La última estirpe de los Loreto Paul
—Así fue que conocí a Antonio Loreto, uno de los hombres ganaderos entre los más ricos de la zona— me dijo Pantoja, quien era natural de Cojedes, pero vecino de San Francisco de Tiznados.

Por José Obswaldo Pérez
Una tarde, como cualquiera, escuchamos la historia familiar de don Antonio Jacinto Loreto Arana, mientras yo bebía cerveza, sentado bajo la fronda de un viejo mamón en Las Delicias de San Antonio. Oíamos a don Félix Pantoja, quien nos sorprendió con su relato memorioso. El anciano, encorvado y con un cuchillo terciado a la cintura, me dijo el día en que llegó a Cumboto, una fundación de los Paúl, donde la vista se perdía en la inmensidad verde tierno en el bajío de Tiznados.
—Aunque no estoy solicitado a nadie, aquí siempre hay trabajo—, le dijo Antonio Loreto a Félix Pantoja, el joven muchacho que buscaba empleo hacia la segunda década del siglo veinte, en los hatos vecinos de San Francisco de Tiznados.
En aquella inmensa extensión de llanura despejada, tendida desde el naciente hasta el sur, entre la Mata de Paradero, en línea recta a las juntas del caño Juan González o El báquiro, lindando por el norte y el poniente con el río Tiznados, estaba la posesión Cumboto, que era una legua de tierra más o menos. Allí vivieron los Loreto Paul. Pareja descendiente de prosapios linajes orticeños y tiznaeños que se extienden entre los siglos diecisiete y dieciocho (XVIII y XIX). Todas dedicadas a la actividad económicas, especialmente, a la cría y venta de ganado.
—Así fue que conocí a Antonio Loreto, uno de los hombres ganaderos entre los más ricos de la zona— me dijo Pantoja, quien era natural de Cojedes, pero vecino de San Francisco de Tiznados.
Don Antonio Jacinto Loreto Arana era un hombre blanco, de ojos negros con un marco de cejas negras y delgadas como dos caminos que se bifurcan en sus confines. La cara larga y los rasgos duros y rectos dibujaban su carácter y su fisonomía autoritaria. Era un buen jinete en su caballo de viento en el galope del alba que se perdía en la lontananza.
—Yo llegue a ser su capataz y manejar las siete estaciones de aquella inmensidad de tierras. Digo, aquella inmensa fortuna que, después, vi desvanecerse como el agua en manos de sus descendientes.
Por un rato, todos oíamos a don Pantoja, en silencio, con respeto y atentos a su relato, el cual contó con voz pausada, sonora, clara e hinchada de orgullo en los pasajes más resaltantes del aquel personaje que había conocido en Cumboto.
Don Jacinto había nacido en Santa Rosa de Lima de Ortiz, en 1866 y falleció a los 78 años de edad en la misma parroquia, donde fue sepultado el 25 de abril de 1944. Fue hijo de don Carmelo Sinforoso Loreto Ramos y de Ana Juliana Arana Bolívar. Sus abuelos paternos fueron don Antonio Loreto y Osorio y doña María Isaac Ramos y los maternos: don Asunción Arana y doña Felipa Bolívar.
Mientras, su esposa Águeda Epifanía fue hija de don Felipe Fermín Paúl Navarrete y de doña Trinidad Navarrete Gómez. Nació en Ortiz, en 1883; recibió educación primaria en la Escuela de Señoritas que regentó el párroco doctor Juan Bautista Franceschini, un sacerdote francés originario de la Isla de Córcega, Francia, designado párroco de nuestra Iglesia Parroquial Santa Rosa de Lima, en noviembre de 1877.
Los abuelos paternos de doña Águeda fueron don Juan Antonio Paúl Almeida y doña María Eusebia de la Concepción Navarrete y Pereira. Mientras los maternos: don Juan Feliciano Navarrete y doña María Eusebia Silvestra Gómez.
