Hay una larga lista de militares de esta parte del llano venezolano que poco se han investigado su trayectoria castrense, que es necesario reconocerles sus méritos como forjadores de libertad. Uno de esos héroes olvidados guariqueño por la historiografía tradicional es el oficial José Antonio Benítez (De Armas, 1978), que se une al contingente de soldados encabezado, por el Comandante Juan Félix Ovalles
Por José Manuel Aquino
Estamos este año conmemorando el Bicentenario de la Toma de Puerto Cabello, acción realizada entre septiembre y noviembre de 1823, cuando las tropas republicanas sometieron al último bastión realista en territorio venezolano. Momento oportuno para tomar en cuenta muchos soldados de la patria, que dieron su aporte al proceso de independencia, de los cuales poco se conocen sus actuaciones a favor de la instauración de la república , especialmente la participación de llaneros, que tuvieron un rol protagónico después de la pérdida de la Segunda República en 1814,hasta el final de la contienda independentista, de esta manera, estamos dando los pasos para incorporar a muchos hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas al servicio de esta causa, a través de una nueva historiografía incluyente, visibilizando sus luchas a favor de la instauración de la patria libre y soberana; reconociendo sus valiosos aportes de este colectivo social , por tanto, estaremos reivindicando a cada uno de esos héroes de la nación, que participaron en esta importante acometida y colocarlos al lado de los consagrados luchadores del proceso emancipador.
En el fragor de la guerra de independencia venezolana se fueron incorporando paulatinamente gran cantidad de soldados a esta gesta emancipadora, especialmente en la extensa región guariqueña ,que en ese tiempo formaba parte de la Provincia de Caracas, por nombrar entre tantos próceres de las cuales conocemos su trayectoria militar como la de Pedro Zaraza, Diego Parpacèn ,Juan José Rondón, Lorenzo Belisario, Hermenegildo Mujica, Julián Mellado, de las cuales se conocen sus hazañas ; pero también hay una larga lista de militares de esta parte del llano venezolano que poco se han investigado su trayectoria castrense, que es necesario reconocerles sus méritos como forjadores de libertad. Uno de esos héroes olvidados guariqueño por la historiografía tradicional es el oficial José Antonio Benítez (De Armas, 1978), que se une al contingente de soldados encabezado, por el Comandante Juan Félix Ovalles Juan Ángel Bravo, que estuvieron bajo el mando del General José Antonio Páez, en La Toma de Puerto Cabello, en 1823, como afirma Carlos Marx en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte,” los hombres hacen su propia historia”. (Marx, 2003)
En su hoja de servicio como militar activo del ejército patriota, da cuenta de su actuación castrense de este oriundo de San Juan de los Morros (Dávila, 1924).Se incorpora al ejercito republicano en1821, momento importante en que, el ejercito patriota se preparaba para enfrentar a las fuerzas realistas comandada por el brigadier realista Miguel de la Torre. Este guariqueño se alista con las fuerzas republicanas con el grado de sargento, bajo el mando del general Juan Francisco Bermúdez en la Provincia de Barcelona, en la Campaña de Caracas, con la misión ordenada por el Libertador Simón Bolívar, en el mes de mayo, de entretener a las fuerzas enemigas para evitar que estas se concentrasen en las sabanas de Carabobo. Por consiguiente, José Antonio Benítez, estuvo en esa operación disuasiva conformada por 1200 soldados, que partió el primer día de ese lapso de tiempo, cruzando el rio Unare, para luego trasladarse a Caucagua y luego vencer a los mandos realista el 12 de ese período en el Rodeo; para luego llegar a Caracas, cumpliendo con la orden encomendada de llegar antes el día 15 de ese mes.
Luego siguió con sus demás compañeros realizando actividad de despiste hacia la Guaira, para volver a la ciudad de Caracas y dirigirse a la población de El Consejo. Posteriormente estuvo en el enfrentamiento ocurrido el 24 de mayo en las Lajas, donde los patriotas al mando de Juna Francisco Bermúdez, caen derrotados por las fuerzas realistas comandadas por Tomás Morales, por falta de municiones, teniendo que retirarse hacia Petare; para después ver acción en el sangriento combate en El Calvario ,en el cual los republicanos huyen hacia Guarenas y Santa Lucía, cumpliendo de esta manera la distracción de las fuerzas enemigas, mientras que mayormente el ejercito independentista, estaba concentrada en la sabana de Carabobo, para posteriormente vencer de forma contundente a las fuerzas de los partidarios de la corona española en territorio venezolano, el 24 de junio de 1821.
Luego estuvo en San Juan de los Morros, realizando adiestramiento a los nuevos soldados del ejército (Dávila, 1924). En el año 1823, participó en el quinto asedio a Puerto Cabello, último e importante enfrentamiento militar librado en el proceso de independencia, en tierras venezolanas, que en ese momento formaba parte de la Gran Colombia. En esta acción interviene como miembro de la tropa al mando del general Francisco Bermúdez que vino a colaborar con el general José Antonio Páez, jefe de la operación, que reunió más de 1200 soldados de los Batallones: Granaderos, Anzoátegui y Boyacá, con un grupo de caballería comandado por el general Fernando Figueredo, que estuvo arrestado en el castillo de San Felipe, unos meses en el año de 1812 y por tener conocimiento de esta fortificación, fue el responsable de la arriesgada operación castrense.
