miércoles, julio 24, 2019

¿Eran parientes Bolívar y Gallegos?


Adolfo Rodríguez


Con la genealogía hemos topado. A sus fabulosos redes nos aventuramos. Desde la académica, rayana en la exactitud, que ofician respetados miembros del Instituto de Genealogía, hasta enfoques psicomágicos como el sugerido por Jodorowski en “Metagenealogía”. Tentaciones para aprendices como yo en artes de exploración en las cavernas donde presumo que dormitan enigmas que nos asedian.
Una labor que cumple cimeramente Don Antonio Herrera Vaillant, presidente del mencionado instituto en Venezuela y autor de un monumental esfuerzo que recoge en su libro La Estirpe de Las Rojas. Repertorio sobre la deslumbrante descendencia de Ana de Rojas y Diego Gómez de Agüero, originarios de la isla de Cubagua y “ascendientes de la mayoría de la elite que ha dirigido nuestro país desde la colonia” según el genealogista Julio González Chacin: “dos tomos de volumen considerable, donde se encuentran detallados” los miembros de una progenie procedente de dichosGenearcas y en la que podríamos descubrirnos tanto usted como yo.
González Chación informa que varias estirpes “confluyen en el tiempo, integrándose a lo largo de los siglos y con integrantes venidos de diversas otras naciones, incluidos los factores aborígenes y africanos, para configurar la nación venezolana del siglo XXI.
“En los descendientes de las Rojas tiende a confluir una elite venezolana, en el mejor de los sentidos de dicha palabra, que suministra liderazgo y dirección a la sociedad y economía de este país a través de los siglos.
Grupo fundacional que, a su entender, se encuentra diluido “dentro del vertiginoso crecimiento demográfico experimentado por Venezuela a partir de 1935, mas no relevada, en sentido alguno, de la vocación y responsabilidad de contribuir al desarrollo y bienestar de la nación”.
Comenta cómo en el conjunto de biografías reseñadas en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, se detectan “más de 370 descendientes directos de esta estirpe, o sus cónyuges, los cuales imprimieron su huella civilizadora en la construcción de todas las facetas de la vida nacional a lo largo de quinientos años de historia Venezolana”.
La descendencia de las Rojas “corresponde fundamentalmente a la ciudad de Santiago de León de Caracas, con importantes ramificaciones en los Estados Miranda, Aragua, Guárico, Carabobo, Cojedes, Yaracuy y Lara, que prácticamente constituyen la antigua Provincia de Venezuela, centro y corazón de la actual República de Venezuela. Tuvo asimismo importantes ramas en las antiguas provincias de la Nueva Andalucía y Margarita”.

Insólita línea familística procedente de las ocho hijas y el varón que procrea el mencionado matrimonio del Capitán Diego Gómez y Ana de Rojas, efectuado en la Nueva Cádiz hacia 1.535. González Chacín apunta que “La elite central venezolana desciende, en su casi totalidad, de estas mujeres que constituyeron la base y el eje de la primera sociedad establecida en Caracas.
Casan dichas damas “con los principales conquistadores y pobladores de Santiago de León de Caracas. En efecto, los esposos de estas mujeres fueron: el Capitán Lázaro Vázquez, el Capitán Alonso Díaz Moreno, el Maestre de Campo Garci González de Silva, el Capitán Francisco Infante, el Capitán Cristóbal Mejía de Ávila, y el Capitán Pedro Álvarez Franco, todos ellos destacados conquistadores y pobladores de Caracas y de la región central.
En la inmediata generación, mujeres de esta familia enlazan con el Capitán Juan de Guevara "El Mozo", Simón de Bolívar "El Mozo", el Capitán Mateo Díaz de Alfaro, Juan Desque, el Capitán Andrés de San Juan, el Capitán don Diego Vásquez de Escobedo, el Castellano Onofre Carrasquer, el Capitán Pedro Mijares de Solórzano, el Capitán Andrés Vázquez Bocanegra, y otros de los más prominentes vecinos de la incipiente ciudad de Santiago de León de Caracas en sus primeros años”.
González agrega que “descendientes directos de las Rojas fueron protagonistas de primera línea del proceso de la Independencia venezolana”. Varios de ellos firmantes del Acta de la Independencia de Venezuela”. Así como actores principales del Acta del 19 de abril de 1.810 y próceres como Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.
“Al paralelo de ellos, encontramos en la misma estirpe algunos destacados realistas como don Fernando Ascanio, don José Bereciartu, don Juan de Casas, don Juan Manuel Oropeza, el Comandante don Antonio Tovar Marín, y don Nicolás de Castro Pacheco”.
“Diez de los Presidentes de la Republica y encargados del Poder Ejecutivo de Venezuela descendieron de manera directa, o por matrimonio de la Estirpe de las Rojas: el Doctor Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela; el General Carlos Soublette, el Doctor Andrés Narvarte, el General José María Carreño, Don Manuel Felipe Tovar, los Generales Antonio Guzmán Blanco, Jacinto Gutiérrez Martínez, y Esteban Herrera Toro, y en el siglo XX: Rómulo Gallegos Freire, y Raúl Leoni Otero, junto con su esposa Carmen América Fernández Alcalá de Leoni, ambos descendientes de las Rojas del siglo XVI.
“Durante el siglo XIX resulta un tanto inesperado encontrar que una mayoría de los descendientes destacados de la estirpe de las Rojas, y sus cónyuges” militando en las toldas liberales como Ezequiel Zamora y Antonio Leocadio Guzmán, en tanto que conservadores: Soublette, Tovar, Fermín Toro y otros.
Curiosa red en la que deambulan integrandes de bandos políticos o militares encontrados, desde los más destacados hasta ejemplares tan anónimos como usted y yo.



