viernes, agosto 08, 2014

Enseñanza, elites y sujetos

José Obswaldo Pérez

Durante  el  periodo de  la  conquista y la colonización en Hispanoamérica, la  organización de  la educación resultó un  proceso lento y  tardío, a lo  largo del  hoy territorio venezolano y, en  el particular, en la región  geomental  del  estado Guárico.  Diferencias explicables históricamente en razón a nuestra estructuración  social, económica y  política. Aunque, todavía,  siguen siendo desiertas las búsquedas de registros discursivos que den cuenta de la presencia del maestro o de la escuela primaria en nuestros espacios locales durante el  tiempo histórico colonial. Apenas unas  pocas descripciones referidas en forma parcelada detallan visiones teogónicas y cosmogónicas expresadas por aquellos hombres, primeros habitantes y observadores de estos paisajes  culturales  (Bigott, 1995) y,  especialmente,  por la visión de los llamados Cronistas de India.


De lo que sí se sabe es que los procesos de la educación en el territorio de ultramar se llevaron a cabo a través de la Ley de Evangelización y Colonización de nuestras provincias, promovidos por la corona española y las comunidades religiosas, principalmente, la Compañía de Jesús, que ejerció su influencia en gran parte de  la Provincia de Caracas (Gómez, 2007). Su misión, como perspectiva de orientación política, era evangelizar el alma de las poblaciones indígenas para conquistar sus  territorios, tarea muy beneficiosa, por los intereses lucrativos del  poder de España. Por lo tanto, la escuela de esta época es “más de orden político y moral que de enseñanza de conocimientos o lugar de educación, lo que en términos de la época se expresaba bajo la siguiente máxima: la escuela es el principal ramo de la policía [1].  Más  adelante, el  doctor Alberto Martínez Boom aclara:

“esas máximas morales, esas prácticas de policía, esas formas de vida en civilidad y la enseñanza en oficios son los primeros objetos del saber de la escuela y por tanto, estamos hablando de un saber político más que de un saber pedagógico, propiamente tal, que es el que posibilita la individualización de un saber acerca de la enseñanza” [2].

Como se desprende del párrafo anterior, las pretensiones educativas del Estado Metropolitano español era la construcción de un sujeto para la dominación.  “Los blancos peninsulares y criollos, eran la clase dueña de los medios de producción, con poder para controlar el aparato productivo y el Estado”,  indica la doctora Maigualida  del Valle Pinto Iriarte (2012: 15).

Por otra  parte, la enseñanza de la  religión  respondía  al  paradigma del escolasticismo de Santo Tomás y a la visión Jesuítica de una educación para el desarrollo armónico de todas las facultades humanas, naturales y sobrenaturales (Rey F., 1979 y Maldonado, 1983). Quizás esta ultima de mayor alcance  en  Hispanoamérica,  concebida para preparar a las elites destinadas a ocupar puestos de dirección con arreglo a las necesidades de la colonia; pero,  sobre todo,  para desarrollar el  proceso de transculturación y servir de instrumento de construcción de un nuevo orden social y  político  en aquellos espacios coloniales , como réplica  de  la cultura metropolitana [3].

Mientras  las clases subalternas como los indígenas o los  esclavizados africanos no eran necesarias  educarlas[4]   ya que para trabajar en las minas o en  las  actividades agrícolas, o en otro tipo de  trabajos, sólo se requería la fuerza física u otro tipo de saber orientado, básicamente, a la socialización; aunque estás clases subalternas y excluidas  serán la constructoras de un saber popular mestizo y una  nueva estructura de sociedad[5]  en  el Nuevo Mundo. Muchos de estos sujetos,  especialmente, los esclavizados negros, desafiaran los estereotipos raciales de la época  y,  sin saberlos, subvirtiran las estructuras de la sociedad colonial a través de su trabajo doméstico.

Desde esta  visión egocéntrica del  espíritu de la  conquista, las primeras escuelas primarias en Venezuela estarán vinculadas al proceso de ocupación del territorio y la estructuración de los primeros núcleos urbanos de implantación colonial (Grisanti, 1950). Y con ellas se impondrán como instrumentos de dominación espiritual y cultural que dará origen a la formación y consolidación del  Estado-nación. Una arquitectura legal – de base filosófico-teológica- apoyará a los aparatos de ideologización y dominio colonizador. Un ejemplo de estos preceptos legales será el Real Patronato de Indias que no  sólo normará las regulaciones internas  de las provincias de ultramar  sino la unidad entre las relaciones Estado Español y la institución religiosa. Dicha normativa situaba a la Iglesia católica y sus órganos bajo el control de la Corona  española; pero, en  contra partida, el reino de España se comprometía a cristianizar las tierras conquistadas y favorecer la prosperidad espiritual y material del catolicismo, a la cual se le confiaba la educación, los hospitales y las instituciones caritativas, entre  otros espacios de poderes .

