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José Antonio Páez: La Democracia del Hato


Entre la democracia de los orígenes y su desfiguración, deviene la democracia del hato como fórmula contemporizadora emanada del quehacer de algunos mayordomos, contestes en garantizar la propiedad de la tierra y los ganados, sin desconocer derechos de trabajadores permanentes o temporales y otros factores sociales circunscritos a la dinámica de la ganadería en la región.


Por Adolfo Rodríguez
Escritor e historiador. Profesor Jubilado de la UNERG (Venezuela)






INTRODUCCIÓN
Durante el período colonial, en los llanos de la Orinoquia, se forjan, por imperativos societarios, por lo menos tres modelos de democracia y sus correspondientes liderazgos:

Considero que estos como casi todos los  modelo políticos derivan de una fuente básica o primaria, sujeta a principios de convivencia y  reciprocidad, por los cuales cada individuo es valorado atendiendo a su predisposición y capacidad para mantener el ethos común. Esas pautas que orientan las diferentes etnicidades americanas y las que resultan de éstas, de forma espontánea y natural, por procesos de recreación o reetnizaciòn. Entre otras la neoetnicidad llanera, los vegueros, costeños y demás agrupaciones regionales. Todas, propiciadoras, a mi parecer, del sistema de valores que asisten, en la Independencia, a Pedro Zaraza, quien, según una hija, no contaba con “más patria que las patas de sus caballos”. Expresivo de su potencial de aguante, resistencia, sobriedad, voluntad para construir la nacionalidad a partir del propio esfuerzo y las escasas posibilidades..

De allí la democracia étnica con antecedentes en los modelos comunitarios americanos y que se reorganiza, a su manera en neoculturas resultantes de mestizaje y reacomodo ecosistémico. Una orientación convivencial que predispone para la aclimatación de valores universales en la zona. Orden en que se inscribe cualquier otro grupo en la medida en que impere la tolerancia mutua, en el marco de un caudillismo patriarcal, contemporizador y familístico, como el  inducido por Zaraza, mayordomo que sabía de ganados, pero que, tempranamente se relaciona con los patriotas de 1811 e intelectuales de la talla de don Miguel Peña.

Otra es la democracia de la horda o del botín, consustancial a la guerra y, por ende, a un fatum extensivo que desmerece al otro y sus pertenencias. Su modo de vida es el saqueo y el pillaje (praxis occidental denominada “derecho de conquista”).

Antes que líder de aquellas turbas, Boves no fue más que un secuaz de tales pulsiones. Su “juguete”  como dice un testigo.

El fenómeno que Juan Vicente González juzga “democracia” para decir temerariamente que Boves la inicia en Venezuela, aunque para Briceño Iragorri  hablaba más bien de “demagogia”.

Entre la democracia de los orígenes y su desfiguración, deviene la democracia del hato como fórmula contemporizadora emanada del quehacer de algunos mayordomos, contestes en garantizar la propiedad de la tierra y los ganados, sin desconocer  derechos de trabajadores permanentes o temporales y otros factores sociales circunscritos a la dinámica de la ganadería en la región. Modelo en el que parece inspirarse la república paecista y sus ramajes extendidos hasta el siglo XXI venezolano en un vaivén más o menos sustentable.

La vasta literatura que intenta insinuar cierta cualidad paternalista en Páez, fuertemente teñida de miticidad,  pasa por alto las incontables evidencias que demuestran un ascendiente derivado de su  identificación con la etnia y sus principios.

EL GALOPE INCONCLUSO

No es casual que quien fuera uno de los más confiables conocedores del llano, los llaneros, el hato y su presencia en la historia venezolana, aspirase biografiar a Páez. José Antonio De Armas Chitty hizo el bosquejo de esa tentativa porque considera “triste” en 1990 que “cuando la inmortalidad es propietaria del héroe, no hay una biografía aceptable suya”. Y quedó trunca esa posibilidad de contar con una perspectiva más autorizada sobre un personaje que sigue siendo respetado, enigmático, controvertible e insoslayable, desde luego.

