado y adoptado. Como si me dijesen que soy el hijo de la criada. Y que me dejaron de garantía por cinco gramos de cocaína, hasta que regresasen a pagarla y jamás se hubiesen dignado volver.

Rebelión juvenil, caprichosa sí, absurda quizás, que no obstante me ayudó a correr una cortina para no divisar el final del camino, me ayudó a echar una alfombra sobre la sangre húmeda y cenizas con serrín sobre los casquillos del campo de batalla.

Hubo quienes gritaron tanto, que ensordecieron todo alrededor.

Mayte se ahorcó, colgándose de un framboyán, algunos años después de dejar aquel puesto de dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas en la secundaria, en el cual se desempeñaba a la manera de un Torquemada del estalinismo, señalando, delatando y destruyendo la vida de compañeros de aula, marcada por la urgencia del ascenso en aquel crimen generalizado. O bien por el miedo a ser tomada por alguien con desafección al sistema. O quizás sólo tuviese pavor a que se hiciese público su latente lesbianismo. Mayte sólo abandonó el cargo de delatora habitual cuando encarcelaron a Benjamín por la venta de unos pantalones vaqueros, de los que ella misma había comprado unos para regalarle a Amalia, la niña de sus ojos inyectados en remolacha. Sin embargo, cuando en prisión apuñalaron a Benja, Mayte quedó tocada y al poco se hundió, colocando un banquito al pie de la rama más fuerte del árbol florido, para quedar suspendida eternamente, como en el vuelo de un cernícalo o de un colibrí, detenida en un único punto en el aire, por siempre.

Pedrín no paró de comprar periódicos para revenderlos al grito de ¡Rebelde!, ¡Rebelde!, unos años después de haber participado en varios pelotones de fusilamiento, cosa de la cual, según me confesó entonces, no estaba del todo avergonzado, ya que ningún soldado sabía si llevaba la bala definitiva en su fusil.

Pedrín no se ahorcó, gracias a que no estaba seguro de si había liquidado a alguna de aquellas personas, pero también , a merced de la misma razón, se vio invitado a abandonar la cordura.

Nilda, el chivatón de cuarto, Cuca y su marido, tan perfectos y chismosos ellos, igualmente enloquecieron o se dedicaron a recoger colillas de tabaco por el Vedado o, como Fefa, la del núcleo del Partido, terminaron haciendo felaciones en los chupa chupa de la rotonda de Alamar, casi sin dientes y con una halitosis que armonizaba con su labor. Los que se salvaron de terminar en el infierno terrenal dentro de la isla compraron su salvación con el desgarro del destierro y mantienen pulcra discreción acerca de sus anteriores prácticas.

Pero los que ahora están empezando a salir de sus madrigueras, los que hoy harían lo imposible por borrar todo vestigio de nexo con el poder absoluto, toda pista que los relacionase con medio siglo de obsecuencia incondicional, de prácticas vejatorias para con sus víctimas, éstos no son venidos de las asustadas viviendas pobres, de las aulas de construcción Girón de las escuelas al campo, ni tan siquiera de las aulas vocacionales de la ciudad-escuela Lenin.

Son los distribuidores del pan. Los que administraban el hierro y el miedo. Los que estudiaron en escuelas militares para familiares de dirigentes, los que hicieron carrera en el MININT (ministerio del Interior), los que dirigieron a Mayte a Pedrín y a Nilda, como instrumentos del odio entre todos los ciudadanos, odio que permanecerá por mucho más tiempo como sedimento, de consecuencias lapidarias, que el ya impresentable y obsceno medio siglo en que violentaron a diestra y siniestra todo material sensible de ser humillado.

Estos dirigentes, generales, conductores del despropósito personalista en que se convirtió la revolución muy al poco de haberse declarado, hoy se acomodan en sus puestos de poder de cara a un futuro muy alejado de las teorías de igualdad social.

Pero lo que más me habría costado suponer, y de hecho nunca imaginé, es que los mismos lideres del gran complot contra las libertades, los propios silenciadores de toda discrepancia, estarían hoy renegando del enorme cúmulo de advenedizos engaños, de instrumentalización de las mentes, de métodos violentos que no dudaron en utilizar, para llevar a cabo el objetivo de permanecer todo el tiempo que fuese posible asidos al bastón de mando. Ver a estos gerontes manifestar abiertamente la fe en el Vaticano, en el libre mercado, en la diferencia de clases, aunque no debería resultarme incongruente, sí que me asombra, al igual que su ausencia total de vergüenza, de honor, e incluso admito cierta admiración por la desfachatez con que se mueven. Resultan muy modernos.

