sábado, febrero 02, 2019

El Cerro Guarumen


 En esta propiedad existen grandes yacimientos y formaciones de sílice que en la actualidad se utiliza para la industria del vidrio, pues constituye su materia prima. Las fábricas que consumen dicha materia prima se hallan situadas en el Estado Aragua, La Victoria, Cagua y en el Estado Carabobo, Los Guayos. 

Félix Celis Lugo (*)


 El Cerro Guarumen se encuentra ubicado entre los límites de los municipios Juan Germán Roscio, Ortiz y Julián Mellado del Estado Guárico y Camatagua del Estado Aragua. Allí existen unas fuentes termales, cuyo acceso más fácil y rápido es a través del pueblo de El Sombrero, ubicadas en forma de semicírculo en un amplio valle, siempre verde, aún durante la estación de verano: enclavadas entre altas montañas, hay seis fuentes o pozos conocidos con los nombres de: El Caldero, Las Canales, El Aceite, El Uvero, El Vapor y La Campera. Las cinco primeras alineadas en dirección Este-Oeste. La fuente La Campera está situada a un kilómetro al Oeste de las anteriores.
    El Sr. Dionisio Bolívar (1897-1978), destacado músico, comerciante y ganadero sombrereño, en su libro “De Cero a Ocho Cifras”, al referirse a sus propiedades manifiesta: “Años atrás, en 1934 adquirí la hacienda Guarumen, de tierras para ganadería y agricultura en el Municipio Camatagua, Distrito Urdaneta del Estado Aragua, lugar donde se encuentran las famosas aguas termales que visitó en una ocasión el General Antonio Guzmán Blanco y su familia. Esta finca no la he podido explotar por falta de comunicación fácil.
   En esta propiedad existen grandes yacimientos y formaciones de sílice que en la actualidad se utiliza para la industria del vidrio, pues constituye su materia prima. Las fábricas que consumen dicha materia prima se hallan situadas en el Estado Aragua, La Victoria, Cagua y en el Estado Carabobo, Los Guayos. Tiene esta hacienda un gran valor económico por su potencial minero y por su cercanía a los consumidores pues la distancia es apenas de 180 kilómetros, mientras que las otras fuentes productoras del mineral sílice quedan en el Estado Monagas-Maturín- a 632 kilómetros, de los cuales 57 son de carretera de tierra, y los yacimientos de Monay, del Estado Trujillo que quedan a 360 kilómetros”.
   Lo cierto es que don Dionisio tenía un proyecto para la explotación de las aguas termales, estableciendo en Guarumen una embotelladora de agua y su industrialización comercial y una estación de hidroterapia o investigación de las enfermedades del estómago, hígado, diabetes, vesícula y vías biliares, y otro para la explotación de sílice. Planes que no logró cristalizar por razones que desconocemos.
   El Cerro Guarumen es muy visitado por personas que vienen de diferentes regiones del país, nos dice el Sr. Bolívar que “a pesar de las dificultades existentes para el ascenso, el cual se hacía a caballo hasta el pie de La Galera, y de allí en adelante a pie, difícil para los pocos animosos por el camino estrecho y peligroso, Guarumen en años anteriores a 1900 era lugar muy visitado por familias de Caracas y de poblaciones de los estados circunvecinos. Se cuenta que el presidente Guzmán Blanco solía con frecuencia hacer allí curas termales y todavía señálase el sitio de la amplia y confortable Casa de Guzmán”.
   En 1942 Ricardo Montilla en compañía de Rómulo Gallegos, doña Teotiste Arocha de Gallegos  visitaron el Cerro  Guarumen. Estuvieron en este agradable lugar durante 15 días tomando baños para calmar algunas alteraciones en la salud del ilustre maestro y novelista. Según versiones posteriores de Montilla, Gallegos presentó mejorías en sus dolencias.
   De igual manera Guarumen fue visitado en varias oportunidades por el General Joaquín Crespo, y es él quien  le recomienda al General Guzmán Blanco,  que se tratara algunas dolencias en estas fuentes de aguas. El Ilustre Americano llegó a Guarumen en enero de 1874, según se puede evidenciar en algunas cartas enviadas por Guzmán Blanco a su esposa, publicadas en el libro Guzmán Blanco, Íntimo, del escritor Rafael Ramón Castellanos. En una de esas cartas dice:

Guarumen, enero 21/1874

Mi querida Ana Teresa.


