jueves, junio 13, 2019

Manifiesto de adhesión en Valle de la Pascua al Partido de la Restauración Liberla. Año 1900

El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación. 




FELIPE HERNÁNDEZ G.

El panorama político del siglo XIX venezolano cierra el ciclo de agitados “movimientos revolucionarios” con la llamada revolución Liberal restauradora, insurrección conocida también con el nombre de Invasión de los 60 (23/05/1899---22/10/1899). El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación. Es el inicio de la hegemonía andina y el fin de la hegemonía del Liberalismo Amarillo.
Gobierno de la Restauración Liberal fue la denominación otorgada por sus partidarios al período de gobierno del presidente Cipriano Castro (22/10/1899---19/12/1908). En ese orden, en 1897 Ignacio Andrade es propuesto como el candidato oficial del gobierno del general Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1º de septiembre de ese año. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel “El Mocho” Hernández, quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. El triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación que desembocó en el movimiento insurreccional liderado por Hernández, conocido como La Revolución de Queipa o El Grito de Queipa (23/02 al 12/06/1898).
Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. El 16 de abril de 1898 una bala alcanzó a Crespo en la Mata Carmelera y acabó con su vida, llegando así el turno de los andinos. El general Cipriano Castro “El Cabito”, llegó a la presidencia y la ejerció hasta que enfermó y su compadre el vicepresidente Juan Vicente Gómez, esperó que saliera del país para operarse, ocasión que aprovechó para despojarlo de la presidencia.
Como consecuencia de la desaparición del escenario político del general Crespo, muchos caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al general Ramón Guerra, quien en su ejercicio como Ministro de Guerra, el 12 de junio de 1898 había capturado al Mocho Hernández, y posteriormente se alzó contra del gobierno de Andrade.
Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade durante su gestión administrativa, se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y hasta una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade es derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas.
El contenido ideológico del discurso de Castro no fue el gancho que atrajo adeptos para lograr sus planes y sujetarlos a su voluntad, el golpe de suerte lo obtiene gracias al desconcierto y la fractura de los pactos regionales logrados con Joaquín Crespo, así como los temores de las elites caraqueñas y regionales de perder su espacio político. Ante lo cual, el nuevo gobierno promete restaurar los principios liberales, vulnerados por la supremacía de los intereses personales, la corrupción y la violación de la Constitución (Pensamiento Político Venezolano, 1983, I, 50). Más sin embargo, este triunfo representó el inicio de una nueva etapa en Venezuela, en la que habrá un retroceso en la evolución de los derechos políticos.
Aún ante la adversa situación, en un acto de adulancia política, en Valle de la Pascua los munícipes aprobaron una manifestación de adhesión a los nuevos gobernantes y sus postulados, que copiada a la letra dice:
“En Valle de la Pascua, capital del Distrito Infante del estado Guárico, el día dos de noviembre de 1900, reunidos en el salón de sesiones del Concejo Municipal los ciudadanos concejales: Rafael Zamora Gil (presidente), Valeriano López Belisario (vicepresidente), Prudencio Herrera (síndico procurador), Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez y el secretario Benito Arias; habiendo ocupado los nombrados sus respectivos puestos, el Presidente, con suficiente apoyo propuso: Que en vista de que la Restauración Liberal, cuyos principios informan el credo político del partido, llevado a cabo en la práctica por el Benemérito Conductor, General Cipriano Castro, y tales demostraciones le habían hecho merecer la confianza del país, proponía se elaborase un acuerdo reconociendo a dicho General, Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela, y nombrar al efecto una comisión de tres miembros para redactar y presentar a la Corporación el referido Acuerdo. La Corporación nombró a los concejales Víctor Manuel Ovalles, Valeriano López Belisario y Benito Arias. El Presidente observando tener varios asuntos que tratar, convocó al Cuerpo para las 5/30 de la tarde con el carácter de sesión permanente. El concejal Prudencio Herrera propuso que se hiciese por Secretaría la participación de estilo al ciudadano Presidente Provisional del Estado Guárico [Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido], y demás autoridades respectivas, fue considerada y aprobada… Y no habiendo más de que tratar, se terminó el acto y firman: el presidente: Rafael Zamora Gil, vicepresidente: Valeriano López Belisario, síndico procurador: Prudencio Herrera, vocales: Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y el secretario: Benito Arias”.
En la siguiente sesión del mismo 2 de noviembre de 1900... la misma fue abierta con carácter de permanente, por el ciudadano presidente Rafael Zamora Gil, y de los concejales: Lic. Valeriano López Belisario, Víctor Manuel Ovalles, Prudencio Herrera, Carlos A. Naranjo, Arístides Manuitt Peraza, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y Benito Arias, secretario. Leída el acta de la sesión anterior, fue aprobada. El Secretario dio lectura al Acuerdo presentado por la comisión nombrada para redactarla, reconociendo al general Cipriano Castro, Jefe Supremo de la República, como Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela. “El Ciudadano Presidente lo sometió a la consideración del Cuerpo por si hubiese alguna observación que hacerle, quien manifestó estar conforme, fue aprobado por unanimidad. Seguidamente la Corporación resolvió: que el referido Acuerdo se le remitiese con nota especial al ciudadano Jefe Civil del Distrito, Gregorio Méndez Matos, para este elevarlo a conocimiento del Benemérito Jefe del País, por el digno órgano del Presidente Provisional del Estado Guárico, Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido; haciéndole conocer también, que la Corporación ratifica al Supremo Conductor de la Causa Liberal de Venezuela, los sentimientos de decidida adhesión que animan a la Municipalidad del Distrito Infante hacia su sabio y liberal Gobierno”. Puesta en consideración, fue aprobada. Y no habiendo más de que tratar, quedó terminado el acto, y firman: El Presidente: Rafael Zamora Gil. El Secretario: Benito Arias.
Una vez más, la historia nos enseña que es testimonio del tiempo, vida de la memoria, madre del presente y advertencia del porvenir.

