viernes, abril 07, 2023

Acerca de la cuestión agroalimentaria venezolana (dieciséis)

Es impensable la prefiguración de las líneas de acción en los planes agroalimentarios del pais (SAV), si previamente no insertamos todo lo que hasta ahora hemos venido discutiendo, en el marco de lo que significa una moderna visión de la RURALIDAD, ajustada (con la respectiva adaptación a nuestras condiciones socioeconómicas, agro ecológicas y ambientales) a los criterios globales de la agenda 2030 y los 17 objetivos del desarrollo sustentable. En estas entregas referidas a este ítem en particular, trataremos de colocar los elementos neurálgicos que lo caracterizan.



Por Jesús Cepeda Villavicencio


EL ASUNTO DE LA RURALIDAD


I). Hay que romper el molde tradicionalmente convenido para definir a lo rural. La primera impresión que nos llega a la mente, cuando escuchamos algo referido a ello, es una región aislada y de escasa población. De hecho, lo rural se concibe como lo opuesto a lo urbano, se mide y define en razón al número de sus habitantes (bases censales), pero también es común observar como la apreciación sociológica de una modernidad mal interpretada, visualiza al hombre rural, como un ser inculto, atrasado, pobre, como una especie de clase social inferior. Este paradigma se materializa a su vez, en los planos políticos, cuando se definen las políticas para el espacio rural; “políticas pobres, para una región que se considera pobre y atrasada”. Es nuestro deber negar en términos absolutos este tipo de visiones, conceptos y concepciones arraigadas a través de mediaciones históricas, que se han manifestado en eventos como los referidos, y avanzar en la comprensión de su alcance; como cualidad de lo rural, que en esta elaboración se precisara como RURALIDAD, como esencia y naturaleza, de lo que el medio rural puede y debe llegar a ser, como palanca del desarrollo en el devenir de la Venezuela democrática que aspiramos construir.


Es impensable la prefiguración de las líneas de acción en los planes agroalimentarios del pais (SAV), si previamente no insertamos todo lo que hasta ahora hemos venido discutiendo, en el marco de lo que significa una moderna visión de la RURALIDAD, ajustada (con la respectiva adaptación a nuestras condiciones socioeconómicas, agro ecológicas y ambientales) a los criterios globales de la agenda 2030 y los 17 objetivos del desarrollo sustentable. En estas entregas referidas a este ítem en particular, trataremos de colocar los elementos neurálgicos que lo caracterizan.


Dentro de este contexto consideramos conveniente abordar en este asunto, nociones que pueden ayudar a entender la RURALIDAD como una entidad dinamica y compleja, no limitándose solo a la tradicional manera de concebirla, de allí que entenderla con enfoques como “rural disperso”, “rural concentrado” y “periferia urbana”, coadyuvarian, sin lugar a dudas, a capturar la existencia de un gradiente entre lo urbano y lo rural; lo rural-urbano, dejando de lado la dicotomía de las definiciones censales o administrativas. En consecuencia, es esencial entender tres aspectos básicos; las condiciones del mundo rural, los factores que pueden impulsar el cambio y las disyuntivas a las que se enfrentan por un lado la RURALIDAD como un todo, y por el otro, los planificadores, políticos y entidades, desde donde se pueda impulsar la transformación rural.


En Venezuela las condiciones de la RURALIDAD se pueden calificar como dramáticas, en ese medio se expresa con más crudeza; los rezagos, las desigualdades y la exclusión, presentes en la infausta emergencia humanitaria compleja que padecemos, y acerca de la cual ya hemos hecho referencia en artículos anteriores. Estos rezagos y brechas sociales no son estáticos, por el contrario, tienden a reproducirse y a transmitirse de una generación a otra, como resultado de la interacción de las múltiples desigualdades sociales, económicas y territoriales presentes en el entorno rural. Este permanente rezago, es lo que se conoce como trampas territoriales de pobreza, desigualdad y baja movilidad social. Y es precisamente a eso, a lo que nos enfrentamos cuando planteamos una visión holística del desarrollo. Pero este problema no es solo venezolano, es también una realidad en nuestra América Latina y Caribeña (ALC), lo que pasa, es que a esta escala la intensidad con que se manifiesta, es muy sutil, en comparación con lo que aquí se vive.