   Ayer, apenas había llegado, te escribí. Anoche recibí la tuya del 18. He amanecido bien, aunque de purga por el efecto de las aguas: dicen que no entra en los efectos del tratamiento, Ayer me bañé dos veces, lo mismo que Roberto, Andrés, Vicente y Diego. La lata de quesos la llevaré como me encargas. Hoy me tomaré dos baños tibios como ayer, y mañana tomaré el caliente, que sólo se puede repetir de tres en tres días.
   Tuviste una buena idea de mandarme los papeles que se me quedaron en la casa. Me mortifica el que no hubiera podido traerte, porque estoy seguro que te hubiera hecho mucho bien pasar aquí estos 15 días.

Mis besos para los niñitos.
                                                                           Tu afectísimo
                                                                          Guzmán Blanco.
  
   Como podemos observar, el Cerro Guarumen ha sido honrado con la visita de tres presidentes de la República, el General Antonio Guzmán Blanco, el General Joaquín Crespo y el Maestro Rómulo Gallegos. En la actualidad la carretera El Sombrero-Guarumen ha sido mejorada, por lo que se hace más fácil la travesía hacia las aguas termales. Sus habitantes se han organizado a través de  un consejo comunal y han planteado varios proyectos con el objetivo de desarrollar actividades agropecuarias y turísticas.

(*) Cronista Oficial del Municipio Julián Mellado
      El Sombrero, Estado Guárico.

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viernes, diciembre 21, 2018

Crónicas para los pascuenses de antier, ayer y siempre.

Nosotros, sí es verdad que disfrutamos, aprovechamos lo que en el idioma ingles llaman confort y en italiano dolce vita, nuestra generación que ahora está entrando al bullpen para enfrentarnos con la muerte, ha sido la más privilegiada de la historia de la humanidad, nunca cargamos agua en la cabeza, ni cortamos leña, ni salimos a tientas de noche para el escusado de hoyo, mucho menos soplamos candela ni viajamos a caballo o a pie. 



Por Franklin Santaella Isaac
Si nuestros padres dieron un salto como ninguna generación anterior pudo darlo en el orbe; pasando del fogón de leña a las cocinas a gas (después de un breve tránsito por el kerosene); de las lámparas de carburo al alumbrado público; de la plancha de brasa a la eléctrica; de los barriles de madera al acueducto urbano, del empedrado al macadán y el asfalto, del burro y el caballo al automóvil; de la totuma a la regadera; del corre ve y dile al teléfono, y el telégrafo; del posta al correo; de las tertulias y teatro domestico al televisor y el cine, del cuatrico chinchorrero al disco de acetato. Si dejaron de pilar maíz para luego sancochar y amasar la arepa, asándola en un budare, a la vertiginosa, y ahora escurridiza, harina pre cocida, sin que hablemos de la quinina, el permanganato de potasio, el éter, las píldoras del Carmen, el jarabe de escorzonera y la fregoza.