En 1828, Jose Antonio Benítez, recibe el meritorio ascenso al grado de Capitán de Milicias, desde 1830, cuanto estaba bajo el mando del general Santiago Mariño, por territorio tachirense, para luego solicitar la jubilación en 1852, su como oficial activo del ejército nacional, después de haber servido a la patria por 31 años. De esta manera, estamos destacando la hoja de servicio de este soldado que luchó por la instauración de la república, en momento propicio de esta celebración Bicentenaria de la Toma de Puerto Cabello, para resaltar a todos estos insurgentes que la historiografía tradicional, no los tomó en cuenta.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÀFICAS
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Vergara y Velasco, Francisco Javier (1960).1818 Guerra de Independencia. Bogotá: Editorial Nelly.
Desde el comienzo de la contienda independentista estuvo preparado para el combate y le tocó la providencia de estar en la última refriega que dio por terminada la ocupación del imperio español en territorio venezolano, como fue la toma del Fuerte de Felipe en Puerto Cabello, hace 200 años. Una forma de reconocerle sus méritos y su trayectoria insurgente.
José M Aquino.
La región guariqueña tiene muchos hombres y mujeres que dieron un importante aporte al proceso independentista, la historiografía hace referencia a muchos de ellos a los cuales se les han resaltado sus méritos por su actuación el campo de batalla, pero existen otros soldados que lucharon por esta causa, los cuales se han escrito muy poco, por tanto, es necesario resaltarle sus hojas servicio a favor de la causa republicana .De esta manera, estaremos dando los pasos para ubicarlos en el mismo sitial de los demás héroes de este periodo histórico. Uno de esos patriotas que hay estudiarle su desempeño castrense, es la del Comandante Juan Félix Ovalles, participante en el Asedio a Puerto Cabello, último enfrentamiento que realizaron los patriotas comandadas por el general José Antonio Páez , contra las fuerzas realistas encabezadas por Sebastián de la Calzada en territorio venezolano, que este año se conmemora 200 años de ese acontecimiento.
Este destacado prócer del proceso de independencia nativo de San Juan de los Morros, nace el 22 de junio de 1791, hijo de Josefa Lorca y Carlos Ovalles. Toma la firme convicción de incorporarse al ejército republicano en el mes de abril de 1812, luego de haber ocurrido el devastador movimiento telúrico ocurrido en marzo de ese año, que ocasionó cuantiosas pérdidas humanas e inmuebles en las principales ciudades controladas por los patriotas. Su primera incursión bélica la realizó al lado del General Francisco de Miranda, entre 20 y 29 de abril de ese lapso de tiempo, en la ciudad de la Victoria, contra las fuerzas realistas dirigidas por el capitán de Fragata Domingo Monteverde. En esa refriega sale herido y tiene que huir tras la derrota de los patriotas, motivo por el cual lo obliga a retirarse de la acciones bélicas por un tiempo, mientras se restablecía de las lesiones; una vez recuperado, se alista nuevamente en una unidad militar, esta vez con el grado de subteniente de infantería, en tiempos de la Segunda República, donde se enfrentó a las fuerzas realistas comandadas por José Tomás Boves, en San Francisco de Tiznados, a principios de 1814 (Dávila, 1924).
Después del éxito de la Campaña Provincia de Guayana, entre el 8 de octubre 1816 y julio 1817, el Libertador Simón Bolívar proyecta de inmediato la Campaña del Centro, que tenía como fin de llegar triunfante la región central del país y entrar a la ciudad Caracas, pero tras el descalabro en la batalla de la Hogaza en diciembre de ese lapso, tiene que abortar la operación militar. Al retomarse la expedición castrense a comienzos de 1818, Juan Félix Ovalles se incorpora en esta cruzada, llegando con el ejercito libertador hasta los Valles de Aragua. Toma parte en la Batalla de Semen, también llamada Tercera Batalla de La Puerta, el día 16 de marzo de ese año, donde las fuerzas realistas comandadas por Pablo Morillo, derrotan de manera contundente al contingente patriota comandada por el Libertador Simón Bolívar. En esta acción, este oriundo de San Juan de Los Morros, sale herido en la contienda, al formar parte del cuerpo de infantería republicana, que la que sufrió cuantiosas pérdidas humanas y materiales.
En el mes de agosto de 1818, este prócer guariqueño recibe su merecido ascenso al grado de Teniente de Caballería, por su desempeño en el campo de batalla. Llegamos a 1819, una vez instalado el 15 de febrero el Congreso de Angostura y realizadas las deliberaciones, donde el Libertador Simón Bolívar, pronunció su célebre discurso, en el cual propuso un modelo de Estado Republicano y posteriormente el 2 de abril, los patriotas comandados por el general José Antonio Páez y sus lanceros vencen en una la arriesgada acción en el sitio de las Queseras del Medio, a las tropas realistas comandadas por el general Pablo Morillo, obligándolo a retirarse a la Mesa de Calabozo, motivo por el cual se inicia una nueva campaña en tierras neogranadinas . Este prócer de la independencia participa como integrante del Escuadrón de Dragones a la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, que se inició el 27 mayo en ese lapso de tiempo, por tanto, este soldado de la patria atravesó conjuntamente como los demás compañeros de armas las diversas dificultades para atravesar en tiempo de lluvias los caudalosos ríos y las bajas temperaturas en páramos andinos , para luego vencer a los realistas comandas por el brigadier José María Barreiro en la población de Boyacá el 7 de agosto de ese mismo año. Por tal motivo, estuvo presente en la entrada triunfante de Simón Bolívar y todo su ejército a la ciudad de Santa Fe de Bogotá (Dàvila, 1924), tres días más tarde del referido enfrentamiento bélico, que dio por terminada la Campaña de Libertadora de la Nueva Granada en 77 días.
