Quizás nos estemos acercando más aceleradamente de lo que pensamos, a un punto de inflexión histórico, que demanda una clara conciencia individual y colectiva de la dirigencia política, so pena, de que por actuaciones irracionales y por egos abstractos, se pierda una oportunidad única de reivindicarnos ante la historia.
“ O actuamos juntos, o nos ahorcan por separado “.
Benjamin Franklin.
Por Jesús Cepeda Villavicencio
En la entrega anterior hicimos referencia a dos conceptos correlativos y complementarios; la razón objetiva y la razón subjetiva. La intención de referirnos a ellos, radica fundamentalmente en la apremiante necesidad de entender, que es la realidad objetiva y no los intereses particulares, la que se impone, en lo que debe ser la lógica de actuación política de la oposición democrática venezolana, para la reinstitucionalización del país y el rescate de su democracia. Quizás nos estemos acercando más aceleradamente de lo que pensamos, a un punto de inflexión histórico, que demanda una clara conciencia individual y colectiva de la dirigencia política, so pena, de que por actuaciones irracionales y por egos abstractos, se pierda una oportunidad única de reivindicarnos ante la historia.
Cerrar capítulos y entendernos, parece ser la vía más expedita, por no decir, la única que nos queda para sortear el erial que tenemos por delante. Entendernos, significa configurar coincidencias en los planos discursivos, programáticos y de acción política, significa actuar juntos en la búsqueda de un propósito superior a las aspiraciones particulares de cualquier organización política, o de individualidad alguna, significa también coincidir en un mecanismo de selección candidatural, que sea capaz de aglutinar a las grandes mayorías nacionales, para vencer el oprobio y cobrar un legítimo triunfo, que encamine la transición política dentro de un amplio acuerdo de salvación nacional.
Como se puede apreciar, es muy amplio el abanico de aspectos que abarcan este asunto del entendimiento, o de actuación conjunta con un solo propósito, que es como considero la manera más idónea de calificarlo. Asunto que por supuesto se complejiza aún más, cuando incorporamos a la ecuación, la intervención de la genialidad maligna del régimen, quien procurará obstaculizar todas las opciones que emprendamos para que tal acontecimiento no ocurra, como de hecho observamos en el día a día, con las expresiones desatinadas de personalidades que aspiran dirigir los destinos de la nación, y que en su proclama se autodefinen acérrimos opositores a maduro, pero cuyo mensaje genera dudas sobre su real intencionalidad, creando asimismo un clima de mayor incertidumbre en importantes sectores de la sociedad civil. El bombardeo mediático diario de opositores contra opositores, no parece casual, en lo personal considero que no lo es, porque en este delicado asunto nadie tiene la verdad absoluta, y como dijo una vez, el filósofo Baruch Spinoza, “ La verdad es índice de sí misma y de lo falso “, en consecuencia, por más razón que pueda subyacer en cada argumentación, ésta nunca estará más allá de los límites demarcados por una realidad que nos aturde, qué nos desconcierta.
Dado este contexto, es la sensatez la que nos indica el camino a seguir, para todos los que de verdad y sin camuflajes, asumiendo nuestros propios errores, nuestras propias alícuotas de responsabilidad, de las que ya habrá momento para su dilucidación, y sin creernos poseedores de la espada de he man, consideramos que lo único que nos queda sobre el tablero político, es tratar de construir la más amplia unidad posible, y en eso deberíamos cifrar nuestras apuestas existenciales. A tales efectos, y dentro de estas aspiraciones, se sitúan estos modestos aportes conceptuales, como contribución ciudadana en el deber ser que nos exige, los convulsionados tiempos a los que asistimos.
Hemos considerado conveniente, organizar secuencialmente estas entregas para facilitar, no solo su lectura, sino sugerir de manera ordenada y sistemática una serie de aspectos que pueden contribuir como tributo, en el constructo de un discurso coincidencial, que haga posible con el concurso mayoritario de la ciudadanía y el fervor de la providencia cristiana, una percepción favorable al espíritu de cambios que se reclama con urgencia.
Continuaremos en próximas y secuenciales entregas, aportando criterios y elementos conceptuales, que sin lugar a dudas, podrán ayudarnos en esta difícil tarea de construir coincidencias, sobre todo, en aquellas áreas temáticas polémicas, en las que la oposición democrática, no ha logrado concretar posiciones consensuadas, como por ejemplo, el tema de las sanciones internacionales, que será objeto de análisis en la próxima entrega.
