jueves, junio 13, 2019
Manifiesto de adhesión en Valle de la Pascua al Partido de la Restauración Liberla. Año 1900
El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación.
FELIPE HERNÁNDEZ G.
El panorama político del siglo XIX venezolano cierra el ciclo de agitados “movimientos revolucionarios” con la llamada revolución Liberal restauradora, insurrección conocida también con el nombre de Invasión de los 60 (23/05/1899---22/10/1899). El desgaste y la descomposición interna de la élite política que había gobernado al país los últimos treinta años, hizo posible que la invasión andina tomara el poder sin haber sufridos graves sobresaltos como se esperaba, a pesar de enfrentar un gobierno dotado ampliamente para solventar la situación. Es el inicio de la hegemonía andina y el fin de la hegemonía del Liberalismo Amarillo.
Gobierno de la Restauración Liberal fue la denominación otorgada por sus partidarios al período de gobierno del presidente Cipriano Castro (22/10/1899---19/12/1908). En ese orden, en 1897 Ignacio Andrade es propuesto como el candidato oficial del gobierno del general Joaquín Crespo para las elecciones a realizarse el 1º de septiembre de ese año. De acuerdo con la Constitución de 1893 la votación fue directa y secreta. Andrade obtuvo 406.610 votos contra el favorito de la oposición, el general José Manuel “El Mocho” Hernández, quien sólo consiguió 2.203 en unos comicios tildados de fraudulentos. El triunfo electoral de Andrade se produjo dentro de un clima político de crispación que desembocó en el movimiento insurreccional liderado por Hernández, conocido como La Revolución de Queipa o El Grito de Queipa (23/02 al 12/06/1898).
Durante el desarrollo de las acciones bélicas que comenzaron el 23 de febrero de 1898 y se extendieron hasta el 12 de junio del mismo año, se produjo un suceso inesperado que afectó de manera negativa a la correlación de fuerzas que rodeaban a Andrade, la muerte de Joaquín Crespo. El 16 de abril de 1898 una bala alcanzó a Crespo en la Mata Carmelera y acabó con su vida, llegando así el turno de los andinos. El general Cipriano Castro “El Cabito”, llegó a la presidencia y la ejerció hasta que enfermó y su compadre el vicepresidente Juan Vicente Gómez, esperó que saliera del país para operarse, ocasión que aprovechó para despojarlo de la presidencia.
Como consecuencia de la desaparición del escenario político del general Crespo, muchos caudillos vieron despejado el camino hacia el poder, incluyendo al general Ramón Guerra, quien en su ejercicio como Ministro de Guerra, el 12 de junio de 1898 había capturado al Mocho Hernández, y posteriormente se alzó contra del gobierno de Andrade.
Aparte de los movimientos insurreccionales que tuvo que afrontar Andrade durante su gestión administrativa, se experimentaron dificultades económicas, la desconfianza de ciertos círculos políticos y hasta una epidemia de viruela. Finalmente, Andrade es derrocado el 19 de octubre de 1899 por Cipriano Castro y la Revolución Restauradora, la cual triunfó sin que las fuerzas gubernamentales hicieran un mayor esfuerzo por detenerlas.
El contenido ideológico del discurso de Castro no fue el gancho que atrajo adeptos para lograr sus planes y sujetarlos a su voluntad, el golpe de suerte lo obtiene gracias al desconcierto y la fractura de los pactos regionales logrados con Joaquín Crespo, así como los temores de las elites caraqueñas y regionales de perder su espacio político. Ante lo cual, el nuevo gobierno promete restaurar los principios liberales, vulnerados por la supremacía de los intereses personales, la corrupción y la violación de la Constitución (Pensamiento Político Venezolano, 1983, I, 50). Más sin embargo, este triunfo representó el inicio de una nueva etapa en Venezuela, en la que habrá un retroceso en la evolución de los derechos políticos.
