¿Por qué y cómo resiste el régimen chavista?

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Por Rogelio Núñez

Una de las incógnitas de la política latinoamericana actual es desentrañar las razones de por qué el régimen chavista ha logrado sobrevivir no solo a la pérdida de su líder carismático (Hugo Chávez) sino a una situación económica que bordea el colapso.

El régimen bolivariano ha atravesado desde 2012 a la actualidad situaciones muy complejas y ha sido capaz de superarlas todas. La primera fue la enfermedad (2011-12) y muerte (2013) de su fundador y jefe máximo, seguida de la crisis económica, social y política en la que ha entrado el país (2013-2017).

Venezuela, con un índice de inflación que ronda el 500% y de dos dígitos desde hace años, es el país cuyo PIB más ha retrocedido en esta década: en torno al 20% en el último lustro. Un quinto de su economía se ha volatilizado porque los diferentes gobiernos no han llevado a cabo los ajustes necesarios cuando la economía empezó a dar síntomas de agotamiento.

Desde 2011 los gobiernos venezolanos no han tomado esa clase de medidas por diferentes razones: en 2011 por la enfermedad de Chávez, en 2012 y 2013 porque hubo elecciones presidenciales. En 2014 por la oleada de protestas desencadenadas por la oposición, en 2015 por las elecciones legislativas y en 2016 porque la pugna con la Asamblea Nacional en manos de la oposición consumió las energía de un gobierno progresivamente más débil.

El deterioro económico no deja de avanzar: de acuerdo a las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) para 2015, el PIB se contrajo en un -5,7% (en comparación con el mismo período de 2014). Venezuela continúa por cuarto año consecutivo en un ciclo recesivo y después de un crecimiento muy bajo (1,3%) durante 2013, ha experimentado una constante caída en la producción.

Y pese a todo, el régimen ha resistido esa carencia de liderazgo político de Nicolás Maduro, producto del hueco dejado por Chávez, ha soportado el profundo deterioro social (por el desabastecimiento y la inflación) y la crisis económica (por el desplome de los precios del petróleo y del PIB).

Pero, ¿cómo lo ha logrado? Fundamentalmente por tres razones:

1-. Porque la polarización del país ayuda a la pervivencia del régimen

Hugo Chávez inauguró una forma de gobernar que se ha traducido en la división del país en dos campos enfrentados. La dialéctica amigo-enemigo escinde la sociedad en dos terrenos opuestos, infranqueables y sin posibilidad de reconciliación.

Además, las políticas sociales, las famosas misiones, crearon un fuerte apoyo social al régimen entre los sectores populares que hasta entonces habían recibido muy poco o nada del viejo sistema de la IV República.

Por último, el chavismo consiguió el respaldo de una nueva clase empresarial (los “boliburgueses”) y de las mimadas y purgadas Fuerzas Armadas.

El guerracivilismo y el odio al adversario provocan que ambos bandos ocupen posiciones y cuenten con apoyos similares y, sobre todo, que la posibilidad de tender puentes entre ambos lados sea casi inexistente. Es muy extraño que un chavista pase a engrosar la filas del antichavismo o viceversa.

Así el régimen cuenta con el aparato del Estado y con un estable 30-40% de apoyo que le ha servido para mantenerse en el poder y tener legitimidad por ese respaldo social con el que cuenta.

La mitificación de los tiempos de abundancia (los de Chávez) y el voto del miedo a un cambio que pudiera conllevar la pérdida de ganancias adquiridas funcionado como un poderoso pegamento y provoca que los diferentes sectores sociales (privilegiados o no) sigan apoyando al poder.

2-. Porque existe una oposición sin rumbo fijo

La oposición al régimen ha alcanzado grandes éxitos: logró unirse en toro a la Mesa de Unidad Democrática y ganar las elecciones legislativas de 2015.

Pero sus divisiones internas de tipo estratégico (entre quienes defienden una salida negociada o insurreccional) o de liderazgo (Henrique Capriles vs Leopoldo López) han impedido que se alce como una alternativa creíble.

Ni el control de la cámara legislativa desde 2015, ni el diálogo con el gobierno en 2016, ni las manifestaciones callejeras ni el impulso a un referendum revocatorio han sacado a la oposición de su postración.

En esta coyuntura, la MUD atraviesa un periodo de transición y se halla muy desubicada. La historiadora Margarita López Maya subraya que “el gran reto para esa oposición es volver a recuperar el entusiasmo y la confianza, y ya están haciendo su esfuerzo, han reestructurado la Mesa de la Unidad, han reconocido que cometieron errores y ahora les toca trabajar muy duro para crear otra vez una situación favorable”.

3-. La unificación del chavismo para sobrevivir

Las diferencias internas dentro del chavismo no son despreciables. Sin embargo, ante el riesgo de perder el poder, y por lo tanto perderlo todo, han sabido pasar a segundo plano esas diferencias.

En 2016 el objetivo fue evitar la celebración del referendum revocatorio que habría conllevado no solo la caída de Nicolás Maduro sino elecciones presidenciales anticipadas las cuales habrían provocado, muy posiblemente, el triunfo opositor.

En 2017 el objetivo pasa por sobrevivir para llegar así a 2018 y poder competir con un candidato más competitivo en las presidenciales.

Además, el gobierno ha eludido la puesta en marcha de reformas y ajustes económicos para no perder el respaldo popular.

De todas formas, Asdrúbal Oliveros recuerda que el margen de maniobra se le está agotando al régimen: “El 2017 plantea importantes desafíos para Venezuela, no solo en el frente económico sino también en los frentes político e institucional. Los cartuchos del Ejecutivo para postergar los ajustes económicos parecen acabarse, pues ya no hay fondos en divisas al que apelar, las importaciones se han reducido a un umbral peligroso y el financiamiento externo parece haberse cerrado. La esperanza está en un alza del precio petrolero, pero el modelo chavista necesita que la cesta petrolera venezolana esté por encima de US$ 60/bl y eso hoy luce como un escenario muy improbable”.

Asimismo, el régimen se ha escondido tras el enorme poder institucional que posee: contra la presidencia, el Tribunal Supremo, el Poder Comunal y solo escapa a su dominio la Asamblea.

Luis V. León recuerda que “lo primero es entender que el gobierno sabe que con su respaldo actual no podría ganar una elección. También sabe que controla las instituciones de poder, con excepción de la Asamblea Nacional, y que las decisiones de esas instituciones no van a retar, por ahora, los deseos y necesidades de la revolución. El gobierno entiende que la oposición tiene problemas de articulación y que eso la debilita para defender sus intereses y derechos. Finalmente, esta claro para ellos que su estrategia ha sido la colonización de la democracia con la base de la democracia que es la elección. Saben como moverse en esa realidad, pero cambiar de ahí a una dictadura clásica, que preserve el poder por la fuerza y sin elecciones, los colocaría frente a una caja negra que no saben como funciona”.

El régimen chavista se mantiene así en el poder con una agenda muy reducida que se resume en un solo punto: sobrevivir. Para ello se apoya en una sociedad fracturada y enfrentada que no se va a unificar nunca en su contra a pesar de la alta inflación, el desbastecimiento o el derrumbe del PIB. Además, el régimen, que sabe que enfrente tiene a una oposición sumida en el desconcierto,cuenta con un aparato político unido en un objetivo común y consciente que la división sería letal para el chavismo.

Fuente: Infolatam