Entramos al año 1820, momento importante para el bando patriota con los excelentes resultados obtenidos con la liberación de la Nueva Granada, dan un nuevo impulso para ganar la contienda en territorio venezolano; mientras las fuerzas realistas reinaba la desesperanza por la derrota sufrida, aunado al cambio de política imperantes en el gobierno español con respecto a la guerra al recibir el capitán Pablo Morillo, la orden de que arbitre con Simón Bolívar, un tratado de paz y regularización de la guerra. Entre tanto Juan Félix Ovalles, es ascendido con el grado de Capitán en mayo de ese lapso de tiempo. En 1821, tiene participación en la Batalla de Carabobo, encuentro decisivo en la cual los republicanos derrotan contundentemente a los defensores de la Corona Español. El Coronel Pedro Celis, certifica su intervención en dicho encuentro bélico (Ranuàrez ,2017), al no encontrarse en la lista oficial de participantes en refriega. Posteriormente asume la Comandancia Militar de Nirgua, para 1822, continuaba cumpliendo funciones en esa población (Álvarez,2014).
Llegamos a 1823, el ejercito patriota dirigido por el General José Antonio Páez, tiene la misión de reducir lo que queda del ejercito realista en territorio venezolano, el día 3 de agosto, el coronel Manuel Manrique, logra la capitulación del brigadier Francisco Tomás Morales en Maracaibo, quedando solamente, quedando por someter a los defensores de la monarquía española en Puerto Cabello, comandada por el oficial Sebastián de la Calzada. Juan Félix Ovalles, formó parte del contingente de 1500 hombres que participaron en el asedio a Castillo de San Felipe, que comenzó el día 23 de septiembre y culminó, de 10 de noviembre de ese año, con la arriesgada acción de los lanceros que conformaron la operación, permitieron la rendición del último bastión monárquico de la guerra de Independencia en Venezuela.
Ya separada Venezuela de la gran Colombia en 1830, bajo el primer de gobierno José Antonio Páez, a Juan Félix Ovalles, se le ratifica su ascenso a Comandante de Infantería. En 1831, fija su residencia después de haber vivido en Nirgua. Para el año 1835, como respetuoso del orden constitucional establecido, decide apoyar el gobierno del doctor José María Vargas, y combate a los líderes del movimiento Reformista entre el 7 de junio de 1735 al 3 de marzo de 1736,encabezados por Santiago Mariño, Pedro Briceño Méndez y José Tadeo Monagas, que aupaban un la restitución de la Gran Colombia. Después de esta sonada militar, se convierte en Guardia de Honor del General en Jefe José Antonio Páez.
Luego de estar a la disposición del General Páez, no sigue con las pretensiones oligarcas de esta caudillo, por tal motivo, se opone a la guerra civil orquestada por este, contra el recién electo presidente José Tadeo Monagas en1848 (Dávila, 1824), tras el fracaso del asalto al Congreso Nacional y el alzamiento en los llanos de Calabozo y el Apure por parte del centauro portugueseño. Este destacado patriota, ante la severa crisis económica que agobiaba a la nación en1859, durante el gobierno de Julián Castro, toma la firme disposición de luchar por una reivindicación social contra los intereses de los terratenientes y comerciantes que habían empobrecido a sus habitantes en sus gobiernos, por tal motivo, se pronuncia en la ciudad de Miranda, donde residía a favor de los ideales federalistas, inspirados por Ezequiel Zamora, Antonio Guzmán Blanco y Juan Cristòfono Falcón.
Este prócer de la independencia, que nació en San Juan de los Morros, muere el 2 de febrero de 1862, antes de culminar la guerra Federal, con una trayectoria impecable al servicio de la patria: lucha al lado Francisco de Miranda en 1812, sigue con el Padre de la Patria, Simón Bolívar ,a la Nueva Granada , y acompaña a José Antonio Páez, desterrar los últimos contingentes de partidarios de la corona española. A pesar de caer herido en el campo de batalla en varias oportunidades, nunca se amilanó, siempre estuvo dispuesto a superar las adversidades. Desde el comienzo de la contienda independentista estuvo preparado para el combate y le tocó la providencia de estar en la última refriega que dio por terminada la ocupación del imperio español en territorio venezolano, como fue la toma del Fuerte de Felipe en Puerto Cabello, hace 200 años. Una forma de reconocerle sus méritos y su trayectoria insurgente.
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Hortencia Rodríguez, directora del film Casas Muertas, el pueblo que se negó a morir (2023)
La obra fue dirigida por la escritora orticeña y profesora Hortensia Rodríguez, directora de la Compañía de Teatro Municipal de Ortiz (Cumunteatro Ortiz). Y, la misma, es un proyecto que venía desarrollándose desde hace mucho tiempo: explorando distintos géneros desde el teatro hasta los videos cortos.
Por José Obswaldo Pérez
Casas Muertas, la novela de Miguel Otero Silva (1908-1985), ha servido de inspiración para una nueva adaptación de su obra, esta vez, en un largometraje. La película, una especie homefilm, lleva el nombre de Casas Muertas, el pueblo que se negó a morir (2023), la cual se estrenará el próximo 28 de agosto, en el marco de las festividades patronales de Santa Rosa de Lima de Ortiz.
