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Por Fuego Cotidiano
A cincuenta años del golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón y abrió paso a la última dictadura militar argentina, el historiador Carlos Malamud vuelve sobre uno de los episodios más traumáticos del Cono Sur con una mirada que combina rigor académico y sensibilidad histórica. En su nuevo libro, el especialista analiza el clima político, social y cultural que permitió la irrupción del régimen militar en marzo de 1976, así como las huellas que dejó en la memoria colectiva del país.
A cincuenta años del golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón y abrió paso a la última dictadura militar argentina, el historiador Carlos Malamud vuelve sobre uno de los episodios más traumáticos del Cono Sur con una mirada que combina rigor académico y sensibilidad histórica. En su nuevo libro, el especialista analiza el clima político, social y cultural que permitió la irrupción del régimen militar en marzo de 1976, así como las huellas que dejó en la memoria colectiva del país.
Malamud, investigador del Real Instituto Elcano y una de las voces más autorizadas en historia latinoamericana contemporánea, sostiene que el golpe no puede entenderse como un acontecimiento abrupto, sino como el desenlace de un proceso de deterioro institucional que venía gestándose desde años atrás. La violencia política, la crisis económica y la incapacidad del gobierno de Isabel Perón para contener la escalada de conflictividad crearon un escenario en el que la intervención militar parecía, para amplios sectores, inevitable.
Pero el historiador subraya un punto clave: la dictadura argentina fue una de las pocas en la región cuyos responsables enfrentaron juicios en democracia, un hecho que atribuye a un factor decisivo: “hubo consenso social en que las atrocidades de la dictadura debían ser castigadas”. Ese acuerdo, explica, no surgió de manera espontánea, sino que fue el resultado de la presión de organismos de derechos humanos, del trabajo de periodistas e intelectuales y de una sociedad que, tras el retorno democrático, comenzó a reconstruir su memoria sobre los años del terror estatal.
El libro de Malamud también revisa el papel de las Fuerzas Armadas, la estructura represiva del régimen y la manera en que la dictadura buscó legitimarse a través de discursos de orden, modernización y lucha contra la subversión. Sin embargo, el historiador insiste en que la cultura política argentina —marcada por tradiciones democráticas, sindicales y partidistas muy arraigadas— fue determinante para que, a diferencia de otros países del Cono Sur, la transición incluyera un proceso judicial sin precedentes.
A medio siglo del golpe, la obra de Malamud invita a repensar no solo el pasado, sino también las tensiones actuales en torno a la memoria, la justicia y la identidad democrática. En un momento en que los debates sobre el autoritarismo, la violencia política y la responsabilidad del Estado vuelven a ocupar un lugar central en América Latina, su análisis ofrece claves para comprender cómo se construyen —y se disputan— los relatos sobre la historia reciente.
La publicación llega en un contexto de renovado interés por las dictaduras del siglo XX y por los mecanismos sociales que permiten, o impiden, que episodios traumáticos se repitan. Malamud, con su estilo claro y su mirada comparativa, aporta una reflexión necesaria sobre el vínculo entre memoria, justicia y cultura democrática.