De modo que la Iglesia era, en la práctica, uno  de los principales agentes del poder civil o, dicho de otra manera, su brazo derecho. Bajo su tutelaje –como regla general- se obligaba a los encomenderos a organizar y financiar escuelas de encomienda para los indígenas, las cuales dependían de su administración; allí debían enseñarles español, religión y algunas habilidades manuales. Pero, en la praxis no existía control de esta normativa por parte del Estado y, frecuentemente, no se cumplía.  Como hemos sostenido atrás, la escuela de este período poco se encuentra como espacio público generadora de saberes. Sólo el evangelizador, como los capellanes, tenían la responsabilidad llevar aprendizajes a los niños de los lugares apartados de la provincia,  pero no era “una  práctica pedagógica institucionalizada [6].

La alianza entre el Estado Español, como factor de dominación colonial, y la Iglesia, como elemento ideológico, durará hasta el año de 1767, cuando España decide  expulsar a los jesuitas del  país. Las razones historiográficas se marcan en las diferencias de los nuevos actores de la sociedad republicana que comenzaba emerger en la Nueva España y en  las visiones políticas que tuvieron nuestros forjadores de la nacionalidad[7]. Pero, pese a estos juicios, la  congregación de los Jesuitas fueron  quienes intentaron implementar la educación popular, es decir, la formación policlasista  y de carácter legalista[8] en  la sociedad colonial de finales del siglo XVIII, tal  como  lo expresa Gonzalbo  Aizpuru (1998):

La educación jesuítica, con sus virtudes y sus defectos, había llevado su influencia hasta los últimos rincones y había penetrado en la conciencia de la mayor parte de la población novohispana” [9]

Bonilla Molina (2009) sostiene que el aparecimiento tardío y  laborioso  de la educación en Venezuela, se puede atribuir a tres aspectos fundamentales: a) la carencia de explotaciones mineras, b) la ausencia de grandes concentraciones humanas en el territorio nacional y c) la profunda concepción elitesca  de autoridades delegadas por la Corona española para gobernar en el nuevo territorio.

Sin embargo, Bonilla Molina señala que es, a finales del siglo XVII y a comienzos del siglo XVIII, cuando la sociedad colonial asiste al surgimiento con cierta formalidad y extensión de la educación colonial.  Pero se tratará de una educación “en la que sólo estudiaba en la escuela la descendencia de los mantuanos [10].  El órgano rector de las políticas educativas era el  Cabildo de Caracas, que se encargaba de normar  la  educación y, por su intermedio  establecía  las  cátedras de gramática y habilitaba para el ejercicio de la docencia; pero, aparte de algunos maestros particulares, en la colonia no había mayor escolarización. La escuela primaria era, en verdad, de escaso número y cobertura de estudiantes. A estos accedían sólo los hijos de los blancos, la elite de una sociedad  de privilegiados[11]  y castas  con aspiraciones de poder.  Era una escuela estamental  de grupos cerrados a los que sólo  se accedía  fundamentalmente por nacimiento o  por títulos de nobleza   y  linaje.   De  modo que  las  primeras escuelas  eran discriminantes y excluyentes, con bajo nivel de capacitación y escasa de  recursos.

Sobre el Cabildo de Caracas  y  la Real y Pontificia Universidad de Caracas  recaerá, en ambas, el papel de órganos administrativos y políticos que, al mismo tiempo, funcionarán como elemento integrador “del disperso conglomerado humano de las provincias venezolanas sujetas al imperio español”[12].  A parte de las decisiones  del cabildo, en Guárico, las políticas educativas recayeron fundamentalmente en las órdenes religiosas y en las autoridades del clero secular que, junto el poder Real, dieron carácter institucional a la educación primaria en la región.  En ese periodo de larga duración, Calabozo será más tarde el pueblo iniciador de los estudios de enseñanza primaria en la entidad. Y con ella los de secundaria y, posteriormente,  la universitaria.


