jueves, marzo 30, 2017

Los antecedentes del golpe de Maduro

Los presidentes electos por el voto popular en Perú y Uruguay desbandaron al poder legislativo cuando éste se les volvió en contra. En Venezuela, un Tribunal Supremo de Justicia que responde al régimen de Nicolás Maduro asumió este miércoles las competencias de la Asamblea Nacional

Por Infobae America

El 5 de abril de 1992 el gobierno de Alberto Fujimori, en Perú, disolvió el parlamento con el respaldo de las Fuerzas Armadas y desencadenó un golpe de Estado que lo mantuvo en el poder hasta el año 2000, el antecedente más reciente en la región del avance de los poderes Ejecutivo y Judicial sobre el legislativo como estaría ocurriendo en Venezuela tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el chavismo, de asumir las competencias de la Asamblea Nacional.

Fujimori había llegado democráticamente a la presidencia del Perú en 1990, cuando obtuvo un triunfo contundente sobre el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, pero no logró constituir una mayoría fuerte en el Parlamento.

Enfrentado a la guerrilla de Sendero Luminoso, Fujimori pidió poderes especiales al Congreso, pero el poder legislativo se los negó y la Cámara de Senadores incluso comenzó a investigar sus presuntas violaciones de derechos humanos.

Citando la "actitud irresponsable y negativa de los parlamentarios que pretenden maniatar al jefe de Estado", según consigna El Mundo, Fujimori disolvió el Congreso de la República, apoyado tanto por las Fuerzas Armadas como por su popularidad frente a los peruanos.

"Tal es el caso de la promulgación de la Ley N° 25397, denominada Ley de Control Parlamentario sobre los actos normativos del Presidente de la República que pretende maniatar a éste, recortándole atribuciones elementales para gobernar", dijo el mandatario en el discurso en el que justificó su medida.

En el "Fujimorazo" no sólo se disolvió el Parlamento, sino que también se intervino la justicia, el Consejo Nacional de la Magistratura, la Contraloría General y el Tribunal de Garantías Constitucionales, según recuerda El Comercio. También se ejerció una fuerte presión sobre los medios comunicación.

El presidente lideró entonces el autodenominado "Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional" bajo el silencio de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que no se pronunció ni movilizó para activar la Carta Democrática.

El Congreso continuó reuniéndose en secreto hasta que en 1993 fue reformado en una sola cámara y en el marco de la nueva Constitución impulsada por Fujimori.

El golpe de Bordaberry

Más extremo, en 1973 el entonces presidente constitucional de Uruguay, Juan María Bordaberry, dio un golpe Estado con apoyo del Ejército y disolvió también el Parlamento mediante el decreto N° 464/973.

"La acción delictiva de la conspiración contra la Patria, coaligada con la complacencia de grupos políticos sin sentido nacional, se halla inserta en las propias instituciones, para así presentarse encubierta como una actividad formalmente legal", justificó en ese momento antes de reemplazar el Congreso con un Consejo de Estado designado por él mismo.

Bordaberry no sólo disolvió el Parlamento, también suprimió las libertades civiles, desbandó las organizaciones sociales y prohibió a los partidos políticos.

Pero no se quedó allí: suprimió las libertades civiles, desbandó las organizaciones sociales y disolvió a los partidos políticos, "sin cabida en el Uruguay del futuro", según un comunicado de las Fuerzas Armadas sobre el mandatario.

Para 1976 los militares que lo habían apoyado y que habían ocupado diversas áreas del gobierno consideraron que su planteo era impracticable y decidieron destituirlo, poniendo fin a su gobierno de tres años, según destaca El País.
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José Manuel Celis... Cronista popular


Por Felipe Hernández G.
UNESR-Cronista de Valle del Municipio Infante – Valle de la Pascua
felipehernandez457@yahoo.com

El profesor José Manuel Celis Pereira nació en Valle de la Pascua el 24 de marzo de 1944; el mismo terruño desde donde el 08 de marzo del 2011 partió a otras dimensiones, cuando contaba con 67 años de edad. Estuvo casado con la maestra Caridad Rojas, con quien procreó a sus hijos, José Manuel, Manuel Alejandro, Maira y otros.