FUENTES CONSULTADAS
BOTELLO, Oldman. Villacuranos. Esbozo Genealógico de Familias de Villa de Cura. SigIos XVIII-XX. (Inédito).
GONZÁLEZ CHACÍN, en el "Blog de Algunas Familias" sobre el Libro "La Estirpe de Las Rojas".
HERRERA VAILLANT, Antonio. Estirpe de las Rojas. Caracas: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Caracas, 2007 (Biblioteca de la Academia Nacional de Historia).
RODRÍGUEZ, Adolfo. El Oído en el Llano: Daimon de La Vida y Obra de Rómulo Gallegos, Amazon, 2019.


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viernes, julio 05, 2019

Dr. Rafael Zamora Arévalo y el Hospital Guárico

La presente crónica sobre la figura del galeno vallepascuese, quien alcanzó fama como médico sencillo y que, además, puso los primeros cimientos para una red hospitalaria en la región, es rescatada por el historiador Felipe Hernández- Cronista Oficial de la Ciudad de Valle de la Pascua-.El principal hospital de aquella localidad, en reconocimiento a sus preclaras virtudes humanas y profesionales, con orgullo le tiene como epónimo


FELIPE HERNÁNDEZ G.

El 15 de junio de 1940 murió en la ciudad de Caracas el Dr. Rafael Zamora Arévalo, ciudadano de rectos procederes, que como médico practicaba el precepto según el cual “La profesión médica encierra deberes y sacrificios de parte de quienes la practican, que no pueden ser quebrantados por razones de individualismo. De ahí su firme convicción de servir con sensibilidad y la confianza colectiva en su idoneidad y gran corazón” (Lorenzo Rubín Zamora (1972). El principal hospital de Valle de la Pascua en reconocimiento a sus preclaras virtudes humanas y profesionales, con orgullo le tiene como epónimo.

Descendiente de los Zamora que se establecieron en el sitio del Valle de la Pascua en la primera mitad del siglo XVIII, y de quienes el doctor José Francisco Torrealba en su obra “Pequeños Apuntes sobre algunas familias del oriente del Guárico y en especial de Zaraza” (1950), dice: los Zamora Arévalo provienen de una familia muy distinguida del Oriente del Guárico y residenciada en Valle de la Pascua. Agregando luego: “Entre sus ascendientes está José María Zamora, quien peleó en la Independencia como comandante y después de 1830 fue general y figuró en las guerras civiles. Hijo de este militar fue el Dr. José María Zamora, médico y prócer de la Federación, padre de los Zamora Gil. Los Zamora Arévalo son hijos de Don Tomás Zamora y Doña Eugenia Arévalo Oropeza [tía del Gral. Emilio Arévalo Cedeño]. De este matrimonio nacen: Juan, Silvestre, José Antonio, Celestina, Juliana y el Dr. Rafael Zamora Arévalo, médico distinguido, clínico y partero. Durante el gobierno de López Contreras fue presidente del Estado Guárico y manifestó una gran preocupación por la asistencia social y la educación y gran escrúpulo en el manejo de los fondos públicos”.