Jesús Cepeda Villavicencioes ingeniero Agrónomo, doctor en Ciencias de la Educación, profesor universitario jubilado y político. Actualmente es miembro de la Dirección Regional del Partido Un Nuevo Tiempo.
Aunque no hemos estudiado con mayor profundidad la importancia económica de este partido – de manera cuantitativa-, por carecer de información por el momento, es predecible opinar que este predio territorial se constituyó en un espacio de uso de explotación de la actividad ganadera y un punto de referencia para establecimiento de redes y lazos sociales de la oligarquía caraqueña.
Por José Obswaldo Pérez
Un comienzo entre cerrajones
Desde finales del siglo XVI se comprueba la presencia de dueños de tierras en el Valle de San Antonio de La Platilla- eje irradiador de un paisaje cordillerano en la actual población de Ortiz-, principal núcleo ganadero de los Llanos de Caracas, donde paulatinamente se dará un proceso de nucleamiento espontaneo de vecinos propietarios de unidades agropecuarias y agrícolas que, posteriormente, originará la fundación de San Francisco de Tiznados, a las riberas del río del mismo nombre (Ortega,1992; pp. 50-51). Este proceso estará intricadamente relacionados con tres factores históricos: 1) la formación de polos demográficos en torno a los llanos de Paya (red de villas y pueblos como Parapara, Ortiz, El Sombrero, entre otros), 2) el progresivo desplazamiento de hatos ganaderos hacia el sur y 3) la formación de latifundio ganadero, como parte de la organización del espacio entorno a los partidos que se fueron conformando a partir de la conquista del llano en el actual territorio del estado Guárico (Rodríguez Mirabal,1987).
Como se sabe la historiografía venezolana nos habla que los partidos ganaderos son los antecedentes previos de la ocupación de la propiedad territorial en los Llanos de la Provincia de Caracas y que este proceso está asociado con la persecución de indígenas, presuntamente caribes (aunque en los documentos son muy variadas sus identidades étnicas), y su esclavización a través de las denominadas encomiendas (Rodríguez, 2009; Pérez, 2007). Igualmente, este procedimiento estuvo acompañado por la necesidad de desarrollar la actividad ganadera que actúa como eje impulsor para el cual no sólo delimita el espacio sino que reestructura un nuevo modelo económico-social basado en el capitalismo mercantilista.
Una revisión de las fuentes primarias en el Archivo General de la Nación (AGN), localizadas en la ciudad de Caracas, nos permite acercarnos, de manera aproximativa, a este espacio geográfico correspondiente al periodo histórico entre los años 1620-1800, fechas que hemos tomado de acuerdo con la documentación primaria estudiada y bajo la consideración metodológica y teórica, con miras de encontrar en ellas algunas repuestas a las interrogantes que motivaron este artículo. ¿Cuáles son los orígenes de la propiedad territorial en la jurisdicción de Ortiz, durante el periodo colonial? ¿Cómo este fenómeno dio inicio a nuevos espacios interrelacionados con una red vínculos familiares y de amigos?
De manera tal que esta investigación no se suscribe sólo a lo geohistórico sino que, además, intenta revisar esa dinámica de interacción hombre-medio, denominada Conquista del Llano. Cuestión que haremos a través de una nueva mirada de lo social, que valore el rol de los individuos o actores dentro de su contexto cultural. En este sentido, es importante hacer notar la colaboración desinteresada de nuestro amigo Moisés Pérez, el último chozno de la octava generación de la familia Pérez de Ávila, quien nos aportó una valiosa documentación correspondiente a este tiempo histórico y que nos permite reconstruir una secuencia y una línea de evolución de los acontecimientos aquí descritos.
Juan de Grezala: Soldado y becerrero colonizador
Con el establecimiento definitivo de San Sebastián de los Reyes y con sus intereses expansionistas sobre las fértiles tierras recorridas por el conquistador hispánico, se echaron las bases del proceso continuo y progresivo de ocupación y apropiación del territorio del Valle de San Antonio de la Platilla y otros lugares hacia el sur del actual Guárico. No solo los intereses políticos privan para que San Sebastián extienda su hinterland sobre los territorios ocupados, sino que son económicos lo que parecen dar la explicación de esa expansión de ocupación espacial de su área de influencia.