Aún ante la adversa situación, en un acto de adulancia política, en Valle de la Pascua los munícipes aprobaron una manifestación de adhesión a los nuevos gobernantes y sus postulados, que copiada a la letra dice:
“En Valle de la Pascua, capital del Distrito Infante del estado Guárico, el día dos de noviembre de 1900, reunidos en el salón de sesiones del Concejo Municipal los ciudadanos concejales: Rafael Zamora Gil (presidente), Valeriano López Belisario (vicepresidente), Prudencio Herrera (síndico procurador), Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez y el secretario Benito Arias; habiendo ocupado los nombrados sus respectivos puestos, el Presidente, con suficiente apoyo propuso: Que en vista de que la Restauración Liberal, cuyos principios informan el credo político del partido, llevado a cabo en la práctica por el Benemérito Conductor, General Cipriano Castro, y tales demostraciones le habían hecho merecer la confianza del país, proponía se elaborase un acuerdo reconociendo a dicho General, Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela, y nombrar al efecto una comisión de tres miembros para redactar y presentar a la Corporación el referido Acuerdo. La Corporación nombró a los concejales Víctor Manuel Ovalles, Valeriano López Belisario y Benito Arias. El Presidente observando tener varios asuntos que tratar, convocó al Cuerpo para las 5/30 de la tarde con el carácter de sesión permanente. El concejal Prudencio Herrera propuso que se hiciese por Secretaría la participación de estilo al ciudadano Presidente Provisional del Estado Guárico [Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido], y demás autoridades respectivas, fue considerada y aprobada… Y no habiendo más de que tratar, se terminó el acto y firman: el presidente: Rafael Zamora Gil, vicepresidente: Valeriano López Belisario, síndico procurador: Prudencio Herrera, vocales: Arístides Manuitt Peraza, Carlos A. Naranjo, Víctor Manuel Ovalles, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y el secretario: Benito Arias”.
En la siguiente sesión del mismo 2 de noviembre de 1900... la misma fue abierta con carácter de permanente, por el ciudadano presidente Rafael Zamora Gil, y de los concejales: Lic. Valeriano López Belisario, Víctor Manuel Ovalles, Prudencio Herrera, Carlos A. Naranjo, Arístides Manuitt Peraza, Críspulo Ortiz Gutiérrez, y Benito Arias, secretario. Leída el acta de la sesión anterior, fue aprobada. El Secretario dio lectura al Acuerdo presentado por la comisión nombrada para redactarla, reconociendo al general Cipriano Castro, Jefe Supremo de la República, como Jefe del Gran Partido Liberal de Venezuela. “El Ciudadano Presidente lo sometió a la consideración del Cuerpo por si hubiese alguna observación que hacerle, quien manifestó estar conforme, fue aprobado por unanimidad. Seguidamente la Corporación resolvió: que el referido Acuerdo se le remitiese con nota especial al ciudadano Jefe Civil del Distrito, Gregorio Méndez Matos, para este elevarlo a conocimiento del Benemérito Jefe del País, por el digno órgano del Presidente Provisional del Estado Guárico, Dr. Guillermo Tell Villegas Pulido; haciéndole conocer también, que la Corporación ratifica al Supremo Conductor de la Causa Liberal de Venezuela, los sentimientos de decidida adhesión que animan a la Municipalidad del Distrito Infante hacia su sabio y liberal Gobierno”. Puesta en consideración, fue aprobada. Y no habiendo más de que tratar, quedó terminado el acto, y firman: El Presidente: Rafael Zamora Gil. El Secretario: Benito Arias.
Una vez más, la historia nos enseña que es testimonio del tiempo, vida de la memoria, madre del presente y advertencia del porvenir.
*UNESR/Cronista del municipio Leonardo Infante
fhernandezg457@gmail.com
sábado, junio 08, 2019
José Buenaventura Rondón Alayón, hombre de empresas y de pueblo
| José Buenaventura Rondón Alayón |
Por
Misael Flores
Nacido en Altagracia de Orituco en el año 1.938. Hijo
de una familia de humildes agricultores, José Buenaventura Rondón Alayón vino
al mundo cargado de ilusiones y con metas precisas por alcanzar. La primaria y
los primeros tres años de la secundaria la hizo en su pueblo natal, cuando toda
la región del Orituco contaba con un clima de ensueños, al igual que San Juan
de los Morros, donde la neblina padroteaba al sol y había que transparentarla
con la mirada para poder posesionarse del húmedo paisaje que rodeaba a la ya
capital del estado Guárico.
Ya de pantalones largos, en el año 1.953, se viene a
San Juan de los Morros en busca de una beca para continuar sus estudios. Su
solicitud fue negada y no le quedó otra alternativa que ponerse a trabajar,
logrando ubicación en la ya existente Casa del BEBÉ, en la cual laboró durante
17 año Al retirarse cobró la cantidad de 12 mil 800 bolívares por concepto de
prestaciones sociales, los cuales guardó con miras a iniciarse en cualquier
negocio por su cuenta.