Notas bibliográficas


[1] Martínez Boom, Alberto (2010, Segundo semestre).Educación y Bicentenario: la inquietud del presente. Bogotá: Revista Colombiana de Educación, N. º 59,p.38
[2] Ídem. Ob. cit, p 39
[3]CARUSO, MARCELO (2010). La emancipación semántica “Primeras Letras” en Hispanoamérica (ca 1770-1840). Madrid: Rev.Bordón, v. 62, n. 2 ; p. 39-51
[4]Pinto Iriarte, MAIGUALIDA DEL V (2012).Líneas estratégicas para el currículo en el subsistema de Educación básica venezolano. La Habana: Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño.Tesis en opción al Grado Científico de Doctor en Ciencias Pedagógicas, p.
[5]BRACHO, Jorge (2008). Mestizaje ciudadanía y cultura popular: La conciliación contradictoria. Tiempo y Espacio [online]. 2008, vol.18, n.50, pp. 295-320.
[6] MARTINEZ BOOM, ALBERTO (2005). La escuela pública: del socorro de los pobres  a la policía de los niños, p.135
[7] VILLALBA PÉREZ, ENRIQUE (2003).Consecuencias educativas de la expulsión de los jesuitas de América. Madrid: Biblioteca del instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad. También ver  SILVA A. Alberto. (2001). Breve Historia de América Latina. Caracas: Universidad Metropolitana. Pág. 58.   
[8]BLANCO G, OSCAR E (2000). Una mirada a la evaluación educativa a través de diversas épocas del acontecer venezolano.  Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales. Nº 5, p.159
[9] Gonzalbo Aizpuru, Pilar (1998). La educación popular de los jesuitas, México: Universidad Iberoamericana, pp. 230-231.
[10] Rubiano Albornoz,  (2009, Abril - Mayo - Junio).Breve historia de la escuela en Venezuela. EDUCERE. Vol. 1316 - 4910  Año 13, Nº 45; pp. 271 - 279.
[11] BRITO FIGUEROA, FEDERICO  (1978). Historia económica y social de Venezuela. Tomo II. Caracas: Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela.
[12] LEAL, Idelfonso (1981).La  educación y la “Real y Pontifica Universidad de Caracas” de 1721. En: Historia de la  Universidad Central de Venezuela. Ediciones  de la  Biblioteca. Caracas: UCV.
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lunes, julio 28, 2014

Primero de julio de 1914: comienzo de la Venezuela petrolera

Los cambios producidos por los procesos desencadenados como consecuencia de ello han sido tan profundos que es posible hablar de dos Venezuela: una antes del advenimiento de la actividad petrolera, y otra desde entonces.



Por Ubaldo Ruiz*



El día primero de julio de 1914, en Mene Grande, estado Zulia, comenzó a brotar petróleo del pozo Zumaque N° 1, hecho que dio inicio a la etapa que ha sido conocida como la Venezuela Petrolera; a partir de entonces, y hasta el presente, el país pasó de ser agro exportador, a estar regido por un modelo rentista petrolero.

Los cambios producidos por los procesos desencadenados como consecuencia de ello han sido tan profundos que es posible hablar de dos Venezuela: una antes del advenimiento de la actividad petrolera, y otra desde entonces. Gracias al petróleo el Estado se enriqueció y creció descomunalmente; el territorio nacional se integró con las vías de comunicación; surgieron nuevas ciudades y crecieron otras; la agricultura y demás actividades económicas comenzaron a depender de la renta petrolera; se forjó la idea de que somos un país rico, y que la función del Estado es la de repartir esa riqueza, lo que derivó en el Estado paternalista, aprovechado política y electoralmente por varios gobiernos populistas.

Todo comenzó en 1913, en Londres, cuando la empresa anglo holandesa Royal Dutch Shell compró 27 millones de hectáreas que poseía la compañía estadounidense General Asphalt en concesiones en Venezuela; entonces se constituyeron las compañías Burlingston Investment, y Caribbean Petroleum Company, a través de las cuales la Shell entraría a explotar el petróleo venezolano. Para ello, se envía a principios de ese año a Caracas al representante de las empresas extranjeras, el estadounidense W. T. S. Doyle, quien organiza, en connivencia con el gobierno del general Gómez, todas las actividades de exploración y explotación.