Hacia la parte noroccidental del Estado Guárico se encuentra el llamado Valle de La Platilla, a cuyas vertientes reúne el río Tiznados, San Gregorio, La Florida y otros tributarios menores. Ese espacio físico, para el momento de la penetración hispana, era ya un área estructurada por las antiguas comunidades indígenas, el cual servía como soporte de diversas relaciones humanas y una importante área sociocultural. De la antigüedad de su ocupación y conformación, dan testimonios los restos de petroglifos encontrados en el lugar cerca del sitio La Trampa, como igualmente algunos animales arqueológicos y su propia toponimia aborigen.
Uno de los ocupantes, entre los primeros de este lugar, fue el hacendado y capitán don Juan de Grezala y Oñate y Aguirre, quien el 27 de julio de 1668 representaba a un grupo de dueños de hatos de los partidos de Paya, Aricapano y Las Palmas (actuales poblaciones de Ortiz, El Sombrero, Barbacoa y Chaguaramas) en el Cabildo de Caracas, para promover una ordenanza que permitiera eliminar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses y a la par prevenir la eminente ruina de los criadores.
A raíz de estas diligencias, el Gobernador de la Provincia de Caracas, don Félix García González de León, designa con fecha 16 de diciembre 1668, al Capitán Juan de Ochoa y Oñate, como Juez privativo de los Llanos de San Sebastián de los Reyes, confiriéndole atribuciones judiciales y extrajudiciales, y las siguientes potestades como: 1) establecer un justo reparto de las pesas de carne entre los criadores, 2) asegurar el abastecimiento de carne para la Provincia de Caracas, 3) velar por el mantenimiento de la paz en los llanos, 4) asegurar el cumplimiento al tiempo de los rodeos y vaquerías y 5) decidir sobre asuntos entre pleitos de criadores y erradicar la práctica indiscriminada del desjarretamiento de las reses (Rodríguez Mirabal, pp.258-259). Con en esta designación se institucionaliza la figura de Juez de Llanos, la cual era un atribución para su nombramiento por parte del gobernador (Castillo Lara, 1984; p.216). Función que el Capitán Juan de Grezala y Oñate desempeño hasta el año de 1670.
Ocho años atrás, don Pedro Porras de Toledo, Gobernador de la Provincia de Venezuela, concedió el Valle de San Antonio de La Platilla (también conocida como La Platilla de Los Llanos) al Capitán don Juan de Grezala y Oñate y Aguirre, mediante título expedido el 15 de diciembre de 1660, según documento correspondiente a la Sección de Tierras del año 1745, ubicado en el Archivo General de la Nación (AGN). El documento está firmado por escribano público, Juan Rangel de Mendoza, con el cual se comprueba la presencia de los primeros y principales terratenientes de estos lares.
Esta propiedad, en un tiempo atrás compartió sus linderos con la jurisdicción de la Villa de San Luis de Cura, debido a que su data no estaba enmarcada en la región de San Sebastián de los Reyes, como debería ser bajo los siguientes linderos naturales: por la parte del oriente, el Río Parapara, camino a los Hatos de Paya; por el poniente, el Río Tiznados; por el norte, la Serranía Grande de San Juan y por el sur, el Cerro de Mapire y sitios de hatos de San Antonio.
Este primer colono y ganadero, había sido encomendero en tierras de San Sebastián de los Reyes, descendiente de vizcaínos de rancia estirpe (Castillo Lara, 1984; pp.136-137). Había nacido en la ciudad de Santiago de León de Caracas, en 1594, hijo de Tomás de Aguirre de Grezala y Plasencia (1565- 1614), dueño de encomienda en la cabecera del Valle de Aragua y de María de Fernández y Acosta (1573-1635), hija del Capitán Juan Fernández de León, de los primeros conquistadores de Caracas y fundador de la ciudad del Espíritu Santo de Guanare. Casó en terceras nupcias en la misma ciudad natal, el 8 de julio de 1628, con Ursula de Oñate Mendizabal y Maquina, hija de Bernabé de Oñate Mendizabal y de Ursula de Maquina (Herrera Vegas, 1987; tomo II, p.264).
De este matrimonio hubo nueve hijos, entre los que se destacan: Juan de Ochoa Grezala, nacido en 1634; Clara de Ochoa y Grezala, nacida en 1642, casada con Juan de Liendo y Rodríguez de Escobedo (1641-1706); y Violeta de Ochoa y Grezala, nacida en San Mateo, el siete de noviembre de 1645; casada con el Capitán Pedro Blanco Infante, hijo de Alejandro Blanco de Aponte y de Teresa Infante de Aponte, dueño del Sitio de San Roque de Las Lajas, en la actual jurisdicción del municipio Ortiz. Individuo emparentado con familias principales caraqueñas, entre ellas con la madre de El Libertador, María de la Concepción Palacios y Blanco.