Nosotros, sí es verdad que disfrutamos, aprovechamos lo que en el idioma ingles llaman confort y en italiano dolce vita, nuestra generación que ahora está entrando al bullpen para enfrentarnos con la muerte, ha sido la más privilegiada de la historia de la humanidad, nunca cargamos agua en la cabeza, ni cortamos leña, ni salimos a tientas de noche para el escusado de hoyo, mucho menos soplamos candela ni viajamos a caballo o a pie. Con la añadidura de que disfrutamos también de lo bueno del pasado inmediato, nuestro pueblo bucólico, con sus casas solariegas y sus patios sembrados de guayabas, granados, ciruelas, pomarrosas, mamones, lechosas y tantos otros, donde nos disputábamos con los azulejos, turpiales, cristofué los dulzores de sus frutos. ¡Quien no probó las empanadas de Rafaela Santos!, ni picó troya con un marcialero, o elevó al firmamento los policromados papagayos provistos de largas colas de retazos, (algunas veces con hojillas para cortar el hilo de los contrincantes del barrio vecino). Quien no recuerda las pegas a la salida de clases, los gladiadores favoritos: El Chato Morales, Pinto, Imachi que retaban o eran retados a diario y se batían en duelo limpio, donde era pecado utilizar armas incluyendo palos piedras o tierrita en los ojos del contendor, en esas justas nunca se le pegaba al rendido o al caído; las caimaneras con pelotas de trapo, los desafíos de metras donde además de la habilidad para lanzar la canica se requería la rapidez mental para pedir o barajar jugadas: …Pido saque, barajo uñita. Los portones abiertos hasta las nueve de la noche, las siestas del mediodía, las calles desiertas y el silencio a veces interrumpido por el pregón del muchacho, pantalón corto, que ofrecía suspiro, torta y bizcochuelo con su cantico melancólico y su azafate al hombro.

Cuanto influyó en nosotros el cine Manapire y sus series en vermut y matiné, muchos quedaron para toda la vida con los remoquetes inspirados en aquellos personajes del celuloide: Mauricio Rosales (a) El Rayo, Capulina, Pecos Bill, Jalisco, Pichirilo, Bamby. Los más añosos recordaran la venida de Pedro Infante en 1949. ¿Quién no escuchó los parlantes de cine Paraíso con las rancheras de Jorge Negrete y los tangos de Carlos Gardel y Libertad Lamarque? ¿A quién no fascinó el advenimiento de la televisión con su de coaxial de escalerita y los programas, el Show de las doce presentando artistas nacionales e internacionales. ¿Quién no disfrutó viéndole las pantaletas a las bailarinas de Yolanda Moreno en el retablo de Maravillas?.

Como disfrutamos las calles recién pavimentadas vedadas al paso de vehículos mientras fraguaba, (cuestión de meses), las excursiones a la laguna del pueblo a bañarnos y visitar a María Casquito en las bicicletas que Toledo nos arrendaba a bolívar la hora.
Luego la juventud que pudo tener carro o lo robaba al papá, donde nos apiñábamos, sin discriminaciones de ninguna naturaleza, para asistir a los encuentros deportivos o a las terneras en las fincas aledañas, o en las noches, a jugar bolas en los botiquines de la periferia, poult y billar en los centros como el Deportista, el Tony Club o a dar serenatas en las ventanas de la chica que nos quitaba la calma, para terminar la jornada en la parrilla de Cunaguaro o la arepera de Ponce o del mastranto y una que estuvo en la esquina de la Paraíso con Atarraya, frente a la farmacia de Goyo Goyo.

Las muchachas, por su parte, tenían menos radio de acción, organizaban los picoteos, con long play de Andy Willian, Elvis Presley, Henry Stephen (Limonero), el Trio Venezuela (Magia Blanca); Los Naipes (Era Ella) y las fiestas de los locos en Rancho Criollo y El Palacio Rojo.
Escuchaban, en sus tocadiscos Zenit los discos R.C.A Víctor, a Los Panchos, Las Cuatro Monedas, Chucho Avellanet (Jamás te Olvidaré), Leonardo Fabio (Hoy Corté una Flor, Ella Ya Me Olvidó).

Estrenaban los domingos e iban a lucir los estrenos en la misa, asistían a las patinatas para echarse ojitos con la conquista y comer arepitas dulces abombadas con queso rallado por encima, aceptaban las invitaciones del cucarachón al cine o a pasear por las veinte calles del pueblo en compañía de chaperonas o chaperones, por lo general, la tía vieja o el hermanito menor más celoso quel carajo. Algunas formaban parte de los equipos de boli ball y por supuesto Reinaban en todos los eventos. Los padres se ocupaban más de ellas daban en su honor las fiestas de quince años, algunas con La Billos o Los Melodicos, organizaban los paseos a la playa o a los hatos en carnavales y semana santa.