La FAO estimaba que en ALC, existían para el año 2018 cerca de 40 millones de personas con graves problemas alimentarios, de ese total el aporte venezolano es altamente significativo con aproximadamente 15 millones de personas subalimentadas y con graves déficits nutricionales; como se pudo verificar cuando nos referimos a ello, en la entrega número cuatro. A este grave problema se agregan las dificultades de acceso a los servicios e infraestructura básica, los cuales siguen siendo muy limitados en el ámbito rural. La conectividad, las telecomunicaciones y el internet, son inexistentes o deplorables en la inmensa mayoría de este territorio, al igual que el poder disponer de otros vitales servicios, como agua segura, saneamiento y electricidad. Sin embargo, más allá de estas pronunciadas brechas, el desafío que se tiene por delante, consiste en principio, en asegurar en los planes y programas de acción política, una base mínima indispensable de estos servicios, para poder acercarse al relativo cumplimiento de los objetivos del desarrollo sustentable. Los casos en salud y educación guardan así mismo un paralelismo con lo anterior, y las pretendidas políticas redistributivas de la tierra, significaron un estruendoso fracaso, como también lo alertamos oportunamente.


Estas condiciones que con crudeza expresa la realidad de la RURALIDAD en Venezuela, refuerzan la noción de que este rezago social, no es solo un problema de brechas de activos, bienes y servicios, sino más bien de la reproducción e interacción de esas múltiples desigualdades urbano-rural, lo que nos invita a modificar los enfoques que hasta ahora se han venido utilizando para atacar los problemas en ese medio, porque definitivamente estos, han desembocado en externalidades o condiciones que han agravado aún más este calamitoso cuadro, al propiciar espacios para el incremento de la inseguridad, criminalidad y violencia, nichos ideales para el fomento de actividades económicas ilícitas e ilegales.


Pero a pesar de estos gravísimos desajustes de carácter históricos y socioantropologicos, hay que visualizar la RURALIDAD, desde una perspectiva positivista, conforme a lo planteado en las modernas convenciones sobre este vital asunto para el desarrollo sostenible; a tales efectos citamos textualmente lo siguiente: “El medio rural y las actividades económicas que allí se desarrollan o que dependen de ellas, han sido, son y serán fuentes sustantivas del crecimiento económico, del empleo y de las exportaciones del subcontinente. Sin su economía rural ALC sería una región muy pobre; además sin la producción regional de alimentos, la seguridad alimentaria global sería mucho más frágil.


La producción agrícola y ganadera, la pesca y la acuicultura, las actividades forestales, la minería, la producción de energías renovables y no renovables, y una parte del turismo, son actividades rurales. También son rurales o dependen de lo rural una porción nada pequeña de las manufacturas y de los servicios relacionados con las actividades primarias. La comida y el agua fresca de que dependemos para vivir son productos rurales. A pesar de la idea muy extendida en ciertos círculos de que la economía rural es una especie de máquina anticuada, muchos de los más dinámicos e innovadores espacios de crecimiento económico en las próximas décadas serán rurales: La bioeconomía, las nuevas formas de energía renovables, los servicios ambientales, los servicios de captura de carbono y la conservación y uso sostenible de ecosistemas y recursos”. (Transformación rural, agenda 2030. FAO 2019).

En la próxima entrega culminaremos este asunto de la RURALIDAD, abordando los elementos y factores que pueden contribuir con un salto hacia el progreso, y citaremos las ocho disyuntivas, a las que hay que enfrentar de manera gradual, pero con clara conciencia de la visión holística.


RUMBO A LAS PRIMARIAS DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA VENEZOLANA.


Jesús Cepeda Villavicencio es ingeniero agrónomo, MsSc en Desarrollo Rural, doctor en Ciencia de la Educación, profesor universitario jubilado, ensayista y político.


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viernes, marzo 24, 2023

Acerca de la cuestión agroalimentaria venezolana (quince)

En el análisis del consumo, el otro factor estratégico a considerar lo constituye el poder adquisitivo del consumidor, severamente afectado por la crisis multidimensional que se prolonga en el tiempo, sin que se vislumbren salidas concertadas y consensuadas en los planes políticos y económicos



Por Jesús Cepeda Villavicencio


Con la presente entrega, donde abordamos y conceptualizamos los dos últimos subsistemas que conforman todo el andamiaje que hemos denominado sistema agroalimentario venezolano (SAV), culminamos el eje número tres, de los cinco establecidos como propuesta innovadora de políticas para la atención del SAV, y con ello formalizamos lo que se ha denominado la visión de sistema de sistemas (holística), la cual debe y tiene que conformar la base de una nueva interpretacion y valoracion de lo que hasta ahora, ha sido la metodología para la medición de la importancia cualitativa y cuantitativa de las actividades agropecuarias.