Después de la muerte Juan de Grezala y Oñate y Aguirre- ocurrida en el año de 1670 en los Valles de Aragua-, la posesión La Platilla fue dividida en cuatro partes iguales, entre sus sucesores; y que, luego, el Capitán don Domingo Pérez de Ávila y Zapata- el fundador de la familia Pérez de Ávila en el Tiznados y Parapara-, compro una tercia parte de ella al Capitán Juan de Grezala y Aguirre. Otra parte, adquirió al Maestro de Campo don Juan de Liendo, marido de Clara de Ochoa, también, heredera y otra tercera parte a Violeta de Ochoa, igualmente sucesora. En esta venta, doña Violeta de Ochoa había acordado anteriormente vendérsela al Capitán don Domingo de Tovar, caraqueño y también propietario de tierras en el llano, como así ocurrió según escritura llevada por el Escribano Publico Agustín de Salas y firmada en Caracas, el 8 de abril de 1710. Sin embargo, doña Violeta de Ochoa rescindió el contrato para traspasársela al Capitán Pérez de Ávila, al reconocerle el interés por aquellas posesiones que había venido comprando a los miembros de su familia. Así se trazó el acuerdo y el nuevo dueño le pagó 250 pesos de ocho reales de plata cada uno, según título de escritura protocolizado el 31 de agosto de 1713. Año en que se había iniciado los procedimientos de titularidad de la tierra en la Provincia General de Venezuela, con los jueces de Composición de Tierras (Castillo Lara, 1984; p.218).
Entre los méritos del Capitán Don Juan de Grezala y Oñate, tenemos que fue conquistador y fundador de un pueblo efímero llamado Ciudad del Triunfo de La Cruz y Nueva Cantabria, erigido en 1645, cerca del actual municipio de Cabruta. Fue fundado por órdenes del Gobernador de Guayana y contó con regimiento, justicia mayor, alcaldes, cabido y oficiales reales. Según el historiador Adolfo Rodríguez, esta población surgió como un núcleo para el aprovechamiento de las cimarroneras en función del comercio de cuero en el siglo XVII (Rodríguez, 2008; p.14)
Igualmente, Grezala y Oñate fue también propietario de hato en Paya, en la Posesión Guesipo ; asimismo el Hato El Caimán (al sur de Morrocoyes), en la actual jurisdicción de Ortiz y de otra propiedad en la Barranca de los Llanos, en la actual jurisdicción de San José de Tiznados. Al igual que su propiedad entre el Paya y Guesipo, el Hato El Caimán fue una antigua unidad ganadera del siglo XVIII, ubicada en la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, y estaba compuesta de ganado vacuno y esclavizados negros. Esta posesión fue fundada por el provincial Don Francisco Mijares de Solórzano y Rojas, quien además de este hato, declaraba en su testamento (1667) cinco aucciones ganaderas en Paya y diez en San Antonio, otro partido ganadero perteneciente a la región de San Sebastián de los Reyes de la Provincia de Caracas (AHAC, Sección Testamentaría, Carpeta Nº 6; f. orig. 216).
Debemos advertir, sin embargo, que la paternidad del descubrimiento de estas tierras se la diputan varios conquistadores, entre ellos, Sancho del Villar, uno de los fundadores de Santiago de León de Caracas. Del Villar dejo testimonio en una Información de Mérito realizada en 1590, en la que afirmaba ser el descubridor de “las minas que dicen San Joan y la Platilla, Sangorgon e Tiznados y otras quebradas que han sido muy ricas y se han sacado mucha cantidad de oro” (Castillo Lara,1984; p.162). Otro conquistador que recorrió esta región fue el Capitán Garci González de Silva- calificado como el padre de latifundio ganadero-, quien la consideró como una de las zonas más belicosas al entrar en contacto con indios cumanagotos.
