miércoles, marzo 12, 2008

Microbiografía/Jesús María Camejo González

Don Jesús María Camejo fue un hombre de contextura fuerte. Tenía una altura aproximada de 1,75, era moreno, de cabello blanco, ojos claros; era de fácil diálogo con las personas.

Por José Obswaldo Pérez

De profesión farmacéutico, cursó estudios de farmacia y botánica (en los Laboratorios Vargas en Caracas). Nació el 17de abril de 1903, en el Estado Miranda, San José de Río Chico (Barlovento), donde pasó gran parte de su niñez. Hijo de don José Gabriel Camejo y doña Natalis María González.

A la edad de 14 años, tuvo la oportunidad de trabajar en una farmacia, en el Estado Miranda. Allí comenzó a germinar una pasión por los estudios de medicina botánica y farmacia, los cuales le permitirán desarrollar grandes conocimientos para atender y ayudar a sus semejantes. Bajo este ambiente de trabajo le permitió relacionarse con diferentes laboratorios del centro del país, debido a que con frecuencia viajaba a la Capital caraqueña, lo que le permitió estar actualizado.

Tenía una gran sensibilidad para atender y compartir con las necesidades de los más desprovistos. “De Jesús María Camejo González, decían que el era más suave que un guante de seda y más fuerte que el odio”, nos cuenta su hijo José Camejo Castillo.

Don Jesús María Camejo fue un hombre de contextura fuerte. Tenía una altura aproximada de 1,75, era moreno, de cabello blanco, ojos claros; era de fácil diálogo con las personas.

Vivió en Macaira, en Altagracia de Orituco. Más tarde, en San José y San Francisco de Tiznados y finalmente en Ortiz, donde se residenció y se estableció dedicándose al comercio con una farmacia que tuvo ubicada en la avenida Bolívar. Allí, en el patio trasero tenía su gallera y algunas matas de árboles.

Casó en primera nupcias con doña Rosa Medina Rodríguez González, de cuya unión hubo un hijo: Carmelo Camejo González; y en segundo matrimonio con Guillermina Lourdes Castillo Mier y Terán, de cuya unión hay cinco hijos: Dila, Gisela, Socor, José y Pedro Camejo Castillo.

En la población de Ortiz fue encargado de los dispensarios de San José de Tiznados y San Francisco de Tiznados, por el Ministerio de Sanidad. En la década de los años 50, trabajó en la organización del censo nacional.

Fue un gran lector de los medios de comunicación, y se expresaba por escrito con una buena ortografía. Era amante de tocar tambor e ir a fiestas de parrandas; así como compartir con sus amistades y amigos. Era aficionado al deporte hípico, visitaba el hipódromo con frecuencia, e incluso llegó a tener caballos de carreras.

Entre otras de la facetas de su vida, le gustaba el manejó de los asuntos jurídicos en materia de tierras.

Don Jesús María Camejo falleció en el Hospital Guárico en San Juan de los Morros, el 21 de Septiembre de 1973 y sepultado en el Cementerio Municipal de Ortiz, justo al lado de la tumba del General y Doctor Roberto Vargas.jo
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CANÍCULA DE MARZO