*UNESR/Cronista del municipio Leonardo Infante
fhernandezg457@gmail.com

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sábado, junio 08, 2019

José Buenaventura Rondón Alayón, hombre de empresas y de pueblo

José Buenaventura Rondón Alayón




Por Misael Flores
Nacido en Altagracia de Orituco en el año 1.938. Hijo de una familia de humildes agricultores, José Buenaventura Rondón Alayón vino al mundo cargado de ilusiones y con metas precisas por alcanzar. La primaria y los primeros tres años de la secundaria la hizo en su pueblo natal, cuando toda la región del Orituco contaba con un clima de ensueños, al igual que San Juan de los Morros, donde la neblina padroteaba al sol y había que transparentarla con la mirada para poder posesionarse del húmedo paisaje que rodeaba a la ya capital del estado Guárico.

Ya de pantalones largos, en el año 1.953, se viene a San Juan de los Morros en busca de una beca para continuar sus estudios. Su solicitud fue negada y no le quedó otra alternativa que ponerse a trabajar, logrando ubicación en la ya existente Casa del BEBÉ, en la cual laboró durante 17 año Al retirarse cobró la cantidad de 12 mil 800 bolívares por concepto de prestaciones sociales, los cuales guardó con miras a iniciarse en cualquier negocio por su cuenta.

La Casa del Bebé fue puesta en venta y se presentaron tres compradores interesados en el negocio. Todos ellos estuvieron de acuerdo en hacer la operación. Y todos tocaron las puertas de José Buenaventura Rondón, requiriendo sus servicios para que se encargara de la parte operativa del establecimiento comercial. A los tres toques dijo que no. Quería trabajar por su cuenta, sin tener todavía nada claro sobre el particular. Los pretendientes desistieron. A la señora Eva Manuitt, propietaria de la Casa del Bebé, se le ocurrió ofrecérsela  en venta a Rondón, quien respondió que lo que tenía eran los 12 mil 800 bolívares que le acababan de liquidar por sus prestaciones y una casita que tenía en la calle Infante. El resto del compromiso lo cumplió satisfactoriamente. Y como él mismo dice: se puso a echarle pierna para salir adelante, venciendo todos los obstáculos.

José Buenaventura Rondón Alayón, Ya también con los pantalones largos como comerciante, compra la edificación en la avenida Bolívar, donde funciona su Casa del Bebé todavía. Y no se queda estancado allí. Ya le había terminado de pagar a la señora Manuítt y siguió creciendo como empresario con la propiedad de Kalita uno, donde puso a una sobrina a regentarla.

Este gracitano, de baja estatura física, pero de elevado perfil empresarial, en el año 1.990 adquiere la Casa Imperial. Lo hizo sin querer queriendo, porque no conocía este ramo de negocio. Pero el dueño de entonces se empeñó en que fuera él el comprador y le facilitó todas las condiciones para que así ocurriera, dándole todas las orientaciones necesarias para que saliera adelante. Así fue y lo antes que pudo le canceló toda la parte que le dio a crédito, quedándole eternamente agradecido. Y lo mejor del caso es que se enamoró de este tipo de negocios.

Este es un hombre sencillo y humilde en su forma de ser. Cristiano de verdadera vocación. Pertenece a la Sociedad Eucarística, al movimiento de cursillos de cristiandad y a la Sociedad Anti Cancerosa.

Siente satisfacción por el saludo cariñoso que mucha gente en la calle le tributa. No olvida que es un trabajador más, que atiende a su negocio en el mostrador, codeándose a diario con su numerosa clientela. Y también se siente orgulloso y feliz de sus hijos y nietos, siempre apegado a su esposa y con el recuerdo de su familia de origen: Su papá, Juan Rondón. Su mamá, María Alayón de Rondón. Sus Hermanos: Lorenzo, Adrián, Delfín, Basilio, Ángela, Juan, Saturnina y Benigna Rondón Alayón.

 José Buenaventura Rondón Alayón conoció a una joven, de nombre Sara, de la cual se enomó y a con quien contrajo matrimonio aquí en San Juan de los Morros, donde ella cursaba estudios, pero es nativa de Guripa. Es quien regenta la Casa del Bebé. El lazo nupcial fue en el año 1.977. Tienen tres hijos, dos hembras y un varón: Julio Manuel Rondón, Ing. Electrónico egresado de la Universidad Simón Bolívar. Maribelia, licenciada en Administración de la UCV y María Angélica,  licenciada en Administración, también egresada de la UCV.

Ubicamos a José Buenaventura en la realidad actual como comerciante, y sin titubeos nos dijo que estos momentos son muy complejos para los negocios, porque no se consiguen los artículos que se necesitan para atender las demandas de la clientela. Antes se hacían los pedidos y de inmediato eran despachados en su totalidad. Inclusive, los vendedores fastidiaban para dejar mercancías y ofrecían créditos. Ahora uno pide y, de cien artículos, mandan cuatro o cinco y en pequeñas cantidades y costos sumamente elevados. Es enfático al informar que la escasez en el ramo que su negocio atiende es del 75 por ciento. Revela que los mayoristas despachan poquito de cada artículo solicitado, para a la semana entrante suministrar otra pequeña cantidad con nuevos precios. Y se repite sin cesar la misma dosis, semana a semana.