A manera de conclusión
Aunque no hemos estudiado con mayor profundidad la importancia económica de este partido – de manera cuantitativa-, por carecer de información por el momento, es predecible opinar que este predio territorial se constituyó en un espacio de uso de explotación de la actividad ganadera y un punto de referencia para establecimiento de redes y lazos sociales de la oligarquía caraqueña. Sin embargo, en un primer momento, he querido presentar al Capitán Juan de Grezala como el primer colonizador del Valle de la Platilla de los Llanos y de Tiznados, quien estableció las bases para el poblamiento hispánico de origen vasco hacia la conquista de los llanos del sur, como lo señala un documento del Centro Vasco de Venezuela (2019):
“En Venezuela, como en el resto de América, se siguió el patrón establecido en Hallstat y Andalucía. Una vez que un vasco lograba establecerse, traía parientes y vecinos. Los vínculos étnicos eran tan sólidos que incluso permitieron afrontar con éxito situaciones de guerra como las de Venezuela y Potosí. La proclama “mueran los vizcaínos” generó muchos desmanes y muertes sin alcanzar ese objetivo.”.
De esta relación de lazos afectivos y sociales surge una trama de expansión colonial que se fragua en un itinerario de lugares y de apellidos que transcienden entre los siglos XVIII y XIX marcando, de manera definitiva, nuestro ámbito territorial local y regional. En un apartado veremos cómo la oligarquía territorial caraqueña, de origen vizcaíno o vasco, se apropia de estos espacios en función de sus intereses económicos, sociales y políticos.
Bibliografía consultada
AGN, Sección Tierras, Tomo 2, 1745, Letra P, Nº 1, f. orig. 1-8Caracas, Registro Público, Testamentarías, Escribanías Hugo Cróquer, 1743.
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José Obswaldo Pérez es periodista e historiador venezolano. Editor de la Revista Fuego Cotidiano.
El Ídolo de México, oriundo de Guamúchil, localidad del Estado de Mazatlán, realizó tres giras por distintas ciudades de Venezuela, antes de morir en un accidente de aviación en el mes de abril del año 1957
Pedro Infante en una de sus presentaciones en Venezuela (Foto Diario El Impulso).
Por José Manuel Aquino
Pedro Infante, llamado por sus fanáticos “Ídolo de México”, uno de los grandes cantantes de rancheras pertenecientes a la época de oro de esa nación en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, al igual que Javier Solís, José Alfredo Jiménez, y Jorge Negrete entre otros intérpretes, logrando estos renombrados artistas llenar los escenarios en sus giras por distintos países del continente americano; complementado también sus éxitos con sus autorías películas obteniendo gran popularidad. En tal sentido, el oriundo de Guamúchil, localidad del estado de Mazatlán, realizó tres giras por distintas ciudades de Venezuela, antes de morir en un accidente de aviación en el mes de abril del año 1957.
Su primer viaje en al país, lo realizó el 18 de noviembre de 1948, a la ciudad de Caracas y durante varios días intervino en distintos cines y emisoras de radio. Las actividades artísticas de este intérprete del género ranchero y romántico fueron interrumpidas por el alzamiento militar que permitió el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, al tomar el mando la Junta de Gobierno Presidida por Delgado Chalbaud, continuó realizando sus presentaciones; una de esas giras al interior de la República programada fue al estado Guárico, específicamente en localidades donde se estaban realizando las actividades de exploración y explotación petrolera por parte de las compañías norteamericanas, en las cuales el movimiento económico permitía llevar espectáculos a dichos pobladores: Valle de La Pascua, Tucupido y Las Mercedes del Llano.(Hernandez,2017), resultando un éxito en visitas a estas tierras del llano venezolano.
En su segunda gira de este connotado artista azteca a Venezuela fue en 1956, junto al mariachi Perla de Occidente, durante el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, actuó en Calabozo al sur del estado Guárico, localidad que recibía un flujo de personal calificado de distintas partes del país y en especial de inmigrantes provenientes Europa para trabajar en la realización del Sistema de Riego Rio Guárico, una de las obras hidráulicas más importantes del modelo desarrollista impulsado después de la Segunda Guerra Mundial en Suramérica y en especial en Venezuela, por parte del capitalismo internacional, en momentos en que esta nación recibía cuantiosos recursos económicos por la venta de su petróleo.
Los testigos
Fue testigo de la estadía de Pedro Infante en Calabozo,el emigrante italiano Natalio Bonora, quien estableció una barbería en esa localidad en el año 1951, beneficiado de la política estatal de puertas abiertas para que los europeos viniesen a trabajar en las distintas actividades y principalmente en las obras de infraestructura puestas en marcha durante la dictadura del dictador Marcos Pérez Jiménez. A este distinguido maestro de afeitar, le fue solicitado por el empresario contratante del connotado cantante mexicano en esa época, la colaboración para el traslado en su cómodo y espacioso vehículo marca Oldsmobile a los mariachis, a uno del teatro donde realizaría una de las presentaciones.
