Beatriz se convirtió en un personaje fundamental en la vida cotidiana de Ortiz, |
Allí, en aquella vieja casona, iban los muchachos, hembras y varones, a recibir las primeras letras de manos de doña Beatriz de Rodríguez. Eran jóvenes pálidos, macilentos por los rastros de la pobreza, el paludismo y la fiebre española.
Por José Obswaldo Pérez
Cuando acontece el nacimiento de la maestra Beatriz Rodríguez de Rodríguez, el 21 de junio de 1883, el pueblo de Santa Rosa de Lima de Ortiz había comenzado su declive económico y, por supuesto, humano. Para esa fecha, ya la población había superado el flagelo de la fiebre amarilla, pero el paludismo comenzaba “a secarle las raíces a la ciudad llanera” (Otero Silva, 1975, p. 26), transformando lentamente lo que había sido un lugar de esplendor en una sombra de su propio pasado.
Beatriz nació en un ambiente católico y familiarmente estructurado. Bautizada el 25 de noviembre de 1883, sus padrinos sacramentales fueron su tío Antonio María Rodríguez y doña Teolinda Paúl de Rodríguez. Su nombre honoraba no sólo a su bisabuela Beatriz Rodríguez, casada con Enrique Sierra Matute, sino también a Ramona y Benigna, sus tatarabuelas. Era hija del general Pedro Pablo Rodríguez Moreno, político destacado y miembro de la elite liberal, y de doña Dolores Sierra García de Rodríguez, figuras respetadas en la localidad.
La familia Rodríguez Sierra no sólo se limitaba a los padres; Beatriz contaba con varios hermanos: Consuelo, Froilán Ramón Tiburcio de Las Mercedes, Benigna Natalia, Petra Rafaela y Petra Antonia. Además, tuvo dos hermanos naturales, Tomás Hernández y Antonio Matute (Domingo Silo Rodríguez, 2021, vía electrónica).
La formación escolar de doña Beatriz estuvo marcada por la influencia del presbítero Doctor Juan Bautista Franceschini —un corso de origen francés—, párroco de la Iglesia Parroquial de Ortiz desde 1877 y creador de la escuela para señoritas donde ella estudió. Doña Josefina Del Villar y Beatriz de León, preceptores de época, también fueron importantes en su educación. La maestra Beatriz era ávida lectora, disfrutaba del canto y la poesía; incluso la familia conservó un cuaderno lleno de canciones populares que ella recopiló a puño y letra, hallado en la bodega de su hijo Nicanor.
Su interés por las artes la condujo a participar en el teatro. Con motivo del primer Centenario de Antonio José de Sucre, el Concejo Municipal de Roscio, junto al padre Franceschini, organizó una obra teatral en la que varias jóvenes de la comunidad participaron. Beatriz representó a Colombia, con otras chicas asumiendo roles de países libertarios de Bolívar.
En 1907, a los 24 años, Beatriz contrajo matrimonio con su primo
el general Nicanor Arturo Rodríguez Moreno, funcionario público del gomecismo. De este matrimonio nacieron cuatro hijos, aunque la vida les fue esquiva: una niña falleció al nacer y otro, Fernando Antonio, murió poco después de contraer gripe. Sólo Nicanor y Arturo lograron superar enfermedades que devastaban la infancia en esos años difíciles.
Tras el fallecimiento de su esposo en diciembre de 1910—en funciones de prefecto civil de San José de Tiznados—, Beatriz fue designada como maestra de la Escuela Federal Mixta número 34 en 1911. Desde entonces, su figura se alzó como un símbolo de abnegación en la historia contemporánea de Ortiz (Matute, 1971). Miguel Otero Silva la inmortalizó en su novela Casas muertas(1955), bajo el personaje de la señorita Berenice, quien le proporcionó vital información sobre la historia del pueblo. En una narración, su hijo Nicanor recuerda cómo Otero Silva se presentó en su casa buscando relatos del pasado.
El propio escritor admitió que Beatriz fue su entrevistada más valiosa, aportando anécdotas que enriquecieron su obra literaria (Otero Silva, 1977, p. 45). La descripción que brindó del personaje de la señorita Berenice resonaba con la realidad de Beatriz: “Era una mujer pálida, de una pulcritud impresionante... siempre recién bañada y vestida de blanco”. Sin embargo, en un documento oficial del Ministerio de Educación, se la describía como “blanca, de ojos verdes y cabello rubio”, reflejando la mirada superficial de la burocracia.
También, Evandro Matute Aguirre, juez y escritor orticeño, ofreció su perspectiva sobre Beatriz en un escrito titulado "Ortiz", resaltando su conexión inquebrantable con la tierra natal y los desafíos que enfrentó. Escribe Matute lo siguiente:
“Orticeña siempre. Erguida en la penuria de esta tierra. Y empecinada. Tercamente afanada en construir. Ella vivió el ayer de las sólidas casas. Y después, la yerme soledad de Ortiz. Mientras muchos huían.”
Beatriz no sólo educó; se convirtió en un personaje fundamental en la vida cotidiana de Ortiz, enfrentando la desidia educativa del período gomecista. En un viejo caserón conocido como Casa Atravesada, que había sido propiedad del General Joaquín Crespo Torres, comenzó su labor docente. Allí, recibía en sus clases a niños y niñas que llegaban pálidos y debilitados, sedientos de conocimiento en medio de un contexto de enfermedades endémicas y pobreza.
El espacio improvisado se hacía funcionar a pesar de sus limitaciones; Beatriz enseñaba en “el corredor, ocupado por tres largos bancos sin respaldar, la mesa de la maestra y un viejo pizarrón que la señorita Berenice encharolaba todos los años” (Otero, 1975, pp. 31-32). La Casa Atravesada se convirtió en refugio para muchos. Más allá de ser maestra, Beatriz asumió el rol de madre y enfermera de sus alumnos. Los niños acudían a ella en busca de alivio para sus dolencias, convirtiendo la escuela casi en un lugar de sanación tanto física como espiritual.
Hacia la tercera mitad del siglo XX, su legado se consolidó en la historia de la educación regional y local. En octubre de 1972, el primer liceo público del municipio Ortiz recibió su nombre como homenaje a su dedicación altruista y su significativa contribución a la educación (Matute, 1971). Beatriz falleció el 1 de agosto de 1961, pero su recuerdo perdura entre aquellos que fueron sus discípulos. Aún resuenan en los corazones de muchos orticeños las lecciones vitales de fortaleza, dignidad y sencillez que ella impartió con amor y compromiso.
Beatriz Rodríguez de Rodríguez es, sin duda, un símbolo de resiliencia y dedicación en un pueblo que resistió la adversidad y buscó la luz a través de la educación. Su vida es un testimonio de cómo, a pesar de las sombras del pasado, el espíritu de lucha y el deseo de mejorar pueden prevalecer y transformar comunidades.
Fuentes consultadas
OTERO SILVA, MIGUEL (1975). Casa Muertas. Barcelona, Editorial Seix Barral.
OTERO SILVA, MIGUEL (1977). «Prueba oral de un novelista», en Prosa completa, p. 45
Concepción Lorenzo,Nieves María (1997). La fabulación de la realidad en la narrativa de Miguel Otero Silva. España: UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA.
En septiembre de 1957 se publicó “Piedra de sol”, el poema de Octavio Paz que hoy se reconoce como uno de los momentos más altos de la poesía hispanoamericana. A cincuenta años de distancia, algunos poetas comentan brevemente sobre el poema y sobre la relación que han tenido con él. Letras Libres.com dedicará los próximos días a reflexionar sobre “Piedra de sol” e invitamos a nuestros lectores a compartir sus propios comentarios. - Cincuenta piedras, de Luis Vicente de Aguinaga (martes 4)
- Recuerdo y celebración de "Piedra de sol", de Rafael-José Díaz (miércoles 5)
- Poetry is the subject of the poem, de José Eugenio Sánchez (jueves 6) - Aquí, ahora, de Julio Trujillo (viernes 7)
El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila heredó de su padre Domingo Pérez de Ávila y Zapata las tierras de La Platilla, cerca del río del mismo nombre y con una, amplia extensión. Desde entonces se conocía a este lugar como La Platilla Pereña, por el apellido de su fundador.
Por José Obswaldo Pérez*
NORBERTO MOISÉS PÉREZ Y SU FAMILIA es el último chozno descendiente del Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila y Brea de Mendoza, raigambre de las familias caraqueñas asentadas en los llanos de Caracas entre los años 1660-1745 y que fundaron el mestizaje colonial en nuestra población[1]. Moisés (quien aparece en las otografías) es un humilde trabajador, que se ha dado a la tarea de investigar documentos de este descendiente familiar en el Archivo General de la Nación. Vive en Ortiz, y desde allí nos cuenta que el Capitán Pérez de Ávila y Brea de Mendoza - hijo del también Capitán Domingo Pérez de Ávila y Zapata[2] -, era nativo de San Luís de Cura tenia grandes propiedades e inmuebles de terrenos en La Platilla, Barrancas y la posesión San José (Laguna de Piedra).
El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila y Brea de Mendoza era a su vez nieto de Don Domingo Pérez de Ávila hijo de Don Lucas Martínez de Porras y Ruiz y de Doña Micaela Pérez de Ávila[3]. Natural de Caracas donde fue bautizado el 29 de octubre de 1617. Al parecer, estuvo muy involucrado en lo relacionado con la fundación de la Villa de Parapara, pero no logró su objetivo y ésta quedó como parroquia de la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes. Para 1639 aparece en la Lista de Forasteros de San Sebastián que se le presentó al Gobernador Rui Fernández de Fuenmayor para la acción de Curazao, y el 20 de noviembre de 1669 en La Victoria firmando el testamento del Capitán Francisco de Brea Lezama en calidad de testigo por ante el Teniente de Justicia Andrés Arráez de Mendoza. Fue electo Veedor de Los Llanos en 1661 por el Cabildo de Caracas. Casó dos veces: la primera, con Doña Juana Zapata de Cárdenas; la segunda, con Doña Leonor Ramírez de León. Con su primera mujer Doña Juana Zapata de Cárdenas procrearán a Domingo Pérez de Ávila y Zapata.
El Capitán Juan Antonio Pérez de Ávila heredó de su padre Domingo Pérez de Ávila y Zapata las tierras de La Platilla, cerca del río del mismo nombre y con una, amplia extensión. Desde entonces se conocía a este lugar como La Platilla Pereña, por el apellido de su fundador. Estaba compuesta con un lindero norte a sur desde la Serranía Alta de San Juan hasta las Galeras de Mapire, donde tenía un sitio de hato que su padre había comprado en 250 pesos a Ambrosio Arteaga, y al parecer además compró a sus hermanos la mayor parte de las tierras de su padre[4].
La posesión de La Platilla Pereña contaba con una fuerza de trabajo en 1752 de 40 esclavos, cifra respetable, lo que da cuenta del caudal económico de sus propietarios[5].
Casó en Parapara hacia 1720 con Doña Juana o María Nicolasa Pérez, india de la región. Fueron vecinos de Parapara, jurisdicción de Villa de Cura, y tuvieron por hijos: a María Mónica, Bartolomé, Bernardino Antonio, María, Pedro José, Cecilia, Margarita, Juan José, Josefa Andrea y Feliciana Flora Pérez de Ávila.
De sus hijos podemos destacar a Don Bartolomé Pérez de Ávila y Pérez quien cedió en abril de 1787, al pueblo de San José de Tiznados una parte de sus terrenos que tenía en la Barranca de los Pérez para fomentar el nuevo vecindario y así contribuir con la fabricación de la Iglesia[6], la cual estaba en construcción desde 1781. De Doña Josefa Andrea desciende la línea de la familia de don Norberto Moisés Pérez.
Los Pérez de Ávila se entroncaron después con apellidos como Araña, Tovar, Toro para configurar los Pérez de Araña o Pérez de Arana, Pérez de Tovar y los Pérez del Toro, propietarios de tierras en los tiznados.
NOTAS
[1] El historiador Oldman Botello dice que esta familia “no tenía complejo de clase no de castas; su lema era el trabajo de la tierra en sus posesiones” Ver BOTELLO, OLDMAN (1999): Parapara y vuelaplumas. Orígenes y Evolución Histórica. Trabajo no publicado. [2] El Alférez Domingo Pérez de Ávila y Zapata, natural y vecino de Caracas, hijo de Don Domingo Pérez de Ávila y Doña Juana Zapata de Cárdenas. Casó con Da. Catalina de Brea Lezama y Mendoza. Se estableció en tierras de su propiedad en el sitio de La Platilla, feligresía de la parroquia de Santa Catalina de Siena de Parapara, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes. Estas tierras, según lo declara en el testamento, tenían por linderos de oriente a poniente todas las cabeceras de la Quebrada de Parapara hasta las Barrancas de Tiznados, de norte a sur desde la Serranía Alta de San Juan hasta las Galeras de Mapire, con el río de San Antonio, donde tenía su morada en el sitio de este nombre, casa de vivienda y varias pertenencias; una extensión de aproximadamente 40.000 hectáreas. Dentro de ellas, años después, serían erigidas las parroquias de San Francisco y de San José de Tiznados, que pertenecerían a las jurisdicciones de San Sebastián y de la Villa de San Luís de Cura. [3] Micaela de Ávila- encomendera dueña del valle de Guatire-, llamada también Pérez de Ávila, era hija de Don Domingo Pérez y de Doña Juana de Ávila y del Barrio, nieta materna del Alférez Gabriel de Ávila y de Doña Luisa del Barrio, bisnieta materno-materna de Don Damián del Barrio y de Doña Luisa Hernández Mateos. [4]Caracas, Registro Público, Testamentarías, Escribanías Hugo Cróquer, 1743. Ver a ITURRIZA GUILLEN (1967). Algunas Familias Caraqueñas. Tomo I, pp. 10-12. [5] BOTELLO, OLDMAN (1999): ob, cit. [6]La nueva iglesia tendría una longitud de 40 varas de largo por 9 de ancho; una sola nave, de bajareque doble, cubierta de tejas, encalada por dentro y por fuera enladrillada.
_______
**José Obswaldo Pérez es periodista, profesor universitario e historiador venezolano
Este es un escrito dirigido a todos. Los de derecha e izquierda, los de arriba, los de abajo y los de más abajo, los incluidos y lo excluidos, los jacobinos y los girondinos, los adecos y los neo-adecos, los venezolanos y los extranjeros que les interese este país. Y los ni-ni.
Primero hablemos de las razones que no necesariamente se encuentran en la grafía de la Constitución. Entendamos que decir constitución es hablar de constituir un Estado, que es una entelequia de relativa joven presencia en la humanidad. Antes de la existencia del Estado ya el hombre se había impuesto en el mundo, años ufff. Por ejemplo, antes de la existencia del Estado Italiano, ya existía Roma y Florencia que no eran parte de un mismo ente. Lo mismo puede decirse del País Vasco con respecto a España, México con respecto a los Tolteca, Chibchas versus Colombia, o Caribes contra la República de Venezuela creada en julio de 1810. Sobran ejemplos. Veámonos.
Las razones que nos indican nuestras mínimas normas de convivencia, los llamados Principios Generales de Derecho, pasan por respetar lo convenido. En nuestro caso respetar la Constitución de 1999.
Pregunto, pregunto ¿por qué nos dividimos?
Se habla abiertamente de participación como cosa nueva y abundante. Pregúntese, ¿a usted lo convidaron a participar en la elaboración de la Propuesta de Reforma de la Constitución? ¿Conoce Usted a alguien, un diputado, por ejemplo, que haya tenido la oportunidad de participar en la Propuesta? Supongamos que la respuesta es sí, de realizarle Usted (al diputado) una sugerencia para incorporarla a la Constitución, ¿hubiese sido ésta remotamente posible?
Más elemental todavía: Usted mi caro lector, seguro le afecta un importante número de los problemas que tiene el país, seguridad alimentaria y social, inseguridad jurídica y social, vivienda, trabajo, propiedad de la tierra, invasiones, etc. (El etcétera aunque lo abrevie es larguisisimo). ¿Ante la búsqueda de la solución a estos problemas se había planteado Usted la necesidad de cambiar o mejorar la constitución para cambiar o mejorar su problemática social? Venezuela ha necesitado, entiendo, -ojala no mal recuerde-, 27 Constituciones. Pregúntese, ¿realmente las necesitaba la sociedad venezolana o el gendarme? ¿El país las pidió o se las impusieron? Para respondernos esta sencilla pregunta ayudémonos y veamos los países más desarrollados del mundo, y nos sobrarán los dedos de una mano para contar los momentos en que esto países han necesitado “reiniciarse” como sociedad, y hacerse una nueva Constitución.
Les hablaba del convenio social que significaba una constitución. El consenso es más que importante es vital para evitar la exclusión y el consecuente enfrentamiento que no es el camino hacia la paz. Pregunto, ¿una constitución que se cree para los humanos que tengan una posición de pensamiento, no excluye a los que no comulguen con esa posición política? El socialismo, en este caso. Por ejemplo, sería humano si en un país un grupo religioso se ase con el poder, y con su mayoría impone (expresa o solapadamente) la prohibición de existir algún humano que piense diferente?
Pregunto, pregunto ¿por qué nos dividimos? Ojo, esta es una estrofa de una canción de Alí Primera que me apunta mientras escribo en esta noche en Calabozo, la capital del llano integral colombovenezolano.
Tigüigüe tiene su sitio ganado en la Historia Local. De esta pequeña comunidad salieron hombres a dar su vida por la Independencia de Venezuela. Hijos de este lugar formaron el batallón que organizó en Ortiz el Coronel Don Luis Santinelli, en 1812.
Tigüigüe, en plena vía hacia El Sombrero
Por José Obswaldo Pérez
A ambos lados de la carretera nacional, en la vía Dos Caminos –El Sombrero, está Tigüigüe. Un pequeño caserío del municipio Ortiz, ubicado en un banco de sabana, entre los ríos Paya y Guarumen, dentro de la Posesión Las Cañadas. Tiene una extensión de unas 10 hectáreas urbanas aproximadamente. Surgió a mediados del siglo XVIII, alrededor de hatos ganaderos establecidos en la zona, principalmente del Hato El Caiman[1], que posteriormente dio origen al nombre del sitio La Caimana.
En 1763 vivían en el lugar don Juan Marcos Hernández y su esposa doña María Tomasa Zapata.
Se trata de un topónimo indígena de origen caribe. Hay dos acepciones sobre la procedencia del nombre. Una parece ser que su nombre proviene de la contracción de Tigüitigüi (un ave zancuda, gris por encima y blanca por debajo; de cola corta, que se alimenta de peces que coge en las orillas de los ríos, riachuelos y lagunas. Se trata de una ave escolopácida (Agagliate M, 1992: 84). La otra es la que le adjudican ad hoc sus habitantes a un indio que al oír el canto de esta ave dedicó su melodía al nombre del lugar. Sin embargo, el profesor Oldman Botello (1995) señala que, probablemente, esta palabra proviene de Titigua, voz a la cual se le da el significado de "vaquerío pequeño" en legua cumanagota.
Tigüigüe tiene su sitio ganado en la Historia Local. De esta pequeña comunidad salieron hombres a dar su vida por la Independencia de Venezuela. Hijos de este lugar formaron el batallón que organizó en Ortiz el Coronel Don Luis Santinelli, en 1812. En 1873, era un vecindario perteneciente a la parroquia Santa Rosa, del Departamento Bermúdez. Contaba con 32 casas y una población de 272 habitantes; aún cuando en 1880, este caserío tenía unas 40 casas, su crecimiento poblacional había disminuido en 232 habitantes (Rodríguez Dellán, 1974:28). Mientras, desde punto de vista económico, Tigüigüe contaba con un número de 25 contribuyentes a las rentas municipales en 1891.
Entres su habitantes más reconocidos por la memoria local se cuentan: Juan Burgo, Antonio Herrera, Gabino Esparrogosa, Amalio Solórzano, entre otros Actualmente, esta comunidad cuenta con varios negocios pequeños que le dan vida a esa comunidad. Asimismo tiene diversos cultos religiosos. Entre las expresiones litúrgicas y culturales se hallan la festividad en Honor a nuestra señora de Lourdes, la cual celebran cada 14 de Marzo y la Misa del Nazareno Bendito, en la Semana Mayor o Semana Santa.
Su primera Escuela Rural fue fundada en 1950, durante el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, por iniciativa de Edmundo Ascanio, Isidro Sarmiento, entres otros vecinos. Su primera docente fue Doña Nervia Ramos de Donaire.
Hoy Tigüigüe es una comunidad que se viene desarrollando lentamente, con el esfuerzo de sus mujeres y hombres. A la orilla de la carretera nacional han surgido pequeños negocios que le dan vida a la zona, como las chicharroneras que son paradas obligatorias de los viajeros que prefieren degustar de las hallaquitas de chicharrón o el cochino frito, con cachapa y queso de mano.
NOTA DE PIE DE PAGINA
[1] Antiguo lugar y hacienda que perteneció a Don Francisco Xavier Ustariz para el año de 1813
BIBLIOGRAFÍA
AGAGLIATE M, RENATO (1992): El Río que tenía alas. Caracas: Dirección de Cultura. Universidad Central de Venezuela.
BOTELLO, OLMAN (1995): Inventario Toponímico Indígena de Parapara y Ortiz. Maracay: Mimeo.
RODRIGUEZ DELLAN, E (1974): Dinámica Geográfica de un Pueblo. Contribución al estudio de la Evolución Urbana de Ortiz. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Mimeo.
La Semana de la Poesía de los estados Guárico y Apure (Venezuela), que este año llega a su quinta edición, se celebrará entre el 5 y el 8 de noviembre, con una agenda de actividades en las ciudades de San Fernando de Apure, Calabozo y San Juan de los Morros, bajo la organización del escritor e investigador Arturo Álvarez D’Armas y los poetas Tibisay Vargas Rojas y Jeroh Juan Montilla.
La actividad se realizará en homenaje al poeta guariqueño Rodolfo Moleiro (Zaraza: 1898 - Caracas 1970) , integrante de la generación poética de 1918 y cuenta con el auspicio de Viento del Sur Editores.
La jornada inaugural, el lunes 05 de noviembre a las 10 de la mañana, será una lectura poética con el poeta Arturo Álvarez D’Armas, en las instalaciones de la Librería Portal Apure.Com y en la tarde tendrá lugar el recital de José Gregorio Rivas, en la Librerías del Sur – Frente a la Plaza Bolívar de San Fernando de Apure
El martes 6 se realizará, entre las 4 de la tarde, la Lectura Poética, donde participaran los poetas: Mariana Gámez, Magdalena García, Raday Ojeda, Francisco Rodríguez y Arturo Álvarez D´Armas, en la Biblioteca – Universidad Nacional Abierta de San Fernando de Apure.
Al día siguiente se realizará un Foro y Lectura Poética La Obra Literaria del Poeta y Cuentista José Gregorio Rivas, con las intervenciones de la Profesora Milagros de Castro (UNA – Calabozo), Profesora Luisa Rivas (UNA – San Fernando De Apure), Profesor Adelfo Morillo (Unerg – Calabozo) y Profesora Ledys Lima (Unerg – Calabozo), evento que tendrá lugar en Salón de Usos Múltiples de la Alcaldía Municipio Francisco de Miranda - Frente a la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cycpc) Calabozo, a las 9 de la mañana.
La jornada de clausura se realizará el jueves 8 de noviembre, a las 7 de la noche, con las Lecturas Poéticas de Rosana Hernández Pasquier, Tibisay Vargas Rojas, Edgardo Malaspina, Adolfo Rodríguez, Arturo Álvarez D´Armas y Jeroh Juan Montilla. En este mismo acto se realizará la presentación de los Dípticos LLanura de Rodolfo Moleiro y ¿Quién soy? de Adolfo Rodríguez y el libro Elementos de Versoterapia (Poesía para Médicos) de Edgardo Malaspina, las instalaciones del Teatro de Bolsillo de San Juan de los Morros, detrás de la Casa del Artesano.
Deibys Ascanio es nativa de la población de Ortiz, estado Guárico; profesora de Lengua y Literatura, egresada del Pedagógico de Maracay (UPEL). Tiene, también, una maestría en Literatura Latinoamericana de esa misma institución y, recientemente, cursó un master en Estudios Internacionales en la Université des Antilles et de la Guyane, Martinica, donde actualmente está residenciada. Publicamos estos poemas que nos han aparecido sobre nuestro escritorio. Verano y Cal y tiempo fueron publicados en la revista mutigrafiada Luz y Pensamiento, que dirigí en la década de los años 80 - del siglo XX-. Los últimos textos son inéditos, de puño y letra, escritos en Maracay, donde muestra una escritura más madura. Verano
Mira,
el deshojar de los árboles
y el verano tendido.
Mira,
el correr de las aguas;
los desnudos árboles, el cantar de los pájaros y el sol tirante; mira, el viento que retoza entre los hojas secas y el lento rigor de la sequía. Cal y tiempo
Sobre el suelo el olvido y sobre el avivar el tiempo ¿Expiración de moradas sosegadas? Poco a poco se derrumban: poco a poco se aleja el olor en el vendaval tácito y sigiloso del pasado.
**
No tuvimos
al tiempo secuestrado
atado
un minuto
sería eterno.
Lo hemos dejado ir.
**
Donde atreverse
a mirar
el desnudo silencio
que pasea la calle.
Arrastro el disfraz
sobre el que mira
y sin duda soy.
Pero otros
ya no tienen rostro.
**
Sabemos acaso
si el frío cortante
de esta casa
te llama
o te espera.
Cómo saber
si tu espacio
es dualidad
bien o mal.
Si te vas
cuéntame
o envíame
una postal para saber que vives.
**
El giro
lo dimos desde acá
sin ver nada
sin mirarnos
Nos escapamos
del círculo
nuestro juego
era para dos
Cualquiera que sean las posiciones filosóficas, la acción de nombrar siempre ha estado presente en la humanidad. Desde tiempos remotos el hombre tiene la actitud natural de colocarle nombre a las cosas que le rodean. Desde el siglo II, antes de Cristo, Aristóteles y Platón habían reflexionado al respecto. Dice, por ejemplo, Platón que "las palabras poseen significados por su naturaleza, es decir, reflejan por su origen y por su estructura la realidad que la nombra".
Y, ciertamente, la palabra está en el centro de la acción humana. Acompaña al Hombre en su aventura física y metafísica. Por ella, los soportes materiales y abstractos reencuentran vitalidad. Porque para el hombre religioso africano, el universo se concibe como una totalidad que cierra una red de energías nacidas de diversos reinos de la naturaleza (vegetal, animal, mineral y cósmico) [1].
Los dos artículos caen como anillo al dedo, cuando aquí en Venezuela se discute sobre la reforma constitucional y sobre pretensiones del presidente Chávez de llevarnos al comunismo. Régimen político que llevó a Rusia a la debacle económica y que termino en la década de los ochenta del siglo XX, con la caída del Muro de Berlín.
.......................................................................................................................................
Por José Obswaldo Pérez*
Historiografíasse ha convertido en un site selecto. Se trata de un weblog administrado por mi buen amigo, el poeta y escritor guariqueño Jeroh Motilla, donde postean escritores, cronistas, poetas e historiadores de Guárico y de otras partes de Venezuela. Los temas son muy variados e interesantes. Recientemente, el escritor e poeta Edgardo Malaspina ha escrito dos excelentes crónicas De cómo una vez contribuí a construir el comunismo y Diario De Moscú, que recogen las historias de vida de un llanero en la mística y bucólica ciudad imperial: Moscú o, la tercera Roma como se le ha llamado.
Los dos artículos caen como anillo al dedo, cuando aquí en Venezuela se discute sobre la reforma constitucional y sobre pretensiones del presidente Chávez de llevarnos al comunismo. Régimen político que llevó a Rusia a la debacle económica y que termino en la década de los ochenta del siglo XX, con la caída del Muro de Berlín.
Son muchas las descripciones que nos deja Malaspina en su Diario… “En Moscú hay pocos automóviles. No veo colas y los carros no forman alboroto con sus bocinas. El silencio es casi total. Hay trolebuses (buses que trabajan con electricidad para no contaminar el medio ambiente) con una conexión en una red de cables eléctricos. También hay tranvías. Conozco el Metro. Es una vía subterránea gigantesca.Ya visité la Plaza Roja. De regreso me perdí en el Metro. Unos muchachos del Komsomol me auxiliaron y me llevaron a la residencia”.
Hay un relato político interesante: “Las clases son de nueve a doce, y luego de la una hasta las tres y media. Mi profesora de ruso se llama Elsa Alfredovna. Es una señora entrada en años con destellos de haber sido bella en su juventud Dice estar escribiendo un manual de ruso para latinoamericanos. Cometo la imprudencia de preguntarle sobre lo que pasó con Podgorny, el Presidente del Soviet Supremo defenestrado. Me llama aparte y me dice en voz baja que hay cosas que no se deben indagar”.
De cómo una vez contribuí a construir el comunismo narra las labores de las brigadas estudiantiles de trabajo voluntario (stroiatriad), donde el estudiante Malaspina, en la región de koljoz, en Shortandí, ganaba un poco de dinero extra y aprendía hacer trabajo solidario. “Las brigadas estudiantiles de trabajo voluntario permitían obtener un dinero extra, pero también era una actividad idealista: una parte de lo ganado era destinado a un fondo de solidaridad con los pueblos en lucha contra el imperialismo, el neocolonialismo, el fascismo y la reacción. Así nos lo transmitían. Así lo repetíamos con orgullo. En 1978 aportamos tres días de nuestro trabajo a esos fondos solidarios”.
A final se tratan de relatos que quedan atrapado en el embudo del realismo socialista y que , a veces, nos sirven para hacer trampas de la nostalgia.
________
*José Obswaldo Pérez es periodista, profesor universitario e historiador venezolano
631 millones de dólares es el presupuesto mínimo que necesita la UNESCO para su trabajo del próximo bienio. La 34ª reunión de la Conferencia General decidirá si se los otorga. Del 16 de octubre al 3 de noviembre, congregará en París a los representantes de los 193 Estados Miembros de la Organización, que determinarán también el programa para 2008-2009. El número 8 del Correo de la UNESCO esboza algunas de las futuras prioridades de la Organización.
En una entrevista, el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, habla del papel que desempeñará la Organización en la reforma de las Naciones Unidas y destaca los temas de África y de la igualdad entre los sexos como prioridades que competen a todos los sectores de la UNESCO.
El sector de Cultura, ilustrado por el artículo “Las culturas viajan con el hombre”, subraya la importancia que otorga a la diversidad cultural y al diálogo entre las culturas; el de Ciencias Naturales, ilustrado por el artículo “Una prioridad clara: el agua”, pone el acento en la educación y el mejoramiento de los conocimientos relativos a este recurso, que es clave.
El nuevo Subdirector General de Educación de la UNESCO, Nicholas Burnett, expone en una entrevista su visión del papel de la Organización en la promoción de la educación. Estima que a pesar de que las restricciones presupuestarias son muy rigurosas, los recursos financieros no representan un verdadero problema.
El artículo “Hacia sociedades del conocimiento integradoras”, consagrado al sector de Comunicación e Información, insiste en la libertad de expresión y el papel de las nuevas tecnologías en la preservación del conocimiento y el intercambio de la información. “Crear espacios de diálogo”, el artículo correspondiente al sector de Ciencias Sociales y Humanas, define el fortalecimiento de las capacidades como principal objetivo.
En otras secciones, este número del Correo de la UNESCO ofrece una cronología de las diferentes sesiones de la Conferencia General desde 1946; extractos de las intervenciones del coloquio internacional “60 años de historia de la UNESCO” (2005); otros fragmentos de los primeros números del Correo dedicados a la Conferencia General, así como información general sobre el presupuesto de la Organización.
Me ha conmovido hondamente la imagen de miles de monjes budistas protestando en las calles de Rangún. Se enfrentan pacíficamente contra la dictadura militar que azota Birmania desde que desconoció los resultados electorales de 1990, cuando el partido de Aung San Suu Kyi ganó los comicios. Esta mujer, que permanece en arresto domiciliario desde 1996, es Premio Nóbel de la Paz e hija del héroe de la independencia birmana, ocurrida en 1948, cuando el Imperio Británico hizo maletas y abandonó aquellas tierras. La cadena de calamidades que ha sufrido este país de 60 millones de habitantes estremece hasta al más desaprensivo.
Al régimen comunista del general U Nu, establecido en 1949, le sucedió otro comandado por el general Ne Win, en 1962. Este hizo redactar una Constitución en 1974, en ella se establecía una “República Socialista” dentro de la que fue electo presidente en el mismo año, y reelegido en 1978, hasta que dimitió en 1981, cuando le sucedió otro general, llama do SanYun. En 1988 hubo una revuelta social enorme, solicitando democracia, pero la respuesta fue otro gobierno militar encabezado por el general Saw Maung. A este último se le ocurrió cambiar el nombre de Birmania, que ahora se denomina Unión de Myanmar, pero naturalmente la mayoría desconoce el cambio. Forzado por los hechos, se convocó a elecciones en 1990, las que ganó el partido de la señora Suu Kyi, la Liga Nacional por la Democracia, pero ya señalamos que fueron desconocidas.
La triste relación anterior se acompaña de todos los disparates posibles en materia económica, tantos que la pobreza campea a sus anchas en esta “República Socialista” que produce arroz, y devasta centenares de hectáreas de bosques en procura de teca. En medio de tantas calamidades, fruto de la ignorancia y la estupidez de una casta militar corrupta, los monjes budistas con sus túnicas moradas se enfrentan a un régimen que viola los derechos humanos de manera sistemática, que en 1988 asesinó a cerca de 10.000 personas que se le oponían, que se le ha denunciado por torturas y esclavitud y que hasta la ONU, que es lenta y prudente para pronunciarse, ha aceptado los señalamientos.
Estremece pensar que en la raíz de estas protestas está la desesperación de un pueblo sin futuro, cuyo único horizonte es permanecer en manos de estos militares sanguinarios, que no le ofrecen otra cosa a los birmanos que sangre, vio- ladones, pobreza y de manera indefinida. En pocas palabras: sin esperanzas. Es por ello que la campaña de los monjes budistas a favor de la democracia es conmovedora, tanto como ha sido la resistencia del budismo tibetano a los desmanes, el irrespeto y las arbitrariedades cometidas por China en la tierra del Dalai Lama.
La fuerza de las imágenes de los miles de monjes en las calles de Rangún, enfrenta dos ala bota militar; la prédica planetaria de paz y compasión por parte del Dalai Lama, mientras su país es ocupado desde hace medio siglo, vienen sembrando en el inundo occidental un interés particular por el budismo. En lo personal, la simpatía por esta cultura milenaria es ya acendrada, y nació a la luz de un libro del viejo Borges en colaboración con Alicia Jurado sobre el budismo, y se robusteció con una joya que siempre recomiendo fervorosamente: El libro tibetano de la vida y la muerte, de Sogyal Rinpoché. Desde entonces, el río de lecturas de budismo tibetano no cesa, y mi admiración por una cultura que no hace apostolado, que no se cree dueña de la verdad, que no invoca la autoridad de unas escrituras sagradas, es cada día mayor.
No está nada bien que un pueblo olvide a sus hijos más ilustres o ignore a ese ciudadano anónimo y productivo cuyas labores diarias contribuyen al engrandecimiento de esa tierra que le infundió el ser. Por desgracia esa parece ser la mayor debilidad y desventaja de nuestra indiosincracia: olvidar a los benefactores de nuestra sociedad. Un Pueblo que incurra en esa falta carece de vida, personalidad y memoria. Es lo mismo que andar por las calles o entre el hormiguero humano sin un rostro que nos distinga y sin portar documentos de identidad. No existimos, nada somos, nadie nos reconoce. Y he allí una de las razones del subdesarrollo de muchos países, por no hablar del nuestro. A los pueblos jóvenes o en vías de desarrollo les resulta más sencillo criticar a los Imperios que dominan al mundo que convertirse ellos mismos en un Imperio. Y para convertirnos en el Imperio que soñamos ser, debemos echar fuera la xenofobia, andar por los caminos de la Ilustración y comenzar por justipreciar a los héroes que ha engendrado nuestra patria. En nuestro caso es necesario recordar que el petróleo nos trae riqueza pero no imparte virtud. La virtud se busca por otros lados. Hoy quisiera honrar y recordar a Don Porfirio Melo, y le recordaré no precisamente en uno de sus mejores momentos, porque él, como todo aquel que se atreve escalar las elevadas cumbres del ideal y del amor a una causa noble, padeció la soledad y la incomprensión.
Sucedió una mañana de mayo de 1992 en un conocido liceo de la ciudad cuyo nombre no daré. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: lo anoté en uno de esos diarios míos que se salvaron de la hoguera o del basurero. Se celebraba "la semana de la conservación", motivo por el cual se invitó al conocido ecologista a un "Lunes Cívico" para disertar sobre el tema a los estudiantes de la institución educativa. El patio era un hervidero de estudiantes bulliciosos y fastidiados formados en filas maltrechas. Se entonaron "las gloriosas notas del Himno Nacional" y finalmente, luego de una fría presentación por parte de las autoridades del plantel, tomó la palabra Don Porfirio Melo, con la gallarda actitud de un Quijote que cabalga sobre un Rocinante. No encontré mejor y más exacta definición para él ese día. Micrófono en mano y con un manojo de notas bajo el brazo, dió inicio a una charla magistral sobre el conservacionismo y habló también de sus amores con el cerro Platillón. Era un perito en lo suyo, pero eso no pareció bastar: los adolescentes no prestaban atención al más mínimo verbo o predicado del discurso. Apenas comenzó a hablar, el "Lunes Cívico" dejó escapar por alguna rendija lo de "Cívico". Los muchachos reían, se empujaban, bostezaban y hasta se burlaban de los ademanes del conferencista. Y los que intentaba oir (una minoría aplicada y silenciosa) no podían hacerlo a causa del barullo. Nadie pudo enterarse de si, efectivamente, el cerro Platillón estaba o no ubicado al norte del Guárico o al oeste de San Juan de los Morros. Fue un momento muy desagradable porque nadie hizo nada por remediar esta situación. A un hombre de este calibre había que oirsele o, al menos, respetarsele. Porfirio Melo, notando que su auditorio hacía cualquier cosa menos prestarle atención, montó en cólera y comenzó a reconvenir a los rebeldes de azul. "¡Esos que no oyen son vuestros enemigos!", exclamó a voz en cuello esa húmeda mañana de mayo. "¡Enemigos del ambiente y de la Patria!". Yo sentía indignación y pena ajena. Recuerdo que a mis espaldas varios profesionales de la docencia, sin darse por enterados de la situación, parloteaban animadamente acerca de cósmeticos y de la asonada militar encabezada tres meses antes por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, actual presidente de la República. "Si a estos docentes no les interesa el tema, ¿qué se puede esperar del alumnado?", razonaba yo, invadido por una mezcla de malestar y fastidio. Finalmente, tras agitarse, gritar, gesticular y señalar a todos con dedo indignado, Porfirio Melo dió por concluida su intervención con una expresión en el rostro de "he arado en el mar". Y es que si Bolívar es el "Padre de la Patria", también es el Padre de todos los que en este país Aran en la Mar, y esto es algo que se les olvida a nuestros actuales ideólogos. Quizá exagero pero ese día me parecio oir algo asi como el crujir de un quiebre moral. Pero no de la moral puritana de una Inglaterra Victoriana sino aquella moral que hace posible la convivencia ciudadana y que es la savia y la raíz de una nación. Algo andaba mal en la familia, en la sociedad, en las instituciones o en nuestro propio corazón. Y mas temprano que tarde cosecharíamos los frutos de tal quiebre moral.
Han transcurrido quince años desde aquel día. Porfirio Melo ya no está en medio nuestro. ¿Qué habrá sido de aquellos revoltosos adolescentes y qué de sus maestros? ¿Donde fue a parar el manojo de notas del discurso de Porfirio Melo? Cuando observamos como el medio ambiente se va degradando a la condición de un orate vestido de harapos malolientes, la imagen y el verbo de un Porfirio Melo se hacen infinitos en las mentes y en los corazones de quienes le conocieron.
Fue uno de los primeros comerciantes que compró los primeros automóviles que llegaron a Ortiz. En una reseña del diario El Universal se indica que don Francisco, acompañado del coronel Cesar Díaz y Juan Marrón Cabrera visitaron en auto las minas de carbón que existen en Parapara.
por JOSÉ OBSWALDO PÉREZ
Nativo de Italia. Llegó muy joven a Venezuela, mediado del siglo XIX y acompañado de su madre se estableció en la población de Ortiz con una casa de comercio, actividad que continuo más tarde en Villa de Cura, con carácter definitivo[1]. Fue uno de los primeros comerciantes que compró los primeros automóviles que llegaron a Ortiz. En una reseña del diario El Universal se indica que don Francisco, acompañado del coronel Cesar Díaz y Juan Marrón Cabrera visitaron en auto las minas de carbón que existen en Parapara[2].
Era hijo de don Blas Antonio Paradisi y Doña Josefa María Calógero. Se casó con la parapareña Carmen María Gamarra Abreu en Ortiz, el 22 de Agosto de 1890; hija de Ramón Gamarra y Jacinta Abreu. De este matrimonio tuvo como descendencia seis hijos. Al enviudar, Paradisi Calógero contrae nupcias nuevamente en 1909 con Dicia Marrero. De este matrimonio procreó trece hijos, entre ellos: Aníbal, Horacio, Carmen, Fernando e Iván Paradisi Marrero[3].
En San Juan de los Morros, Paradisi formó parte de la Junta Local de Cafeteros del estado Guárico, ocupando el cargo de vicepresidente. Dicha junta se había constituido en marzo de 1935 y había celebrado dos reuniones para escoger los representantes de la Junta Directiva[4].
En la onomástica urbana de Villa de Cura, Paradisi es antrotopónimo que lleva una avenida y un comercio de esa localidad.
NOTAS
[1] LORETO LORETO, BLAS (1988). Don Lorenzo Rubín Zamora. San Juan de los Morros: Publicaciones de la Coordinación de Cultura del Estado Guárico. Colección Soles Guariqueños No.1
El general Tomás Federico Rodríguez fue músico talentoso, ejecutante del violín y compositor de música sacra. Su obra más conocida se llama "La piedra bonita" que se tocaba el día santo de la Humildad y Paciencia en la Semana Santa católica que los orticeños de aquel tiempo celebraban con cierto rigor.
Tomás Federico Rodríguez se destacó por ser un exponente de la música sacra
José Obswaldo Pérez
Un residente de Santa Rosa de Lima de Ortiz, llamado Tomás Federico Rodríguez ― quien representaba los intereses de la familia Ovalles de Villa de Cura y Tiznados ―, era reconocido por la prensa local como “afamado músico aragüeño” y se le renombraba, también, como compositor de valses, polkas y pasos dobles. Así lo testimoniaba una nota periodística del periódico La Unión de Villa de Cura, en su edición del 24 de octubre de 1894. En otras fuentes documentales se le destacaba como político, desempeñándose, en varias oportunidades, como parlamentario y concejal del Departamento Bermúdez del Gran Estado Guzmán Blanco (Pérez, en imprenta).
Nació aproximadamente en 1834, siendo hijo natural de Benigna Rodríguez Sánchez. Su madre fue villacurana, hija de Juan José Rodríguez Acevedo y Alejandra Sánchez; descendiente de familias beneméritas de la historia de Venezuela, especialmente, cultivadoras de la música clásica y religiosa. Siendo su bisabuelo, Diego Rodríguez, hijo de Antonio Rodríguez Díaz— natural de El Sombrero, padre de Rosalía Rodríguez Álvarez, presunta madre del futuro maestro del Libertador—, quien se estableció en Santa María de Ipire con su padre Matías Rodríguez. Al respecto el historiador Adolfo Rodríguez refiere que este Matías “figura en remate de tierras de su hijo Juan Rodríguez. Hato de ganado mayor en Ipire y un rincón de tierra al lado de la quebrada de Santa Inés, en la misma zona, exactamente el 18. 1. 1743. Otro en Ledesma”.
Igualmente, Rodríguez sostiene que Rosalía Rodríguez fue propietaria del hato Mahomito al noreste de Santa María de Ipire y presume que esta mujer era también músico. “Creo haber leído (a menos que lo dedujese o imaginara) que dicha dama participara como ejecutante en iglesias de Caracas. Sumamente probable por sus numerosos nexos con la más importante cohorte cultural de entonces, tanto la eclesiástica como la relacionada con el arte de Terpsícore” (Rodríguez, 2019)
De su padre sólo sabemos que se apellidaba Rodríguez y que sus abuelos paternos eran José Tiburcio Rodríguez y María Zapata. Tiburcio fue hijo de Pedro José Rodríguez Letras y Cayro Mendoza y de María Sebastiana Hernández, quienes habían casado en Caracas, el 18 de agosto de 1754. Un tío de Tomás Federico había nacido en San Fernando de Apure, el 20 de febrero de 1791, llamado José Matías Rodríguez Zapata.
Por relatos familiares, nos refiere Domingo Silo Rodríguez, que el progenitor de Tomás Federico fue isleño con negocio de panadería en Cagua y no llegó a casarse, como lo había convenido con su mujer, porque tuvo que viajar a las Islas Canarias y allí murió, sin que se sepan hasta ahora las razones de su viaje y su muerte. De esta unión se ha dicho que fueron tres hermanos: Pedro Pablo (1825-1927), Antonio María (1832-1927) y Tomás Federico (1834-1929). Aunque Domingo Silo nos aclara que hubo una hembra en la familia llamada María, y que murió en Ortiz a finales del siglo XIX.
Al respecto, su hermano Pedro Pablo fue político y militar. A veces se nos confunde con su homónimo Pedro Pablo Rodríguez Vargas - hijo de Aniceto Rodríguez Vargas y de María de Jesús Vargas-. Este se destacó como prefecto departamental, durante el guzmancismo y gobernador encargado del Estado Guárico en 1876. Sin embargo, no hemos podido conectar filialmente este Pedro Pablo con el referido linaje Rodríguez Vargas, quien casó con Julia Matute, donde hubo descendencia; y con Teodora Gómez, padres de Pablo Victorio, Soledad, Felicita y Juana María Rodríguez Gómez.
De su otro hermano, Antonio María, fue también político y comerciante. Homónimo de un pariente lejano. Del Comandante Militar y Teniente Corregidor del pueblo de Ortiz, fiel compañero del general José Antonio Páez, en aquellos años aciagos de 1818, cuando los llaneros guariqueños hacían la Campaña del Centro con el Libertador Simón Bolívar.
Casó varias veces y varias veces enviudó, — aunque en varias ocasiones tuvo relaciones extramatrimoniales—. Algunas de sus mujeres murieron en parto y otras por la epidemia palúdica. Contrajo matrimonio, en primeras nupcias, con doña María Hermenegilda, en 1857, con quien hubo tres hijos: José Ramón, Rosa Amelia, y Rodolfo Rodríguez; luego, en 1870, con una parapareña de apellido Lara, de donde proviene Braulio Lara; más tarde, con doña Rosalía Rondón Montes, cuyo matrimonio se realizó el 4 de septiembre de 1879, con quien tuvo varios hijos. Rosalía Rondón fallece a los 30 años de edad y fue sepultada el 28 de enero de 1888.
Posteriormente con una Alvarado, en 1890, de cuyo matrimonio nació Antonio María Rodríguez Alvarado; dos años después, con doña Eliana Núñez N, hija de Manuel Núñez y de María Hermogénes Núñez, con quien hubo cuatros hijos: Cecilia, Antonio María Rodríguez, Rita María Núñez (madre de Rita Emilia Núñez Ovalles) y Rafael Núñez; y, seguidamente, con la orticeña Anastasia Rojas, en la que hubo una hija llamada María Vicenta Rojas (1894-1959), quien esposó con Jesús Rondón Silva. Otros hijos habidos son: Josefa Mercedes, Rafael, y Rita Mercedes Rodríguez. Como se observa, Antonio María fue un hombre muy productivo en hacer prole y construir familias extensas, una característica genética de algunos miembros de esta familia.
Por otra parte, Antonio María fue primer concejal y luego presidente del Concejo Municipal del Departamento Bermúdez, en 1876. Hombre progresista y liberal. Cualidades con las cuales le fueron reconocidas, el13 de octubre de 1885, por el Gobierno Nacional con la condecoración en su cuarta clase del Busto de El Libertador. Dicha distinción se conservó, hasta no hace mucho tiempo, en la casa de habitación de Nicanor Rodríguez. En la misma se señalaba textualmente lo siguiente:
"Condecoración de 4ta clase del Busto del Libertador. El Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Con la aprobación del Concejo Federal confiere la condecoración de cuarta clase del Busto del Libertador al Señor: Antonio María Rodríguez. Esta orden instituida en memoria del héroe fundador de cinco Republicas de la América del Sur, es el honor más preciado que la Patria acuerda a sus servidores distinguidos, así como a aquellos que siendo o no del país se hacen dignos por su mérito sobresaliente o por los servicios que prestan a la humanidad o a la civilización de los pueblos, de esta ilustre distinción. Dado, firmado de mi mano y refrendado por el Ministro de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores en Caracas a 13 de Octubre de 1885. Refrendado Manuel Tomas Lander “.
Como comerciante fundó un establecimiento comercial de gran prestigio en Ortiz, la cual formó en compañía con la Casa de Comercio de don Esteban Berroterán, que se mantuvo hasta el 17 de enero de 1886. Un aviso de 2 col x 12 cm., publicado en el periódico Progreso de Calabozo, anunciaba la disolución de la sociedad mercantil Berroterán y Rodríguez, la cual su liquidación estuvo a cargo de su socio Antonio María, anunciando que “(…) continua en los mismos negocios por su cuenta”, según explica el cartel publicitario en letras itálicas y a diez puntos.
Don Antonio María Rodríguez falleció a los 95 años de edad, en el año de 1927, en Valencia, estado Carabobo, donde se había residenciado con sus deudos. Quizás la última vez que se le vio en Ortiz, fue en el matrimonio de civil de don Antonio Loreto Arana y de doña Agueda Epifanía Paúl Navarrete, celebrado el 30 de septiembre de 1901, donde fue testigo de la boda.
Al completar el linaje familiar de Tomás Federico, podemos señalar que su vida infantil debió pasarla en Villa de Cura- importante urbe comercial de la época-, donde curso estudios primarios y estudio música. Según el historiador Adolfo Rodríguez pudo haber sido allí donde recibió lecciones con el doctor Jaime Bosch, unos de los intelectuales más destacado de la región que “llegó a ser decano de los músicos de Aragua”, descollándose como buen ejecutante del bajo y compositor de piezas sagradas y profanas (1989, p.12).
Sin embargo, hacia el año de 1846, la tranquilidad urbana de Villa de Cura y comunidades vecinas se ven alteradas por hechos violentos originados por las elecciones de ese año. Una rebelión armada del Coronel Francisco José Rangel – excombatiente de la guerra de la Independencia y simpatizante de la candidatura Antonio Leocadio Guzmán-, cuyo epicentro tuvo su origen en el valle de Tacasuma y Timbique, causaba pánico y disturbios contra la clase conservadora, poseedores del poder (Botello, 1971; pp.100-101; Arráiz Lucca,2007, p.42-43). Una de las víctimas va a ser esta familia Rodríguez que observó pávida como sus propiedades fueron saqueadas, entre ellas la panadería que fue quemada por un grupo de acólitos enardecidos.
A raíz de estos hechos, doña Benigna Rodríguez y sus hijos deciden trasladarse a Ortiz, una localidad que prosperaba económicamente por sus productos agrícolas. También, porque aquí estaban ciertos parientes y familias villacuranas con poder político que les podría ayudar. Así sucede. La familia se establece en el pueblo orticeño y, en consecuencia, Tomás Federico viene con trabajo. Es el representante legal de las propiedades de los Ovalles en San Francisco de Tiznados, donde tenían ganados y unos cuantos esclavos aún. El cargo que ocupa lo obligaba a relacionarse e inmiscuirse en la política, actividad a la que se siente atraído por los acontecimientos de patriotismo a favor del gobierno. Con su estancia en Ortiz, coincide con la llegada del recién designado gobernador de la recientemente creada provincia del Guárico, Blas Bruzual, el 18 de marzo de 1848. El pueblo era Cantón y estrenaba también su primer Concejo Municipal, con autoridades asignadas e integradas por los conservadores locales.
El nuevo gobernador de la provincia era periodista, fundador y editor del periódico El Republicano, cuyo representante en Ortiz fue Miguel Rodríguez Vargas. El mandatario fue nombrado por el presidente Monagas en medio de unas circunstancias conflictivas: Especialmente, el bochornoso asalto del Congreso de la República que había puesto fuego a la agitada política de entonces. Eran días de conspiraciones y cada grupo político se espiaba unos a los otros. El año siguiente, 1849, ocurre el segundo levantamiento contra el presidente José Tadeo Monagas, en una ofensiva de los paecistas para deponerlo. Al analizar los hechos, el historiador Adolfo Rodríguez apunta hacia la importancia estratégica y operativa que juega Ortiz, en estos acontecimientos de carácter nacional. Indica el autor citado las primeras actuaciones del recién nombrado mandatario regional en la población de Ortiz, en los siguientes términos:
“Es de presumir que los primeros actos administrativos del gobernador Bruzual se gestan en Ortiz, donde suscribe el día 24 de febrero una proclama a los guariqueños y decretos sobre secuestro de propiedades y otras medidas bélicas” (Rodríguez, 2004).
En diciembre de 1868 se realizan elecciones en Guárico para elegir Senadores principales y suplentes, Diputados principales y suplentes a la Legislatura Nacional, y Diputados principales y suplentes a la Legislatura del Estado. En estos comicios, Tomás Federico Rodríguez fue electo diputado principal para la Legislatura regional por el Departamento Ortiz, con 3.713 votos. E igualmente, Carmelo Paredes, con 5.446 votos (Landaeta Rosales, pp.28-29).
AMOR Y MATRIMONIO
Tomás Federico ve morir a su madre, el 19 de agosto de 1873, a los 56 años de edad. Un año después, en medio de aquella agitada política, fue flechado por el amor y el 5 de mayo de 1874 circuló por el Juzgado de Ortiz, el cartel de su matrimonio civil con la villacurana Teodolinda Paúl Aranguren, hija del doctor Joaquín Paúl y Terreros, uno de los eminentes abogados de la sociedad villacurana y de María Salomé Aranguren y Meléndez. Se esposaron, en ceremonia religiosa, en la Iglesia Parroquial San Luis Rey de Villa de Cura, un día viernes 10 abril de 1874. Fueron testigos del acto nupcial don José Joaquín de Jesús Paúl Aranguren y Consolación Paúl. Su esposa Teodolinda Paul de Rodríguez fue prima hermana de Juan Pablo Rojas Paul (hijo de José Isidro Rojas y de Mercedes Paúl y Terreros), Presidente de Venezuela en el periodo constitucional 1888-1889; y la madre de esta heredó de José de la Natividad Aranguren, su padre, una casa en San Luis de Cura que venden en 1883 a Juan Bautista Rodríguez (Rodríguez, 2015).
La pareja Rodríguez-Paúl se establece en Ortiz hasta principios del siglo XX, cuando regresa a Villa de Cura para culminar los últimos años de vida allí. No dejaron hijos, al menos, que se le conozcan.
UNA VOZ EN EL CONCEJO MUNICIPAL
Durante sus funciones como concejal, el 22 de agosto de 1879, se pronuncia en la sesión ordinaria del día sobre la crisis epidémica de paludismo que se cernía sobre Ortiz. Al concederle el derecho de palabra, el concejal Rodríguez solicitó al cuerpo que le dirija una comunicación al Gobierno Nacional a fin de solicitarle recursos financieros y medicinas para atender a los enfermos que sufren del azote epidémico (Actas del Concejo Municipal, 1879).
Ante la alarmante crisis epidemiológica, la Cámara Municipal presidida por José de Jesús Trujillo Benítez aprueba la noción propuesta y nombra una comisión de estilo para redactar la comunicación y dirigirse al Ejecutivo Nacional. Este comité estuvo conformado por el propio Tomás Federico Rodríguez. Más tarde, en octubre de ese año, el Gobierno Nacional responde y envía al Concejo Municipal una ayuda de enseres, en total, unas 180 piezas, entre ropas, sabanas, cobijas, calzoncillos, túnicas y pañuelos para ser distribuirlos entre las personas necesitadas de ambos sexos.
En 1880 fue electo diputado de la Asamblea Legislativa del Estado Guárico, la cual preside y le toco aprobar el 11 de diciembre de ese año, un proyecto de acuerdo compuesto de tres artículos apoyando la reforma de la Constitución Nacional del 27 de marzo de 1874. Igualmente, la nueva carta magna estadal aprobada modificó el nombre del Estado del Centro por el de Guzmán Blanco, como “testimonio de público reconocimiento hacia el regenerador de Venezuela”.
UN HOMBRE TALENTOSO
El general Tomás Federico Rodríguez fue músico talentoso, ejecutante del violín y compositor de música sacra. Su obra más conocida se llama "La piedra bonita" que se tocaba el día santo de la Humildad y Paciencia en la Semana Santa católica que los orticeños de aquel tiempo celebraban con cierto rigor. De igual forma son de su autoría Una lágrima (vals) y la composición titulada El Aprendiz, publicada en la revista Museo de Caracas, entre otras piezas aún desconocidas.
Una referencia positiva de su obra fue realizada por el periodista y docente Ricardo Núñez Gómez—quien vivió durante un tiempo en Ortiz, cuando el gobierno aplicaba la Ley de Instrucción Popular—. En un artículo publicado en El Progreso de Calabozo, Núñez Gómez, quien también era músico, calificaba a nuestro biografiado como “uno de los hombres más interesantes” de la sociedad orticeña, y agregaba, entre sus cualidades humanas, “por sus talentos y por su probado espíritu de progreso que le ha conquistado innumerables simpatías”.
En el caso del Vals Una Lagrima, el periodista señala que esta composición era de sobremanera expresiva y que su autor poseía “en alto grado el dulce sentimiento de lo bello”, y asimismo se explicaba que Tomás Federico Rodríguez había desarrollado el” tan delicado germen del buen gusto arraigado del alma”.
Más adelante, apunta Núñez Gómez que “sus misas, sonatas, composiciones para la semana mayor y demás obras de claro talento, tienen cierto sello de notabilidad que engrandecen el divino arte...”.
En otras ocasiones, según la crónica periodística de la época, la casa del general Federico Rodríguez fue escenario de grandes saraos, fiestas que terminaban al amanecer y donde se daban citas las “mejores parejas” de baile.
LA LEY DEL CARNAVAL
El carnaval fue una de las fiestas más emblemáticas de la sociedad orticeña del siglo XIX. Su celebración estaba más arraigada en las eferas más pudientes de la población. Aunque todos los sectores, sin distinción de clase, se involucraban en esta festividad que era regida por las autoridades civiles. Uno de sus propulsores fue el general Tomás Federico Rodríguez. A él se le recuerda por presidir la Comisión Redactora del programa o decreto de las fiestas carnavalescas de Ortiz, en el año de 1885. Esta programación se realizaba por tres días en todo el municipio. Es bueno extraer algunos artículos de esa resolución que firmaban el presidente de la Directiva, el señor José Antonio del Villar y el prefecto del distrito, el general Pedro Pablo Rodríguez. Dice el decreto:
“Art.7: Todo aquel ciudadano sea cual fuere su condición y categoría que inolvidablemente se presentase en cualquiera de los tres días sin el disfraz que de rigor impone este programa, será sometido a la multa de dos bolívares que consignará sin replica en manos del tesorero nombrado competentemente.
“Único: Cualquiera que sea el tesoro que se recaude por este respecto, será aplicado a la fábrica de la iglesia de esta ciudad.
“Art.8: Los comerciantes tienen que cerrar sus negocios durante las horas programadas para la festividades carnavalesca; sino de lo contrario tienen que pagar una multa de cuatro bolívares cada vez que deje de cumplir esta suplica.”.
Como se observa, en estos dos interesantes artículos, las festividades carnatolescas no sólo tenían una finalidad exclusivamente festiva sino también benéfica, ya que el ciudadano que incumplía con esta normativa debía pagar una multa entre dos y cuatro bolívares. Las cantidades que se recaudaban por infracción de la norma iban a un fondo destinado para restauración de la Iglesia Santa Rosa de Lima de Ortiz, días que se había iniciado los procesos de su reconstrucción.
Entre otras facetas de la vida de Tomas Federico Rodríguez estaba la de haber sido maestro venerable de la Logia Sol de los Llanos, fundada en 1876, la cual funcionó en una vieja casona local ubicada en la calle Comercio. Fue el masón número 32, nombrado el 27 de diciembre de 1885. También se le reconoce como buen gallero. Una condición que le fue útil al Concejo Municipal para nombrarlo Juez de Gallos, en 1898.
Tomás Federico fallecido en San Luis del Rey de Villa de Cura, en 1929.
Fuentes consultadas Anuario del comercio, de la industria, etc. de Venezuela. Caracas: Rojas Hermanos.
BOTELLO, OLDMAN (1971). Historia de Villa de Cura. Tránsito por la vida de un pueblo. Villa de Cura:
BOTELLO, OLDMAN (2004). El Linaje Fuentes Ceballos de Landazuri. De Villa de Cura y sus entronques. Serie Cuadernos de Genealogía 2. Villa de Cura: Editorial Miranda.
BOTELLO, OLDMAN (2004).Para la Historia de Ortiz. Ortiz: publicaciones de la Alcaldía de Ortiz,
Dávila Vicente (1924). Diccionario Biográfico de Ilustres Próceres de la Independencia. Suramericana. Tomo I y II. Caracas
Landaeta Rosales, Manuel y pio albor (1894). Documentos relativos a la vida pública del general Joaquín Crespo. Caracas: Imprenta
PALACIO, CARLOS M (1967). El Guárico. Caracas: Biblioteca de Temas y Autores Guariqueños No.3.
RODRÍGUEZ, ADOLFO (1994): El estado Guárico. Orígenes, Mundo y Gente. San Juan de los Morros: Ediciones de la Comisión regional Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Mundo.
RODRIGUEZ, ADOLFO (2004).Calabozo, siglo XIX. San Juan de los Morros: Universidad Rómulo Gallegos (UNERG).
VISO, Luis Eduardo (2011). Algunas Familias de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo. En línea: www.geneanet.com
RODRIGUEZ ADOLFO (1989, 01 septiembre). “Don Nicanor Rodríguez: oráculo de la resurrección de Ortiz”. San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista, pp. 12-13
RODRÍGUEZ, ADOLFO ().La llaneridad de don Simón Rodríguez. En Revista Fuego Cotidiano
RODRÍGUEZ, ADOLFO (2019, 2 junio). Músicos caraqueños en Santa María Colonial. https://www.facebook.com/adolroro/posts/1530992780364707/
HERNÁNDEZ FELIPE (2009). Los vínculos familiares de don simón rodríguez en el Guárico colonial.
Hemerográficas El Progreso, Calabozo, enero de 1886 La Unión Liberal, Villa de Cura, 24.10.1894
Medico nativo de Ortiz, nació en 1841, en el seno de una modesta familia integrada por el ganadero don Gabriel Graterol[1] y doña Ynes María Matute[2]. Es bueno resaltar que el apellido Graterol está muy ligado con los primeros fundadores del pueblo de Ortiz, cuyo nombre desciende de conquistadores europeos provenientes de Venecia, Italia[3].
Entre sus hermanos cuentan: Ramón, Grabiel, Merced y Julia. Julia nació en 1838 y casó con Pedro R Borrego; Merced nació en 1836 y casó con Pedro Isaac Loreto Barrios; Grabiel nació en 1825, fue Presidente del Concejo Municipal de Ortiz en 1876 y Juez Departamental de la Parroquia Santa Rosa de Lima de Ortiz en 1886, casó con doña Emilia Marrón Matute y Ramón nació en 1840 y casó con doña Vicenta Díaz Padrón el 22 Octubre de 1882. Ramón Graterol fue un hombre distinguido de la sociedad orticeña y rico ganadero, con propiedades en Guardatinajas, donde falleció en diciembre de 1885. Sobre Don Ramón Graterol, el periodista Ricardo Núñez Gómez escribió que era un "individuo connotado de esta sociedad y hombre incasable en las tareas del Llano, que en breve tiempo le produjeron una fortuna; cuando comenzaba a emplearla en la educación de sus hijos, la muerte le priva de tan delicada labor..."[4]
José María Graterol curso estudios en medicina y se gradúo en la antigua universidad de Caracas (Hoy Universidad Central de Venezuela), el 22 de Octubre de 1864. Luego volvió a Ortiz y se casó con Obdulia Hernández Hernández[5] en 1865. Del matrimonio nacieron varios hijos, entre ellos: Julia de la Trinidad, quien murió muy joven el 3 de octubre de 1886 y José María, también fallecido a los 9 años.
El doctor José María Graterol fue designado médico residente de Ortiz por el ministerio de Relaciones Interiores el 15 de julio de 1879, a los fines de atender a los enfermos de paludismo, asignándosele una remuneración de 100 bolívares. Graterol responde a su postulación con una carta el 19 de julio de ese año, a la secretaría del Ministerio del Interior, aceptando "gustosamente" el cargo y agrega que parte de su salario como médico se lo cedía "... al socorro y alivio de la parte menesterosa de esta población”[6].
Debido a la crisis palúdica que vivía en ese momento Ortiz, el presidente del Guárico, el general José Antonio Bravo y el ministerio de Relaciones Interiores tratan de paliar la situación con una serie de medidas como proporcionarles a la beneficencia pública la cantidad de 400 bolívares, a cargo de una junta respetable. Asimismo, el gobierno nacional destinó recursos para el "ensanche" del viejo cementerio[7].
Graterol fue un hombre muy culto, cultivo la poesía, enseñó a jóvenes y ejerció el periodismo en Ortiz. Fue director del El Eco del Guárico, periódico que comenzó a editarse en junio de 1875. Se trató una publicación de interés político-literaria y fueron sus redactores Manuel Alvarado y el general José Ramón Núñez[8]. El Eco de Guárico había sido fundado para postular la candidatura del general Joaquín Crespo Torres a la presidencia de la República, así como para difundir ideas y acciones del gobierno hacia los grupos de intelectuales y sectores populares.
El doctor José María Graterol murió en su pueblo natal el 15 de septiembre de 1891. Fue, en esencia, una de las preclaras figuras de la historia local orticeña.
NOTAS
[1] Nació en Ortiz en 1799. Casó en 1824 con Ynes María Matute. Fue designado el 3 de noviembre de 1858 Jefe Municipal de Ortiz. [2] Ynes María Matute fue hija de Luís Matute, nativo de San Nicolás de Paya. Nació 1805 y falleció el 22 Oct ubre 1882 [3] VANNINI DE GERULEWCZ, MARISA (1980): Italia y los italianos en la historia y en la cultura de Venezuela. Caracas: Ediciones de la Biblioteca, UCV. [4]El Progreso, Calabozo, Diciembre de 1885 [5] Nació en 1850 y falleció el 16 de octubre de 1895. [6] Archivo General de la Nación. Interior y Justicia. t. CMXCV.f.142 [7] BOTELLO, OLMAN (1994): Para la Historia de Ortiz. Ortiz: Publicaciones de la Alcaldía [8] PEREZ A, JOSÉ O (1987, 15 Septiembre): El periodismo en Ortiz. San Juan de los Morros: El Nacionalista, p.21
La conciencia historiográfica se ha desarrollado en la acción de armar todo un tinglado esquemático para domar las corrientes del río de la historia, para atenuar su paso y recuperar, por descarte, los hechos significativos y con ello la esencia de los mismos. Por eso al fluir histórico se le ha canalizado generalmente dentro del discurso historiográfico en la espiral modélica de los ciclos y los períodos.
por Jeroh Juan Montilla
EL FLUIR DE LA CONCIENCIA HISTORIOGRAFÍA
La historia es el fluir de la conciencia de quienes la escriben, la escritura histórica es el espejo verbal de la mente disciplinar que la concibe. Una cosa es la historia y su caos fáctico y otra la conciencia que le da orden a ese amasijo de acontecimientos humanos. La razón humana es intrínsecamente sucesiva, por lo tanto, la historia vaciada en los libros fluye también en la horma de lo continuo, en ese incesante río donde según Heráclito, no podemos bañarnos por segunda vez en las mismas aguas. Ese río por un ardid de la misma conciencia pasa a convertirse en una representación del tiempo, la tríada del pasado, el presente y el futuro. Viéndolo de este modo el hacer historiográfico vendría a ser un acto de rescate en lo temporal, de recuperar lo que se le escapa al hombre en el indetenible cauce del tiempo. Es un acto desesperado por ejercer un dominio humano sobre lo irrecuperable.
La impresión es la de una cultura que tritura el recuerdo, que no lo asimila, que lo tira al borde de la vía (si es que hay una vía) sin ningún asomo de arrepentimiento. La desmemoria -un término que acuñó con maestría el escritor paraguayo Augusto Boa Bastos— se hace de todos los ánimos y el pasado no es necesario para vivir, pues se vive en la instantaneidad del presente. En este ámbito que se ha impuesto habría que preguntarse honestamente si nociones como las de libertad y de democracia en verdad cuentan para el venezolano de a pie, encantado como parece estarlo con la inmediatez, con la solución práctica de los apuros cotidianos, con la emergencia. En nuestra miseria infinita, atesorada sin clemencia en estos últimos lustros, basta que se ponga un poco más de circulante en la calle para que todas las nociones históricas que han sustentado nuestro modo de vida se sumerjan en una especie de inconsciencia.
La Venezuela pueblerina que recorre Juan Liscano en los años treinta, a la vuelta de sus estudios en Suiza, es fundamentalmente una Venezuela llena de valores, de signos culturales. Puede que haya sido una Venezuela pobre, sin recursos, pero nunca miserable, sino más bien llena de signos vitales. En la literatura folklórica, la imagen recurrente del araguaney como árbol nacional no es para nada azarosa; esconde más bien un sentido profundo de la existencia: florecer en medio de la austeridad. Estar cerca de la tierra, según Liscano, asegura los nutrientes. De allí que nuestras celebraciones rituales o nuestras maravillas musicales sean tan variadas como ricas o complejas: en su mezcla o diversidad reflejan lo que es nuestra cosmovisión profunda. La religiosidad parece ser la impronta mayor de estos cantos y melodías, y este tópico recurrente quizás esconda el muy terrenal afán de trascender, de proyectarse más allá de los tiempos que nos circunscriben.
Pero esta Venezuela rural relatada por Liscano tiene ya poco que ver con la Venezuela mayoritariamente urbana del presente. La pobreza de ayer era al menos una pobreza con valores culturales, con memoria. Pero la pobreza de hoy encaramada en tos cerros o disperse en nuestras barriadas periféricas, no esconde más que desapego, desarraigo, desmemoria. Construir sobre esa base tan disminuida es tarea titánica, pues ni siquiera las nociones básicas de la nacionalidad están aseguradas. Se diría que la parafernalia bolivariana ha sabido morder en la ignorancia y extraer sus réditos sacando a flote el último recurso de la vieja mitología del procerato independentista, del cual el más maltrecho de los venezolanos retiene aunque sea una vaga idea. En el pasado —dice esta conseja— fuimos mejores, y si no los somos ahora es porque alguien nos lo impide.
No tener memoria nos vuelve muy pobres -pobres de recursos— y nos sitúa en la vorágine de la inmediatez. No saber de dónde venimos, qué fuimos, también nos impide comparar. Borrar el pasado extirparlo de las conciencias, es una estrategia que asegura capital político a corto plaza De allí que cualquier ensayo de reconstrucción nacional pase forzosamente por la rehabilitación de la memoria (de la verdadera). En la balanza oscilante que históricamente nos ha situado entre hombres, fuertes y empresas ciudadanas, puede que el cobijo de las primeros convenga para el venezolano de a pie que diariamente cuadra su existencia más orgánica, pero ya vendrá la hora de los ciudadanos, que es la que se construye entre todos, más allá de Mesías o iluminados. …………………………………………………… *Tomado de El Nacional, martes 11 de septiembre de 2007/p 13
Desde la perspectiva de la microhistoria, el historiador vallepascuense Felipe Hernández G nos trae su más reciente trabajo, su ensayo titulado El Núcleo Valle de la Pascua de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Apuntes Históricos (2007, impreso en Valle de la Pascua en los talleres de AC Estampas Llaneras, srl), en el cual aplica el método histórico en el campo de la educación, a partir de la concepción de la historia y del proceso socio-educativo que se sintetiza en la denominada Historia Social, entendida como historia síntesis o historia global, en el cual se plantea abordar el proceso histórico como una totalidad. Esta corriente historiográfica tiene en la obra y enseñanzas de los grandes historiadores franceses Marc Bloch y Lucien Fevbre, fundadores de la llamada Ecole des Annales y en el maestro Pierre Vilar, entre otros, a sus principales propugnadores y en nuestro país, al maestro Federico Brito Figueroa (1996) y sus alumnos como Reinaldo Rojas.
La obra aborda, desde el presente, la historia del núcleo universitario donde se desarrolla el acto pedagógico y se desenvuelven actividades didácticas; asimismo se reseñan a docentes y alumnos en una crónica que busca, desde el entorno escolar, una visión de totalidad, donde se abre una línea de investigación que podría analizarse en su vinculación con lo social. En este sentido, el doctor Felipe Hernández G destaca como su ensayo acerca de El Núcleo Valle de la Pascua se ubica en una Historia Social ya que se trató de hacer una historia global y no meramente institucional del citado instituto de educación superior, tomando en cuenta todos los aspectos estructurales de la sociedad en la que se ha desenvuelto la labor del instituto educativo. Efectivamente, esta investigación de Felipe Hernández G, no sólo reconstruye de manera documental la historia de esta institución, tanto en sus aspectos administrativos y académicos, sino que logra insertar al núcleo de la Universidad Experimental Simón Rodríguez en la sociedad vallepascuese contemporánea , aunque realmente no se trata de un denso trabajo de historia social en el que el autor trabaja aquellos aspectos demográficos, económicos, sociales y culturales que caracterizaron aquella sociedad desde los comienzos del funcionamiento de la institución. Lo social no es tratado, en consecuencia, como un simple escenario, sino como una aproximación sobre la cual se soporta, crece e incide culturalmente la misma institución y los hombres que la componen.
Finalmente, el doctor Felipe Hernández G al historiar El Núcleo Valle de la Pascua sostiene – tal como lo hace en la introducción del texto- que para la realización de esta investigación se partió del análisis histórico bajo el criterio de totalidad por medio de la reconstrucción de la historia de la institución en su contexto geográfico que comprende el llamado Guárico oriental.
En un viejo ejemplar del Readers Digest me encontré con esta ciertísima cita: "Una verdadera familia no siempre es carne y sangre de nuestra sangre. Es un estado del corazón." Digo y sostengo entonces que los lazos del espíritu son mas sólidos y perdurables que los lazos de sangre.
.............................................................................................................................................
Daniel R Scott
Muy sincero, evocador y nostálgico su último correo donde me obsequia el valioso fragmento autobiográfico extraído con ternura de una adolescencia donde el libro era presencia omnipotente que alegraba con sus relatos su existencia juvenil. Esa etapa de su vida fecunda me habla de como sin duda existe entre ambos similitudes y puntos afines que nos convierten en algo así como "parientes espirituales." En el fondo, a todos nos han unido esas similitudes y puntos afines. Es que en ese "Paraíso Perdido" de la infancia y de la adolescencia, ¿quién no leyó a Verne o a Defoe? ¿Quién no bajó al centro de la tierra o viajó a la isla del tesoro? A la lumbre de esos relatos todos éramos hermanos y nos unía una misma fe. Pero luego crecimos, mordimos el fruto del árbol prohibido de las ideologías, padecimos la cruel tiranía de las ideas absolutas y finalmente, ya fuera del Edén, nos constituimos en enemigos irreconciliables. Pero al principio no fue así. Me complace saber pues que cierto tipo de vivencias, lecturas y libros nos unieron alguna vez en una suerte de parentesco. En un viejo ejemplar del Readers Digest me encontré con esta ciertísima cita: "Una verdadera familia no siempre es carne y sangre de nuestra sangre. Es un estado del corazón." Digo y sostengo entonces que los lazos del espíritu son mas sólidos y perdurables que los lazos de sangre.
Por cierto: ¡Cuanto nos hermana la palabra escrita y el buen libro! Mucho más que los vínculos consanguíneos. Como le escribí una vez, yo creo que la invención de la escritura y la existencia del libro fue el supremo e inimitable acto de magia realizado por el hombre. No hay otro invento que se le pueda comparar. Mejor sería decir que el hombre inventa y descubre pero con la escritura hizo magia. Existe algo sobrenatural en el acto de leer y escribir. Gabriel García Márquez decía en sus doce cuentos peregrinos que escribir y narrar era lo mas parecido "a la levitación" y Félix Cortés escribió que "las páginas de un libro son un lugar de cita para dos almas: el autor y el lector." Estoy muy de acuerdo con esta segunda opinión. He allí la magia, he allí lo sobrenatural: la comunión de dos almas que nunca se han visto y quizás nunca se vean. ¿O es que entrar en contacto con un San Agustín o un Kafka, que mucho tiempo hace que abandonaron esta tierra, no es un portento que trasciende los esquemas de lo lógico y lo natural? Y sépalo usted o no amigo mío, desde abril de 1999 nos hemos citado una y otra vez en las páginas de sus libros. Sus libros me son elevadas y bien edificadas torres de tinta y papel sobre cuyas cúspides nos hemos dado cita una y otra vez para conversar animadamente sobre cualquier tema o para contemplar con silencio reflexivo el dilatado, enigmático e intrigante horizonte de lo humano. ¡Que veladas señor! En una de esas citas me dijo que "la política sin ética es mera prostitución" y en otra concluimos esperanzados y con alborozo que "seguir buscando el horizonte es haberlo encontrado ya, porque la meta no está al final del camino, sino que consiste precisamente en seguir caminando y buscando siempre." ¡Oh cuan apetecible y bien aderezada la mesa que comparten autor y lector! Allí nunca falta el añejo vino de la sabiduría ni el nutritivo pan del conocimiento.
En fin, somos hermanos: nos concibió el amor a las letras y el libro es nuestro hogar. ¡Pudiéramos todos alcanzar ese privilegiado estado del corazón! Este mundo sería mejor, habitado por un linaje de príncipes del intelecto. Seriamos eternamente bien nacidos. No andaríamos por allí con la vida inconclusa y dispareja porque el que no lee con pasión y no sorbe de la palabra la sabiduría de los hombres y de los siglos anda exhibiendo a los ojos de todo el mundo una vida a medio construir que nada dice ni de nada sirve. Y eso contiene la palabra escrita: el conocimiento y la sabiduría que el hombre ha venido sembrando y cosechando en su viaje de siglos. En días como los de hoy, cuando campean la intolerancia y los fundamentalismos que amenazan con arrastrarnos a las etapas más primitivas de la evolución humana bueno es gritar el "sin otra patria que los libros" de un Argenis Rodríguez para luego intentar cambiar al mundo con la herramientas que nos ofrece la idea transformadora y humanizante. Pero no la idea que vocifera sus razones desde la punta de una bayoneta sino esa idea que cabalga con la poderosa humildad de un Cristo que hace su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén.
Nota: Carta a Antonio Pérez Esclarín, pedagogo y escritor venezolano. Ha escrito unas cuarentas obras entre las cuales se encuentra su ya conocido libro "Educar Valores y el Valor de Educar"