La obra fue dirigida por la escritora orticeña y profesora Hortensia Rodríguez, directora de la Compañía de Teatro Municipal de Ortiz (Cumunteatro Ortiz). Y, la misma, es un proyecto que venía desarrollándose desde hace mucho tiempo: explorando distintos géneros desde el teatro hasta los videos cortos. Su único objetivo es promover unas de la obras literarias más importantes de la literatura mundial que identifica el pueblo de Ortiz, el cual algunos de sus habitantes todavía desconocen.
Este trabajo arduo de Hortensia tiene sus antecedentes: El ave fénix, Los Pregoneros y ¿quién es el muerto? por decir, los titulos que más recuerdo en este momento. Pero la idea principal de Hortensia es haber llevado al movimiento cinético los doce capítulos de la novela escrita. Más de dos horas de duración. Cosa nada fácil cuando se trata de adaptar una obra literaria al cine, quizá la tarea más compleja sea honrar el original. Desde luego, cada secuencia es un retrato narrativo fiel a la obra. Locaciones de los escenarios descriptivos, vestuario, música, lenguaje y, desde luego, el papel histriónico de los actores, juegan un papel importante a la hora de evaluar la producción. No basta, por su puesto, un buen guión. El ritmo de cada secuencia es, al final del día, responsabilidad casi exclusiva del director.
Por otra parte, quizás, el mensaje que esconde Casas Muertas, el pueblo que se negó a morir no sea el ego de hacer un film casero ―con las uñas y los pies-para recrear un momento histórico de la Venezuela gomecista (1908-1936). La virtud subyace en ese esfuerzo humano y colectivo que ha creado Hortensia Rodríguez, por más de treinta años de vida cultural, dedicada a su Ortiz y a su gente: la existencia como pueblo. Una honradez que nos estimula a “sí, podemos” y que “aquí hay mujeres y hombres que tenemos talento”. Una aliento para el futuro. Una esperanza por salir del olvido.
Finalmente, Hortencia honra al escritor Miguel Otero Silva al cumplir con la intensión inicial del autor: la de hacer una película (esa fue su idea que, finalmente, terminó en una gran novela). Porque no hay, en la historia del cine nacional, un proyecto como lo planteado por la directora de Casas Muertas, el pueblo que se negó a morir. Vale felicitar al talentoso grupo de actores (todos orticeños) que, con el mejor histrionismo, lograron representar los personajes de la obra.
De igual manera hay que reconocer el aporte Daniel Alejandro Polini, un joven fotógrafo coterráneo que ha estado a la altura a contribuir con su trabajo a los mejores focus de la película mediante técnicas fotográficas. A lo mejor hay otros como Polini que, entre telones, jugaron un papel importante en la filmación de la cinta. Cosa que sabremos más adelante. Mientras tanto busquemos la butaca y preparémonos para acompañar a Hortensia en esta puesta en escena. Suerte.
La trama social sobre las tierras de Ortiz tiene sus orígenes lejanos y, detrás de ellas, algunos personajes valiéndose de algún poder han querido ponerle la mano.
Por José Obswaldo Pérez
Al grito de “ ¿quién da más?”, el 26 de marzo de 1787 se realizó la subasta de las tierras de Ortiz. El Teniente de Justicia Interino, José Alejandro Fernández, desde una esquina de la Plaza Mayor, hizo dar el tercer pregón y se oyó la voz del indio Gregorio Matute decir: “¿quién da más?”.
Las tierras de Ortiz fueron puestas en remate a un precio base de 70 pesos, como expresión del precio de sus linderos y avalúos. Los subastadores consideraban justo ese valor, argumentando que se trataban de tierras cerrajeras, áridas y estériles. Pocas provechosas para la agricultura.
―A la una, a las dos, a las tres, ¿quién da más?, se volvió a oír a Matute.
A los pocos minutos, se presentó el Capitán Ganadero Don Antonio Barreto y ofreció cinco pesos más sobre los 70 en las que se hallaban evaluadas las anunciadas tierras.
Al publicar Matute la oferta de Barreto, apareció en el lugar el Bachiller don Lorenzo Fonseca- hijo de uno de los principales de San Sebastián de los Reyes, aunque había nacido en Villa de Cura- y ofreció cinco pesos sobre los 75 en que se hallaba fijado en la subasta.
El indio Matute volvió a repetir el pregón: “¿Quién puja más?”.
―A la una, a las dos, a las tres, ¿quién da más?
Y como no hubo otro postor que redoblara la oferta y siendo las doce del mediodía, el Teniente de Justicia ordenó suspender el acto de la venta de las tierras realengas del pueblo de Ortiz, a la que habían sometido a la puja.
Más tarde, hubo reunión entre los principales del pueblo; pero, también, asistieron los vecinos más pobres, donde acordaron en asamblea hacer oposición a la venta de estas tierras, con una contra oferta al remate: “(…) ofreciendo dar el tanto en que se haya puesta por el mayor postor, para que concediésemos como legítimos y antiguos poseedores…”, dice un documento al respecto.
Ese tanto, eran 80 pesos oro. Lo que debieron pagar los orticeños a las arcas reales del Rey, para adquirir la llamada Posesión de Ortiz. Así fue. En la propuesta, los lugareños argumentaron, con derecho, a que se le prefiriese, en primer lugar, que a los extraños. Razones prealegadas lo justificaban: por ser antiguos poseedores de la tierra.
Como se verá la trama social sobre las tierras de Ortiz tiene sus orígenes lejanos y, detrás de ellas, algunos personajes valiéndose de algún poder han querido ponerle la mano. Hoy, en pleno siglo XXI, esos mismos personajes existen, aún más con mayor apetencia terrófaga. ¿Cuál será la razón?