El Dr. Zamora Arévalo trabajó mucho tiempo en Valle de la Pascua, donde nació en 1827. Alcanzó fama como médico sencillo y comprometido con el ejercicio hipocrático, especialmente dedicado a la atención de salud de los pobres. Era un acontecimiento corriente verle montado en una mula en la que se trasladaba a cualquier hora del día o de la noche para atender a los enfermos en los caseríos de las inmediaciones de Valle de la Pascua en aquella Venezuela rural de la primera mitad del siglo XX. En 1918 trabajó duramente para combatir la epidemia de gripe española que asoló al país. Era un médico preocupado por los avances de las ciencias médicas que estudiaba las nuevas concepciones galénicas que salían a la luz.

Después de la muerte de Juan Vicente Gómez (17/12/1935), durante la presidencia del Gral. Eleazar López Contreras, el Rafael Zamora Arévalo fue dos veces presidente (gobernador) del Estado Guárico (en 1936 y en 1939), durante su primera gestión como presidente (1936) fundó el Hospital Guárico en San Juan de los Morros, y el Hospital Guasco en Valle de la Pascua.
El hospital Guárico
El Hospital Guárico empezó a funcionar entre 1936 y 1937 en el mismo edificio que hoy es la sede de La Casona Universitaria (UNERG) en la Av. Bolívar, edificación de la que don Tito Sierra Santa María en su obra “Sitios Históricos del Estado Guárico” (1975), expone: “...en el año 1952 – 53 el gobierno del Estado Guárico compró un rancho antiguo y allí levantó el edificio de dos plantas en el fondo hicieron el salón de maternidad. Ahora en estos años de 1969 al 1972 construyeron otro edificio nuevo con acceso por la calle Salias para darle mayor amplitud al servicio asistencial”.
Ángel Del Corral en un folleto de su autoría sobre el Hospital Guárico informa que el Dr. Zamora Arévalo: “Siendo presidente del Estado, antes de iniciar las actividades propias de su despacho, visitaba los barrios pobres [de San Juan de los Morros] para examinar y tratar a sus moradores y acto seguido enviaba o llevaba, personalmente, los récipes a la farmacia que funcionaba en el Hospital, para que fuesen despachados y enviados a su destino. También muchas veces, renunciaba a las pocas horas de descanso para colaborar con el personal médico del hospital, casi siempre exiguo, en dicho establecimiento”.
El Hospital Guárico se inició con dos médicos, uno de los cuales era el director. Tenía un laboratorio clínico atendido por el bachiller Fernando Rojas. Los médicos enseñaban al futuro personal del hospital. Del Corral recuerda que en un principio colaboraron los bachilleres Tulio Pineda y Jesús Mata De Gregorio. En 1946 empezó a funcionar el servicio e Rayos X. Y las monjas o hermanas de los pobres ayudaban en las tareas y servicios del hospital. Pedían colaboraciones para mantener el funcionamiento del hospital.
El linaje Zamora Pérez
El Doctor Rafael Zamora Arévalo fue casado con la señora Matilde Pérez, con la que procreó tres hijos, a saber: Rafael, Alfredo y Eugenia Zamora Pérez.
- Rafael Zamora Pérez, quien nació en Valle de La Pascua en 1905. Médico cirujano y partero especializado en Estados Unidos. Aplicó el parto sin dolor; fue casado con la Sra. Maritza Brand con quien tuvo sus tres hijas: Matilde, Maruja y Morela Zamora Brand (Informa el Sr. Ricardo Camacho (2019). El Dr. Zamora Pérez fue gobernador del Estado Guárico entre 1948 y 1949; y en el pueblo de Espino fue presidente-organizador de la Primera Feria Rural del Llano en 1963, exitoso evento de grata recordación… Don Alfredo Zamora Pérez fue casado con la virtuosa señora, doña Josefina Calcaño, fue fundador de la Asociación de Criadores del Distrito Infante (APADI) en 1945, del partido Copei en Valle de la Pascua en 1946, y del periódico “El Ganadero” en 1945-1947. Y doña Eugenia Zamora Pérez quien fue casada con el señor Germán Hernández.
