domingo, marzo 26, 2017

Venezuela: Del “imperio chavista” al aislamiento de Nicolás Maduro

La OEA se reúne este martes 28 de marzo para decidir si activa o no la Carta Democrática con respecto a Venezuela


por Rogelio Núñez

Venezuela ha pasado, en tan solo un lustro, de ser, en tiempos de Hugo Chávez, una potencia emergente regional con una red de países aliados a encontrarse aislado en el contexto latinoamericano con tan solo tres naciones de peso secundando al régimen de Nicolás Maduro.

La imagen más nítida de ese aislamiento ha tenido lugar este mes de marzo. El pasado 14 de marzo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, presentó su nuevo informe sobre la situación por la que atraviesa Venezuela. En sus 75 páginas invocaba la Carta Democrática de la OEA y da inicio a un proceso que podría llevar a suspender a Venezuela del organismo. “Aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia”, escribe Almagro en el final de su informe.

Este jueves 23 de marzo 14 países, de los 18 miembros del organismo, emitieron una declaración conjunta en la que exigen al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que se “establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas” y la liberación de los “presos políticos”. El documento fue ratificado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos y Uruguay.

“Consideramos urgente que se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas”, afirmaba el texto publicado por las cancillerías.

Del imperio chavista…

Más allá de que a corto plazo, este martes 28 de marzo, Venezuela sea o no suspendida de la OEA, la situación evidencia de que el “imperio” bolivariano de Hugo Chávez se ha derrumbado de forma paralela a como lo ha hecho el petróleo y el liderazgo del encargado del ejecutivo de Caracas.

El régimen de Hugo Chávez vivía hace un lustro en la cúspide de su hegemonía en Venezuela y de su influencia regional tanto en Sudamérica como en el Caribe.

Cuatro años después de su muerte, la Venezuela de Nicolás Maduro atraviesa una situación diametralmente diferente: la oposición ha conquistado el control de importantes cuotas de poder institucional y el eje Atlántico que apoyaba a Venezuela se ha desmoronado (Brasil y Argentina).

A comienzos de esta década Hugo Chávez controlaba todos los enclaves institucionales (acababa de ganar en 2010 las elecciones legislativas a la Asamblea), la economía se apoyaba en los altos precios del petróleo y la región estaba poblada de regímenes aliados (la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa, la Cuba de Raúl Castro y la Nicaragua de Daniel Ortega) o cercanos al gobierno de Caracas (los ejecutivos de Dilma Rousseff en Brasil, la Argentina de Cristina Kirchner, el Uruguay de José Mujica y el Paraguay de Fernando Lugo).

Además, a través de Petrocaribe, la Venezuela chavista contaba con abundantes aliados entre las pequeñas repúblicas insulares caribeñas.

Hugo Chávez estuvo durante seis años (1999-2005) muy solo en América latina más allá de su alianza con la Cuba de Fidel Castro. A mediados de la pasada década el proyecto chavista empezó a ganar aliados en la región: Evo Morales en Bolivia en 2005, Daniel Ortega en Nicaragua en 2006 y Rafael Correa en Ecuador en 2007.

Hasta 2009 la propuesta “antiimperialista” y antineoliberal de Chávez (ALBA, Petrocaribe etc.) siguió expandiéndose con nuevos aliados como Manuel Zelaya en Honduras o Fernando Lugo en Paraguay. Además contaba con la comprensión de Lula da Silva en Brasil y con la cercanía de la Argentina kirchnerista.

El proyecto chavista además estuvo acompañado por la creación de numerosos entes que trataban de impulsar la integración regional: la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba -TCP) en 2004, y luego dos años después la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que para Chávez encarnaban el principio del fin de la OEA.

Ese legado de Chávez en cuanto a que Venezuela debe liderar un eje anti-estadounidense en América latna continúa vigente hoy en día en los mensajes de Nicolás Maduro: “(que los EEUU) no vuelvan por el camino de meterse con Venezuela. Quien se mete con Venezuela se mete con los pueblos rebeldes de América Latina”.

No hay que olvidar que el proyecto del ALCA se hundió en la cumbre de las América de Mar del Plata en 2005 de la que fue anfitrión Néstor Kirchner.

El excanciller argentino Jorge Taiana recordaba que “a 8 años de aquel 5 de noviembre de 2005 en el que Mar del Plata fue escenario de un renacimiento regional que nos marcaría para siempre a los países del sur del continente, quiero destacar el valor de aquel hecho que nos encontró diciéndole NO al intento de Estados Unidos por crear en nuestra región un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que fuera funcional a sus intereses y no atendiera nuestras necesidades particulares como países de desarrollo medio o en vías de desarrollo…oy, que el mundo sufre los embates de una crisis que no termina de superarse, podemos confirmar que la firmeza de hombres como Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez nos ha ayudado a mantenernos en pie, poder trabajar por el bienestar de nuestros pueblos y conservar nuestras autonomías que nos permitan construir nuestro propio destino”.

… al aislamiento madurista

Pero esa situación ha cambiado radicalmente en estos últimos años y se ha acelerado con el desplome de los precios del petróleo lo cual se ha convertido en un misil en la línea de flotación del gobierno venezolano. La hegemonía interna y la influencia en la región ha ido decreciendo progresivamente. Dado que el liderazgo venezolano se basaba en el apoyo económico a sus aliados y a los subsidios vía petróleo, la crisis económica del régimen chavista ha ido acotando el margen de acción del gobierno de Chávez, primero, y, sobre todo, de Nicolás Maduro.

Carlos Malamud en un Informe para el Real Instituto Elcano recordaba en 2013 “los ingentes recursos que el presidente de Venezuela invirtió en expandir en América Latina el proyecto bolivariano. El dinero venezolano reforzaba el carisma y el carácter de Chávez, y lo mismo ocurría en sentido inverso. Sin estas dotes y estos recursos, que interactuaban de forma clara, la expansión continental del proyecto bolivariano hubiera sido mucho más complicada. El petróleo venezolano y los dólares por él generado sirvieron para forjar alianzas, consolidar amistades y ganar voluntades en buena parte de América Latina y el Caribe. En este sentido, desde el momento en que comenzó la gran escalada en los precios del crudo, que en pocos años pasaron de algo más de 10 dólares por barril a casi 140 dólares, Petrocaribe se convirtió en una herramienta clave de la política exterior venezolana”.