El asunto agroalimentario como palanca en el rescate de derechos fundamentales
Los datos e informaciones aquí expresados, han sido consultados en los informes que al respecto han presentado; la CEPAL, la ONU, el PMA (programa mundial de alimentos), la FUNDACIÓN BENGOA, CARITAS y ENCOVI. Son cifras irrebatibles e inocultables, y por más cinismo que se imprima en su negación, revelan la existencia de un gravísimo problema de carácter humanitario que empuja al pais y a toda su población, a una espiral de violencia, vorágine y a un tremedal que pareciera no tener fondo.
A los candidatos de las primarias
El SAV tiene que ser visualizado como un complejo mecanismo de encadenamientos socioproductivos, que deben ser transversalizados.
Por Jesús Cepeda Villavicencio.
INTRODUCCIÓN
Hay sectores de la socioeconomía de una nación cuya específica naturaleza, los coloca en una situación de mayor vulnerabilidad y debilidad para enfrentar con éxito, las crisis cíclicas, recurrentes o estructurales que la propia dinámica económica y política impone en determinados momentos de la historia. La dependencia climática y la propia condición biológica de la actividad agropecuaria, ubica a esta, en la cúspide de la pirámide de riesgos, de manera que la importancia vital que ella reviste para la sociedad, debe inexorablemente ser atendida bajo un enfoque integral en sus políticas; racional y consensuadamente, sin ambigüedades, dispersiones o perversos intereses político partidistas.
En cien años de absoluto monopolio del rentismo petrolero, tanto en lo político como en lo cultural, social y económico, el pais ha transitado por innumerables y lamentables capítulos que han comprometido seriamente su propia seguridad alimentaria; por la fragilidad que ha significado la extrema dependencia de ésta, a las importaciones alimentarias, las que a su vez siempre han respondido al carácter volátil de los precios petroleros, que son los que en definitiva han permitido sufragar la histórica facturación importadora. Esta caracterización que resumimos en la siguiente expresión; “Es la cualidad de la bonanza petrolera (la que a su vez está condicionada por los precios del commodity), la que ha condicionado el establecimiento o no de las políticas expansivas o restrictivas en el gasto público, hito al que ha estado históricamente atada la economía no petrolera; un cordón umbilical que debe ser superado, con políticas integrales y planificadas en todos aquellos estamentos productivos que puedan definitivamente contribuir con la diversificación de nuestra economía, y aquí, el encadenamiento socioproductivo que el SAV ofrece, es uno de esos estratégicos eslabones”. Esta incuestionable realidad historica que nos ha definido, y que ha llegado a sus máximos niveles de criticidad, con el trágico desatino político del actual régimen, hace obligante el accionar consensuado de los diversos sectores y actores pensantes, racionales y dolientes de esta terrible causalidad, conminandonos en consecuencia a repensar y a buscar las necesarias coincidencias para poder abordar con éxito, el desafío que significa proponer las acciones, programas y planes para el SAV, bajo el paraguas de una visión integral, holística y moderna, en el entendido de que esta vez, pareciera que nos estuviésemos acercándonos al más peligroso de los umbrales; EL HAMBRE.
El resumen esquemático que presentamos a continuación, refleja los aspectos más cruciales y trascendentales que contextualizan lo que ha sido y ha acontecido en 100 años. En primer lugar la génesis; 1924, año que podemos definir como el punto de inflexión entre la economía agroexportadora y el paso de la adolescencia a la adultez de la economía petrolera, a partir del cual se aceleran dos proceso históricos que marcaran el rostro definitivo del devenir de la culturalidad venezolana; El éxodo campo ciudad y el capitalismo rentístico como pivote del desarrollo. La evolución del SAV en esta centuria puede sintetizarse en una sencilla frase; “participación marginal en el cuerpo económico de la nación”. Las agudas crisis tanto estructurales como coyunturales, coadyuvaron en esta gradual pérdida de importancia relativa; históricos problemas de diseños en las políticas macroeconómicas y agrícolas, en la seguridad tanto juridica como personal, en la infraestructura de apoyo, en la ciencia y la tecnología, en los cíclicos inconvenientes de los flujos de insumos, en los rezagos de precios reales de los productos agropecuarios y la falta de visión estratégica para definir programas agrícolas de corto, mediano y largo plazo, se combinaron para crear el mosaico perfecto que condujo a la marginalización de las actividades agropecuarias y del consumo de alimentos. A pesar de todo ello, siempre se ha mantenido la aspiración de construir un SAV que sea capaz de ordenar sus encadenamientos productivos, de aportar como conjunto un mejor rendimiento en el PIB nacional, que garantice por lo menos el 70% de los alimentos que consumimos y que definitivamente funcione complementaria y balanceadamente (producción nacional-importaciones), para garantizar que nuestra seguridad alimentaria descanse mayoritariamente en la diversidad productiva de nuestros ecosistemas, impulsando con ello la estabilidad de las regiones agrícolas nacionales.
SITUACIÓN ACTUAL (EHC)
Los datos e informaciones aquí expresados, han sido consultados en los informes que al respecto han presentado; la CEPAL, la ONU, el PMA (programa mundial de alimentos), la FUNDACIÓN BENGOA, CARITAS y ENCOVI. Son cifras irrebatibles e inocultables, y por más cinismo que se imprima en su negación, revelan la existencia de un gravísimo problema de carácter humanitario que empuja al pais y a toda su población, a una espiral de violencia, vorágine y a un tremedal que pareciera no tener fondo.