Después vino la diáspora, hembras y varones marchamos a Caracas y otras ciudades para asistir a la universidad o buscar oportunidades, muchas familias se mudaban enteras para acompañar a las muchachas en esa etapa, los machos parábamos en casa de un pariente o en una pensión, nuestra generación dio muchos profesionales y profesionalas, militares, empresarios, políticos, músicos, artistas, literatos, hombres y mujeres de negocios, banqueros, mesoneros, porteros como Ramón López, quien fue una de las víctimas en el bombardeo de Miraflores en 1958, mecánicos, estilistas, modistos, etcétera, que nos diseminamos por la patria y por el mundo cosechando éxitos y emprendiendo, a la vez, el mandato divino de procrearnos y perpetuar la especie.

Hoy nos reagrupamos una pequeña representación de esa cohorte, para recordar con alegría aquellos tiempos y disfrutar el más grande de los placeres de la vida: ¡El placer de vivir!

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miércoles, diciembre 19, 2018

El telescopio y el primer taller fotográfico de Ortiz




En medio de una retórica y una prosa incendiaria de marcado acento político; enfrascado en luchas intestinas por la toma del poder; en este ambiente que, a su vez, es una realidad social aparece el periódico El Telescopio, el cual fue fundado el 1 de marzo de 1895.


Por José Obswaldo Pérez


Introducción

A finales del siglo XIX, Venezuela celebra apoteósicamente el Centenario del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre (1795-1830), en un reconocimiento tardío a sus cualidades de victorioso estratega militar, magnánimo gobernante y virtuoso ciudadano, quien rindiera su vida, vilmente asesinado, en aras de su ideario republicano (Salvador González, p.210). Con motivo de tal efeméride, el gobierno del presidente Joaquín Crespo organizó unas pomposas fiestas públicas, puntuales en Caracas; pero que se extendieron por todo el país. Estas actividades no sólo se centraron a la promoción de ornatos públicos sino también acciones culturales y políticas. De modo que bajo estas premisas surgió la fundación de un periódico que tuvo como nombre subjetivo El Telescopio, el cual tenía como objetivo promover el desarrollo de los municipios Ortiz y El Sombrero. Su contextualización histórica se ubica en un momento cuando el país y nuestra entidad regional vivía tiempos azarosos, en medio de una retórica y una prosa incendiaria marcada con acento político; y enfrascada en luchas intestinas por la toma del poder.