Recuerda con nostalgia aquellos tiempos del año 53 cuando él llego a San Juan de los Morros. Había una seguridad y tranquilidad que se podía andar por las calles tranquilamente a cualquier hora, lo cual hoy en día es todo lo todo lo contrario. “Los muchachos íbamos a las fiestas hasta las dos o tres de la  mañana y en nuestras casas nos esperaban tranquilos. ¡Que tiempos aquéllos!. Siempre gran parte del pueblo con neblina. Y no había peleas entre nosotros. Una juventud sana que solo pensaba en el futuro, sonriéndole al presente.”

Concluyó sus declaraciones el señor José Buenaventura, expresando que ha trabajado por este pueblo porque él lo aceptó y le dio todas las ventajas de convivir con todo el mundo. Cuando anda por la calle todo el mundo se dirige a él: “Negro, Negro.” Y lo hacen por aprecio.

Cuando llegó a San Juan de Altagracia de Orituco, pagaba un bolívar con un real por dormir cada noche. Todos los días iba a la Gobernación a preguntar por la beca de 50 bolívares que había solicitado para estudiar. Siempre le decían: venga mañana, fulano no está, perencejo no lo puede atender porque está ocupado. Y así sucesivamente. Los reales se le acabaron y no pudo seguir pagando el hotel. La última vez salió de la gobernación llorando. Andando por la calle de tierra, como eran todas en aquella época, se encontró con don Arturo Manuítt, quien le preguntó que le pasaba y él le respondió enterándolo de su situación. Don Arturo le puso la mano en el hombro y le dijo: Vengase conmigo, y lo llevó hasta doña Eva de Manuítt que era la propietaria de la Casa del Bebé. Allí comenzó a trabajar, labrándose camino en la vida.  

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viernes, junio 07, 2019

La invasión del sur

ILUSTRACIÓN; Reses buscando tierra firme (Fotografía de Arturo Álvarez D´Armas).

Adolfo Rodríguez
Mediando el XVIII las oligarquías municipales de Caracas, Cumaná y Occidente, logran efectivas avanzadas para dar con infinidad de reses que se arrochelaban por los costos de las cuencas del Orinoco y del Caribe.
En 1714 caraqueños de la talla del Marques de Mijares, don Juan de Tovar y don José de Oviedo y Baños alegan, junto a otros "criadores", poseer "crecido número de ganados en los Llanos desta Provincia", sin poderlos reducir. Y de cómo del lado allá de la Portuguesa "no sólo se hallan más reses con nuestros yerros y señales conocidas...si no también porción considerable de ganado orexano", proclamándose legítimos propietarios y alertando a los de Guanare para que no vaqueen dichas comarcas. Contestándoles éstos que ha tiempo lo hacían. Descaro que motiva a la provincia de Caracas la fundación de la Villa de San Jaime en 1752, al mismo tiempo que decreta la de San Fernando de Cachicamo para contener similares incursiones por parte de Cumaná.
Provincia ésta que batallaba por hacerse un contexto que alcanzaba hasta Cabruta, en el Orinoco Medio. Lo creía el gobernador Carlos Sucre como su sucesor, Don Gregorio Espinoza de los Monteros, apellido que parece servir de punta de lanza en aquella avanzadilla.
En la década de los años treinta, en jurisdicción de la actual Santa María de Ipire, Pedro Espinoza resuelve una litis con Bonifacio Morgado acudiendo a los tribunales cumaneses, cobra diezmos a favor de Cumaná en todo el partido de Iguana y Coporo y lleva de Barcelona al Comisionado Don Gerónimo Barrios para embargar a Morgado, metiendo "cizaña a todos los vecinos que viven desde Quebrada Honda hasta Unare" para someterlos a Barcelona. Por lo cual se comisiona al alcalde Gómez Román, quien advierte la injerencia de Carlos del Peral instigando en pro de aquella provincia oriental, donde había nacido. Alcalde que ordena la detención de Espinoza y embargo de sus bienes, pero éste trae gente armada de Barcelona y los recupera (AGN, DIVERSOS, T. XXI, F. 654; Castillo Lara,1984; Carrocera, 1972).
Don Carlos del Peral, a los fines de atender su capilla de Chaguaramal, designa cura a un sacerdote que, por su nombre, no podía ser si no otro más de aquella familia que empeñada en arraigarse en tierras del actual estado Guárico para adscribirla a la provincia de Cumaná. El “primer Cura Capellán amovible ad natum del Ordinario (a) don Santiago Espinosa de los Monteros", a quien el párroco de Santa María le para el trote por abrogarse funciones que no le competen (Castillo Lara, 1984; MARTI, M, 1969)
Parientes quizá del Capitán Don Juan de Acosta Espinoza de los Monteros, avecindado en Calabozo en 1741, para quien “la conquista y pacificación de los llanos de Apure, era “descubrimientos” iniciados el año 48, cuando algunos “vecinos se asentaron allí con sus hatos pacificando a los indios”. Época en que hay misioneros capuchinos en la zona “sin más amparo que la gente de los hatos. A saber: Fray Alonso de Castro y Fray Juan Bautista de Málaga”, porque Fray Domingo de Campillos retorna enfermo y muere en casa del declarante. Enemistad de los indios, que Montes de Oca verifica en 1759 cumpliendo comisión del Gobernador don Felipe Ramírez: 18 hombres en el rio Atamaica eran sometidos por un grupo, los indios son repelidos, ceden ante “las dádivas y agasajos” por parte de los dueños de hatos” y hasta piden misioneros (Castillo Lara, 1975, 316-7).
Un hijo del primer Tte de Justicia de Calabozo, el Capitán Francisco Álvarez, llegado a Calabozo en 1727, asegura haber sido el primero que en compañía de otros cuatro pobladores entraron en aquellas dilatadas llanuras, en las cuales para el momento de su declaración (1771) había más de 40 vecinos de Calabozo con sus hatos”. (ib, 318).
Esa tercera fuente de la que emanaba aquella confabulación norteña tras los rumiantes y equinos refugiados en esos mundos “más allá del más nunca”, como quiere decir la palabra Apure, según indagaciones del cronista Argenis Méndez Echenique.
Coordenadas geográfico ganaderas que progresivamente concertarán en parentescos como el de Juan Acosta casándose con una hija del adelantado caraqueño Pedro de Aquino, establecido en el Calvario.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
CARROCERA, Fray Buenaventura de. Misión de los capuchinos en los Llanos de Caracas. Caracas: BANH., 1972.
CASTILLO LARA, L. G. La Villa de Todos los Santos de Calabozo: el derecho de existir bajo el sol, Caracas: Italgráfica, 1975.
CASTILLO LARA, Lucas G. San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984-
MARTÍ, M. Visita Pastoral. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de
La Historia, 1969.