Para la realización de esas actividades, se renta la casa N° 26, situada entre las esquinas de Salas y Caja de Agua, adonde llega una delegación de 23 técnicos, entre ingenieros y geólogos, encabezados por Ralph Arnold, George Mc Cready y John Elliot, todos egresados de Stanford University, Harvard University y el Instituto Tecnológico de Massachussetts; después de realizar intensos operativos de reconocimiento de la costa venezolana, desde Paria hasta la Guajira, recomiendan comenzar las actividades de perforación en la costa oriental del lago de Maracaibo; hacia allí envían, a principios de 1914, a los dos geólogos más jóvenes de la expedición, Floyd Merrit y Garnet Joslin, quienes hacen parte del camino de Caracas a Maracaibo a pie, y después de explorar los lugares recomendados, deciden hacer la perforación en el lugar llamado Mene Grande.

A fin de dar comienzo a los trabajos de perforación, Floyd Merrit contrata en Maracaibo a dos cuadrillas de trabajadores que serán los primeros obreros petroleros de Venezuela; algunos vienen de Trujillo, otros de Coro, de Carora y de la propia capital del Zulia: sus nombres quedaron registrados para la posteridad: Juan Páez, Segundo Petit, Sebastián Rengifo, Luis Márquez y Carlos Leiva, formaron una cuadrilla, mientras que la otra la integraron, Hernán Cardozo, Alcibíades Colina, Manuel Sandrea y José Ballesteros; además, se contrató a un perforador con experiencia en Texas, George Brake.

Comienza el taladro su actividad, y cuando pasa de mil pies de profundidad se atasca de tal forma que el perforador texano no puede ponerlo a funcionar de nuevo; entonces el maracucho Manuel Sandrea, que había aprendido mecánica reparando las navajas y los puñales de los guapos de El Saladillo, logra desatascar el taladro, con lo cual continúa la operación, hasta que el día primero de julio de 1914, tras un estruendo proveniente de las entrañas de la tierra, comienza a brotar el petróleo a borbotones: había comenzado así la época petrolera. Probablemente, aquellos trabajadores no tuvieron conciencia de que eran testigos privilegiados del nacimiento de la Venezuela del petróleo


*PROFESOR EN EL PROGRAMA DE HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD RÓMULO GALLEGOS. CALABOZO, ESTADO GUÁRICO.
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domingo, julio 20, 2014

Hitos de la Educación Primaria en Ortiz

Niños escolares de Ortiz, durante una festividad patria a principios del siglo XX
(Foto reprodución Archivo de la Lcda Hortensia Rodríguez)

La creación de la institucionalidad educativa en  Guárico  y en el municipio Ortiz, entre 1830-1881, presenta cuatro hitos referenciales fundamentales que son:  la creación del Colegio Nacional de Calabozo en 1839, la creación de la  Provincia de Guárico en 1846, el establecimiento de las escuelas federales y el debate ideológico-educativo de principios y  finales del siglo XIX. Estos cuatro aspectos a consideración constituyen, de  manera  personal, los dispositivos discursivos de  la educación primaria en la  recién creada Provincia de Guárico y, por  ende, en  el nuevo Cantón de Ortiz, durante la etapa que hemos denominado período republicano.

Desde los antecedentes genealógicos, entre 1832 y 1888, podemos detectar que las escuelas públicas eran decretadas en razón de lo político – administrativo, es decir, éstas se establecían en primer lugar en la capital de la provincia,  luego en las cabeceras del Cantón y, posteriormente, en las capitales de las parroquias,  como se puede apreciar en  el siguiente cuadro:


Escuelas primarias públicas. Año 1832. Cantón Ortiz
PARROQUIA
NO DE ESTUDIANTES
SUELDO MENSUAL
DEL PRECEPTOR (PESOS)
Ortiz
25
15
Sn Fco de Tiznados
20
25
Sn J. de Tiznados
20
25
TOTAL
65
65
Elaboración: Propia                             Fuente: Gaceta de Caracas

Al  revisar el cuadro anterior se observa que entre las tres parroquias había en total 65 escolares y que el costo  promedio por cada uno era de un peso mensual por estudiante. Los demás pueblos y caseríos contarán tardíamente con este servicio. 