Otro golpe demoledor al proyecto venezolano ocurrió con la enfermedad (2011-2013) y el fallecimiento de Hugo Chávez (2013). Su carisma y liderazgo eran insustituibles así como sus ideas y su entrega a un proyecto en el que creía firmemente.

“Puede que tras la muerte de Hugo Chávez haya surgido un nuevo mito de alcance continental, equiparable incluso al Che Guevara o a Simón Bolívar. No es éste el asunto en discusión en este punto. Lo que sí está claro es que más allá de su recuerdo, el liderazgo continental de Chávez es intransferible y que en estos momentos no existe nadie en América Latina con el carisma, los recursos, la agenda y la coyuntura favorable como para ocupar su lugar”, concluía su informe Carlos Malamud.

Más recientemente, la decisión de Mercosur de impedir que Venezuela asuma la presidencia del bloque fue otro indicio de que el régimen chavista se estaba quedando solo en la región.

La derrota de Cristina Kirchner en Argentina en 2015 y el juicio político a Dilma Rousseff en 2016 han dejado a la Venezuela chavista sin dos importantes apoyos regionales, países que apoyaron e impulsaron la entrada de Venezuela en el Mercado Común del Sur.

Ahora, por el contrario, tiene enfrente a tres gobiernos situados claramente en sus antípodas políticas: Mauricio Macri y Michel Temer se han unido a Horacio Cartes (Paraguay). Y además Tabaré Vázquez en Uruguay está mucho más alejado del chavismo que lo que estaba Pepe Mujica.

El resultado ha sido que los cuatro países signatarios del Tratado de Asunción del Mercosur, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, acordaron ejercer en conjunto la presidencia del bloque en el último semestre de 2016, lo cual anulaba la decisión de Venezuela de asumir ese puesto.

En diciembre, los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay mandaron una carta a la canciller de Nicolas Maduro, Delcy Rodríguez, en la que informaban a Venezuela “(d)el cese del ejercicio de los derechos inherentes a su condición de Estado parte del Merccosur, al haberse constatado la “persistencia del incumplimiento de las obligaciones asumidas en el protocolo de adhesión al bloque del que Venezuela es parte desde 2012.

Esta situación no era sino el resultado final de una progresiva disminución de aliados para Maduro la cual arrancó en 2015 cuando el kirchnerismo perdió el poder en Argentina. La llegada de Mauricio Macri a la presidencia colocaba en la Casa Rosada a un claro enemigo del proyecto chavista. Muy alejado de las posturas más condescendientes de Cristina Kirchner.

El segundo golpe ocurrió en abril de 2016 cuando Dilma Rousseff fue apartada del cargo de presidenta y en su lugar asumió Michel Temer y sobre todo el nuevo canciller, José Serra, quien rápidamente se posicionó contra el gobierno de Maduro. La caída definitiva de Rousseff a finales de agosto vino a ratificar la situación.

Asimismo, el enfrentamiento entre Luis Almagro y el régimen de Maduro ha ido escalando en las formas y en el fondo. El secretario general de la Organización de Estados Americanos ha llegado a equiparar al Gobierno de Venezuela con una “dictadura” tras la suspensión del referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro, una decisión que deja al mandatario “sin legitimidad de origen”. “Solo las dictaduras despojan a sus ciudadanos de derechos, desconocen el legislativo y tienen presos políticos”, escribió Almagro en su cuenta de la red social Twitter.

El resultado final es la gran soledad en la que se encuentra Maduro: aislado internacionalmente y acosado internamente. Venezuela se ha ido quedando sin músculo económico y sin músculo político y la situación interna va a requerir que cada vez el gobierno de Maduro esté centrado en los problemas del país antes que en impulsar ambiciosas políticas internacionales.

Tal y como señalara hace tiempo Andrés Oppenheimmer “la influencia política y económica de Venezuela ha sido proporcional a sus reservas de divisas, y está cayendo rápidamente… No sé que pasará en Venezuela, pero en el resto de Latinoamérica hay síntomas cada vez más visibles de que la influencia chavista es cada vez menos importante y más anecdótica, como el nuevo perrito de la presidenta argentina”.

Fuente: Infolatan
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Venezuela fallida

por Carlos Alberto Montaner
El asunto es más grave. El régimen chavista de Nicolás Maduro, sin duda, ha violado todos los incisos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA y merece ser sancionado, pero suspender a Venezuela de la organización es poca cosa y, tal vez, llega muy tarde. El daño que ha sufrido esa sociedad ha sido muy profundo.

Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado, dominado por jefecillos locales que viven a punta de cuchillo. Venezuela, además de ser un “Estado forajido” que agrede a los demás, es un “Estado fallido” que incumple sus propias leyes e ignora sus instituciones, del que ha desaparecido el principio de autoridad, la capacidad de reprimir se ha atomizado en mil centros violentos, y el aparato estatal no responde a las órdenes de quienes, supuestamente, mandan.

Maduro, un señor que dice tonterías y baila salsa, dirige precariamente uno de esos centros. “Por ahora” es el más poderoso, pero sólo provisionalmente. Está a su alcance encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, porque la oposición actúa dentro de unos esquemas republicanos pacíficos y predecibles, pero Maduro no puede controlar a los miles de venezolanos de rompe y rasga, los “malandros” a los que el chavismo armó y les dio patente de corso para que desvalijaran y aterrorizaran a lo que llaman “la burguesía”, es decir, las personas empeñadas en tener una vida decente y normal.