La URSS, Mongolia, China o Vietnam echaron por tierra todas sus promesas iniciales, como está haciendo Cuba, pero al menos los líderes reformistas no fueron Lenin, Ulan Bator, Mao o Ho Chi Min. Cierto decoro o reparo en la desfachatez los dejó al margen de liderar la transformación en capitalismo salvaje. En Cuba estamos viendo a los que decían capitanear la superioridad moral capitulando de todos y cada uno de los postulados iniciales, que en su mayoría ni siquiera fueron ideas suyas.

Hoy miro a la cara de toda esa escoria y les digo, sin hacer uso de la voz, algo parecido a lo que me solían decir, pero con alguna diferencia en el contenido.

Si aquel tío mío, se levantase de su tumba y viese lo que están haciendo y han hecho, más les valdría haber conservado algunas fuerzas para correr o pelear, porque él no iría jamás a regresar a su tumba, sin antes poner orden en ciertos asuntos de carácter doméstico.


  • Martín Guevara es argentino, pero se crió en Cuba, donde su familia se refugió huyendo de la dictadura de Videla (1976-1983). Desilusionado por el castrismo que dejó un país arrasado, hoy vive en España. Está escribiendo un libro sobre la situación en la isla y sobre su célebre tío, Ernesto Che Guevara


Compártalo:

jueves, diciembre 29, 2011

Vargas Llosa: América Latina debe alejarse de “dictaduras mesiánicas”

El  escritor peruano Mario Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa sentenció hoy que América Latina será más libre en la medida en que sea más culta, aunque advirtió que países como Cuba, Venezuela y Ecuador se están quedando atrás en la región debido a Gobiernos de “dictaduras mesiánicas” y “populismos catastróficos”.

El Premio Nobel de Literatura 2010 consideró que es “innegable” el progreso exhibido por Latinoamérica en las últimas décadas, como lo demuestra el crecimiento económico registrado en naciones como Brasil, Colombia, Chile, República Dominicana y Perú, a pesar de la “catástrofe” registrada en la economía mundial.

“Atrás han quedado, afortunadamente, los tiempos en que Latinoamérica apostaba por su futuro sobre la base del desorden, autoritarismo y la anarquía que representan la bomba y el fusil”, expuso en Santo Domingo el novelista momentos después de ser investido “Doctor Honoris Causa” por la Universidad APEC.

Consideró, por el contrario, que el camino hacia la libertad es el del trabajo, la democracia y la educación.

“Los jóvenes latinoamericanos, a muchos de los que afecta la inequidad y la desigualdad, no deben sentirse deprimidos porque ahora los pueblos tienen la oportunidad de elegir si son pobres o prósperos; si hacen lo que tienen que hacer y ese camino es el de la globalización”, afirmó.

Vargas Llosa dijo que en las oportunidades en que ha sido profesor en universidades de naciones desarrolladas ha comprobado el “abismo” que separa a esos centros de sus iguales en América Latina.

“Es por esto que digo que las universidades son de una importancia neurálgica para la transformación de un país (…) se ha avanzado enormemente en Latinoamérica, pero aún existen diferencias intolerables”, opinó el autor de “Pantaleón y las visitadoras”, para quien la libertad es el mejor aliado que tiene la Justicia.

El creador literario dijo confiar en que los jóvenes latinoamericanos sabrán cumplir con el rol que le corresponde a la hora de asumir los destinos de la región y a ellos dedicó unas reflexiones del filósofo austríaco-inglés Karl Popper, cuando fue inquirido por periodistas sobre las complejidades del mundo moderno.

“Popper decía que nunca como ahora el mundo había estado mejor, pues ahora se conoce mejor sobre cómo mejorar los alimentos, las medicinas, sobre cómo combatir con más eficacia las enfermedades, y se tienen a mano las experiencias de miles de años que servirán para no repetir errores pasados y hacer de este un mundo mejor”.

Vargas Llosa, por otra parte, pasó revista a sus más de 30 años de relación con la República Dominicana, pueblo que enalteció porque “nunca” perdió su entereza a pesar de sufrir una “sanguinaria” dictadura como fue la de Rafael Trujillo.

El escritor, que también ostenta las nacionalidades española y dominicana, disfrutó a carcajadas cuando quien leía su semblanza recordó que el propio autor reveló en una oportunidad que su esposa, Patricia Llosa, que maneja prácticamente todo lo relacionado a su carrera, le dijo: “Mario, tu solo sabes escribir”.

EFE
Compártalo:

sábado, diciembre 24, 2011

El lado oscuro de una epopeya

No odio a aquellos a quienes combato / Ni amo a quienes resguardo", reza un célebre verso del laureado poeta irlandés W.B.Yeats -"Those that I fight I do not hate / Those that I guard I do not love - que bien podría ser el lema regimental de tantos irlandeses que vinieron a morir a las actuales Venezuela y Colombia y de quienes tan poco sabemos los contemporáneos.
EL MUNDO

IBSEN MARTÍNEZ |EL MUNDO
El relato canónico acerca de la llamada "Legión Británica" quiere que los extranjeros que vinieron de Europa a ponerse a la órdenes de Bolívar en Angostura a partir de 1817, lo hayan hecho movidos por intensos sentimientos de simpatía por la causa independentista.