Advierte así: “José Antonio Páez no ha terminado su galope. El caudillo nos dice con duras palabras, desde el rucio tendido, la lanza cruzada sobre la silla, que defendamos lo que nos queda de identidad, lo que nos queda de austeras costumbres, lo que nos queda de lenguaje, de todas esas formas simples y nobles que son patrimonio, legado y razón de pueblo”.

Voy a referirme en esta ocasión a esa forja de una Venezuela de la que fue partícipe excepcional. Y me acojo a un parecer emitido por su fallido biógrafo, al hablar de “aquella República que le fue naciendo de las manos como por milagro”.

Evado, por ende, el  proceso que lo apuntala como adalid fundamental en la guerra de independencia. Así que prosiguiendo con De Armas me detengo en ese  capítulo decisivo en la configuración de la actual república que fue el movimiento de la Cosiata en 1826.  Evento que no debe juzgarse como “el factor central, el origen de la integración (sic) de Venezuela”, De Armas sugiere estudiar “las causas de índole geográfica, política, económica, social. Hay que revisar el movimiento político que se inicia en Caracas en 1822, se afianza en Valencia el 30 de abril del 26 y culmina en el Constituyente de 1830”.

Conviene en la irreversibilidad de ese fraguado porque. “rotas las partes al crear el Libertador a Gran Colombia, con el tiempo, tales partes buscan  ensamble, el regreso al origen”. Y acude a disposiciones de Carlos III en 1777 y sugerencias del gobernador Solano.

“La Cosiata sigue su curso porque es la expresión de Venezuela. Fue un movimiento nacional que buscaba el origen, movimiento que obedeció a leyes deterministas. Esas que la filosofía establece  como componentes de la realidad”. Bases geográficas que Vallenilla Lanz y Parra Pérez reconocen.

Enfatizando De Armas en 1992: “La Cosiata no es más que un regreso a la base inicial”.

“Era una llamada desde el fondo de la sociedad, un reclamo de las raíces, la urgencia de regresar a la forma primaria, y esas son las manifestaciones que ocurren en nombre de la razón que tienen los pueblos cuando se altera su génesis, cuando se quiere dar un perfil distinto a la estructura que conformó su naturaleza”
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EL PERFIL DE VENEZUELA Y LA GESTIÓN POLÍTICO HATERA DE JOSÉ ANTONIO PÁEZ

En ese discurso de 1990 sentencia dicho historiador “Del brazo del caudillo Venezuela estrena perfil republicano” Agregando que “Páez es quien da perfil a esta Venezuela que estamos padeciendo”. Aunque me atrevo decir   “a esa Venezuela posible”. Y que se condensa en el final de aquella carta que Páez envía a Cornelio Muñoz cuando se alza por primera vez Farfán:

“No abandone Ud. su proyecto de negociar la paz por medios conciliadores”.

Lo puntualiza De Armas en su discurso: “Ante la historia, Páez aparece como godo y Monagas como liberal, y esto no responde al comportamiento de estos próceres. Páez era de carácter abierto,  cordial, es decir liberal”, lo cual se observa al perdonar a Córdoba, desertor en Apure y a  Monagas por sus rebeliones de 1831 y 1835. Sin que mencione su tolerancia ante Julián Infante, alzado, tempranamente,  a favor de la Gran Colombia: le permite viajar a Santa Marta a ver a Bolívar y le respeta sus bienes, de cuyo inventario en su testamento, poseo  copia.

De Armas cataloga de “admirable  la obra cumplida por el prócer hasta 1946: defensa a ultranza de Venezuela que pacíficamente buscaba su autonomía,  empleo de hombres honestos en su gobierno, obediencia ante la elección del candidato ajeno a sus simpatías y restitución del mandatario depuesto, promoción de la cultura escrita  y respeto absoluto por la libertad de prensa”. Ante el derrocamiento de Vargas es “quien devuelve la majestad a las instituciones”.    