Es la anomia total. La absoluta falta de principios, valores y normas civilizadas. Aunque quisiera, que no es el caso, Maduro tampoco puede impedir la producción y tráfico de estupefacientes. Esa, desde la perspectiva chavista, es solo una zona más de enriquecimiento. El narcotráfico apenas es una variante del delito. Lo practican muchos generales coludidos con los capos de la droga, e incluso sus propios parientes más cercanos, como sucede con sus narcosobrinos. Hay unos ladrones de cuello blanco que roban en PDVSA. Otros crean empresas de maletín para intermediar en las compras del Estado o reciben cuantiosas coimas de compañías como Odebrecht. En el fondo, son iguales.

¿Cómo llamarlos al orden si el chavismo ha sido una inmensa máquina dedicada a delinquir? El desalmado que mata a una muchacha para robarle un teléfono celular siente que lo que él hace no es peor que aprovecharse de las relaciones personales para obtener dólares a precios preferentes y enriquecerse por medio de cambios tramposos. Cada uno rebaña lo que puede y como puede. El “perraje”, que es impresentable, usa la navaja o la pistola para extorsionar o matar a cualquiera y huir de la escena del crimen a bordo de una moto. El bandido sofisticado utiliza un bolígrafo de oro, tiene cuenta en un paraíso fiscal, y se prepara para abandonar Venezuela en su propia avioneta tan pronto el barco comience a hundirse. Uno y otro se hermanan en la impunidad y en el desprecio por el país en que nacieron.

¿Qué más puede ocurrir en Venezuela? Dada la infinita incapacidad del régimen y la creciente pérdida de autoridad, puede suceder cualquier cosa. Ya está sucediendo. El default y la consecuente desaparición del crédito para importar alimentos están a las puertas. Como resultado de ello, es previsible una hambruna que mate a miles de venezolanos o los deje en puro hueso y pellejo. La ausencia prolongada de electricidad y agua potable no es descartable. Tampoco la aparición de unas infecciones monstruosas e incontrolables. Seguirá, in crescendo, la desesperante hiperinflación que va agregándoles ceros a los precios y puede llegar a cifras incalculables, como sucedió en Alemania en los años veinte del siglo pasado o en la década de los ochenta en países andinos del vecindario como Perú, Bolivia y Ecuador.

¿Cómo se le pone fin a esta pesadilla? Es difícil creer que Maduro se acoja al sentido común y busque una solución colegiada junto a la oposición, que es la infinita mayoría del país. Raúl Castro le ordenará que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista. Raúl está dispuesto a pelear hasta el último venezolano. Todo lo que le interesa a La Habana es continuar con el ordeño de la vaca lechera. No veo a Nicolás Maduro perdiendo unas elecciones y colocándole la banda presidencial a Henrique Capriles, a María Corina Machado, y mucho menos a Leopoldo López.

Se cumplirá, sin embargo, un dictum propio de estas situaciones: mientras más dure, y mientras mayor sea la destrucción de los fundamentos nacionales, más dolorosa y sangrienta será la cura.

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en varias instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince títulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad, la clave de la prosperidad, No perdamos también el siglo XXI y Viaje al corazón de Cuba. Es coautor de "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria". Como narrador, ha publicado las novelas "Trama" y "Perromundo". Ha sido traducido al inglés, el italiano, el portugués y el ruso. Semanalmente varias docenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos reproducen su columna periodística. Vive en Madrid desde 1970. Es vicepresidente de la Internacional Liberal.
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La estrategia de Trump frente a la Venezuela de Maduro

por Rogelio Núñez

El Donald Trump acelerado y unilateral con respecto a México, presenta otra cara en referencia a Venezuela. Con el régimen de Nicolás Maduro se está tomando tiempo para afrontar el problema geopolítico y humanitario que representa a la vez que busca apoyos regionales para articular una estrategia unificada.

El muro era una promesa de campaña y Venezuela es un complejo problema internacional. Con México, Trump aspira a que el electorado compruebe que es un político diferente que cumple lo que dice y lo hace a la mayor brevedad.

De Venezuela le pueden llegar dolores y quebraderos de cabeza. El país no solo vive en plena crisis institucional sino que la profundización de su actual crisis puede desembocar en una crisis humanitaria y energética, siendo como es uno de los principales productores de crudo del mundo.

Dos estrategias diferentes: celeridad con México

Trump ha apretado el acelerador con respecto a México y mantiene la cautela con respecto a Venezuela. Fundamentalmente porque México es un caso de política interna y Venezuela un problema de alcance regional americano.

No en vano, durante sus discursos, los seguidores del presidente gritan “¡Construye el muro, construye el muro!”. En tan solo tres meses de la Casa Blanca han salido numerosas propuestas referentes al muro. Por citar solo algunos ejemplos:

En enero tomó posesión de la presidencia y pocos días después Trump firmó una orden ejecutiva para autorizar la construcción del muro fronterizo con México. “Planeamos un gran día para mañana en temas seguridad nacional. Entre otras cosas, ¡vamos a construir el muro!”, escribió entonces en su Twitter.

En febrero, Donald Trump explicaba que el muro que ha prometido construir en la frontera con México “está siendo diseñado ahora mismo”, y detalló que será “grande” y “de mucha ayuda” para garantizar la seguridad del país.

Y en marzo, se inició la apertura de la licitación para el diseño de la estructura que se emplazará en la frontera entre Estados Unidos y México que será “físicamente imponente”, con alturas que oscilarán entre 5,5 y los 9 metros.

Por último, en el borrador presupuestario enviado al Congreso, Trump ha solicitado 4.100 millones de dólares para esa obra. El proyecto de presupuesto del presidente asigna 2.600 millones de dólares para la “planificación, diseño y construcción” del controvertido muro en la frontera con México, informó el jueves la Casa Blanca.

Además provee fondos de 314 millones de dólares para contratación y entrenamiento de 500 agentes fronterizos y 1.000 agentes migratorios. Ese personal tendrá la tarea de reforzar la “integridad del sistema migratorio”, así como también “identificar y remover aquellos que ya están en Estados Unidos y han ingresado ilegalmente”.