En cambio, las escuelas privadas o  particulares no se regían por este principio, ya que dependían del interés de la  población o de alguien que deseara prestar esta colaboración. En un estudio aproximativo de las fuentes eclesiásticas nos  encontramos con una relación de 1813, con la noticia de dos mujeres blancas de nombre Amosina y Francisca Cosén, quienes se dedicaban a enseñar niños del pueblo. Mujeres particulares para una educación particular y casi son anónimas a no ser por el registro de sus nombres. Nada se sabe de ellas. Solo tenían un número por regular de estudiantes, entre 6 o 12 niños, que asistía a sus horas a la escuela.

Otras fuentes son las del Archivo General de la Nación y la Gaceta de Venezuela. La consulta de estos documentos nos ha  permitido reconocer el  origen de la  escuela  primaria en Ortiz,  cuya génesis fue en  un  principio  privada. Tales fuentes nos permiten reflexionar, sistematizar y disciplinar nuestro campo de estudio. En 1833 se había fundado un colegio particular para varones, el cual se mantuvo por largo tiempo hasta casi finales del siglo XIX.  Más tarde, en 1838, varios vecinos de la  parroquia  San  Francisco de Tiznados, Cantón Villa de Cura, pedían la dotación correspondiente de un preceptor de primeras letras de dicha parroquia.

Para 1842, el periódico El  Liberal informaba que la  población de Ortiz contaba entre 10 y 20 niños en  escuelas particulares, mientras que  el índice  poblacional era de 3.417 habitantes. Dice la  publicación que la escuela de Parapara  estaba vacante en 1843 y que el sueldo del maestro oscilaba entre 25 pesos  y 40 por  atender a los niños “pobres”.

Más adelante, según ordenanza del 25 de noviembre de 1848, el gobierno local crea las escuelas municipales de primeras letras de Ortiz y San Francisco de Tiznados, de acuerdo con “el estado de las retas municipales de la provincia”. En estas escuelas era obligatorio impartirles a los alumnos: lectura correcta y silabario, religión y principios de cortesía y urbanidad, escritura en forma de letra clara y hermosa, aritmética razonada y gramática.

Los preceptores - que así se llamaban a los maestros-, gozaban de las designaciones salariales que ofrecían las rentas de la provincia; por ejemplo, los de Ortiz tenían un sueldo de 300 pesos cada uno.

Según resolución del Concejo Municipal de Ortiz, el 8 de diciembre de 1848 se crean una escuela en San José de Tiznados con una dotación de 240 pesos anuales, disposición que se haría efecto a partir del 1 de julio de 1849, cuando se iniciaría el año económico. En 1854, el Concejo Municipal, cuyo secretario era el músico José María Martínez, informa de la vacante -por la renuncia de su preceptor -, de la escuela de Parapara, cuya población escolar era 40 niños pobres y 20 de estipendio con sueldo de 25 pesos.



El 28 de septiembre de 1863, el secretario del Concejo Municipal del departamento, Francisco Delgado ponía en conocimiento del público: que las escuelas de primeras letras de esta cabecera departamental y de los distritos, Parapara, San José y San Francisco de Tiznados se hallaban vacantes por lo cual se abría un concurso de oposición por término de 40 días contados, luego de la publicación del dicto, para que los interesados debían presentar sus respectivas solicitudes, de conformidad con lo establecido en la ordenanza del 16 de diciembre de 1857. Según el dicto, el maestro que llenará las credenciales, y que resultará ganador, tendría un sueldo de 30 pesos por la enseñanza de 25 niños pobres, pudiendo admitir 15 por estipendio de la cabecera departamental; mientras que el que concursara para las escuelas foráneas o distritales gozaría de un sueldo de 25 pesos y tendría que enseñar un total de 20 alumnos pobres, pudiendo recibir 10 pesos por estipendio.

En San Francisco de Tiznados, la Escuela Federal para Hembras, bajo el número 38, contaba con 30 inscritas y  20 asistentes y la Escuela Municipal para hembras con 23 inscrita y 15 asistentes. Mientras, la escuela San José de Tiznados con  la denominación de Escuela Federal número 45 para varones con una población de 29 inscritos y 20 asistentes;  mientras la Escuela Federal número 46 para hembras contaba con 25 y 20 asistentes.