Fue su editor y administrador Francisco Paredes Rondón[1], durante casi un año. Luego, en su segunda época, en el año de1896 se encargó de su dirección el periodista y poeta Agustín Ruiz, con nuevas condiciones editoriales. Ahora, el periódico salía cada cuatro veces al mes, los días viernes de cada semana. Su suscripción mensual costaba 50 céntimos.
Ruiz fue corresponsal de El Microbio de Villa de Cura en 1895 y, en ese entonces, denunciaba en el periódico que el pueblo de Ortiz se hallaba en mal estado; además, el Concejo Municipal no se reunía y el cementerio se encontraba descuidado y en malas condiciones.
Manuel Aquino anota, en sus artículos periodísticos Históricas de El Sombrero, la comunicación dirigida por el ciudadano don Rosendo Martínez a la Cámara Municipal del Distrito Bruzual, el 11 de enero de 1895,  solicitando ayuda económica para fundar El Telescopio. El ayuntamiento le respondió acordando la cantidad de 16 bolívares mensuales.
En el periódico se destacaban los escritos de Olegario R. Polanco y Ricardo Montilla Barón, entre otros jóvenes escritores locales. En su edición del 1 de marzo de 1895, el editorial se titulaba “Prospecto”. Trae la noticia sobre la presentación teatral de “cinco niñas vírgenes” en un performance que representaba a las cinco naciones libertadas por el Padre de la Patria, con motivo de los actos celebrados en el Centenario de Sucre. Las actoras eran escolares del Colegio Privado de Señoritas que dirigió el Doctor Juan Bautista Franceschini, párroco de Ortiz. Por lo menos, el nombre de cuatro jovencitas podemos distinguir de la copia que poseemos. Ella son: Cristina Paúl (Venezuela), Beatriz Rodríguez (Colombia), Julia Mercedes Reyes (Perú) y Rosalía Ramos (Bolivia).No faltó una que no pudimos visibilizar por lo borroso del papel.
En una edición de septiembre de 1896,  El Telescopio informa la creación de la Sociedad Patriótica Obrera, en San José de Tiznados. Esta sociedad se estableció en la casa de Juan Pedro Bolívar,  el 19 de septiembre de ese año, la cual fue presidida provisionalmente por Rafael M. Rodríguez Arana  y su Junta Directiva se conformó de la siguiente manera: Presidente, Juan Pedro Bolívar; vicepresidente, José R. Herrera; vocales, Ángel Donaire Rivas y Santana Páez; y el secretario y subsecretario fueron: Rafael M. Rodríguez Arana y Juan J. García C. Dicha organización tenía como propósito la reparación del templo.
También, el periódico anuncia sobre los estragos de un famoso ladrón llamado “Mono negro”, quien robaba los hatos cercanos de los Tiznados y había puesto en jaque al jefe civil de la parroquia, Anastasio Padrón. Igualmente, la publicación trae sobre funciones teatrales en Ortiz, los días viernes, sábado y domingo. Entre las obras de escena se anunciaba: “El hombre es débil” (zarzuela) y “Los andaluces”.
En su edición del 21 de mayo de 1897, se halla un artículo editorial titulado “Calumnia no triunfa”, en la que el impreso expresa:
“En la lucha de las ideas, las armas deben ser iguales y los golpes nobles.
“Las ideas honrosas son legítimas de los cerebros dignos. Ellas son refundidas en la prensa y esa prensa ocupe elevados puestos entre las principales potencias políticas de las naciones, no pueden ni violar las concesiones de aquellos, ni aún tampoco reprocharle.
“El origen de una lucha encierra grandes problemas que ocultan el misterio; y el intricado porvenir es el único que con perfectos derechos pueden darles soluciones.
(…)
“Las calumnias lanzadas a la voz de la publicidad sólo hará enardecer más y más nuestros ánimos y puede ponernos al combate.”
En esa misma edición, se encuentran los pronunciamientos políticos de los habitantes de Parapara, con fecha del 27 de abril de 1897, donde se da a conocer una larga lista de vecinos. También, hay una pequeña crónica sobre la construcción de la Iglesia de la Parroquia de Las Mercedes: “La Capilla de Las Mercedes-adelantadísimos están los trabajos de este edificio sagrado. El lunes de la presente semana le fueron colocadas las puertas y diariamente continúan las actividades ejecutadas en las obras…”
El primer taller fotográfico.
Si no hubo otro, debió ser Olegario R. Polanco el primer fotógrafo de Ortiz, al montar el primer taller fotográfico de la localidad, Al menos lo rescata el periodista y educador Ricardo Núñez, en un artículo publicado en El Progreso de Calabozo, a quien describe como “un joven de excelentes prendas y artista de talento”.
El taller fue fundado en 1884 y con apenas un año de labor, el joven Olegario se aplicaba generosamente en la profesión y alcanzó adquirir fama en la región, llegándose a comparar como distinguido discípulo de Navarro y Ponottini, consumados maestros de la fotografía mundial.
Olegario Ramón Polanco fue nativo de San José de Tiznados, hijo natural de Reguilda Polanco. Casó en su pueblo natal  el 25 de mayo de 1883 con la señorita Lestenia Rachadell, hija legitima de Manuel y Elisa de Rachadell. De este matrimonio fueron hijos suyos: Arturo Ramón, nacido en 1888 y fallecido en Ortiz, a los 24 años, en julio de 1912; María de la Cruz, fallecida en Ortiz, a los 22 años, el 23 de diciembre de 1910 y María Reguilda, fallecida a los 18 años, en enero de 1909.
Decía Núñez Gómez que tenía conquistada “una reputación que le enaltece y promete ser, no muy tarde, digno alumno de aquellos inteligentes profesionales…” Por otra parte, el  joven Polanco llegó a ser un inquieto escritor y poeta local. Parte de su obra está plasmada en las páginas de El Telescopio de Ortiz.
Otro estudio fotográfico que hubo, en Ortiz, a finales del siglo XIX, fue el de  Ascensión Molero. Este establecimiento había comenzado a funcionar primero en la Ciudad de Calabozo.