Agregando De Armas que “tolera los excesos de aquella prensa  que parecía un avispero y se crea el partido Liberal, el primer partido de oposición y el periódico “El Venezolano”. Aunque haga concesiones a la oligarquía, en una suerte de tensiones y distensiones, que consideraba  inevitables, dentro de su particular malicia llanera. Sentencia De Armas que  “Su administración es sobria”. Bajo su régimen el ex jefe realista Feliciano Montenegro instala el Colegio Independencia y escribe su particular versión de historia de Venezuela. Mientras Codazzi elabora su primera Geografía y Baralt la más completa historia del país en aquel entonces; Cajigal funda la Academia de Matemáticas y un grupo de emprendedores la Sociedad Económica Amigos del País.  

Cuando su amante Barbarita Nieves muere esta trayectoria parece opacarse. Habría expresado que su estrella se apagaba. Y De Armas acota: “Las grandes tragedias políticas el hombre las supera  si ha podido superar las tragedias del corazón”

¿Qué reveses empiezan a filtrarse en su vida a partir de este derrumbe del cerco de ternura que supuestamente lo contenía?

Intentando comprender ese dilema de luces y sombras que lo signan, hago esta incursión en la incidencia del modus operandi de la cultura del hato llanero en su formación y nociones para gobernar.

ESPECIFICIDAD DEL HATO TRADICIONAL LLANERO.

El modelo político gestado en el llano bajo el mestizaje cultural experimentado tras la conformación de un hábitat pecuario o neoecosistema regional, tiene su epifanía en lo que denominamos hato tradicional llanero. Una escuela político-administrativa societaria, económica que tiene en el mayordomo su máximo exponente.

La institución del hato llega al continente con los conquistadores. Llevaban cincuenta años tras El Dorado, cuando las miradas se posan en el bien pecuario, aunque el afán del más allá prosigue animando la imaginación.  No por lejanías,  sino por el señuelo del agua. Al poniente o al sur. Un destino que empuja al Orinoco, al Unare, a la Portuguesa, al Apure. Y más allá. Movilidad que define el hato llanero como ámbito ilímite, no tanto por lo que abarcaba la mirada como cree De Armas Chitty como  por la sed de horizontes.

Carvallo (1985) identifica un modelo de hato restringido a “rasgos fundamentales”  que considera configurados “plenamente en el siglo XVIII” y se prolongan “sin experimentar modificaciones significativas hasta mediados del siglo XX” momento en el que se inviste de ropaje capitalista, aunque manteniendo “la práctica de la ganadería extensiva” que, en los llanos, presume “generalizada” por razones edafológicas y pluviométricas”, sin descartar heterogeneidad por razones geológicas, relieve, pluviosidad, hidrografía, índole faunística y botánica.
El modelo de hato llanero resulta de un proceso de aculturación antagonista. Llega trasplantado, pero ecología y  hombres que la habitan, lo transfiguran en hecho sociocultural nuevo, al servicio tanto de presuntos dueños como de las etnicidades que concurren a definirlo. .

La especificidad del trabajo de llano, por su especialización,  obliga a esta conciliación entre los distintos componentes que hacen vida en la región. Esclavos enviados por los amos; hijos de estos, casi siempre ilegítimos: indígenas, "brujos, salvajes.”, que "sin sujeción, les tiraba la ociosidad y bárbaro estilo, hallándose forzados (los misioneros) a buscarlos por los hatos muchas veces" (Carrocera, l972: I, 455). A lo cual se suma mercaderes, dedicados al "furtivo comercio", con quienes realizan transacciones "los mallordomos y esclavos... sin saberlo sus amos." (De Armas Chitty, 1979).