El profesor José Manuel Celis fue hijo de Esther Antonio Celis y Yolanda Pereira. Hermano de las maestras Alicia, Yajaira, Omaira Celis Pereira, entre otros. Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal en el Grupo Escolar “Rafael González Udis”, luego la secundaria la cursó en el Liceo “José Gil Fortoul”. Su vocación la encausó hacia la docencia, lo que le llevó a desempeñarse como profesor “de historia, que aprendió en la escuela de la vida y en las numerosas lecturas que realizó” (E. Malaspina dixit) y de otras materias, en los pueblos de El Sombrero (Liceo “Alberto Isaac Padra”), en Valle de la Pascua (Colegio “Juan Germán Roscio”) y en Las Mercedes del Llano (Liceo “Pedro Itriago Chacín”).

En el Colegio “Juan Germán Roscio”, institución fundada y dirigida por el siempre caritativo, afable y gratamente recordado padre Rafael Chacín Soto, supo ganarse el aprecio y la confianza no sólo del citado Padre Chacín, sino además de los profesores Alnardo Salazar Olivieri, Aníbal Matute, Eney y Rafael “Lito” Silveira, Samuel Mejías, Iván Ferrer, Guillermo Aragort, entre otros meritorios educadores que también laboraron en ese histórico colegio.

Miembro de la Sociedad Socorro Mutuo, fue cronista popular y escribía en los diarios locales, El Nacionalista, Jornada y otros periódicos. El único libro que escribió fue el poemario:Hojas al viento, en el que relata la existencia y todas sus circunstancias posibles, alegres y tristes, a través del prisma del recuerdo y la nostalgia. Por otro lado, define acertadamente la poesía como la mejor forma de expresión para quien ama la vida y todas las cosas que la rodean, y remata: “La poesía es el lenguaje del alma, sobre todo de un alma romántica y soñadora como la mía”.
Siempre apoyó fervorosamente las iniciativas culturales y folclóricas que se emprendieron en el municipio Leonardo Infante y en otros pueblos del oriente del Guárico, se recuerda su consecuente estímulo al Festival Nacional “Panoja de Oro”, al Festival Nacional Folclórico Infantil “Cantaclaro”, entre otros eventos culturales.

En ocasión de su fallecimiento, el doctor Edgardo Malaspina, quien fue su alumno en Las Mercedes del Llano, escribió lo siguiente: “... gran amigo de Las Mercedes, fue docente por largo tiempo en nuestro pueblo, hizo muchos amigos y participó activamente en los festivales de música criolla. Su infaltable presencia en nuestros eventos culturales para apoyarnos con su experiencia y capacidad organizativa, nos hizo considerarlo, sencillamente, como un mercedense más”.

Celis afirmaba que el nombre de su poemario significaba que el viento los llevaría a otros derroteros. Unos versos de su poema “Cuando caiga la tarde”, bien pudieran servirle de epitafio:

Yo me quiero morir cuando caiga la tarde
en la quietud dormida de una tarde serena,
al arrullo del canto del pájaro en su nido,
a la sombra de un árbol de ramas florecidas
donde a mi oído apenas llegue el rumor del viento,
trayéndome el sonido de olas en la playa
o el lejano rumor de lluvia en los tejados
o el ruido cantarino de la brisa que peina
esa grama encendida de mi llano infinito.

Para la posteridad quedan sus escritos dispersos en distintos periódicos o en manos de particulares... Los que le conocimos, le recordamos en sus sitios predilectos, junto con el maestro Juvenal Bolívar en la esquina de la Catedral Nuestra Señora de la Candelaria, frente a la plaza Bolívar, o en la puerta de la Sociedad Socorro Mutuo junto al también recordado sastre, don Gustavo “Gustavito” González...

El Prof. Celis fue un docente dinámico, de verbo fácil y siempre presto a establecer el mejor contacto con el alumnado. El 09 de marzo de 2016, el Prof. Samuel Mejías escribió lo siguiente: “Recordado amigo, el tiempo ha transcurrido rápidamente desde tú partida, siempre recordamos tus ocurrencias y verdades, ya que fuiste una persona directa, eso demuestra que dejaste huellas que el inexorable tiempo no podrá borrar”.


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miércoles, marzo 29, 2017

Venezuela, contra las cuerdas


Por Julio Londoño Paredes

Como estaba previsto, se celebró con el apoyo de veinte países la reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, para estudiar el informe que el Secretario General de la Organización, el uruguayo Luis Almagro, había presentado el 14 Marzo en el que había sugerido que a Venezuela se le aplicara la Carta Democrática, que incluye en última instancia su suspensión como miembro de la Organización, si el gobierno venezolano no tomara las medidas para la liberación de los presos políticos, el reconocimiento de la validez de las decisiones de la asamblea nacional y estableciera un calendario electoral que incluyera elecciones.