Homenaje municipal al Dr. Zamora Arévalo
En ocasión de la muerte del Dr. Rafael Zamora Arévalo el 15 de junio de 1940, el Concejo Municipal del Distrito Infante aprobó un acuerdo de duelo público, que dice así:
El Concejo Municipal del Distrito Infante. Sesión extraordinaria del día 15 de junio de 1940. Se abrió la sesión bajo la presidencia de Arturo Tovar y con asistencia de los concejales Román Castro, Ramón Santaella Ledezma, Jesús Bolívar-Bolívar, Juan Manuel Barrios, Dr. Ángel Vicente Ochoa y Alejandro Campagna. El Presidente manifestó al Cuerpo que con motivo de la muerte del ciudadano Dr. Rafael Zamora Arévalo, Presidente del Estado Guárico e hijo dilecto de esta tierra; resolvió convocarlos para resolver lo conducente sobre el Duelo Público que dictaría esta Municipalidad; al efecto, unánimemente se acordó, hacer un acuerdo sobre la irreparable pérdida de uno de los hijos más representativos de este pueblo; decretando duelo público por cinco días en todo el territorio del Distrito, y presentar por medio de una nota oficial, el pésame a los familiares del extinto, adjuntándoles copia del acuerdo… se procedió a la redacción el citado acuerdo, habiendo sido firmado por los miembros presentes… El presidente: Arturo Tovar // El secretario: Manuel López Marrero. 
Quince días después, el Concejo Municipal del Distrito Infante, en sesión ordinaria del día 30 de junio de 1940… bajo la presidencia de Arturo Tovar y con asistencia de los concejales Román Castro, Ramón Santaella Ledezma, Jesús Bolívar-Bolívar, y del Administrador de Rentas Municipales del Distrito. Por Secretaría se dio lectura a la minuta de la sesión anterior… y se dio lectura a los números de la cuenta para su aprobación: 1.- Telegrama de la Secretaría General del Estado y del Presidente de la Asamblea Legislativa, participando instalación de dicha Cámara para el nombramiento del nuevo Presidente del Estado Guárico. 2.- Sendos acuerdos dictados por los demás concejos municipales del estado Guárico, con motivo del fallecimiento del Dr. Rafael Zamora Arévalo. 7.- Comunicación del ciudadano Tomás Sarmiento de Caracas, insinuando a esta Cámara la idea de representar en un busto al extinto Dr. Rafael Zamora Arévalo. La Cámara acogió complacida la sugerencia y acordó contestarle que estudiaría la manera más conveniente a la realización de tal propósito… El presidente: Arturo Tovar // El secretario: Manuel López Marrero.
Así, el Concejo Municipal de ese entonces rindió homenaje al esclarecido ciudadano, Dr. Rafael Zamora Arévalo, orgullo del gentilicio infantino, con cuyo nombre fue distinguido el 17 de noviembre de 1973 el principal Hospital de nuestra ciudad, fecha en que fue inaugurado por el ciudadano presidente de la República, Dr. Rafael Caldera (1969-1974), junto el ministro de Sanidad y Asistencia Social, Dr. José de Jesús Mayz Lyon, el gobernador del estado Guárico, don Alejandro Rodríguez Guzmán, el presidente del Concejo Municipal, Prof. José López Itriago, el prefecto, Dr. Omar Salomón Pérez, los concejales, personal del nuevo hospital y mucho público emocionado que celebraba la puesta en marcha de la obra que era una necesidad sentida de los habitantes del municipio y de los pueblos y estados circunvecinos.  