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El organero de la colonia

Carlos Duarte, en una excelente investigación, se refiere a Pedro José de Osío como un gran músico y un hombre de una cualidad “bastante inteligente”. Sin embargo, el autor se pregunta, así mismo, con curiosidad sobre las circunstancias que envolvían a este personaje y su vida pública en aquella época colonial.

Por José Obswaldo Pérez



Uno de los personajes más notables en la historia de la música colonial en Venezuela, en la segunda mitad del siglo XVIII, fue Pedro José de Osío (Castillo & D’Amico, 1982; p.78). Su presencia no se suscribe sólo a la ciudad de Caracas sino que su figura se extiende a otros lugares de la provincia. Tenía 49 años, en 1779, cuando vivía en Parapara desempeñándose en el cargo de Teniente de Justicia Mayor, con la obligación de atender a Ortiz y San Francisco de Tiznados, dos pueblos de intermediación significativos para la Capitanía General por su desarrollo ganadero y su despegue del control militar hacia el sur.
Este importante músico, organista y fabricante de claveles, había nacido en Santa Marta, en el virreinato de Santa Fe, Colombia, el 19 de octubre de 1729. Fue hijo legítimo del gallego Juan Estévez de Osío y de doña Silveria Antonia de Acosta, también natural de Santa Marta. Más tarde, se casó en Caracas con doña Dominga Antonia Lindo, hija legitima Pedro Lindo y de doña Manuela Robín, naturales de la Ciudad Santiago de León de Caracas. Del matrimonio nacieron diez hijos: Nicolás, Pedro José Antonio, Manuel Isidro, Francisco, Juan José, José Antonio, Silveria, María del Rosario, José Jacinto y María Josefa.
Su presencia en los llanos de Caracas es de 1766, cuando marcho con su familia a la Villa de San Carlos de Austria (Duarte, 1972; p.32), donde permaneció un tiempo dedicado a actividades musicales. Regresó a Santiago de León en 1770 hasta 1774, cuando renunció al cargo de Maestro de Capilla de la Catedral de Caracas, por discrepancia entre los músicos de la tribuna. Es, a partir de ese año, cuando se marcha “a tierra adentro” y aparece como Teniente de Justicia de Parapara, Ortiz y Tiznados, donde dura seis años en el cargo hasta 1779.
Durante este lapso de tiempo, Osío se ve envuelto en un juicio promovido por los habitantes de Ortiz, según por abuso de autoridad y por entorpecer los justos derechos sobre la propiedad de sus tierras realengas (Pérez A, 2002; p.8). De modo que, el 15 de diciembre de 1788, se ve obligado a otorgar poder a don Luis Antonio Medina, Procurador Numerario de Caracas y de la Real Audiencia, para que lo defienda de estas denuncias que él consideraba calumniosas.
Sin embargo, Osío fue remplazado por el caraqueño don Manuel de España, quien había sido designado Teniente de Justicia de Parapara, Ortiz y Tiznados, hasta el mes de julio de 1779. Era casado en Caracas; pero, en Ortiz, vivía con la viuda doña Javiera Moreno, mujer blanca (Martí, 1998;192). No obstante, el Gobierno de la Provincia de Caracas nombra, en su sustitución, a don Francisco N. Osío y Lindo, el cuarto hijo del organero Pedro Osío, también músico. Hay constancia documental que este Osío, tres años después, construyó un órgano para la iglesia de Lezama, en la actual Altagracia de Orituco y, a instancias del Obispo Martí, se consiguió que un particular financiara el instrumento para esa parroquia. (Martí, 1998b: p.500). Este Francisco Osío fue también Teniente de Justicia de Santa María de Ipire y casó allí con una hija de Carlos Vargas Machuca, dueño del hato San Simón y fundador de la Parroquia San Gabriel de Zaraza (Rodríguez, 1998; p.38).
Entre 1777 y 1778 se halla en Valencia y según testimonio del Obispo Martí, vivía allí. Pero, hacia 1779 volvió a mudarse a Parapara, donde ejerce como Teniente de Justicia Mayor (Calzavara, 1987). Es así que, el 27 de julio de 1787, era testigo y firmaba como autoridad civil los documentos del litigio de las tierras realengas del pueblo de Ortiz.