La Casa del Bebé fue puesta en venta y se presentaron
tres compradores interesados en el negocio. Todos ellos estuvieron de acuerdo
en hacer la operación. Y todos tocaron las puertas de José Buenaventura Rondón,
requiriendo sus servicios para que se encargara de la parte operativa del
establecimiento comercial. A los tres toques dijo que no. Quería trabajar por
su cuenta, sin tener todavía nada claro sobre el particular. Los pretendientes
desistieron. A la señora Eva Manuitt, propietaria de la Casa del Bebé, se le
ocurrió ofrecérsela en venta a Rondón,
quien respondió que lo que tenía eran los 12 mil 800 bolívares que le acababan
de liquidar por sus prestaciones y una casita que tenía en la calle Infante. El
resto del compromiso lo cumplió satisfactoriamente. Y como él mismo dice: se
puso a echarle pierna para salir adelante, venciendo todos los obstáculos.
José
Buenaventura Rondón Alayón, Ya también con los pantalones largos como
comerciante, compra la edificación en la avenida Bolívar, donde funciona su
Casa del Bebé todavía. Y no se queda estancado allí. Ya le había terminado de
pagar a la señora Manuítt y siguió creciendo como empresario con la propiedad
de Kalita uno, donde puso a una sobrina a regentarla.
Este gracitano, de baja estatura física, pero de
elevado perfil empresarial, en el año 1.990 adquiere la Casa Imperial. Lo hizo
sin querer queriendo, porque no conocía este ramo de negocio. Pero el dueño de
entonces se empeñó en que fuera él el comprador y le facilitó todas las
condiciones para que así ocurriera, dándole todas las orientaciones necesarias
para que saliera adelante. Así fue y lo antes que pudo le canceló toda la parte
que le dio a crédito, quedándole eternamente agradecido. Y lo mejor del caso es
que se enamoró de este tipo de negocios.
Este es un hombre sencillo y humilde en su forma de
ser. Cristiano de verdadera vocación. Pertenece a la Sociedad Eucarística, al
movimiento de cursillos de cristiandad y a la Sociedad Anti Cancerosa.
Siente satisfacción por el saludo cariñoso que mucha
gente en la calle le tributa. No olvida que es un trabajador más, que atiende a
su negocio en el mostrador, codeándose a diario con su numerosa clientela. Y
también se siente orgulloso y feliz de sus hijos y nietos, siempre apegado a su
esposa y con el recuerdo de su familia de origen: Su papá, Juan Rondón. Su
mamá, María Alayón de Rondón. Sus Hermanos: Lorenzo, Adrián, Delfín, Basilio,
Ángela, Juan, Saturnina y Benigna Rondón Alayón.
José
Buenaventura Rondón Alayón conoció a una joven, de nombre Sara, de la cual se
enomó y a con quien contrajo matrimonio aquí en San Juan de los Morros, donde
ella cursaba estudios, pero es nativa de Guripa. Es quien regenta la Casa del
Bebé. El lazo nupcial fue en el año 1.977. Tienen tres hijos, dos hembras y un
varón: Julio Manuel Rondón, Ing. Electrónico egresado de la Universidad Simón
Bolívar. Maribelia, licenciada en Administración de la UCV y María Angélica, licenciada en Administración, también egresada
de la UCV.
Ubicamos a José Buenaventura en la realidad actual
como comerciante, y sin titubeos nos dijo que estos momentos son muy complejos
para los negocios, porque no se consiguen los artículos que se necesitan para
atender las demandas de la clientela. Antes se hacían los pedidos y de
inmediato eran despachados en su totalidad. Inclusive, los vendedores
fastidiaban para dejar mercancías y ofrecían créditos. Ahora uno pide y, de
cien artículos, mandan cuatro o cinco y en pequeñas cantidades y costos
sumamente elevados. Es enfático al informar que la escasez en el ramo que su
negocio atiende es del 75 por ciento. Revela que los mayoristas despachan
poquito de cada artículo solicitado, para a la semana entrante suministrar otra
pequeña cantidad con nuevos precios. Y se repite sin cesar la misma dosis,
semana a semana.
