¿Qué significa que “la transición será a la venezolana”?

María Corina Machado durante su intervención en un acto con la diáspora venezolana en Houston, donde reiteró que “la transición será a la venezolana”.

La afirmación de María Corina Machado de que “la transición será a la venezolana” reaviva el debate sobre el rumbo político del país, evocando una historia marcada por rupturas abruptas, negociaciones incompletas y cambios de poder tan impredecibles como decisivos.


Por José Obswaldo Pérez

La reciente afirmación de María Corina Machado —“la transición será a la venezolana”— no es una frase casual. En un país donde las transiciones políticas han sido históricamente irregulares, conflictivas y poco ortodoxas, invocar lo “a la venezolana” es, en sí mismo, un diagnóstico. La historia política del país, como recuerda Manuel Caballero en Las crisis de la Venezuela contemporánea, muestra que los cambios de régimen rara vez han seguido un camino lineal o institucionalmente ordenado.

Venezuela no ha tenido una transición pactada al estilo de España en 1975 o Chile en 1990. Lo nuestro ha sido otra cosa: rupturas abruptas, negociaciones parciales, presiones sociales intensas y reacomodos de élites. Tomás Straka, en La república fragmentada, explica que la política venezolana se ha caracterizado por ciclos de apertura y cierre, donde los actores se mueven entre la confrontación y el pacto sin llegar a consolidar un modelo estable.

La muerte de Gómez en 1935 abrió un proceso lleno de tensiones entre modernización y autoritarismo, como muestran las memorias de Pedro Manuel Arcaya y las interpretaciones de Ramón J. Velásquez. El trienio adeco (1945–1948) fue un ensayo democrático que terminó en golpe militar. La caída de Pérez Jiménez en 1958, aunque celebrada como el inicio de la democracia moderna, estuvo marcada por conspiraciones, violencia callejera y un pacto político — el de Puntofijo— que, como analizan Juan Carlos Rey y Miriam Kornblith, fue exitoso pero excluyente.

Incluso la transición de 1998, que llevó a Hugo Chávez al poder, fue una ruptura disfrazada de continuidad institucional. Michael Coppedge ya advertía en Strong Parties and Lame Ducks que el sistema de partidos venezolano estaba agotado, mientras Margarita López Maya y Javier Corrales han mostrado cómo la crisis social y económica abrió paso a un cambio profundo que no siguió los patrones clásicos de transición democrática.

Por eso la frase de Machado merece una lectura cuidadosa. Decir que la transición será “a la venezolana” puede interpretarse como una advertencia: no será un proceso técnico, ni rápido, ni predecible. No será un simple cambio de gobierno, sino una reconfiguración profunda del poder. Y, sobre todo, no será un camino trazado desde afuera, sino uno moldeado por la cultura política nacional, con sus virtudes y sus sombras.

La historia enseña que las transiciones en Venezuela ocurren cuando coinciden tres fuerzas: presión social, fractura interna y algún tipo de negociación, explícita o tácita. Si ese es el marco al que alude Machado, entonces su frase no es solo un mensaje político, sino un reconocimiento de que el país está entrando en una zona donde la historia pesa más que la teoría.

Lo “a la venezolana” no es necesariamente un destino trágico, pero sí un recordatorio de que las transformaciones profundas en este país nunca han sido lineales. Y que, como siempre


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