No obstante, entre 1790 y 1791, los vecinos de Ortiz y Parapara continúan el pleito contra el Teniente de Justicia y piden al Rey de España “la fianza de calumnia y la imposición de sus penas”. Es decir, la querella había subido a los más altos niveles del poder imperial que, según Calzavara (1987; pp. 56-57), los denunciantes alegaban “entre otras cosas, que Osío había cometidos muchas arbitrariedades en su cargo, tales como haber puesto en libertad gente indeseable y criminales…”. Para esta fecha, su hijo mayor el doctor Pedro José Antonio Osío y Lindo, quien fue rector de la Universidad de Caracas, entre 1793 a 1794, era su defensor en el juicio.
Carlos Duarte, en una excelente investigación, se refiere a Pedro José de Osío como un gran músico y un hombre de una cualidad “bastante inteligente”. Sin embargo, el autor se pregunta, así mismo, con curiosidad sobre las circunstancias que envolvían a este personaje y su vida pública en aquella época colonial. Dice Duarte (1972; p.271) que “… resulta hoy mucho valor conocer el juicio que sobre el maestro se tenía entonces, emitido en una población del Interior de la Capitanía General. Su fama, extendida por la provincia probaría solamente la importante actividad que desempeño aquel hombre, en el campo musical en nuestro país”.
Como una paradoja de la vida, otro de su hijo llegaría a ser cura del pueblo de Ortiz en 1810. El presbítero José Jacinto Osío y Lindo, sería pastor de almas de aquel lugar donde se le recordaría por su participación en la Independencia de Venezuela. Antes, había sido designado el primer sacerdote de Chaguaramal de Perales- el sitio génesis de Zaraza-, gracias a la influencia de su tío el doctor Gabriel José Lindo. También fue músico y organista en la Catedral de Caracas.
En aquella village agreste y humilde, donde los habitantes aún levantaban loas y vivas al Rey, el presbítero José Jacinto Osío y Lindo le tocó ser un ferviente republicano. Un vehemente divulgador de las ideas de Simón Bolívar que, entre sus feligreses, aprovechaba su posición de religioso para estimular voluntades a favor del despertar de la patria y la causa de la libertad.
Pero, lejos de los ideales de su hijo, la presencia de Pedro José de Osío – por un largo tiempo en esta apacible comunidad - fue un hecho interesante para historia local y regional, especialmente, por la introducción de la música clásica en las actividades religiosas. Un testimonio lo deja su propio hijo, el párroco Osío, en 1813, quien  escribió que fueron músicos de coro litúrgico Aniceto Rodríguez Vargas (monaguillo), Eusebio Acosta y Vicente Tabares, entonces muchachos que quizás llegaron a ser los herederos de esa grande y apasionante figura del mundo musical colonial venezolano. Así, como dice Calzavara, fue una de los personajes más dinámico de toda la música venezolana del siglo XVIII y que, aún, la historia espera por redescubrir.

Bibliografía consultada
CALZAVARA, ALBERTO (1987). Historia de la Música en Venezuela. Caracas: Fundación Pampero.
CASTILLO D, MIGUEL & D'AMICO U, GIOVANNI (1982). Órganos venezolanos del siglo XIX. Revista Musical Chileno, NO. 158, pp. 72-104.
DUARTE, CARLOS F (1972): “El Músico e Instrumentalista Pedro José de Osío”. Boletín Histórico de la Fundación Boulton No. 15.
GUIDO, WALTER (1978): Panorama de la Música en Venezuela. Cuaderno de Difusión. Serie En Venezuela. Nº7 Caracas: Fundarte.
MARTÍ, MARIANO. (1998B). Libro personal. Caracas, Academia Nacional de la Historia, Tomo II.
MILANCA, GUZMÁN (1993): La música venezolana: de la colonia a la república. Caracas: Montea Ávila Editores Latinoamericana.
PEREZ A, JOSÉ OBSWALDO (2002). Orígenes históricos del Pueblo de Ortiz. San Juan de los Morros: Ediciones de la Cámara de Comercio de Ortiz.
RODRÍGUEZ, ADOLFO (1986). El Oído en El Llano. El Daimón de Gallegos. San Cristóbal (Táchira): Fundación Cultural Barinas.
RODRÍGUEZ, ADOLFO (1998).Historia de la Tierra de Ipire. San Juan de los Morros: Fundación Guariqueña para la Cultura.
RODRÍGUEZ, ADOLFO (1988).La música y los músicos del Estado Guárico. Tomo I. San Juan de los Morros: Coedición de CORPOLLANOS y FUNDACULGUA
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jueves, abril 25, 2019

Andanzas de un apasionado


En aquel contexto del Ortiz, de la década de los setenta del siglo diecinueve, el joven Pereira Álvarez se había formado con la ayuda de sus padres y maestros. De sus labios había oído los relatos de heroísmo de sus hombres y de una ciudad olorosa a pólvora. Pero, algunas veces, fue una población tranquila en la medida de las circunstancias. 