Natale Bonura, accedió al pedimento de su amigo y trasladó a los artistas al cine Adriático y luego al teatro Guárico. Una satisfacción personal de ser testigo de un acontecimiento en que los calaboceños y en especial la gran cantidad de trabajadores que laboraron en la construcción del sistema de Riego Rio Guárico en esa época, pudiesen deleitarse con las canciones de uno de los principales cantantes internacionales de ese momento histórico en esta villa; del mismo modo comentó, que no solamente este artista mexicano realizó conciertos durante ese periodo en esta localidad, también se presentaron otros intérpretes internacionales provenientes de Europa. Recuerda Bonura que, en esos años, hubo un concierto de la famosa cantante y actriz italiana Nila Pizzi, ganadora del Festival de San Remo, en dos años consecutivos 1951 y 1952, cantando en el escenario “Grazie dei fiori”,” Vola colomba” y su éxito para ese tiempo “Papaveri e papere”. Igualmente, comentó que sus paisanos asistieron a oír las baladas del célebre vocalista de Luciano Tajoli, deleitando su amplio repertorio de canciones entre las cuales estaban : “ Rasso di sera y Mamma. Por tal motivo, considera este destacado maestro de la barbería que en esos tiempos del gobierno de Pérez Jiménez, los espectáculos fueron uno de los mejores que tuvo Calabozo, no solo en lo cultural, sino también en lo económico y social.
Otro testigo de esa visita del Ídolo de Guamúchil por Calabozo, durante ese año 1956, fue Manuel Aquino Delgado, quien trabajó como conductor de una vagoneta cargando ripio para la construcción del muro de la Represa Rio Guárico, alojado en un campamento ubicado en El Rastro en ese tiempo, que al momento de escuchar la promoción de las presentaciones del cantante junto con unos compañeros, realizaron las diligencias respectivas para adquirir los boletos e ir al concierto y tratando de programar los turnos de trabajo para acudir a tan importante velada. Contó también que en el teatro se encontró con varios sombrereños, entre los que recordó a Juan Vicente Mota, Luis Martínez Navas, Donald Santana y Miguel Ángel Muñoz, que laboraban en otras compañías instaladas en esta localidad.
De igual manera, Aquino contó que el entusiasmo reinante del público a escuchar los éxitos de Pedro Infante en el Cine Guárico, ubicado en la carrera 13 de esta localidad, donde este consagrado artista interpretó, recordando con satisfacción sus rancheras y boleros entre los cuales cantó: Amorcito Corazón, Cielito lindo, flor sin retorno, La Calandra, Eufemia, Las mañanitas, entre otras; y, las personas emocionadas coreaban en el escenario ¡otra canción! Repetidas veces.
De esta manera, reconstruimos un momento histórico de la década los años 50 del siglo XX, con la construcción del sistema de Riego en Calabozo, en esta parte de los llanos, como una manera de compartir esos momentos de ardua actividad constructiva y de bonanza económica en el deleite de los pobladores con artistas de renombre internacional, lo que ya en la parte norte y centro del país desde hacía varias décadas habían disfrutado, a partir de la visita de Carlos Gardel y otros connotados virtuosos de la música en Venezuela.
José Manuel Aquinoes docente universitario e historiador. Además se desempeña como promotor cultural. Es Gerente Editorial de la Revista Electrónica Fuego Cotidiano
Tanques ucranianos se movilizan ante la invasión de Rusia.
El gobierno ruso decretó una movilización parcial que llama a filas a 300.000 reservistas con experiencia militar (si se tratara de nuevos conscriptos, reclutarlos, entrenarlos y desplegarlos en el frente podría tomar más de medio año y, por su falta de experiencia, su desempeño sería tan mediocre como el de los conscriptos que ya están combatiendo). Ambas decisiones son prueba de que la guerra va bastante peor de lo esperado para Rusia, pero también de que el gobierno ruso considera que solo él puede escalar esta guerra en forma indefinida.
Por Farid Kahhat
La contraofensiva contra las fuerzas de ocupación rusas comenzó en el suroeste de Ucrania, en la provincia de Jersón, hacia finales de agosto. El segundo frente en esa contraofensiva se abrió en la provincia de Járkov, en el noreste, hacia comienzos de septiembre. Mientras la ofensiva en Jersón apenas consiguió recuperar unos cientos de kilómetros cuadrados, la de Járkov recuperó unos 6.000 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano que estuvo meses bajo dominio ruso. ¿Qué explicaría esa diferencia?