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domingo, mayo 11, 2014

Semblanza de Irma Marina Mendoza

(Palabras pronunciadas por el profesor e historiador Jeroh Juan Montilla en el acto de inauguración del Encuentros de Maestrantes de la Maestría de Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos (UNERG), el día miércoles 30 de abril del presente año, en  la sede de Posgrado de San Juan de los Morros)


Irma Mendozo:Pilar de la Investigación 
histórica guariqueña


Por Jeroh Juan Montilla
La profesora Irma Marina Mendoza fue una historiadora de amplia trayectoria investigativa que trató a profundidad y con mucha minuciosidad el tema de la negritud y la africanidad en la historia del país. Son muy destacados sus aportes a temas como la esclavitud en las regiones llaneras guariqueñas, donde se le considera iniciadora en esta temática investigativa y a los complejos asuntos de la propiedad de tierras desde los tiempos coloniales hasta nuestros días. Fue una caraqueña que durante sus últimos años se instaló, se sembró en estas tierras del Guárico, digamos que ella fue una inmensa ganancia para el hacer intelectual de la región. La investigación histórica en el estado ganó impulso con la presencia y entrega de Irma Mendoza. Podemos asegurar que ella marca con su actividad docente e investigativa una nueva etapa en los estudios históricos de nivel universitario en el estado. Hace un antes y después.

La historiadora Irma Mendoza siempre resaltó por su particular vocación docente, una profesión donde siempre supo combinar una ternura un tanto maternal con intención didáctica junto al rigor de la exigencia académica a la hora de tratar, de evaluar y valorar el dato investigativo. Su hacer cotidiano era la historia, una entrega a tiempo completo, recuerdo que entre bromas siempre nos decía: “amen la historia, pero no tanto como yo, que a veces me dejo llevar por lo envolvente de un tema que hasta me olvido de mi misma y de mis necesidades personales”.

Nosotros, sus eternos admiradores y discípulos desde un primer instante sentimos que debíamos corresponder a esa dedicación, que Irma merecía de San Juan de los Morros un reconocimiento y por eso organizamos y llevamos a cabo el viernes 11 de Julio del año 2008, en el Teatro de Bolsillo de la Casa Artesanal, frente al Viejo Mercado Libre de San Juan de los Morros el Primer Coloquio de Historia de Venezuela, como un merecido homenaje a la Doctora e Historiadora Irma Mendoza. Este homenaje fue organizado particularmente por las editoriales alternativas “Viento del Sur Editores”, bajo la dirección de Arturo Álvarez D’ Armas, Tibisay Vargas Rojas, y Jeroh Juan Montilla, y la “Asociación Civil Editorial Guárico”, presidida por Edgardo Malaspina, contando con el auspicio de la Alcaldía de las Mercedes del Llano y la Fundación Cultural de la Alcaldía del Municipio Juan Germán Roscio bajo la dirección de la Profesora Mary Perdomo.

Ya entrando a mencionar específicamente el hacer vital y profesional de Irma Mendoza, decimos que nació en la ciudad de Caracas. Fue maestra normalista, graduada en la Escuela Normal “Gran Colombia” en 1962. Profesora de Educación Media, Mención Geografía e Historia, egresada del Instituto Pedagógico de Caracas en 1966. Cursó estudios de Historia en la Universidad Central de Venezuela. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Santa María, bajo la dirección del Dr. Federico Brito Figueroa, donde obtuvo los títulos de Especialista en Historia Económica y Social de Venezuela en 1989, Magíster en Historia en 1993 y Doctora en Historia en el 2003. 

Se destacó como docente activa con 40 años de servicios en distintos niveles del sistema educativo venezolano, fue Profesora y asistente a la Coordinación del Postgrado en Historia de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (San Juan de los Morros- Guárico). 

Presidenta de la Junta Calificadora Nacional del Ministerio de Educación, 1995-1998 y Secretaria de Educación del estado Guárico, 1999-2000. 

Realizó numerosas publicaciones en periódicos y revistas tanto venezolanas como del exterior, especializadas en el campo de la historia, ponente en muchos eventos regionales, nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones se destaca el ensayo "Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico colonial. Siglo XVIII", publicado en: Resonancias de la Africanidad. Texto donde comparte a cuatro manos con Marcial Ramos Guédez, Marisa Vannini de Gerulewicz y Jesús García, y publicado por el Fondo Editorial del IPASME, en el año 2005. De sus muchas ponencias destacan títulos como La Escuela Normal de Ortiz; El hato Alcornocal en el tiempo histórico colonial; Una Epidemia en Camaguán en el año 1846; El Cabildo de Pardos en Nirgua, siglos XVII y XVIII; Federico Brito Figueroa y la formación de historiadores profesionales en Venezuela; Conflictividad social en Tucupido, 1760-1840; Pueblos de doctrina, propiedad territorial y mayorazgo en los valles de Caracas: Nuestra Señora de la Encarnación de El Valle de la Pascua, 1620–1800 (que también fue el tema de su tesis doctoral).