Una diversidad societaria resultante de las fricciones interétnicas e interclasistas:

a) Etnias indígenas que rechazan la reetnización y, que por ello, desaparecen o son replegadas hacia zonas de refugio, donde preservan, en la medida de lo posible, sus ethos específicos. b)  Indios que se instalan, temporariamente, en las zonas de trabajo ganaderas y que, sin desintegrarse étnicamente, cumplen labores, generalmente referidas a "trabajos de mano", como cortes de madera, levantamiento de líneas para corrales y potreros, etc. c)   Indios que asumen el trabajo con reses o a caballo, al margen de la presencia europea, como entre palenques y píritus. d) Indios vaqueros, en el marco de las encomiendas. e) Llaneros propiamente dichos, que asumen  el trabajo de llano, como modo de vida, dentro o fuera de los hatos. g) Y vaqueros: denominación que los hispanos dan a hombres cuya ocupación es el trabajo a caballo, con reses, y que interactuarán, de manera interclasista o interfecundantemente (reetnizándose), con las modos  de vida  mencionados.

FILOSOFIA LLANERA

En su discurso De Armas refiere acerca de los riesgos en que incurre cierto interlocutor de Páez  al no “entender la filosofía llanera”.

Una concepción del mundo  que cristaliza complementando las  prácticas culturales que se gestan en aquel medio durante uno o dos siglos, superpuestas o en franca hibridez con las precedentes. Un sistema de respuestas dirigidas al entendimiento con el entramado ecosistèmico, cuya fuerza endosomática se metaboliza en exosomatismos (1). Dialéctica de continuidades por el cual determinados  componentes identitarios  vertebran modos de producción, modos de ser o modos de vida. Los  originan y sustentan:

La cosmogonía llanera cifrada en la poesía de Sánchez Olivo es reveladora de esa interdependencia entre el medio natural y el modo de ser correspondiente. En su poema “Ese Juan Bruno no ha muerto” hace  registro de circunstancias en que sólo cabe la muerte: “Cuando ríos como el Apure / y el Arauca estén resecos / y las lagunas sin agua / ya más sean espejos; / cuando no haya entrada de agua / palpitantes de aleteos; / cuando el llano chamuscado / no despida el  olor fresco / que por la primera lluvia / se le evapora del cuerpo / cuando por el mes de mayo / no haya lirios sabaneros; / cuando no sean los palmares / de la nubes barrenderos; / cuando aroma de mastranto / no recoja más el ciento, / cuando su canto de alerta / con plena noche de invierno / no lance el gallito azul / desboronando el silencio / a lo largo y a lo ancho / de esteros y más esteros / cuando el carrao ya no llame / insistente el aguadero / o al gran amigo perdido / una noche sin luceros / con centellas dibujantes / grietas en el cielo negro; /…… cuando voz de esa llanura; / no oigamos en la del trueno /….. // Cuando se acaben los rumbos / y el horizonte…. Allá lejos….. / Entonces, José Natalio, / si es verdad que estamos muertos / aunque andemos caminando / muy vivos de carne y huesos”.

El hecho existencial como permanente transfiguración étnica:  “.mientras cielo y pampa / se junten pecho con pecho / esa pampa boca arriba / y boca abajo ese cielo / engendrando la puja / vida que en todo la vemos / como presencia consagrante / del Autor del Universo; / mientras todo eso palpite, / te lo juro, compañero / que sobre esa tierra grande / presente siempre estaremos, / aunque la muerte se empeñe / en quitarnos el resuello / y haga que polvo se vuelva / en la tumba nuestro cuerpo. Por eso Juan Bruno sigue / alerta en el llano abierto, / lanzo en mano y copla en labios, / montando en “su potro negro” / y se le oirá el pasitrote / por bajíos, bancos y médanos…” (Ib., pp.: 64-65).