En lo referente al Departamento de Seguridad Interna (DHS), el proyecto de presupuesto también asigna recursos adicionales por 1.500 millones de dólares con relación al presupuesto de 2017, para ampliar la capacidad de “detención, transporte y remoción de inmigrantes ilegales”.

Cautela con Venezuela


La situación venezolana está en la mente de Trump desde que era candidato desde la campaña de 2016 y en las semanas previas a la toma de posesión.

En la campaña fue ambiguo: “(Los empresarios venezolanos) han sido terriblemente dañados por los socialistas en Venezuela y el próximo presidente de Estados Unidos debe mostrarse solidario con toda la gente en el hemisferio (América Latina) que está oprimida. Estaremos con los oprimidos y hay muchos oprimidos en Venezuela”.

Durante la reunión que mantuvo con cuatro personalidades latinoamericanas, a menos de una semana para tomar posesión, el tema venezolano ocupó un lugar privilegiado.

Allí estuvieron Julio Ligorría, exembajador de Guatemala en Washington (2013-2015) y consultor internacional; el experto en asuntos hispanos, Freddy Balsera y dos miembros del gabinete de Comunicación de Trump: Carlos Giménez, asesor de Trump en Florida, y David Duckenfield, que fue subsecretario de Estado adjunto durante la era Obama.

Trump en esta primera reunión con latinoamericanos “estaba muy interesado en saber nuestra opinión de lo que está pasando, de lo que va a pasar y lo que falta por pasar” en el país sudamericano, comentó Freddy Balsera.

Especialmente, Trump hizo “énfasis en averiguar sobre la condición” del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y el líder opositor Leopoldo López, dos de los presos políticos más conocidos de Venezuela.

“Me llamó la atención lo directo que fue en preguntar específicamente nuestra opinión sobre cómo está la situación en el suelo en este momento allá y averiguar sobre Ledezma y López”, explicó Balsera.

Ya como presiente, en febrero, cuando se reunió con el mandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski, Trump confesó que “tenemos un problema con Venezuela, que lo está haciendo muy mal”.

En esta mes de marzo, el presidente de Estados Unidos ha mostrado su consternación sobre la situación en Venezuela, durante una charla que mantuvo con su homóloga chilena, Michelle Bachelet. “El presidente Trump expresó su preocupación por la situación en Venezuela y los líderes coincidieron en la importancia de avanzar los principios democráticos en todo el Hemisferio Occidental”, informó en un comunicado la Casa Blanca.

Trump, que en febrero se reunió con Lilian Tintori y pidió la liberación de su esposo, Leopodo López-, parece más inclinado a que sean los países de la región y foros como la OEA los que lideren la ofensiva contra la deriva autoritaria del chavismo. En esa línea se inscribe la decisión del Senado estadounidense de instar al régimen de Nicolás Maduro a liberar “inmediatamente a los prisioneros políticos“.

El organismo legislativo llamó además al gobierno venezolano a que acepte la ayuda humanitaria para paliar la escasez de alimentos y medicamentos que enfrenta dicha nación.


En una Resolución de tres páginas, la cámara alta del Congreso estadounidense expresó su apoyo a “esfuerzos significativos” en favor de un diálogo en respeto por los mecanismos constitucionales con el fin de que se “resuelva la crisis política, económica, social y humanitaria”.

Los senadores también manifestaron su apoyo a la decisión del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, de invocar la carta democrática interamericana para evaluar la situación actual en el país suramericano.

Del mismo modo, solicitan con urgencia a Donald Trump que respalde los esfuerzos de la OEA a favor de soluciones constitucionales y democráticas.

Esto supone una legitimación de los esfuerzos que está desplegando el secretario general de la Organización de los Estados Americanos quien ha anunciado que iniciará consultas con gobiernos de la región en busca de apoyo para activar la Carta Democrática Interamericana, con miras a suspender a Venezuela del Sistema Interamericano.

“Vamos a mantener reuniones durante esta semana con el presidente del Consejo Permanente, con los coordinadores (de grupos) regionales para hablar del tema y sobre los pasos futuros”, dijo Almagro a periodistas.

Almagro solicita al gobierno la liberación de todos los presos políticos en Venezuela, resolver la crisis humanitaria, garantizar la seguridad de los ciudadanos ante los altos índices de criminalidad que padece esa nación sudamericana y restablecer el equilibrio de poderes.

Propuso además la suspensión de Venezuela de la OEA si el gobierno del presidente Nicolás Maduro no convoca a elecciones en un mes, tras las negativas de las autoridades electorales a celebrar el referendo revocatorio. Almagro no ha dudado en denunciar al gobierno de Maduro como una dictadura, y dijo que “de una dictadura se sale con elecciones”.

El régimen chavista considera que detrás de la OEA se encuentra EEUU y el gobierno Trump. Muy significativas en ese sentido son las palabras de Diosdado Cabello quien califica de ‘cachorro arrastrado’ al secretario general de la OEA porque, a su juicio, no respeta la democracia venezolana.

“Eres un cachorrito del imperialismo (a Almagro) y crees que vas a venir a darnos órdenes a los hijos de (fallecido Hugo) Chávez. No señor Almagro”, declaró el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello.


Fuente: Infolatam
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jueves, marzo 23, 2017

La abolición de la esclavitud en Venezuela, a 163 años del 24 de marzo de 1854


Entre los antecedentes de la abolición de la esclavitud en nuestro país se puede señalar, que el 9 de julio de 1816 el Libertador Simón Bolívar publicó un decreto en Ocumare de la Costa ofreciendo la libertad de los esclavos que abrazaran las armas de la República.






Por Felipe Hernández G.
Unesr-cronista de Valle del municipio Infante – Valle de la Pascua
felipehernandez457@yahoo.com



La esclavitud definida internacionalmente como la situación en que se halla el individuo sobre el cual se ejercen los atributos del derecho de propiedad, se aplica a una gran variedad de formas históricas diferentes, que van desde el cautiverio primitivo hasta la trata de negros de épocas más recientes.