*UNESR/Cronista del municipio Leonardo Infante // fhernandezg457@gmail.com

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jueves, junio 13, 2019

Manifiesto de adhesión en Valle de la Pascua al Partido de la Restauración Liberla. Año 1900

El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación. 




FELIPE HERNÁNDEZ G.

El panorama político del siglo XIX venezolano cierra el ciclo de agitados “movimientos revolucionarios” con la llamada revolución Liberal restauradora, insurrección conocida también con el nombre de Invasión de los 60 (23/05/1899---22/10/1899). El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación. Es el inicio de la hegemonía andina y el fin de la hegemonía del Liberalismo Amarillo.
Gobierno de la Restauración Liberal fue la denominación otorgada por sus partidarios al período de gobierno del presidente Cipriano Castro (22/10/1899---19/12/1908). En ese orden, en 1897 Ignacio Andrade es propuesto como el candidato oficial del gobierno del general Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1º de septiembre de ese año. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel “El Mocho” Hernández, quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. El triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación que desembocó en el movimiento insurreccional liderado por Hernández, conocido como La Revolución de Queipa o El Grito de Queipa (23/02 al 12/06/1898).
Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. El 16 de abril de 1898 una bala alcanzó a Crespo en la Mata Carmelera y acabó con su vida, llegando así el turno de los andinos. El general Cipriano Castro “El Cabito”, llegó a la presidencia y la ejerció hasta que enfermó y su compadre el vicepresidente Juan Vicente Gómez, esperó que saliera del país para operarse, ocasión que aprovechó para despojarlo de la presidencia.
Como consecuencia de la desaparición del escenario político del general Crespo, muchos caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al general Ramón Guerra, quien en su ejercicio como Ministro de Guerra, el 12 de junio de 1898 había capturado al Mocho Hernández, y posteriormente se alzó contra del gobierno de Andrade.
Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade durante su gestión administrativa, se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y hasta una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade es derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas.
El contenido ideológico del discurso de Castro no fue el gancho que atrajo adeptos para lograr sus planes y sujetarlos a su voluntad, el golpe de suerte lo obtiene gracias al desconcierto y la fractura de los pactos regionales logrados con Joaquín Crespo, así como los temores de las elites caraqueñas y regionales de perder su espacio político. Ante lo cual, el nuevo gobierno promete restaurar los principios liberales, vulnerados por la supremacía de los intereses personales, la corrupción y la violación de la Constitución (Pensamiento Político Venezolano, 1983, I, 50). Más sin embargo, este triunfo representó el inicio de una nueva etapa en Venezuela, en la que habrá un retroceso en la evolución de los derechos políticos.
Aún ante la adversa situación, en un acto de adulancia política, en Valle de la Pascua los munícipes aprobaron una manifestación de adhesión a los nuevos gobernantes y sus postulados, que copiada a la letra dice:
“En Valle de la Pascua, capital del Distrito Infante del estado Guárico, el día dos de noviembre de 1900, reunidos en el salón de sesiones del Concejo Municipal los ciudadanos concejales: Rafael Zamora Gil (presidente), Valeriano López Belisario (vicepresidente), Prudencio Herrera (síndico procurador), Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez y el secretario Benito Arias; habiendo ocupado los nombrados sus respectivos puestos, el Presidente, con suficiente apoyo propuso: Que en vista de que la Restauración Liberal, cuyos principios informan el credo político del partido, llevado a cabo en la práctica por el Benemérito Conductor, General Cipriano Castro, y tales demostraciones le habían hecho merecer la confianza del país, proponía se elaborase un acuerdo reconociendo a dicho General, Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela, y nombrar al efecto una comisión de tres miembros para redactar y presentar a la Corporación el referido Acuerdo. La Corporación nombró a los concejales Víctor Manuel Ovalles, Valeriano López Belisario y Benito Arias. El Presidente observando tener varios asuntos que tratar, convocó al Cuerpo para las 5/30 de la tarde con el carácter de sesión permanente. El concejal Prudencio Herrera propuso que se hiciese por Secretaría la participación de estilo al ciudadano Presidente Provisional del Estado Guárico [Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido], y demás autoridades respectivas, fue considerada y aprobada… Y no habiendo más de que tratar, se terminó el acto y firman: el presidente: Rafael Zamora Gil, vicepresidente: Valeriano López Belisario, síndico procurador: Prudencio Herrera, vocales: Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y el secretario: Benito Arias”.
En la siguiente sesión del mismo 2 de noviembre de 1900... la misma fue abierta con carácter de permanente, por el ciudadano presidente Rafael Zamora Gil, y de los concejales: Lic. Valeriano López Belisario, Víctor Manuel Ovalles, Prudencio Herrera, Carlos A. Naranjo, Arístides Manuitt Peraza, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y Benito Arias, secretario. Leída el acta de la sesión anterior, fue aprobada. El Secretario dio lectura al Acuerdo presentado por la comisión nombrada para redactarla, reconociendo al general Cipriano Castro, Jefe Supremo de la República, como Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela. “El Ciudadano Presidente lo sometió a la consideración del Cuerpo por si hubiese alguna observación que hacerle, quien manifestó estar conforme, fue aprobado por unanimidad. Seguidamente la Corporación resolvió: que el referido Acuerdo se le remitiese con nota especial al ciudadano Jefe Civil del Distrito, Gregorio Méndez Matos, para este elevarlo a conocimiento del Benemérito Jefe del País, por el digno órgano del Presidente Provisional del Estado Guárico, Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido; haciéndole conocer también, que la Corporación ratifica al Supremo Conductor de la Causa Liberal de Venezuela, los sentimientos de decidida adhesión que animan a la Municipalidad del Distrito Infante hacia su sabio y liberal Gobierno”. Puesta en consideración, fue aprobada. Y no habiendo más de que tratar, quedó terminado el acto, y firman: El Presidente: Rafael Zamora Gil. El Secretario: Benito Arias.
Una vez más, la historia nos enseña que es testimonio del tiempo, vida de la memoria, madre del presente y advertencia del porvenir.