Recuerda con nostalgia aquellos tiempos del año 53
cuando él llego a San Juan de los Morros. Había una seguridad y tranquilidad que
se podía andar por las calles tranquilamente a cualquier hora, lo cual hoy en
día es todo lo todo lo contrario. “Los muchachos íbamos a las fiestas hasta las
dos o tres de la mañana y en nuestras
casas nos esperaban tranquilos. ¡Que tiempos aquéllos!. Siempre gran parte del
pueblo con neblina. Y no había peleas entre nosotros. Una juventud sana que
solo pensaba en el futuro, sonriéndole al presente.”
Concluyó sus declaraciones el señor José Buenaventura,
expresando que ha trabajado por este pueblo porque él lo aceptó y le dio todas
las ventajas de convivir con todo el mundo. Cuando anda por la calle todo el
mundo se dirige a él: “Negro, Negro.” Y lo hacen por aprecio.
Cuando llegó a San Juan de Altagracia de Orituco, pagaba
un bolívar con un real por dormir cada noche. Todos los días iba a la
Gobernación a preguntar por la beca de 50 bolívares que había solicitado para
estudiar. Siempre le decían: venga mañana, fulano no está, perencejo no lo
puede atender porque está ocupado. Y así sucesivamente. Los reales se le
acabaron y no pudo seguir pagando el hotel. La última vez salió de la
gobernación llorando. Andando por la calle de tierra, como eran todas en
aquella época, se encontró con don Arturo Manuítt, quien le preguntó que le
pasaba y él le respondió enterándolo de su situación. Don Arturo le puso la
mano en el hombro y le dijo: Vengase conmigo, y lo llevó hasta doña Eva de
Manuítt que era la propietaria de la Casa del Bebé. Allí comenzó a trabajar,
labrándose camino en la vida.
viernes, junio 07, 2019
La invasión del sur
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| ILUSTRACIÓN; Reses buscando tierra firme (Fotografía de Arturo Álvarez D´Armas). |
Adolfo Rodríguez
Mediando el XVIII las oligarquías municipales de Caracas, Cumaná y Occidente, logran efectivas avanzadas para dar con infinidad de reses que se arrochelaban por los costos de las cuencas del Orinoco y del Caribe.
En 1714 caraqueños de la talla del Marques de Mijares, don Juan de Tovar y don José de Oviedo y Baños alegan, junto a otros "criadores", poseer "crecido número de ganados en los Llanos desta Provincia", sin poderlos reducir. Y de cómo del lado allá de la Portuguesa "no sólo se hallan más reses con nuestros yerros y señales conocidas...si no también porción considerable de ganado orexano", proclamándose legítimos propietarios y alertando a los de Guanare para que no vaqueen dichas comarcas. Contestándoles éstos que ha tiempo lo hacían. Descaro que motiva a la provincia de Caracas la fundación de la Villa de San Jaime en 1752, al mismo tiempo que decreta la de San Fernando de Cachicamo para contener similares incursiones por parte de Cumaná.
Provincia ésta que batallaba por hacerse un contexto que alcanzaba hasta Cabruta, en el Orinoco Medio. Lo creía el gobernador Carlos Sucre como su sucesor, Don Gregorio Espinoza de los Monteros, apellido que parece servir de punta de lanza en aquella avanzadilla.
En la década de los años treinta, en jurisdicción de la actual Santa María de Ipire, Pedro Espinoza resuelve una litis con Bonifacio Morgado acudiendo a los tribunales cumaneses, cobra diezmos a favor de Cumaná en todo el partido de Iguana y Coporo y lleva de Barcelona al Comisionado Don Gerónimo Barrios para embargar a Morgado, metiendo "cizaña a todos los vecinos que viven desde Quebrada Honda hasta Unare" para someterlos a Barcelona. Por lo cual se comisiona al alcalde Gómez Román, quien advierte la injerencia de Carlos del Peral instigando en pro de aquella provincia oriental, donde había nacido. Alcalde que ordena la detención de Espinoza y embargo de sus bienes, pero éste trae gente armada de Barcelona y los recupera (AGN, DIVERSOS, T. XXI, F. 654; Castillo Lara,1984; Carrocera, 1972).