Una primera explicación sería que, mientras la ofensiva de Jersón fue anunciada con semanas de anticipación, la de Járkov parece haber tomado por sorpresa a las fuerzas de ocupación rusas. Precisamente porque fue una ofensiva prevista con antelación, decíamos en un artículo anterior que las fuerzas rusas venían fortificando posiciones defensivas para hacerle frente. El propósito de anunciar de modo estentóreo los preparativos para la contraofensiva en Jersón habría sido, precisamente, el de inducir al ejército ruso a concentrar allí arsenales y unidades de élite, dejando otros frentes (como el de Járkov) con defensas de menor cuantía y calidad.
Ahora bien, una diferencia tan grande en los resultados, difícilmente podría explicarse únicamente por esa razón. El avance fulminante en el frente de Járkov se explicaría en mayor medida por el hecho de que el territorio capturado en esa provincia contiene en lo esencial pequeños poblados, mientras que en Jersón el blanco principal es la ciudad del mismo nombre: es decir, la única capital provincial que capturaron las fuerzas rusas en el transcurso de la guerra. Como decíamos en ocasiones anteriores, la guerra urbana favorece la defensa sobre el ataque, y la doctrina militar sugiere que tomar por asalto una ciudad requiere un ratio de efectivos de seis a uno en favor del atacante: por eso las fuerzas ucranianas, antes que lanzar un asalto frontal contra Jersón, intentan rodear a las tropas rusas en la ciudad, brindándoles, sin embargo, una ruta de escape a través del río Dniéper. El propósito sería propiciar su huida o rendición, evitando así un combate encarnizado por el control de la ciudad.
Es por eso que, por ejemplo, Rusia debió sitiar y bombardear durante ochenta días la ciudad de Mariúpol (defendida en el tramo final del sitio por apenas unos centenares de combatientes), antes de que esta cayera en su poder. Y el ejemplo de Mariúpol nos revela un obstáculo adicional para las tropas ucranianas que buscan recuperar Jersón: a diferencia de Rusia, que apeló a bombardeos indiscriminados sobre Mariúpol antes de capturar una ciudad en ruinas, es de suponer que, en el intento por recuperarlas, los ucranianos no desean destruir sus propias ciudades, ni victimizar en el proceso a los compatriotas a los que buscan liberar. Por ello, la prueba ácida sigue siendo la misma de siempre: si las tropas ucranianas consiguen liberar una ciudad de las dimensiones de Jersón, sabremos entonces que su contraofensiva ha conseguido cambiar el curso de la guerra en su favor.
Pero, como sabemos, ese no será el final de la historia. Decíamos en columnas anteriores que Vladimir Putin preferiría escalar antes que admitir una derrota, y eso acaba de ocurrir. De un lado, Rusia respondió a la reciente ofensiva ucraniana atacando por primera vez centrales de generación eléctrica. De otro lado, el gobierno ruso decretó una movilización parcial que llama a filas a 300.000 reservistas con experiencia militar (si se tratara de nuevos conscriptos, reclutarlos, entrenarlos y desplegarlos en el frente podría tomar más de medio año y, por su falta de experiencia, su desempeño sería tan mediocre como el de los conscriptos que ya están combatiendo). Ambas decisiones son prueba de que la guerra va bastante peor de lo esperado para Rusia, pero también de que el gobierno ruso considera que solo él puede escalar esta guerra en forma indefinida.
Artículo originalmente publicado en América Económica
Farid Kahhat es peruano, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin. Fue comentarista en temas internacionales de CNN en español, y actualmente es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP (Perú) y analista internacional.
La hegemonía comunicacional represiva que ha impuesto el régimen de Maduro contra la sociedad venezolana, que no es otra cosa que la continuidad sofisticada, de la política que al respecto, ya había instalado su predecesor, han tenido efectos demoledores en la política, en lo social, en lo económico, en lo ambiental y en lo cultural, que es donde mayor daño se ha causado.
Imagen vía web.
por Jesús Cepeda Villavicencio
En esta primera entrega de una serie de escritos sobre el tema de la unidad democrática; referidos a la vocación subjetiva y objetiva de su razón de ser, a los aspectos que consideramos relevantes y de actualidad, y su importancia como una necesidad histórica, serán temas que semanalmente trataremos de abordar, como aportes que en el marco de nuestra responsabilidad histórica, tenemos con la unidad democrática, el país y la reinstitucionalización de su democracia.