En relación a los medios de vida; los datos abarcan una población para el año 2021 de 27.6 millones de personas que no disponen de los recursos económicos necesarios y suficientes para cubrir todos y cada uno de sus gastos esenciales. De ese total; 18.5 millones padecen grandes necesidades humanitarias, porque perdieron o extenuaron sus medios de vida de forma irreversible para poder alimentarse (agotamiento de ahorros, venta de bienes y artículos del hogar) y para Junio de ese mismo año, el salario mínimo real se había reducido en un 95%, es decir prácticamente había desaparecido, y paralelamente a ello, la producción de alimentos se había reducido a un 20% de su capacidad, con relación a la que tuvo en el año 2008.
Los datos del PMA publicados en el año 2019 confirmaron una crisis alimentaria aguda de elevada escala en por lo menos 9.3 millones de personas sufriendo inseguridad alimentaria, de esa cifra; 44.3% (4.119.900) tiene algún grado de inseguridad tolerable, 24.5% (2.278.500) inseguridad moderada, 17.8% (1.655.400) había reducido el consumo a niveles inaceptables, 12.3% (1.143.900) había llegado a niveles límite, 8.1% (753.300) con inseguridad severa y 5.5% (511.500) se encontraba en déficit extremo. Esta situación ha colocado a Venezuela entre los países con las cuatro mayores crisis alimentarias del mundo, y con una tendencia aún más pesimista después de la pandemia por el agravamiento en todos los órdenes sociales, económicos, políticos y culturales. Una hiperinflación que se ha prolongado en el tiempo, acompañada de una estrepitosa caída de la producción nacional y de las importaciones de bienes alimentarios, y aun cuando estas últimas mostraron leves mejoras a partir del año 2020, los elevados precios de esos bienes, se han tornado inaccesibles a una depauperada población, todo lo cual ha contribuido a que en solo dos años, la inseguridad alimentaria (crisis alimentaria aguda de elevada escala) haya alcanzado la cifra de 14.3 millones de personas (un incremento del 65% en tan solo dos años)), con sus respectivas secuelas.
Para el año 2019 la FAO en la actualización de sus datos para Venezuela corroboraba las informaciones del PMA, utilizando las categorías de subalimentados o con hambre crónica. Entre los años 2015 y 2019 la disponibilidad de alimentos cayó un 73%, afectando a la ingesta proteica en ese mismo porcentaje y a la calórica en un 34%.
La falta de apoyo a la producción nacional se puede definir como una constante en este régimen gubernamental. Desde que se decidió concretar un ministerio para la alimentación, separando este renglón de su nicho natural; la agricultura y la cría, lo que hicieron fue desarrollar una estrategia que no fue otra cosa, que el fomento de la importación de alimentos a una escala sin precedentes, procedimiento estimulado con una política de tasas preferenciales para tales efectos, del que resultaron mayoritariamente favorecidos las elites militares que fueron las que se apropiaron de ese lucrativo y corrupto negocio, en un abierto y descarado perjuicio de la producción nacional y de la estabilidad de las regiones agrícolas del pais. Este oscuro negocio pudo mantenerse durante todo el periodo de la gran bonanza petrolera.
A lo anterior hay que sumarle la aguda escasez de combustible que se ha hecho crónica no solo desde la pandemia, sino que aún persiste, y ha complicado más el panorama de la disponibilidad y acceso de los alimentos para las grandes mayorías de la población. Hoy lo que ocurre con los productores hortícolas de los Andes Venezolanos, es un patético reflejo de lo que venimos argumentando.
El corolario de todo esto se expresa, al compararlo con el año 2015, en una disminución del consumo de; carne (93%), leche y derivados (85%), arroz (89%) y hortalizas en un (80%), todo lo cual contribuye desde el ángulo alimentario con lo que se ha denominado una emergencia humanitaria compleja (EHC) de proporciones épicas que el gobierno se empeña en desconocer.
Estos déficits tanto calóricos como proteicos, se ven reflejados dramáticamente en un estudio realizado por la fundación BENGOA, focalizado en niños menores a dos años de los estratos poblacionales C,D y E, encontrándose severos retrasos en el crecimiento en talla (RCT) o desnutrición crónica. A esa edad, ese retraso es una consecuencia cuyo origen se ubica no solo en la etapa postnatal, sino incluso con mayor severidad en la etapa prenatal, por la exposición de las progenitoras a deficiencias alimenticias y nutricionales, siendo obvio que estas anomalías impactarán el desarrollo cognitivo de esos niños, así como su ulterior desarrollo, existiendo como derivación de todo esto, una alta probabilidad de ocurrencia de graves problemas de salud pública en el corto y mediano plazo.
Todas estas referencias antes contextualizadas, explanan con prístina claridad el tamaño del problema del SAV, solo en el análisis del aspecto medular del mismo; el consumo, que es uno de los siete complejos subsistemas que lo integran.
LAS PREMISAS
Dos conceptos, cuatro condiciones y cuatro interrogantes.
Partimos de la convicción de que todos los planteamientos y actos conclusivos que presentamos como propuestas, se inscriben dentro de los marcos y límites; que aquí definimos como premisas.