Catorce países, incluyendo a Colombia, formularon hace pocos días una declaración en la que tácitamente apoyaron la iniciativa de Almagro de aplicar la Carta Democrática, pero advirtiendo que “la suspensión de un país miembro” de la OEA era “el último recurso” y que antes tendrían que “agotarse los esfuerzos diplomáticos en un plazo razonable”.

Es decir, desde un primer momento, todos fueron especialmente cautelosos en no comprometerse en llevar las cosas hasta el extremo de apoyar la exclusión del gobierno de Venezuela de la Organización.

Como también era previsible, no se llegó a ninguna votación y los países se limitaron a expresar exhortaciones a Organización para que apoyara acciones para propiciar el funcionamiento de un estado de derecho en Venezuela , lo que en la práctica no quiere decir mayor cosa.

Sin embargo, aunque no se apoyó la aplicación de la Carta Democrática, Venezuela no salió bien librada, no sólo porque veinte países impidieron el bloqueo que Venezuela trató de hacer en un principio a la agenda del reunión, sino porque luego el representante venezolano la emprendió contra Brasil y especialmente contra Colombia, aduciendo que el gobierno colombiano, en lugar de intervenir en la crisis venezolana debía ocuparse, entre otras, de la erradicación de los cultivos de coca, que han proliferado notablemente en los últimos años, así como de la represión del contrabando.

El representante venezolano, luego de ser interrumpido por Brasil y México, comenzó a atacar a cada uno de los países que habían liderado la convocatoria de la reunión. Eso generó en una sucesiva solicitud de puntos de orden, incluyendo una réplica de Colombia, que a la larga abortaron la reunión. Curiosamente el representante venezolano censuró al secretario de estado, al congreso de los Estados Unidos y al senador norteamericano Marco Rubio, pero no mencionó a Trump, que seguramente seguía el debate, sino que acusó a Obama.

En síntesis, aunque no se apoyó la aplicación de la Carta Democrática como lo había solicitado Almagro, el gobierno venezolano quedó en “evidencia” ante el continente, despotricando además contra la OEA. Eso seguramente lo había previsto el Secretario General, que es un avezado diplomático y que de todas maneras logró poner el tema en la agenda de la Organización.

¿Será que la intervención del representante venezolano y las posteriores declaraciones de la canciller de ese país contra Colombia en una rueda de prensa, unidas a la ocupación militar de la margen colombiana del río Arauca, rompe la “luna de miel” que existía entre Colombia y Venezuela?

Fuente: Revista Semana de Colombia



(*) Profesor de la facultad de gobierno, ciencia política y relaciones internacionales de la universidad del Rosario
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martes, marzo 28, 2017

Cómo Venezuela puede evitar la suspensión de la OEA


Por LUIS ALMAGRO
WASHINGTON — Los países de América Latina y el Caribe han estado plagados de dictaduras a lo largo de su historia. Para evitar el regreso de los regímenes autocráticos, en el año 2001, los 34 países de la Organización de los Estados Americanos (OEA) firmaron la Carta Democrática Interamericana, mediante la cual acordaron que la democracia es un derecho de los ciudadanos que los gobiernos deben garantizar.

Sin embargo, Venezuela, un país suramericano de más de 30 millones de habitantes, actualmente enfrenta ese viejo y familiar dilema.

Es por eso que el 14 de marzo, hice un llamado para tener elecciones justas y libres, como una manera de evitar la suspensión de Venezuela en la OEA, de acuerdo con la Carta Democrática Interamericana. Además, exhorto a los miembros de la OEA a que se unan a esta causa.

El gobierno venezolano suspendió el referendo revocatorio del presidente Nicolás Maduro el pasado mes de octubre y también las elecciones de 2016 de gobernadores estatales, con lo cual revocó los derechos electorales de sus ciudadanos, y violó las leyes establecidas en su constitución.

La oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional en 2015, pero la Corte Suprema de Justicia, controlada por el poder ejecutivo, despojó al parlamento de sus poderes. En los últimos tres años, miles de venezolanos han sido detenidos por sus ideas, más de 100 personas (entre ellas, Leopoldo López un destacado líder de la oposición) siguen encarceladas en condiciones desgarradoras, y las fuerzas de seguridad estatales se reservan el derecho de detener y torturar arbitrariamente y a voluntad.


El gobierno del presidente Maduro es un régimen autoritario, ineficiente y corrupto. Hay una grave escasez de alimentos, los enfermos no tienen acceso a las medicinas, la inflación anual es de 700 por ciento y el país tiene una de las tasas más altas de homicidios en el mundo. Mientras la población de Venezuela soporta esta carga, se estima que los fondos públicos perdidos a causa de la corrupción de la clase dominante ascienden a 300 mil millones de dólares, y los altos funcionarios de gobierno están cada vez más coludidos con el narcotráfico.

