El fotógrafo venezolano José Antonio Gil, ganador del Emmy 2019 y marcado desde su infancia por la sabana llanera, regresa simbólicamente a ese territorio afectivo como jurado del Primer Concurso de Fotografía Digital Amateur Apure y Guárico, donde su mirada —forjada entre memoria, técnica y emoción— acompaña a nuevas generaciones en la búsqueda de la esencia del llano contemporáneo.
Por José Obswaldo Pérez
Caracas lo vio nacer, pero el llano lo cautivó. Así podría resumirse su primera experiencia con el paisaje llanero de José Antonio Gil, fotógrafo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela—actualmente residente en Panamá y ganador del premio Emmy 2019 tras hacer y publicar en Univisión el reportaje "Afrolatinos". Hoy participa como jurado del Primer Concurso de Fotografía Digital Amateur: Apure y Guárico, auspiciado por la Revista Fuego Cotidiano. Su presencia en el certamen no es casual: detrás de su lente hay décadas de sensibilidad, memoria y una relación íntima con la sabana.
Una vocación que nació en familia
Desde muy joven, Gil descubrió que la fotografía era más que un pasatiempo. En su casa había una cámara Kodak sencilla, reservada para cumpleaños y celebraciones. Pero a los 14 años pidió su primera cámara réflex, un gesto que marcó el inicio de un camino autodidacta: lentes, accesorios y largas horas aprendiendo técnicas de revelado en blanco y negro.
“Ser el fotógrafo de la familia me apasionaba”, recuerda. Ese impulso inicial se transformó en una mirada profesional que hoy combina técnica, emoción y memoria.
El llano como espacio afectivo
Aunque nació en Caracas, su infancia estuvo marcada por viajes recurrentes a un hato cercano a Las Mercedes del Llano. Allí, entre ríos cristalinos y extensiones infinitas de sabana, se formó su sensibilidad visual.
“Guardo muchos recuerdos de esos fines de semana en familia. Ya de adulto no viajaba tanto, pero dos visitas al Parque Nacional Aguaro-Guariquito quedaron grabadas con nostalgia”, cuenta.
Es precisamente esa conexión la que hoy lo convierte en un jurado ideal para un concurso que busca capturar la esencia del llano contemporáneo.
Modernidad y tradición: dos tiempos en una misma imagen
Gil ha sido testigo de los cambios en la vida llanera. Recuerda las carreteras de granzón que se volvían intransitables en época de lluvias, los hatos sin electricidad, los mecheros de gasoil iluminando las noches.
“La llegada del asfalto y la electrificación mejoró la vida del productor, pero también transformó la dinámica tradicional”, reflexiona.
Su mirada reconoce que el progreso convive con la pérdida de ciertos ritmos y escenas que antes definían la cotidianidad llanera.
Los símbolos visuales del llano
Para Gil, cada fotografía es un lienzo en blanco que se llena desde la emotividad y el propósito. En su imaginario conviven dos mundos:
- La acción: la faena ganadera, el peón sobre el caballo, el movimiento preciso para dominar un maute brioso.
- La contemplación: una garza blanca recortada por el sol naciente, los colores del ocaso reflejados en una laguna, la quietud que también narra.
Esa dualidad —fuerza y serenidad— define su manera de entender el llano.
Una invitación a mirar con otros ojos
Su recomendación para quienes desean fotografiar o simplemente apreciar el entorno cotidiano es sencilla pero profunda:
“Debemos ser eternos curiosos. La sabana siempre está allí, pero los detalles cambian: el vuelo de un gavilán, una manada de chigüires, una baba en la orilla de la laguna. Y no solo la fauna: la gente y sus historias son tesoros”.
Para él, el llano no se mira solo con los ojos: se escucha, se huele, se siente.
Una imagen que permanece
Entre sus recuerdos más significativos destaca una fotografía tomada en una acampada en el Parque Nacional Aguaro-Guariquito.
“Desperté muy temprano y cuando el sol apenas asomaba, capturé una imagen que titulé: El color del final de la noche”. Esa foto resume su relación con el paisaje: paciencia, sensibilidad y un profundo respeto por la luz.
Un territorio inagotable para la fotografía
Gil está convencido de que el llano ofrece una diversidad tan amplia que representa un reto para cualquier fotógrafo.
“Desde paisajes naturales hasta rostros, fauna, agricultura y ganadería, la variedad es inmensa. Un concurso como este dejará imágenes hermosas y abundantes”.
Su participación como jurado no solo aporta experiencia técnica, sino una mirada que entiende el llano desde adentro, desde la memoria y desde la emoción.