Pero no Paurario, no pierdas tu tiempo, nadie te oye ni se interesa por ti: el ojo fisico, desprovisto de alma, está contaminado con el tráfico cotidiano, con la basura de las calles y con los grafitos políticos de las paredes orinadas con los orines del borracho y manchadas con los monóxidos de mil carros que circulan y circulan.
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Por Daniel R Scott Camino cuesta arriba la calle Páez con el peso del sol de marzo agobiando mis espaldas y haciendo perezoso mi andar. Son las dos de la tarde y ya hace rato que entró el período de sequía con su implacable rigor, y el calor sofocante propio del tercer mes del año te cae encima con el peso y el color del plomo. ¡Derrumbe sofocante, vapor de fuego invisible! Quito con desgano del camino los escombros del sopor y de la reverberación de estas horas irritantes e intransitables para cualquier peatón que goce de buen juicio. El paisaje, triturado y vuelto a triturar por el sol, tiene el color y los olores de la paja quemada. En este escenario de aridez se asoma ocasionalmente la áurea y comprensiva sonrisa de la flor de araguaney, que alegra la vista del que sabe mirar. En días como estos son muchos los que se enemistan o se enojan con el buen amigo trópico, y algún que otro mentecato como yo se pregunta encandilado: "¿Cómo será a estas horas el clima de Suecia o de Finlandia?". No tan caluroso, sin duda alguna, pero no por ello más benigno: muchos de los soldados rusos que cruzaron la frontera de Finlandia en el invierno de ¿1939? murieron congelados por las heladas embestidas del clima. Se podían ver tirados de cualquier modo a lo largo de los caminos (parados, sentados, acostados). Tenían la expresión de los que duermen profundamente, con sus cuerpos sus rifles y sus uniformes cubiertos de una espesa escarcha o rocío de hielo que les daba la apariencia de haber salido de algún gigantesco frigorífico industrial. Pero aquí en el trópico los cerros arden con intensas y enloquecidas llamaradas que se agitan girando hacia todos lados, exhalando el oscuro humo de su ira, llevándose el fuego en su visita anual varios pinos, otro roble más, el ecaliptus de más allá. Incendios forestales que cobran sus victimas a la flora y que le dejan al pecho y a las espaldas de los cerros negras y dolorosas quemaduras que sólo los bálsamos de las primeras lluvias de mayo serán capaces de hacer cicatrizar y devolverles el verde de una nueva piel vegetal. Detuve mis pasos frente a una especie de pequeño y anacrónico mercado libre desarmable, en el cruce de la calle Páez con la "Av. Miranda Vieja", compré queso y huevos y regresé nuevamente a mi casa de las orillas del río, esta vez caminando cuesta abajo. Como siempre, veo de nuevo al viejo y querido dios de piedra, al amigo Paurario, quien en esta ocasión no me muestra el majestuoso, fresco y enigmático porte de los períodos pluviosos. Parece más bien una anónima formación rocosa sacada del horno ardiente de alguna divinidad maligna o las ruinas calcinadas de alguna catedral alemana tras un feroz bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Da pena verlo así: sin ocultar ni disimular su condición, señalándole impasible a todos sus quemaduras, y como preguntando a todos: "¿Por qué me atacan con tanta saña? Soy inocente, a nadie le hago daño; antes bien corono el paisaje del terruño con el oro de la hermosura y saturo a los ojos de todos con la visión sublime de lo majestuoso". Pero no Paurario, no pierdas tu tiempo, nadie te oye ni se interesa por ti: el ojo fisico, desprovisto de alma, está contaminado con el tráfico cotidiano, con la basura de las calles y con los grafitos políticos de las paredes orinadas con los orines del borracho y manchadas con los monóxidos de mil carros que circulan y circulan. El ojo poeta y sensible lo pinchó la modernidad, vaciándolo del todo, dejándolo ciego, inútil, sin una razón para mirar. Pero Paurario, aún así, ¡canta! Mantén intacta tu fe, muy viva tu esperanza: ya vendrá Mayo destilando su lluviosa sanidad desde los cielos preñados de grises y al poco tiempo sanarás de tus heridas y te vestirás con el manto verde que solo la generosidad de la madre naturaleza es capaz de dar. Entonces, con ese manto real tejido con hilo vegetal, seguirás reinando por siempre en la San Juan de los Morros que guardo en mi corazón. Martes 11 de Marzo de 2008
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lunes, marzo 10, 2008