JCV

VI.- EL SUBSISTEMA DE LA INFRAESTRUCTURA AGROINDUSTRIAL:


Este subsistema lo conforma toda una amplia gama de redes de industrias, cuyo fin y propósito no es otro que el procesamiento de la materia prima de origen agropecuario, y la respectiva añadidura de valor agregado, para que esta, pueda estar apta para el consumo. Aquí se incluyen a todos los complejos agroindustriales cerealeros (arroz, maíz, sorgo y demás cereales), las plantas oleaginosas, procesadoras de pulpa de frutas, las torrefactoras de café, los centrales azucareros, las pasteurizadoras de leche y de procesamiento industrial del queso, los mataderos industriales y beneficiadoras de variados tipos de carnes, pescados y mariscos, y en menor escala las empaquetadoras de granos, etc.


En términos generales se puede afirmar que el desarrollo agropecuario de un pais, es medido por su capacidad y potencial agroindustrial, y este a su vez, es el que permite y hace posible el impulso de las políticas sustitutivas de importaciones en el área respectiva, (paso previo en la sustentabilidad de una actividad exportadora con visos de competitividad)..


Históricamente la relación entre los gremios de productores y agroindustriales, no ha funcionado con la racional cordialidad que debe imperar entre dos entidades que se necesitan mutua y biunivocamente, sin embargo, se puede decir con cierta propiedad, que la grave crisis por la que atraviesan ambos componentes en los últimos años, ha dado lugar a una disminución de estas tensiones, o por lo menos las ha atenuado, por más intriga que el gobierno impulse para exonerarse de responsabilidades, fomentando discordias, de manera que la presión de los productores por precios justos para sus productos, recaiga sobre la agroindustria, como recientemente observamos con mucha preocupación en distintas regiones agrícolas del pais.


Al igual que el agrocomercio, la agroindustria constituye un engranaje fundamental en todos los diseños de planes para el SAV, diagnosticar su capacidad instalada es un elemento clave para poder medir, no solo la posible expansión del horizonte primario de producción, sino que la manufactura, debe ser vista como uno de los principales epicentros de cualquier estrategia de desarrollo.


La apreciación anterior se reafirma, al visualizar el peso específico que tiene la manufactura agroindustrial; en términos de su contribución al PIB de la industria nacional, y a su representación en el capital y la generación de empleos, que en el caso venezolano la podemos situar en, 36%, 32%, y 25% respectivamente, según el BCV y conindustria.


VII- EL CONSUMO FINAL:


Este subsistema debe ser analizado desde dos ópticas; la primera ya fue discutida en el capítulo número cuatro, donde resaltamos la emergencia humanitaria compleja por la que atravesamos, y se cuantificó la situación en relación a; los medios de vida de la población, su inseguridad alimentaria y la desnutrición que padece. Ineludibles hechos atribuibles a una crisis profunda en materia de consumo alimentario. La segunda la desarrollamos en los siguientes párrafos.


El objetivo fundamental de la producción agropecuaria, como ya lo hemos afirmado, no es otro que la creación de bienes alimentarios destinados a satisfacer las necesidades humanas. Un pais tiene dos fuentes desde donde puede proveer la cuantía alimentaria oportuna y suficiente, para garantizar su seguridad alimentaria; la producción nacional o las importaciones, un adecuado balance de estos dos aspectos debería ser la norma que regule el consumo de alimentos, desde esta perspectiva se orienta uno de los principales objetivos-metas, que se plantean como propuestas de ley y de planes, los que a su vez, serán objeto de discusión en los capítulos finales de esta serie (si en un lapso perentorio de mediano plazo, logramos que el consumo nacional, sea suplido mediante la siguiente inecuación; una producción nacional no menor al 70%, combinada con unas importaciones que no superen el 30%, estariamos dandole un gran impulso a nuestros productores, y se generaría una gran estabilidad en las regiones agrícolas de la nación.


Por otro lado, hay que destacar que una alícuota de la producción nacional puede estar destinada a las exportaciones (con la finalidad de generar divisas y disminuir el crónico déficit de la balanza comercial agrícola), en este caso estaríamos contribuyendo con la satisfacción parcial, de la demanda alimentaria de consumidores no nacionales. Este aspecto también constituye un elemento clave en la búsqueda del respectivo equilibrio productivo, más aún si consideramos que el déficit en la balanza comercial agroalimentaria, históricamente ha sido cubierto por la factura petrolera, que hoy no existe, por las razones que todos conocemos. Equilibrar esta balanza también es otro objetivo-meta, de las propuestas para el ordenamiento y reinstitucionalización del SAV.