No podemos seguir mirando hacia otro lado. Los países miembros de la OEA deben reivindicar su compromiso con la democracia.

Hago un llamado al gobierno de Maduro para que celebre elecciones presidenciales transparentes y equitativas con el fin de evitar la suspensión de Venezuela de la OEA. Todos los presos políticos deben ser puestos en libertad, deben garantizarse los derechos y libertades fundamentales, y deben establecerse canales de ayuda humanitaria que funcionen. Restablecer los derechos básicos del pueblo es crucial para permitir que Venezuela permanezca dentro del grupo de países democráticos del hemisferio.

La Carta Democrática Interamericana establece dos medidas que podemos utilizar como recurso de acción: los artículos 20 y 21. El artículo 20 establece que, si se produce una alteración del orden constitucional que socave gravemente la democracia en un país miembro, pueden llevarse a cabo iniciativas diplomáticas, entre ellas los esfuerzos de mediación.

Desde el año 2014 hasta la fecha, la Unión de Naciones Suramericanas, la OEA, el Mercado Común del Sur (Mercosur), el Vaticano y el Departamento de Estado de Estados Unidos, entre otros, se han esforzado por establecer un diálogo constructivo con el gobierno venezolano, pero no han tenido éxito. Esto se debe, en parte, a que el objetivo del gobierno ha sido crear la ilusión de un diálogo sin comprometerse verdaderamente con hacerlo efectivo.

Esas iniciativas han fracasado. ¿Qué se puede hacer? ¿Cuánto tiempo más el pueblo de Venezuela debe seguir sufriendo la opresión y la privación?

Si Venezuela no retoma un camino democrático dentro de un mes, debe ser suspendido de la OEA. Los 33 países de la región deben mostrar unidad y defender una democracia bajo asedio. La secretaría general y los países miembros se han reunido esta semana para coordinar acciones destinadas a ese objetivo.

De acuerdo con la Carta Democrática Interamericana, cuando se suspende la adhesión de un país —el último caso fue Honduras en 2009— este pierde “su derecho a participar en la OEA”. La exclusión de un país de las naciones democráticas de América envía un claro mensaje político, económico y comercial a la comunidad internacional y a los principales actores económicos en un momento crítico: regimen non gratum.

Si el gobierno de Maduro quiere evitar las consecuencias potencialmente desastrosas de una suspensión, debe hacer un verdadero compromiso con la democracia y tomar medidas claras para restablecerla.

Creo, como lo hace cualquiera que tiene fe en la democracia del hemisferio, que exigir esto es nuestra obligación moral.

Pero seamos claros: no estamos en contra del diálogo. Estamos en contra del fracaso del diálogo.

La suspensión es el último recurso que se encuentra en nuestro marco regulatorio para presionar al actual gobierno de Venezuela, que se enfrenta al aislamiento y a la pérdida de legitimidad, para que realice elecciones presidenciales que devuelvan la democracia, la libertad y la prosperidad al país.

Luis Almagro es secretario general de la Organización de Estados Americanos.
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El balance histórico que el chavismo no puede ocultar en la OEA

En la OEA no se está discutiendo si se expulsa o no al gobierno de Venezuela de esa entidad. Lo que se está haciendo es un juicio histórico, un balance del proyecto de poder chavista en el país. Y el balance es negativo.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.-

Lo más certero, lo más veraz, lo que en forma más sucinta, pasando por encima de toda controversia, apuntando directamente al fondo de la cuestión, se puede aseverar sobre los 18 años del poder absoluto del régimen chavista sobre Venezuela, es que ha sido un monumental fracaso.

A los ojos del mundo (y por supuesto de la mayoría de los venezolanos) no hay hecho o argumento que pueda rebatir la afirmación anterior. Ante tamaña realidad no hay maniobra de prestidigitación verbal que pueda usar el más experimentado de los diplomáticos. Ni Metternich, Kissinger o Roy Chaderton. Ni, por supuesto, Delcy Rodríguez.

El objetivo del actual Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, no es que expulsen al gobierno venezolano de ese cuerpo, sino poner el tema venezolano en el tapete internacional, develar el monumental descalabro político, económico, social y humano del proyecto de poder instaurado en el principal exportador de petróleo del Continente desde 1999.