SOBRE LA VERACIDAD DE LO QUE ESCRIBO

Puede darse el caso que mis escritos caigan en manos más expertas e informadas que las mías y se niegue la autenticidad de los mismos. A los tales les dejo el caso del periódico Ariel, fundado por mi abuelo en febrero de 1922 y que fue el primero que circuló en San Juan de los Morros. Sin embargo por muchos años se dudó de su existencia.
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Por: Daniel R Scott Mucho de lo que escribo habla de la familia y fueron escritas pensadas para el uso y consumo de la familia; por eso no se hallaran la elegancia literaria ni la erudición profunda. Su valor es sentimental. Predominan el desorden en las ideas, la simplicidad, lo incompleto, lo mutilado. Si otro lector encuentra mis párrafos interesante o de valor, es cosa que me alegra mucho porque, seamos francos: al que escribe le gusta que le lean. Pero lo que tengo en mente es esencialmente dos cosas: que mi familia no se olvide de sus raíces y que su historia no la borre la indolencia y el olvido, que son a mí ver los peores enemigos de nosotros los hispanoamericanos. Ya es mucho lo que se ha perdido, por tal motivo mi humilde afán de dejar una breve constancia escrita de nuestros anales. Puede darse el caso que mis escritos caigan en manos más expertas e informadas que las mías y se niegue la autenticidad de los mismos. A los tales les dejo el caso del periódico Ariel, fundado por mi abuelo en febrero de 1922 y que fue el primero que circuló en San Juan de los Morros. Sin embargo por muchos años se dudó de su existencia. Cierto que Tito Sierra Santamaría y algún otro intelectual lo citaban en sus obras, pero algunos no estaban muy convencidos. Se basaban en el hecho de que no existía evidencia escrita del dato histórico. Y como las fuentes de nuestra historia local son mayoritariamente orales, no se podía hacer mucho al respecto. Recuerdo muy bien el foro sobre periodismo regional que se realizó en el auditorio del INCE del Banco Obrero, en el año de 1987 y reseñado, por cierto, por "El Nacionalista". Reunió personalidades muy queridas y destacadas como Alí Almeida, Adolfo Rodríguez, Enrique Olivo, Argenis Ranuarez, mi propio padre y otros más que no alcanzo recordar. Uno de ellos se acercó a la fila donde me hallaba sentado y dijo con toda la buena fe del mundo: "Miren lo que traigo aquí: ¡el primer periódico que circuló en San Juan!". Cuando observé el viejo ejemplar advertí que se trataba de un ejemplar del semanario "La Puerta del Llano", dirigido por Tomás Arias, pero en modo alguno el primero que circuló en la ciudad, y así se lo hice notar al buen amigo. Él basaba su aserto en la editorial. Se leía algo más o menos así: "Por fin San Juan tiene periódico". En ese mismo foro Enrique Olivo intentó corregir el error pero no todos quedaron muy convencidos. Cinco años más tarde, en un 1992 turbulento y golpista, hablando con otro gran intelectual al que respeto y admiro, el error volvió a aparecer: se dudó de Ariel, llevándolo al plano de lo ficticio. "Pero si Enrique Olivo tiene un ejemplar como él afirma, entonces, ¿por qué no lo muestra?" Y tenía razón, después de todo, no se le puede culpar. El finado cronista no soltaba tan fácilmente el producto final de sus investigaciones. Eso todo el mundo lo sabe. Al fin, otros años más tarde, en una insólita e irrepetible exposición o museo provisorio llamado "La San Juan de Ayer" que se montó en la escuela Aranda, protegido detrás de cristales, se pudo apreciar posiblemente por vez primera el primer número del periódico en cuestión, un ejemplar tan amarillo y endeble que se hacía polvo con el solo toque de la vista. Y luego ya nadie lo vio más. Lamentablemente el cronista murió y ya no se supo nada de "Ariel" ni de ninguno de los otros tesoros que recopiló a lo largo de los años. "Aquí no hay nada de eso" responden los familiares cuando se les pregunta, o eso es lo se me ha informado. Debería existir una Ley para estos casos en que se haga necesaria incluso la confiscación, y perdonen lo radical. A lo mejor dicha Ley ya existe y como de costumbre en nuestra Historia Republicana no se acata.
Los que lean pues, mis textos, tengan en cuenta lo arriba expuesto. ¿Qué sucede pues con nuestra Historia Local que nos lleva a negar o desestimar fechas y hechos históricos ciertos? No lo sé, no soy historiador. Me parece que tiene lagunas profundas y debilidades visibles. Y no es por culpa de nuestros cronistas e historiadores, reconocidos peritos en lo suyo. Quizá sea culpa de nuestra condición de sociedades jóvenes incapaces de verle el valor histórico a nuestro pasado. Otro factor lo podría ser la ausencia de material escrito: o está destruido, o no ha sido descubierto o no ha sido debidamente asimilado. Es sorprendente que sea ahora cuando se descubra el texto original del "Tratado de Coche" o que muchos de los papeles personales de un Lisandro Alvarado reposen inéditos, sin pena ni gloria, en la Academia Nacional de la Historia. Hay que confiar en las fuentes orales y en la imaginación y no ser tan incrédulos. Viernes 7 de Marzo de 2008
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miércoles, marzo 05, 2008

ENCUENTRO CASUAL CON DOS ANCESTROS

Cerré el libro y no pude evitar encontrar paralelos entre el William de Botello con el William de mi padre, soló que papá añadía que William Power fue condenado a la pena de muerte por ultimar de un balazo a otro en un duelo pero luego absuelto en virtud de su destacada participación en la batalla de Carabobo.