Por José Obswaldo Pérez

LA HISTORIA URDIDA sobre la vida biográfica del nuevo redactor de El Pregonero está incompleta, muy poca sacada a colocación pública. En algunas oportunidades o casi siempre se le menciona anteponiéndole el título de general, como si fuese vestido de traje militar o como si hubiese combatido a fuego en los campo de batalla. Aquel apelativo antepuesto a su nombre más bien se trataba de una costumbre de la época decimonónica: la de colocar rango a las personas que ejercía cargos públicos. Aunque no era para menos, Ismael Pereira Álvarez fue un hombre muy polifacético. Maestro de escuela, periodista, escritor, poeta, político y funcionario público. Todo un hombre que, al menos en lo particular, resulta fascinante  reconstruir el registro de su vida humana.
Se dice que había nacido en Calabozo; pero, hay quienes argumentan que su lugar de nacimiento fue Ortiz, en 1858. Ambos pueblos del estado Guárico. Fue hijo de General José de los Santos Pereira y de doña Lucía Álvarez Báez (quien para el año de 1873, ya había fallecido), unidos por matrimonio civil y eclesiástico. Cuando nace Ismael, su padre era Comandante Militar en Ortiz y tenía como función la persecución de la Facción de la Sierra del Tiznados, dirigida por Zoilo Medrano, José de Jesús González –alias el Agachado– y Donato Rodríguez Silva, líderes del movimiento campesino que había insurreccionado en Guárico, en 1846 y quienes desde 1858 andaban alzados en armas en contra del derrocamiento del presidente José Tadeo Monagas. Fue militar oriundo de Villa de Cura, quien sirvió en la Independencia, según el escritor e historiador liberal Laureano Villanueva. Mientras en el hogar de Lucía Álvarez Báez era propio de una familia de agricultores parapareños que criaban ganado y cultivaban café en propiedades de la Sierra del Tiznados.
Por lo que sabemos, la pareja tuvo cinco hijos, tres hembras y dos varones: Rafaela, Filomena, Ismael, Eusebia y Fidel. Un dato lo confirma un documento del deslinde judicial de la Posesión de San Antonio de la Platilla, promovido por el General Vicente Alfonso y otros, el 12 de mayo de 1873.El manuscrito refiere la herencia de doña Lucía y sus hijos por parte materna. Por otra parte, un acta del matrimonio de Eusebia Pereira Álvarez, la hermana menor de Ismael, es una prueba también de su relación consanguínea con sus ancestros orticeños y parapareños. Por ella sabemos que tomó estado en la Iglesia Parroquial Santa Rosa de Lima de Ortiz, el 7 de marzo de 1880, con Juan Flores Rodríguez, hijo legítimo de León Flores y doña Julia Rodríguez. Fueron testigos de la boda Tomás Federico Rodríguez, Francisco de Paula Paredes, Teolinda Paúl de Rodríguez y Francisca Riveros. Los sacramentos matrimoniales fueron realizados por el presbítero doctor Juan B. Franscechini.
Los Pereira Álvarez son pertenecientes de una parentela familiar que se extiende entre Parapara y Ortiz y otras localidades guariqueñas. Del linaje de los Pereira se destacan familiares directos por la línea paterna que tuvieron vida política, militar y académica con actuación tanto en el periodo colonial como en la etapa republicana, tales como: Miguel Pereira, ayudante de campo del general Manuel Cedeño, con quien participó en la Guerra de la Independencia y el presbítero doctor Francisco Antonio Pereira, orador de notas canóniga de la Catedral de Caracas y cura parroquial de El Sombrero en 1857, amigo político de Ezequiel Zamora y compañero de las elecciones del 46 y que, a su vez, eran parientes. También, doña Jacinta Trujillo y Ponte, esposa del general José Eugenio Rojas y madre del general Rufo Rojas Trujillo, fallecido en Ortiz, el 20 de noviembre de 1877. Mientras, por la parte materna figuran como familias de los  generales  Ramón, Manuel Lisandro y Sixto Álvarez Báez, quienes residían hacia los años 70, en Calabozo. Los Álvarez fueron  líderes regionales que pertenecieron a esa casta de políticos liberales federalistas que, algunas veces, aparecían bajo la  roja bandera goda, y otras bajo la amarilla bandera liberal, y sus diversas ramificaciones.
Un adolecente inquieto
La historiografía, por lo menos, le adjudica una hoja pública de vida larga y afortunada. Rubín Zamora, escritor guariqueño, apunta que, en el año 1883, ocupo el cargo de Secretario General del estado Bolívar. Otro guariqueño, Adolfo Rodríguez, escritor e historiador, insiste en mencionarlo como amigo y “compañero de andanzas” del escritor Manuel Vicente Romero García, autor de la novela Peonía y otras obras narrativas. Por su parte, Armando Ramón Rodríguez, en su Diccionario Biográfico, Geográfico e Histórico de Venezuela, escribe: “Escritor y profesor, que en 1883 y 1884 fue secretario del estado Bolívar. Publicó en Caracas, Profesorado normal de la Mujer venezolana (1903) y Gotas de Genio: Simón Bolívar (1928)”. Su pariente Rafael Bolívar Álvarez, periodista y escritor villacurano al prologar el opúsculo de  Recuerdos del Gran Ferrocarril de Venezuela, trabajo escrito por Ismael, subraya las inquietudes periodísticas, literarias y políticas de este joven: “Siendo cuasi un adolecente empezó su carretera literaria, y buena muestra dio de su talento en el Guárico, en Apure, en Guayana, en Barcelona, en Caracas, en todas parte, a donde llevó la lucha por la existencia”.
Sus primeros pasos había transcurrido entre Calabozo, San Juan de los Morros, Villa de Cura y Ortiz. En este último pueblo vivía en los años 70. Allí  participaba en actividades culturales y políticas. Era un jovenzuelo, pero formaba parte de un grupo de intelectuales liberales vinculados al gobierno de Guzmán Blanco; no sólo oriundos de Ortiz o Villa de Cura, sino de otras latitudes como el escritor caraqueño José María Manrique o el poeta canario Isaías Viera García. Se dedicaba, además, a dictar clases en una de las escuelas regentadas de la localidad, años en que el gobierno guzmancista promovía la educación pública primaria. Testimonio de su presencia en este ámbito local  lo comprueba un documento de  la Jefatura Civil de Departamento Bermúdez de 1875, donde fue apoderado del matrimonio de Clemente Silva y Antonia Rojas, dos iletrados de la comunidad.