*UNESR/Cronista del municipio Leonardo Infante
fhernandezg457@gmail.com

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sábado, junio 08, 2019

José Buenaventura Rondón Alayón, hombre de empresas y de pueblo

José Buenaventura Rondón Alayón




Por Misael Flores
Nacido en Altagracia de Orituco en el año 1.938. Hijo de una familia de humildes agricultores, José Buenaventura Rondón Alayón vino al mundo cargado de ilusiones y con metas precisas por alcanzar. La primaria y los primeros tres años de la secundaria la hizo en su pueblo natal, cuando toda la región del Orituco contaba con un clima de ensueños, al igual que San Juan de los Morros, donde la neblina padroteaba al sol y había que transparentarla con la mirada para poder posesionarse del húmedo paisaje que rodeaba a la ya capital del estado Guárico.

Ya de pantalones largos, en el año 1.953, se viene a San Juan de los Morros en busca de una beca para continuar sus estudios. Su solicitud fue negada y no le quedó otra alternativa que ponerse a trabajar, logrando ubicación en la ya existente Casa del BEBÉ, en la cual laboró durante 17 año Al retirarse cobró la cantidad de 12 mil 800 bolívares por concepto de prestaciones sociales, los cuales guardó con miras a iniciarse en cualquier negocio por su cuenta.

La Casa del Bebé fue puesta en venta y se presentaron tres compradores interesados en el negocio. Todos ellos estuvieron de acuerdo en hacer la operación. Y todos tocaron las puertas de José Buenaventura Rondón, requiriendo sus servicios para que se encargara de la parte operativa del establecimiento comercial. A los tres toques dijo que no. Quería trabajar por su cuenta, sin tener todavía nada claro sobre el particular. Los pretendientes desistieron. A la señora Eva Manuitt, propietaria de la Casa del Bebé, se le ocurrió ofrecérsela  en venta a Rondón, quien respondió que lo que tenía eran los 12 mil 800 bolívares que le acababan de liquidar por sus prestaciones y una casita que tenía en la calle Infante. El resto del compromiso lo cumplió satisfactoriamente. Y como él mismo dice: se puso a echarle pierna para salir adelante, venciendo todos los obstáculos.

José Buenaventura Rondón Alayón, Ya también con los pantalones largos como comerciante, compra la edificación en la avenida Bolívar, donde funciona su Casa del Bebé todavía. Y no se queda estancado allí. Ya le había terminado de pagar a la señora Manuítt y siguió creciendo como empresario con la propiedad de Kalita uno, donde puso a una sobrina a regentarla.

Este gracitano, de baja estatura física, pero de elevado perfil empresarial, en el año 1.990 adquiere la Casa Imperial. Lo hizo sin querer queriendo, porque no conocía este ramo de negocio. Pero el dueño de entonces se empeñó en que fuera él el comprador y le facilitó todas las condiciones para que así ocurriera, dándole todas las orientaciones necesarias para que saliera adelante. Así fue y lo antes que pudo le canceló toda la parte que le dio a crédito, quedándole eternamente agradecido. Y lo mejor del caso es que se enamoró de este tipo de negocios.

Este es un hombre sencillo y humilde en su forma de ser. Cristiano de verdadera vocación. Pertenece a la Sociedad Eucarística, al movimiento de cursillos de cristiandad y a la Sociedad Anti Cancerosa.