Por Daniel R Scott
A todos mis sobrinos .

Papá solía ostentar, con el orgullo militar de quien lleva en el pecho una condecoración ganada en la guerra, su segundo apellido: Power. A eso le llaman ganar méritos con escapulario ajeno. En ocasiones especiales (bautizos, cumpleaños o una noche cualquiera de tragos) contaba con no menos orgullo y mal disimulada pedantería el origen y abolengo de ese segundo apellido suyo: "El primer Power arribó a Venezuela con la legión británica, era oriundo de Irlanda y tuvo el honor y la gloria de combatir en la batalla de Carabobo". Y si notaba en sus interlocutores alguna sombra de duda o le pedían alguna prueba material o escrita de lo que aseguraba, respondía con voz desafiante y estentórea: "¡Anda al Paseo Los Próceres allá en Caracas! Cuando leas la lista de los nombres de los que participaron en la batalla te encontrarás con el de William Power". Porque asi se llamaba el primer Power que pisó tierras venezolanas: William.

No lo dudaba; cuando se trataba de la historia familiar y de nuestros ancestros, papá era un libro abierto dividido en capítulos, apartados, y páginas numeradas con notas al margen, pero la verdad es que al único Power que conocí fue a Carlota Power Olivo (1891-1981) mi abuela, la que vivió en la otrora aldeana y medio colonial "Av. Cedeño" de San Juan de los Morros. Se trataba de una viejecita de andar lento, canosa como las nubes de los mediodías del mes de marzo, piel de un mármol blanco apergaminado y ojos azules, que fumaba cigarrillos "Capitolio" y que leyó hasta el final de sus días el "Ultimas Noticias" sin la ayuda de lentes. Frente al jardín recitaba con una voz temblorosa como la gelatina historias, anécdotas y leyendas de los días ya idos de Cipriano Castro y de la dictadura de Juan Vicente Gómez que tenían un valor testimonial e histórico que nadie se preocupó por rescatar. El 27 de junio que ella murió, yo apenas frisaba los dieciseis años y jamás se me ocurrio preguntarle algo de su juventud ni mucho menos asentarlo por escrito, lo que hoy lamento profundamente. Era poco pues, lo que sabía o había indagado del apellido materno de papá.

Pero días atrás, revisando cierto material bibliográfico, me topé por pura casualidad con el libro "El Héroe del Deber", una semblanza biográfica de Joaquín Crespo escrita en 1991 por Oldman Botello, cronista al que tuve el inmenso placer de conocer en enero de 2005 en algún encuentro cultural y al que volví a ver en la Casa de la Cultura de Parapara año y medio despues, el 10 de junio de 2006. Tomé su libro y hojeandolo sin ningun motivo especial me detuve en el capítulo IV. Allí, para sorpresa mía, me encontré a un tal Eduardo Power Windfor empeñado en presentar Crespo a Guzmán Blanco allá en su casa de Villa de Cura en 1869. "Los generales Crespo y Guzmán Blanco se metieron en la pieza-dormitorio de mi padre, donde conversaron y conferenciaron cerca de dos horas" escribiría en 1942 Eduardo Luciano Power, hijo del hombre que amistó a los dos famosos militares del siglo XIX venezolano. En la página 42 de la obra un retrato de Eduardo Power: Calvo, adusto el gesto, largas las patillas, penetrante la mirada. Lo comparé con el único retrato que dispongo de mi abuela paterna: el parecido salta a la vista. Eduardo Power Windfor, según el autor del libro, "murió en Villa de Cura, rodeado del cariño de sus semejantes, a los 83 años en 1904".

Pero mi sorpresa fue mucho mayor cuando fijé la vista en una extensa y nutrida nota al pie de página y me pareció escuchar no a Botello sino la voz de mi propio padre: "Don Eduardo Power Windfor nació en Achaguas, Estado Apure, el 16 de Enero de 1821, del matrimonio de William (o Guillermo) Power y doña Margarita Windfor, ambos ingleses, el primero de ellos llegado al país formando parte de la legión británica con caracter de comandante, en 1820; al año siguiente llegó su esposa quien junto a él vivió las penurias de la campaña guerrera al lado de Bolivar y de Páez".