Clave de esa alternativa de continuidad que asume: la de la vida dentro de las demás vidas, la vida como parte de una existencia mayor, la vida transitoria de los individuos inscrita en la vida sin fin de los contextos amados:
Ese Juan Bruno Espinoza,
José Natalio no ha muerto;
La sabana, maternal,
Lo carga en brazos de aliento, (Ib., p.  66)

Que también advierte con respecto a Marcos Lavado:
Creo que no estés en el cielo
Sino en caballo potrón
Por las sabanas de Arauca
Rumbeando con luna o sol
(En El Llanero, 24-1-1987)

La consubstanciación étnica procede cuando el hombre participa plenamente de su identidad con el particular medio físico:

Ni tampoco moriremos
Los que llevamos metido
Muy hondo a Apure por dentro
Pues nuestra alma forma parte
77  Del alma del llano inmenso (Ib., p. 64)
Las etnicidades como devenir metabólico de específicos ecosistemas. De donde existencias cifradas en preservación de esa fuerza generatriz. Convivencia con el cordón umbilical telúrico (pasado primordial) en beneficio de equilibrios para el presente y garantías L futuro.

A cuyo efecto toda etnicidad elabora códigos, lenguajes o sistemas de pensamiento que refuerzan y prolongan su estatus. Ideologías o corpus doctrinarios. Una gramática signada por orientación inter-fecundadora. Energías étnicas o utópicas (2) investidas de potencial reproductivo y pertinente desarrollo. Neoetnogénesis ajena a riesgos de entropía, por  animarla un sesgo neguentrópíco.  Cualidad de etnoecoutopìa (3).

Etnicidades que se transfiguran en neotnicidades (4) gestadas en la interacción con el nuevo hábitat pecuario, las nuevas prácticas culturales y mestizajes subsiguientes. De allí emana la neoetnia llanera.  Cuanto el llanero diga, haga, elabore, participe, se inserte, reconozca o asuma, converge al mantenimiento y  legitimación del modelo societario concebido y consolidado en todas sus posibilidades. Entre otras esa etnonimia que los distingue, representa y contribuye al imperativo de permanente confirmación.  
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Al efecto las etnicidades someten cualquier cuerpo extraño a una dialéctica  constante de adscripción o antagonismo cultural. Dinámicas de encapsulamiento y reciclaje en función de esa virtualidad neguentrópica que las asiste. Llaneriza el caballo, llaneriza la res, llaneriza al extraño y también las instituciones. Resignifican endosando sus energías alternativas. Y sucedió con el hato como sucederá con la república.  .      




EL MEDIADOR NECESARIO

Hay un tallado de heroicidad que De Armas considera forjado por la violencia al referirse a Páez. Pero al heroísmo étnico lo fragua la específica praxis cultural.

Bolívar parece intuir tal índole en carta del 7 de junio de 1826 a Santander aludiendo a Padilla como a Páez: “estos dos hombres tienen en su sangre los elementos de su poder, y por consiguiente, es inútil  que yo me les oponga porque la mía no vale nada para el pueblo” (cit. por De Armas, 1990).

¿Una de esas intuiciones geniales que lo asaltaban y que no se cuidaba en reprimir? ¿Sangre para significar energías alternativas correspondientes a  respectivas etnicidades, que no se identificaban con la de Bolívar?

Cabe observar cómo la dinámica social llanera se inscribe en la estructura interetnica e interclasista que se macera en el hato.

Su historia evidencia  cómo el mayordomo y otros actores afines que lo acompañan, se sirven de esa fuerza étnica originaria, convivencial, para que el aparato institucional funcione. Se gesta un ordenamiento que en situaciones críticas cumple eficacia ejemplar.

Andamiaje que segrega, entre otros mecanismos de mantenimiento y reproducción, liderazgos como los de Pedro Zaraza y José Antonio Páez. Como en el apólogo de la Ínsula Barataria en “Don Quijote”, tales jerarquías fundamentan sus ejecutorias  en un saber popular alternativo, no estrictamente pragmático ni empírico como acostumbra creerse. En el  Poema El Vejamen se cataloga al saber llanero como “ciencia peregrina” en oposición a la que impartía la Universidad. De Armas (1990) apunta que Páez “se gradúa, por años, en esa vida ruda, que es comunidad de peligros y escuela de malicia y aguante”.