Un factor neurálgico en la comprensión posterior, de lo que nos acontece como sociedad, lo encontramos según nuestra modesta opinión, en la falta de claridad conceptual, sobre la voluntad de proceder de los individuos dentro de la misma, los que a su vez, son moldeados, enriquecidos o alienados en su comportamiento, por la cualidad de los controles comunicacionales. La hegemonía comunicacional represiva que ha impuesto el régimen de Maduro contra la sociedad venezolana, que no es otra cosa que la continuidad sofisticada, de la política que al respecto, ya había instalado su predecesor, han tenido efectos demoledores en la política, en lo social, en lo económico, en lo ambiental y en lo cultural, que es donde mayor daño se ha causado.
El fenómeno observable en un importante sector de la población venezolana, esa que aún reside dentro de los límites de nuestras fronteras, tiene que motivarnos a profundas reflexiones, porque nos estamos refiriendo a un importante contingente de compatriotas, jóvenes, adultos y ancianos, que han ido gradualmente perdiendo su capacidad de soñar, limitándose a un precario trajinar por su sobrevivencia. No tenemos a la mano una estadística precisa de la magnitud del fenómeno, sería irresponsable de nuestra parte enunciar una cifra, pero lo observamos de manera empírica en la calle, en nuestro continuo y cotidiano trajinar, y lo percibimos, cuando leemos las encuestas de condiciones de vida (ENCOVI), que divulgan periódicamente tres prestigiosas universidades venezolanas, y precisamente, las más recientes ubican la pobreza general de ingresos de las familias, en la alarmante cifra del 94% de la población.
Si una realidad como la que describimos, no mueve los cimientos de las conciencias individuales del liderazgo gremial, social y político del país, para presentarnos unidos, como una sólida alternativa, ante este oprobioso régimen, estaremos condenando a vivir en el oscurantismo, a las próximas generaciones de connacionales, y con ello estamos crucificando a la república.
Conviene en consecuencia tratar de definir dos conceptos, cuya pertinencia concierne al objetivo inicial de las presentes líneas; nos referimos a la racionalidad subjetiva y a la racionalidad objetiva. Se puede identificar a la primera como un instrumento intelectual, a través del cual el sujeto o individuo, pretende interpretar, manipular y condicionar la realidad externa, con la finalidad de satisfacer deseos particulares, individuales, que se corresponden con los planos subjetivos de las personas. En este caso la realidad es intencionalmente observada como materia informe a ser dominada por el sujeto. En realidades contextuales como la nuestra, este tipo de posiciones ante la vida, poco provechosas resultan para la sociedad en su conjunto, sus prácticas terminan, muchas veces sin intencionalidad, conformando fraternidades con los intereses del régimen, a quienes se le hace el juego, cuando la preeminencia de intereses particulares, contribuye con la fragmentación social, económica y política de la nación.
En el segundo de los casos (la racionalidad objetiva), presupone en cambio un orden racional en la propia realidad, y para esta racionalidad, la conciencia individual es un momento en ese orden objetivo mismo. Es decir, que para la razón objetiva, el orden lógico de la conciencia, es un reflejo del orden lógico de las cosas mismas. Por lo que, es la realidad la que nos convida y conmina al restablecimiento del orden lógico de las cosas, porque obviamente no resulta racional, (a menos que creamos en designios extraterrenales del mal, o neguemos de plano a la política como arte para la convivencia y el bien común) lo que acontece en nuestra lastimada venezuela y en su empobrecida y atemorizada población.
Este complejo tema de las racionalidades, ha sido objeto de grandes y profundos debates, muchos de los cuales aún mantienen vigencia, entre distintas posturas filosóficas, pero en nuestra aceptación práctica de la realidad venezolana, lo sensato es la comprensión política de la moderación como virtud, dejando de lado las aspiraciones particulares y grupales, y darle entrada al propósito de acordarnos, si es que de verdad existe la intencionalidad de restaurar la democracia. La oportunidad y las posibilidades que tenemos hoy, quizás no se nos presenten otra vez, por lo menos en el corto plazo. Y finalmente como una vez lo sentenció Benjamin Franklin, o actuamos juntos o nos ahorcan por separado.
Jesús Cepeda Villavicencio es ingeniero Agrónomo, doctor en Ciencias de la Educación, profesor universitario jubilado y político. Actualmente es miembro de la Dirección Regional del Partido Nuevo Tiempo