La carta de Almagro está teniendo en los gobiernos, y en la opinión pública de los países del hemisferio, el efecto que la carta del ex ministro Jorge Giordani debería haber tenido dentro de las fronteras de la República Bolivariana. Un escandaloso recuento pormenorizado de todos los fracasos del régimen chavista y lo que es peor, una necia determinación a no rectificar, que si a ver vamos, es el pecado mayor de Nicolás Maduro y su grupo.

Esto constituye, por lo tanto, la humillación internacional que Luis Almagro les propina a los herederos de Hugo Chávez y que estos no pueden tolerar, en particular por ser ese un campo donde tantos recursos invirtieron.


Durante casi dos décadas el régimen chavista ha dispuesto en Venezuela de todo el poder para tomar absolutamente todas las decisiones institucionales y legales, sin ningún tipo de cortapisas, y además ha contado con más recursos económicos (provenientes de la renta petrolera) del que dispusieron todos los gobiernos que le precedieron en los cuarenta años previos.

El boom de precios del petróleo que le tocó en suerte fue el más extendido en el tiempo, de 2003 a 2014. El de Carlos Andrés Pérez fue sólo de dos años (1974 y 1975) igual que el sucesor Luis Herrera Campins (1979 y 1980).

Todo el poder, todo el dinero ha sido para el chavismo.

Entre el Debe y el Haber, comparado con los otros regímenes políticos del pasado venezolano, el saldo chavista es de lejos el peor. Porque con todas sus luces y sombras todos los proyectos de poder que ha tenido Venezuela siempre dejaron algo que los justificara para la posteridad.

Páez creó la República. Los Monagas (los peores) la abolición definitiva de la esclavitud. Guzmán Blanco los ferrocarriles que pudo, los edificios históricos del centro de la capital, algún rasgo de modernidad y el decreto de instrucción pública. Castro y Gómez centralizaron y pacificaron el país que tiranizaron, argumento al que hasta hace no mucho recurrían sus apologistas.

Y de 1936 en adelante, cada uno de los gobiernos venezolanos, civiles o militares, democráticos o dictatoriales, construyeron prácticamente todas las escuelas, universidades públicas, hospitales, dispensarios, carreteras, autopistas, puertos, aeropuertos, puentes, viaductos, presas y represas que hoy tiene el país. Alfabetizaron, electrificaron, becaron, promovieron la inmigración, poblaron el territorio, dieron oportunidades. Y de paso, dejaron instituciones.

El último proyecto de poder histórico (ese al que Chávez y Maduro le han negado sistemáticamente todo mérito), el que encabezó Rómulo Betancourt y su partido Acción Democrática, instauró la Democracia venezolana, el voto popular, la alternabilidad en el ejercicio del poder público (hoy tan añorada) y el período más largo de libertades públicas, paz y estabilidad (1958-1998) que ha tenido este país desde que rompimos con el imperio español en 1811.

¿Pero el chavismo qué le ha legado a Venezuela?
Su misión debería haber consistido en corregir las fallas heredadas de las administraciones que le precedieron y continuar sus logros. Pero el remedio fue peor que le enfermedad. En vez de refundar la República, que fue lo que Chávez llegó a ofrecer, se implantó un Estado fallido.

Lo que tenemos hoy como balance es un insólito retroceso en materia social, sanitaria e incluso nutricional. En la próxima década toda una generación está condenada (con toda probabilidad) a tener una talla inferior al promedio alcanzado por los venezolanos debido a la marca que la desnutrición infantil está dejando por los “años del hambre bajo Maduro”.
Todos los indicadores de mortalidad se han disparado simple y dramáticamente por falta de medicinas e insumos médicos. Eso no está ocurriendo en ningún país de la Latinoamérica, ni siquiera en Haití.
En cuatro años Venezuela ha perdido una cuarta parte de su PIB. La renta per cápita es igual a la de 1955. En 1998 el 33% de todas las exportaciones venezolanas eran cosas distintas al petróleo. Hoy es menos del 3%.

El chavismo destruyó 200 años de exportación de café venezolano.

Incluso, en algo tan elemental como el monopolio de la violencia en manos del Estado y el ejercicio de su poder en todo el territorio, el legado del general Gómez (que robó lo que pudo, pero al menos eso dejó) hoy en Venezuela está en crisis.

Comparado con otros proyectos históricos latinoamericanos, como el PRI en México o el peronismo en Argentina, el chavismo da pena. El año pasado el presidente ecuatoriano Rafael Correa que se preguntaba qué era Venezuela antes de Chávez. Muy sencilla la respuesta: Un lugar a donde emigraban sus compatriotas.

El continente americano es testigo de todo esto.

Fuente: KonZapata.com
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