Durante la colonia, la corona española prohibió la esclavitud de los indios, en cambio, permitió la introducción de negros esclavos, cuya venta monopolizaron los portugueses durante el siglo XVI. El tráfico de esclavos se inició en Venezuela a principios del siglo XVII, con cuatro mil negros africanos. Dos alemanes de la compañía de los Welsares lo hicieron con Carlos V y Felipe II permitió también nuevas ventas. El año 1692 Martín Guzmán compró a Carlos II el monopolio de la venta de negros en Venezuela por espacio de cincuenta años.

Entre los antecedentes de la abolición de la esclavitud en nuestro país se puede señalar, que el 9 de julio de 1816 el Libertador Simón Bolívar publicó un decreto en Ocumare de la Costa ofreciendo la libertad de los esclavos que abrazaran las armas de la República. El decreto decía así: “Considerando que la justicia, la política y la patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza, he venido a decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados. Considerando que la República necesita de los servicios de todos sus hijos, tenemos que imponer a los nuevos ciudadanos las condiciones siguientes: “Artículo primero: Todo hombre robusto desde la edad de catorce años, se presentará en la parroquia de su Distrito a alistarse en las banderas de Venezuela, veinticuatro horas después de publicado el presente decreto”... “Artículo cuarto: los parientes de los militares empleados en el ejército libertador gozarán de los derechos de ciudadanos y de la libertad absoluta que les concede este decreto de la República de Venezuela”.
La disposición surtió sus efectos en las regiones cacaoteras de Río Caribe, Carúpano y Cariaco, de numerosa población esclava.

Bolívar llegó a Ocumare de la Costa inmediatamente después de su expedición de Los Cayos (1816) que le permitió iniciar el tercer período de la República y terminar para siempre con el dominio español. Para esta expedición el Libertador contó con la ayuda del general Alejandro Petión, Presidente de Haití y del almirante Luis Brión. El año 1816 fue de gran porvenir para los patriotas pues regresaron al país numerosos oficiales que se había refugiado en las Antillas. Se fortaleció la unidad patriótica, se integraron las guerrillas diseminadas y aisladas después del fracaso republicano de 1814 y se ganaron batallas que pusieron en manos de los patriotas todo el Oriente y la región de Guayana. En su mensaje al Congreso de Angostura, Bolívar volverá a insistir sobre la libertad absoluta de los esclavos.

A lo antes expuesto, le siguió la aprobación el 19 de julio de 1821 de la Ley de Manumisión de los Esclavos, presentando en el Congreso de Cúcuta por su presidente, el doctor José Félix Restrepo luego de haber sido discutido en varias sesiones. La citada ley que fue promulgada en la edición 116 del “Correo del Orinoco” del 13 de octubre de 1821, consideraba libres los hijos de las esclavas que nacieran desde el día de la publicación de la ley en las capitales de provincia. Establecía la obligación para los dueños de esclavas, de educar, vestir y alimentar a los hijos de éstas, pero los hijos, en recompensa debían indemnizar a los amos de sus madres los gastos de su crianza con obras y servicios hasta la edad de 18 años. Preveía la ley que si antes de cumplir esa edad, quisieran los padres, los parientes y otros extraños sacar al niño o joven de esclava del poder del amo de su madre, pagarían lo concerniente. Prohibía la venta de esclavos fuera de su jurisdicción así como la introducción de esclavos al país de la manera que fuese.

Se estableció un fondo para la manumisión consistente en el gravamen de un 3 por ciento al quinto de los bienes de los que morían dejando descendientes legítimos de un 3 por ciento del total de los bienes de aquellos que morían dejando herederos colaterales y un 10 por ciento del total de los bienes de los que morían dejando herederos extraños. Estos fondos los colectaba una junta llamada de manumisión compuesta del primer juez del lugar, el cura, dos vecinos y un tesorero nombrado por el gobernador del cantón. Cada año y durante los días 25, 26 y 27 de diciembre la dicha junta le daba libertad a los esclavos que podía de acuerdo con sus fondos.

Después de 1830, dentro de los movimientos políticos que surgieron en la República soberana, hubo quienes alzaban con miras electorales la bandera abolicionista de la esclavitud. Así los adversarios de la dinastía de los Monagas animaban la subversión contra el gobierno, prometiendo a los esclavos su libertad. Pero José Gregorio Monagas, presidente de Venezuela durante el período 1851-1855, arrebató a los oligarcas esta bandera y decretó la abolición de la esclavitud en todo el territorio nacional.

Fue precisamente el 24 de marzo de 1854, que el estadista barquisimetano Simón Planas llevó a feliz término el decreto de José Gregorio Monagas que disponía la libertad de los esclavos. Al efecto, se destinó la cantidad de tres millones de pesos para pagar una indemnización a los amos de todos los esclavos. 40.000 de ellos entraron entonces a figurar como nuevos ciudadanos libres de la República. La manumisión fue el acto de mayor trascendencia del régimen de José Gregorio Monagas. De ese acontecimiento histórico, este 2017 se cumplen 163 años...


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domingo, marzo 19, 2017

De conspiraciones y otras yerbas de finales de siglo XIX. Los discursos revolucionarios en Ortiz.

En el siglo que terminaba, el lenguaje y las palabras muestran una cognición social, es decir, una interface entre el discurso y la sociedad (Van Dijk, 2009). Este registro de signos configuraba la concepción del mundo y las sensibilidades colectivas propias de un momento dado o de una realidad determinada, 


El general Ignacio Andrade
Por José Obswaldo Pérez

Introducción

El ocaso del partido Liberal Amarillo y su división en grupúsculos minoritarios fue no solamente un aspecto importante de la Historia Política de Ortiz, sino que abarca a otros espacios geográficos de finales de siglo XIX. Su caída es un proceso abordado desde la historiografía de las ideas; pero, también, desde el discurso y el poder, a través de una narrativa expresada en documentos primarios y, sobre todo, en las manifestaciones discursivas de las elites simbólicas, especialmente, de aquellos funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones de gobierno.

En el siglo que terminaba, el lenguaje y las palabras muestran una cognición social, es decir, una interface entre el discurso y la sociedad (Van Dijk, 2009). Este registro de signos configuraba la concepción del mundo y las sensibilidades colectivas propias de un momento dado o de una realidad determinada, mediante elementos constitutivos de la conciencia y de la acción humana. Los acontecimientos narrados marcan el fin de un ciclo histórico, cuyos hechos transcienden con la idea floreciente del lenguaje de la subversión, es decir, el lenguaje de la  política por otros medios como el lenguaje de la “revolución”, palabra imprecisa, pero de aprehensión colectiva con el significado de cambio positivo, de progreso y un mejor porvenir (Straka, 2011:93).

Al examinar las diferencias políticas, entre los sujetos sociales del oficialismo del gobierno andrecísta y los grupos de oposición del rojismo y el mochismo local, nos encontramos con un discurso político dominado por la intriga y la división, el fin de la” alianza de los caudillos regionales” que hizo posible la gobernabilidad de Venezuela, ahora acababa como simples montoneras.

En ese contexto narrativo, los episodios determinan  la valoración de  la  historia como producto cultural, tanto en la construcción verbal directa del discurso reconstructivo de sus representaciones mentales como a través de las fuentes documentales primarias- como el libro de oficio de la Jefatura Civil del Distrito Roscio de 1899 – sirviéndonos como material de información para mostrar tales acontecimientos (events) y extrayendo de ellos hechos históricos de discusión y análisis historiográfico que, al final, conjugan con las variaciones o cambios perceptibles de la dinámica vital de aquella sociedad en ciernes.


A las puertas de inestabilidad política
Era 1899, un año aún convulsionado políticamente. El asesinato de Joaquín Crespo, el 16 de abril de 1898, en la Mata Carmelera, estado Cojedes; la elección fraudulenta de Ignacio Andrade, en los comicios realizados ese año y la promulgación de una nueva Constitución por el reciente gobierno, abrían las puertas para una crisis nacional (Arraíz Lucca, 2007). A esto, también, se agregaría la muerte del expresidente Antonio Guzmán Blanco, en Paris, la cual se hizo conocimiento en toda Venezuela. Tanto en la capital como en las parroquias del distrito Roscio, se le guardó duelo por ocho días por tan sensible acontecimiento.

De modo que, estos hechos ponían al gobierno del general Ignacio Andrade en un escenario de inseguridad e inestabilidad. ¿Y cómo estas vicisitudes influyeron a nivel local y regional?  En efecto, en febrero de ese año, el general Ramón Guerra- aquel que había puesto preso al “Mocho” Hernández, ganando fama y prestigio por tal hecho- se alzaba en Calabozo. En los caminos y calles de pueblos de Guárico se levanta la campaña de la Revolución Liberal Restauradora. Por lo tanto, en la entidad llanera no era de extrañar que fuese también un foco de esas pugnas caudillistas entre los partidarios del gobierno y los opositores al régimen.

Uno de estos líderes guerrerista, Alejandro Lefebre, jefe de Operaciones del Distrito Roscio, se comunicaba con Isidoro Wiedeman[1] en Ortiz, el 21 de febrero, para manifestarle que la revolución comenzaba a cosechar triunfos en Guárico y Apure (Ruiz Chataing, 2010: 86). Pero, las acciones de Guerra marcaban con mal pie y presagiaba duras derrotas como la de Morrocoyes, cerca de Dos Caminos, entre las vías que conducen a Calabozo y Tiznados. “Es increíble lo que le paso a Guerra en Morrocoyes. Hasta a pie salió según me han dicho. Allí tenía todo su capital guerrero y ahora he sabido que la dispersión fue de tal naturaleza que probablemente no vera más los numerosos dispersos que cogieron para Tiznados y otros puertos”, cuenta el general Augusto Lutowsky, en comunicación enviada a Zoilo Bello Rodríguez, desde Calabozo, el 8 de marzo de 1899.

Como se ve la trama de estas luchas políticas tenía su escenario en el Distrito Roscio, cuya capital tenía su asiento en el municipio Ortiz. En este contexto surge una narrativa histórica en tiempo y espacio contemporáneo, cuyos indicios son extraídas de documentos primarios como se ha dicho. De esas correspondencias y telegramas, entre los funcionarios policiales del gobierno de Andrade y sus subalternos, donde se plasmaba un discurso político singularizado, cuyo contenido socio-simbólico subyacente (es decir, su base ideológica) se sustentaba en el control de la opinión y la orientación de comportamientos colectivos; pero, sobre todo, se buscaba la deconstrucción  de sus adversarios para frenar aquella inflexión de los “indignados” que tomaban las armas para restituir la legalidad. Esa otra pequeña historia de ambiciones, felonías y engaños conque terminaba el siglo y abría un nuevo tiempo para el periodo de los Andinos en el Poder.

Un Roscio prófugo
Aquel mayo de 1899, las autoridades policiales habían reclamado enérgicamente la captura de unos hombres que se habían fugado de la Cárcel Pública de Calabozo y que la ley los había calificado de criminales. Entre esos sujetos estaba el nombre de Ulbano Roscio[2], quienes los jefes militares y civiles buscaban desde hace mucho tiempo por parajes y lugares apartados de la periferia urbana. El texto que reclamaba a la autoridad de San Francisco de Tiznados, incitaba a no dejar impune el caso. Asimismo, la comunicación enviada al Jefe Civil de la Parroquia requería “medida serias” contra aquellos sujetos que infundían “terror” y “amenaza”, por lo cual se ordenaba la captura de Roscio y otros cuatro individuos que, en el texto, calificaban de “secuaces”. Se trataban de los ciudadanos Juan Colón, Eustaquio Arteaga y dos Ramón, Ceballos y Carrizales, respectivamente. En la referida notificación, el Jefe Civil del municipio Ortiz subrayaba:

“(…) no duda el suscrito que U. apercibido de los grandes deberes que le impone el carácter de primera autoridad de ese Municipio, procurara dejar satisfecha la vindicta pública ultrajada por la impunidad que quieren atribuirse esos criminales”.

Al parecer la inteligencia policial había visto “merodear tranquilo” a Roscio y sus compañeros en el Caserío Platillón, al  noroeste de Guárico, cerca de San Juan de los Morros, según informe de personas fidedignas. La medida judicial se llevó a cabo; el primero en capturar fue Ramón Carrizales, quien fue entregado a las órdenes del Juez de Primera Instancia Criminal de Calabozo.

Luego, correspondió a Roscio, quien era prófugo de la justicia. Había sido recapturado y enviado a Calabozo, el 30 de mayo. Más tarde, Roscio y Carrizales fueron sobreseídos de los cargos por el Juez de Primera Instancia Criminal, el 28 de junio de ese año. Mientras los otros sujetos, el gobierno seguía en su búsqueda.

Opositores con ideas revolucionarias
En un mensaje dirigido al presidente del estado en Calabozo, el Jefe Civil de San José de Tiznados, Comandante Manuel Rachadell, informaba sobre individuos que “sustentan ahí ideas revolucionarias”. Citando a José Nieves, José Gregorio Zapata, los hermanos Ramón y Manuel Herrera, Vicente Páez y otros que “sirven para reclutas”.

Sin embargo, las denuncias recaen sobre los sanjosedeños José Gregorio Zapata y Teófilo Herrera. Según, las autoridades de la parroquia observan una “conducta hostil a la paz pública”. En otro despacho dirigido al Jefe Civil de San José de Tiznados, por el Jefe Civil del Distrito Roscio, la autoridad se extrañaba que, en dichas denuncias del 20 de junio, no figuraran José Nieves, los hermanos Ramón y Manuel Herrera y otros indiciados calificados de propagar “ideas de planes subversivos contra el orden pública[3]. Sin embargo, la superioridad civil del distrito instaba al comandante Rachadell a que no “(…) pierda de vista a esos individuos y al tener pleno conocimiento de que intentan hacer armas contra el Gobierno redúzcalos a prisión como es de su deber…

Según los informes de una red de inteligencia del gobierno, compuesta por comisarios de caseríos y jefes civiles de las parroquias, las acciones conspirativas tenían su epicentro en los Tiznados, específicamente, en la Sierra Alta de esa cuenca; entre los sitios de Guanaire y San Pablo de Camobé, donde se estaba conspirando contra el gobierno. Había presunción de que los generales Francisco Esteban Rangel y Antonio Rodríguez Orozco estaban confabulados “en su propósito revolucionario contra el Gobierno”.

Las autoridades habían ordenado al oficial Manuel Ramón Núñez, la captura del telegrafista Antonio del Nogal, en San Juan de los Morros; al parecer involucrado en ideas y planes subversivos contra el Gobierno y el comisario mayor de Palacios-caserío cercano a Ortiz-,  tenía instrucciones de apresar al General E. Chalbaud Cardona, de Mérida, a quien la policía describía fisonómicamente como “catire, ojos verdes, poco bigote, ninguna barba, delgado, estatura mediana y cojo de una pierna”.

En San José de Tiznados, el Jefe Civil Manuel Rachadell insistía en acusar a los sospechosos, mientras el gobierno había suministrado a esta parroquia armas y municiones a sus funcionarios. En un oficio del 06 de septiembre se hace referencia del envío de 25 mosquetones y mil cápsulas.

Las acusaciones de Rachadell, contra aquellos ciudadanos de San José, llegaron a la prensa. La Voz del Guárico – en edición de julio- reseñaba que los acusados de conspirar habían manifestado su adhesión al gobierno de general Andrade. Pero,  estos sujetos denunciaban y rechazaban al jefe civil de allí, por cuanto los acusaba de “revolucionarios” y, al mismo tiempo, practicaba coerción y violencia contra ellos. Desde luego, el gobierno de Celestino Peraza se distanció de los métodos “ilegales” de Rachadell y convidó al funcionario a utilizar “las vías judiciales si se cree con derecho contra aquellos firmantes[4]. E igualmente, la autoridad civil de Roscio manifestaba sus diferencias con el Comandante Rachadell, “(…) No es ajustado el procedimiento del jefe civil, pues el ejecuta actos no ordenados por esta jefatura y que ni siquiera se tienen conocimientos de ellos”.

Persecución a los mochistas
A finales de julio de 1899, se encargó de la presidencia del Guárico, el General Francisco Manuitt, hijo, en sustitución del General Celestino Peraza, quien se había separado del cargo por motivos de salud. Entre sus medidas de seguridad ordenó, en el mes de agosto, arrestar a los principales mochistas del Distrito Roscio, y remitirlos a la ciudad de Calabozo. “No debe U. por ningún respecto tener con ellos contemplaciones, puesto que los conozco a todos…”, señalaba en un telegrama dirigido al Jefe Civil de Ortiz.

Las órdenes se comenzaron a cumplir. En San Francisco de Tiznados se remitió la captura del general José Gómez, de San Casimiro, a quien fisonómicamente describen como un “hombre pintado de canas”. A las celdas de la cárcel pública de Ortiz empezó a llegar los presos políticos. Entre los que se encontraban: Antonio Brandgy y Luis Tomás Rojas Caballero[5], considerados por la autoridad distrital de no ser de ninguna significación, pero que debía estar encarcelados por órdenes superiores. Otros de los capturados, considerados por razones políticas, fue Pedro Antonio Carbonell[6], enviado a Caracas, “en calidad de preso”, bajo la conducción de un oficial y una cuadrilla de hombres.