Siente satisfacción por el saludo cariñoso que mucha gente en la calle le tributa. No olvida que es un trabajador más, que atiende a su negocio en el mostrador, codeándose a diario con su numerosa clientela. Y también se siente orgulloso y feliz de sus hijos y nietos, siempre apegado a su esposa y con el recuerdo de su familia de origen: Su papá, Juan Rondón. Su mamá, María Alayón de Rondón. Sus Hermanos: Lorenzo, Adrián, Delfín, Basilio, Ángela, Juan, Saturnina y Benigna Rondón Alayón.

 José Buenaventura Rondón Alayón conoció a una joven, de nombre Sara, de la cual se enomó y a con quien contrajo matrimonio aquí en San Juan de los Morros, donde ella cursaba estudios, pero es nativa de Guripa. Es quien regenta la Casa del Bebé. El lazo nupcial fue en el año 1.977. Tienen tres hijos, dos hembras y un varón: Julio Manuel Rondón, Ing. Electrónico egresado de la Universidad Simón Bolívar. Maribelia, licenciada en Administración de la UCV y María Angélica,  licenciada en Administración, también egresada de la UCV.

Ubicamos a José Buenaventura en la realidad actual como comerciante, y sin titubeos nos dijo que estos momentos son muy complejos para los negocios, porque no se consiguen los artículos que se necesitan para atender las demandas de la clientela. Antes se hacían los pedidos y de inmediato eran despachados en su totalidad. Inclusive, los vendedores fastidiaban para dejar mercancías y ofrecían créditos. Ahora uno pide y, de cien artículos, mandan cuatro o cinco y en pequeñas cantidades y costos sumamente elevados. Es enfático al informar que la escasez en el ramo que su negocio atiende es del 75 por ciento. Revela que los mayoristas despachan poquito de cada artículo solicitado, para a la semana entrante suministrar otra pequeña cantidad con nuevos precios. Y se repite sin cesar la misma dosis, semana a semana.

Recuerda con nostalgia aquellos tiempos del año 53 cuando él llego a San Juan de los Morros. Había una seguridad y tranquilidad que se podía andar por las calles tranquilamente a cualquier hora, lo cual hoy en día es todo lo todo lo contrario. “Los muchachos íbamos a las fiestas hasta las dos o tres de la  mañana y en nuestras casas nos esperaban tranquilos. ¡Que tiempos aquéllos!. Siempre gran parte del pueblo con neblina. Y no había peleas entre nosotros. Una juventud sana que solo pensaba en el futuro, sonriéndole al presente.”

Concluyó sus declaraciones el señor José Buenaventura, expresando que ha trabajado por este pueblo porque él lo aceptó y le dio todas las ventajas de convivir con todo el mundo. Cuando anda por la calle todo el mundo se dirige a él: “Negro, Negro.” Y lo hacen por aprecio.

Cuando llegó a San Juan de Altagracia de Orituco, pagaba un bolívar con un real por dormir cada noche. Todos los días iba a la Gobernación a preguntar por la beca de 50 bolívares que había solicitado para estudiar. Siempre le decían: venga mañana, fulano no está, perencejo no lo puede atender porque está ocupado. Y así sucesivamente. Los reales se le acabaron y no pudo seguir pagando el hotel. La última vez salió de la gobernación llorando. Andando por la calle de tierra, como eran todas en aquella época, se encontró con don Arturo Manuítt, quien le preguntó que le pasaba y él le respondió enterándolo de su situación. Don Arturo le puso la mano en el hombro y le dijo: Vengase conmigo, y lo llevó hasta doña Eva de Manuítt que era la propietaria de la Casa del Bebé. Allí comenzó a trabajar, labrándose camino en la vida.  

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viernes, junio 07, 2019

La invasión del sur

ILUSTRACIÓN; Reses buscando tierra firme (Fotografía de Arturo Álvarez D´Armas).

