Yolanda Segnini: una vida consagrada a la historia cultural y a la comprensión crítica del siglo XX venezolano

IMAGEN Yolanda Segnini, fallecida el 25 de enero, en la ciudad de Madrid, España, |


La muerte de Yolanda Segnini deja un vacío difícil de llenar, pero también un legado sólido: una obra que seguirá orientando debates, inspirando investigaciones


Por José Obswaldo Pérez

El fallecimiento de Yolanda Segnini, ocurrido el 25 de enero, en la ciudad de Madrid, España, representa una pérdida profunda para la historiografía venezolana y para quienes, desde la investigación, la docencia y la gestión cultural, han encontrado en su obra un punto de referencia indispensable. Segnini dedicó su vida intelectual al estudio de la historia cultural, las transformaciones del Estado venezolano y las dinámicas políticas y sociales que marcaron el tránsito entre el gomecismo, el post-gomecismo y la modernización del país a lo largo del siglo XX.

Su trabajo se distinguió por una combinación poco frecuente: rigurosidad documental, sensibilidad interpretativa y una lectura crítica de los procesos históricos que evitaba tanto la simplificación como la épica. En un campo donde abundan los relatos lineales o excesivamente politizados, Segnini apostó por una mirada que integraba archivos, prensa, memorias institucionales, testimonios y análisis comparado. Esa metodología la convirtió en una autora de consulta obligatoria para quienes buscan comprender no solo los hechos, sino también los imaginarios, las tensiones y las continuidades que definieron la vida pública venezolana durante buena parte del siglo pasado.

Su obra sobre el gomecismo y el post-gomecismo —etapas decisivas para entender la formación del Estado moderno, la consolidación de las élites políticas y la reconfiguración de la esfera pública— se transformó en bibliografía esencial en universidades, centros de investigación y programas de posgrado. Segnini logró iluminar zonas poco exploradas: la cultura política del autoritarismo, las redes de poder que sobrevivieron a la caída de Gómez, las formas de sociabilidad que moldearon la vida cotidiana y la lenta, compleja transición hacia un país que aspiraba a la modernidad sin romper del todo con sus herencias.

Quienes la conocieron destacan su vocación docente, su generosidad con las nuevas generaciones y su convicción de que la historia es un bien público que debe ser compartido, discutido y revisado constantemente. Su labor en aulas, seminarios y espacios de formación dejó una huella profunda en estudiantes que hoy continúan líneas de investigación que ella ayudó a abrir.

La muerte de Yolanda Segnini deja un vacío difícil de llenar, pero también un legado sólido: una obra que seguirá orientando debates, inspirando investigaciones y recordándonos que la historia cultural es una herramienta poderosa para comprender cómo se construyen —y se disputan— las identidades colectivas.

Descanse en paz. Que su labor intelectual persista en quienes leen, enseñan y continúan su trabajo.


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