Toda pretensión analítica que intentemos abordar con relación al SAV, debe necesariamente partir de la precisión conceptual de dos categorías que son correlativas y complementarias; la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria. Pareciera simple pero no lo es, estas dos acepciones han sido objeto de grandes debates y controversias, en foros y eventos a escala mundial; lo cual refleja la magnitud de su significado y alcance, que cobra mucho más trascendencia en un mundo globalizado tanto económica como políticamente, regido por el comercio como motor que impulsa tales acontecimientos.
La desigual distribución de los recursos planetarios (básicamente aguas y tierras, en el caso de los sistemas alimentarios), hace impensable que las naciones deban centrarse solo en sus visiones soberanas para garantizar sus respectivas seguridades alimentarias, porque ningún pais está aislado y la autarquía plena es una utopía. Los excedentes en la producción de bienes de diversas naturalezas (en aquellos países en los que eso es posible) se expanden en un comercio globalizado que fortalece política y económicamente los Estados nacionales favorecidos por el azar natural, imponiendo grandes desafíos internos en las naciones desfavorecidas, obligandolas a la búsqueda permanente de un equilibrio entre un derecho (seguridad alimentaria) y una capacidad (soberanía alimentaria) determinada por condiciones naturales que en muchos casos limitan su posibilidad, teniendo en consecuencia que recurrir a las importaciones. En el caso venezolano resulta inaceptable que con los privilegios y potencialidades productivas que se poseen, el pais dependa en grado sumo de las importaciones alimentarias para garantizar su seguridad. Esto es más un hecho político circunstancial de nuestra singularidad rentística, que una necesidad de Estado para garantizar nuestra sostenibilidad como república. Por tal razón y ante la cruda realidad a la que estamos sometidos, no puede haber más demora en la concertación de una política de Estado que atienda la estabilización del SAV.
El diseño de la propuesta se sustenta en cuatro condiciones:
1). Se debe proyectar cuántos seremos los venezolanos en el mediano y largo plazo; aquí ya no basta que proyectemos en función de las tasas de crecimiento poblacional interanual, porque el fenómeno de la diáspora poblacional, ahora es un actor con carácter protagónico.
2). Se debe precisar cuál será la cantidad de calorías, proteínas y reguladores metabólicos demandados por esa población, de manera que esta pueda tener una vida socialmente útil.
3). Se deben definir los rubros agrícolas y pecuarios que podemos producir en el pais, y dadas sus conversiones nutricionales (calóricas, proteicas y reguladoras), correlacionar hasta donde puede ser suplida la demanda que esa población requiere.
4). Se debe partir de un real inventario de recursos productivos; tierras, aguas, acervo científico tecnológico, bienes de capital, recursos humanos (productores, agrotécnicos, empresarios agrícolas y agroindustriales, empresas de servicios, etc) capaz de poner en marcha los encadenamientos.
Estas cuatro grandes consideraciones nos conducen a su vez, al despeje de cuatro grandes interrogantes:
1). ¿Por qué debemos actuar?. Porque el hambre de nuestros niños y adolescentes recorre como un fantasma todos los rincones del pais, poniendo en tela de juicio nuestra propia sustentabilidad como república.
2). ¿Cómo debemos actuar?. Consensuando una propuesta entre todos los demócratas de este pais. Enarbolando la bandera de la venezolanidad, nuestras tradiciones y costumbres. Más allá del rentismo, somos un pueblo que tiene ancestrales vocaciones agrícolas.
3). ¿Con qué podemos actuar?. Con las potencialidades agroproductivas que el pais posee. Solo necesitamos un concertado acuerdo político para legislar y planificar.
4). ¿Con quién lo vamos a hacer?. Con el concurso del emprendimiento privado, solo necesitamos un Estado que garantice derechos y favorezca la subsidiariedad.
Esbozadas las consideraciones anteriores, que constituyen las directrices sobres las que creemos se debe actuar políticamente, pasamos a presentar los elementos centrales, sobre los que se aspira se pueda consensuar el acuerdo político.
LA PROPUESTA
La propuesta consiste en el desarrollo concertado, consensuado y simultáneo de cinco grandes líneas de acción, las cuales permitiran ir alcanzando gradualmente los tres grandes objetivos-metas que consideramos básicos para la estabilización del SAV. Estas acciones están enfocadas en la necesidad de estimular una estructura productiva que sea capaz de repuntar consigo, los niveles de producción y encadenamientos de procesos que nos permitan en los lapsos previstos, cumplir los objetivos. Tenemos que estar conscientes que nos estamos refiriendo a una planificación agroalimentaria, no solo a una planificación productiva, que es una fase muy importante de ella. Desde esta perspectiva el enfoque abarca; reformas institucionales, marcos legislativos y planificaciones tanto ejecutivas como productivas para poder atender de manera simultánea los siete subsistemas que hemos definido dentro del SAV (agrocomercio, infraestructura de apoyo, la unidad productiva, el medio natural y el contexto socioeconómico, la institucionalidad rectora, la agroindustria y el consumo) y que también asumimos como noción de Sistema de Sistemas. No hay más tiempo para improvisaciones y aventuras, separar lo que con urgencia amerita el corto plazo, del mediano y largo plazo, sin que se desvirtúe la transversalidad de la propuesta, es fundamental porque evita las improvisaciones en las asignaciones de recursos, los que además de escasos, con un elevado grado de probabilidades van a provenir de los acuerdos en la normalización de las relaciones económicas y financieras internacionales. Para que este engranaje pueda funcionar, es necesario en primer lugar que se active la producción primaria en el corto plazo (dos años). En este sentido este periodo que consideramos transicional, si necesita con premura un impulso productivo inicial que tiene que estar acompañado de la gradual activación del resto de las líneas estratégicas. Este impulso debe estar dirigido al circuito cerealero (arroz, maíz y sorgo), ya que este es un circuito elástico, que responde con celeridad a los estímulos productivos, además de ser la palanca que activa el subsistema agroindustrial (agroindustrias de arroz, harina precocida y alimentos balanceados para animales) lo cual reanimaria así mismo los circuitos cárnicos, elevando el consumo proteico. Es necesario destacar que en relación a estas acciones a corto plazo ya se tienen los estudios de factibilidad de las inversiones, no solo para la adquisición de los insumos necesarios, sino también para poder subsanar la obsolescencia del capital de explotación fijo muerto (tractores, cosechadoras, equipos en general y repuestos), así como la incorporación de nuevas tecnologías. Esta información se presenta como un apéndice del presente informe.