Así, es frecuente leer que tal o cual oficial inglés, irlandés, alemán o francés, quiso venir a morir en nuestros cangilones imbuido del mismo espíritu romántico que llevó a Lord Byron a morir en la batalla de Missolonghi, luchando por independizar al pueblo griego del yugo otomano.

La verdad, sin embargo, parece haber sido muy otra, como sugieren los más recientes estudios. Uno de ellos, sumamente notable, lo ha escrito Matthew Brown, un historiador militar de quien no sabría yo asegurar si es inglés o irlandés, pero sí que enseña historia hispanoamericana en la Universidad de Bristol y que el suyo es un libro sencillamente estremecedor. Un libro que echa por tierra toda mistificación lírica acerca de los legionarios extranjeros en las guerras de Colombia. Se titula: Aventuras en las Colonias Españolas: Simón Bolívar, los mercenarios extranjeros y el nacimiento de nuevas naciones" ( Adventuring through Spanish Colonies: Simón Bolívar, Foreing Mercenaries and the Birth of New Nations, Liverpool University Press, 2006).

Brown ha logrado elaborar una base de datos que puede consultarse "en línea" y que permite hacerse una idea muy distinta de los motivos de, y el papel jugado por, los combatientes extranjeros en nuestra guerra de independencia.

Se calcula, sobre bases sólidas, que entre 1810 y 1825, más de 7.000 -no unos cuantos centenares- mercenarios ingleses e irlandeses zarparon de Inglaterra a combatir en los ejércitos de la Gran Colombia. Estas cifras no pueden explicarse sino por una deliberada y vasta operación de reclutamiento de soldados de fortuna ordenada desde la más alta posición de mando. Y por la necesidad de oponer a las curtidas y disciplinadas tropas profesionales de don Pablo Morillo -quien ganó su rango de general combatiendo a las tropas invasoras napoléonicas- recursos humanos mejor preparados que las antiguas hordas de Boves trocadas, luego de la llegada del cuerpo expedicionario español en 1815, en fuerzas irregulares a las órdenes de Páez.

En sus páginas nos enteramos de algunos sorprendentes hechos capitales: a la mayoría de los reclutados provenían de la famélica Irlanda, b un número crecídisimo de ellos no había tenido ninguna experiencia bélica anterior. Esto contraría la afirmación de que se trataba, en su mayoría, de oficiales y tropas desmovilizados y a media paga, luego del fin de las guerras napoleónicas en 1815, c se atrajo a los combatientes con ofrecimientos más económicos que políticos, tales como doscientos dólares, no bien desembarcasen en Angostura, promoción a rangos superiores de los ostentados en el ejército inglés y proporcionales al número de hombres atraídos por dichos oficiales, incluso tierras cultivables. Como cabe suponer, tales ofrecimientos fueron incumplidos las más de las veces.

Muy pocos títulos se ocupan de esta cuestión, notablemente el de Clèment Thibaud (Repúblicas en Armas, Planeta, 2003). Por eso, es muy de celebrar la aparición en Venezuela de un libro necesario y fascinante: El lado oscuro de una epopeya: Los legionarios británicos en Venezuela (Editorial Alfa), del brillante historiador Edgardo Mondolfi Gudat.

Mondolfi es rara ave como historiador: escribe alarmantemente bien, a diferencia de muchos de sus colegas, como puede constatarse al leer sus biografías de Boves y del Gran Reclutador en Londres, Luis López Méndez.

Y, al tratar el tema de los legionarios, mercenarios, aventureros o voluntarios combatientes de la libertad, según sea el caso de cada uno de ellos, Mondolfi no está en terreno desconocido para él. El estudio de las relaciones entre la naciente Venezuela y el Imperio Británico informan buena parte de su obra pero, esta vez, ha logrado un resultado magnífico que se beneficia de un delicado equilibrio entre la probidad académica con que Mondolfi se acerca a sus datos y el amigable talante didáctico que tiene su prosa.

Los motines, los duelos, el choque cultural que para un hijo de Donegal o Yorkshire ha debido ser la travesía Orinoco y Apure arriba hasta llegar a Achaguas están tratados en su libro con exhaustiva nitidez.

Leyendo a Mondolfi, recordé que, justamente en la región de Achaguas, prevalece un rasgo genético estabilizado: el color claro, grisáceo, de los ojos. A esa característica los lugareños la llaman "el paso del inglés".