En Venezuela, el consumidor final debe ser conjuntamente con la producción primaria, el binomio jerárquico de toda la planificación que se propone, ellos conforman los polos que definen la transversalidad de la visión holística, que elevamos a la consideración nacional; el enfoque de “sistema de sistemas”, escenario que encierra enormes retos, complejidades y desafíos, pero que resulta imposible de soslayar, dentro de la moderna concepción que albergamos en el rostro de la Venezuela futura.


En el análisis del consumo, el otro factor estratégico a considerar lo constituye el poder adquisitivo del consumidor, severamente afectado por la crisis multidimensional que se prolonga en el tiempo, sin que se vislumbren salidas concertadas y consensuadas en los planes políticos y económicos, cuyo impacto lo pudimos apreciar cuando se hizo referencia de ello en la entrega número cuatro, estos impactos nutricionales reflejados en los retardos de talla y peso de nuestros niños y ancianos, son el corolario del desmesurado incremento de la pobreza general que nos asiste, tal como lo testimonian periódicamente las encuestas ENCOVI, que divulgan tres prestigiosas universidades nacionales (UCV, USB y UCAB). De manera que toda propuesta en el ámbito agroalimentario pasa por la necesaria correlación con la normalización de las políticas macroeconómicas del pais, también citadas en entregas anteriores, y constituidas como el primero de los cinco ejes temáticos que se han definido en la discusión del SAV, para que se pueda pensar con responsabilidad y seriedad, en un consumidor capaz de poder adquirir los bienes alimentarios en cantidad y calidad, que demanda su estándar nutricional.


Con este apretado resumen, concluimos lo relativo a los subsistemas que se han definido en la configuración del SAV. En la próxima entrega abordaremos lo relacionado con las ocho disyuntivas de la ruralidad, tal como se plantea en la actualidad con la agenda 2030 y los objetivos del desarrollo sustentable, a los que nos hemos referido como el cuarto eje temático.


RUMBO A LAS PRIMARIAS DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA VENEZOLANA.


Jesús Cepeda Villavicencio es ingeniero agrónomo, MsSc en Desarrollo Rural, doctor en Ciencia de la Educación, profesor universitario jubilado, ensayista y político.


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viernes, marzo 17, 2023

Acerca de la cuestión agroalimentaria venezolana (catorce)

El producto o bien destinado a satisfacer necesidades humanas o de animales (materias primas para las agroindustrias de los alimentos balanceados para animales), constituye la racionalidad económica de este subsistema, de allí que el precio real de ese bien o producto, sea para los productores en general, lo que la remuneración de los trabajadores asalariados significa para ellos (poder adquisitivo), es en definitiva, su medio de vida o utilidad, una vez que descuenta todos los costos en que incurrió para producirlo (rentabilidad).


La agroindustria es un engranaje que mezcla actividades y procesos

Por Jesús Cepeda Villavicencio


Las expropiaciones en general, pero particularmente las de fincas, que terminaron convirtiéndose en vulgares confiscaciones, han sido uno de los más graves y costosos errores cometidos contra la propiedad en el medio rural, en toda esta trágica era chavista-madurista. Este singular y lamentable hecho político, ha impactado de manera drástica a todo el sistema agroalimentario venezolano (SAV).

La tierra es considerada un bien de producción, no un bien de consumo, sobre ella se erigen los pilares de la producción de alimentos y materias primas para la industria textil, no alimentaria y agroindustrial, en consecuencia cualquier gobierno puede y debe regular su uso, goce, disfrute y disposición; mediante los instrumentos de ley correspondientes. El problema ha radicado en que se desvirtuó la esencia de tales instrumentos, al ser sustituida su razón de ser (la lucha contra la ociosidad de las tierras agrícolas) por un desnaturalizado y aventurero clientelismo politiquero, que fue acompañado en su momento, por una cavernícola neo versión de la lucha de clases en el campo, que terminó sepultando lustros de experticias y capacidades productivas. Se calcula de manera conservadora, que en Venezuela durante este oscuro periodo, se han expropiado alrededor de 900 unidades de producción, que representaban u ocupaban cerca de 4.000.000 de hectáreas de tierras agrícolas aptas y productivas. Una daga en el corazón de una nación, que si bien es cierto, en su economía, la actividad agropecuaria no ha representado más del 2% del PIB global, no es menos cierto, que esas labores han constituido históricamente, una arista fundamental en la estabilidad y uniformidad de la demografía venezolana, al ser las primeras o segundas actividades que motorizan las respectivas economías, a lo sumo en 16 entidades federales de la república.