Un dominio cognitiva capaz de expresarse en filosofía constitucional. Ley de Llanos que no corresponde exactamente a la que elaboran grandes propietarios acaparadores.

Acervo específico, de logicidad intrínseca, funcionalidad étnica, a partir del cual se asumen estrategias político-administrativas bajo condiciones de guerra o crisis. Marco en el cual surge el estado nacional en 1830 y la probable persistencia de elementos catalogados de atávicos, telúricos, etnocéntricos o lo que se quiera, pero que mucho deben a esa escolaridad experimentada por sus fundadores en el mundo del hato llanero.

Cuenta Ramón Páez que en el hato San Pablo, siendo Primera Magistrado su padre, "fue recibido nuestro Jefe en sus dominios, por un grave y anciano esclavo negro, que hacía las veces de mayordomo o intendente, y mandaba sobre los hombres y las cosas de la finca. Arrodillándose sobre el empedrado del patio, beso la mano hacia él extendida con amistoso saludo,  luego desensilló el caballo de su amo y lo llevó a un charco del corral que servía de abrevadero de los caballos (ib., 43)

Escena que, a pesar, de su colorido feudal,  ilustra cómo quienes mantenían en el llano estatus de esclavos lo hacían cumpliendo ciertos protocolos de lealtad que solían emplear gran parte de los hombres libres en esa época. El rango de mayordomo es equiparado con el de una función político-administrativa que se ejerce de manera ejecutiva “sobre los hombres y las cosas de la finca”. Poder que de acuerdo a lo investigado, no se ejercía despóticamente, si no de manera consensual con los demás componentes sociales incorporados a la vida del hato. Labor de mediación inter-étnica e inter-clasista como la que procurarían desempeñar los presidentes de la República de Venezuela desde la época de Páez.

De ese contexto sale en 1835 la tropa que repone al doctor Vargas en la Presidencia, como si junto la conciencia de lo que estaba pasando en el país se correspondiera con las fuerzas que más eficazmente podían garantizarla. .  


LA TORCEDURA

Sin embargo, conviene considerar distorsiones que impidieron que esa alternativa programática neoétnica desplegase armoniosamente sus alas.  Torceduras que al parecer, provenían de injerencias foráneas y sus concepciones uniformadoras y coloniales.

Obsérvese que Boves es sistemático en cuanto a  representar los intereses de la corona real igual que Monteverde y Morillo.

Así como buena parte de las propuestas político ideológico que descoyuntan el proyecto hatero de administración pública. Esquemas  procedencia eurocéntrica como centralismo-federalismo. civilismo-militarismo, civilización. y barbarie, godismo y liberalismo. Banderías que empañadas por el extremismo y la violencia contrastan más con el fondo conciliador que animaba el inicial proyecto étnico-político. Desviaciones que derivaron muchas veces en gobiernos dictatoriales.

Páez no fue ajeno a tales influencias  y cabe considerar hasta dónde su espíritu contemporizador contó con el refuerzo de Barbarita Nieves. Una vez que muere, parece secarse el manantial de energía ètnica que lo impulsa.  Ausencia que intentan cubrir personajes que se peculiarizan por su intransigencia. El par también euro céntrico de derecha-izquierda los ubicaría al extremo del primero de dichos polos. Uno es llamado Ángel Malo, Ángel Quintero, quien le azuza propensiones belicistas, como lo hará luego Pedro José de Rojas (5),

Ciertas interpretaciones de la conducta y gestión de Páez ameritan cuidadoso reconocimiento en ese universo de intereses étnicos y clasistas en que se inicia la república Entre otros el factor representado por la propiedad de la tierra en Venezuela bajo aquellas circunstancias.  Vallenilla Lanz (1991 (1919)  refiere cómo el general Páez a punto de concluir su segundo mandato, detenta hatos y haciendas que conforman parte de su propiedad, algunos por adquisición de vales otorgados a próceres llaneros por concepto de haberes militares. La reacción liberal denuncia tal concentración de bienes. De manera tal que El Trabuco 2 del 11 de diciembre de 1844 se atreve  contra él:

 Es el más logrero / Es un Satanás: / un caimán, un tigre, / qué sé yo qué más / Acá quiere un toro / Salido del llano / Acabar con todos / Y despotizarnos.