Don Carlos del Peral, a los fines de atender su capilla de Chaguaramal, designa cura a un sacerdote que, por su nombre, no podía ser si no otro más de aquella familia que empeñada en arraigarse en tierras del actual estado Guárico para adscribirla a la provincia de Cumaná. El “primer Cura Capellán amovible ad natum del Ordinario (a) don Santiago Espinosa de los Monteros", a quien el párroco de Santa María le para el trote por abrogarse funciones que no le competen (Castillo Lara, 1984; MARTI, M, 1969)
Parientes quizá del Capitán Don Juan de Acosta Espinoza de los Monteros, avecindado en Calabozo en 1741, para quien “la conquista y pacificación de los llanos de Apure, era “descubrimientos” iniciados el año 48, cuando algunos “vecinos se asentaron allí con sus hatos pacificando a los indios”. Época en que hay misioneros capuchinos en la zona “sin más amparo que la gente de los hatos. A saber: Fray Alonso de Castro y Fray Juan Bautista de Málaga”, porque Fray Domingo de Campillos retorna enfermo y muere en casa del declarante. Enemistad de los indios, que Montes de Oca verifica en 1759 cumpliendo comisión del Gobernador don Felipe Ramírez: 18 hombres en el rio Atamaica eran sometidos por un grupo, los indios son repelidos, ceden ante “las dádivas y agasajos” por parte de los dueños de hatos” y hasta piden misioneros (Castillo Lara, 1975, 316-7).
Don Carlos del Peral, a los fines de atender su capilla de Chaguaramal, designa cura a un sacerdote que, por su nombre, no podía ser si no otro más de aquella familia que empeñada en arraigarse en tierras del actual estado Guárico para adscribirla a la provincia de Cumaná. El “primer Cura Capellán amovible ad natum del Ordinario (a) don Santiago Espinosa de los Monteros", a quien el párroco de Santa María le para el trote por abrogarse funciones que no le competen (Castillo Lara, 1984; MARTI, M, 1969)
Parientes quizá del Capitán Don Juan de Acosta Espinoza de los Monteros, avecindado en Calabozo en 1741, para quien “la conquista y pacificación de los llanos de Apure, era “descubrimientos” iniciados el año 48, cuando algunos “vecinos se asentaron allí con sus hatos pacificando a los indios”. Época en que hay misioneros capuchinos en la zona “sin más amparo que la gente de los hatos. A saber: Fray Alonso de Castro y Fray Juan Bautista de Málaga”, porque Fray Domingo de Campillos retorna enfermo y muere en casa del declarante. Enemistad de los indios, que Montes de Oca verifica en 1759 cumpliendo comisión del Gobernador don Felipe Ramírez: 18 hombres en el rio Atamaica eran sometidos por un grupo, los indios son repelidos, ceden ante “las dádivas y agasajos” por parte de los dueños de hatos” y hasta piden misioneros (Castillo Lara, 1975, 316-7).
Un hijo del primer Tte de Justicia de Calabozo, el Capitán Francisco Álvarez, llegado a Calabozo en 1727, asegura haber sido el primero que en compañía de otros cuatro pobladores entraron en aquellas dilatadas llanuras, en las cuales para el momento de su declaración (1771) había más de 40 vecinos de Calabozo con sus hatos”. (ib, 318).
Esa tercera fuente de la que emanaba aquella confabulación norteña tras los rumiantes y equinos refugiados en esos mundos “más allá del más nunca”, como quiere decir la palabra Apure, según indagaciones del cronista Argenis Méndez Echenique.
Esa tercera fuente de la que emanaba aquella confabulación norteña tras los rumiantes y equinos refugiados en esos mundos “más allá del más nunca”, como quiere decir la palabra Apure, según indagaciones del cronista Argenis Méndez Echenique.
Coordenadas geográfico ganaderas que progresivamente concertarán en parentescos como el de Juan Acosta casándose con una hija del adelantado caraqueño Pedro de Aquino, establecido en el Calvario.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
CARROCERA, Fray Buenaventura de. Misión de los capuchinos en los Llanos de Caracas. Caracas: BANH., 1972.
CASTILLO LARA, L. G. La Villa de Todos los Santos de Calabozo: el derecho de existir bajo el sol, Caracas: Italgráfica, 1975.
CASTILLO LARA, Lucas G. San Sebastián de los Reyes. La ciudad Trashumante. Tomo I. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984-
MARTÍ, M. Visita Pastoral. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de
La Historia, 1969.
La Historia, 1969.