JCV

IV.- EL SUBSISTEMA DE LA UNIDAD DE PRODUCCIÓN (U de P)


Representa el espacio geográfico- temporal, donde el productor agropecuario toma decisiones y combina recursos para sostener su actividad económica, la cual consiste en producir alimentos o materias primas necesarias, en la operatividad de otros procesos productivos subsecuentes.


La U de P cuando se analiza como un subsistema de un conjunto mucho más amplio y complejo (SAV), debe ser enfocado en función de su composición y finalidad. En este caso concreto, esta unidad la conforman una serie de factores (un grupo de los cuales el productor puede controlar, y otros que no). Dentro de los primeros se ubican; la tierra, el capital, el trabajo asalariado y la administración, mientras que el resto, a pesar de la alta influencia que tienen en el desempeño de la U de P, están fuera del alcance del control decisional interno, aquí se ubican; el medio natural, la tecnología, el mercado y las políticas que el gobierno implementa para incidir sobre el sector productivo. Cuando acentuamos esta última aseveración, nos estamos refiriendo, a la casi nula influencia que tiene el productor, como entidad individual.


El producto o bien destinado a satisfacer necesidades humanas o de animales (materias primas para las agroindustrias de los alimentos balanceados para animales), constituye la racionalidad económica de este subsistema, de allí que el precio real de ese bien o producto, sea para los productores en general, lo que la remuneración de los trabajadores asalariados significa para ellos (poder adquisitivo), es en definitiva, su medio de vida o utilidad, una vez que descuenta todos los costos en que incurrió para producirlo (rentabilidad). En consecuencia la permanencia del productor en el medio rural, dependerá de cuán beneficiosa le resulte la actividad a la que se dedica (producción de bienes alimentarios). Aquí radica uno de los más sentidos problemas históricos de la producción primaria de bienes agropecuarios, en virtud de las grandes distorsiones macroeconómicas (donde sus características esenciales, han sido; por un lado, la persistencia de una exagerada sobrevaloración de la tasa de cambio nominal, que ha mantenido apreciada la tasa de cambio real, obstaculizando con ello, la capacidad de nuestros productores rurales como competidores en un contexto de aperturas económicas y comerciales, y por el otro, la baja rentabilidad por la desproporcionada intervención de los gobiernos en la fijación de los precios). Este clásico contexto, ha generado un sistemático enfrentamiento con elocuente historicidad, entre gremios de productores y gobiernos, que ha cedido espacio en los últimos años, ante la progresiva pérdida de peso específico de las organizaciones gremiales y el clientelar secuestro de los medios de producción, por parte de este desnaturalizado gobierno.


En síntesis, la U de P además de ser el engranaje que enlaza actividades y procesos aguas arriba y aguas abajo dentro del SAV, es un subsistema altamente frágil y elástico, que responde con relativa celeridad, a las decisiones que en relación a las políticas públicas, fijan los gobiernos bajo el prisma de la sectorización, las cuales podrían ser mucho más efectivas, si las mismas se fijaran utilizando el enfoque sistémico; atender gradual y correlacionalmente los respectivos subsistemas, tal como lo hemos venido proponiendo y como aspiramos puedan ser concretados.


V).- EL SUBSISTEMA DE LA INSTITUCIONALIDAD AGROALIMENTARIA: Desde donde emanan las políticas públicas que afectan al SAV


Desde nuestra perspectiva, las políticas públicas constituyen la expresión o materialización en los planos realizativos de una sociedad, del ejercicio de un determinado poder político, este, a través de las instituciones que edifica para tales efectos, las concreta en los espacios que les son comunes a los ciudadanos que conforman la citada sociedad. La posesión de este poder, significa la real posibilidad de la imposición de un específico modelo político previamente concebido, que en el caso que nos ocupa (el SAV), abarca decisiones que afectan a un conjunto de actividades, relaciones y procesos, que van desde antes de la implementación de los respectivos cursos y procedimientos agropecuarios, transcurren con este y terminan en todo lo que ocurre posterior a la producción y previo al definitivo consumo (ex-antes, ex-durante y ex-post).