En aquel contexto del Ortiz, de la década de los setenta del siglo diecinueve, el joven Pereira Álvarez se había formado con la ayuda de sus padres y maestros. De sus labios había oído los relatos de heroísmo de sus hombres y de una ciudad olorosa a pólvora. Pero, algunas veces, fue una población tranquila en la medida de las circunstancias. Contaba entonces con todos los servicios de una gran urbe. Tenía 1.581 viviendas, 40 casas de comercio, 104 queseras, 685 conucos, cuatro médicos, cuatro agencias de periódicos de prensa nacional y extranjera, una escuela municipal y privada, telégrafo y un periódico. Era una de las diez o quince capitales de provincia de los Estados Unidos de Venezuela que contaba con el título de ciudad. Había sido designada capital del Guárico, en medio de una circunstancia accidental. Entre una “conspiración contra el gobierno” y la amenaza de un epidemia palúdica obligaron a Joaquín Crespo a trasladar la jerarquía regional de Calabozo a Ortiz, este último lugar fue residencia predilecta del caudillo. Pero más que estas circunstancias y uno de los argumentos más certeros  con lo cual compartimos es la tesis del escritor e historiador Adolfo Rodríguez, quien señala que las razones que incidieron en los despojos de la capitalidad a Calabozo fueron dos hechos emocionales: la devoción orticeña y el menosprecio del mantuanismo calaboceño hacia Crespo que, al final, debió ser más celos políticos. Explica el autor que “las causas del traslado de la capital del Guárico a Ortiz no fue lo que alegó Crespo ni lo que argumentaba Terrero Atienza en su telegrama al presidente. Las pestes ha denotado otras capitales de Venezuela y eso no fue la razón para despojarla de su título. Los percances militares, siempre transitorios, no justifican tales procedimientos. Joaquín Crespo, afecto a estos escenarios, levantado en Parapara, formado en la carrera militar entre estos breñales, hizo el traslado por devoción orticeña y el menosprecio a que fue sometido allá en Calabozo, el impenetrable mantuanismo, lo llamó a él y a sus hombres ‘briganes’ o bandoleros, y se negó a prestarle ninguna colaboración económica cuando a mediado de 1870 entró triunfante a esta ciudad desplegando el fin de la resistencia del presidente encargado General Vicente Galías. El repudio del latifundismo calaboceño contra  el enguerrillamiento orticeño se expresó muy bien en sus artículos de El Bazar, el comerciante y periodista Luis Corrales”.
A los diecisiete años se convirtió en editor de periódicos en Ortiz. Pronto, como costumbre y gusto imperante de su tiempo, se proveyó de varios seudónimos para ejercer la actividad periodística con los cuales aparecerán firmados sus artículos costumbristas, políticos, morales o sobre poesía. Fundó los periódicos El Pensamiento Libre (1878) y La Voz de los Llanos (1878). Se publicaban semanalmente en un cuarto pliego francés, el primero y en un medio, el segundo. Ambos trataban de política, literatura, comercio, anuncios, noticias y comunicados.
 “… cuando redactábamos en Ortiz- dice Pereira Álvarez- La Voz de Los Llanos, un escritor notable, hoy ausente de la patria, con quien manteníamos polémicas sobre luchas políticas en defensa de las heroicas comarcas guariqueñas, trataba de burlarse de nosotros llamándonos voz infantil y asignándonos incapacidad absoluta de que éramos demasiado jóvenes para aquella época” (La Revolución, 04 de septiembre de 1891;p.2).
A pesar de su juventud, Pereira Álvarez tenía un carácter temperamental. Se dice que un día cuando enseñaba en una de las escuelas de la municipalidad incurrió en pegarle a uno de sus alumnos con una gruesa regla de tablita o de madera. Este hecho causó el reproche de algunos vecinos, obligándolo abandonar el pueblo. El episodio verídico nos los contó antes de morir don Nicanor Rodríguez, orticeño y memorialista, quien a su vez lo oyó de su abuela doña Evarista Moreno Vilera. Ante esa circunstancia, no le quedó otro remedio que emprender un viaje hacia Apure. Allí se encontraría con algunos amigos y parientes cercanos, formando un ambiente político y cultural muy importante en la región.
En 1881, Pereira Álvarez llegó a San Fernando de Apure- una sección del gran estado Bolívar, en aquel entonces- como director de la Escuela Complementaria. También ejerció la actividad comercial mediante un contrato aprobado por Congreso Nacional para el establecimiento de un buque de vapor en el río Orinoco, en el Apure y sus afluentes, con la finalidad de transportar mercancías, frutas y ganado. Igualmente siguió la vocación periodística, haciendo periodismo en el semanario El Lazo de la Unión. Un tabloide publicado en dos páginas, cuyo redactor fue Juan Félix Carten y su administrador don Manuel María Betancourt, secretario del Concejo Municipal del departamento Bajo Apure. Esta publicación vio la luz pública el 23 de junio de 1881; salía regularmente todos  los jueves y, extraordinariamente, cada vez que fuese necesario.  Se vendía suelto a 60 céntimos y un bolívar la suscripción mensual.
Adolfo Rodríguez señala, en su libro Historia del Periodismo en Apure que aquel periódico era de tinte político y propugnaba la candidatura del general Antonio Guzmán Blanco a la presidencia del Gran estado Bolívar para el primer periodo constitucional. Además: “Ofrecía ser repartido a domicilio. Aceptaba remitidos y avisos de interés particular, can pago previo del importe y firmados convenientemente por el interesado para efectos legales. Y advirtiendo categóricamente con respecto a la ponderación en los escritos”.
“…la mayoría de las notas editoriales –indica Adolfo Rodríguez- eran redactadas por Juan Félix Carten, aunque le hizo el quite muchas veces Ismael Pereira Álvarez (...) Generalmente los asuntos tratados en las breves notas editoriales versaban sobre la cuestión electoral. Pero, se escribió también de escuelas, de la prensa nacional, de industrias...”, sostiene el autor anterior.