[1] Hijo legítimo de Carmelo Paredes y Felicita Rondón. Fue político,  funcionario público, concejal y maestro de escuela.

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lunes, diciembre 17, 2018

Recuerdos de un Guárico productor y productivo




El entusiasmo comenzaba con los primeros aguaceros. Tractores de arado de la tierra y de riego del abono y de la urea se cruzaban en medio de una intensa polvareda. Las máquinas de sembrar cumplían su labor. Los camiones cargando el abono y la urea iban y venían en ringleras continuas, cada uno con varios acarreadores..Se movía dinero pagando mano de obra, fletes y servicio a los medios de transporte
Foto Archivo
Por Misael Flores

Cuando en Venezuela florecía la agricultura, y la ganadería de doble propósito pastaba y retozaba en las sabanas de mi tierra, de mi país y de mi estado Guárico en particular, daba gusto ver esas grandes extensiones de dorado sorgo cubriendo grandes partes de nuestro territorio. El movimiento de aviones fumigadores contra la mosquita, el gusano barredor o cogollero, entusiasmaba. Las cosechadoras y los camiones transportando el grano a la red de silos de la agroindustria o de particulares, para convertirlo en alimento concentrado para animales, daba una nota de progreso seguro a los miles y miles de hombres y mujeres que trabajaban el campo.

El entusiasmo comenzaba con los primeros aguaceros. Tractores de arado de la tierra y de riego del abono y de la urea se cruzaban en medio de una intensa polvareda. Las máquinas de sembrar cumplían su labor. Los camiones cargando el abono y la urea iban y venían en ringleras continuas, cada uno con varios acarreadores..Se movía dinero pagando mano de obra, fletes y servicio a los medios de transporte. Los centros comerciales, grandes y pequeños, vendían. Se conseguía de todo, sin hacer colas. Aquella era otra Venezuela.

La gente ganaba dinero para comprar comida y ropa, así como sus artefactos eléctricos, sus equipos de sonido y echarse sus tragos. Eran bastantes los que compraban sus carros...Los jóvenes de hoy pueden preguntárselo a sus padres.

También era placentero ver aquellos verdes maizales, de kilómetros y más kilómetros de extensión..Nubes de guaros y pericos caían sobre ellos a saciar su apetito. Igual hacían monos y araguatos. Y los que le gustaba comer cachapas de maíz ajeno jamás faltaban.

En tiempos de cosecha, sobre el dorado sorgo caían inmensas nubes de negros tolditos. Y de guacharacas en los sembradíos cercanos a arboledas, o en los llamados rompe vientos. Esos animalitos aprovechaban para llenar sus buches…Las enormes cosechas daban para todo.
Después de aquellas grandes sequías que ocasionaron la muerte de casi toda la ganadería bovina y equina de la región, los rebaños se recuperaron y (valga el término) floreció una gran ganadería de doble propósito….Hoy, tanto la producción de cereales como la de animales de carne y leche se han venido a menos.

A la par del sorgo y el maíz, el Guárico compartía con el estado Portuguesa el primer lugar de producción de arroz. Lamentablemente el Sistema de Riego del Río Guárico va en creciente merma. La represa que lo alimenta, y pone en movimiento, sufre de los embates de una sedimentación progresiva, hasta el punto que en el pasado verano casi se secó, tiempo que ha debido aprovechar el gobierno para dragarla, única manera de rescatarla y evitar la corta vida que la amenaza.