Adolfo Rodríguez
Mediando el XVIII las oligarquías municipales de Caracas, Cumaná y Occidente, logran efectivas avanzadas para dar con infinidad de reses que se arrochelaban por los costos de las cuencas del Orinoco y del Caribe.
En 1714 caraqueños de la talla del Marques de Mijares, don Juan de Tovar y don José de Oviedo y Baños alegan, junto a otros "criadores", poseer "crecido número de ganados en los Llanos desta Provincia", sin poderlos reducir. Y de cómo del lado allá de la Portuguesa "no sólo se hallan más reses con nuestros yerros y señales conocidas...si no también porción considerable de ganado orexano", proclamándose legítimos propietarios y alertando a los de Guanare para que no vaqueen dichas comarcas. Contestándoles éstos que ha tiempo lo hacían. Descaro que motiva a la provincia de Caracas la fundación de la Villa de San Jaime en 1752, al mismo tiempo que decreta la de San Fernando de Cachicamo para contener similares incursiones por parte de Cumaná.
Provincia ésta que batallaba por hacerse un contexto que alcanzaba hasta Cabruta, en el Orinoco Medio. Lo creía el gobernador Carlos Sucre como su sucesor, Don Gregorio Espinoza de los Monteros, apellido que parece servir de punta de lanza en aquella avanzadilla.
En la década de los años treinta, en jurisdicción de la actual Santa María de Ipire, Pedro Espinoza resuelve una litis con Bonifacio Morgado acudiendo a los tribunales cumaneses, cobra diezmos a favor de Cumaná en todo el partido de Iguana y Coporo y lleva de Barcelona al Comisionado Don Gerónimo Barrios para embargar a Morgado, metiendo "cizaña a todos los vecinos que viven desde Quebrada Honda hasta Unare" para someterlos a Barcelona. Por lo cual se comisiona al alcalde Gómez Román, quien advierte la injerencia de Carlos del Peral instigando en pro de aquella provincia oriental, donde había nacido. Alcalde que ordena la detención de Espinoza y embargo de sus bienes, pero éste trae gente armada de Barcelona y los recupera (AGN, DIVERSOS, T. XXI, F. 654; Castillo Lara,1984; Carrocera, 1972).
Don Carlos del Peral, a los fines de atender su capilla de Chaguaramal, designa cura a un sacerdote que, por su nombre, no podía ser si no otro más de aquella familia que empeñada en arraigarse en tierras del actual estado Guárico para adscribirla a la provincia de Cumaná. El “primer Cura Capellán amovible ad natum del Ordinario (a) don Santiago Espinosa de los Monteros", a quien el párroco de Santa María le para el trote por abrogarse funciones que no le competen (Castillo Lara, 1984; MARTI, M, 1969)
Parientes quizá del Capitán Don Juan de Acosta Espinoza de los Monteros, avecindado en Calabozo en 1741, para quien “la conquista y pacificación de los llanos de Apure, era “descubrimientos” iniciados el año 48, cuando algunos “vecinos se asentaron allí con sus hatos pacificando a los indios”. Época en que hay misioneros capuchinos en la zona “sin más amparo que la gente de los hatos. A saber: Fray Alonso de Castro y Fray Juan Bautista de Málaga”, porque Fray Domingo de Campillos retorna enfermo y muere en casa del declarante. Enemistad de los indios, que Montes de Oca verifica en 1759 cumpliendo comisión del Gobernador don Felipe Ramírez: 18 hombres en el rio Atamaica eran sometidos por un grupo, los indios son repelidos, ceden ante “las dádivas y agasajos” por parte de los dueños de hatos” y hasta piden misioneros (Castillo Lara, 1975, 316-7).
Un hijo del primer Tte de Justicia de Calabozo, el Capitán Francisco Álvarez, llegado a Calabozo en 1727, asegura haber sido el primero que en compañía de otros cuatro pobladores entraron en aquellas dilatadas llanuras, en las cuales para el momento de su declaración (1771) había más de 40 vecinos de Calabozo con sus hatos”. (ib, 318).
Esa tercera fuente de la que emanaba aquella confabulación norteña tras los rumiantes y equinos refugiados en esos mundos “más allá del más nunca”, como quiere decir la palabra Apure, según indagaciones del cronista Argenis Méndez Echenique.
Coordenadas geográfico ganaderas que progresivamente concertarán en parentescos como el de Juan Acosta casándose con una hija del adelantado caraqueño Pedro de Aquino, establecido en el Calvario.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
CARROCERA, Fray Buenaventura de. Misión de los capuchinos en los Llanos de Caracas. Caracas: BANH., 1972.
CASTILLO LARA, L. G. La Villa de Todos los Santos de Calabozo: el derecho de existir bajo el sol, Caracas: Italgráfica, 1975.
CASTILLO LARA, Lucas G. San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984-
MARTÍ, M. Visita Pastoral. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de
La Historia, 1969.

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