Los objetivos metas de la propuesta son los siguientes:
1). Garantizar para toda la población venezolana una disponibilidad de alimentos (con accesibilidad) capaz de suplir un per cápita calórico superior a las 2800 k-calorias por día, y un per cápita proteico superior a los 80 gr por día; en un lapso no mayor a 8 años.
2). Garantizar que la demanda nutricional de la población sea suplida en una proporcion equivalente a la siguiente inecuación (producción nacional no menor al 70% e importaciones no mayor a un 30%); en un lapso no mayor a 8 años.
3). Garantizar que la balanza comercial agroalimentaria se aproxime a su equilibrio en un lapso no mayor a 8 años (aproximar las exportaciones agrícolas a un nivel cercano o superior a las importaciones respectivas).
Para que esos objetivos se puedan alcanzar, es necesario un plan que ordene de manera simultánea las cinco grandes líneas de acción que se proponen a continuación:
1). El asunto macroeconómico y su impacto en el comportamiento del SAV. Al respecto solo resaltamos en este breve informe, que el objeto fundamental de un plan de estabilización macroeconómico (que en nuestra visión política lo enmarcamos dentro de la concepción de la macroeconomía socialmente responsable) debe ser abatir la inflación. Este principio debe conducir al establecimiento de una tasa de cambio real (TCR) en equilibrio, porque de lo contrario es imposible hacer de la economía agropecuaria una actividad competitiva.
2). Reformas institucionales; dentro de las que destacan la urgente necesidad del cese de la abultada burocratización del SAV, regido en la actualidad por cinco ministerios y un sin numero institutos autónomos, que deben gradualmente ser fusionados, configurando una estructura institucional pública agrícola de pocos organismos de adscripción, pero de elevado nivel tecnico de gestion. Asimismo es indispensable impulsar las respectivas reformas legales (marco jurídico del sav), el sistema de financiamiento, la integracion vertical de los procesos agroalimentarios y las respectivas reformas fiscales.
3). La visión holística o de sistema de sistemas (como concebimos el SAV). Esto requiere como ya está establecido en los estudios respectivos, un análisis de cada uno de los subsistemas que conforman la referida visión.
4). El enfoque de la ruralidad versus la tradicional concepción de lo rural. Esto implica la definitiva superación del tradicional enfoque de entender lo rural como algo simplemente distinto a lo urbano, y definirlo básicamente por criterios censales, pasando a entenderlo como ruralidad, como una cualidad que responde a una compleja dinamica que se expresa y materializa a través de múltiples gradientes que los define la distancia, la movilidad social y la economía. Esto se puede visualizar al evaluar sus condiciones actuales, analizando los inevitables cambios que deben ocurrir y las disyuntivas que los mismos generaran.
5). Los planes agroalimentarios de corto, mediano y largo plazo. Estos son considerados los elementos propiamente operativos y productivos. Ellos representan una vieja lucha y una deuda nacional que se remonta muchos años atrás. Afortunadamente es copiosa la información que se dispone para su definitiva elaboración y puesta en marcha.
FINALMENTE: Un compromiso de principios y de valores fundamentales para la reinstitucionalización de la convivencia social.
1). Pedagogía política; para poder enfrentar y vencer las amenazas del populismo.
2). Frontalidad ante la demagogia; irrestricto respeto a lo que se puede y debe cumplir.
3). La firmeza en la lucha contra la corrupción; tiene que ser una política de Estado, de estricto cumplimiento, tanto de quienes gobiernan como de quienes delegan la representatividad.
4). Hay que vencer la atonía social; la participación ciudadana debe y tiene que ser activa en las reivindicaciones de todos y cada uno de sus derechos, y dentro de ellos es crucial la libertad de expresión y de todos los medios que puedan hacerla posible. pero también es imprescindible una ciudadanía consustancial con sus deberes.
Y como un acto conclusivo fundamental de estas reflexiones; colocamos la impostergable necesidad de reinstitucionalizar los sistemas de cuentas y estadísticas nacionales, hoy sometidos a la más inmoral ignominia, porque sin ellos, es imposible concretar una planificación agroalimentaria, ajustada a las condiciones que nos impone una difícil y compleja realidad.
NOTA FINAL
Las notas expuestas en este informe, se encuentran desarrolladas en una investigación en curso, “in extenso”, que hemos intitulado “UNA VISIÓN HOLISTICA DEL SISTEMA AGROALIMENTARIO VENEZOLANO”.
Jesús Cepeda Villavicencio es ingeniero agrónomo, MsSc en Desarrollo Rural, doctor en Ciencia de la Educación, profesor universitario jubilado, ensayista y político.TLF: 04243215824.Correo: cepevillajl56@gmail.com