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sábado, diciembre 15, 2018

El Negro Primero: símbolo y divagación


El cronista de El Sombrero, don  Manuel Aquino, lo imaginaba nativo de El Calvario, actual Estado Guárico, basándose en pesquisas del historiador León Manuel Morales para quien el esclavo Pedro Camejo pertenecía a la familia Rodríguez Camejo y había militado a las órdenes del batallón de Caballería “Lanceros de Calabozo” comandado por el jefe realista Ruperto Delgado González, antes de incorporarse en 1816 a los Bravos de Apure. 


Por Adolfo Rodríguez

Son pocos los datos existentes sobre la vida de Pedro Camejo, llamado El Negro Primero. Sin embargo ha pasado a ser un símbolo de la historia venezolana gracias a la mención que hace Páez de su ingreso al ejército patriota y la presunta despedida ante su jefe en la batalla de Carabobo, referida por Eduardo Blanco. Otro comentario lo hace el Pbro José Félix Blanco. Situaciones en las que se puede destacar la lealtad a toda prueba, su concepción de la guerra como medio de vida, ausencia de una noción sobre las causas emprendidas. Detalles a los que se suma a vaguedad en cuanto a un sitio definitivo para asociarlo con su nombre. 

Sólo abundan conjeturas:

El cronista de El Sombrero, don  Manuel Aquino, lo imaginaba nativo de El Calvario, actual Estado Guárico, basándose en pesquisas del historiador León Manuel Morales para quien el esclavo Pedro Camejo pertenecía a la familia Rodríguez Camejo y había militado a las órdenes del batallón de Caballería “Lanceros de Calabozo” comandado por el jefe realista Ruperto Delgado González, antes de incorporarse en 1816 a los Bravos de Apure. En tanto que Méndez Echenique como Olman Botello sostienen que su lugar de nacimiento es San Juan de Payara, por deducciones derivadas de la información  existente en la Sección de Próceres de la Independencia en el Archivo General de la Nación. Para el historiador Eduardo López Sanvoval habría nacido en Calabozo.

Hubo quienes ubicaron sus orígenes en Chaguaramas, por el busto que conemmora a otro Camejo, Camejote, José Camejo, quien fue un destacado caudillo en guerras subsiguientes a la Federación. Es posible advertir la numerosa descendencia que dejó en la zona, con nombres que trascienden, incluso a nivel nacional. El doctor Ovalles lo incluye en su libro “Llaneros Auténticos” refiriendo el encuentro con el Presidente Guzmán Blanco, en que Camejo se colocaba la mano en la boca para que no le salieran malas palabras. En Chaguaramas y Las Mercedes  recogí anécdotas sobre este personoje, entre otras una prudente retirada que hizo hacia un cerro durante una batalla porque “Camejote no expone su barriguita”.

Era autoridad civil y militar de Chaguaramas en 1879.

A lo cual se agrega el dato curioso de que, efectivamente, hubiese un Pedro José Camejo, prócer de la independencia, nativo de Chaguaramas, pero que no fue El Negro Primero, ya que aquel fallece en El Socorro  hacia 1906 teniendo 115 años de edad. Un testimonio remitido ese año por Ramón Solórzano Gómez, desde Valle de la Pascua,  lo hacía uno de los 150 de las Queseras del Medio y, para mayor sorpresa, se había alistado a las órdenes del Negro Primero, participando las batallas de Mata de la Miel, El Yagual, Mosquiteros, Carabobo. El informante dice haberlo encontrado haraposo y paralítico de un  brazo. Envió foto a El Constitucional, que publicó en su edición 1540 del 30 de enero. Aunque el periódico Región del 16.1.1981, trae un dibujo. El Presidente Cipriano Castro instruyó para que se le enviara 4 mil bolívares.  . 

De esos capítulos de nuestra historia que permanecen, como decía De Armas Chitty, en un clima de sombra.  


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