Tradicionalmente las políticas agrícolas, han sido dirigidas al sector agropecuario y no al sistema agroalimentario, este desfase que no ha permitido visualizar todo este complejo andamiaje como un sistema que debe ser atendido de manera integral, ha impedido la apreciación del SAV en su verdadera magnitud, y en eso, obviamente ha incidido el binomio que históricamente se conformó, entre; una desviación interpretativa y valorativa del rentismo con una peyorativa manera de enfocar la dimensión agroalimentaria.


En general se puede establecer una sencilla clasificación de las políticas que se han dictado desde el respectivo ministerio (agricultura), y que han tenido impactos directos sobre el comportamiento productivo a nivel de fincas, dentro de las cuales se citan las siguientes:

    .
  1. - Políticas de precios de los productos agropecuarios.
  2. .- Políticas de subsidios (con cierta intermitencia se han aplicado como estímulos a la producción).
  3. .- Políticas de créditos (inexistentes en la actualidad, causa y forma de la parálisis productiva)
  4. .- Políticas de asistencia técnica (inexistentes en la actualidad, causa y forma del atraso tecnológico y de la desaparición de todo tipo de programas de extensión agrícola).
  5. .- Políticas de contingentamiento (aplicadas en algunos momentos, de manera intermitente y sin continuidad estructural. Estas decisiones guardan una estrecha relación con las directrices de políticas comerciales, aduaneras y arancelarias. Tema que desarrollaremos en capítulos posteriores).
  6. .- Otras.

De todo este conjunto de políticas, se puede concluir que es la política de precios, sin lugar a dudas, la que se ha constituido en la de mayor complejidad. Sin quitarles ponderación a las otras, es el bastión de la interminable lucha temporal de los productores, y a su vez, un paradigma demagogico de quienes circunstancialmente han gerenciado las políticas agropecuarias en los últimos lustros. Históricamente el crecimiento de los preciosde los productos del agro (rezago de precios reales), ha sido muy lento en comparación con la velocidad de crecimiento de los costos para producirlos, esta situación se ha constituido en uno de los principales elementos, que han influido en que la agricultura se considere hoy como una actividad poco rentable, perdiendo importancia relativa como soporte fundamental para la permanencia en el medio rural, axioma que cada día estará más permeado por el beneficio económico que las actividades reporten y menos influenciado por aspectos románticos.


Es necesario un gran acuerdo nacional para la reinstitucionalización del SAV (tal como lo planteamos en la entrega número nueve). Ello implica la implementación de una política interinstitucional concertada. Vislumbrada como un conjunto gradual y correlacionado entre los distintos subsistemas que hemos venido definiendo, diciéndole adiós a las políticas parciales, descontextualizadas y desconectadas de la visión holística que debe prevalecer.


HACIA LA DEMOCRATIZACIÓN DEL PAIS. LOS DEMÓCRATAS ESTAMOS COMPROMETIDOS CON LAS PRIMARIAS


Jesús Cepeda Villavicencio es ingeniero agrónomo, MsSc en Desarrollo Rural, doctor en Ciencia de la Educación, profesor universitario jubilado, ensayista y político.


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lunes, marzo 13, 2023

El recuerdo de Hany Gerdet, con sus iniciativas para los sombrereños

Hany Gerdet, ubicado a la derecha, junto a Rafael Santiago Arévalo. Foto: Luis Ravelo

Esta no fue su única iniciativa que emprendió este paisano, la más importante para quien escribe esta nota, fue la que días antes de celebrar un aniversario de la fundación de la ciudad, solicitaba el apoyo económico de la comunidad para comprar una torta y cantarle cumpleaños feliz a la ciudad que le vio nacer y querer en la Plaza Bolívar. Siempre leía las notas de prensa del diario El Nacionalista, con respecto a esta conmemoración donde se resaltaba su iniciativa.


José Manuel Aquino


Conocí a Hany a mediados de los años 60, cuando él estaba transitando el paso de su adolescencia, para comenzar su juventud, en el hato las Tinajas, ubicado al oeste de la población de El Calvario, jurisdicción del municipio Miranda del Estado Guárico, cuando el señor Pedro Antonio Delgado, era propietario de dicho predio agropecuario . En ese tiempo su padre Epitacio, era el encargado de esa unidad de producción, quien le enseñó junto sus otros hermanos todas las faenas de llano; comenzando con el oficio de becerrero, luego ordeñador e igualmente adiestrar caballos para las faenas diarias de someter a los vacunos en la sabana. Su fortaleza física y su destreza le ayudaron a domesticar a estos bovinos y equinos a través de la doma con facilidad, ganado el reconocimiento de los pobladores del vecindario aledaño al hato.


A finales de la década de los años 60, lo vi realizando una de estas faenas en el corral del fundo Tacatinemo, propiedad de Pastor Aquino Barrios, enlazando y llevarse una res con tanta facilidad al botalón para amarrarla, a la vista de los que estábamos observando esta actividad, sorprendiendo a todos los presentes, por la manera de combinar su fuerza y la sapiencia para lograr el objetivo de sujetarla al palo. Al comienzo de los años setenta, el amigo Hany, no sigue laborando en las Tinajas, busca otra forma de ganarse la vida, se viene con su madre Estèfana, a la población de El Sombrero. El paisano Luis Ravelo, me informa que su primer trabajo fue de bombero, en la estación de Servicio La Gran Estación la Gran Estación, luego lo vimos prestando servicio como policía en la parroquia el Calvario. Posteriormente, retorna nuevamente en la localidad donde nació el prócer de la independencia venezolana Julián Mellado, como activista político del partido socialcristiano Copei al lado del dirigente Abigail Campos, en la campaña para la presidencia de la Republica en el año 1973, aupando la candidatura de Lorenzo Fernández, que sale derrotado por Carlos Andrés Pérez.


En ese lapso de tiempo, encontramos a Hany, sorprendiendo a propios y extraños participando en un baile maratón por varios días en el bar el Quebrahacho, donde fue uno de los finalistas de ese evento, obteniendo una premiación por dicho logro; luego de esta acción lo vimos incursionando en el deporte ciclístico a mediados de la década de los años 1970, interviniendo en destinas competencias de este ejercicio que se realizaban en la ciudad en esa época. Organizó también equipos de ciclismo en la ciudad, para competir en otras localidades del estado Guárico. Siempre se le veía motivando a que muchos coterráneos a seleccionar a esta importante recreación. Del mismo modo, solicitaba algunos comerciantes el patrocinio para estos costearse algunas necesidades, y comprar algún repuesto con el fin de reparar sus bicicletas.


Esta no fue su única iniciativa que emprendió este paisano, la más importante para quien escribe esta nota, fue la que días antes de celebrar un aniversario de la fundación de la ciudad, solicitaba el apoyo económico de la comunidad para comprar una torta y cantarle cumpleaños feliz a la ciudad que le vio nacer y querer en la Plaza Bolívar. Siempre leía las notas de prensa del diario El Nacionalista, con respecto a esta conmemoración donde se resaltaba su iniciativa .Del mismo modo, muchas personas realizaron comentarios resaltando la interesante decisión de este personaje muy querido y respetado de la colectividad sombrereña en la década de los años ochenta. Una de esas acotaciones con respecto a esta idea de Hany Gerdet, la escuche de viva voz de la excelente educadora Isabel de Zamora, quien valoró esta iniciativa, conminando a los pobladores a seguir manteniendo esta tradición .Por este motivo, al estar por cumplir El Sombrero, 298 años de su fundación, es necesario recordar este valioso impulso, para que siga perdurando en el tiempo.


José Manuel Aquinoe s docente, investigador e historiador venezolano.
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lunes, marzo 06, 2023

Otredad y devenir en la letra de Raday Ojeda


El uso y abuso frecuente de espejos y espejismos en la ebria latitud de la página en La violenta maquinaria del olvido hace proyectar en el papel, un sin número de sombras de fabulados mitos y fauna; allí, cada cárcava dialoga con las paredes con el barro y su pastosa esencia.


Roger Herrera Rivas


Vinculado al río del lenguaje se aproxima nuestro argonauta ̵ lector en su bongo de imágenes a subvertir todo lo leído a trasegar lo estudiado en sus penumbras, o enjundiosas soledades para volcarnos tras la ola de la otredad en el signo de nuevas y caducas identidades, solapadas en los sonidos de vocablos abstrusos o falsos espejos, donde el imaginario relata y regresa cargado de tiempos pespunteados de arena en los tremedales recuerdos de río y sabana, allí, donde el piloto elabora su bitácora de sueños, allí donde toda evocación está permitida por el olvido, la cicatriz, o nada más que un recuerdo licencioso.


El uso y abuso frecuente de espejos y espejismos en la ebria latitud de la página en La violenta maquinaria del olvido hace proyectar en el papel, un sin número de sombras de fabulados mitos y fauna; allí, cada cárcava dialoga con las paredes con el barro y su pastosa esencia. Espacio para la realización donde Raday funge de médium para propiciar en Selene o en las tripas del ganado o la llanera tinaja y el fogón; el padre y los aguaceros; los ladrillos atizados del hogar y el espumoso corazón de María Eugenia (Madre) donde funda una nueva voz, una nueva estancia y desde el lenguaje pronuncia sus apetitos u honra al nombrar las clavellinas; auspiciando sereno cual un Otomaco llorando a la luna la vendimia de sus palabras, en cuya esencia y ausencia, sólo insinúa la muda evocación.


La letra en Ojeda es tradición, entendiéndose esta noción bajo la sentencia de Guillermo D´Ors “Todo lo que no es tradición es plagio.” En el hacer poético de nuestro bardo encontramos reminiscencias simbólicas de todos aquellos que han sufrido la diáspora y el exilio ante la pérdida del origen, la familia o del amado suelo. Sin perder de vista la exaltación del terruño y su acervo. La palabra ante el sufrir se acendra a manera de vórtice en nuestro subconciente para generar desde los vocablos y tropos deliberados el hecho de la identidad. Empero, identidad asumida desde la distancia y la otredad. Estos menesteres de hilvanar esta tradición cargada de evocaciones, ausencias y heridas nos trasladan entre otros a la letra de Homero o bien a “La tierra baldía” de T. S. Eliot (1922) como ejemplos foráneos; así como rememora en sus acentos a otros nacidos en nuestro suelo, delos cuales citaremos a: Pío Tamayo en su ya antológico poema Homenaje y demanda del Indio que recitó en el Teatro Municipal de Caracas en 1928 tanto a los estudiantes como a la reina Beatriz I, en plena dictadura gomecista. He aquí, un canto contra el despotismo y un conjuro para redescubrirnos en la matria y su recuperación desde el ejercicio del lenguaje; osadía que le costó a nuestro vate, perder su libertad y su vida.


Otra grupo de poetas que se inscriben en esta modalidad tradicional de exaltar las virtudes de la tierra y su acervo, como la voz y mirada desde el éxodo y el destierro, incluiremos a manera de balance celebrar a: J. A. Pérez Bonalde y su “Vuelta a la patria”, José A. Ramos Sucre en su poema “El Mandarín”, Vicente Gerbasi y “Mi padre el inmigrante”; “Si el verano es dilatado” (1968) y “Resolana “(1980) por Luis Alberto Crespo ; cerrando con el círculo solar de nuestros elegidos con el poema “Derrota” (1963) de Rafael Cadenas y sus ponderados libros Los cuadernos del destierro (1960) y “Falsas maniobras” (1966) entre otros que me disculpo por obviar.


También concurren aquí las voces del río y la arena; los tremedales zurcidos en Flor de Bora, (2011) de J.G. González Vivas y en Tierra negra (1994), o Carama (2000) dados a la luz por Igor Barreto. Versos hijos de la espuma en los peces enhebrados en la aguja de oro de la escritura; vapores, sonidos, aves que hieren la página y el cuero del ganado. La sangre dilatada de su padre el día que la noche tasajeo la luna en los fragmentos del viento en los cuibas o en la oscurana muda de los otomacos; ¿y qué hay de lo sido en los murmullos y el lloro de los Yaruros bajo la nocturna sombra de un zamuro? Sólo, la poesía podrá respondernos.


Roger Herrera Rivas nació el 7 de junio de 1962. Es licenciado en Teatro, mención Actuación, por el Instituto Universitario de Teatro (1987). Egresado de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas (1992), mención Arte Puro. Realizó posgrado en Gerencia Cultural en Imprec-USR. Ha publicado Fragmentos (1986), La crin de Dios (1996), Desadaptado (2000), Elegías a Wolfing (2003), Octubre Rojo (2007), Mínimo y Varial I y II (edición digital de 2013), Apuntes sobre el teatro y su doble (2001), El lenguaje de los dioses (2005) y una obra de teatro, Yo, sólo Dios (2006). Ha desarrollado una extensa carrera como actor de teatro, cine y TV, paralelamente a su labor como artista plástico y docente, obteniendo múltiples reconocimientos dentro y fuera de Venezuela.

Correo: rhpunzon@gmail.com

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