Tuvo reconocimientos y condecoraciones, como la Medalla 27 de Junio en Primera y Segunda Clase. Además participó en varios proyectos de investigación entre cuyos temas destacan: propiedad territorial, esclavitud, llanos, etc. Fue miembro fundador del “Centro de Investigaciones Históricas del Llano Venezolano” (San Fernando de Apure- Apure), y siempre se mantuvo como una activa colaboradora del “Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos” (CELLUNERG, San Juan de los Morros- Guárico).

Su último año de vida fue un gesto de constante de sacrificio por el oficio de historiadora y la pasión por los haceres del aula universitaria galleguiana. Hasta los últimos momentos, por encima de nuestros amorosos y preocupados regaños y advertencias por su ya deteriorada salud, ella impartió clases, asesoró y revisó investigaciones de muchos de sus estudiantes de Calabozo, Valle de la Pascua, Altagracia de Orituco y otras partes del país. Nunca se entregó, sabía de su poco tiempo, más de una vez me lo hizo saber, fue cabal y valiente hasta el final. Recuerdo la última tarde que estuvo en San Juan, el día anterior había trabajado con sus “muchachos y muchachas”. Al llegar a Caracas se agrava y semanas después abandona este plano el miércoles 11 de noviembre de 2009. Posteriormente cumpliendo con deseo de ella misma sus cenizas fueron dispersadas sobre el cauce del río “El Castrero”. El amigo e historiador José Obswaldo Pérez llegó a escribir como testigo de este gesto las siguientes palabras “Las aguas del río El Castrero, en San Juan de los Morros, Guárico, recibieron cálidamente y acompañadas de pétalos de rosas las cenizas de la profesora Irma Mendoza, en un gesto humano y sensible de sus familiares de dejar acá in memorian los polvos de quien en vida dedicó toda su querencia al Guárico; con ello se simbolizaba el último adiós y se cumplía un deseo que algún día ella había pronunciado.”

Al año siguiente, exactamente el miércoles 03 de marzo de 2010, en un acto de justicia, Arturo Álvarez D’Armas, Tibisay Vargas Rojas, Felipe Hernández, José Obswaldo Pérez, Argenis Ranuarez, Edgardo Malaspina, Pablo Pérez, Carmen Sierra, Ubaldo Ruiz, Eduardo Sandoval entre muchas personas asistentes, inauguramos de la “Cátedra Libre de Historia Doctora Irma Mendoza”. Como muchas cosas e iniciativas en estas tierras llaneras esta hermosa cátedra se ha quedado en la espera de ser reactivada, siento que con este Primer Encuentro de Maestrantes de Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos  a la Memoria de la Doctora Irma Mendoza,  ese gesto retoña en la savia historiadora de estos nuevos investigadores, el trabajo y el ejemplo de Irma Marina Mendoza vuelve a las aulas con ustedes. Grac

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sábado, marzo 15, 2014

Recordando a Gladys Hernández Zamora

FELIPE HERNÁNDEZ G.
felipehernandez457@yahoo.com
UNESR/Cronista Municipal


Hace catorce años falleció en esta ciudad la señora Gladys Hernández Zamora, fue el sábado 18 de marzo del año 2000, el pueblo de Valle de la Pascua fue sorprendido de manera dolorosa por la inesperada muerte de Gladys Hernández, un mito viviente unido indisolublemente a esta tierra llanera que la vio nacer y a la que se entregó con pasión durante buena parte del siglo XX. Fue Gladys Hernández una mujer emblemática del gentilicio vallepascuense, descendiente de honorables familias de esta ciudad y del estado Guárico. Sus apellidos están unidos indisolublemente al devenir histórico de este terruño llanero, así tenemos, que los Hernández y los Zamora se cuentan entre los primeros pobladores de La Pascua, vinculados indefectiblemente a los caudillos liberales del siglo XIX, entre ellos el ilustre héroe de nuestra Independencia y de la Guerra Federal, el general vallepascuense José María Zamora, al primer presidente del Concejo Municipal infantino, José Ignacio Hernández, y al general Santos Hernández, abuelo paterno de Gladys.
           

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