Una boda familiar
El matrimonio civil de los esposos Loreto Paúl se celebró en Ortiz, el 30 de septiembre de 1901. El acto se realizó en el Salón de Sesiones del Concejo Municipal del Distrito Roscio, en una ceremonia nocturna presidida por el presidente del Ayuntamiento, el general Nicanor Arturo Rodríguez Moreno, y el secretario de la Cámara Municipal, el presbítero Moreno Matute. Fueron testigos de la boda las señoras Teolinda Paúl de Rodríguez y Dolores de Rodríguez y los señores Pedro Pablo Rodríguez y Antonio María Rodríguez, ambos hermanos y comerciantes. El último estaba residenciado en Valencia. Igualmente, los apoderados de la boda los esposos Andrés Antonio Hurtado y Trinidad Loreto de Hurtado. Del casorio Loreto Paúl, al menos, hubo seis hijos, cuatro hembras y dos varones que no llegaron a la adultez:La primera fue Cristina, quien nació el 11 de enero de 1905 y falleció en 1981. Casó con el sanjosdeño don Ernesto Rodríguez Medina, hijo del intelectual José Ángel Rodríguez Trujillo, natural de Ortiz y de doña Virginia Medina, sanjosedeña. De este matrimonio nacieron: Carmen Josefina, Teresa de Jesús, José Avelino, Margot Lourdes, Mercedes Josefina, Ernesto José, Cristina Ramona y Ligia Josefina Rodríguez Loreto— la única que sobrevive de esta familia—. Esta última viuda de Vicente Baloa Báez y madre de nuestro amigo y compadre, el primogénito Ernesto Baloa Rodríguez.
La segunda, Carmen Dolores. Nació el 1 de julio de 1906 y se esposó en la Iglesia Parroquial de Ortiz, el 30 de octubre de 1925, con Cristóbal María Gómez Pérez, hijo legítimo de Francisco Antonio Gómez y de Joaquina Pérez, natural y vecino de San Luis de Villa de Cura. Con descendencia.
La tercera, Francisca Antonia, quien nació el 16 de enero de 1909 y contrajo matrimonio en la Iglesia Parroquial de Ortiz, el 30 de octubre de 1925, con Marcos Tobías Polanco, reconocido transportista de Ortiz. De esta unión fue Elba Lourdes Polanco Loreto, nacida el 13 de abril de 1935.
El cuarto, Felipe Antonio Loreto, vino al mundo el 27 de agosto de 1911 y fue bautizado el agosto de 1912. Fueron sus padrinos Carmelo Loreto y Teodolinda Navarrete. No llegó a la adultez.
El quinto, Francisco Antonio Loreto, nacido en San José de Tiznados, el 4 de octubre de 1913. Y el sexto, Nicolasa Beatriz Loreto Paúl. Nació el 6 de diciembre de 1914. Fueron sus padrinos Carmelo Loreto y Beatriz Rodríguez de Rodríguez. Casó en la Iglesia Parroquial de Ortiz, con Antonio Pulido. De este matrimonio fue Ramón Antonio Pulido Loreto, quien nació el 24 de enero de 1936.
Los bienes de doña Águeda
Doña Águeda fue propietaria de la Posesión Cumbote, en San José de Tiznados, la cual le perteneció a su padre por compra que hizo, según documento registrado en el Registro del Distrito Roscio, el 29 de abril de 1912 y que heredó por partición de herencia. Igualmente, con la muerte de su esposo adquirió varias propiedades y derechos de tierras en la parroquia tiznaeña como parte de la sucesión matrimonial, el 26 de octubre de 1944. Entre estos bienes se encontraban: Barrancas Pereñas (cinco leguas y media) que compró don Antonio Loreto el 14 de marzo de 1929; una legua de tierra en la Posesión Barrancas Arañeras que su marido obtuvo el 10 de octubre de 1932; cuatro derechos de tierra en la posesión Paja Brava y así mismo cinco derechos en el sitio denominado Corral Viejo.
Por otra parte, el 29 de abril de 1945, doña Águeda Paul de Loreto había comprado a su hija Francisca Loreto Paul de Polanco, todos los bienes, derechos, acciones y bienhechurías de la Posesión Las Palomas, que le fueron adjudicados por herencia como hija legitima de Antonio Jacinto Loreto. Esta posesión estaba compuesta por una legua y tres cuarto de otra. E igualmente, otra porción de tierra en la Posesión El Zamuro, sitio El Amparo, también en la parroquia San José de Tiznados.
En 1953, doña Águeda Paul vende todas estas propiedades a los señores Faussaint Marozzani y Fernando Rojas Marroqui por la cantidad de 150 mil bolívares.
Fuentes consultadas
CONCEJO MUNICIPAL DISTRITO ROSCIO (1901).Matrimonios. Folio 68.
RODRÍGUEZ MIRABAL, FERNANDO (). El matrimonio Rodríguez Loreto (Ortiz, 1920). San Juan de los Morros: Diario El Nacionalista, p.4
VISO GONZALEZ (2022),Luis Eduardo. Algunas Familias de la Villa de Todos Los Santos de Calabozo. En: Geanet.com.