El camino a la política                   

El joven Pereira Álvarez había ya tomado el camino directo hacia los límites exteriores de la respetabilidad pública: el periodismo. “…Y como todos los que se forman en esta escuela”, decía Rafael Bolívar en el prólogo “Conceptos Literarios·” de  Recuerdos del Gran ferrocarril de Venezuela, “se fue derecho a la política y en ella ha prestado buenos servicios a la república y a la causa a que pertenece hasta por tradiciones de familia”.
De este modo empezó la carrera política disparando tercerolas desde las trincheras del periodismo, donde se formó ideológicamente bajo la doctrina del liberalismo europeo, impuesta por el general Leocardio Guzmán Blanco y que más tarde su hijo Antonio consolidó como amo y señor de la patria. Desde ese puesto, su pasión política se hará presente a lo largo de su vida, dejando muestras de preocupación por el acontecer nacional.
Durante su permanencia en Apure, Pereira Álvarez sustituye en el mes de noviembre de 1882 al general Fortunato Vautrai en la Secretaría general de Gobierno y en su puesto se nombra al bachiller Antonio María Boggio, como director interino de la dirección de la escuela. Para aquel entonces debía tener unos veinticuatro años. Tiempo cuando comienza su carrera política que más tare lo llevará a formar parte del Gobierno del Gran estado Bolívar.
Formó parte de una tribu de liberales que fueron una tendencia interna en el Parido Liberal Amarillo. Una fuerza política que marcó el devenir de la Venezuela Contemporánea del siglo XIX, manteniéndose en el poder por treinta años. Conformaban el grupo de los “andrecistas”, partidarios del continuismo de 1892, entre quienes se destacaban: Luciano Mendoza, Celestino Peraza, Rafael López Baralt, J.M. García Gómez, Domingo Monagas, Diego Colina, Paco Batalla, Jacinto Regino Pachano, Julio F. Sarría, Rómulo Guardia, Laureano Vallenilla Lanz, Alberto Smith, Carlos Villanueva, José Loreto Arismendi, Emilio Horacio Veluntini, Henrique Chaumer y Aquiles Iturbe.
Después de tener su primera experiencia de gobierno en la sección de Apure, el general Ramón A. Moyón, presidente interino del estado Bolívar lo nombró el 30 de mayo de1883, con el voto afirmativo del Consejo Administrativo, como Secretario General encargado. Decía el decreto: “mientras dure la ausencia del secretario de Estado, ciudadano general Juan José Yépez, que pasa a Caracas en comisión de servicio, se encarga de la Secretaría General, el oficial mayor ciudadano general Ismael Pereira Álvarez”.
Se casó en Ciudad Bolívar, con Heraclia López. Oriunda de esa entidad federal, con la cual tuvo cinco hijos: Virginia, Ismael Anibal, Alejandro, Héctor y América. Una familia modesta de distinguidos profesionales que dejarán significativos aportes al país. Virginia será una de las primeras profesoras normalistas de Venezuela y una importante medica que tendrá el país; Ismael Aníbal será periodista y político como su padre. Fue redactor en el diario La Esfera y El Universal; Alejandro será un apreciable abogado egresado de la UCV, en 1911; Héctor se destacará como cónsul y profesor de lengua española en Pensilvania, Estados Unidos de Norteamérica y América se esposa con el diplomático venezolano  F. Armando de Pedraza. Los Pereira Álvarez siempre llevarán el apellido paterno, como tradicional estilo portugués.
Como quijote o peregrino ansioso de exponer sus ideales, siguió sus andanzas de apasionado y fundador de periódicos. Tan pronto como recibió colaboración del gobierno fundó en Carúpano, El Eco Nacional (1890), semanario político, dirigido por poco tiempo y en su cargo lo ocupó luego el doctor José Loreto Arismendi. En 1892, funda con el conspicuo periodista y crítico teatral Maximiliano “Max” Lores Ponce el periódico El Trabuco, de Barcelona.
En 1893, se radicó en Caracas. La ciudad capital y asiento del gobierno de la República de los Estados Unidos de Venezuela. Allí desplegó una actividad periodística en varios periódicos caraqueños. Fue redactor del periódico El Noticiero, fundado por los hermanos Porras. Escribía y opinaba de política. Iba y venía por la República.

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