Acumulación de propiedades que el mismo Vallenilla Lanz (op. cit.) reconoce como garantía de poder en función del gendarme necesario que pudiese capear tendencias anárquicas suscitadas por jefecitos que sustentaban sus alzamientos en feudos locales.

Los presidentes federales, tanto Monagas como Crespo suceden a Páez,  en cuanto acumulación de tierras y ganados. Hasta que Gómez los rebase a todos. La literatura se hace eco de tal situación. Unas veces irónicamente como hace Cabrera Malo;

“Esto es un baturrillo bolchevique” dice uno de sus personajes Mientras otro habla de la   “Ingeniosa la manera esa de estirar la tierra, como si fuera melcocha” En tanto que comenta el cura:
-Aquí en el llano, el coroto no es del amo si no del que lo necesita”.

Obra en que Cabrera Malo se hace copartícipe de la idea de que tales  “Señores feudales” lo eran “más por instintos atávicos que por heredad” como postula De Armas Chitty.

En tanto que Gallegos es discreto en sus referencias a la gran propiedad  llanera. No se manifiesta decididamente crítico de las 200 leguas de extensión del hato Altamira, que heredan cómodamente y sin intenciones repartidoras, tanto Marisela como Santos Luzardo, como puede deducirse.

Mientras que en Cantaclaro dos de los personajes que protagonizan la narración, los Coronado como Juan Crisóstomo Payara, no son objetados en ningún momento por sus extensas posesiones.

La preocupación de Gallegos parece inclinada por la necesaria legalidad de dichas posesiones.

Paralelamente se observa en sus novelas dos modelos de caudillaje: el de Santos Luzardo,  como “buen cacicazgo”, frente a los que llama “caciques de la llanura”, Doña Bárbara, entre otros. El capítulo titulado “La Hora del Hombre” deja ver su aspiración de recuperar “el ancho feudo”  “para la futura obra civilizadora”: “La hora del hombre bien aprovechada”.

En Cantaclaro hay búsqueda de Payara, por parte de Martín Salcedo para comandar la revolución y, con igual fin, Juan Parao jarabea a Florentino.

Empeño justiciero: “Ya era hora de emprender la lucha para que en el ancho feudo de la violencia reinase algún día la justicia” (1977a: 162). Proyecto que no representa destrucción del latifundio sino sometimiento a régimen jurídico. Cuando Luzardo acude ante la autoridad competente, basándose en la Ley de Llanos,  objeta que Mr. Danger cace orejanos no siendo suficiente la propiedad que detenta, mientras que Doña Bárbara, poseyendo lo requerido, debe permitir “trabajos” en sus sabanas, ya que, como apunta Gallegos (1979b) “toda hacienda llanera” anda “regada por tierras que no le pertenecen”.

La solución galleguiana es modernizadora: poblar, sanear, para  “modificar las circunstancias que originan ciertos males: “todo lo que contribuyese a suprimir ferocidad tenía una importancia grande para su espíritu”.  Así que abriga el deseo de  que las quemas aplicadas, en aquella “enormidad de las tierras”, para acabar garrapatales y renovar pastos, provea la rotación de rebaños, mientras se estudia un sistema más “racional”. Lamentando que la quesera no opere con prácticas usuales en “países civilizados”. Insiste en la necesidad de  “civilizar la llanura: acabar con el empírico y con el cacique, ponerle término al cruzarse de brazos ante la naturaleza y el hombre”. Que para Gallegos es trazar “la línea recta del hombre dentro de la línea curva de la Naturaleza”,  fijando “en la tierra de los innumerables caminos, por donde hace tiempo se pierden, rumbeando, las esperanzas errantes, uno solo y derecho hacia el porvenir”.