Si nos atenemos estrictamente al dato histórico suministrado por Oldman Botello (sin descartar alguna otra versión) se podría especular y echar a volar la imaginación y partiendo de las fechas deducir que este William Power se encontraba entre los que John D Evereux reclutó en la propia Irlanda para el verano de 1819. Gerard Masur, biografo de Bolivar y estudioso de la revolución Sudamericana, nos habla de la condición y calidad de esta tropa: "aventureros, revolucionarios y hombres sin trabajo". Vaya con nuestro linaje. Cinco buques partieron de Europa haciendose pasar por inmigrantes y anclaron en la isla de Margarita para finalmente desembarcar en Angostura entre abril y mayo de 1820. Este grupo de soldados a los que inicialmente se les llamó "Legión Irlandesa" se internó en el Estado Apure (donde nació Eduardo Power Windfor) para reorganizarse bajo el mando de José Antonio Páez con el nuevo nombre de "Cazadores Británicos". Estos participaron más tarde en la épica batalla del 24 de Junio de 1821.

Cerré el libro y no pude evitar encontrar paralelos entre el William de Botello con el William de mi padre, soló que papá añadía que William Power fue condenado a la pena de muerte por ultimar de un balazo a otro en un duelo pero luego absuelto en virtud de su destacada participación en la batalla de Carabobo. Y es que la Legión Británica "tuvo una actuación muy distinguida y despues de la batalla recibió de Bolivar su nuevo nombre: Batallón Carabobo" (Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, Tomo II, P. 923) Y con razón: cuando los "Bravos de Apure" sufrían ante la feroz embestida de la tropa realista, la legión británica arremetió con una carga de bayoneta, dando tiempo a que los llaneros se recuperaran. Una acción que requería valor, sin lugar a dudas, mereciendo un reconocimiento.

Carlota Power Olivo y mi propio padre, ¿tienen algún parentesco con Eduardo y William Power? Según mis cálculos numéricos sí. No es casualidad que al revisar el árbol genealógico que me legó papá me encuentre que el tercer hijo de mi abuela llevara el "Eduardo" como segundo nombre.
Finalmente visité a mi tía Antonieta, única sobreviente de los cinco hijos de mi abuela Carlota para hablarle de este asunto. La avenida Cedeño, intoxicada con las bocinas de los autos y el monóxido de carbono ya no se ve tan aldeana ni medio colonial como en los días que aun vivia mi abuela. Me senté al lado de mi tía, al frente del mismo jardín que miraba evocadora mi abuela cuando contaba las historias a las que yo nunca prestaba atención. No había empezado a contarle lo de mis indagaciones cuando me interrumpió con su manera pausada y calmosa de hablar: "¿Eduardo Power Windfor? Era bisabuelo mío y de tu padre, tatarabuelo tuyo". Y a continuación me trazó un árbol genealógico de una simplicidad bíblica que abarcaba casi un siglo, de 1821 hasta 1912. Resulta que William Power es tatarabuelo de papá.

Me senté un rato en la plaza Bolivar, sin nada ya que hacer y rumiando toda la información recibida. En la reverberación de la tarde, dominado por el sopor, el ocio y la estupidez, me dió por garrapatear ecuaciones genealógicas:

I.- William Power + Margarita Windfor = Eduardo Power Windfor.
II.- Eduardo Power Windfor + Maria Eugenia Orta = Carlos Power Orta.
III.- Carlos Power Orta + Carmen Olivo = Carlota Power Olivo
IV.- Carlota Power Olivo + Daniel Scott Gutierrez = Antonio Scott Power.
Y asi sigue la cosa segun sea el caso o el resto de la descendencia.
Pero tendría que venir el propio Oldman Botello en persona a corregir estas ecuaciones y verificar su exactitud.

Miercoles 5 de Marzo de 2008
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lunes, marzo 03, 2008

Panare Arauca Caribe: Puente Cabruta Caicara

Antes de llegar los españoles: Todas las crónicas indican que esta región estaba densamente poblada, -dentro de lo limitado de la población del resto del gran territorio que luego se llamó Venezuela-, antes de la llegada del europeo.

Eduardo López Sandoval*
eduardolopezsandoval@yahoo.es

Están haciendo el tercer puente sobre el río Orinoco, ¿y cómo no opinar acerca del puente más importante del río Orinoco?, que sin duda es la obra civil más importante de la última década.