El extraordinario libro de Mondolfi rinde tributo a aquellos extranjeros que, embaucados o no, merecen la atención de los lectores venezolanos interesados en poner en claro cómo se forjaron los primeros días de nuestra nacionalidad.
Compártalo:

jueves, diciembre 22, 2011

Por qué hablo poco de política

Por Daniel R Scott

Días atrás alguien me preguntó extrañado: "¿Por qué no escribes sobre la política y su acontecer nacional? ¿Por qué no ponderas a este o aquel candidato?". Sucede que los temas y contenidos aparecidos en el "Nacionalista", a excepción de dos o tres que me han sido ineludibles, hablan de cualquier cosa menos del activismo político o candidatos a la presidencia. Siendo hijo del fundador de un partido otrora relevante en el país (papá fue co-fundador del partido Socialcristiano en 1946) y pariente de personas que se han destacados en la política nacional y regional, la pregunta es válida. No se equivoquen. Podría escribir sobre lo que me preguntan. Tengo mi opinión, por ejemplo, sobre asuntos tales como las de un confuso Elías Jaua pregonando que la propiedad privada es antinatural y un "invento de occidente", o del contradictorio "Capitalismo Popular" de Corina Machado, o de las publicitadas y bulliciosas propagandas de las elecciones primarias de la Oposición, o de si el socialismo es o no es cristiano, o de si Cristo fue o no el primer comunista o, para no alargar la lista (cosa que detesto), del concepto que tengo de la validez o no de la norma jurídica dentro del contexto político, económico y social nacional, pero deliberadamente, al menos por los momentos, me abstengo de hacerlo. Pero repito: no se equivoquen. Creo de vital importancia que el ciudadano esté muy bien informado de todas estas cosas enumeradas arriba, de todo aquello de lo cual depende el destino de la patria, mucho más cuando tenemos en puertas un proceso electoral delicado que configurará el panorama político, social y económico del país. Sí, hay que estar atento a ello, participar de ello, y cuidarnos de no cometer errores. Revestirnos de formación cívica y sentido común para decidir bien y mejor. Desde ya, mis parabienes a ambos bandos.

Pero también creo que ese mismo ciudadano está desde hace tiempo saturando de lo político o, mejor dicho, de la diatriba política Está harto.. El quehacer político, entendido sencillamente y sin adornos como la forma racional de la sociedad para alcanzar las metas e intereses que beneficien a los diversos sectores de la vida nacional, no es malo y es muy loable. No hay otro camino. Pero el ataque, el insulto y la ofensa es cosa extenuante. Es una guerra civil sin armas ni bajas.
Los medios de comunicación nos bombardean a diario y a quemarropa con la noticia de la diatriba política: enciendo la TV. y me acalora el verbo incendiario del diputado tal, y si abro el prensa nacional veo alcaldes y gobernadores descalificándose mutuamente. Esto cansa. Como dijo Spurgeon: "La mente se cansa si se fija en una sola cosa". O como me dijo un humilde taxista: "Repugna".

Por eso yo escojo hablar de otras materias olvidadas o relegadas a un segundo o último plano. No puede ser que la ignorancia sea tal, que un buen amigo mío vea una foto de Gandhi colgada en la pared de mi estudio y la confunda con una foto de mi papá, u otro amigo crea que Martín Luther King recibió en 1964 un Óscar y no el premio Nobel de la Paz. No lo sabemos todo, es cierto, pero tampoco podemos ignorarlo todo.. Estoy cansado de la fina oratoria de las vidas que carecen de virtud. La fatal ausencia de los valores más elementales me preocupan más que un Hugo Chávez o un Leopoldo López porque dicha ausencia entraña un peligro para el país y por eso cuando escribo hago un llamado a retomar esos valores. Hablo de hombres imperfectos pero buenos que lucharon por dignificar a toda costa al prójimo. Hablo de Dios, del amor al hombre, de la fe que humaniza. De un Antonio Pérez Esclarín que dice: "No permitamos que nos dominen el desaliento y la desesperanza. Desoigamos los gritos que nos invitan a la intolerancia, el odio y la violencia". Hablo de seres de carne y hueso que sacrificaron sus vidas en el altar del amor a sus semejantes. Porque es un craso error creer que todos nuestros problemas son esencialmente políticos. No lo son.

No se me entienda mal. No soy un utópico indocto. Creo en la Nación, en el Territorio, en el Estado y los Poderes que lo conforman. Doy gracias al Creador por no pertenecer a algún grupo étnico carente de territorio. También doy gracias por nuestra independencia y los próceres que la hicieron posible. Creo en esos principios de la Ilustración (¿Otro invento de occidente que hay que abolir?) que dieron origen a nuestras repúblicas e instituciones republicanas. Prefiero la División de Poderes de Locke al sistema de castas de la India. Pero cuando estamos presenciando la desintegración de occidente, debemos hacer un alto y retomar aquellos elementos o factores éticos y espirituales que le dieron su verdadera grandeza y desarrollo a la humanidad.
7 Noviembre 2011
Compártalo: