viernes, diciembre 21, 2018

Crónicas para los pascuenses de antier, ayer y siempre.

Nosotros, sí es verdad que disfrutamos, aprovechamos lo que en el idioma ingles llaman confort y en italiano dolce vita, nuestra generación que ahora está entrando al bullpen para enfrentarnos con la muerte, ha sido la más privilegiada de la historia de la humanidad, nunca cargamos agua en la cabeza, ni cortamos leña, ni salimos a tientas de noche para el escusado de hoyo, mucho menos soplamos candela ni viajamos a caballo o a pie. 



Por Franklin Santaella Isaac
Si nuestros padres dieron un salto como ninguna generación anterior pudo darlo en el orbe; pasando del fogón de leña a las cocinas a gas (después de un breve tránsito por el kerosene); de las lámparas de carburo al alumbrado público; de la plancha de brasa a la eléctrica; de los barriles de madera al acueducto urbano, del empedrado al macadán y el asfalto, del burro y el caballo al automóvil; de la totuma a la regadera; del corre ve y dile al teléfono, y el telégrafo; del posta al correo; de las tertulias y teatro domestico al televisor y el cine, del cuatrico chinchorrero al disco de acetato. Si dejaron de pilar maíz para luego sancochar y amasar la arepa, asándola en un budare, a la vertiginosa, y ahora escurridiza, harina pre cocida, sin que hablemos de la quinina, el permanganato de potasio, el éter, las píldoras del Carmen, el jarabe de escorzonera y la fregoza.

Nosotros, sí es verdad que disfrutamos, aprovechamos lo que en el idioma ingles llaman confort y en italiano dolce vita, nuestra generación que ahora está entrando al bullpen para enfrentarnos con la muerte, ha sido la más privilegiada de la historia de la humanidad, nunca cargamos agua en la cabeza, ni cortamos leña, ni salimos a tientas de noche para el escusado de hoyo, mucho menos soplamos candela ni viajamos a caballo o a pie. Con la añadidura de que disfrutamos también de lo bueno del pasado inmediato, nuestro pueblo bucólico, con sus casas solariegas y sus patios sembrados de guayabas, granados, ciruelas, pomarrosas, mamones, lechosas y tantos otros, donde nos disputábamos con los azulejos, turpiales, cristofué los dulzores de sus frutos. ¡Quien no probó las empanadas de Rafaela Santos!, ni picó troya con un marcialero, o elevó al firmamento los policromados papagayos provistos de largas colas de retazos, (algunas veces con hojillas para cortar el hilo de los contrincantes del barrio vecino). Quien no recuerda las pegas a la salida de clases, los gladiadores favoritos: El Chato Morales, Pinto, Imachi que retaban o eran retados a diario y se batían en duelo limpio, donde era pecado utilizar armas incluyendo palos piedras o tierrita en los ojos del contendor, en esas justas nunca se le pegaba al rendido o al caído; las caimaneras con pelotas de trapo, los desafíos de metras donde además de la habilidad para lanzar la canica se requería la rapidez mental para pedir o barajar jugadas: …Pido saque, barajo uñita. Los portones abiertos hasta las nueve de la noche, las siestas del mediodía, las calles desiertas y el silencio a veces interrumpido por el pregón del muchacho, pantalón corto, que ofrecía suspiro, torta y bizcochuelo con su cantico melancólico y su azafate al hombro.

Cuanto influyó en nosotros el cine Manapire y sus series en vermut y matiné, muchos quedaron para toda la vida con los remoquetes inspirados en aquellos personajes del celuloide: Mauricio Rosales (a) El Rayo, Capulina, Pecos Bill, Jalisco, Pichirilo, Bamby. Los más añosos recordaran la venida de Pedro Infante en 1949. ¿Quién no escuchó los parlantes de cine Paraíso con las rancheras de Jorge Negrete y los tangos de Carlos Gardel y Libertad Lamarque? ¿A quién no fascinó el advenimiento de la televisión con su de coaxial de escalerita y los programas, el Show de las doce presentando artistas nacionales e internacionales. ¿Quién no disfrutó viéndole las pantaletas a las bailarinas de Yolanda Moreno en el retablo de Maravillas?.

Como disfrutamos las calles recién pavimentadas vedadas al paso de vehículos mientras fraguaba, (cuestión de meses), las excursiones a la laguna del pueblo a bañarnos y visitar a María Casquito en las bicicletas que Toledo nos arrendaba a bolívar la hora.
Luego la juventud que pudo tener carro o lo robaba al papá, donde nos apiñábamos, sin discriminaciones de ninguna naturaleza, para asistir a los encuentros deportivos o a las terneras en las fincas aledañas, o en las noches, a jugar bolas en los botiquines de la periferia, poult y billar en los centros como el Deportista, el Tony Club o a dar serenatas en las ventanas de la chica que nos quitaba la calma, para terminar la jornada en la parrilla de Cunaguaro o la arepera de Ponce o del mastranto y una que estuvo en la esquina de la Paraíso con Atarraya, frente a la farmacia de Goyo Goyo.

Las muchachas, por su parte, tenían menos radio de acción, organizaban los picoteos, con long play de Andy Willian, Elvis Presley, Henry Stephen (Limonero), el Trio Venezuela (Magia Blanca); Los Naipes (Era Ella) y las fiestas de los locos en Rancho Criollo y El Palacio Rojo.
Escuchaban, en sus tocadiscos Zenit los discos R.C.A Víctor, a Los Panchos, Las Cuatro Monedas, Chucho Avellanet (Jamás te Olvidaré), Leonardo Fabio (Hoy Corté una Flor, Ella Ya Me Olvidó).

Estrenaban los domingos e iban a lucir los estrenos en la misa, asistían a las patinatas para echarse ojitos con la conquista y comer arepitas dulces abombadas con queso rallado por encima, aceptaban las invitaciones del cucarachón al cine o a pasear por las veinte calles del pueblo en compañía de chaperonas o chaperones, por lo general, la tía vieja o el hermanito menor más celoso quel carajo. Algunas formaban parte de los equipos de boli ball y por supuesto Reinaban en todos los eventos. Los padres se ocupaban más de ellas daban en su honor las fiestas de quince años, algunas con La Billos o Los Melodicos, organizaban los paseos a la playa o a los hatos en carnavales y semana santa.

Después vino la diáspora, hembras y varones marchamos a Caracas y otras ciudades para asistir a la universidad o buscar oportunidades, muchas familias se mudaban enteras para acompañar a las muchachas en esa etapa, los machos parábamos en casa de un pariente o en una pensión, nuestra generación dio muchos profesionales y profesionalas, militares, empresarios, políticos, músicos, artistas, literatos, hombres y mujeres de negocios, banqueros, mesoneros, porteros como Ramón López, quien fue una de las víctimas en el bombardeo de Miraflores en 1958, mecánicos, estilistas, modistos, etcétera, que nos diseminamos por la patria y por el mundo cosechando éxitos y emprendiendo, a la vez, el mandato divino de procrearnos y perpetuar la especie.

Hoy nos reagrupamos una pequeña representación de esa cohorte, para recordar con alegría aquellos tiempos y disfrutar el más grande de los placeres de la vida: ¡El placer de vivir!

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miércoles, diciembre 19, 2018

El telescopio y el primer taller fotográfico de Ortiz




En medio de una retórica y una prosa incendiaria de marcado acento político; enfrascado en luchas intestinas por la toma del poder; en este ambiente que, a su vez, es una realidad social aparece el periódico El Telescopio, el cual fue fundado el 1 de marzo de 1895.


Por José Obswaldo Pérez


Introducción

A finales del siglo XIX, Venezuela celebra apoteósicamente el Centenario del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre (1795-1830), en un reconocimiento tardío a sus cualidades de victorioso estratega militar, magnánimo gobernante y virtuoso ciudadano, quien rindiera su vida, vilmente asesinado, en aras de su ideario republicano (Salvador González, p.210). Con motivo de tal efeméride, el gobierno del presidente Joaquín Crespo organizó unas pomposas fiestas públicas, puntuales en Caracas; pero que se extendieron por todo el país. Estas actividades no sólo se centraron a la promoción de ornatos públicos sino también acciones culturales y políticas. De modo que bajo estas premisas surgió la fundación de un periódico que tuvo como nombre subjetivo El Telescopio, el cual tenía como objetivo promover el desarrollo de los municipios Ortiz y El Sombrero. Su contextualización histórica se ubica en un momento cuando el país y nuestra entidad regional vivía tiempos azarosos, en medio de una retórica y una prosa incendiaria marcada con acento político; y enfrascada en luchas intestinas por la toma del poder.

Fue su editor y administrador Francisco Paredes Rondón[1], durante casi un año. Luego, en su segunda época, en el año de1896 se encargó de su dirección el periodista y poeta Agustín Ruiz, con nuevas condiciones editoriales. Ahora, el periódico salía cada cuatro veces al mes, los días viernes de cada semana. Su suscripción mensual costaba 50 céntimos.
Ruiz fue corresponsal de El Microbio de Villa de Cura en 1895 y, en ese entonces, denunciaba en el periódico que el pueblo de Ortiz se hallaba en mal estado; además, el Concejo Municipal no se reunía y el cementerio se encontraba descuidado y en malas condiciones.
Manuel Aquino anota, en sus artículos periodísticos Históricas de El Sombrero, la comunicación dirigida por el ciudadano don Rosendo Martínez a la Cámara Municipal del Distrito Bruzual, el 11 de enero de 1895,  solicitando ayuda económica para fundar El Telescopio. El ayuntamiento le respondió acordando la cantidad de 16 bolívares mensuales.
En el periódico se destacaban los escritos de Olegario R. Polanco y Ricardo Montilla Barón, entre otros jóvenes escritores locales. En su edición del 1 de marzo de 1895, el editorial se titulaba “Prospecto”. Trae la noticia sobre la presentación teatral de “cinco niñas vírgenes” en un performance que representaba a las cinco naciones libertadas por el Padre de la Patria, con motivo de los actos celebrados en el Centenario de Sucre. Las actoras eran escolares del Colegio Privado de Señoritas que dirigió el Doctor Juan Bautista Franceschini, párroco de Ortiz. Por lo menos, el nombre de cuatro jovencitas podemos distinguir de la copia que poseemos. Ella son: Cristina Paúl (Venezuela), Beatriz Rodríguez (Colombia), Julia Mercedes Reyes (Perú) y Rosalía Ramos (Bolivia).No faltó una que no pudimos visibilizar por lo borroso del papel.
En una edición de septiembre de 1896,  El Telescopio informa la creación de la Sociedad Patriótica Obrera, en San José de Tiznados. Esta sociedad se estableció en la casa de Juan Pedro Bolívar,  el 19 de septiembre de ese año, la cual fue presidida provisionalmente por Rafael M. Rodríguez Arana  y su Junta Directiva se conformó de la siguiente manera: Presidente, Juan Pedro Bolívar; vicepresidente, José R. Herrera; vocales, Ángel Donaire Rivas y Santana Páez; y el secretario y subsecretario fueron: Rafael M. Rodríguez Arana y Juan J. García C. Dicha organización tenía como propósito la reparación del templo.
También, el periódico anuncia sobre los estragos de un famoso ladrón llamado “Mono negro”, quien robaba los hatos cercanos de los Tiznados y había puesto en jaque al jefe civil de la parroquia, Anastasio Padrón. Igualmente, la publicación trae sobre funciones teatrales en Ortiz, los días viernes, sábado y domingo. Entre las obras de escena se anunciaba: “El hombre es débil” (zarzuela) y “Los andaluces”.
En su edición del 21 de mayo de 1897, se halla un artículo editorial titulado “Calumnia no triunfa”, en la que el impreso expresa:
“En la lucha de las ideas, las armas deben ser iguales y los golpes nobles.
“Las ideas honrosas son legítimas de los cerebros dignos. Ellas son refundidas en la prensa y esa prensa ocupe elevados puestos entre las principales potencias políticas de las naciones, no pueden ni violar las concesiones de aquellos, ni aún tampoco reprocharle.
“El origen de una lucha encierra grandes problemas que ocultan el misterio; y el intricado porvenir es el único que con perfectos derechos pueden darles soluciones.
(…)
“Las calumnias lanzadas a la voz de la publicidad sólo hará enardecer más y más nuestros ánimos y puede ponernos al combate.”
En esa misma edición, se encuentran los pronunciamientos políticos de los habitantes de Parapara, con fecha del 27 de abril de 1897, donde se da a conocer una larga lista de vecinos. También, hay una pequeña crónica sobre la construcción de la Iglesia de la Parroquia de Las Mercedes: “La Capilla de Las Mercedes-adelantadísimos están los trabajos de este edificio sagrado. El lunes de la presente semana le fueron colocadas las puertas y diariamente continúan las actividades ejecutadas en las obras…”
El primer taller fotográfico.
Si no hubo otro, debió ser Olegario R. Polanco el primer fotógrafo de Ortiz, al montar el primer taller fotográfico de la localidad, Al menos lo rescata el periodista y educador Ricardo Núñez, en un artículo publicado en El Progreso de Calabozo, a quien describe como “un joven de excelentes prendas y artista de talento”.
El taller fue fundado en 1884 y con apenas un año de labor, el joven Olegario se aplicaba generosamente en la profesión y alcanzó adquirir fama en la región, llegándose a comparar como distinguido discípulo de Navarro y Ponottini, consumados maestros de la fotografía mundial.
Olegario Ramón Polanco fue nativo de San José de Tiznados, hijo natural de Reguilda Polanco. Casó en su pueblo natal  el 25 de mayo de 1883 con la señorita Lestenia Rachadell, hija legitima de Manuel y Elisa de Rachadell. De este matrimonio fueron hijos suyos: Arturo Ramón, nacido en 1888 y fallecido en Ortiz, a los 24 años, en julio de 1912; María de la Cruz, fallecida en Ortiz, a los 22 años, el 23 de diciembre de 1910 y María Reguilda, fallecida a los 18 años, en enero de 1909.
Decía Núñez Gómez que tenía conquistada “una reputación que le enaltece y promete ser, no muy tarde, digno alumno de aquellos inteligentes profesionales…” Por otra parte, el  joven Polanco llegó a ser un inquieto escritor y poeta local. Parte de su obra está plasmada en las páginas de El Telescopio de Ortiz.
Otro estudio fotográfico que hubo, en Ortiz, a finales del siglo XIX, fue el de  Ascensión Molero. Este establecimiento había comenzado a funcionar primero en la Ciudad de Calabozo.




[1] Hijo legítimo de Carmelo Paredes y Felicita Rondón. Fue político,  funcionario público, concejal y maestro de escuela.

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lunes, diciembre 17, 2018

Recuerdos de un Guárico productor y productivo




El entusiasmo comenzaba con los primeros aguaceros. Tractores de arado de la tierra y de riego del abono y de la urea se cruzaban en medio de una intensa polvareda. Las máquinas de sembrar cumplían su labor. Los camiones cargando el abono y la urea iban y venían en ringleras continuas, cada uno con varios acarreadores..Se movía dinero pagando mano de obra, fletes y servicio a los medios de transporte
Foto Archivo
Por Misael Flores

Cuando en Venezuela florecía la agricultura, y la ganadería de doble propósito pastaba y retozaba en las sabanas de mi tierra, de mi país y de mi estado Guárico en particular, daba gusto ver esas grandes extensiones de dorado sorgo cubriendo grandes partes de nuestro territorio. El movimiento de aviones fumigadores contra la mosquita, el gusano barredor o cogollero, entusiasmaba. Las cosechadoras y los camiones transportando el grano a la red de silos de la agroindustria o de particulares, para convertirlo en alimento concentrado para animales, daba una nota de progreso seguro a los miles y miles de hombres y mujeres que trabajaban el campo.

El entusiasmo comenzaba con los primeros aguaceros. Tractores de arado de la tierra y de riego del abono y de la urea se cruzaban en medio de una intensa polvareda. Las máquinas de sembrar cumplían su labor. Los camiones cargando el abono y la urea iban y venían en ringleras continuas, cada uno con varios acarreadores..Se movía dinero pagando mano de obra, fletes y servicio a los medios de transporte. Los centros comerciales, grandes y pequeños, vendían. Se conseguía de todo, sin hacer colas. Aquella era otra Venezuela.

La gente ganaba dinero para comprar comida y ropa, así como sus artefactos eléctricos, sus equipos de sonido y echarse sus tragos. Eran bastantes los que compraban sus carros...Los jóvenes de hoy pueden preguntárselo a sus padres.

También era placentero ver aquellos verdes maizales, de kilómetros y más kilómetros de extensión..Nubes de guaros y pericos caían sobre ellos a saciar su apetito. Igual hacían monos y araguatos. Y los que le gustaba comer cachapas de maíz ajeno jamás faltaban.

En tiempos de cosecha, sobre el dorado sorgo caían inmensas nubes de negros tolditos. Y de guacharacas en los sembradíos cercanos a arboledas, o en los llamados rompe vientos. Esos animalitos aprovechaban para llenar sus buches…Las enormes cosechas daban para todo.
Después de aquellas grandes sequías que ocasionaron la muerte de casi toda la ganadería bovina y equina de la región, los rebaños se recuperaron y (valga el término) floreció una gran ganadería de doble propósito….Hoy, tanto la producción de cereales como la de animales de carne y leche se han venido a menos.

A la par del sorgo y el maíz, el Guárico compartía con el estado Portuguesa el primer lugar de producción de arroz. Lamentablemente el Sistema de Riego del Río Guárico va en creciente merma. La represa que lo alimenta, y pone en movimiento, sufre de los embates de una sedimentación progresiva, hasta el punto que en el pasado verano casi se secó, tiempo que ha debido aprovechar el gobierno para dragarla, única manera de rescatarla y evitar la corta vida que la amenaza.


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sábado, diciembre 15, 2018

El Negro Primero: símbolo y divagación


El cronista de El Sombrero, don  Manuel Aquino, lo imaginaba nativo de El Calvario, actual Estado Guárico, basándose en pesquisas del historiador León Manuel Morales para quien el esclavo Pedro Camejo pertenecía a la familia Rodríguez Camejo y había militado a las órdenes del batallón de Caballería “Lanceros de Calabozo” comandado por el jefe realista Ruperto Delgado González, antes de incorporarse en 1816 a los Bravos de Apure. 


Por Adolfo Rodríguez

Son pocos los datos existentes sobre la vida de Pedro Camejo, llamado El Negro Primero. Sin embargo ha pasado a ser un símbolo de la historia venezolana gracias a la mención que hace Páez de su ingreso al ejército patriota y la presunta despedida ante su jefe en la batalla de Carabobo, referida por Eduardo Blanco. Otro comentario lo hace el Pbro José Félix Blanco. Situaciones en las que se puede destacar la lealtad a toda prueba, su concepción de la guerra como medio de vida, ausencia de una noción sobre las causas emprendidas. Detalles a los que se suma a vaguedad en cuanto a un sitio definitivo para asociarlo con su nombre. 

Sólo abundan conjeturas:

El cronista de El Sombrero, don  Manuel Aquino, lo imaginaba nativo de El Calvario, actual Estado Guárico, basándose en pesquisas del historiador León Manuel Morales para quien el esclavo Pedro Camejo pertenecía a la familia Rodríguez Camejo y había militado a las órdenes del batallón de Caballería “Lanceros de Calabozo” comandado por el jefe realista Ruperto Delgado González, antes de incorporarse en 1816 a los Bravos de Apure. En tanto que Méndez Echenique como Olman Botello sostienen que su lugar de nacimiento es San Juan de Payara, por deducciones derivadas de la información  existente en la Sección de Próceres de la Independencia en el Archivo General de la Nación. Para el historiador Eduardo López Sanvoval habría nacido en Calabozo.

Hubo quienes ubicaron sus orígenes en Chaguaramas, por el busto que conemmora a otro Camejo, Camejote, José Camejo, quien fue un destacado caudillo en guerras subsiguientes a la Federación. Es posible advertir la numerosa descendencia que dejó en la zona, con nombres que trascienden, incluso a nivel nacional. El doctor Ovalles lo incluye en su libro “Llaneros Auténticos” refiriendo el encuentro con el Presidente Guzmán Blanco, en que Camejo se colocaba la mano en la boca para que no le salieran malas palabras. En Chaguaramas y Las Mercedes  recogí anécdotas sobre este personoje, entre otras una prudente retirada que hizo hacia un cerro durante una batalla porque “Camejote no expone su barriguita”.

Era autoridad civil y militar de Chaguaramas en 1879.

A lo cual se agrega el dato curioso de que, efectivamente, hubiese un Pedro José Camejo, prócer de la independencia, nativo de Chaguaramas, pero que no fue El Negro Primero, ya que aquel fallece en El Socorro  hacia 1906 teniendo 115 años de edad. Un testimonio remitido ese año por Ramón Solórzano Gómez, desde Valle de la Pascua,  lo hacía uno de los 150 de las Queseras del Medio y, para mayor sorpresa, se había alistado a las órdenes del Negro Primero, participando las batallas de Mata de la Miel, El Yagual, Mosquiteros, Carabobo. El informante dice haberlo encontrado haraposo y paralítico de un  brazo. Envió foto a El Constitucional, que publicó en su edición 1540 del 30 de enero. Aunque el periódico Región del 16.1.1981, trae un dibujo. El Presidente Cipriano Castro instruyó para que se le enviara 4 mil bolívares.  . 

De esos capítulos de nuestra historia que permanecen, como decía De Armas Chitty, en un clima de sombra.  


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miércoles, noviembre 28, 2018

Mariología y la lucha malárica en Ortiz

Cuando las ruinas pregonaban su decadencia, en las esquina de las calles Sucre y Las Mercedes, frente a un ángulo de la Plaza Bolívar, era construida la sede de la Estación de Mariología, donde hoy funciona la Medicatura Rural.


Campaña Antimalárica en Venezuela. Miembro dehttps://fuegocotidiano.blogspot.com/p/ediciones.html una cuadrilla identifica una vivienda en la que ha aplicado DDT, 1945. Foto En: Carlos Gottberg Imagen y huella de Arnoldo Gabaldón. Caracas: Intevep, 198

Por José Obswaldo Pérez

En 1936 se inició el proceso de erradicar el paludismo en Ortiz, durante el gobierno del general Eleazar López Contreras. Fue durante esta gestión gubernamental cuando se avanzó hacia un proceso de modernización del Estado con la introducción de cambios y reformas estructurales. Es de notar que, dentro de las políticas sociales del gobierno, se crea el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social desde donde el doctor Arnaldo Gabaldón, Director General de Mariología, emprende un plan para erradicar el flagelo del paludismo. En esta acción, la institución mariológica envío a esta población una comisión integrada por el doctor Alberto Fernández, acompañado por los bachilleres Tarciso Arzola Falcón, Carlos Burgos Courlander y Ángel Viso Pittaluga, estudiantes de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quienes realizaron estudios sobre el índico esplénico y parasitario para determinar la magnitud de la malaria en el municipio. Estas investigaciones terminaron siendo tesis de grado de los jóvenes investigadores para optar el título de médico[1].


En el tercer trimestre de ese año se funda la Estación de Mariología de Ortiz, en una vieja casa ubicada en la esquina de la Plaza Bolívar, llamada La Figuereña, propiedad de don Domingo Rodríguez Moreno(Rodríguez,2005;p.A6). A esta estación se le asignó un presupuesto de 160 bolívares mensuales, para gastos de personal y funcionamiento. Dentro sus empleados contaban con varias visitadoras sociales, entre ellas, Lucía Herrera, quien atendía a los hogares con problemas palúdicos. Doña Benigna Lamas, repartidora de quinina y doña Cándida Rosalía Vegas, mejor conocida como Rasa Vegas, también visitadora social y repartidora de quinina.

El inspector Miguel Ángel Suarez durante 
en un extraordinario discurso pronunciado en Ortiz, 
con motivo de los 50 años de Mariología Zona XIII
(Foto Reproducción JOP)
De esta manera, la población se ve beneficiada con esta obra como parte de la política del Programa de Febrero de 1936 y el Plan Trienal de 1938 del gobierno del general Eleazar López Contreras. Un recuento histórico de esta Estación Mariológica nos lo refiere Miguel Ángel Suarez en un extraordinario discurso pronunciado en Ortiz, con motivo de los 50 años de Mariología Zona XIII y publicado en el Suplemento Cultural del Diario El Nacionalista, en su edición del domingo 12 de octubre de 1986. El autor nos cuenta aquel momento con prosa poética:

“Cuando las ruinas pregonaban su decadencia, en las esquina de las calles Sucre y Las Mercedes, frente a un ángulo de la Plaza Bolívar, era construida la sede de la Estación de Mariología, donde hoy funciona la Medicatura Rural. Fue el atisbar de épocas mejores. El punto de referencia para la historia del nuevo Ortiz. Era el presagio de tiempos libres de amarguras”(p.14)

De este documento, también, se puede extraer que su primer jefe  fue el inspector Viriato Silva, quien se establece con su familia en Ortiz. Pero, “al poco tiempo, lo vencen las condiciones adversas y solicita cambio” (Suarez, 1986; p.14). A comienzo del año 37, le sucede el inspector Roberto Escalona, quien en el mes de julio del citado año, fue transferido para la recién fundada Estación Mariológica de Villa de Cura. En su lugar, tomó posesión el inspector Miguel Ángel Suarez, quien fue designado para efectuar investigaciones oocisticas en anofelinos mediante exploraciones in situ y la recolección de zancudos para determinar la capacidad vectorial de los agentes transmisores del paludismo. Llegó a Ortiz, con 19 años de edad y permaneció en esta población por dos años hasta el 4 de junio de 1939.

En su estudio, Suarez detecta tres aspectos que afectan el plan antimalárico en Ortiz. El primero, los efectos secundarios que genera la aplicación de la vacuna antivariólica en los pacientes. Cuenta el funcionario que la aplicación de la inoculación era rechazada por algunos enfermos palúdicos. “La reacción producía fiebre que desencadenaba las recidivas o estimulaba los nuevos ataques maláricos, especialmente en los niños” (Suarez, 1986; p.15).

Segundo, la inoperatividad de la campaña de dotar de letrinas a las casas, debido a los escasos recursos de los habitantes, “ya que la capacidad económica de sus moradores apenas alcanzaba para medio comer”. Y tercero, los malos procedimientos utilizados en la denominada reconstrucción de Ortiz, llevada a cabo por una misión técnica agropecuaria del Ministerio de Agricultura y Cría[2]. Sobre este punto, Suarez se opone a este plan, ya que según él las obras de excavaciones era la “entrega por adelantado de las urnas a los sufridos moradores” y concluye que “fue el último golpe en el viacrucis de su aniquilamiento con los nuevos criaderos de anofeles excavados al lado de cada casa reconstruida” (p.16).

Al inferir el discurso de Suarez, se observa que existían dos planes que confrontaban en la denominada “reconstrucción de Ortiz”. El de MAC y el de Mariología. El primero, según el autor, había generado el fracaso del plan malárico, empujando los índices de mortalidad que, para el año de 1942, sólo en el casco urbano de Ortiz había 80 habitantes. Estas divergencias de políticas públicas merecen la consideración de un estudio aparte.

Por los momentos, la Estación de Mariología de Ortiz se dedicaba a realizar investigaciones epidemiológicas entre 1937 a 1939[3]. Durante esos tres años se implementaron acciones sanitarias, entre las cuales se mencionan: a) la introducción de cajas umbilicales (curetaje del ombligo de los recién nacidos) que según el inspector Suárez, parcialmente aceptaba la partera Díaz; b) el plan de tratamiento antimalárico en niños escolares recomendado por el profesor Boyd, de la Fundación Rockefeller, para la reducción del bazo, “tratamiento que ningún alumno pudo seguir con regularidad dado la frecuente inasistencia por los ataques febriles”.

Los inicios del resurgimiento: La llegada del DDT

Con la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt se continuó con la campaña antimalárica  y se crean regiones sanitarias, según decreto No.31 del 12 de noviembre de 1946. Una de las primeras entidades beneficiadas son las integradas por los estados Aragua, Carabobo y Miranda, además de los Distritos Nigua del estado Yaracuy y Roscio del estado Guárico, donde estaba incluido el pueblo de Ortiz (Rodríguez Dellán, 1973; p.51).

Para esta fecha, según el censo de 1941, la población municipal de Ortiz era de 1.353 habitantes, distribuidos en 423 en el centro urbano y 930 en las áreas rurales. El 60% del total de habitantes pertenecía a las zonas rurales. Su economía persistía rezagada y en condiciones desventajosas.

El 2 de diciembre de 1945, día del Panamericanismo, se inició el uso del DDT en Venezuela, mediante una campaña efectiva y sistemática en todo el país. Ortiz recibe los primeros rociamientos a principios de 1946, con la aplicación de este insecticida de acción residual al interior de todas las viviendas del área malárica con el fin de eliminar los zancudos y evitar que llegaran a ser infectantes.

Cabe destacar que el DDT (dichloro diphenyltrichloro ethane, por sus siglas en inglés) apareció en el mercado comercial en 1945 y se convirtió en una arma fulmínate para acabar con el paludismo. Se trataba de un polvo blanco y ceroso cuyas propiedades insecticidas fueron descubiertas en1939 por el suizo Paul Müller, quien trabajaba con la compañía alemana Bayer. Fue usado por primera vez en 1944 para controlar el tifus exantemático –enfermedad transmitida por la pulga humana–en el viejo continente y luego fue rápidamente utilizado para eliminar a los Anofeles (Cueto, 2016).

Su utilización no sólo tuvo asidero en el campo sanitario sino que se extendió al área agrícola hasta su prohibición en Venezuela, mediado de la década de 70, por efectos secundarios en los seres humanos y sus agentes contaminantes en el medioambiente.

Algunos historiadores, periodistas y escritores concuerdan en considerar que el resurgimiento de Ortiz comenzó realmente con la llegada del DDT. A raíz de este acontecimiento datos estadísticos demuestran los cambios demográficos que sensiblemente se observan en esta localidad post DDT, con el crecimiento poblacional y el impacto cuatro (03) variables circunstanciales las cuales dinamizan su economía, según la apreciación de Rodríguez Dellán: 1)Las reformas agrarias que inciden desde 1946 en las zonas rurales, 2) las inversiones capitalistas en el campo que contribuyen directa e indirectamente en la mejoría local y 3) la construcción de la Represa de Calabozo que permite generar a la afuera de Ortiz una explotación de piedra picada y granzón destinada a la obra.

Fuentes consultadas
COLMENÁREZ ARREAZA G Y COL (2008). Doctores en Ciencias Médicas egresados de la Universidad Central de Venezuela  desde 1785 – 2007. López JE, Briceño-Iragorry L, editores. Colección Razetti. Volumen VI. Caracas: Editorial Ateproca; pp.189-196.
CUETO, MARCOS (2016). La salud internacional y la Guerra Fría Erradicación de la malaria en México, 1956-1971. En: Históricas Digitales. Disponible en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/salud/internacional.html.
KIPLE KENNETHF (2003).The Cambridge Historical Dictionary of disease. EEUU: Cambridge University Press
OTERO SILVA, M. (1971). Casas Muertas. Editorial Salvat S.A. Primera edición.
PEÑA, L. (1986). La malaria y la diplomacia estadounidense en Venezuela (1941-1945). Tierra Firme. Caracas, Vol. IV. N° 13.
PEREZ, JOSÉ OBSWALDO (2017). La salud pública en Ortiz. Políticas gomecistas entre 1908-1927. Revista Electrónica Fuego Cotidiano.
RODRIGUEZ M, FERNANDO (2012).Semblanzas Orticeñas. Villa de Cura: Editorial Miranda.
RODRÍGUEZ, FERNANDO (2007).Los linajes Rodríguez y Viso de Calabozo y sus vínculos con Ortiz. En: Ponencias. II Encuentro de Historiadores y Cronistas de Venezuela. Calabozo-Guárico. Caracas: Miguel Ángel García e Hijo, srl; pp.199-203.
SUAREZ, MIGUEL A. (1986, 12 de octubre). Boceto para el último capítulo de Casas Muertas. Discurso pronunciado en Ortiz, en Homenaje a los 50 años de Mariología Zona XIII. San Juan de los Morros: Suplemento Cultural del Diario El Nacionalista, pp.13-18.


[1] Tarciso Arzola Falcón se gradúa de médico en 1936 con su tesis de grado “Índice esplénico de un sector del Distrito Roscio (Estado Guárico)”, Carlos Burgos Courlander se titula en la promoción Hospital Vargas 1938, con su trabajo de grado “La percutáneo reacción en las intolerancias arsenicales” y Rafael Ángel Viso Pittaluga, en la misma promoción, con el trabajo  “Contribución al estudio biológico del paludismo”. También, Viso Pittaluga, natural de Calabozo, es autor de la investigación “Estudio de la forma leucocitaria de los palúdico de Ortiz”(Colmenárez Arreaza G y col (2008);pp.189-196; Rodríguez,2007: pp.199-203).
[2] Esta misión inició sus actividades en Ortiz el primero de enero de 1944, según el diario oficial El Heraldo.
[3] Revista Venezolana de Sanidad y Asistencia Social (1960). Volumen 25, p.315.
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