Perspectivas que Alberto Arvelo parece no compartir “No quiero alambre importuno / en mi mundo desolado / Si se me riega el ganado / yo veré si lo reúno”.

Temores que también Gallegos abriga en textos de Doña Bárbara: “Fue la rebelión de la llanura, la obra del indómito viento, de la tierra ilimite contra  la innovación civilizadora” (1977a: 139). Mientras en otros reivindica la cultura primaria: “la barbarie tiene sus encantos, es algo hermoso que vale la pena vivirlo, es la plenitud del hombre rebelde a toda  limitación” (Rómulo Gallegos, 1977a: 164).


NOTAS
(1) Frigola (1989) habla de una "energía cósmica primordial, cuyas manifestaciones físicas van desde las radiaciones electromagnéticas astronómicas, la materialización de los fotones, hasta la misma energía sexual en estado puro. Las cualidades de esta energía -desde niveles microscópicos hasta los galácticos- son los de la autoconservación, la auto regulación y la auto reproducción en la forma de superimposición cósmica" (p. 82).

(2) Dos metabolismos básicos: uno natural (ecosistémico) y otro cultural (exosomático o étnico) (León, J. B., 1981) resultan o se manifiestan a través de ese juego de continuidades, etnicidades y neoetnicidades.

(3) Morin (1974) dice de "mitos anunciadores de  la hipercomplejidad" que salpican la historia desde hace dos siglos, mencionando "democracia, socialismo, comunismo y anarquismo", "facetas que remiten a un mismo sistema ideal....fundado en la intercomunicación y nunca en la coerción, sistema policéntrico no monocéntrico, sistema fundado en la participación creativa de todos, sistema débilmente jerarquizado, sistema que acrecienta sus posibilidades organizativas, inventivas y  evolutivas al disminuir las coerciones" (p. 222-3).

Acciones, hechos o manifestaciones de un ecosistema y subsecuente cultura, significativos para la pervivencia y desarrollo de la especificidad social. Etnoutopía en cuanto corresponde a un modelo societario satisfactorio por sus resultados.  Expresado, a su vez, en  “códigos simbólicos, primarios, básicos y fundamentales” que concurren a “la reproducción” de la específica organización sociocultural y conjuradores de “la desagregación” (García Gavidia, 2005, p 23). Fuerzas creadoras-recreadoras asimilables al fenómeno que Frigola (1989) denomina "la energía de la vida" o   "energía cósmica-primordial que tiene por cualidad, a cualquier nivel, la autoconservación y la auto-reproducción" (p.23, 82).

Desencadenantes, puntos de partida,  referentes macro o micro, a los fines de la valoración y reconocimiento de patrimonios ecobásicos, etnobásicos, etc.  localizables en individuos, colectividades, economías, políticas,  espacios, ideas, obras de arte, etc.

(4) Mosonyi, E. E.  (1982) propone la noción de “neoetnia” para referirse, entre otras, a las sociedades campesinas que continúan históricamente, “en cierta forma”, las antiguas formaciones indígenas, que muchas veces, subsisten de manera encubierta y en otros casos, “destruidas”, desmanteladas “por procesos de conquista y colonización” (p.  39).

(5)  De Armas dice que Páez en Valencia, “manda a decir a Quintero que él no encuentra empate a esa legalidad, y a Francisco Gómez y a Luis  Iribarren de Valencia, les manifiesta  con maña, contando las palabras  De mi no esperen que les trace caminos, procedan como crean más conveniente que lo que soy yo me voy por el arrasao.

En lenguaje llanero arrasao es la trocha aledaña, inmediata, limítrofe al camino real. Ningún misterio envolvían las palabras del caudillo. Mal estaba Quintero al no entender la filosofía llanera”.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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