Decir que el puente que unirá a Nueva Cantabria de Cabruta con la ciudad de Caicara es el puente más importante sobre el río Orinoco, parece ser una afirmación acomodaticia, acomodada al ser guariqueño. O en cosas de moda, decir que se estás en lo último, por ser, precisamente el último proyecto que se ejecuta.

Justifico tal afirmación: el puente Cabruta Caicara es el más importante de los tres sobre el Orinoco. Esta afirmación no intenta apocar los meritos de los dos primeros. El primer puente es trascendente desde que es el primero y se hace en angostura, -en lo más angosto del río-, precisamente en la Ciudad de Angostura, llamada hoy Ciudad Bolívar, en honor al grande hombre de las dificultades. El desarrollo minero e hidroeléctrico del Estado, concentrado éste en Puerto Ordaz, más que justifica el segundo puente.

Pero el tercer puente cumple con el pago de una deuda histórica; estamos en mora desde la independencia, desde nuestra existencia como república. Recuérdese que la octava estrella es la Provincia de Guayana, y no estaba en las siete estrellas iniciales por no estar esta Provincia de Guayana dentro de de las siete Provincias que dieron el primer paso en procura del país independiente.

La separación es geológica antes que histórica, la diferencia de edad es de millones de años, incluso antes de que la corriente de agua marcara una distancia, el límite estuvo marcado por la formación misma de la tierra. Primero, y más viejo, estaba el Escudo Guayanés con millones de lunas observando la lenta formación sedimentaria de los llanos, que mucho tiempo después los hombres llamaron los Llanos de Caracas. La edad, la altura sobre el nivel del mar y el río, marcaron distancia entre Cabruta y Caicara antes de llegar los humanos a estas tierras.

(Seguimos la crónica del Boletín Nacional de la Historia, Nº 169, enero-marzo, 1960, de Manuel Pinto).

Antes de llegar los españoles: Todas las crónicas indican que esta región estaba densamente poblada, -dentro de lo limitado de la población del resto del gran territorio que luego se llamó Venezuela-, antes de la llegada del europeo.

Al llegar los españoles, al pisar el cronista Diego de Órdaz, la aldea indígena que estaba en la margen izquierda del gran río, la llamó Cabritu en 1531. Más tarde, el 27 de octubre de 1556, Martín López reportó que la aldea se llamaba Caburute y que era poblada por indios aruacas. (Para la conclusión del presente Escrito, tengan en cuenta el nombre de los indígenas que habitaban lo que es actualmente Cabruta, y lo que afirma textualmente la crónica del Historiador Pinto, “que tenían trato con todos los demás indígenas de la zona excepto con los caribes.”).

En la Independencia: Producto del hecho referido, que Guayana no había agregado la octava estrella a la naciente República, se suscitaron enfrentamientos; luego de los hechos del 19 de abril de 1810, Cabruta fue saqueada e incendiada por las tropas realistas, que sólo pasaban el río para realizar el saqueo; “los patriotas destacaron entonces una pequeña tropa en previsión de otro ataque desde Guayana, el cual se produjo el 6 de diciembre de 1811, por las fuerzas de Angostura que derrotaron al comandante patriota Francisco González Moreno.”.

En 1857: El Puerto de Cabruta es visitado por el viajero y fotógrafo húngaro Pál Rosti, quien encontró la población sumida en el abandono, una de las causas es que el vapor que mensualmente hacía la ruta del Orinoco, “no paraba allí sino en Caicara, por lo que había que hacer trasbordo de pasajeros y mercancía”, de los antiguos Llanos de Caracas a Guayana, o de Cabruta a Caicara. Otro punto de rivalidad.

El aeropuerto: Similar a la decimonónica situación, es lo que se presenta hoy, en los amaneceres del siglo XXI, que para que los vecinos del lado llano del río, puedan disfrutar los beneficios de la aeronáutica de este siglo, deben pasar éste en una embarcación del siglo pasado. Sigue la discordia.

El puente salda una deuda histórica de más de quinientos años: une los llanos con Guayana, resuelve el viejo conflicto entre Aruacas y Caribes. Es por eso que proponemos que el puente se llame Panare Aruaca Caribe, que traducido es “Amigo Aruaca Caribe”, o “Amigos los indígenas Aruacas del Llano guariqueño y los indígenas Caribes del Escudo Guayanés. O más de hoy: “Venezuela es sólo una”.
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*Abogado. Historiador guariqueño.
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