La lista de encarcelados crecía, al tiempo que se  ordenaba reducir a prisión a los adversarios del andrecismo. Pero, en esa lista también caía gente no vinculada con los planes subversivos como en el caso de Nicomedes Gamarra, a quien se le creía perjudicial, asimismo al ciudadano Cosme Flores, a quien buscaban en San José de Tiznados y era acusado de ser un “propagador de noticias perjudiciales al gobierno”.

Sin embargo, en un oficio de septiembre, el jefe Civil del Distrito Roscio informaba al presidente de República, Ignacio Andrade, sobre la situación  de “completa paz” en que se encontraba su jurisdicción, pese a los rumores

El fin del andrecismo

Los indicios eran determinantes. Las conspiraciones continuaban creciendo en  el contexto del municipio y áreas geográficas adyacentes, algunos funcionarios andrecistas se estaban pasando a la causa restauradora. El complot, ahora, era en el seno del gobierno. “La situación es caótica. Conspiran los liberales, los nacionalistas, los generales, los civiles, los Ministros”, escribe J.R Velásquez, en su obra La caída del liberalismo amarilla.

El movimiento revolucionario, como una célula conspirativa, había captado muchos adeptos en sus filas. En el mes de septiembre, los rumores y las noticias telegráficas eran concluyentes. En San Juan de los Morros se hablaba de un alzamiento liberalizado por Rafael Carabaño; la misma situación se presentaba en Flores. Las fuerzas sediciosas se habían organizado en San José de Tiznados, en los sitios Paraima, Las Garzas y Santo Domingo, donde habían reunido un grupo de 400 hombres.

El  17, el jefe Civil  pone en sobre aviso a Cándido Vásquez, quien vive en Sabana Redonda, sobre las prácticas de los revolucionarios “que merodean sobre la Sierra”. Le advierte que no se deje sorprender, que ponga mucha vigilancia “por estar su  casa de habitación avanzada sobre una vía interesante”.

Entre las acciones “subversivas” estaban los ataques contra los postes del tendido telegráfico.
                        

Apuntes finales
Los hechos de esta lectura del año 1899, en una escala menor, nos han  permitido apreciar conspicuamente la acción de unos sujetos sociales involucrados en este interciso del tejido político-social orticeño. Pero, a la vez, nos muestran que el discurso político tiene sus referencias dimensionales extra-lingüísticas como se observa a  través de las configuraciones de los actores y las palabras materiales e ideológicas del poder institucional. En tal sentido, al revisar estos acontecimientos mediante el análisis del discurso histórico sobre la base de nuestro pasado político y militar, implicaría un nuevo abordaje historiográfico sobre la forma de hacer Historia de las Ideas y de las Mentalidades en un espacio local que, a todas luces, comenzaba a sufrir los cambios de una nueva era  o, por lo menos, un reacomodo de sus hombres con su tiempo.



[1] Se trata del hombre a quien se le acusaba de asesinar a Crespo, de un disparo en el corazón, a causa de un enfrentamiento por un insulto que él le profirió a éste durante el combate de la Mata Carmelera, en Cojedes. La información fue suministrada por su asistente, el comandante Andrés Velásquez, en una entrevista concedida al diario El Luchador, en Tumeremo, el 19 de julio de 1952. Ver también ARMAS CHITTY, J.A DE (1978). “El Mocho” Hernández. Papeles de su Archivo, p.63; ANDRADE, IGNACIO. ¿Por qué triunfo la revolución Restauradora?, pp 34-35 y Memoria de la Corte Federal  y de Casación. Caracas: Impr. Nacional, 1937; p.568.
[2] El doctor Adolfo Rodríguez  nos habló de este personaje y nos dijo que había escrito sobre él en un artículo publicado en el diario El Nacional de Caracas. No hemos podido conseguir más datos sobre la vida de este personaje que debió ser mestizo e hijo de esclavos.
[3] JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Telegrama para el Jefe Civil de San José de Tiznados, junio 28 de 1899. No.198.
[4] JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Telegrama para el Jefe Civil de San José de Tiznados, julio 26 de 1899. No.126.
[5] Luis Tomás Rojas Caballero vivía en Parapara, en el sitio denominado La Candelaria.
[6] Pedro Antonio Carbonell fue hijo de Don Juan Francisco Carbonell y Doña Francisca de Jesús García. Carbonell García casó en Ortiz con Rosario Ramos, el 3 de mayo de 1885.


Bibliografía consultada

Fuentes primarias

JEFATURA CIVIL DEL MUNICIPIO ROSCIO. Libro de oficios. Distrito Roscio, 1899.


Compilaciones documentales

ARMAS CHITTY, J.A DE (1978). “El Mocho” Hernández. Papeles de su Archivo. Caracas: Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela.
ARRAÍZ LUCCA, RAFAEL (2007). Venezuela: 1830 a nuestros días. Caracas: Editorial Alfa.
CONGRESO NACIONAL. Recopilación de leyes y decretos de Venezuela. Volumen 25, p. 97
ESTEVES GONZÁLEZ, EDGAR (2006). Las guerras de los caudillos. Caracas: Editorial CEC. SA. Los libros del El Nacional.
RUIZ CHATAING, DAVID (2010). Ignacio Andrade. Caracas: Biblioteca Biográfica Venezolana. Libros de El Nacional.
STRAKA, TOMÁS (2009). La república revolucionaria. La idea de revolución en el pensamiento político venezolano del siglo XIX. Caracas: Instituto de Estudios Políticos. Revista Politeia.No.43, Vol.32; pp.165-190
STRAKA, TOMÁS (2011).¿ Ha ocurrido una revolución en Venezuela?. Debates IESA, Vol. XVI, No.2, pp.92-95
VAN DIJK, TEUN A (2009). Discurso y poder. Contribuciones a los Estudios Críticos del Discurso. España: Editorial Gedisa.
VELÁSQUEZ, J.RAMÓN (1973). La caída del liberalismo amarilla. Tiempo y drama de Antonio Paredes. Caracas: Cromotip.


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